{"id":17642,"date":"2025-10-24T16:54:10","date_gmt":"2025-10-24T21:24:10","guid":{"rendered":"https:\/\/eldienteroto.org\/wp49\/?p=17642"},"modified":"2025-10-29T15:14:25","modified_gmt":"2025-10-29T19:44:25","slug":"dos-cuentos-de-raul-valera","status":"publish","type":"post","link":"https:\/\/eldienteroto.org\/wp49\/dos-cuentos-de-raul-valera\/","title":{"rendered":"Dos cuentos de Ra\u00fal Valera"},"content":{"rendered":"\n<h3 class=\"wp-block-heading\">Ma\u00f1ana s\u00ed ser\u00e1<\/h3>\n\n\n\n<p>Las casas del camino pasaban por las ventanillas y quedaban atr\u00e1s con sus corredores entejados. El pavimento ten\u00eda alfombra de \u00e1rboles dormidos bajo el sol. Por el otro lado deslizaba la cicatriz rojiza de la carretera. Brillaban los valles de ca\u00f1a en l\u00e1minas recortadas y los cerros estaban lavados y vestidos de verde botella. El autob\u00fas hab\u00eda venido escotero por las livianas planicies, bajo los trechos frondosos. Pero ahora iba cuesta arriba, fatigado y acezante. El piloto sudaba bajo su cachucha azul. Era melenudo y flaco. Los pasajeros aupaban junto con \u00e9l, inclin\u00e1ndose sin quererlo hacia adelante para hacer m\u00e1s liviana la carga.<\/p>\n\n\n\n<p>En el \u00faltimo asiento ven\u00eda una pareja. Era un par desigual: un hombre muy grande y una mujer muy chiquita. El hombre era tranquilo y pesado, como si fuera consciente de su tama\u00f1o. Ella era vivaracha y con los ojitos brillantes. En todo el camino se hab\u00edan venido cambiando palabras. \u00c9l dec\u00eda dos o tres y ella le susurraba un chorrito largo al o\u00eddo. Luego sonre\u00eda y miraba por la ventanilla, mientras balanceaba las piernas sin tocar el entarimado. Ahora en la cuesta no ayudaban al conductor. Se hab\u00edan tomado de las manos. La peque\u00f1a de ella se hab\u00eda acunado en la de \u00e9l. Parec\u00edan dormidos, echados hacia atr\u00e1s e indiferentes, como si formasen parte de la arrastrada carrocer\u00eda. Su cabeza se inclinaba hacia el hombre. \u00c9ste, de vez en cuando apretaba un poco su manecita y la miraba de soslayo con ternura.<\/p>\n\n\n\n<p>Hab\u00edan venido all\u00ed algo separados de los dem\u00e1s. En las paradas de ruta, ella se hab\u00eda quedado con los ojos entornados mientras \u00e9l iba y volv\u00eda con un paquete cualquiera en la mano. En silencio masticaban unas galletas, papel\u00f3n y un pedazo de queso.<\/p>\n\n\n\n<p>\u00bfY ustedes, no van a bajar? Los dos mov\u00edan la cabeza. Porque el papel\u00f3n era m\u00e1s dulce all\u00ed, en su rinc\u00f3n. Com\u00edan y beb\u00edan mir\u00e1ndose y sonriendo a cada bocado. A veces ella dejaba sobre la falda la galletica para apretarle la mano. Otras veces, despu\u00e9s de asegurarse de que nadie la ve\u00eda, extra\u00eda de su boca un pedacito de papel\u00f3n y lo introduc\u00eda en la de \u00e9l. Ella sab\u00eda que a \u00e9l le gustaba. Con salivita y todo. \u00c9l la hab\u00eda acostumbrado. Ella sab\u00eda que a \u00e9l le encantaba su salivita. Ella sab\u00eda que a \u00e9l le agradaba oler\u00eda. \u00c9l le met\u00eda la nariz por debajo de las orejas La hund\u00eda en el pelo casta\u00f1o. A \u00e9l le gustaba su pelo casta\u00f1o barba de jojoto. Con las dos yemas de los dedos le oprim\u00eda la nuquita y con giro rotatorio recorr\u00eda el conuquito de sus vellos. Ella ten\u00eda un pocito tibio en la boca. Las playas del pocito eran rosadas. Las piedras del pocito eran blancas.<\/p>\n\n\n\n<p>Ella ten\u00eda su pocito tibio con playas rosadas.<\/p>\n\n\n\n<p>No hab\u00edan visto nunca la ciudad. Los dejaron a la orilla de un puente. Debajo del puente descansaba un mont\u00f3n de autobuses viejos, de un azul deste\u00f1ido, inm\u00f3viles, en su \u00faltima parada. El r\u00edo pasaba vacilante, con un traje de playas demasiado holgadas. De las orillas rojas comenzaban a nacer los edificios blancos, altos e iguales. El r\u00edo pasaba despectivamente junto a ellos.<\/p>\n\n\n\n<p>Hombres con tiras de papel gritaban n\u00fameros al aire.<\/p>\n\n\n\n<p>\u2014Mira lo que dice. \u00bfT\u00fa o\u00edste?<\/p>\n\n\n\n<p>\u00c9l sab\u00eda algo de eso. \u00c9l le iba a explicar ese negocio de la ciudad. Pero cuando le vi\u00f3 la cara tan iluminada, sinti\u00f3 l\u00e1stima de arrancar su esperanza.<\/p>\n\n\n\n<p>Hundi\u00f3 la mano y pag\u00f3 al hombre con franela rayada. \u00c9ste torci\u00f3 con sus dedos sucios un pedazo de papel.