{"id":17814,"date":"2025-11-11T15:20:06","date_gmt":"2025-11-11T19:50:06","guid":{"rendered":"https:\/\/eldienteroto.org\/wp49\/?p=17814"},"modified":"2025-11-11T15:20:06","modified_gmt":"2025-11-11T19:50:06","slug":"cuentos-de-francisco-de-sales-perez","status":"publish","type":"post","link":"https:\/\/eldienteroto.org\/wp49\/cuentos-de-francisco-de-sales-perez\/","title":{"rendered":"Cuentos de Francisco de Sales P\u00e9rez"},"content":{"rendered":"\n<h3 class=\"wp-block-heading\">El teniente Perdig\u00f3n<\/h3>\n\n\n\n<p class=\"has-text-align-right\"><em>A Jabino. Te dedico este bosquejo,<\/em> <em>porque se parece a alguno de tus<\/em> <em>admirables cuadros.<\/em><\/p>\n\n\n\n<p>En los anales de nuestras guerras civiles, no hay un hecho de armas m\u00e1s extraordinario que la batalla de Santa In\u00e9s.<\/p>\n\n\n\n<p>Es tan importante, que, cuando alg\u00fan veterano quiere probar que se ha visto en muy grandes peligros, dice simplemente:<\/p>\n\n\n\n<p>\u2013Yo fui de los derrotados en Santa In\u00e9s.<\/p>\n\n\n\n<p>Conozco un tal teniente Perdig\u00f3n, que todav\u00eda no ha pasado el susto despu\u00e9s de cuarenta a\u00f1os.<\/p>\n\n\n\n<p>El recuerdo de aquella espantosa jornada es el mayor timbre de su vida militar, y se ha grabado de tal modo en su memoria que no habla de otra cosa.<\/p>\n\n\n\n<p>Dios lo libre a usted de encontrarse con el teniente, en la estaci\u00f3n de La Guaira, frente a la casa que tiene por nombre \u00abSanta In\u00e9s\u00bb, en memoria de la hija mayor de quien la fabric\u00f3.<\/p>\n\n\n\n<p>En el acto le dir\u00e1 a usted, declamando:<\/p>\n\n\n\n<p>\u2013\u00a1Qu\u00e9 nombre! \u00a1C\u00f3mo despierta en m\u00ed, recuerdos de d\u00edas heroicos! \u00a1Ese nombre huele a p\u00f3lvora y a sangre caliente! Le voy a contar a usted: en diciembre de 1859 fue la batalla de Santa In\u00e9s&#8230; Oiga usted como paso&#8230;<\/p>\n\n\n\n<p>Afortunadamente el tranv\u00eda, usted se monta sin haberlo pensado, y se salva de mil descargas de fusiler\u00eda y de artiller\u00eda y qui\u00e9n sabe de cuantos lanzazos&#8230;<\/p>\n\n\n\n<p>Nombra usted la palabra m\u00e1s com\u00fan, hablando con el teniente Perdig\u00f3n, por ejemplo: <em>membrillo<\/em>.<\/p>\n\n\n\n<p>\u2013\u00a1Ah! le dir\u00e1 \u00e9l \u2013No hable usted de membrillos hombre. Si usted hubiera estado en M\u00e9rida podr\u00eda decir membrillo con propiedad.<\/p>\n\n\n\n<p>\u2013El a\u00f1o 1859 estuve en la Cordillera, despu\u00e9s de la batalla de Santa In\u00e9s, \u00a1qu\u00e9 batalla!&#8230;<\/p>\n\n\n\n<p>\u2013S\u00ed se\u00f1or \u2013le interrumpe usted por salvarse\u2013 la conozco.<\/p>\n\n\n\n<p>\u2013\u00a1Qu\u00e9 va usted a conocer! Fig\u00farese usted, que yo iba en la brigada del coronel Jelambi&#8230; Ya va usted a ver lo que es un militar pundonoroso&#8230;<\/p>\n\n\n\n<p>\u2013Se\u00f1or, estoy de prisa; h\u00e1game usted el favor de reservarme para otro d\u00eda el placer de o\u00edr su relaci\u00f3n; y se va usted.<\/p>\n\n\n\n<p>En una presentaci\u00f3n ocasional dice un amigo:<\/p>\n\n\n\n<p>\u2013El teniente Perdig\u00f3n; el se\u00f1or Pedro Maica.<\/p>\n\n\n\n<p>\u2013\u00a1Maica! \u2013exclama Perdig\u00f3n, abriendo la boca como para trag\u00e1rselo\u2013 \u00bfEs posible que usted se llame Maica?<\/p>\n\n\n\n<p>\u2013Servidor de usted.