{"id":17685,"date":"2025-10-28T15:48:08","date_gmt":"2025-10-28T20:18:08","guid":{"rendered":"https:\/\/eldienteroto.org\/wp49\/?p=17685"},"modified":"2025-10-28T15:49:08","modified_gmt":"2025-10-28T20:19:08","slug":"dibujos-de-ciego","status":"publish","type":"post","link":"https:\/\/eldienteroto.org\/wp49\/dibujos-de-ciego\/","title":{"rendered":"Dibujos de ciego"},"content":{"rendered":"\n<h4 class=\"wp-block-heading has-text-align-right\">H\u00e9ctor Vera<\/h4>\n\n\n\n<p><strong>DIBUJO IV<\/strong> ERETGE<\/p>\n\n\n\n<p>Es paseado por la calle principal, para ser reconocido, en carro de palo y mecate, tirado por bestias.<\/p>\n\n\n\n<p>La fiera pronuncia una y otra vez su discurso, el recursivo alegato de su defensa, en lengua de oc. Nadie puede entenderlo. Le se\u00f1alan, aun los incr\u00e9dulos, podr\u00edan pasar por sospechosos: se arman con piedras y profieren la amenaza de rigor.<\/p>\n\n\n\n<p>El mudo, personaje al que cortaron la lengua por sus saberes de otros dialectos, garabatea en arena el significado de las palabras del condenado: qu\u00e9 la verdad, m\u00e1s que aquello que no se retiene.<\/p>\n\n\n\n<p>Se confirma la herej\u00eda. Preparan la le\u00f1a, el pasto seco, las antorchas. El clero, con gesto bondadoso, destapa la capucha y pronuncia un verso del \u00faltimo libro de Juan.<\/p>\n\n\n\n<p>\u00c9l recuerda a Bruno, a Galileo, a Juana. Supone un recurso para salvar la vida. Decide interpretar el papel antes que la rueda de los tiempos marque la alta hora del cenit.<\/p>\n\n\n\n<p>Retuerce las facciones, se encorva, mira fijamente los ojos an\u00f3nimos del verdugo, en reto. Le advierte improperios en su ininteligible jerga. Rompe en ataque de epilepsias, la espuma le ahoga, mutila sus extremos, ba\u00f1a en sangre ejes y ruedas.<\/p>\n\n\n\n<p>La multitud encendida de excesos avista un presagio. Interpreta un despojamiento, la huida inminente de alg\u00fan demonio y resuelven apaciguar la pira.<\/p>\n\n\n\n<p class=\"has-text-align-center\">***<\/p>\n\n\n\n<p><strong>DIBUJO V <\/strong>DIE RIEHE<\/p>\n\n\n\n<p>Antes de las duchas con Ziklon, la mec\u00e1nica consist\u00eda en hacer una fila.<\/p>\n\n\n\n<p>\u2013In der riehe \u2013era la orden.<\/p>\n\n\n\n<p>Recuerdo la l\u00ednea de formaci\u00f3n: Daniel Sachsenhausen, David Buchenwald, Rachel Flossenbuerg, Samuel Mauthausen, Sara Ravensbrueck, Sof\u00eda Chelmno, David Belzec, Jakob Sobibor y Ruth Treblinka y Ariel Ohrdruf y una tal Teresa Auschwitz.<\/p>\n\n\n\n<p>La hilera de las necr\u00f3polis se enhebr\u00f3 a la de sus nombres, como el tatuado num\u00e9rico a sus pellejos.<\/p>\n\n\n\n<p>A la voz de mando, nos aline\u00e1bamos para recibir el bocado de plomo y el pase a la zanja.<\/p>\n\n\n\n<p>De vez en vez el golpe de un albur o quiz\u00e1s un milagro: <\/p>\n\n\n\n<p>Dorm\u00edamos acicalados con polvo de cal. La salpicadura rojiza exhal\u00f3 el sarpullido del tufo. Los p\u00fatridos cuerpos iniciaron la subducci\u00f3n sofocante. A\u00fan escucho el silbido evadiendo misteriosamente la trayectoria. Un soplo esquivo de humo negro cegador hizo que cayera. Me percato al tiempo de que estoy vivo, tapiado por cad\u00e1veres. Seg\u00fan puedo, levanto extremidades, torsos, cabezas en gesto grotesco, hasta llegar al galvanizado celeste de la existencia.<\/p>\n\n\n\n<p>Levanto mi humanidad desnuda, maquillada en sangres, llagada.<\/p>\n\n\n\n<p>Camino por entre ramas secas y restos mal olientes, alucinado de los infiernos, resurrecto.