{"id":17669,"date":"2025-10-26T16:39:23","date_gmt":"2025-10-26T21:09:23","guid":{"rendered":"https:\/\/eldienteroto.org\/wp49\/?p=17669"},"modified":"2025-10-26T16:39:27","modified_gmt":"2025-10-26T21:09:27","slug":"confluencias-de-la-poesia-venezolana","status":"publish","type":"post","link":"https:\/\/eldienteroto.org\/wp49\/confluencias-de-la-poesia-venezolana\/","title":{"rendered":"Confluencias de la poes\u00eda venezolana"},"content":{"rendered":"\n<h4 class=\"wp-block-heading has-text-align-right\">Gabriel Jim\u00e9nez Em\u00e1n<\/h4>\n\n\n\n<p>No creo que sea ocioso preguntarse hoy cu\u00e1l puede ser la funci\u00f3n de la poes\u00eda, el papel que cumple el poema dentro del concierto de las artes o las disciplinas est\u00e9ticas. M\u00e1s bien se trata de una pregunta apremiante, si atendemos a los mensajes emitidos por un mundo que se ufana en perfeccionar su tecnolog\u00eda, sus m\u00e1quinas, artefactos y aparatos para que \u00e9stos nos procuren &#8211;en teor\u00eda&#8211; la comodidad, o en todo caso la facilidad o la rapidez para resolver asuntos que antes pod\u00edan ser verdaderos problemas, enigmas incluso. La tecnolog\u00eda de punta se ha encargado de facilitarnos la velocidad en la comunicaci\u00f3n, nos ha simplificado procesos, reducido distancias, para instalarnos en realidades paralelas o virtuales con s\u00f3lo oprimir botones o manipular monitores. De este modo procesos que no requieren de m\u00e1quinas, como el de la lectura de textos o escritura de palabras, se han ido alejando o marginando de la vida cotidiana en las grandes ciudades, como no fuera para redactar esquelas, hojear diarios o revistas ligeras, mirar titulares o avisos publicitarios. Ciudades que pueden ser megal\u00f3polis, metr\u00f3polis o ciudades peque\u00f1as, pues en campos o en vastas extensiones de tierra que constituyen selvas, llanuras, sembrad\u00edos, pampas o terrenos nevados, se cumplen a diario ciclos ecol\u00f3gicos donde animales, plantas, r\u00edos, monta\u00f1as y mares celebran procesos donde la vida humana tiene lugar como part\u00edcipe (y no como centro) de esos ciclos, y como observadora de estos procesos. Procesos que van desde el mirar extasiado hasta el an\u00e1lisis cient\u00edfico, desde la deducci\u00f3n emp\u00edrica hasta la contemplaci\u00f3n metaf\u00edsica, desde la mirada objetivista hasta la filos\u00f3fica.<\/p>\n\n\n\n<p>La poes\u00eda es ante todo observaci\u00f3n est\u00e9tica a trav\u00e9s de la palabra, una especie de sonda verbal que intenta recuperar las esencias del ser en di\u00e1logo con el paisaje (ll\u00e1mesele entorno, sociedad o circunstancia), o bien una respuesta sensible o intelectiva al asombro de existir; puede tomarse tambi\u00e9n como una reflexi\u00f3n sobre el mundo y sus realidades tomando al lenguaje como centro, un lenguaje fundado en una tradici\u00f3n escrita que toma en cuenta tropos, figuras, im\u00e1genes y formas escritas que tienen por objeto llevar a cabo una s\u00edntesis entre reflexi\u00f3n y belleza, entre indagaci\u00f3n del ser y un estremecimiento formal que alcanza al o\u00eddo (su m\u00fasica), su multiplicidad interpretativa (sus significados) y su permanencia en el tiempo (su vigencia), para que el lenguaje pueda mirarse en el espejo de su propia historia, la historia literaria. De este modo, nos comunica siempre algo significativo, permanente, que toca a la vez el pensar y los sentidos para dar cuenta, en una lengua que trasciende el discurso corriente y el lenguaje habitual, otros campos o zonas del ser. No refiero aqu\u00ed por oposici\u00f3n el lenguaje oral (que es de por s\u00ed una construcci\u00f3n metaf\u00f3rica de los signos y objetos del mundo), al lenguaje escrito, construido sobre la base de una escritura cifrada en un alfabeto y una gram\u00e1tica, un l\u00e9xico, una prosodia y una sintaxis; sino al lenguaje reiterativo, chato y sin brillo que solemos o\u00edr en tantas transmisiones televisivas o audiovisuales, minado por el lugar com\u00fan y despojado de sugerencias.