{"id":17861,"date":"2025-11-18T14:13:38","date_gmt":"2025-11-18T18:43:38","guid":{"rendered":"https:\/\/eldienteroto.org\/wp49\/?p=17861"},"modified":"2025-11-21T09:07:15","modified_gmt":"2025-11-21T13:37:15","slug":"un-mundo-tapa-amarilla","status":"publish","type":"post","link":"https:\/\/eldienteroto.org\/wp49\/un-mundo-tapa-amarilla\/","title":{"rendered":"Un mundo tapa amarilla"},"content":{"rendered":"\n<h4 class=\"wp-block-heading has-text-align-right\">Mar\u00eda Elena Lavaud<\/h4>\n\n\n\n<p>El avi\u00f3n que viajaba pr\u00e1cticamente lleno- se vaci\u00f3 m\u00e1s r\u00e1pido de lo que hubiera podido imaginar. Tal vez todos ten\u00edamos la misma ansiedad por llegar. Cada quien con sus propias motivaciones, por supuesto. Tuve la impresi\u00f3n de que \u00e9se era el \u00faltimo vuelo que se esperaba esa noche. El aeropuerto lucia pr\u00e1cticamente vac\u00edo. En el trayecto hacia \u00abinmigraci\u00f3n\u00bb, pude ver, desde un piso superior, una primera panor\u00e1mica: un espacio muy amplio, con ventanales de vidrio. Abajo, un peque\u00f1o caf\u00e9, salas de espera y algunos comercios sin ninguna ostentaci\u00f3n, m\u00e1s bien sin ning\u00fan atractivo; parec\u00edan puestos all\u00ed con el \u00fanico prop\u00f3sito de llenar un requisito o dar una impresi\u00f3n decorosa. Por supuesto, no hab\u00eda alg\u00fan aviso comercial que reconociera: bienvenida al mundo tapa amarilla, es decir, de lo gen\u00e9rico y sin marcas, pues.<\/p>\n\n\n\n<p>Deb\u00eda caminar r\u00e1pido si no quer\u00eda apartarme demasiado del tr\u00e1nsito que llevaba el grupo de viajeros del cual formaba parte; luego de casi 12 horas de haber salido de mi casa, ya estaba algo cansada; sin embargo, la adrenalina me recorr\u00eda espont\u00e1nea y me hizo entrar en estado de alerta. Poco a poco nos fuimos aproximando al \u00e1rea. Esperaba ver un despliegue de oficiales militares, una presencia abrumadora, como tantas veces hab\u00eda escuchado decir, pero lo \u00fanico que advert\u00ed fue a una oficial que indicaba que deb\u00edamos recoger las planillas de embarque\/desembarque. Pregunt\u00e9 d\u00f3nde y me hizo la indicaci\u00f3n escrut\u00e1ndome con una mirada penetrante e impenetrable a la vez.<\/p>\n\n\n\n<p>Estaba tensa, expectante, aprensiva. Recordaba la apuesta de mis amigos: \u00abA que no te dejan entrar\u00bb. Tuve todo tipo de fantas\u00edas: me separan del grupo; me detienen; me interrogan; me hacen abrir y deshacer la maleta; aparece algo que yo no hab\u00eda colocado en mi equipaje; me devuelven por contra-revolucionaria y enemiga del r\u00e9gimen; me piden visa de trabajo; me hacen esperar 10 horas en lugar de cinco; en fin, decid\u00ed seguir adelante e hice gala de todo el auto control disponible.<\/p>\n\n\n\n<p>Cuando me dirig\u00eda hacia el display de donde los pasajeros estaban tomando las planillas, alguien pas\u00f3 rasante por mi lado sin detenerse y me dijo casi al o\u00eddo: \u00ab\u00a1Grado 33!\u00bb. Me asust\u00e9 por la sorpresa del susurro inesperado, naturalmente, y por advertir que alguien, al reconocerme, hubiera preferido identificarme con el nombre del programa de an\u00e1lisis pol\u00edtico y opini\u00f3n que conduje durante 13 a\u00f1os en televisi\u00f3n y no por el mio propio. \u00abYa no\u00bb, respond\u00ed absolutamente impactada al darme cuenta de que se trataba de aquel hombre de camisa azul a cuadros que me hab\u00eda estado observando desde el aeropuerto en Maiquet\u00eda.