{"id":17768,"date":"2025-11-06T14:01:54","date_gmt":"2025-11-06T18:31:54","guid":{"rendered":"https:\/\/eldienteroto.org\/wp49\/?p=17768"},"modified":"2025-11-06T14:20:06","modified_gmt":"2025-11-06T18:50:06","slug":"primeras-impresiones","status":"publish","type":"post","link":"https:\/\/eldienteroto.org\/wp49\/primeras-impresiones\/","title":{"rendered":"Primeras impresiones"},"content":{"rendered":"\n<h4 class=\"wp-block-heading has-text-align-right\">Ram\u00f3n Gonz\u00e1lez Paredes<\/h4>\n\n\n\n<p>Ten\u00edamos ratos de encantamiento, en los cuales sol\u00edamos olvidarnos de todo. \u00abMireya, le dec\u00eda, \u00bfa que t\u00fa no cuentas las nubes?\u00bb. Ella, con un gesto de dama ofendida, miraba hacia lo alto y se dispon\u00eda a probarme que era capaz de eso y de mucho m\u00e1s; pero, realmente, su capacidad de contar no pasaba de las unidades y en el intento no hac\u00eda otra cosa que embrollar hasta lo indecible su cabecita de cabellos negros.<\/p>\n\n\n\n<p>Yo me sent\u00eda superior a mi amiguita. Por ejemplo, realizaba proezas de gente mayor, como lanzar piedras a los \u00e1rboles y tumbar frutas. Ella, empecinada, arrojaba pedruscos a las margaritas.<\/p>\n\n\n\n<p>\u2014Ya ves, soy capaz de bajar rosas. Eso, \u00a1c\u00f3nchale! s\u00ed que es dif\u00edcil.<\/p>\n\n\n\n<p>Sonre\u00eda con magnanimidad. En tal momento, mi capacidad de juzgar el mundo exterior alcanzaba un m\u00e1ximo. Ella enrojec\u00eda, y yo manten\u00eda mi posici\u00f3n de benevolencia.<\/p>\n\n\n\n<p>\u2014Te odio, bicho, te odio.<\/p>\n\n\n\n<p>Y corr\u00eda por el patio grande, en medio del cual luc\u00eda un bucare su fachenda, y vetusto caujaro, de abundosos racimos, ofrendaba a los p\u00e1jaros y a nosotros la goma dulzaina de su producto.<\/p>\n\n\n\n<p>No s\u00e9 por qu\u00e9 gozaba en atormentar a Mireya. Hab\u00eda otras chicas que frecuentaban mi casa; otras, bellas de grandes lazos y ojos amarillentos, pero Mireya, con su cuerpecito saltar\u00edn, sus ojos negros como los botines que me pon\u00eda los domingos para ir a misa de ocho y unos hoyuelos que se le hac\u00edan en las mejillas cuando re\u00eda, despertaba un sentimiento raro en mi esp\u00edritu.<\/p>\n\n\n\n<p>Muchas veces fu\u00ed zarandeado por el bullicio matutino: mi madre llamaba a Lucha para que hiciera el caf\u00e9 y mi t\u00eda Panchita pon\u00edase la andaluza, frente al espejo, mientras las gallinas formaban desde el corral una turbia algazara que mezcl\u00e1base con las expresiones de mi madre al reprender a Lucha, quien no prestaba o\u00eddo a las llamadas matutinas y enroll\u00e1base en su colcha. Cuando me zarandeaba de tal manera, no pod\u00eda continuar durmiendo, y ten\u00eda forzosamente que pensar. Sin duda alguna, me consideraban menos que al gato Mu\u00f1o, porque a \u00e9ste lo consent\u00edan demasiado: t\u00eda lo llamaba de continuo para que se arrellanase en sus faldas. Madre no encontraba alimento que proporcionarle; y todos, en medio de caricias, le hac\u00edan pasar los mejores ratos. Yo aprovechaba cualquier descuido, miraba de un lado a otro y, cuando me sent\u00eda solo, comenzaba a llamarlo cari\u00f1osamente:<\/p>\n\n\n\n<p>\u2014Mu\u00f1o, ven Mu\u00f1ito.