{"id":17797,"date":"2025-11-08T16:31:03","date_gmt":"2025-11-08T21:01:03","guid":{"rendered":"https:\/\/eldienteroto.org\/wp49\/?p=17797"},"modified":"2025-11-08T16:40:28","modified_gmt":"2025-11-08T21:10:28","slug":"ensayos-breves-de-katherine-castrillo","status":"publish","type":"post","link":"https:\/\/eldienteroto.org\/wp49\/ensayos-breves-de-katherine-castrillo\/","title":{"rendered":"Ensayos breves de Katherine Castrillo"},"content":{"rendered":"\n<h3 class=\"wp-block-heading\"><strong>MIY\u00d3 VESTRINI<\/strong> (<strong>1938 \u2013 1991<\/strong>): <strong>La granada en la boca<\/strong><\/h3>\n\n\n\n<p>Conoc\u00eda el \u201cespantoso signo\u201d que aparece justo el d\u00eda de nuestra muerte: una \u201crigidez en la nuca que comienza al levantarse\u201d, ser\u00e1 porque ah\u00ed est\u00e1 instalado el pajarillo sobre el que escribi\u00f3 Vallejo, el poeta que mor\u00eda el mismo a\u00f1o en que Miy\u00f3 era lanzada a la tierra, en Nimes, entre ruinas romanas. El d\u00eda que ella reconstruy\u00f3: \u201cCuando tu cabecita,\/ tu ombligo,\/ tu cuquita virgen,\/ asomaban al mundo\/ entre las hermosas piernas de tu madre,\/ met\u00edan al poeta en un hueco.\/ Lo cubr\u00edan de tierra\/ y a ti\/ te cubr\u00eda la memoria\u201d.<\/p>\n\n\n\n<p>De aquella ciudad francesa, vestigio de campos galos, lleg\u00f3 a Betijoque, una poblaci\u00f3n amansada con aliento de indios escuqueies.<\/p>\n\n\n\n<p>Ese salto continental le hizo una escisi\u00f3n en el pecho, y en su hondura conserv\u00f3 \u201cel puerto y la monta\u00f1a,\/ la rivera y el sur\u201d. Qued\u00f3 \u201ctirada a mitad del camino\/ entre el sol\/ y la niebla\u201d.<\/p>\n\n\n\n<p>Muy joven ya formaba parte de los grupos literarios Cuarenta Grados a la Sombra, Sardio y Apocalipsis, en estos dos \u00faltimos era la \u00fanica mujer entre sus fundadores. A los veintinueve a\u00f1os recib\u00eda el Premio Nacional de Periodismo. Estuvo al frente de p\u00e1ginas de artes, fue agregada de prensa de la Embajada de Venezuela en Italia, jefa de prensa en la Canciller\u00eda, entrevist\u00f3 a grandes poetas como Gustavo Pereira, V\u00edctor Valera Mora, Caupolic\u00e1n Ovalles, Carlos Contramaestre.<\/p>\n\n\n\n<p>Miy\u00f3 anduvo por la poes\u00eda en b\u00fasqueda de \u201cpalabras secas\u201d, necesitaba la musicalidad, las palabras tienen que sonar, dec\u00eda. Obsesivamente se deten\u00eda en cada l\u00ednea, revisaba, rele\u00eda: \u201cPara colocar una palabra en determinado sitio del poema, tardo d\u00edas, la saco, la quito, la cambio de lugar, la elimino\u201d. Esta obstinada vocaci\u00f3n por la palabra la llev\u00f3 a desarrollar su obra no solo en el periodismo y la poes\u00eda sino tambi\u00e9n en la narrativa.<\/p>\n\n\n\n<p>Con lentes de pasta, cigarro, dedicada a la bebida \u201cpara evitar el infarto\u201d, y resistida al brazo de su madre, estuvo bordeando o yendo de frente hacia la muerte: \u201cno en vano\/ deseo\/ cada tarde,\/ que la muerte sea simple y limpia\/ como un trago de an\u00eds caliente\u201d.