<\/p>\n\n\n\n<p>Por unos segundos no le quit\u00e9 la vista de encima, esperando que dijera algo m\u00e1s que me permitiera sacar alguna conclusi\u00f3n; \u00abYa no\u00bb, repet\u00ed r\u00e1pidamente mir\u00e1ndolo con la expectativa de un di\u00e1logo, aunque fuera breve. Estuve a punto de decirle que ahora conduc\u00eda un programa matutino de tendencias e informaci\u00f3n general; pero el s\u00f3lo me mir\u00f3 profundamente y sigui\u00f3 su camino. Ten\u00eda taquicardia. Busque un lugar donde poder llenar la planilla c\u00f3modamente y hacer un esfuerzo por recobrar el ritmo normal de mis pulsaciones. Mientras lo hacia, trataba de imaginar qu\u00e9 habr\u00eda querido decirme aquel hombre. Si sabe qui\u00e9n soy, \u00bfpor qu\u00e9 no me llam\u00f3 por mi nombre? \u00bfPor qu\u00e9 mencion\u00f3 mi programa anterior y no el que estaba conduciendo al aire hacia a\u00f1o y medio para ese momento? \u00bfSer\u00eda una advertencia? \u00bfSer\u00e1 venezolano o cubano? En esa sola frase no pude advertir acento alguno: \u00bfHabr\u00e1 querido decir que conoce el trabajo que he hecho y presume que a eso vine?<\/p>\n\n\n\n<p>Con todas esas interrogantes me dirig\u00ed hacia una de las colas de inmigraci\u00f3n. Al final del \u00e1rea donde nos encontr\u00e1bamos hab\u00eda unos ocho cub\u00edculos funcionando delante de una pared que recorr\u00eda el lugar de lado a lado. Era imposible adivinar que hab\u00eda detr\u00e1s. En cada unidad de inmigraci\u00f3n, en cada cub\u00edculo, hab\u00eda una puerta que conduc\u00eda al pasajero hacia el otro lado, una vez que terminaba su tr\u00e1mite de ingreso a la isla, con el oficial respectivo.<\/p>\n\n\n\n<p>Era la pr\u00f3xima en una de las filas. Salvo el misterio de las puertecitas en cada uno de los cub\u00edculos, para ese momento trataba de convencerme de que todo estaba resultando tan usual como la llegada a cualquier aeropuerto. De pronto, sin advertir siquiera de d\u00f3nde hab\u00eda salido, un hombre de camisa amarilla me abord\u00f3 sin contemplaciones. Se par\u00f3 a mi lado derecho. Llevaba una credencial colgada del cuello con una cinta, pero el carnet que pend\u00eda de ella estaba dado vuelta a la altura de su est\u00f3mago. No pude ver nada. Lo que si not\u00e9 claramente fue su ojo izquierdo muy enrojecido. Cabello liso y casta\u00f1o. Piel tostada. Ce\u00f1o fruncido y muy pocas pulgas. Voz clara, bien audible y sin cortes\u00edas. <\/p>\n\n\n\n<p>-Pasaporte!<\/p>\n\n\n\n<p>-Aqu\u00ed tiene, buenas noches, respond\u00ed.<\/p>\n\n\n\n<p>-Nombre!<\/p>\n\n\n\n<p>-Maria Elena Lavaud, y usted qui\u00e9n es? <\/p>\n\n\n\n<p>No obtuve respuesta y enseguida record\u00e9 que Cuba es el pa\u00eds de las preguntas, no de las respuestas. Al escucharme, me sorprend\u00ed de m\u00ed misma. \u00ab\u00bfQu\u00e9 est\u00e1s haciendo?