<\/p>\n\n\n\n<p>En fin, la lengua nos pertenece a todos (es la m\u00e1xima invenci\u00f3n humana), pero el lenguaje escrito se nos escapa si no sabemos emplearlo para revelar cosas m\u00e1s hondas (s\u00edmbolos, arquetipos, mitos, tradiciones). Precisamente, la lengua y el lenguaje se han ido desgastando en su dimensi\u00f3n escrita y hablada, cuando no naufragando en un oc\u00e9ano de mensajes vacuos producidos por el cansancio y el tedio modernos. No es ocioso, repito, preguntarse cu\u00e1l podr\u00eda ser el destino o la funci\u00f3n espec\u00edfica de la voz po\u00e9tica en estos contextos, por ejemplo, la relaci\u00f3n de la poes\u00eda &#8211;en tanto traduce lo l\u00edrico del Yo subjetivo&#8211; con el canto, la m\u00fasica culta o la m\u00fasica popular. Los cantantes populares han venido sustituyendo en cierto modo a los poetas, (quedando los cantautores actuales como versiones modernas de los trovadores de las cortes europeas medievales), cantantes que se comunican a trav\u00e9s de grabaciones en estudio o de espect\u00e1culos asistidos por efectos lum\u00ednicos o escenogr\u00e1ficos. En efecto, son numerosas las reflexiones que podemos hacer por y para la poes\u00eda, y no s\u00f3lo desde ella. Estamos en el albor de un nuevo siglo y un nuevo milenio, y la percepci\u00f3n del fen\u00f3meno po\u00e9tico ha variado sensiblemente, por lo cual es pertinente tambi\u00e9n hacerse de nuevas perspectivas para abordarlo, tanto en su valor intr\u00ednseco como en los caminos sem\u00e1nticos que ha venido tomando en los \u00faltimos lustros del pasado siglo veinte y en el primero de este siglo. <\/p>\n\n\n\n<p>La poes\u00eda en Venezuela se ha hecho eco de los m\u00e1s variados influjos desde su nacimiento; cuando neocl\u00e1sicos, rom\u00e1nticos o nativistas quisieron imprimirle improntas particulares a sus voces. Andr\u00e9s Bello, Juan Antonio P\u00e9rez Bonalde, Andr\u00e9s Mata, Jos\u00e9 Antonio Mait\u00edn, Ud\u00f3n P\u00e9rez y Francisco Lazo Mart\u00ed son ejemplos que definieron aquellas tendencias; mientras otros como J. T. Arreaza Calatrava se movieron entre el naturalismo y el modernismo. Bien entrado el siglo XX se producen las naturales resonancias del modernismo, el simbolismo y el culteranismo, que pueden identificarse en autores como Roberto Montesinos y Emiliano Hern\u00e1ndez. En cambio tres claros representantes de la vanguardia en Venezuela son Salustio Gonz\u00e1lez Rincones (que tradujo a V\u00edctor Hugo y Dante Gabriel Rossetti), Alfredo Arvelo Larriva y Jos\u00e9 Antonio Ramos Sucre. \u00c9ste \u00faltimo escribe sus poemas en prosa y consagra como ninguno la vanguardia entre nosotros, vali\u00e9ndose de mitos y leyendas europeos para adaptarlos al tr\u00f3pico, haciendo uso de s\u00edmbolos e im\u00e1genes decadentistas para extraer de ellas paisajes desolados o tr\u00e1gicos. Si Arvelo Larriva es el \u00faltimo gran modernista nuestro, su hermana Enriqueta Arvelo Larriva le confiere al paisaje del llano una interioridad crispante.