<\/p>\n\n\n\n<p>Confrontaba contradicciones y escenas dom\u00e9sticas que una mujer atravesaba m\u00e1s all\u00e1 de la zanja del arte: \u201c\u00bfPor qu\u00e9 tengo que ser yo la que corte calabacines\/ todas las noches\/ a esta hora?\u201d, la mujer que se va a la cocina \u201ca pelar patatas\u201d, la mujer que en la casa hace \u201cmuchas cosas y nadie se da cuenta\u201d.<\/p>\n\n\n\n<p>De pie, frente a un espejo, desnuda, contempl\u00f3 su soledad, su p\u00e1rpado ca\u00eddo, y detr\u00e1s del reflejo, en su s\u00faplica por \u201cuna muerte que enfurezca\u201d, tambi\u00e9n descubri\u00f3 lo que era: \u201c\u2026 el rifle en la mano\/ la granada en la boca\u201d.<\/p>\n\n\n\n<p>En 1991, la poeta que una vez se oy\u00f3 \u201ccrujir, debatir, sonre\u00edr, partir, gemir\u201d, logr\u00f3 el suicidio que busc\u00f3 varias veces, como escribi\u00f3: \u201cMorir\/ requiere tiempo y paciencia\u201d.<br>Miy\u00f3, o Marie-Jos\u00e9 Fauvelles, su nombre de nacimiento, dej\u00f3 como legado <em>Las historias de Giovanna<\/em> (1971), <em>El invierno pr\u00f3ximo<\/em> (1975),&nbsp;<em>Pocas virtudes<\/em> (1986),<em> Valiente ciudadano<\/em> (1994),<em> \u00d3rdenes al coraz\u00f3n<\/em>, (1996). Y tambi\u00e9n un testamento que inclu\u00eda libros, sue\u00f1os, sus cenizas y risa, un poema y su dolor adolescente.<\/p>\n\n\n\n<p>Sobre nuestro final, nada sabemos, puede ser que una \u201ccierta forma de morir m\u00e1s ruda nos espera\u201d. Nos toca estar a atentos a esa rigidez en la nuca que comienza al levantarse.<\/p>\n\n\n\n<p class=\"has-text-align-center\">***<\/p>\n\n\n\n<h3 class=\"wp-block-heading\"><strong>ESDRAS PARRA<\/strong> (1939 \u2013 2004): <strong>Transmutado silencio<\/strong><\/h3>\n\n\n\n<p>\u201cQuiero que sepas que Esdras, el que t\u00fa conociste, muri\u00f3, y quien te recibir\u00e1 ser\u00e1 una mujer\u201d. Dec\u00eda la carta enviada desde Londres al escritor Jos\u00e9 Napole\u00f3n Oropeza. El 31 de agosto de 1978, en el aeropuerto de Heathrow lo esperaba, efectivamente, ella. Era Esdras. La misma naturaleza taciturna, aquella forma de conversar con inalterable calma, en voz baja, t\u00edmida, la misma tensa tranquilidad. Era Esdras, \u201cla transe\u00fante sin escolta que prolonga el camino\u201d.<\/p>\n\n\n\n<p>Naci\u00f3 en Santa Cruz de Mora, M\u00e9rida, donde el r\u00edo Mocot\u00edes empuja su fr\u00edo rumor por la monta\u00f1a. Sus hermanos la recuerdan como un ni\u00f1o solitario que pintaba y prefer\u00eda permanecer sentado y limpio, siempre en rehu\u00edda del bochinche y la juerga. Un ser de murmullo, atravesado por la pregunta que le sigui\u00f3 toda la vida: \u201c\u00bfqu\u00e9 significa para m\u00ed el silencio, la apretada mordaza?