<\/p>\n\n\n\n<p>\u2013Usted debe ser pariente del comandante Maica, a quien le debo la vida.<\/p>\n\n\n\n<p>\u2013Vamos, hombre, \u00e9chenos ese cuento.<\/p>\n\n\n\n<p>\u2013Cuando el glorioso desastre de Santa In\u00e9s, ven\u00eda yo corriendo desde Curbat\u00ed: hab\u00eda botado las espuelas, las pistolas, la espada, la cobija y cuanto pod\u00eda estorbarme: en una encrucijada, de repente, oigo un tropel de caballos y me agazapo en una cepa de gamelote. Verme aquellos jinetes y ven\u00edrseme encima el de adelante fue todo uno: era un joven aindiado con una lanza de media vara que me puso en las costillas&#8230;<\/p>\n\n\n\n<p>\u2013\u00bfY no lo atraves\u00f3?<\/p>\n\n\n\n<p>\u2013No, se\u00f1or.<\/p>\n\n\n\n<p>\u2013Pues, ciertamente, le debe usted la vida.<\/p>\n\n\n\n<p>\u2013No es as\u00ed, se\u00f1or; sino que era comandante de un escuadr\u00f3n de los nuestros, y al reconocerme, me mont\u00f3 en ancas de su caballo y me salv\u00f3 de que me mataran los enemigos.<\/p>\n\n\n\n<p>\u2013Pues, se\u00f1or teniente, est\u00e1 usted hablando con un sobrino del comandante Genaro Maica.<\/p>\n\n\n\n<p>\u2013Deme usted un abrazo, y v\u00e9ngase conmigo para contarle toda esa historia.<\/p>\n\n\n\n<p>\u2013No se moleste usted; \u00a1cu\u00e1ntas veces me la habr\u00e1 contado mi t\u00edo al suave vaiv\u00e9n de los chinchorros de su quesera!<\/p>\n\n\n\n<p>Con el teniente Perdig\u00f3n se necesita un diccionario sin palabras para poder hablar.<\/p>\n\n\n\n<p>Si nombra usted el <em>calor<\/em>, le contesta:<\/p>\n\n\n\n<p>\u2013\u00a1Calor! si usted hubiera estado en las monta\u00f1as de Barinas en 1859, cuando la batalla de Santa In\u00e9s, podr\u00eda hablar de calor.<\/p>\n\n\n\n<p>\u00bfHab\u00eda nada m\u00e1s bello ni m\u00e1s inocente que la nieve?<\/p>\n\n\n\n<p>Pues Dios libre al m\u00e1s afanado poeta de decir, en presencia de Perdig\u00f3n, <em>la casta nieve<\/em>, porque le caer\u00e1 encima y le dar\u00e1: <\/p>\n\n\n\n<p>\u2013\u00a1Qu\u00e9 sabe usted si la nieve es casta o no es casta! Si usted hubiera pasado el p\u00e1ramo de Mucuchies sin cobija, vestido de andrajos como \u00edbamos todos los que tuvimos la glor\u00eda de salvarnos en Santa In\u00e9s, no dir\u00eda usted que la nieve es <em>casta<\/em>, sino todo lo contrario, ni andar\u00eda usted buscando comparaciones para presentarla como lo m\u00e1s bello del mundo; muy lejos de eso, dir\u00eda usted lo que dec\u00eda yo en aquellos momentos: maldita sea la casta nieve, y maldito sea el inclemente granizo, y maldita sea la Federaci\u00f3n, y maldito sea el centralismo, y maldito sea Rub\u00edn, y maldito sea Zamora, y maldito sea todo lo que, de alg\u00fan modo, tenga parte en que yo venga pasando este p\u00e1ramo nevado, con tanto fr\u00edo, muerto de hambre, y sin tener siquiera un trago de aguardiente.<\/p>\n\n\n\n<p>Y no hay escapatoria con el teniente Perdig\u00f3n.<\/p>\n\n\n\n<p>Por donde quiera que usted le salga \u00e9l lo esperar\u00e1 en Santa In\u00e9s, y acabar\u00e1 con usted, para vengarse de Zamora.<\/p>\n\n\n\n<p>\u00a1Hay tanto teniente Perdig\u00f3n!<\/p>\n\n\n\n<p>Unos que han tenido antepasados ilustres; otros que han ejercido altos empleos; otros que tuvieron parientes ricos; otros que han pronunciado discursos, etc.