<\/p>\n\n\n\n<p>Despu\u00e9s, la llamada Generaci\u00f3n del 18 va a liberarse de formalismos y normas asumiendo un esp\u00edritu ecl\u00e9ctico; eclecticismo que se imbuir\u00e1 tambi\u00e9n de m\u00fasica y de pintura; algunos de estos poetas fueron Fernando Paz Castillo, Andr\u00e9s Eloy Blanco, Luis Enrique M\u00e1rmol, Jacinto Fombona Pachano y Enrique Planchart. Mientras Paz Castillo se adentra en registros religiosos y filos\u00f3ficos, Blanco prefiere ensayar un modernismo a la venezolana, caudaloso y brillante, propenso a bucear en el alma nacional gracias a su fluidez y sentido del humor, que no descarta el dramatismo. Otros parnasianos, simbolistas o post-modernistas son Jorge Schimdke, Luis Y\u00e9pez, P\u00edo Tamayo, H\u00e9ctor Cuenca, Humberto Tejera y Cruz Salmer\u00f3n Acosta, que atendieron luego las influencias vanguardistas. Luego surgen otras tendencias tel\u00faricas, tenebrosas o de exaltaci\u00f3n visual como las que pueden observarse en poetas como Ana Enriqueta Ter\u00e1n, Elisio Jim\u00e9nez Sierra, Vicente Gerbasi, Luis Fernando \u00c1lvarez y Jos\u00e9 Ram\u00f3n Heredia. \u00c9stos \u00faltimos tres poetas se agruparon en torno a la revista Viernes y proclamaron su voluntad de adherirse a \u201cla rosa de los vientos\u201d, a la diversidad de movimientos. Posteriormente surge una generaci\u00f3n que se mueve entre el impulso visionario y el arraigo terrestre como la de los poetas Otto D\u2019 Sola, Alberto Arvelo Torrealba, Manuel Felipe Rugeles, H\u00e9ctor Guillermo Villalobos y Manuel Rodr\u00edguez C\u00e1rdenas; mientras que la tradici\u00f3n hispanista y humanista se refleja en los poemas de Juan Beroes, Pedro Francisco Lizardo, Juan Liscano y P\u00e1lmenes Yarza.<\/p>\n\n\n\n<p>Otros grupos notables como Sardio y Tabla Redonda congregan poetas de la talla de Ram\u00f3n Palomares, Guillermo Sucre, Luis Garc\u00eda Morales o Rafael Cadenas, y no hacen sino desarrollar estas tendencias con mayor cercan\u00eda a la oralidad de la gente del campo y a la b\u00fasqueda de la imagen pr\u00edstina, pero tambi\u00e9n al coloquialismo urbano, los juegos con el lenguaje y los giros surreales, que dan pie a la inserci\u00f3n de las vanguardias y sus asociaciones ins\u00f3litas, visibles ante todo en el surrealismo, el dada\u00edsmo y el futurismo; as\u00ed tenemos entonces voces como las de Juan S\u00e1nchez Pel\u00e1ez, Caupolic\u00e1n Ovalles o Jos\u00e9 Lira Sosa. Rafael Cadenas ensaya primero el poema en prosa de aliento rimbaudiano y luego se permite ludismos y existencialismos que denotan desamparos an\u00edmicos o plenitudes afor\u00edsticas, aspirando a una requisitoria sobre los vicios institucionales de nuestro tiempo. Por su parte V\u00edctor Valera Mora es autor de una obra que se mueve entre lo pol\u00edtico y lo amoroso, lo cuasi-panfletario y lo simb\u00f3lico. En sus libros dej\u00f3 un testimonio clave para entender la d\u00e9cada de los a\u00f1os sesenta; mientras que un poeta como Alfredo Silva Estrada persigue un tono experimental, de reflexi\u00f3n que avanza hacia un pulcro equilibrio ling\u00fc\u00edstico con ecos de la poes\u00eda francesa. Luis Camilo Guevara se adhiere a un verbo alucinado de connotaciones m\u00edticas y herm\u00e9ticas; Jos\u00e9 Barroeta tiene mucho de terredad y vuelo l\u00edrico, pero con un paisaje interior dram\u00e1tico. Por su lado, Gustavo Pereira da preeminencia a una cotidianidad donde conviven lo barroco con lo breve, el espacio urbano con la contemplaci\u00f3n, y donde la soledad creadora se enfrenta a la soledad del desamparo. En un tono distinto, Eugenio Montejo construye su mundo a partir de la ausencia del mundo familiar, canta a una fugacidad que sin embargo fija los paisajes de adentro y afuera con una elocuencia extraordinaria.