<\/p>\n\n\n\n<p>El hombre grande y la mujer chiquita se fueron andando. Ella iba dichosa y radiante, apresurando sus pasos menudos, mientras \u00e9l reiteraba sus largas zancadas. De su diestra guindaba una vieja maleta de cart\u00f3n. Ella oprim\u00eda un atadito de pa\u00f1uelo rojo.<\/p>\n\n\n\n<p>\u00c9sta es la ciudad. \u00c9sta es el sue\u00f1o de ella. Tambi\u00e9n en su esperanza. Ha pensado mucho en la ciudad. Una cosa maravillosa y rara. Mucha gente y muchos carros. Mucha bulla. Y ella, metida all\u00ed, entre todo eso. Tambi\u00e9n mucho dinero. Su hombre era grande y poderoso; pod\u00eda ganar mucha plata con sus manos anchas. Pod\u00eda guardar bastantes monedas blancas en sus grandes bolsillos.<\/p>\n\n\n\n<p>Su padre estar\u00eda con la cabeza agachada. Su madre estar\u00eda chorreada de l\u00e1grimas. Le daba l\u00e1stima. Se le encog\u00eda el coraz\u00f3n pensando en eso. Era una maldad haberse venido as\u00ed. Reconoc\u00eda que era una bichita mala. Porque eso no se hace al viejo y la vieja. Ella sab\u00eda eso, como no. Pero no sab\u00eda c\u00f3mo hab\u00eda sucedido. Le dijo a \u00e9l que so\u00f1aba con la ciudad. Le dijo que ella era suya, suyita. Ya no pod\u00eda aguantar la ojeriza de los dos viejos. Adem\u00e1s, no pod\u00eda resistir aquello otro. Ten\u00eda ansias de saltar la tapia. Todo estaba prohibido. Nada se pod\u00eda hacer. Y all\u00e1 adentro ten\u00eda un fog\u00f3n prendido, una candelita dormida y caliente. Unas brasitas vestidas de ceniza. Los muslitos sent\u00edan alfileres. De abajo arriba y de arriba abajo le ven\u00eda un bicho malo caminando. As\u00ed ser\u00eda el da\u00f1o o el maldeojo. Era desconocido y apremiante. Quer\u00eda y no sab\u00eda.<\/p>\n\n\n\n<p>Y ahora ten\u00eda miedo cuando pensaba en \u00e9l. Porque eso se llama una tapara hueca. Francamente. Un hombre tan grande. Aquella cabeza tapada con sombrero al\u00f3n. Aquellos brazos que llegaban casi a las rodillas. Aquellas piernas tan largas y fuertes. Un hombre tan grande. Era loca, eso no lo dudaba. Era una bichita loca. Un hombre tan grande para una bicha tan chiquita. Era para amarrarla y pelarla. S\u00ed, se\u00f1or. Ella merec\u00eda una cueriza en las nalgas. Y que despu\u00e9s le echar\u00e1n sal con aceite. Y que la mandaran a acostarse boca abajo, desnuda, para que la picaran las moscas. Y que despu\u00e9s vinieran los gusanos sembrados por las moscas. Y que las nalguitas quedaran peladas como paticas de guacharaca. Y que se acabara todo. Y que el bicho malo se fuera, el da\u00f1o malo que sub\u00eda y bajaba por sus piernas. Que los gusanos se comieran tambi\u00e9n el bicho malo del tormento.<\/p>\n\n\n\n<p>Pero ocurr\u00eda que su cara de \u00e9l era una cara dulce, de ni\u00f1o peludo. No era la cara de los hombres que siempre ve\u00eda. La cara de \u00e9l era limpia y llana y uno se pod\u00eda asomar a ella como a una lata llena de agua. Devolv\u00eda la imagen de uno mismo. Se comprend\u00eda siempre lo que pensaba. Sus ojos grandes y mansos dec\u00edan todo lo que \u00e9l quer\u00eda decir. No necesitaba abrir la boca. Su cara era tierna como la de un animal criado en casa. Cara de perro juguet\u00f3n. Cara de becerro chiquito. Cara de santo con vela. Por eso ella no se hab\u00eda fijado en su tama\u00f1o, porque su cara estaba siempre bajita y humilde. Ella pod\u00eda alcanzarla a trav\u00e9s de las cayenas del cercado. Estiraba la mano y tocaba su barba. Ahora que caminaba junto a \u00e9l se daba cuenta, pero antes no. Ser\u00eda que el muy z\u00e1ngano se agachaba detr\u00e1s de las cayenas. Pero eso no le hac\u00eda. Ella pensaba que en la almohada las cabezas ser\u00edan de la misma altura. No importaba que le sobrara un pedazo de hombre. Eso no quer\u00eda decir. No le gustaban los hombres chiquitos con ojos chiquitos, con paticas chiquitas. Esos hombrecitos la miraban de una manera descarada y extra\u00f1a. Le daban grima y calofr\u00edo unos ojos chiquitos hinc\u00e1ndole la carne.<\/p>\n\n\n\n<p>Por eso a \u00e9l le repuso que s\u00ed, con s\u00f3lo dejar caer los p\u00e1rpados.<\/p>\n\n\n\n<p>Situ\u00f3 la maleta junto al sof\u00e1 y se arrellan\u00f3, estirando las piernas debajo de la mesa. Ella ocup\u00f3 un pedacito al lado y apenas tocaba el cemento roto con las puntas de los pies.<\/p>\n\n\n\n<p>Los dos italianos discutieron en su idioma por un buen rato. Al parecer el negocio era en sociedad y la tarifa revisada con cada nuevo cliente. Al fin uno dijo, terminante, pero con lengua resbalosa:<\/p>\n\n\n\n<p>\u2014Seis bol\u00edvares por los dos. La cama sola.