<\/p>\n\n\n\n<p>A todas manos le dir\u00e1n a usted:<\/p>\n\n\n\n<p>\u2013Cuando mi abuelo hizo tal haza\u00f1a&#8230;<\/p>\n\n\n\n<p>\u2013Cuando el Libertador almorzaba con mi t\u00eda&#8230;<\/p>\n\n\n\n<p>\u2013Cuando mi t\u00edo el Arcediano, en tiempo de Carlos IV&#8230;<\/p>\n\n\n\n<p>\u2013Cuando mi t\u00eda sacaba las onzas al sol&#8230;<\/p>\n\n\n\n<p>\u2013Cuando yo, desde el ministerio, imprim\u00eda el sello de mi car\u00e1cter a la pol\u00edtica&#8230;<\/p>\n\n\n\n<p>\u2013Cuando termin\u00e9 mi discurso en la escuela municipal, tembl\u00f3 el pueblo de Los Teques..<\/p>\n\n\n\n<p>\u00a1Y despu\u00e9s dicen que los viejos son decr\u00e9pitos!<\/p>\n\n\n\n<p>\u00a1Cu\u00e1ntos decr\u00e9pitos hay que parecen viejos antes de tener a\u00f1os.<\/p>\n\n\n\n<p class=\"has-text-align-center\">***<\/p>\n\n\n\n<h3 class=\"wp-block-heading\">Pesadilla<\/h3>\n\n\n\n<p>Despu\u00e9s de uno de esos d\u00edas aciagos, en que todo conspira a ponernos de relieve la corrupci\u00f3n de la \u00e9poca, y toda la hez que hay en el fondo del coraz\u00f3n humano, no parecer\u00e1 extra\u00f1o que mi esp\u00edritu abatido y mi cerebro calenturiento, no me permitieran conciliar un sue\u00f1o tranquilo.<\/p>\n\n\n\n<p>\u00a1En vano apelaba a los recuerdos agradables, y me fijaba en aquello que es b\u00e1lsamo de todas las heridas, y manantial, siempre fresco, de alegr\u00edas para mi coraz\u00f3n \u2013los seres queridos de mi hogar!<\/p>\n\n\n\n<p>Segu\u00edan choc\u00e1ndose en mi pensamiento las mil ideas que me atormentaban, tristes unas, amargas otras, desesperantes las m\u00e1s.<\/p>\n\n\n\n<p>Yo no s\u00e9 si estaba dormido o despierto en mi sill\u00f3n de estudio, pero yo he visto pasar ante mis ojos una multitud de sombras, que representaban las ideas que me hab\u00edan dominado en el d\u00eda.<\/p>\n\n\n\n<p>Pas\u00f3 primero <em>la Verdad<\/em>.<\/p>\n\n\n\n<p>Era una criatura bella, con formas de mujer y vestiduras de arc\u00e1ngel; ten\u00eda alas y diadema.<\/p>\n\n\n\n<p>Dejaba ver en la majestad de su figura que no era hija de los hombres.<\/p>\n\n\n\n<p>La llevaban maniatada, de pie sobre un carro, tirado por leones, que rug\u00edan volviendo hacia ella la cabeza.<\/p>\n\n\n\n<p>La escoltaba una muchedumbre inmensa, en que luc\u00edan trajes de todos los pueblos de la tierra.<\/p>\n\n\n\n<p>En las primeras filas iban reyes, magistrados, guerreros, tribunos y mujeres que revelaban costumbres ligeras en sus adornos y ademanes.<\/p>\n\n\n\n<p>Despu\u00e9s segu\u00edan gentes de todos los gremios sociales.<\/p>\n\n\n\n<p>Cada uno arrojaba sobre la prisionera el lodo que encontraba a su paso, y <em>la Verdad<\/em> volv\u00eda la mirada tranquila, como si aquellos, ultrajes fuesen m\u00e1s bien una ovaci\u00f3n,<\/p>\n\n\n\n<p>En medio de la multitud, iban grupos de ni\u00f1os y de gentes sencillas que marchaban tristes, sin comprender el objeto de aquella que parec\u00eda fiesta infernal.<\/p>\n\n\n\n<p><em>La Verdad<\/em>, dirig\u00eda algunas veces una mirada compasiva a aquellos grupos inocentes y hacia adem\u00e1s de hablarles, pero los reyes y los mandarines hac\u00edan redoblar los tambores; y los rufianes, y los aduladores, y las mujeres prostituidas por el oro de los amos de la tierra, vociferaban y maldec\u00edan para ahogar la voz de <em>la Verdad<\/em>.<\/p>\n\n\n\n<p>Entonces cruzaba por su faz divina una sombra de las tristezas de la tierra, y dos l\u00e1grimas rodaban de sus ojos.