<\/p>\n\n\n\n<p>Estas inclinaciones a lo social, lo imprecatorio o lo dram\u00e1tico presentes en poetas como V\u00edctor Valera Mora, Jos\u00e9 Barroeta y Luis Camilo Guevara ser\u00e1n recogidas e interpretadas por William Osuna, Luis Sutherland, Eleazar Le\u00f3n y Gabriel Jim\u00e9nez Em\u00e1n. La voz de Eleazar Le\u00f3n discurre entre lo memorioso y la aprehensi\u00f3n de un presente precario, el cual sin embargo le devuelve signos maravillados. Mar\u00eda Clara Salas es reflexiva y contundente; Luis Sutherland posee poderes visionarios de gran densidad; El\u00ed Galindo emprende viajes por los mitos cl\u00e1sicos y atrapa fantasmas y aleteos sorprendentes en medio de aguas nocturnas y sombras. En las d\u00e9cadas finales del siglo XX ocurre una verdadera erupci\u00f3n de tonos y tendencias donde son nuevamente visibles los rasgos de la trasgresi\u00f3n; el cuerpo y la psique femeninos se expresan con enorme libertad; surge la poes\u00eda coloquial, que expresa la fricci\u00f3n del paisaje tecnol\u00f3gico y burocr\u00e1tico de las urbes, recogido en buena parte de la obra de William Osuna, Gustavo Pereira, Juan Calzadilla y Rafael Arr\u00e1iz Lucca. Todo ello se entremezcla a afluencias de apego al paisaje, a una poes\u00eda que interroga la tierra y sus enigmas como la de Alfredo Silva Estrada, Luis Alberto Crespo, \u00c1ngel Eduardo Acevedo, Enrique Mujica, Adhely Rivero y Antonio Trujillo. O bien se encaminan a la v\u00eda de la reflexi\u00f3n interior, como observamos en poemas de Armando Rojas Guardia, Miguel M\u00e1rquez y Santos L\u00f3pez.<\/p>\n\n\n\n<p>Estos son solo unos pocos ejemplos de un vasto espectro de afinidades y confluencias. No son \u00e9stos rasgos exclusivos o privativos en los poetas citados; la obra de cada escritor suele ser cambiante y ofrece varias vetas o formas de lectura. Consideremos tambi\u00e9n que la mayor\u00eda de estos poetas a\u00fan vive, que muchos de ellos se encuentran activos, dando forma a nuevos proyectos poem\u00e1ticos. <\/p>\n\n\n\n<p>Durante el siglo veinte la poes\u00eda venezolana fue pr\u00f3diga en antolog\u00edas que, con mayor o menor suerte, dieron cuenta de su diversidad expresiva. As\u00ed, autores que parec\u00edan imprescindibles en unas \u00e9pocas ya no lo fueron en otras; unos que aparec\u00edan t\u00edmidamente en algunas selecciones, forjaron despu\u00e9s una obra y conquistaron su lugar en obras antol\u00f3gicas notables. El tiempo \u2013y s\u00f3lo el tiempo\u2013 se encarg\u00f3 de darles su sitio y puso en evidencia la calidad intr\u00ednseca de los textos seleccionados, o por el contrario puso al descubierto tramoyas, ardides editoriales o publicitarios, intereses grupales o pol\u00edticos que permitieron tales o cuales lanzamientos. Por supuesto, tambi\u00e9n aparec\u00edan antolog\u00edas latinoamericanas y europeas donde estaban presentes poetas venezolanos. Poetas como Vicente Gerbasi y Miguel Otero Silva comenzaban a aparecer en antolog\u00edas importantes de Espa\u00f1a, como la de Jos\u00e9 Olivio Jim\u00e9nez Antolog\u00eda de la poes\u00eda hispanoamericana contempor\u00e1nea 1914-1970 (Alianza Editorial, Espa\u00f1a, 1971) o de Inglaterra The Penguin Book of Latin American Verse, de Enrique Caracciolo-Trejo (Penguin Books, Inglaterra, 1971) donde figuran por Venezuela Andr\u00e9s Bello, Andr\u00e9s Eloy Blanco y Rafael Cadenas. Desde estas antolog\u00edas exigentes se tiende un arco hasta una de las m\u00e1s completas, Antolog\u00eda de la poes\u00eda hispano-americana moderna (Monte \u00c1vila Editores, Caracas, 1993), coordinada por Guillermo Sucre con un equipo de investigadores de la Universidad Sim\u00f3n Bol\u00edvar, donde por Venezuela figuran Jos\u00e9 Antonio Ramos Sucre, Fernando Paz Castillo, Jacinto Fombona Pachano, Enriqueta Arvelo Larriva, Vicente Gerbasi, Juan S\u00e1nchez Pel\u00e1ez, Ida Gramcko, Rafael Cadenas, Ram\u00f3n Palomares, Eugenio Montejo y Alejandro Oliveros.