\u201d<\/p>\n\n\n\n<p>Le corr\u00eda por los huesos un car\u00e1cter de \u201canimal lanzado a la aurora\u201d, por eso a los diecisiete a\u00f1os consigui\u00f3 una beca y se fue a Londres a estudiar a los escritores ingleses. En 1967, con veintiocho a\u00f1os, public\u00f3 su primer libro de narrativa <em>El insurgente<\/em>, y un a\u00f1o despu\u00e9s sal\u00edan al mundo dos libros m\u00e1s: <em>Por el norte el mar de las Antillas<\/em> y <em>Juego limpio<\/em>. Fue inmediato el reconocimiento de la calidad de su obra, a la que la cr\u00edtica literaria desde entonces revel\u00f3 como poseedora de una singular belleza ling\u00fc\u00edstica.<\/p>\n\n\n\n<p>En Londres escrib\u00eda cr\u00edticas cinematogr\u00e1ficas y realizaba traducciones para la revista venezolana <em>Imagen<\/em>, de la que fue miembra fundadora y editora. All\u00e1 conoci\u00f3 y trab\u00f3 amistad con Cabrera Infante. Tras mucho tiempo sin saber nada el uno del otro, Esdras fue a visitarlo: \u201cEl Esdras Parra que me toc\u00f3 el timbre y entr\u00f3 a mi casa no era el mismo, sino una se\u00f1ora con todas las de la ley\u201d, le cont\u00f3 a Vargas Llosa, y de ah\u00ed naci\u00f3 la obra teatral <em>Al pie del T\u00e1mesis<\/em>, del escritor peruano.<\/p>\n\n\n\n<p>Ya de vuelta en Venezuela, llev\u00f3 la direcci\u00f3n literaria de Monte \u00c1vila Editores, iba a los cines porque odiaba la televisi\u00f3n, y se dedic\u00f3 a escribir poes\u00eda. Con su primer poemario <em>Este suelo secreto<\/em> se llev\u00f3 el Premio de la II Bienal Mariano Pic\u00f3n Salas, en 1993. Le siguieron <em>Antig\u00fcedad del fr\u00edo<\/em> y <em>A\u00fan no<\/em>.<\/p>\n\n\n\n<p>Es tanto el genio de su trabajo po\u00e9tico que todav\u00eda hoy permite un extenso estudio de cada arista. El grueso volumen del <em>Diccionario General de Literatura Venezolana<\/em> asegura que la poes\u00eda de Esdras \u201csurge impulsada por un deseo profundo y misterioso que recorre los espacios m\u00e1s \u00edntimos del ser\u201d; su amigo Oropeza se\u00f1ala especialmente \u201cun desdoblamiento que revela su condici\u00f3n humana\u201d, otros hablan del tiempo como paisaje en su obra. Pero sin duda, lo que prevalece como presencia crepitante es la construcci\u00f3n de la identidad desde un no-lugar que es ceniza y muro, la \u201csombra harapienta\/ a donde me han condenado sin dolor y sin queja\u201d, donde \u201cno espero nada y es como si dijera\/ todo\u201d. Porque no tener ese espacio concreto es tambi\u00e9n umbral para renombrarse, para empezar de nuevo, tener otro puerto en el que al tocar tierra comenzar\u00e1 su historia.<\/p>\n\n\n\n<p>Un d\u00eda en la pulpa de su lengua se instal\u00f3 el c\u00e1ncer, como ir\u00f3nico punto final de una vida reservada y discreta. \u201cEscribir sobre el silencio o sobre\/ sus trozos de vac\u00edo, pero volver a\/ la palabra o hacia su desaparici\u00f3n\u201d.