<\/p>\n\n\n\n<p>Iba a alegar que quer\u00eda tambi\u00e9n la comida, pero sinti\u00f3 la mano de ella que le apretaba; volte\u00f3 y sus ojos dijeron que no. Era m\u00e1s barato comer por su cuenta. Claro estaba. Sonri\u00f3 al pensar que la mujercita sab\u00eda defenderse mejor.<\/p>\n\n\n\n<p>\u2014Pasen adelante.<\/p>\n\n\n\n<p>No era aquello lo que hab\u00eda esperado y deseado. El cuarto era s\u00f3lo media habitaci\u00f3n dividida por un tabique vacilante. Francamente, aquello no era bueno. \u00c9l pens\u00f3 en todo a un mismo tiempo. Qu\u00e9 calamidad de cama, pegada a un tabique tan delgado y zanc\u00f3n. Un bombillo sobre la mitad de la divisi\u00f3n alumbraba los dos cuartos. C\u00f3mo y qui\u00e9n apagaba esa luz. D\u00f3nde estaba el aparatico para accionar. Qui\u00e9n dormir\u00eda en el otro lado.<\/p>\n\n\n\n<p>Los dos se miraron, sin saber qu\u00e9 decir. \u00c9l le pas\u00f3 la mano por la cabeza y al llegar a la nuca la atrajo hacia s\u00ed. Ella se empin\u00f3 y \u00e9l la bes\u00f3 silenciosa y largamente, hasta que ella le quit\u00f3 con fuerza las manos y mir\u00f3 con temor hacia el otro lado.<\/p>\n\n\n\n<p>Recorriendo la coleta empapelada hall\u00f3 una rotura y por all\u00ed enfoc\u00f3 un ojo. En el \u00e1ngulo opuesto estaba otra cama y echado boca arriba, con la cabeza tapada con un pa\u00f1o, dorm\u00eda un hombre desnudo. La sangre le subi\u00f3 de un soplo cuello arriba.<\/p>\n\n\n\n<p>\u2014\u00a1D\u00e9jame ver!<\/p>\n\n\n\n<p>\u00c9l le puso la mano sobre el pecho. Ella no pod\u00eda mirar. Aquel hombre estar\u00eda so\u00f1ando, quiz\u00e1s. Una rabia agazapada le hizo temblar las manos. Pens\u00f3 ir a buscar a los dos musiues y pedirles otro cuarto o que le devolvieran sus seis bol\u00edvares. Estaba en esto, pero al volverse descubri\u00f3 que ella, sentada sobre la maleta, se quitaba un zapato con la pierna montada. \u00c9l se rasc\u00f3 la cabeza y vacil\u00f3. En su pecho el coraz\u00f3n se lanz\u00f3 a tamborear.<\/p>\n\n\n\n<p>Ella se sobaba el pie cansado. Ten\u00eda la mitad blanca y la mitad parda. Los dedos y parte del empeine estaban blancos. Lo dem\u00e1s ten\u00eda la huella del sol. Su pierna levantada abr\u00eda el paso de los ojos hacia la sombra.<\/p>\n\n\n\n<p>\u00c9l se asom\u00f3 a la puerta a buscar el cierre de la luz. Luego volvi\u00f3 y se qued\u00f3 mirando fijamente el bombillo, como si quisiera apagarlo arrop\u00e1ndolo con sus ojos grandes y h\u00famedos.<\/p>\n\n\n\n<p>Mientras tanto, ella se quitaba el otro zapato y se sobaba la otra patica con huellas de sol y sombra.<\/p>\n\n\n\n<p>De nuevo asom\u00f3 al corredor. Todo estaba oscuro afuera. Los dos italianos se hab\u00edan encerrado. Otra vez mir\u00f3 por el hueco del tabique. El vecino desnudo continuaba en su sue\u00f1o.<\/p>\n\n\n\n<p>Luego de tantear la fortaleza de las patas, subi\u00f3 a la cama y torci\u00f3 el bombillo. Baj\u00f3 de prisa, sacudiendo la mano quemada. Maldijo entre dientes. Ten\u00eda el pecho esponjado de ira.<\/p>\n\n\n\n<p>En la oscuridad sinti\u00f3 que ella se despojaba de las ropas. \u00c9l hizo lo mismo, pero antes ocult\u00f3 el portamonedas bajo la almohada.<\/p>\n\n\n\n<p>Al fin se subi\u00f3 a la cama, sacando los dos pies por entre los barrotes. Su respiraci\u00f3n era agitada. Era igual que un susto. El sudor le corr\u00eda por la frente. Aquella cama tan peque\u00f1a, para una sola persona. El tabique delgado y roto, con un vecino as\u00ed al lado. Adem\u00e1s una quemada en la mano.<\/p>\n\n\n\n<p>Despu\u00e9s de un silencioso lapso lleno de esos pensamientos comprendi\u00f3 que la peque\u00f1a mujer estaba inm\u00f3vil, sentada a\u00fan sobre la maleta. Estaba all\u00ed esperando.<\/p>\n\n\n\n<p>\u2014Vente.<\/p>\n\n\n\n<p>Pero ella no se movi\u00f3 a su apagada invitaci\u00f3n. De la puerta entreabierta entraba una mancha de luna que la iluminaba de los hombros hacia abajo. Semejaba una figura sin cabeza.<\/p>\n\n\n\n<p>\u2014Ven ac\u00e1, mija.<\/p>\n\n\n\n<p>No se mov\u00eda. Estaba abandonada all\u00ed, sobre la maleta. Era el equipaje mudo en medio de la oscuridad. Quieta y sin cabeza, como un juguete roto y olvidado.<\/p>\n\n\n\n<p>\u00c9l extrajo con dificultad las piernas por entre los barrotes y fu\u00e9 a cerrar la puerta. Luego la tante\u00f3 en la oscuridad. Pero sus carnes se endurecieron. No quer\u00eda arrastrarla. Esto se sum\u00f3 a lo otro y la rabia subi\u00f3 m\u00e1s arriba, hasta enred\u00e1rsele en la garganta.