<\/p>\n\n\n\n<p>Durante las d\u00e9cadas de los a\u00f1os 60 y 70 ya se hab\u00edan cimentado en Venezuela voces como las de Cadenas, Calzadilla o Palomares, mientras que poetas posteriores como Gustavo Pereira, Eugenio Montejo, Jos\u00e9 Barroeta, Luis Alberto Crespo, Ludovico Silva y V\u00edctor Valera Mora comenzaban a dibujarse con propiedad en el panorama de nuestra poes\u00eda, m\u00e1s identificadas con los procesos sociales o pol\u00edticos, como son los casos de Pereira y Valera Mora; otras van m\u00e1s dirigidas a la interioridad, como ya advertimos en Cadenas, Silva Estrada o Montejo. Si los a\u00f1os sesentas est\u00e1n signados por un destino pol\u00edtico, la dificultad de ser y de transformar la sociedad, en los a\u00f1os setentas la poes\u00eda tiende a la dispersi\u00f3n y a la pluralidad. Dispersi\u00f3n porque estos poetas no se agruparon para definir programas po\u00e9ticos ni para redactar manifiestos. La convulsa d\u00e9cada anterior hab\u00eda dejado en el ambiente un compromiso que propend\u00eda muchas veces hacia el exteriorismo descriptivo, y contra el cual, creo, se reaccion\u00f3 inconscientemente. Los poetas del interior del pa\u00eds comenzaron a conocerse de manera aleatoria, sobre todo a trav\u00e9s de lecturas p\u00fablicas y la edici\u00f3n privada de obras. Se comenz\u00f3 a leer m\u00e1s directamente poes\u00eda de Am\u00e9rica Latina, el Brasil y los Estados Unidos. La dispersi\u00f3n, a la larga, vendr\u00e1 a ser un elemento positivo para la poes\u00eda de los 70, pues permitir\u00e1 ver los procesos est\u00e9ticos sin coacciones, y con mayor libertad para reconocer las voces interiores que cada uno estaba dispuesto a expresar, al permitir una reflexi\u00f3n acerca de cu\u00e1l camino elegir, sin presiones extraliterarias ni conminaciones program\u00e1ticas. Esta dispersi\u00f3n, a la vez, permite se\u00f1alar el rasgo de la pluralidad. Ya sea coincidiendo o disintiendo, los poetas establecen una empat\u00eda, un puente que les permite compartir lecturas y abrirse a nuevos cauces, nuevas confluencias, muchas de las cuales se hallan presentes en esta selecci\u00f3n. Hab\u00edan quedado atr\u00e1s las actitudes exclamativas o tremendistas, los temas hist\u00f3ricos, los casticismos y las formas m\u00e9tricas para cobijar lugares comunes. La l\u00edrica se abr\u00eda a una polifon\u00eda hist\u00f3ricamente explicable. No requiri\u00f3 de padrinazgos ni de emulaciones tutelares para acometer sus empresas verbales. Lo mismo no se puede decir de los a\u00f1os 80, cuyos poetas nacientes se movieron en un gran alboroto medi\u00e1tico, que promulgaba sus quintaesencias a trav\u00e9s de manifiestos a\u00fan antes de que las obras fuesen editadas y pretendieron pasar por alto el legado de los poetas de los a\u00f1os 70.<\/p>\n\n\n\n<p>En una etapa posterior nos encontramos con poetas como Alejandro Oliveros, Reinaldo P\u00e9rez-S\u00f3, Mar\u00eda Clara Salas, Eleazar Le\u00f3n, Edda Armas, El\u00ed Galindo, William Osuna, Luis Sutherland o Cecilia Ortiz, que ven\u00edan trabajando con plena conciencia de oficio. Esta generaci\u00f3n es muy activa y empieza a experimentar en Talleres Literarios fundados en las Escuelas de Letras de varias Universidades, y en institutos culturales como el Centro de Estudios Latinoamericanos R\u00f3mulo Gallegos. En el interior del pa\u00eds tambi\u00e9n se produce este fen\u00f3meno. As\u00ed tenemos a Orlando Pichardo, Eddy Rafael P\u00e9rez, Tito N\u00fa\u00f1ez Silva, Jes\u00fas Enrique Barrios, Yeo Cruz, Jos\u00e9 Antonio Y\u00e9pez