\u00bb, me dije. \u00abResponde estrictamente lo que te preguntan y c\u00e1llate\u00bb, gritaba mi voz interior. Antes de comenzar a revisar mi pasaporte, el hombre me mir\u00f3 fijamente, siempre con el ce\u00f1o fruncido y como adivinando mis pensamientos. De pronto una sensaci\u00f3n de p\u00e1nico me invadi\u00f3. Record\u00e9 que en una de las primeras p\u00e1ginas de mi pasaporte, despu\u00e9s de la hoja con los datos de identificaci\u00f3n, est\u00e1 mi visa al estado de Israel. Hab\u00eda estado all\u00ed un par de a\u00f1os atr\u00e1s para grabar un documental acerca del museo Yad Vashem de Jerusal\u00e9n, que hab\u00eda recibido el premio Pr\u00edncipe de Asturias a la concordia, como instituci\u00f3n dedicada a rendir tributo a los seis millones de victimas del holocausto. \u00abAhora s\u00ed que no te salvas del interrogatorio a puerta cerrada\u00bb, pens\u00e9. Pero enseguida me obligue a recobrar la calma recordando que d\u00edas antes de mi partida de Caracas, una de las noticias m\u00e1s relevantes hab\u00eda sido una declaraci\u00f3n de Fidel Castro haciendo un llamado al m\u00e1ximo l\u00edder de Ir\u00e1n, Mahmud Ahmadineyad, para que cesara de difamar a los jud\u00edos. Era una de las primeras entregas de una serie de reportajes que estaba publicando el periodista Jeffrey Goldberg de la revista The Atlantic y que marcaban el regreso del Comandante Cubano a las primeras planas de buena cantidad de diarios a nivel internacional. El hombre advirti\u00f3 el visado de Israel y continu\u00f3 pasando las p\u00e1ginas. Tambi\u00e9n las preguntas.<\/p>\n\n\n\n<p>-\u00bfD\u00f3nde compr\u00f3 su boleto a Cuba?<\/p>\n\n\n\n<p>-En una agencia de viajes.<\/p>\n\n\n\n<p>-\u00bfViaja sola?<\/p>\n\n\n\n<p>-S\u00ed.<\/p>\n\n\n\n<p>-\u00bfQu\u00e9 viene a hacer en Cuba? <\/p>\n\n\n\n<p>-Pasear. Estoy de vacaciones. <\/p>\n\n\n\n<p>-\u00bfAlg\u00fan cubano la espera? No. Ninguno en especial. <\/p>\n\n\n\n<p>-\u00bfD\u00f3nde se aloja? <\/p>\n\n\n\n<p>-En un hotel<\/p>\n\n\n\n<p>-\u00bfProfesi\u00f3n?<\/p>\n\n\n\n<p>-Comunicadora.<\/p>\n\n\n\n<p>-\u00bfComunicadora? \u00bfEso qu\u00e9 es? -dijo muy molesto y sorprendido a la vez- \u00bfComunicadora de qu\u00e9? <\/p>\n\n\n\n<p>Se le notaba cansado.<\/p>\n\n\n\n<p>-Soy Comunicadora Social. El titulo que me entreg\u00f3 la universidad en mi pa\u00eds dice as\u00ed: Licenciada en Comunicaci\u00f3n Social. Esa es mi profesi\u00f3n.<\/p>\n\n\n\n<p>El hombre levant\u00f3 la vista y me mir\u00f3 enfurecido. \u00abAhora si te volviste realmente loca\u00bb, pens\u00e9. \u00ab\u00bfQu\u00e9 est\u00e1s haciendo? \u00bfBuscando una noticia antes de llegar a tu viaje de turismo? Un escalofr\u00edo me recorri\u00f3 por dentro adrenalina viajaba a mill\u00f3n por mi organismo de nuevo. Por fracciones de segundos pens\u00e9 que aquel hombre interpretar\u00eda aquello como una provocaci\u00f3n: evidentemente yo evitaba decir \u00absoy periodista\u00bb, algo que tal vez \u00e9l ya sabia. pero que a mi no me daba la gana de decir. La campana me salv\u00f3 de todas formas, o el cansancio y el ojo enrojecido de aquel hombre, o la mism\u00edsima virgencita de la Caridad, patrona de Cuba. En ese instante, se escuch\u00f3 la de la oficial a cargo del cub\u00edculo ante el cual estaba ye haciendo la cola: \u00abSiguiente\u00bb, grit\u00f3. Con gesto interrogante mire descaradamente al hombre, que a\u00fan sosten\u00eda mi pasaporte. Mi ser racional no lograba comprender la l\u00f3gica de mis actos un tanto desafiantes, como queriendo demostrar que no iba a ser f\u00e1cil intimidarme. El a su vez mir\u00f3 un segundo a la oficial que me esperaba y con cierta brusquedad me devolvi\u00f3 el pasaporte. \u00abPase\u00bb, dijo con un gesto perdonavidas muy agotado que nunca olvidar\u00e9.