<\/p>\n\n\n\n<p>La solt\u00f3 y se qued\u00f3 sin decir nada. Aquello era distinto de lo que hab\u00eda pensado. Muy distinto. Ahora ella tambi\u00e9n deb\u00eda echar su lavativa, para acabarlo de componer.<\/p>\n\n\n\n<p>Se agach\u00f3 y le susurr\u00f3 al o\u00eddo.<\/p>\n\n\n\n<p>\u2014Acu\u00e9state t\u00fa \u2014le insinu\u00f3 ella con un soplo.<\/p>\n\n\n\n<p>\u00c9l chasque\u00f3 la lengua. Muy bajo murmur\u00f3:<\/p>\n\n\n\n<p>\u2014Si t\u00fa no te acuestas, me quedo aqu\u00ed.<\/p>\n\n\n\n<p>Y se sent\u00f3 en el suelo, junto a la maleta. Ella le pas\u00f3 la mano por el pelo \u00e1spero y se lo apret\u00f3 en una ruda caricia. Luego le busc\u00f3 una oreja y se la hal\u00f3. \u00c9l goz\u00f3 de aquello fingi\u00e9ndose indiferente y no retribuy\u00f3 en nada. Entonces su manecita sigui\u00f3 por el cuello y la nariz, recorri\u00e9ndolo todo. Despu\u00e9s baj\u00f3 la cabecita hasta rozarle suavemente la nuca. Al pasarle por la oreja le sopl\u00f3 su tibio aliento y lo mordi\u00f3. Vaho de ardor. El hombre grande sinti\u00f3 una sacudida y la sangre espesa que se agolpaba. Sus labios la buscaron y el vaho ardiente estuvo ahora frente al suyo. La bes\u00f3 hundi\u00e9ndole los labios entre los de ella, sus dientes blancos y su salivita.<\/p>\n\n\n\n<p>Ella di\u00f3 la se\u00f1al con su boca semiabierta.<\/p>\n\n\n\n<p>Incorpor\u00e1ndose con lentitud la tom\u00f3 por debajo de los brazos y la alz\u00f3. Cuidadoso la coloc\u00f3 en la cama y se acomod\u00f3 junto a ella, sacando afuera los pies.<\/p>\n\n\n\n<p>La arrop\u00f3 y le pas\u00f3 el brazo bajo su cabecita. Ella pensaba que estaban iguales los dos, al nivel de la almohada. \u00c9l la apret\u00f3 y ella cruji\u00f3 como una mazorca.<\/p>\n\n\n\n<p>\u00c9l se hab\u00eda olvidado de todo. Ella tambi\u00e9n. \u00c9l no pensaba en nada sino que la sent\u00eda en sus brazos, tibiecita y fina, blandita y palpitante. Ella no pensaba en nada porque sent\u00eda un fuego que la rodeaba. Sus movimientos negativos, de instinto, eran inconscientes: su manecita apartaba mientras su boca buscaba ansiosa la de \u00e9l. La cama comenz\u00f3 a sacudirse y a chirriar, sin que lo advirtieran. El tabique se contagi\u00f3 del estremecimiento.<\/p>\n\n\n\n<p>El vecino se sent\u00f3 al borde del lecho. Hab\u00eda despertado con sobresalto. Sinti\u00f3 el sacudimiento y quiz\u00e1s pens\u00f3 en un temblor de tierra. Es verdad que la tierra tiembla cuando dos se aman, pero el vecino no recordaba eso y resueltamente arrastr\u00f3 una silla y prendi\u00f3 la luz.<\/p>\n\n\n\n<p>Ac\u00e1 se inmoviliz\u00f3 el grupo.<\/p>\n\n\n\n<p>\u2014\u00a1Apague esa luz!<\/p>\n\n\n\n<p>El otro sin responder destornill\u00f3 enseguida y volvieron las tinieblas. Pero el hombre grande y la mujer chiquita tambi\u00e9n volvieron a la realidad. Se fueron desinflando los dos, mientras el fluido ardoroso se escapaba lastimosamente. La respiraci\u00f3n ansiosa se iba aplacando y comenzaron a sentir el sudor que lubricaba sus cuerpos.<\/p>\n\n\n\n<p>Despu\u00e9s se quedaron all\u00ed, esperando. El hombre de al lado deb\u00eda dormirse otra vez. Hab\u00eda que esperar. Ellos hab\u00edan esperado mucho este momento. Y ahora, en este momento, ten\u00edan que seguir esperando. Esperar y esperar.<\/p>\n\n\n\n<p>\u00c9l pensaba en lo inc\u00f3modo que estaba. Con el entusiasmo hab\u00eda encogido las piernas y ahora las sent\u00eda acalambradas y temblorosas. No se quer\u00edan mover, no quer\u00eda meter los pies all\u00e1 abajo, porque despu\u00e9s no se podr\u00eda voltear de medio lado. Ella estaba quietecita, pegadita a su pecho. No se quer\u00edan mover. Pensaban que era como si estuviesen escondidos all\u00ed, con el viejo y la vieja espi\u00e1ndolos del otro lado. Era tambi\u00e9n como si se hubiesen introducido clandestinamente en la casa de los italianos, sin pagar por la cama. El maldito bombillo, el maldito tabique y el maldito vecino. Por qu\u00e9 no seguir\u00eda so\u00f1ando. Mejor, por qu\u00e9 no ir\u00eda a buscar la mujer de sus sue\u00f1os. Por qu\u00e9 ten\u00eda miedo de un tabique estremecido. Los mirar\u00eda a los dos cuando encendi\u00f3 la luz.<\/p>\n\n\n\n<p>En la madrugada los gallos cantaron y el vecino comenz\u00f3 a roncar. \u00c9l se inici\u00f3 furtivamente. Ella estaba dormida. Sus besos la despertaron y susurr\u00f3 somnolienta:<\/p>\n\n\n\n<p>\u2014Dej\u00e9moslo para ma\u00f1ana.