<\/p>\n\n\n\n<p>\u2013\u00bfA d\u00f3nde la llevan? \u2013pregunt\u00e9 compadecido, a uno que iba y ven\u00eda, agitando una bandera negra con manchas de sangre, y que sublevaba las pasiones con discursos envenenados, y ensa\u00f1aba el odio con gritos de muerte y de exterminio.<\/p>\n\n\n\n<p>\u2013A la roca m\u00e1s escarpada, al abismo m\u00e1s profundo para arrojar a esta hip\u00f3crita y mordaz \u2013me contest\u00f3, y brillaron sus ojos como dos brasas del infierno y crujieron sus dientes agudos y separados como los del chacal.<\/p>\n\n\n\n<p>\u00a1Insensatos! exclam\u00e9 en mi interior, en vano pretend\u00e9is huir de su mirada severa y de sus juicios infalibles! \u00a1La verdad no perece nunca: desde la m\u00e1s profunda sima se alzar\u00e1 su voz hasta el cielo para condenar <\/p>\n\n\n\n<p>vuestras iniquidades! \u00a1Pod\u00e9is enga\u00f1ar a los hombres, pero jam\u00e1s a Dios: ni siquiera a vosotros mismos, porque dentro de vosotros ha creado Dios un tribunal donde constantemente o\u00eds la voz de la verdad!<\/p>\n\n\n\n<p>\u00bfDonde hallar\u00e9is un abismo bastante profundo para ahogar vuestra conciencia?<\/p>\n\n\n\n<p><em>La Verdad<\/em> sigui\u00f3 con su escolta de verdugos.<\/p>\n\n\n\n<p>Un silencio profundo sucede a la algazara de aquella muchedumbre.<\/p>\n\n\n\n<p>Todas las miradas se fijan hacia el Oriente, donde aparece una carretela de oro, tirada por veinte caballos que devoran el espacio y levantan una nube de polvo.<\/p>\n\n\n\n<p>Los penachos y el brillo de los arneses deslumbran como el sol.<\/p>\n\n\n\n<p>Sirve de auriga <em>la Fama<\/em> que trae en una mano las riendas y en otra su clar\u00edn.<\/p>\n\n\n\n<p>De pie sobre aquel carro triunfal, entre fl\u00e1mulas y gallardetes multicolores, aparece <em>la Mentira<\/em>, coronada de piedras preciosas; la faz riente; como rosas las mejillas sueltos en largos rizos los abundosos cabellos y el seno descubierto como una bacante.<\/p>\n\n\n\n<p>En una mano agitaba una banderola, y con la otra arrojaba flores artificiales de un. cesto inagotable que ten\u00eda a su lado.<\/p>\n\n\n\n<p>Un <em>\u00a1hurra!<\/em> estruendoso resuena en el espacio al penetrar entre la multitud: el eco se dilata prolong\u00e1ndose hasta los confines de la tierra, y todas las manos se agitan en se\u00f1al de alegr\u00eda.<\/p>\n\n\n\n<p>La carretela hace alto y la muchedumbre se arrodilla.<\/p>\n\n\n\n<p>Una tropa de s\u00e1tiros medio desnudos, coronados de yedra, danzan al rededor del carro, al son de alegres panderetas. Ofrendas sin n\u00famero son depositadas a los pies de aquel \u00eddolo del siglo.<\/p>\n\n\n\n<p>Despu\u00e9s de estas ceremonias, <em>la Mentira<\/em>, agitaba su banderola en torno de la multitud; los caballos relinchan y parten como rayos, entre una lluvia de flores que brota de todas las manos.<\/p>\n\n\n\n<p>Un nuevo v\u00edtor retumba en los aires, mientras se pierde en el horizonte la carretela deslumbrante.<\/p>\n\n\n\n<p>La multitud qued\u00f3 en silencio, como extasiada. <\/p>\n\n\n\n<p>S\u00f3lo de un peque\u00f1o grupo, que hab\u00eda permanecido de pie mientras los otros se arrodillaron, sali\u00f3 una maldici\u00f3n.<\/p>\n\n\n\n<p>Despu\u00e9s pas\u00f3 <em>la Ingratitud<\/em> en puntillas, callada, sin s\u00e9quito ninguno, cubierta con un ropaje pardo y el rostro vuelto hacia un lado, como para que no la conociesen.