<\/p>\n\n\n\n<p class=\"has-text-align-center\">***<\/p>\n\n\n\n<h3 class=\"wp-block-heading\"><strong>IDA GRAMCKO<\/strong> (<strong>1924 \u2013 1994<\/strong>): <strong>M\u00e1s caracol<\/strong><\/h3>\n\n\n\n<p>De su centro-caracol le fueron naciendo versos. Emerg\u00edan como espirales inagotables desde cada v\u00e9rtice de su infancia, imposibles de contener aunque ella fuera silenciosa, aunque el armaz\u00f3n de su cuerpo tierno fuera toda flacura. El escritor y periodista gallego Eduardo Blanco-Amor, dijo que a poco de conocerla notaba en su pasividad tanta energ\u00eda que era necesario \u201cdefenderse para no caer en la l\u00f3gica de su propio silencio\u201d.<\/p>\n\n\n\n<p>La profundidad de su obra po\u00e9tica, la precocidad en la gestaci\u00f3n de su voz calc\u00e1rea, provoc\u00f3 que Mariano Pic\u00f3n Salas \u2013uno de los m\u00e1s grandes intelectuales latinoamericanos del siglo XX\u2013, presentara a Ida Gramcko en el pr\u00f3logo de su libro, titulado sencillamente <em>Poemas<\/em>, como la joven \u201cd\u00e9cima musa\u201d. Ella ten\u00eda apenas 28 a\u00f1os de edad.<\/p>\n\n\n\n<p>A los diecisiete ya hab\u00eda publicado sus primeros textos, a los dieciocho ten\u00eda menci\u00f3n en el concurso de poes\u00eda de la Asociaci\u00f3n Cultural Interamericana. Dos a\u00f1os despu\u00e9s public\u00f3 dos nuevos poemarios. Con veinticuatro a\u00f1os no solo sali\u00f3 su libro <em>La vara m\u00e1gica,<\/em> sino que fue enviada a la Uni\u00f3n Sovi\u00e9tica como Encargada de Negocios. Con treintitres a\u00f1os recib\u00eda el Premio de Novela Jos\u00e9 Rafael Pocaterra.<\/p>\n\n\n\n<p>Ida, fabuladora y m\u00edstica, de verbo tel\u00farico, escribi\u00f3 bajo el sentir de la presencia de las cosas: \u201cMet\u00e1fora incre\u00edble:\/ el silencio\/ a trav\u00e9s de la cual tanto nos dicen\/ los objetos\u201d. Ida-contemplaci\u00f3n, caracola observando hacia s\u00ed misma: \u201cSe mira en el espejo\/ como una planta acu\u00e1tica en su linfa\u201d.<\/p>\n\n\n\n<p>Su temprana escritura la desarroll\u00f3 en medio de una Venezuela en transici\u00f3n tras la muerte del dictador G\u00f3mez, con elevados \u00edndices de analfabetismo, una Am\u00e9rica Latina de invasiones, derrocamientos, guerras civiles, y un escenario internacional ensombrecido por la II Guerra Mundial. Pero Ida ya empezaba a ser habitada por un \u00fanico abismo: ella. Ida y su quiebre ps\u00edquico: \u201cLucho so\u00f1ando, s\u00f3rdida, conmigo,\/ con un p\u00e1jaro extra\u00f1o, con el viento,\/ con un agudo y afilado pico\/ que me horada las sienes y el cerebro\u201d.<\/p>\n\n\n\n<p>Su obra abarc\u00f3 la narrativa, ensayo y dramaturgia. De su poes\u00eda el mismo Blanco-Amor resalt\u00f3 \u201cla briosa audacia de su imaginer\u00eda, la majestad del lenguaje, la lib\u00e9rrima conducci\u00f3n tiempo-espacial de la materia literaria\u201d. Y el fil\u00f3sofo Ludovico Silva dijo, como absoluto, que era \u201cla m\u00e1s sonora de toda la l\u00edrica venezolana\u201d.