<\/p>\n\n\n\n<p>\u00c9l dese\u00f3 oponerse. Pero ella acun\u00f3 su cabecita bajo su cuello y se volvi\u00f3 a dormir. Era tan peque\u00f1a, tan buena y tan dulce. Era tan chiquita y tan fina y tan menudita. Y \u00e9l era tan grande y tan fuerte. C\u00f3mo no concederle el reposo del sue\u00f1o, si estaba tan c\u00f3moda ahuecada bajo su brazo.<\/p>\n\n\n\n<p>Cuando se asegur\u00f3 que el vecino se hab\u00eda largado, despu\u00e9s de hacer mucho ruido con una palangana, fu\u00e9 a la calle por algo para comer. Se present\u00f3 con dos vasitos de papel llenos de caf\u00e9. Comieron y bebieron el caf\u00e9 que sab\u00eda a hormigas. Luego \u00e9l comenz\u00f3 a rascarse la cabeza y a pensar. Ten\u00eda que rasparse el pellejo con las u\u00f1as para pensar, pues no estaba acostumbrado a eso de darle vueltas a una idea y encontrar soluciones.<\/p>\n\n\n\n<p>Ella lo miraba con curiosidad. De pronto dijo:<\/p>\n\n\n\n<p>\u2014T\u00fa eres zoquete, mijo.<\/p>\n\n\n\n<p>\u2014\u00bfQui\u00e9n, yo? \u00bfPor qu\u00e9 soy zoquete?<\/p>\n\n\n\n<p>Pero no quiso explicar. \u00c9l se puso colorado y aquella calificaci\u00f3n le turb\u00f3 lo que estaba pensando. Ahora perdi\u00f3 el hilo. Qu\u00e9 buena broma, quiz\u00e1s ten\u00eda raz\u00f3n la mujercita. Si hubiera sido otro hombre se hubiera portado distinto. Claro que s\u00ed. Si hubiera sido el vecino de al lado. Pero \u00e9l era un zoquete, estaba convencido. Qu\u00e9 importaba todo aquello. \u00bfQu\u00e9 hubiera podido pasar? \u00c9l estaba pagando sus reales por la cama. Ten\u00eda derecho a estar all\u00ed y la mujercita lo quer\u00eda. La muy z\u00e1ngana hab\u00eda dicho que lo dejaran para ma\u00f1ana, y ahora se burlaba de \u00e9l. Quiz\u00e1s debi\u00f3 insistir, pero no lo hizo. Gran zoquet\u00f3n que era. \u00c9l s\u00ed hab\u00eda o\u00eddo decir que los hombres grandotes son muy tontos. No lo cre\u00eda, pero ahora se estaba convenciendo. \u00a1Y qu\u00e9 groser\u00eda de mujercita! C\u00f3mo se lo dec\u00eda en su misma cara. Y ahora estaban en ma\u00f1ana y no se pod\u00eda. Por el corredor transitaban los dos italianos discutiendo con los pasajeros y fijando precios. La puerta no ten\u00eda sino una aldaba rota. Pod\u00eda arrimar la cama de tranca, pero no pod\u00eda estirar hasta arriba el tabique. Cualquiera se pod\u00eda asomar por el maldito tabique.<\/p>\n\n\n\n<p>La mujercita se le acerc\u00f3 y se adhiri\u00f3 a su cuerpo. \u00c9l le pas\u00f3 la mano por la cintura y ella le recost\u00f3 la cabeza cerca del ombligo. As\u00ed parados los dos ella parec\u00eda reto\u00f1arle de abajo, como un hijo de cambur. A su contacto apart\u00f3 los rencores. \u00c9l le pregunt\u00f3 si lo quer\u00eda de verdad verdad. Ella se qued\u00f3 un rato mir\u00e1ndolo, con los ojitos sonre\u00eddos.<\/p>\n\n\n\n<p>\u2014De no quererte no estuviera aqu\u00ed.<\/p>\n\n\n\n<p>Eso era verdad. Bueno, ahora pod\u00eda pensar otra vez en aquello del principio. Ten\u00eda que buscar qu\u00e9 hacer porque tra\u00eda muy poco real. Ten\u00eda que encontrar d\u00f3nde ganarse la comida y la cama, para los dos. Pero la cosa no era f\u00e1cil. Encontrar trabajo s\u00ed, \u00e9l pod\u00eda hallarlo al voltear la esquina. Con esa fuerza que ten\u00eda pod\u00eda descargar un cami\u00f3n sin que nadie lo ayudara. \u00c9l pod\u00eda tumbar una mula de un pu\u00f1etazo en la nuca. \u00c9l part\u00eda un ladrillo con la mano como quien parte una arepa. Pero la cuesti\u00f3n era la mujercita. Qu\u00e9 hac\u00eda \u00e9l con ella mientras trabajaba. D\u00f3nde la dejaba guardada. Pensaba con horror que se quedara sola en el cuarto del tabique. Si fuera m\u00e1s chiquitica se la met\u00eda en un bolsillo y se la llevaba. \u00a1Por qu\u00e9 no se volv\u00eda m\u00e1s y m\u00e1s chiquitica! Pero en el cuarto sola no la pod\u00eda dejar. Por nada del mundo. Mucho menos con el vecino ese. Con el sinverg\u00fcenza \u00e9se que estaba falto de mujer.<\/p>\n\n\n\n<p>Anduvieron de la mano por la ciudad. La muchedumbre los ten\u00eda mareados. Esa carramentaz\u00f3n de largas hileras. La gente se empujaba. Todo el mundo parec\u00eda apurado y angustiado. Los conductores maldec\u00edan con las puertas entreabiertas. Hombres y ni\u00f1os gritaban vendiendo cosas y les met\u00edan en las narices los pedazos de loter\u00eda. Ella se acord\u00f3 del trocito que hab\u00eda comprado. El hombre hab\u00eda dicho que estaba premiado. El hombre aquel de la franela rayada. Ella sac\u00f3 el trocito y se lo puso en la mano. Se acercaron por all\u00ed y preguntaron. No hab\u00eda salido nada. Un negro muy vestido de limpio, con tabaco mordido, consult\u00f3 un papel lleno de numeritos.