<\/p>\n\n\n\n<p>Con las piernas a\u00fan temblando, avanc\u00e9 hasta ponerme frente a la oficial que revisar\u00eda mis documentos para ingresar formalmente a la isla. Era morena y llevaba el cabello impecablemente recogido y engominado, un lujo que all\u00e1 muy pocas mujeres pueden darse, simplemente porque es pr\u00e1cticamente imposible conseguirla y porque no es un articulo de primera necesidad. Digamos que en este caso es parte del \u00abgood looking\u00bb reservado a aquellos privilegiados que trabajan en actividades vinculadas con el turismo.<\/p>\n\n\n\n<p>Comenz\u00f3 a revisar mis documentos. Me mir\u00f3 muy seria, observ\u00e1ndome cuidadosamente. Volvi\u00f3 la vista a mi pasaporte. Ley\u00f3 y pas\u00f3 las p\u00e1ginas r\u00e1pidamente. De nuevo me mir\u00f3. Esta vez me escrutaba, al tiempo que desprend\u00eda la mitad de la famosa tarjeta o visa de turista. Cre\u00ed que el alma se me saldr\u00eda por la boca. No me hab\u00eda recobrado a\u00fan de la escena con el hombre del ojo rojo, seguramente un G2, es decir, parte del famoso cuerpo de inteligencia cubana. Creo que estuve aguantando la respiraci\u00f3n todo ese tiempo del papeleo. De pronto, la mujer solt\u00f3 una enorme sonrisa y dijo:<\/p>\n\n\n\n<p>-\u00a1Feliz cumplea\u00f1os y bienvenida a Cuba! <\/p>\n\n\n\n<p>-\u00bfC\u00f3mo? -Dije en los limites de mi sorpresa. <\/p>\n\n\n\n<p>-\u00a1Ya pas\u00f3 la media noche! -dijo muy alegre. Hoy es 14 de agosto, d\u00eda de su cumplea\u00f1os, lo dice su pasaporte. Que disfrute el viaje y de nuevo bienvenida. Siga por esa puerta.<\/p>\n\n\n\n<p>Apenas pude balbucear las gracias. \u00abTan atenta\u00bb, le dije. Estaba absolutamente en shock. Mira que esperar una requisa o un interrogatorio militar y encontrarse con un alegre \u00abFeliz cumplea\u00f1os\u00bb, eso si que fue de Ripley, eso si que es verdad que le resultar\u00eda poco menos que ins\u00f3lito a mis amigos que apostaban que ni entrar a la isla me dejar\u00edan.<\/p>\n\n\n\n<p>En efecto era mi cumplea\u00f1os. El primero, de los 46 que llevaba hasta entonces, que pasar\u00eda sin mi familia. Abr\u00ed la puertecilla a\u00fan presa del impacto y la sorpresa. Creo que el coraz\u00f3n quer\u00eda salirse de mi cuerpo, pero mi mente marcaba la pauta. \u00abRespira. Tranquilita, avanza, vamos. Ya est\u00e1s adentro\u00bb Comenc\u00e9 a seguir el rumbo a los pasajeros que caminaban adelante hacia la correa donde deb\u00edamos buscar el equipaje Creo que ese fue el \u00fanico momento en el que extra\u00f1\u00e9 tener alguien con quien compartir semejante balde de agua fr\u00eda. Segu\u00eda caminando, lenta, porque en realidad lo que me provocaba era pararme y desternillarme de la risa, o de los nervios, da igual, y desahogar toda aquella tensi\u00f3n. El asunto es que me estaba resultando dif\u00edcil coordinar mis impresiones. <\/p>\n\n\n\n<p>Mientras caminaba, decid\u00ed echar un vistazo al pasaporte para revisar que todo estuviera bien. La oficial no lo hab\u00eda sellado, en efecto, pero