{"id":17673,"date":"2025-10-27T14:10:45","date_gmt":"2025-10-27T18:40:45","guid":{"rendered":"https:\/\/eldienteroto.org\/wp49\/?p=17673"},"modified":"2025-11-11T15:30:59","modified_gmt":"2025-11-11T20:00:59","slug":"poeterias-y-otras-cronicas-seleccion","status":"publish","type":"post","link":"https:\/\/eldienteroto.org\/wp49\/poeterias-y-otras-cronicas-seleccion\/","title":{"rendered":"Poeter\u00edas y otras cr\u00f3nicas"},"content":{"rendered":"\n<h4 class=\"wp-block-heading has-text-align-right\">Gonzalo Fragui<\/h4>\n\n\n\n<p><strong>El loco de Calderas<\/strong><\/p>\n\n\n\n<p><em>A Livio Delgado<\/em><\/p>\n\n\n\n<p>En Calderas hab\u00eda un loco, un loco muy alegre y servicial. La gente lo quer\u00eda y las muchachas se hac\u00edan pasar por sus novias. El loco hac\u00eda mandados y las se\u00f1oras le regalaban ropa vieja y comida, y a veces hasta una moneda que alcanzaba para alg\u00fan trago.<\/p>\n\n\n\n<p>Un d\u00eda los poetas del pueblo, encabezados por Orlando Araujo, escribieron una carta de una supuesta se\u00f1orita que estar\u00eda muy enamorada del loco, y viv\u00eda en la vecina poblaci\u00f3n de Altamira de C\u00e1ceres. El loco no sab\u00eda leer pero, como era amigo de los poetas, ellos estaban seguros de que, en cualquier momento, los buscar\u00eda para que le leyeran la carta.<\/p>\n\n\n\n<p>Pasaron varios d\u00edas y el loco no dec\u00eda nada con su carta en el bolsillo. Los poetas se le acercaban para saludarlo pero \u00e9l permanec\u00eda callado. Una tarde que se hab\u00eda tomado algunos tragos confes\u00f3, por fin, lo de la carta.<\/p>\n\n\n\n<p>Los poetas acompa\u00f1aron al loco a las orillas del r\u00edo y all\u00ed le leyeron, como si no supieran nada, la carta que ellos mismos hab\u00edan escrito. Bella carta. El loco suspir\u00f3 enamorado. En seguida quiso responderle a la muchacha. Pidi\u00f3 a sus amigos que por favor escribieran lo que \u00e9l quer\u00eda decirle a la amada, y as\u00ed lo hicieron.<\/p>\n\n\n\n<p>A los d\u00edas lleg\u00f3 de nuevo otra carta para el loco. All\u00ed la joven enamorada agradec\u00eda a su amado la r\u00e1pida respuesta a su humilde carta, confesaba estar un poco apenada por los errores ortogr\u00e1ficos y esperaba, finalmente, que no fuera a pensar nada malo de ella por el atrevimiento. El loco respondi\u00f3 que no hab\u00eda problema, que \u00e9l ten\u00eda s\u00f3lo buenos sentimientos para ella, y as\u00ed siguieron escribi\u00e9ndose durante meses.<\/p>\n\n\n\n<p>La mam\u00e1 de Orlando se enfurec\u00eda cuando se enteraba de una nueva carta. Les dec\u00eda que c\u00f3mo era posible que se estuvieran burlando de ese pobre loco, que le estaban haciendo da\u00f1o, ilusion\u00e1ndolo de esa manera. Orlando se defend\u00eda, \u201cnada de hacerle da\u00f1o, vieja, al contrario, no ve lo feliz que est\u00e1\u201d.<\/p>\n\n\n\n<p>Pero, un d\u00eda, el loco quiso conocer a la novia, y as\u00ed se lo hizo saber en la siguiente carta. Problema inesperado para los poetas. Cuando empezaron con el juego no previeron que podr\u00eda presentarse esta situaci\u00f3n. R\u00e1pidamente Orlando y los amigos se fueron a Altamira de C\u00e1ceres. All\u00ed conoc\u00edan a algunas familias. Iban a ver qu\u00e9 pod\u00edan hacer. Despu\u00e9s de intentarlo con varias muchachas por fin una de ellas acept\u00f3 ser la \u201cnovia\u201d de las cartas. Los poetas le explicaron m\u00e1s o menos qu\u00e9 se hab\u00edan estado escribiendo, desde cu\u00e1ndo, en fin, todos los detalles. A la chica le daba mucha risa pero acept\u00f3.