<\/p>\n\n\n\n<p>Un mes despu\u00e9s de la muerte de su hermana Elsa, falleci\u00f3 Ida, dicen que de tristeza. Su concha molusca no dej\u00f3 de avanzar hacia el tiempo nuevo y se volvi\u00f3 lengua y memoria para estas generaciones: \u201cRecu\u00e9rdate, palabra,\/ como eres, como est\u00e1s, pulcra y redonda,\/ no el agua, mas en agua y tras el agua\/ y con el agua sin m\u00e1s pie ni alfombra\u201d.<\/p>\n\n\n\n<p class=\"has-text-align-center\">***<\/p>\n\n\n\n<h3 class=\"wp-block-heading\"><strong>LYDDA FRANCO FAR\u00cdAS<\/strong> (<strong>1943 \u2013 2004<\/strong>): <strong>Una mujer m\u00e1s sus u\u00f1as y sus dientes<\/strong><\/h3>\n\n\n\n<p>Apareci\u00f3 sobre la misma tierra de los indios jirajaras. Quiz\u00e1 fue por ese temblor at\u00e1vico que desde el primer aliento present\u00f3 sus versos como armas \u201cperfiladas, inm\u00f3viles, ariscas\u201d. Ten\u00eda veintid\u00f3s a\u00f1os cuando sus <em>Poemas circunstanciales<\/em> ganaron el Concurso Literario del Ateneo de Coro. Ah\u00ed escribi\u00f3: \u201cNo nac\u00ed para ocupar un espacio y nada m\u00e1s\u201d. As\u00ed fue. Se meti\u00f3 con toda su sangre en la insurgencia urbana para luchar contra la represi\u00f3n pol\u00edtica. Era la \u00e9poca aprisionada por el \u201cronquido persistente de los fusiles\u201d. Y aunque un d\u00eda lleg\u00f3 la pacificaci\u00f3n, Lydda no dej\u00f3 de cuestionar aquella generaci\u00f3n \u201can\u00e9mica de cantos verdaderos\u201d.<\/p>\n\n\n\n<p>Los amigos recuerdan sus signos: fumadora incesante, alegre y subversiva, \u201cVenus de Willendorf de la sierra coriana\u201d, dijo Ildefonso Finol. Amante de los boleros, cuenta Humberto M\u00e1rquez, tanto, que escribi\u00f3 el libro <em>Bolero a media luz<\/em>: \u201cuna trepa la desnudez de otro cuerpo\/ una encuentra la rama dorada y la codicia\u201d. Vest\u00eda mantas way\u00fau, can\u00edculamente mimetizada con el sol zuliano que fue hogar hasta su muerte. Su llegada era una ventisca tibia, su presencia irreverente y buena.<\/p>\n\n\n\n<p>Cumpli\u00f3 veintis\u00e9is a\u00f1os y public\u00f3 <em>Las<\/em> <em>armas blancas<\/em>. En adelante no par\u00f3 m\u00e1s: le sucedieron a este libro una decena de poemarios en los que trabaj\u00f3 desde la prosa po\u00e9tica hasta la oralidad. Como blasones de su escritura incorpor\u00f3 la iron\u00eda, el humor, la objeci\u00f3n incisiva a la injusticia y el absurdo social. Nunca abandon\u00f3 sus \u201cmodales de alima\u00f1a\u201d para escribir contra la indiferencia, sin llegar al f\u00fatil panfleto. \u201cCon un acto de rebeld\u00eda de largo aliento, Lydda emprende una campa\u00f1a desestabilizadora que sacude los cimientos de la norma\u201d, afirm\u00f3 el escritor C\u00f3simo Mandrilo.<\/p>\n\n\n\n<p>Su poemario <em>Una<\/em> se convirti\u00f3 en un referente pol\u00edtico y literario sobre el papel de las mujeres como sujetas activas en un pa\u00eds que se retorc\u00eda con la violencia \u201cincubada en las axilas\u201d: \u201c\u2026vete acostumbrando hombre voraz\/ mujer no es solo recept\u00e1culo\/ flor que se arranca\/ y herida va a doblarse en el florero\/ al fondo de la repisa (\u2026) una mujer es una mujer m\u00e1s sus u\u00f1as y sus dientes\u201d.