Azparren, Naudy Enrique Lucena y \u00c1lvaro Montero en Lara; Rafael Garrido, L\u00e1zaro \u00c1lvarez, David Figueroa, Dixon Rojas y Manuel Barreto en Yaracuy; a Te\u00f3filo Tortolero, Reinaldo P\u00e9rez-S\u00f3, Alejandro Oliveros, Carlos Osorio, Carlos, Ochoa, Adhely Rivero y Luis Alberto Angulo en Carabobo; Wilfredo Carrizales, Harry Almela, Alberto Hern\u00e1ndez y Luis Ernesto G\u00f3mez en Aragua; a Leonardo Ruiz Tirado, Ana Mar\u00eda Oviedo, Arnulfo Quintero L\u00f3pez, Livio Delgado, Alberto Jos\u00e9 P\u00e9rez y Avilmark Franco en Barinas; a Celsa Acosta, Rafael Jos\u00e9 \u00c1lvarez, C\u00e9sar Seco, Benito Mieses y Gilberto Petit en Falc\u00f3n, s\u00f3lo para citar algunos nombres sobresalientes en algunos estados. Con ellos comienza a descentralizarse la irradiaci\u00f3n po\u00e9tica de Caracas; se produce entonces un di\u00e1logo con la provincia; (si bien observamos, la gran mayor\u00eda de los poetas que se divulgan desde Caracas provienen del interior del pa\u00eds), se van creando revistas, talleres, antolog\u00edas; poco a poco se respira un aire menos atomizado en cuanto a la difusi\u00f3n de los autores fuera de sus regiones de origen, sobre todo porque recitales, lecturas, charlas y bienales literarias se convierten en puntos de referencia para explorar el pa\u00eds de un modo m\u00e1s exigente y apasionado. Se procura entonces un di\u00e1logo que va a tener consecuencias determinantes en cuanto a la percepci\u00f3n de la poes\u00eda como hecho colectivo, o mejor dicho, como hecho est\u00e9tico que no puede entenderse sino como crisol de experiencias humanas cuyo epicentro es lo colectivo, en el sentido de que \u00e9ste debe ser p\u00fablico y compartido.<\/p>\n\n\n\n<p>Los mejores escritos sobre poes\u00eda de los a\u00f1os 60 y 70 gravitan en ese sentido; sus autores son Ludovico Silva, Juan Liscano, Guillermo Sucre, Oscar Rodr\u00edguez Ortiz y Julio Miranda, y en una generaci\u00f3n posterior Armando Rojas Guardia, Hanni Ossott, Juan Carlos Santaella, Alejandro Varderi y Ennio Jim\u00e9nez Em\u00e1n iluminan sentidos y conforman un corpus cr\u00edtico notable, que reflexiona, antologiza, redacta pr\u00f3logos, estudios o tesis acad\u00e9micas, y permite calibrar mejor los legados po\u00e9ticos de cada etapa. <\/p>\n\n\n\n<p>En el terreno de las antolog\u00edas tenemos, entre otras, las de Otto D\u2019Sola, J.A. Escalona Escalona, Douglas Palma, Jes\u00fas Salazar, Rafael Arr\u00e1iz Lucca, Alejandro Salas y Joaqu\u00edn Marta Sosa, siendo la m\u00e1s generosa la de Escalona Escalona Nueva antolog\u00eda de poetas venezolanos (Nacidos entre 1930 y 1960) (M\u00e9rida, 2001); la m\u00e1s original en el la que abarca m\u00e1s per\u00edodos hasta la fecha la de Joaqu\u00edn Marta Sosa Navegaci\u00f3n de tres siglos. Antolog\u00eda b\u00e1sica de la poes\u00eda venezolana 1826-2003 (2004), pues intenta recoger los mejores textos hasta los \u00faltimos a\u00f1os del siglo veinte, exhibe una organizaci\u00f3n bibliogr\u00e1fica excelente y nos ofrece un esmerado estudio sobre el proceso de nuestra l\u00edrica. No es una antolog\u00eda diacr\u00f3nica sino tem\u00e1tica y la navegaci\u00f3n por el tercer siglo es por supuesto casi inexistente. Como toda antolog\u00eda, no puede cubrir todas las expectativas y deja fuera nombres importantes. De la primera mitad del siglo veinte la m\u00e1s completa es la de Otto D\u2019Sola Antolog\u00eda de la moderna poes\u00eda venezolana (1940). Vale la pena detenerse en esta antolog\u00eda de D\u2019Sola, pues ella remarca un criterio de selecci\u00f3n que puede ser \u00fatil para ubicarnos dentro de la llamada \u201cmoderna\u201d poes\u00eda