<\/p>\n\n\n\n<p>La cita se convino para el siguiente domingo. La amada le respondi\u00f3 que lo esperar\u00eda en la plaza Bol\u00edvar a las diez de la ma\u00f1ana. Tambi\u00e9n le dec\u00eda que se pondr\u00eda su mejor vestido, uno blanco con pepitas, y que llevar\u00eda una flor de cayena en el pelo. Al final de la carta le rogaba encarecidamente que por favor no fuera a faltar porque ella se morir\u00eda de tristeza.<\/p>\n\n\n\n<p>Llegado el domingo, los poetas ayudaron a vestir al loco, le prestaron unos zapatos nuevos, lo llenaron de agua de Colonia y lo enviaron a Altamira de C\u00e1ceres.<\/p>\n\n\n\n<p>Desde lejos, y en otro carro, los poetas comprobaron que efectivamente el loco llegaba a la plaza y, al identificar a su amada, de inmediato se dirigi\u00f3 a ella. Conversaron un rato, fueron a misa de once, luego, al salir, disfrutaron de un helado, y se despidieron.<\/p>\n\n\n\n<p>Al otro d\u00eda los poetas preguntaron al loco c\u00f3mo le hab\u00eda ido con la novia. El loco dijo que bien, que la se\u00f1orita era una dama muy educada, muy bonita y muy religiosa. Pero no dijo nada m\u00e1s.<\/p>\n\n\n\n<p>Pasaron las semanas, cartas van y cartas vienen, pero el loco no daba se\u00f1ales de querer volver a ver a la novia, cosa que tranquilizaba a los poetas porque la chica de Altamira hab\u00eda dicho que ella no se iba a volver a prestar para esos juegos porque le daba mucho pesar con el loco.<\/p>\n\n\n\n<p>Un d\u00eda, sin embargo, los poetas insistieron. Le preguntaron que si no quer\u00eda volver a ver a la novia. El loco respondi\u00f3 que no. Los poetas no entendieron, quisieron saber si era que hab\u00edan terminado. El loco los tranquiliz\u00f3, les dijo que todav\u00eda segu\u00edan siendo novios y que estaban muy enamorados.<\/p>\n\n\n\n<p>&#8211; Y entonces, \u00bfpor qu\u00e9 no quiere verla?, preguntaron ansiosos los poetas.<\/p>\n\n\n\n<p>Y \u00e9l respondi\u00f3:<\/p>\n\n\n\n<p>&#8211; Me gusta m\u00e1s cuando me escribe.<\/p>\n\n\n\n<p>El loco de lo que se hab\u00eda enamorado era de la poes\u00eda.<\/p>\n\n\n\n<p class=\"has-text-align-center\">***<\/p>\n\n\n\n<p><strong>Gallegos y Carlos Augusto Le\u00f3n<\/strong> <\/p>\n\n\n\n<p>Un d\u00eda, siendo R\u00f3mulo Gallegos presidente de Vene-zuela, el autor de Do\u00f1a B\u00e1rbara llam\u00f3 al poeta Carlos Augusto Le\u00f3n para confesarle algo y pedirle un favor. Por esos d\u00edas el escritor norteamericano William Faulkner hab\u00eda ganado el Premio Nobel de Literatura y promet\u00eda venir a Venezuela. Gallegos estaba muy apenado porque, siendo \u00e9l tambi\u00e9n escritor, no hab\u00eda le\u00eddo nada de Faulkner. Llam\u00f3 entonces a Carlos Augusto. <\/p>\n\n\n\n<p>\u2014Carlos Augusto, t\u00fa no tendr\u00e1s por ah\u00ed algo de Faulkner, quien parece que va a venir por ah\u00ed en estos d\u00edas, y yo no he le\u00eddo nada de \u00e9l.<\/p>\n\n\n\n<p>El poeta Carlos Augusto, comunista y sin complejos, le respondi\u00f3 al otro lado del tel\u00e9fono. <\/p>\n\n\n\n<p>\u2014\u00bfY t\u00fa crees que \u00e9l haya le\u00eddo algo tuyo?