<\/p>\n\n\n\n<p>Con <em>Descalabros en obertura mientras ejercito mi coartada<\/em> recibi\u00f3 el Premio Regional de Literatura Jes\u00fas Enrique Losada en 1994, el mismo a\u00f1o en que public\u00f3 simult\u00e1neamente tres libros.<\/p>\n\n\n\n<p>Su coraz\u00f3n se detuvo una ma\u00f1ana. Andar\u00e1 Lydda \u201ctendida a ras de la luna\/ o flotando lluvia abajo\/ en la resaca del \u00faltimo cigarro\u201d. O tal vez bajo la mata de mango en San Jacinto.<\/p>\n\n\n\n<h4 class=\"wp-block-heading has-text-align-right\"><a href=\"https:\/\/eldienteroto.org\/wp49\/katherine-castrillo\/\" target=\"_blank\" rel=\"noreferrer noopener\">Sobre la autora<\/a><\/h4>\n\n\n\n<h6 class=\"wp-block-heading\">Fuente de los textos e im\u00e1genes: https:\/\/literariedad.co. Ilustraci\u00f3n: Pablo Kalaka.<\/h6>\n","protected":false},"excerpt":{"rendered":"<p>MIY\u00d3 VESTRINI (1938 \u2013 1991): La granada en la boca Conoc\u00eda el \u201cespantoso signo\u201d que aparece justo el d\u00eda de nuestra muerte: una \u201crigidez en la nuca que comienza al levantarse\u201d, ser\u00e1 porque ah\u00ed est\u00e1 instalado el pajarillo sobre el que escribi\u00f3 Vallejo, el poeta que mor\u00eda el mismo a\u00f1o en que Miy\u00f3 era lanzada [&hellip;]<\/p>\n","protected":false},"author":6,"featured_media":17798,"comment_status":"open","ping_status":"closed","sticky":false,"template":"","format":"standard","meta":{"_monsterinsights_skip_tracking":false,"_monsterinsights_sitenote_active":false,"_monsterinsights_sitenote_note":"","_monsterinsights_sitenote_category":0,"footnotes":""},"categories":[14],"tags":[],"_links":{"self":[{"href":"https:\/\/eldienteroto.org\/wp49\/wp-json\/wp\/v2\/posts\/17797"}],"collection":[{"href":"https:\/\/eldienteroto.org\/wp49\/wp-json\/wp\/v2\/posts"}],"about":[{"href":"https:\/\/eldienteroto.org\/wp49\/wp-json\/wp\/v2\/types\/post"}],"author":[{"embeddable":true,"href":"https:\/\/eldienteroto.org\/wp49\/wp-json\/wp\/v2\/users\/6"}],"replies":[{"embeddable":true,"href":"https:\/\/eldienteroto.org\/wp49\/wp-json\/wp\/v2\/comments?post=17797"}],"version-history":[{"count":2,"href":"https:\/\/eldienteroto.org\/wp49\/wp-json\/wp\/v2\/posts\/17797\/revisions"}],"predecessor-version":[{"id":17803,"href":"https:\/\/eldienteroto.org\/wp49\/wp-json\/wp\/v2\/posts\/17797\/revisions\/17803"}],"wp:featuredmedia":[{"embeddable":true,"href":"https:\/\/eldienteroto.org\/wp49\/wp-json\/wp\/v2\/media\/17798"}],"wp:attachment":[{"href":"https:\/\/eldienteroto.org\/wp49\/wp-json\/wp\/v2\/media?parent=17797"}],"wp:term":[{"taxonomy":"category","embeddable":true,"href":"https:\/\/eldienteroto.org\/wp49\/wp-json\/wp\/v2\/categories?post=17797"},{"taxonomy":"post_tag","embeddable":true,"href":"https:\/\/eldienteroto.org\/wp49\/wp-json\/wp\/v2\/tags?post=17797"}],"curies":[{"name":"wp","href":"https:\/\/api.w.org\/{rel}","templated":true}]}}