<\/p>\n\n\n\n<p>\u00c9l acud\u00eda ronroneando, con un andar lento, muy parecido al del gallo cuando quiere enamorar a una gallina clueca, y yo le dejaba llegar; entonces sosten\u00edalo con mi siniestra y usaba la diestra en quitarle alguno que otro pelillo del bigote; doblaba su rabo de abundante pelusa y conclu\u00eda por patearlo y allegarme gimoteando al lado de mi madre, a quien narraba con exageraciones mis imaginarias cuitas.<\/p>\n\n\n\n<p>\u2014Mam\u00e1, Mu\u00f1o no me quiere; se acerc\u00f3 a rasgu\u00f1arme.<\/p>\n\n\n\n<p>\u2014S\u00ed, hijito, \u00bfd\u00f3nde te ara\u00f1\u00f3? Tenemos que salir de ese gato. \u2014Esto \u00faltimo lo dec\u00eda en alta voz y como para que escuchara t\u00eda\u2014. Animales y ni\u00f1os no pueden estar juntos.<\/p>\n\n\n\n<p>Yo frunc\u00eda el entrecejo: pon\u00eda cara doliente y en mi interior sent\u00eda profundo regocijo. Siempre que atormentaba a Mu\u00f1o, recordaba a Mireya, mi querida amiguita, y sufr\u00eda vivo disgusto por no verla arrastr\u00e1ndose en el piso y mayando implorante. De ser ella igual a Mu\u00f1o le hubiera retorcido el rabito, no, qu\u00e9 va, era preferible abrir sus piernas bastante para que no las tuviera siempre cerradas y no se la pasase baj\u00e1ndose las falditas pues diz que se le escapaba el \u00c1ngel de la Guarda. En el fondo le ten\u00eda una grand\u00edsima antipat\u00eda a ese \u00e1ngel, y hubiera deseado encontr\u00e1rmelo en cualquier momento para escupirle con fuerza la sotabarba, ya que me lo figuraba muy parecido a la t\u00eda abuela, quien gru\u00f1\u00eda en cuanto pisaba el umbral de nuestra casa y viv\u00eda haciendo recomendaciones necias, como \u00abno corras, ni te comas las u\u00f1as, saca ese dedo de la nariz, no ensucies el flux; un traje debe durar una semana por lo menos\u00bb. As\u00ed de fastidioso antoj\u00e1baseme el \u00e1ngel que ten\u00eda Mireya debajo de su faldita. En cambio el demonio o Luzbel, me produc\u00eda un cosquilleo demasiado extra\u00f1o. Figur\u00e1bamelo con una gris cachucha y un rev\u00f3lver inmenso, grande machete, brillante como una estrella, barba roja de candela y bigotes azules. Adem\u00e1s tendr\u00eda u\u00f1as largas y negras, al igual que ese bienaventurado que ped\u00eda limosna y pasaba la vida sin ba\u00f1arse nunca y a quien envidiaba en lo m\u00e1s profundo de mi alma. El \u00c1ngel de la Guarda no pod\u00eda por menos de ser un se\u00f1orito pretencioso, de esos que limpian los asientos para acomodarse y saludan a las visitas y jam\u00e1s pegan a los animales. Lucifer, ser\u00eda despreocupado; no le har\u00eda caso a las recomendaciones de sus padres y se revolcar\u00eda en la arenilla cuando la ca\u00edda del sol. Sin llegar a pensar en ello comprend\u00eda que a Lucifer le era simp\u00e1tico, no cuando me santiguaba y mostraba solicitud en cumplir lo mandado, sino m\u00e1s bien cuando aporreaba los \u00e1rboles y pensaba en subirle a Mireya su faldita para que se escapase el \u00e1ngel, as\u00ed como cuando propon\u00edame sacarle al gato los ojos negros y relucientes, al igual que dos metricas, de \u00e9sas con que juegan los ni\u00f1os grandes, amos de veloc\u00edpedos y due\u00f1os de hondas, con las cuales bajan muchos nidos de las m\u00e1s altas ramas. Present\u00eda que la gente mayor hac\u00eda algo demasiado complejo que se me antojaba parecido a la tempestad.