venezolana del siglo XX. Es una obra estrictamente cronol\u00f3gica y generacional, tanto, que primero realiza un paneo sobre lo que \u00e9l llama \u201clos precursores de la poes\u00eda moderna\u201d a quienes ubica entre los a\u00f1os 1880 y 1885 y son Juan Antonio P\u00e9rez Bonalde y Miguel S\u00e1nchez Pesquera; despu\u00e9s se detiene en \u201clos populares de la generaci\u00f3n 1885 y 1890\u201d: Alejandro Romanace, Pablo Emilio Romero y Tom\u00e1s Ignacio Potentini. En un espacio est\u00e9tico m\u00e1s vasto sit\u00faa a parnasianos y neocl\u00e1sicos, aunque tambi\u00e9n reducidos al lustro 1885-1890. D\u2019Sola maneja aqu\u00ed un criterio generacional por lustros y no por d\u00e9cadas, que se mantendr\u00e1 para los poetas cuyo trabajo sobresale a partir del a\u00f1o 1910, para quienes no tiene una tendencia o movimiento concretos de ubicaci\u00f3n, en un amplio registro de veintitr\u00e9s autores que van desde Alfredo Arvelo Larriva hasta Luis Y\u00e9pez. De ah\u00ed en adelante D`Sola contin\u00faa aplicando un criterio que no toma en cuenta tendencias o l\u00edneas est\u00e9ticas dominantes, sino meramente definidas por lustros o por d\u00e9cadas (1915-1920-1930 y 1935), lo cual, lejos de ayudar al lector, no hace sino confundirlo. Tampoco luce muy exhaustivo \u2013mejor ser\u00eda decir exigente\u2014 en cuanto a la elecci\u00f3n de los autores, sobre todo en lo que se refiere a los poetas localizados entre los a\u00f1os 1915-1920.<\/p>\n\n\n\n<p>El pr\u00f3logo de esta antolog\u00eda no fue escrito por D\u2019Sola sino por Mariano Pic\u00f3n Salas, que con su admirable prosa y su lucidez va marcando ciertas pautas para definir la modernidad. En este caso, est\u00e1 seguro de que con P\u00e9rez Bonalde nace la modernidad en Venezuela, pues reacciona \u201ccontra lo que hab\u00eda pesado m\u00e1s en la poes\u00eda venezolana: le elocuencia\u201d, reafirm\u00e1ndose en \u201cel sollozo viril que no estalla\u201d, en la nocturnidad y el acento cosmopolita, para luego ir hacia los caminos de la erudici\u00f3n que degeneraron, seg\u00fan Pic\u00f3n Salas, en \u201cla copiosa herencia ense\u00f1ante de Andr\u00e9s Bello, los del idioma acad\u00e9mico y la intenci\u00f3n did\u00e1ctica; a \u00e9stos se opon\u00edan los poetas deliberadamente incultos, en quienes la gracia andaba envuelta con el ripio y el acierto con la vulgaridad, como un Mart\u00edn o un Abigail Lozano\u201d. Est\u00e1n por supuesto tambi\u00e9n los imitadores de la poes\u00eda espa\u00f1ola del siglo XIX, apegados a lo grandilocuente, y los autores que hacen uso de la malicia criolla, como Alejandro Romanace o Job Pim. Pero no tiene dudas Pic\u00f3n Salas en se\u00f1alar como iniciador de la poes\u00eda moderna de Venezuela, veinte a\u00f1os antes de que comenzara el movimiento Modernista (cuyo padre tutelar fue Rub\u00e9n Dar\u00edo) a P\u00e9rez Bonalde. Hechas estas aclaratorias, Pic\u00f3n Salas se sumerge en una serie de digresiones que nos ayudan mucho a comprender las tensiones pol\u00edticas y las luchas del venezolano, mejor reflejadas, seg\u00fan \u00e9l, en los narradores que en los poetas. Pasa a aclararnos que la modernidad de la generaci\u00f3n de 1895 fue la de la palabra, el tema y el ritmo, transcritas en versos parnasianos y octos\u00edlabos, como la de Gabriel Mu\u00f1oz; despu\u00e9s la Venezuela de los valses y los pianos como la que se expresa en la obra de Andr\u00e9s Mata y Ezequiel Bujanda. Mientras que V\u00edctor Racamonde y Juan Santaella se amoldan m\u00e1s a la nota \u201cschubertiana\u201d que nace con Rub\u00e9n Dar\u00edo. El Modernismo y el Decadentismo siguen por caminos similares, sobre todo