si la otra mitad de la visa. Ahora que recuerdo, antes de darme el feliz cumplea\u00f1os, me advirti\u00f3 que ese seria mi documento de identificaci\u00f3n durante mi estad\u00eda. Que me cuidara muy bien de perderlo, y que lo llevara siempre conmigo. Decid\u00ed guardarlo en la cartera, para poder tener las manos libres y cargar la maleta. Cuando la abr\u00ed, not\u00e9 que all\u00ed estaba la famosa tarjeta internacional de embarque y desembarque. Nunca la entregu\u00e9. La hab\u00eda olvidado, y lo m\u00e1s curioso, tampoco me la pidieron.<\/p>\n\n\n\n<p>En una de las curvas de la correa de equipajes, vi a la negrita pizpireta de nuevo. Me acerqu\u00e9. Sent\u00eda una imperiosa necesidad de hablar con alguien; de lo que sea; solo por desahogarme.<\/p>\n\n\n\n<p>-\u00bfTodo bien? -le pregunt\u00e9- Tienes cara de enamorada. \u00bfTe est\u00e1 esperando alguien?<\/p>\n\n\n\n<p>-\u00a1Si!-ri\u00f3 picara. Pero ya le dije que esta es la \u00faltima vez que vengo este a\u00f1o. Ya est\u00e1 bueno. Tengo todo mi trabajo atrasado, qu\u00e9 va.<\/p>\n\n\n\n<p>-\u00bfY el por qu\u00e9 no te visita alguna vez? As\u00ed se turnan. <\/p>\n\n\n\n<p>-\u00c9l no puede. T\u00fa sabes. Para salir tendr\u00eda que casarse primero; con una extranjera \u00bfno? Entonces podr\u00eda tener derecho a entrar y salir.<\/p>\n\n\n\n<p>-\u00bfY no tienen planes?<\/p>\n\n\n\n<p>-Nooo! Por ahora no dijo con una sonrisa c\u00f3mplice para luego soltarme esta perla: Es que \u00e9l es babalao y no s\u00e9.<\/p>\n\n\n\n<p>Al instante siguiente y sin darme chance de preguntar m\u00e1s nada, sali\u00f3 azarosa hacia la parte inicial de la correa. Hab\u00eda visto su maleta y quiso acercarse para recogerla sin perder m\u00e1s tiempo. \u00abNos vemos!\u00bb, me grit\u00f3 alegre.<\/p>\n\n\n\n<p>Me qued\u00e9 all\u00ed absorta por unos minutos, esperando mi maleta y pensando al mismo tiempo en la prisi\u00f3n de los cubanos. Mira que no poder salir de su propio pa\u00eds libremente, cuando les provoque, es un horror, sin duda. Pocos d\u00edas despu\u00e9s supe que hay otras v\u00edas a trav\u00e9s de las cuales los cubanos pueden lograr salir, pero todas, indefectiblemente, pasan por la venia del gobierno. As\u00ed que mientras en el primer mundo ya el pasaporte de la Comunidad Europea unifica a sus ciudadanos en esa identidad, y sin entrar a evaluar m\u00e1s all\u00e1 los alcances de ese estatus a nivel de desarrollo y progreso, en la isla, la sola idea de salir hacia otros mundos es simplemente un sue\u00f1o lejano o un viaje muy probable a la muerte, como ha ocurrido con tantos balseros que lo han preferido antes que el secuestro de su libertad o el chantaje pol\u00edtico a cambio del disfrute de un derecho meramente humano.<\/p>\n\n\n\n<p>En eso pensaba, distra\u00edda, mirando desfilar un mont\u00f3n de maletas, menos la m\u00eda, cuando de pronto escuch\u00e9 que alguien gritaba mi nombre a mis espaldas. Se escuchaba algo lejos; hasta cre\u00ed que eran ideas m\u00edas. \u00abDeja la paranoia, chica\u00bb, grit\u00f3 mi alter. Pero no, no era paranoia. Me qued\u00e9 inm\u00f3vil, aguzando el o\u00eddo, haci\u00e9ndome la desentendida, y lo volv\u00ed a escuchar: \u00abMar\u00eda Elena Lavaud\u00bb, as\u00ed, tal cual se escribe, porque se pronuncia es \u00abLavo\u00bb, con acento en la \u00f3 y sin pronunciar la \u00faltima letra, por franc\u00e9s, aunque en verdad parte de mis ra\u00edces directas quedaron enterradas en La Martinique cuando en 1902, el volc\u00e1n Monte Pel\u00e9e hizo erupci\u00f3n y destruy\u00f3 casi por completo Saint Pierre, el primer asentamiento europeo de aquella otra isla, de donde lleg\u00f3 mi apuest\u00edsimo y elegante abuelo paterno.