<\/p>\n\n\n\n<p class=\"has-text-align-center\">***<\/p>\n\n\n\n<p><strong>Benito Mieses<\/strong> <\/p>\n\n\n\n<p>Una ma\u00f1ana el \u201crat\u00f3n\u201d apretaba y est\u00e1bamos todos s-dientos. De pronto vimos a Benito Mieses con una botellita de agua mineral. Todos nos miramos. Inmediatamente \u00edbamos a pedirle que nos regalara un poco de agua, pero conociendo al personaje, sospechamos que lo que podr\u00eda contener la botellita ser\u00eda cocuy. Por un rato permanecimos expectantes y con la duda.<\/p>\n\n\n\n<p>El enigma se disip\u00f3 cuando Benito se dispuso a tomar un trago y alguien dijo: <\/p>\n\n\n\n<p>\u2014Si arruga la cara es agua.<\/p>\n\n\n\n<p class=\"has-text-align-center\">***<\/p>\n\n\n\n<p><strong>Sardio: hijo de Apocalipsis<\/strong><\/p>\n\n\n\n<p>Com\u00edamos con Edmundo Aray, y alguien pregunt\u00f3 sobre el nombre \u00abSardio\u00bb del famoso grupo literario vene zolano. Codina dijo que en lat\u00edn sardio significaba l\u00e1piz y sospechaba que vendr\u00eda de all\u00ed. Edmundo dijo que Sardio era una de las piedras del Apocalipsis. Yo, que no entend\u00eda nada, pregunt\u00e9 de qu\u00e9 piedras hablaban. Todos me cayeron a piedra.<\/p>\n\n\n\n<p>Pachi, por ejemplo, me dijo:<\/p>\n\n\n\n<p>\u2014\u00bfEs que t\u00fa no sabes que all\u00ed caen piedras y las siete plagas? Meteoritos grit\u00f3 otro.<\/p>\n\n\n\n<p>Edmundo aclar\u00f3:<\/p>\n\n\n\n<p>\u2014En una oportunidad viajamos a Maracaibo a visitar al grupo Apocalipsis, integrado entre otros por los poetas C\u00e9sar David Rinc\u00f3n, Miy\u00f3 Vestrini, Atilio Storey Richardson. Al regresar a Caracas fundamos el grupo Sardio.<\/p>\n\n\n\n<p>Al llegar a casa corr\u00ed en busca de mi Biblia y consult\u00e9 inmediatamente el Apocalipsis. Todos, menos Edmundo, estaban equivocados. Sardio efectivamente es lap\u00edz en lat\u00edn. Lapis, lapidis, tercera declinaci\u00f3n, que significa piedra, y no l\u00e1piz. De all\u00ed viene, por ejemplo, la palabra lapidar. Y sardio es en verdad una piedra, pero no una piedra que cae sobre los pecadores ni mucho menos un meteorito.<\/p>\n\n\n\n<p>En el cap\u00edtulo 21, en lo correspondiente a La Nueva Jerusal\u00e9n, se habla de una ciudad resplandeciente que baja del cielo. La rodea una muralla ancha y alta con doce puertas. La muralla de la ciudad descansa en doce piedras de cimientos.<\/p>\n\n\n\n<p>Los vers\u00edculos 18 al 21 lo dicen de manera precisa: \u00abLas murallas son de jaspe, y la ciudad, de oro fino como el cristal. Las bases de las murallas est\u00e1n adornadas con toda clase de piedras preciosas: la primera base es de jaspe, la segunda de zafiro, la tercera de calcedonia, la cuarta de esmeralda, la quinta de sard\u00f3nica, la sexta de sardio\u2026\u00bb<\/p>\n\n\n\n<p class=\"has-text-align-center\">***<\/p>\n\n\n\n<p><strong>Santiago<\/strong><\/p>\n\n\n\n<p>Lo conocimos en la librer\u00eda Kuai Mare. Sus arengas sobre el anarquismo fueron r\u00e1pidamente conocidas por los asiduos visitantes de la librer\u00eda, quienes nunca compraban nada, pero iban all\u00ed por saludar a Yuraima.