<\/p>\n\n\n\n<p>Tres campesinos polacos, observaron con incredulidad mi afantasmada presencia, cuando se dispon\u00edan a hacer la requisa de bienes al camposanto: trapos, cinturones, anillos, zapatos de muertos; todo se aprovechaba o revend\u00eda. Y al momento, uno de aquellos, en tono imperativo acus\u00f3:<\/p>\n\n\n\n<p>\u2013eh jud\u00edo, regresa a la tumba, donde perteneces.<\/p>\n\n\n\n<p>Sobrese\u00eddo, por una voluntad divina, decid\u00ed ignorar al desconcertado.<\/p>\n\n\n\n<p class=\"has-text-align-center\">***<\/p>\n\n\n\n<p><strong>DIBUJO VIII<\/strong> LA SOMBRA<\/p>\n\n\n\n<p>El rudo forcejeo de los elementos sobre el casco, ya sin m\u00e1stil, ladeado. El charco de agua y aceite. La neblina sulfurosa. La carcoma del acero. El espectro, como un horizonte sin nombre, del astillero. Yo observaba esas ruinas dejadas, como impresiones, por un suceso inexpresable. Eran sus huellas. La fantasmal alegor\u00eda de su presencia.<\/p>\n\n\n\n<p>\u2013 La guerra es la franja donde late el hombre \u2013 escuch\u00e9 decir, en mi interior.<\/p>\n\n\n\n<p>Estamos enfermos de ciudad. Inv\u00e1lidos cruzamos la vor\u00e1gine. Parpadear. Chocarnos. Desde el arrebato de la intolerancia, profanar. Perseguir, sin escr\u00fapulos, el c\u00edrculo que traza el minutero hasta diluirnos como reflejo.<\/p>\n\n\n\n<p>\u2013Para ver, lo que no queremos ver, el ojo del sol adentro\u2013 insisti\u00f3 aquel rumor interior.<\/p>\n\n\n\n<p>En el aleteo de las dudas, contra el vientre de los sue\u00f1os, reconocernos desde la mancha que nos repite. Por momentos, extraviar el recuerdo, y consentir que nos hipnotice el bast\u00f3n de Chaplin, para no morir.<\/p>\n\n\n\n<p>Decid\u00ed persistir. Avanc\u00e9 desde aquel antro a otro estadio. Lo divis\u00e9 entonces. \u00c9l quer\u00eda ser atrapado. Aparec\u00eda en rastros, datos certeros de su paso. La tartamuda m\u00e1cula, en delta, se escribi\u00f3 contra el aire. Dio vuelta al vaso del cuerpo. Suspendi\u00f3 la piedra del milagro. Obsequi\u00f3 a la corte su gracia. Latiendo en ca\u00eddas, los v\u00e9rtices desbordaron trapecios y versos, tramados a la hoja simple del rodal; hasta que emergi\u00f3. Se dej\u00f3 ver, con nitidez, en el arco pedregoso; una silueta pulida a la Nada, tras el resplandor. \u00bfQu\u00e9 misterio ofrec\u00eda?<\/p>\n\n\n\n<p>Superada la frontera de aquel t\u00fanel, avanc\u00e9 sobre el final de la calle. Y cuando cre\u00ed darle alcance, en la pared \u00faltima, comprend\u00ed que su sombra ocultaba mi sombra.<\/p>\n\n\n\n<p class=\"has-text-align-center\">***<\/p>\n\n\n\n<p><strong>DIBUJO XI<\/strong> MIGRACI\u00d3N<\/p>\n\n\n\n<p>El viento solar sobre la ventanilla un roce sonoro.<br>El hueco que crece a nuestra cabeza, oz\u00f3nico.<br>Los residuos de un choque de sat\u00e9lites.<br>El caos de petardos, el cotidiano modo de amarnos.<br>Y la aurora, el indecible verde magn\u00e9tico del poema.<\/p>\n\n\n\n<p>Todo atr\u00e1s.<\/p>\n\n\n\n<p>Observo la lente de Spitzer, me apunta.<br>Veo cuanto me hostiga, aquello que jam\u00e1s tocar\u00e9.<br>Digo adi\u00f3s, sin embargo, prosigo el curso del astrolabio, tal vez un ara\u00f1azo.<\/p>\n\n\n\n<p>Cruzo una frontera hacia nada [una nada m\u00e1s].<\/p>\n\n\n\n<p>Persigo ignorante, no hay otro modo de perseguir.<br>Veo la grieta.<br>Pido a la Sonda Galileo haga una luna.<br>Siembro la flor en sus \u00e1ridos mares: la duda, de que soy humano.<br>Muerdo a mi especie en el beso.<br>Renuncio al aire antes que termine.<br>Respiro polvo de elementos: nada, nada.<\/p>\n\n\n\n<p>El viento solar sobre la ventanilla.<\/p>\n\n\n\n<p class=\"has-text-align-center\">***<\/p>\n\n\n\n<p><strong>DIBUJO XXIII <\/strong>CANTARES DEL UNIVERSO<\/p>\n\n\n\n<p>Balada que expande ondas.<br>El singular modo de hablarse.