<\/p>\n\n\n\n<p>Ahora si que estoy frita pens\u00e9 enseguida de \u00e9sta si que no me salvo. Interrogatorio seguro. \u00abAh\u00ed tienes pues, periodista. Por descarada\u00bb. Cada vez escuchaba el grito de mi nombre m\u00e1s cerca. \u00abReacciona mija, o van a pensar que te est\u00e1s escondiendo\u00bb. De nuevo mi alter hizo de las suyas. \u00abA la orden!\u00bb, dije en un tono marcadamente militar, y al mismo decibel de la voz que me llamaba. Lo hice levantando la mano y d\u00e1ndome vuelta al mismo tiempo. Los pasajeros que estaban a mi lado soltaron unas risillas disimuladas. Entonces me encontr\u00e9 frente a frente con una mujer de baja estatura; traje sastre azul, y camisa blanca. Sosten\u00eda un papel con mi nombre escrito a mano en letras bien grandes.<\/p>\n\n\n\n<p>-\u00bfUsted es Maria Elena? pregunt\u00f3.<\/p>\n\n\n\n<p>-Yo misma. D\u00edgame.<\/p>\n\n\n\n<p>-La estamos esperando afuera. <\/p>\n\n\n\n<p>-\u00a1Andaaaa! -sent\u00ed un hueco en el est\u00f3mago. <\/p>\n\n\n\n<p>-Somos los mayoristas de turismo encargados de su traslado al hotel. <\/p>\n\n\n\n<p>Tuve que hacer un esfuerzo por reprimir una carcajada que con much\u00edsimo gusto hubiera soltado junto a una palabrota.<\/p>\n\n\n\n<p>-\u00a1Qu\u00e9 bien! -dije educad\u00edsima-. Muchas gracias, pero todav\u00eda no ha salido mi equipaje.<\/p>\n\n\n\n<p>-No se preocupe. La esperamos afuera. Saliendo por la puerta del fondo, a mano derecha encontrar\u00e1 nuestra oficina. All\u00ed estar\u00e1 el chofer que la llevar\u00e1 a su hotel.<\/p>\n\n\n\n<p>-Entendido. Muchas gracias, dije a\u00fan bastante risue\u00f1a para aquella circunstancia tan corriente. <\/p>\n\n\n\n<p>Sinceramente \u00abmucho con demasiado\u00bb, pens\u00e9. Para ese momento estaba agotada por el sube y baja de toda aquella monta\u00f1a rusa emocional. Me frot\u00e9 la cara con las manos para despabilarme y en ese instante apareci\u00f3 por fin mi maleta; la misma que embarqu\u00e9 en Maiquetia y que ahora sin embargo apenas pod\u00eda sacar de la correa. Mis energ\u00edas estaban completamente disminuidas.<\/p>\n\n\n\n<h4 class=\"wp-block-heading has-text-align-right\"><a href=\"https:\/\/eldienteroto.org\/wp49\/maria-elena-lavaud\/\" target=\"_blank\" rel=\"noreferrer noopener\">Sobre la autora<\/a><\/h4>\n\n\n\n<h6 class=\"wp-block-heading\">*Fragmento del libro \u00abLa Habana sin tacones\u00bb<\/h6>\n","protected":false},"excerpt":{"rendered":"<p>Mar\u00eda Elena Lavaud El avi\u00f3n que viajaba pr\u00e1cticamente lleno- se vaci\u00f3 m\u00e1s r\u00e1pido de lo que hubiera podido imaginar. Tal vez todos ten\u00edamos la misma ansiedad por llegar. Cada quien con sus propias motivaciones, por supuesto. Tuve la impresi\u00f3n de que \u00e9se era el \u00faltimo vuelo que se esperaba esa noche. 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