<\/p>\n\n\n\n<p>Una vez dos enamorados conversaban en el recibo de mi casa. Ella, mi prima Aracelli, se empe\u00f1\u00f3 en que fuese yo a buscarle un vaso de agua a su novio. Sin pizca de malicia me retir\u00e9, aunque un tanto amohinado. \u00bfQu\u00e9 ser\u00eda eso de enamorarse uno? Tal pregunta llenaba de p\u00e1jaros mi mente infantil. Mireya, recordaba entonces, fu\u00e9 requerida acerca de su afecto en una visita y dijo que su novio era su mam\u00e1, lo cual, o\u00eddo por los presentes, provoc\u00f3 decidoras sonrisas que chaparon las mejillas de la ni\u00f1a y me hicieron sentir una alegr\u00eda inmensa, pues tales sonrisas burlonas constitu\u00edan como una especie de reproche de que no fijase en m\u00ed el objeto de su amor. Manifest\u00e9 el estado de \u00e1nimo dando \u00abbotecarnero\u00bb, o sea, poniendo mi cr\u00e1neo contra el suelo, apoyando el resto del cuerpo sobre las manos y haciendo fuerza para caer de espaldas. T\u00eda, que me hab\u00eda acompa\u00f1ado a la visita, reprendi\u00f3 tan brusca actitud y con ello hizo olvidar a Mireya de su desaguisado, porque, de inmediato comenz\u00f3 a sonre\u00edr y, a hurtadillas, me mostr\u00f3 su lengua, gesto que significaba grande ofensa para nosotros. Hab\u00eda algo claro, que dos mujeres no pod\u00edan ser novios; pero a\u00fan no alcanzaba a comprender lo que era enamorarse. Apenas record\u00e9 que Madre rega\u00f1aba a la mucama porque sal\u00eda a conversar con el lechero. Un buen d\u00eda la moza se fug\u00f3 y alguien dijo que la hab\u00eda perdido el amor. A partir de tal momento mi curiosidad crec\u00eda junto a un secreto temor, semejante al trabajo soterrado de las abejas que laboran protegidas por la cerrilla. S\u00f3lo hab\u00eda una cosa, y \u00e9sta era que el amor me perder\u00eda tambi\u00e9n alguna vez.<\/p>\n\n\n\n<p>Aracelli pidi\u00f3 le llevase agua, no porque ten\u00eda sed; se lo comprend\u00ed en los ojos; m\u00e1s que agua quer\u00eda otra cosa y yo sent\u00eda en mi alma una fuerza terrible que me llevaba a desear ocupar el puesto del novio de Aracelli; no s\u00f3lo eso sino quer\u00eda destruirla y tornarla tan peque\u00f1a como el polvillo blanco que flota en las habitaciones al penetrar un rayo de sol.<\/p>\n\n\n\n<p>Regres\u00e9 apresuradamente, y moj\u00e9 mis ropillas, aun cuando llevaba un traje nuevo muy estimado; pero en tal momento de profunda atenci\u00f3n pasaba inadvertido junto a muchas cosas que hasta ese instante eran de mi mayor consideraci\u00f3n.<\/p>\n\n\n\n<p>Iba llegando al recibo cuando percib\u00ed un forcejeo mezclado con risas y en compa\u00f1\u00eda de exclamaciones inconexas.<\/p>\n\n\n\n<p>Escuchando esto no pude contenerme. Sent\u00ed un oleaje de fuego, y con una sorpresiva malicia me acerqu\u00e9 en puntillas, dominado por la agitaci\u00f3n.