<\/p>\n\n\n\n<p>Santiago nos cont\u00f3 de sus aventuras por Europa, de sus viajes, sus casas, sus idiomas, sus mujeres amadas. No hab\u00eda tema que no manejara ni gusto que no hubiera disfrutado. Sab\u00eda de literatura, filosof\u00eda, pol\u00edtica. Viv\u00eda en hoteles y hablaba de su determinante decisi\u00f3n de no volver a trabajar nunca m\u00e1s. Ten\u00eda demasiado dinero. Para gastarlo iba a necesitar varias vidas.<\/p>\n\n\n\n<p>Vino a Venezuela a hacer algunas investigaciones para sus novelas. Aunque su esencia era la de poeta, (me mostr\u00f3 un libro de poemas er\u00f3ticos que me gust\u00f3 mucho) estaba escribiendo unas novelas que ser\u00edan el nuevo boom de la literatura latinoamericana. Pr\u00e1cticamente nos prohibi\u00f3 que volvi\u00e9ramos a publicar en este pa\u00eds y en ediciones p\u00edrricas de quinientos ejemplares. Vamos a cobrar derechos de autor en d\u00f3lares o en euros, dec\u00eda enf\u00e1tico.<\/p>\n\n\n\n<p>Despu\u00e9s realiz\u00f3 diferentes gestiones para conseguirnos algunas becas en el exterior. S\u00f3lo que los m\u00e1s avezados empezaron a sospechar de la veracidad de tales historias y promesas, y decidieron no regresar por la librer\u00eda. Yuraima me dijo: \u00abA lo mejor ni se llama Santiago\u00bb.<\/p>\n\n\n\n<p>Despu\u00e9s de la estampida s\u00f3lo quedamos algunos de sus amigos, sin estar muy seguros de sus historias, pero disfrutando de su amistad. Qui\u00e9n ha dicho que la verdad no puede ser decretada, qui\u00e9n dice que un poeta no puede adivinar u ordenar que las cosas sucedan a su antojo, que se muevan las monta\u00f1as, que cambie el curso de los r\u00edos, como Orfeo, o que se separen las aguas de los mares como Mois\u00e9s.<\/p>\n\n\n\n<p>En fin, cuando se march\u00f3 iba tras la estela de unos pescadores, ya que su novela as\u00ed lo requer\u00eda. Despu\u00e9s perdimos su pista. Esper\u00e1bamos, eso s\u00ed, que cualquier d\u00eda pudiera llegar una postal con su firma desde Madrid, Par\u00eds o Roma.<\/p>\n\n\n\n<p>Alguien me cont\u00f3 que vio recientemente a mi amigo Santiago en la isla de Margarita. Vend\u00eda billetes de loter\u00eda en un sem\u00e1foro de Porlamar. Lo creo y no lo creo. Lo hac\u00eda para desaburrirse o para ayudar a alg\u00fan compadre que a esa hora necesitaba almorzar. O simplemente no hab\u00eda tal fortuna. No importa. Para un poeta la realidad tambi\u00e9n est\u00e1 en su imaginaci\u00f3n y en lo que sue\u00f1a.<\/p>\n\n\n\n<p>Yo, por lo pronto, sigo creyendo con mi amigo Santiago que escribiremos los mejores poemas, que estudiaremos en las mejores universidades, que amaremos a las mujeres m\u00e1s bellas, que libaremos los mejores vinos, que nunca nos faltar\u00e1 una moneda o un abrazo, y que su nombre debe ser efectivamente el de uno de los ap\u00f3stoles de Jes\u00fas, as\u00ed como su apellido bien podr\u00eda ser aqu\u00e9l que habla de un campo de estrellas.<\/p>\n\n\n\n<h4 class=\"wp-block-heading has-text-align-right\"><a href=\"https:\/\/eldienteroto.org\/wp49\/gonzalo-fragui\/\">Sobre el<\/a><a href=\"https:\/\/eldienteroto.org\/wp49\/gonzalo-fragui\/\" target=\"_blank\" rel=\"noreferrer noopener\"> <\/a><a href=\"https:\/\/eldienteroto.org\/wp49\/gonzalo-fragui\/\">autor<\/a><\/h4>\n","protected":false},"excerpt":{"rendered":"<p>Gonzalo Fragui El loco de Calderas A Livio Delgado En Calderas hab\u00eda un loco, un loco muy alegre y servicial. 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