<\/p>\n\n\n\n<p>Estrellas como pecados<br>Pecados como gotas de agua<br>Gotas de agua como deseos<\/p>\n\n\n\n<p>Deseos<br>Deseos que pedir\u00e9 al mago<br>Virtudes como ofrendas<\/p>\n\n\n\n<p>Preguntas<br>Preguntas que arrojar\u00e9 a su rostro<br>Tantas como part\u00edculas de polvo<\/p>\n\n\n\n<p>Respuestas<br>Respuestas<br>\u00bfcu\u00e1l con nuestra pregunta?<\/p>\n\n\n\n<p>Dudas como insectos.<br>Como ponzo\u00f1as al alma.<br>Trazas y rastros.<\/p>\n\n\n\n<p>Nacimientos como hojas secas<br>Como rocas remordimientos<br>Sue\u00f1os como nubes<br>Nubes como paredes<br>Paredes que se hacen puertas.<\/p>\n\n\n\n<p>P\u00e1rpados.<br>Entradas, caminos, sombras, auroras.<br>El nicho sagrado de la muerte.<br>El tibio rayo de la vida.<\/p>\n\n\n\n<p>Miserias.<br>Como enjambres redenciones.<br>Errores, el esquivo modo de una verdad.<br>El fardo de la ignorancia.<br>La arrogancia de la fe.<br>La terquedad de la raz\u00f3n.<br>La bondad de un milagro.<\/p>\n\n\n\n<p>Profec\u00edas como granos de arena<br>y misterios como garras.<\/p>\n\n\n\n<p>Somos la ventana para este vendaval que canta.<\/p>\n\n\n\n<p class=\"has-text-align-center\">***<\/p>\n\n\n\n<p><strong>DIBUJO XXVII<\/strong> EN EL UNIVERSO<\/p>\n\n\n\n<p>El salto de fe<br>El paso requerido para existir<br>La mirada al sino que creamos<br>La forma que damos al abismo<br>El latido que nos gu\u00eda<br>Aquello que nos lleva a trav\u00e9s<br>La mano abierta de la espera<br>El anhelo que arroba y rinde<br>La roca que golpeamos tercamente<br>Cada sue\u00f1o albergado<br>Y la cicatriz<br>El sonido del viento en el ala<br>La traslucida estructura de la l\u00e1grima<br>Los giros inaplazables del azar<br>Eso inabarcable que nos empuja a la arena<br>Eso que nos ciega<br>El h\u00e1bito de contar<br>La veta y su color<br>La extra\u00f1a lengua del misterio<br>La carcajada del vac\u00edo<br>El humano gesto de la rueda y el fuego<br>La leve rasgadura de la raz\u00f3n<br>La boca anhelante, el sudor<br>El seco grifo<br>El ansia de beber un roc\u00edo de ideas<br>El beso que escapa de la hora<br>arrasado enigma del cuerpo<br>La espera por trascender a nada.<br>La matriz de equilibrios y caos<br>El instante aparente de la consciencia<br>La burbuja de la vida<br>El anhelo de los inventos de Dios<br>La insatisfacci\u00f3n que nos da forma.<br>Esta diversa unidad.<\/p>\n\n\n\n<p class=\"has-text-align-center\">***<\/p>\n\n\n\n<p><strong>DIBUJO XXIX<\/strong> EL UNIVERSO DE LA PANDEMIA<\/p>\n\n\n\n<p>Y a pesar de todo tuvo que hacerse en el silencio una casa donde acampar<br>recoger en la quietud del pozo de los miedos la roca de la soberbia<br>perdonar los trazos dispersos<br>las irreverentes erratas<br>de la especie que habla a la nada<\/p>\n\n\n\n<p>Y entonces pudo ver como todo florec\u00eda quedamente a la sombra de su ausencia<br>el roc\u00edo persistente de la verdad susurraba el equ\u00edvoco de ser<br>la imagen de alguna inexistente divinidad que lo model\u00f3<br>en su forma torpe de respirar<br>en su ins\u00f3lita demencia que llama saber<\/p>\n\n\n\n<p>Alete\u00f3 el azar en leyes cifras mandamientos dolores<br>el tiempo de esperar el designio inapelable de la tralla del destino<br>y a pesar de todo<br>despu\u00e9s de una vez m\u00e1s<br>el vientre materno del vac\u00edo dio cabida al sue\u00f1o apremiante<br>de volver a empezar.<\/p>\n\n\n\n<h4 class=\"wp-block-heading has-text-align-right\"><a href=\"https:\/\/eldienteroto.org\/wp49\/hector-vera\/\" target=\"_blank\" rel=\"noreferrer noopener\">Sobre el autor<\/a><\/h4>\n","protected":false},"excerpt":{"rendered":"<p>H\u00e9ctor Vera 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