<\/p>\n\n\n\n<p>Vi algo que no me pareci\u00f3 nuevo, pues cuando lo percib\u00ed era como si anteriormente hubiera pensado en que ir\u00eda a encontrarme con aquello. Sin embargo, tal conformidad entre realidad e imaginaci\u00f3n acrecentaba mi disgusto. Parec\u00eda como si hubiesen roto el cristal de mi fe; sent\u00edame burlado miserablemente y empec\u00e9 a dar gritos:<\/p>\n\n\n\n<p>\u2014\u00a1Mam\u00e1, mam\u00e1, qu\u00e9 horror!<\/p>\n\n\n\n<p>Cre\u00eda que \u00abaquello\u00bb era lo peor del mundo. Comenc\u00e9 a patalear y arroj\u00e9 con furia el vaso formando un charco inmenso.<\/p>\n\n\n\n<p>Ellos estaban anonadados. El hombre hab\u00eda palidecido y me vi\u00f3 con ojos de furia. Mi prima hall\u00e1base rojiza, con los ojos h\u00famedos de l\u00e1grimas. A partir de aquel instante la despreci\u00e9 vivamente y no le volv\u00ed a cruzar palabra ni acept\u00e9 sus excusas.<\/p>\n\n\n\n<p>Ahora Mireya corr\u00eda por el patio. Se re\u00eda y hac\u00eda visajes. \u00a1Si la gente mayor hablaba de amores, por qu\u00e9 nosotros \u00edbamos a ser menos que ellos!<\/p>\n\n\n\n<p>El cuerpo de mi amiguita encerraba toda la sinfon\u00eda del color. De pronto me pareci\u00f3 que ella era una flor m\u00e1s entre las flores del huerto, y tem\u00ed fuera a convertirse en \u00e1rbol o se quedase cristalizada como una espina. Entonces me apoder\u00f3 un sentimiento demasiado torbellinesco, ciego cual un p\u00e1jaro herido: quer\u00eda volverla tan m\u00eda como las manos o los pies. No encontraba ma\u00f1era de realizar esa fusi\u00f3n. Hab\u00eda o\u00eddo decir que la gente buena comulgaba con Dios. Podr\u00eda arrodillarme en la arenilla y rezarle a Mireya para ser los dos una sola y misma cosa como el r\u00edo y el cielo, o como la fuente de temblorosas gacelas, que corren parejas con las nubes de cabellera leonada. Pero de pronto se me ocurri\u00f3 que el \u00c1ngel de la Guarda se contentar\u00eda, lo cual resultaba una tremenda humillaci\u00f3n, semejante a cuando t\u00eda acariciaba a Mu\u00f1o sin considerar para nada que yo, un ni\u00f1o real que pod\u00eda hablar y arrojar piedras, se mov\u00eda en la misma estancia. Me envenenaba la sola idea de congraciarme con un ser antipatiqu\u00edsimo como un \u00e1ngel y pens\u00e9 m\u00e1s bien algo que fuera verdadera fusi\u00f3n, cual tierra disuelta en agua del pozo, cual una pedrada en la cabeza; cosa que rechac\u00e9 de inmediato. Record\u00e9 a Satan\u00e1s y comprend\u00ed que lo mejor era besar a Mireya. Hice como si hubiese encontrado una fruta a mis pies; imit\u00e9 con ello la t\u00e1ctica del gallo para atraer a las gallinas. Ella vino a curiosear y yo le dije que ten\u00eda carb\u00f3n en la boca.<\/p>\n\n\n\n<p>\u2014Qu\u00edtamelo, qu\u00edtamelo.<\/p>\n\n\n\n<p>Pareci\u00f3 adivinar mis prop\u00f3sitos y se estuvo quietecita. Debido a su tranquilidad estaba arrepinti\u00e9ndome, pues hubiera deseado besarla a viva fuerza, ya que las cosas del \u00c1ngel se hacen por acuerdo y pasivamente; no as\u00ed las de Satan\u00e1s, se\u00f1or del disgusto y amo de los caprichos. Empero ya no hab\u00eda lugar a arrepentirse y se consum\u00f3 el acto audaz. Ella sonroj\u00f3se y yo me sent\u00ed fuerte como los bosques y turbulento como el mar, cuyas olas me impresionaron vivamente la primera vez que las contempl\u00e9; era superior al viento que inclina las ramas y chifla en el regazo nocturno. Estuvimos alelados mucho tiempo, hasta que Mireya ech\u00f3 a correr; yo permanec\u00ed plantado en tierra, pues ten\u00eda ra\u00edces en lugar de zapatos.