el Modernismo cuando cae en la orfebrer\u00eda vac\u00eda de las palabras, o cuando el Decadentismo \u2013 que es refinamiento voluptuoso, af\u00e1n de desconcertar al buen burgu\u00e9s con sus paradojas y su pr\u00e1ctica del arte por el arte\u2014 terminan por preparar el terreno para lo que luego ser\u00e1n las notas dominantes de los poetas de los a\u00f1os 30 0 40: la intimidad y la confidencialidad versus el titanismo de los neocl\u00e1sicos, el pensar la inspiraci\u00f3n con la disciplina de la forma, para reaccionar contra la abundancia del sentimentalismo ripioso; la exaltaci\u00f3n solar contra las tendencias deprimentes (\u201cel sol contra la luna\u201d) de los trasnochos lunares; el surgimiento del mundo infantil como un tema aut\u00f3nomo de la poes\u00eda; el auge del folklore y de la copla; la interrogaci\u00f3n a Dios y al Destino que crea una entonaci\u00f3n filos\u00f3fica distinta; y finalmente la voz de Pablo Neruda, que pas\u00f3 con su torrente de aguas impuras, disolventes y ca\u00f3ticas y llevaron consigo la impronta de una \u00e9poca llena de insomnio, desesperaci\u00f3n y aventura, conforman una maravillada visi\u00f3n del mundo. <\/p>\n\n\n\n<p>Por su parte Guillermo Sucre, en el pr\u00f3logo de su Antolog\u00eda de la poes\u00eda hispanoamericana moderna nos advierte que la poes\u00eda hispanoamericana moderna es \u201cla que se inicia, hacia 1880, con el momento modernista, hasta la poes\u00eda de las \u00faltimas d\u00e9cadas (\u2026) Un lapso tan vasto que abarca casi cien a\u00f1os (\u2026) Cronolog\u00eda y per\u00edodos, estilos y tendencias: era inevitable que tales referencias influyeran en esta divisi\u00f3n y reagrupaci\u00f3n de autores. Pero, como se explica en la introducci\u00f3n de cada una de estas partes, se ha querido combinarlas y aplicarlas con flexibilidad. Se evita, por ejemplo, delimitar demasiado los per\u00edodos o hacer excesivo hincapi\u00e9 en f\u00f3rmulas est\u00e9ticas generales que, por si mismas, casi nunca llegan a revelar la singularidad de cada autor. Esta m\u00e1s amplia flexi\u00f3n, por tanto, quiz\u00e1 permita vislumbrar otros principios de ordenamiento.\u201d<\/p>\n\n\n\n<p>Hago esta cita de Sucre en ocasi\u00f3n de resaltar el vasto campo de percepciones est\u00e9ticas que implica la modernidad: sus m\u00e1scaras, sus disfraces, sus contrariedades, su heterodoxia, su diversidad y sus paradojas, que ni el discurso postmoderno ni el de las transvanguardias han logrado a\u00fan abordar bien. Tales criterios pudieran aplicarse a la mayor\u00eda de los poemas, mas no a la poes\u00eda que se escribe desde el a\u00f1o 2000, que desea ingresar a otro canon est\u00e9tico. Estamos hablando hoy de un discurso po\u00e9tico interdisciplinario, transgen\u00e9rico, intervenido por la tecnolog\u00eda, los monitores, la cultura de masas, la cultura fragmentaria, el espect\u00e1culo, el cine, la fotograf\u00eda, las realidades virtuales y digitales, la velocidad de la informaci\u00f3n, el minimalismo, el coloquialismo, la ritualidad cotidiana. El discurso de la globalizaci\u00f3n interviene a veces el discurso po\u00e9tico para bien o para mal, esta es una realidad innegable.<\/p>\n\n\n\n<h4 class=\"wp-block-heading has-text-align-right\"><a href=\"https:\/\/eldienteroto.org\/wp49\/gabriel-jimenez-eman\/\">Sobre el autor<\/a><\/h4>\n","protected":false},"excerpt":{"rendered":"<p>Gabriel Jim\u00e9nez Em\u00e1n No creo que sea ocioso preguntarse hoy cu\u00e1l puede ser la funci\u00f3n de la poes\u00eda, el papel que cumple el poema dentro del concierto de las artes o las disciplinas est\u00e9ticas. 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