<\/p>\n\n\n\n<p>\u00a1In\u00fatil disfraz! tanto me ha hecho sufrir, \u00a1que la conocer\u00eda hasta por el ruido de sus pasos cautelosos!<\/p>\n\n\n\n<p>Segu\u00eda despu\u00e9s <em>la Buena Fe<\/em>.<\/p>\n\n\n\n<p>Iba entre un ata\u00fad, muerta; una t\u00fanica, blanca como el armi\u00f1o, la servia de mortaja.<\/p>\n\n\n\n<p>Sosten\u00edan el ata\u00fad cuatro hombres de figura distinguida que marchaban risue\u00f1os y con paso firme.<\/p>\n\n\n\n<p>Detr\u00e1s del f\u00e9retro, segu\u00eda un grupo de v\u00edrgenes p\u00e1lidas y llorosas, coronadas de rosas blancas y azucenas marchitas.<\/p>\n\n\n\n<p>Cada una a su turno, arrojaba una flor de su corona entre el ata\u00fad: el contacto de aquella flor, el cad\u00e1ver se estremec\u00eda, como galvanizado, y entreabr\u00eda los ojos y la boca; pero al instante los labios se juntaban desde\u00f1osos, y los p\u00e1rpados ca\u00edan con la pesantez de la muerte.<\/p>\n\n\n\n<p>\u00a1All\u00ed no hab\u00eda esperanza!&#8230;<\/p>\n\n\n\n<p>Despu\u00e9s pas\u00f3 <em>la Miseria<\/em>.<\/p>\n\n\n\n<p>Era una vieja, sorda, descarnada y p\u00e1lida, nariz aguda, ojos juntos y consumidos, cabeza peque\u00f1a, cuello largo y recto.<\/p>\n\n\n\n<p>Sus brazos, como las barras de una tenaza, sosten\u00edan una cornucopia, que arrojaba c\u00e1scaras secas, huesos, pedazos de hierro enmohecidos y cigarros apagados.<\/p>\n\n\n\n<p>La segu\u00edan varios cortesanos, parecidos a los avaros que conozco: iban recogiendo todo lo que sal\u00eda de la cornucopia y guard\u00e1ndolo cautelosamente, para que los otros no se apercibiesen.<\/p>\n\n\n\n<p>\u00a1A los lados de la ruta se hab\u00edan situado algunos ciegos, ancianos valetudinarios y ni\u00f1os hu\u00e9rfanos con hambre y fr\u00edo, que extend\u00edan los brazos y ped\u00edan una limosna por amor de Dios!<\/p>\n\n\n\n<p><em>La Miseria<\/em>, como era sorda, no los escuchaba, y los avaros se miraban unos a otros y se re\u00edan, y despreciaban aquel clamor que part\u00eda el alma, y segu\u00edan recogiendo el tesoro que brotaba de la cornucopia&#8230;<\/p>\n\n\n\n<p>Detr\u00e1s ven\u00eda <em>el Desencanto<\/em>.<\/p>\n\n\n\n<p>Se ve\u00eda como dibujada en un lienzo, la figura de un hombre sentado en un sill\u00f3n; p\u00e1lido el rostro, sin brillo los ojos, circundados de ojeras negras y surcos como de llanto: la boca contra\u00edda con un gesto de resignaci\u00f3n, pero al mismo tiempo de inconformidad: los brazos cruzados y la mirada fija en el cielo, como quien, perdido en todos los rumbos de la tierra, s\u00f3lo espera en la divina justicia.<\/p>\n\n\n\n<p>\u00a1Al aproximarse el lienzo reconozco mi propia imagen, y un grito de terror se escapa de mi pecho! Despierto lleno de angustia, me veo delante del espejo y comprendo que soy v\u00edctima de una pesadilla espantosa.<\/p>\n\n\n\n<h4 class=\"wp-block-heading has-text-align-right\"><a href=\"https:\/\/eldienteroto.org\/wp49\/francisco-de-sales-perez\/\" target=\"_blank\" rel=\"noreferrer noopener\">Sobre el autor<\/a><\/h4>\n","protected":false},"excerpt":{"rendered":"<p>El teniente Perdig\u00f3n A Jabino. Te dedico este bosquejo, porque se parece a alguno de tus admirables cuadros. En los anales de nuestras guerras civiles, no hay un hecho de armas m\u00e1s extraordinario que la batalla de Santa In\u00e9s. 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