<\/p>\n\n\n\n<p>\u2014Mireya \u2014grit\u00e9, llam\u00e1ndola por cortes\u00eda; era necesario portarme cari\u00f1oso despu\u00e9s de \u00abaquello\u00bb, pero en mis adentros deseaba se marchase hacia un lejano pa\u00eds, de modo que no pudi\u00e9ramos vernos m\u00e1s.<\/p>\n\n\n\n<p>Empero a los pocos minutos me hac\u00eda falta su presencia y corr\u00ed tras ella. No la encontr\u00e9 en casa sino en la acera: conversaba con un chico de la vecindad.<\/p>\n\n\n\n<p>Sent\u00ed cual si me hubieran cortado un brazo; no era otra clase de dolor el sufrido. En un primer momento quise hablar mucho, sin descanso, con el objeto de aturrullar al otro ni\u00f1o; pero tem\u00ed no salir lo suficientemente airoso. \u00abYa ver\u00e1 ese pecosillo, me dije, en cuanto Mireya me vea\u2026 lo va a dejar plantado\u00bb. Pensaba esto con la mayor seguridad, y me acerqu\u00e9 balanceando el tronco, en lo cual nadie repar\u00f3, cosa que no dej\u00f3 de impacientarme. Despu\u00e9s, con las manos en los bolsillos, fingi\u00e9ndome hombre despreocupado, de esos que se paran en las esquinas y piropean a cuanta mujer pasa, fingi\u00e9ndome indiferente comenc\u00e9 a tararear un aire ligero. Ellos me miraron distra\u00eddamente y prosiguieron su animada conversaci\u00f3n. Quise desaparecer bajo el macadam. Una brusca palpitaci\u00f3n de colmena se adue\u00f1\u00f3 de mi pecho dej\u00e1ndome como sin respiraci\u00f3n. No alcanzaba a explicarme c\u00f3mo despu\u00e9s de \u00abaquello\u00bb se atrev\u00eda Mirona a conversar con otro chico; si la hab\u00eda besado yo. Eso de vivir me estaba resultando demasiado confuso.<\/p>\n\n\n\n<p>De primeras dese\u00e9 matarlos, pero se aparecieron ante mis ojos tan unidos y superiores, el uno hecho para el otro, que me sent\u00ed en verdadera impotencia. Entonces no pude menos que correr al interior de la casona. Una vez en el patio me le enfrent\u00e9 al crep\u00fasculo de rojizos labios, que parec\u00eda un disfraz de aquel Luzbel a cuyo servicio estaba desde mi espeluznante aventura del beso, tan olvidada por Mireya. Satan\u00e1s me parec\u00eda el culpable de todas mis tribulaciones, y por eso lo odiaba ahora. Empec\u00e9 a lanzarle piedras (al crep\u00fasculo), y como no pod\u00eda alcanzarle no encontr\u00e9 mejor medio de venganza que arrodillarme sobre la arenilla, santiguarme durante varias veces y rezar un \u00abPadre Nuestro\u00bb al \u00c1ngel de la Guarda, a viva voz.<\/p>\n\n\n\n<h4 class=\"wp-block-heading has-text-align-right\"><a href=\"https:\/\/eldienteroto.org\/wp49\/ramon-gonzalez-paredes\/\" target=\"_blank\" rel=\"noreferrer noopener\">Sobre el autor<\/a><\/h4>\n","protected":false},"excerpt":{"rendered":"<p>Ram\u00f3n Gonz\u00e1lez Paredes Ten\u00edamos ratos de encantamiento, en los cuales sol\u00edamos olvidarnos de todo. \u00abMireya, le dec\u00eda, \u00bfa que t\u00fa no cuentas las nubes?\u00bb. 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