<\/p>\n\n\n\n<p>\u2014Se te neg\u00f3 la suerte, mijita.<\/p>\n\n\n\n<p>Ella no entend\u00eda eso. A ella le hab\u00edan dicho que era el primer premio. Qu\u00e9 cuento era ese ahora. \u00c9l se la llev\u00f3. Luego le iba a explicar. No le hab\u00eda querido decir nada. Qui\u00e9n quita que hubiera salido. No la quiso poner triste al entrar en la ciudad. No le quiso cortar la esperanza. Adem\u00e1s, ella pod\u00eda ser sortaria. Dicen que la suerte es loca. Pero ella estaba anegada en l\u00e1grimas. Lloraba de la rabia y pensaba en el hombre de la franela a rayas que la hab\u00eda enga\u00f1ado. Comenz\u00f3 a odiar la ciudad. Comenz\u00f3 a temerla y a desear escap\u00e1rsele.<\/p>\n\n\n\n<p>Ella ve\u00eda aquel hombre grande que era suyo y la miraba con sus ojos mansos. Pero era un muchachote nada m\u00e1s. Ten\u00eda mucha fuerza. Pero un cami\u00f3n de \u00e9sos ten\u00eda m\u00e1s fuerza. Uno de esos autobuses pod\u00eda llevarse su hombre grandote y pasarle por encima. Y ella se iba a quedar solita. Ella sin nadie que le diese sombra entre aquella gusanera de gente. Hab\u00eda visto rostros tan raros pasar a su lado. Hab\u00eda visto unas narices que no se hab\u00eda imaginado que existieran. Tanto musi\u00fa con ropas de mujer. Adem\u00e1s la gente los miraba a los dos. Ella tan chiquita y \u00e9l tan grande. Ella cre\u00eda que los miraban. De puro embuste. Ella ten\u00eda sed. Frente a ellos, del otro lado de la calle, hab\u00eda un carrito con un hombre de batola blanca y campanita.<\/p>\n\n\n\n<p>\u2014Yo quiero un poquito de eso.<\/p>\n\n\n\n<p>\u00c9l vacil\u00f3. \u2014Esp\u00e9rate aqu\u00ed\u2014, le dijo y se lanz\u00f3 a la calle. Un frenazo agudo chill\u00f3 como un can apedreado. Ella miraba sin poderse mover. Su hombre hab\u00eda salido despedido contra el suelo. All\u00ed tendido parec\u00eda un bagazo frente al cami\u00f3n enorme. Vino tanta gente que lo perdi\u00f3 de vista. O\u00eda pitos y exclamaciones de mujeres. Ella se recobr\u00f3 y pudo mover las piernas. Hab\u00eda mucha gente, pero ella se meti\u00f3 por entre todos como una lagartijita entre el monte y lleg\u00f3 a su lado. El hombre se hab\u00eda sentado y un agente de polic\u00eda trataba in\u00fatilmente de levantarlo por los brazos.<\/p>\n\n\n\n<p>\u2014\u00a1Ay\u00fadenme! \u2014grit\u00f3 el gendarme.<\/p>\n\n\n\n<p>Ella le meti\u00f3 su manecita con valor. Tres hombres no pod\u00edan.<\/p>\n\n\n\n<p>El hombre sacudi\u00f3 ambos brazos y apart\u00f3 todo el grupo. Estir\u00f3 la mano buscando su sombrero. Alguien se lo alarg\u00f3. Pesadamente se incorpor\u00f3 sacudiendo el sombrero con las manos.<\/p>\n\n\n\n<p>\u2014Pero qu\u00edtenle esa mujercita de encima \u2014insinu\u00f3 alguien.<\/p>\n\n\n\n<p>Ella estaba adherida a \u00e9l, empinadita en la punta de los pies, escudri\u00f1\u00e1ndole de arriba a abajo.<\/p>\n\n\n\n<p>\u2014A m\u00ed no me ha pasado nada \u2014refunfu\u00f1\u00f3.<\/p>\n\n\n\n<p>\u2014Pero si lo han batido contra el suelo. Vamos a llevarlo.<\/p>\n\n\n\n<p>El agente se desplaz\u00f3 fuera del grupo.<\/p>\n\n\n\n<p>\u2014\u00bfD\u00f3nde est\u00e1 el chofer?<\/p>\n\n\n\n<p>Un hombrecito p\u00e1lido se adelant\u00f3, barbotando disculpas.<\/p>\n\n\n\n<p>La gente miraba con curiosidad al hombrezote con la mujercita guindando.<\/p>\n\n\n\n<p>\u2014Usted est\u00e1 aporreado, mano.<\/p>\n\n\n\n<p>\u2014Usted le peg\u00f3 esa cabeza al suelo, vale. D\u00e9jese curar.<\/p>\n\n\n\n<p>\u2014Vaya al Puesto de Socorro. El polic\u00eda lo va a llevar.<\/p>\n\n\n\n<p>El hombre continuaba sacudiendo el sombrero, sin contestar las ansiosas preguntas de la mujercita. Todos le dec\u00edan que se fuera a curar y la dejara sola. \u00a1C\u00f3mo no!<\/p>\n\n\n\n<p>\u2014No me pasa nada, mija, V\u00e1monos.<\/p>\n\n\n\n<p>La tom\u00f3 de la manecita y sali\u00f3 del grupo, calle abajo. All\u00e1 qued\u00f3 el agente de polic\u00eda gesticulando frente al chofercito p\u00e1lido de brazos cruzados.<\/p>\n\n\n\n<p>\u2014Agu\u00e1ntame la mano t\u00fa \u2014dijo.<\/p>\n\n\n\n<p>Ella lo agarr\u00f3 duro, con toda su fuerza.<\/p>\n\n\n\n<p>La vista se le estaba poniendo terrosa, amarilla; las cosas parec\u00edan pasar debajo de un r\u00edo crecido y sucio. Los o\u00eddos zumbaban como grillos impasibles. No estaban lejos de la casa de los italianos. Pronto iban a llegar. Ahora deseaba estar echado junto al maldito tabique y no le importaba el bombillo prendido ni el agujero del vecino, porque no estaba viendo nada.<\/p>\n\n\n\n<p>Con su instinto de animalito ella encontr\u00f3 la casa y le condujo puertas adentro. Le apretaba muy duro la mano. En el zagu\u00e1n los dos italianos cobraron sus seis bol\u00edvares adelantados. \u00c9l se tante\u00f3 el bolsillo y le puso la monedera en la mano. Ella sac\u00f3 las monedas y los italianos se alejaron al fondo, siempre discutiendo. Se deten\u00edan un momento y se manoteaban la cara. Luego segu\u00edan otro pedacito para hacer lo mismo m\u00e1s adelante. Ella lo sent\u00f3 junto a la cama y le quit\u00f3 el sombrero. Con mucho trabajo le libr\u00f3 del enorme palt\u00f3. Observ\u00f3 que sus brazos estaban pesados y resbalosos. Despu\u00e9s lo recost\u00f3 y le coloc\u00f3 la almohada.<\/p>\n\n\n\n<p>\u2014Mete los reales aqu\u00ed abajo.<\/p>\n\n\n\n<p>Ella obedeci\u00f3 silenciosa. Se acerc\u00f3 al espejo y se vi\u00f3. Aqu\u00e9lla era otra mujer o aquel espejo estaba malo. Luego volvi\u00f3 a su lado y le pas\u00f3 las piernas por entre el enrejado del camastro.<\/p>\n\n\n\n<p>Despu\u00e9s subi\u00f3 a la cama para apagar la bombilla. No alcanzaba y apoy\u00f3 un pie sobre la gruesa pierna inm\u00f3vil.<\/p>\n\n\n\n<p>\u2014\u00bfTe maltrato?<\/p>\n\n\n\n<p>\u00c9l movi\u00f3 la cabeza negativamente.<\/p>\n\n\n\n<p>\u2014Si t\u00fa no pesas nada, mijita. T\u00fa eres una pluma de p\u00e1jaro.<\/p>\n\n\n\n<p>Ella le alz\u00f3 el brazo y se meti\u00f3 debajo. Sinti\u00f3 que \u00e9l la apretaba. \u00c9l la sinti\u00f3 a ella, pegadita y liviana, muy juntico de \u00e9l. Un poquito m\u00e1s abajo estaba su cabello barba de jojoto. Un poquito m\u00e1s abajo estaba su boca con su salivita. Un poquito m\u00e1s abajo estaba toda ella en sombra. De puro zoquete no hab\u00eda llegado all\u00ed. Los hombres grandes son zoquetes. Eso no tiene vuelta.<\/p>\n\n\n\n<p>Ten\u00eda mucho sue\u00f1o. Era un sue\u00f1o amarillo y pesado como un buey.<\/p>\n\n\n\n<p>\u2014Apaga esa luz, mijita.<\/p>\n\n\n\n<p>\u2014Ya la apagu\u00e9, mi amor. Esto est\u00e1 oscurito. Descansa tranquilo.<\/p>\n\n\n\n<p>\u00c9l comenz\u00f3 a respirar con fatiga.<\/p>\n\n\n\n<p>\u2014Esta noche tampoco ser\u00e1.<\/p>\n\n\n\n<p>\u2014Puede que ma\u00f1ana.<\/p>\n\n\n\n<p>\u2014S\u00ed, ma\u00f1ana s\u00ed ser\u00e1.<\/p>\n\n\n\n<p>Qu\u00e9 sue\u00f1o tan pesado. Pero ahora era sabroso; sent\u00eda que se iba lejos, como si le estuvieran estirando el pescuezo sin dolor. Sent\u00eda una cosquilla hacia la nuca. Le bajaba de lo alto de la cabeza. Qu\u00e9 sue\u00f1o tan dulce y pesado. Ella estaba junto a \u00e9l, muy pegadita. Todo se le iba haciendo irreal, pero siempre le sent\u00eda a ella, tan chiquitita, tan blandita y suave, tan livianita. Pluma de p\u00e1jaro en su costado. Lirio de r\u00edo en la orilla.<\/p>\n\n\n\n<p>\u2014Puede que ma\u00f1ana. Qu\u00e9 sue\u00f1o dulce y largo.<\/p>\n\n\n\n<p class=\"has-text-align-center\">***<\/p>\n\n\n\n<h3 class=\"wp-block-heading\">La alcanc\u00eda de barro negro<\/h3>\n\n\n\n<p>I<\/p>\n\n\n\n<p>Sus alpargatas fueron hendiendo la tierra floja. Cuesta arriba, la calle se izaba de la pulper\u00eda hasta los pies del templo; atr\u00e1s quedaban las dos fosas claras de las puertas, cavadas en la profunda tiniebla.<\/p>\n\n\n\n<p>Avanzaba pesadamente, como si le fuesen atajando las manos suaves y blandas, las manos fr\u00edas y supersticiosas de la noche.<\/p>\n\n\n\n<p>Detuvo el paso, le halaba un deseo irresistible de ahuecarse en la grama, de aspirar profundamente olor a monte.<\/p>\n\n\n\n<p>La noche estaba honda, apretaba el fr\u00edo seco del verano, y por ratos ven\u00edan del Oeste grandes r\u00e1fagas de aire que al penetrar bruscamente en la dormida calma del bosque, levantaban un revuelo airado de hojas, un quejumbroso crujir de a\u00f1ejos troncos y agudos silbidos que se alejaban el\u00e1sticamente. O\u00eda con vago regusto el amaine del viento; las voces dispersas y bajas se iban sumiendo una tras otras, hasta adormirse en la negra espesura claveteada de luci\u00e9rnagas.<\/p>\n\n\n\n<p>Qued\u00f3 all\u00ed, tendido, con los ojos hacia lo inescrutable.<\/p>\n\n\n\n<p>Sobre su vista palpitaba la inmensa ciudad de las estrellas. Su cabeza pesaba sobre la tierra; entrecerr\u00f3 los ojos y sinti\u00f3 su brazo hincharse, crecer desmesuradamente; luego sus piernas se iban agigantando y por ellas sent\u00eda fluir un rio caliente de interminable sangre.<\/p>\n\n\n\n<p>-\u00a1Buena noche! -son\u00f3 una voz, y el chas-chas de los pasos que se iban torciendo.<\/p>\n\n\n\n<p>&#8211; \u00a1All\u00ed va Jos\u00e9 el Isle\u00f1o!<\/p>\n\n\n\n<p>&#8211; \u00a1Buena noche! -rasg\u00f3 otra voz.<\/p>\n\n\n\n<p>&#8211; \u00a1All\u00ed va Eduvigis Bueno!<\/p>\n\n\n\n<p>Se iban viendo como manchas, hasta borrarse.<\/p>\n\n\n\n<p>Se levant\u00f3 para marcharse; deseaba correr y estar de un brinco metido en la cama, cubierto de cobijas y con una gran almohada sobre su rostro.<\/p>\n\n\n\n<p>-\u00bfGu\u00e1, chico, y qu\u00e9 horas son? -exclam\u00f3 lentamente la mujer.<\/p>\n\n\n\n<p>-Tarde, respondi\u00f3 comenzando a desnudarse.<\/p>\n\n\n\n<p>Sobre la repisa, la luz del candil ondulaba redondeando la forma de las cosas.<\/p>\n\n\n\n<p>-Y t\u00fa\u2026 \u00bfPor qu\u00e9 no est\u00e1s dorm\u00eda?\u2026<\/p>\n\n\n\n<p>Ella se revolvi\u00f3 entre los trapos, haciendo chirriar la madera del camastro.<\/p>\n\n\n\n<p>&#8211; \u00a1Gu\u00e1!\u2026<\/p>\n\n\n\n<p>Metido en la cama y rozando el tibio cuerpo de su mu-er, le embarg\u00f3 una sensaci\u00f3n vaga y oprimente en la nuca y como si los m\u00fasculos de los brazos y del t\u00f3rax se le fuesen encogiendo: un dulce calambre le cosquilleaba las pantorrillas, haci\u00e9ndole recoger las fr\u00edas y nudosas piernas. Sopl\u00f3 ruidosamente la luz y quedaron en una oscuridad vaporosa. Su brazo izquierdo pas\u00f3 bajo la cabeza de ella.<\/p>\n\n\n\n<p>-\u00bfPablo?<\/p>\n\n\n\n<p>El conten\u00eda el aliento; luego, con un esfuerzo casi doloroso: <\/p>\n\n\n\n<p>-Est\u00e1 la noche bonita, m&#8217;hija\u2026 Hay una estrellamentaz\u00f3n!\u2026<\/p>\n\n\n\n<p>La oprimi\u00f3 contra si. Josefa, al comienzo extra\u00f1ada, se fue contagiando de su estremecimiento.<\/p>\n\n\n\n<p>-\u00bfPablo? -volvi\u00f3 a decir, para entonces soltar en las tinieblas una risa convulsa.<\/p>\n\n\n\n<p>La madera cruji\u00f3.<\/p>\n\n\n\n<p>Afuera volv\u00eda a silbar el viento. El bosque se estremec\u00eda gozosamente.<\/p>\n\n\n\n<p>II<\/p>\n\n\n\n<p>Por la ma\u00f1ana entr\u00f3 con la voz de siempre: <\/p>\n\n\n\n<p>-\u00bfQui\u00e9s caf\u00e9?\u2026<\/p>\n\n\n\n<p>Se sacudi\u00f3 malhumorado, restreg\u00f3 su mano \u00e1spera por el rostro y tom\u00f3 la humeante taza, sin mirarla. Le agitaba una rabia inexplicable y sorda al presentir la fatua sonrisa de ella en la d\u00e9bil claridad.<\/p>\n\n\n\n<p>De pronto escupi\u00f3 rabiosamente, barbotando confusas palabras.<\/p>\n\n\n\n<p>-\u00bfQu\u00e9 fue?\u2026 \u00bfTienes hipo?\u2026<\/p>\n\n\n\n<p>Pero no respondi\u00f3; continu\u00f3 sorbiendo calmosamente el hirviente bebedizo y escupiendo a cada trago.<br>Ella estaba oprimida. Hubiese querido colarle de nuevo, pero no pod\u00eda iniciarlo: un nudo esponjoso le hinchaba la garganta. <\/p>\n\n\n\n<p>-\u00a1Este piazo de hombre! -rezongaba despu\u00e9s en la cocina, mientras soplaba a todo pulm\u00f3n los rojos tizones, el humo inundaba el aire, y de sus ojos comenzaron a deslizarse largas l\u00e1grimas silenciosas.<\/p>\n\n\n\n<p>-\u00a1Este piazo de hombre! -repet\u00eda, mientras recordaba con rencor la escena de la noche. \u00a1Pablo estuvo tan distinto!\u2026 Y despu\u00e9s, ahora\u2026 \u00a1el muy z\u00e1ngano!\u2026 parec\u00eda m\u00e1s bien asqueado\u2026 arrepentido\u2026<\/p>\n\n\n\n<p>-\u00a1Piazo e bicho!\u2026<\/p>\n\n\n\n<p>III<\/p>\n\n\n\n<p>Era una excepci\u00f3n en Altos de Pipe. All\u00ed los hombres aceptaban calladamente la vida tal como \u00e9sta viniera. Nac\u00edan y crec\u00edan entre el m\u00edsero conuco mal cultivado, tal como nacen y crecen las setas inm\u00f3viles entre la monta\u00f1a. Aceptaban la ti\u00f1a de la enfermedad y el desgajamiento de la injusticia; el largo verano y el aguacharnado invierno: del cielo pod\u00edan venir por meses enteros raudales de fuego o r\u00edos de agua. De la capital del Estado pod\u00edan lanzar un Jefe Civil pacifico o autoritario. La cosecha pod\u00eda ser espl\u00e9ndida o perderse. Para ellos era lo mismo.<\/p>\n\n\n\n<p>-Que si no se dio el mai\u2026 \u00a1Qu\u00e9 vamo hac\u00e9! -Que se perdi\u00f3 el frij\u00f3\u2026 \u00a1Qu\u00e9 vamo hac\u00e9!<\/p>\n\n\n\n<p>-Que no qui\u00e9 llov\u00e9\u2026 \u00a1Ya llover\u00e1!<\/p>\n\n\n\n<p>-Que no qui\u00e9 escamp\u00e1\u2026 \u00a1Ya escampar\u00e1!<\/p>\n\n\n\n<p>Guarate era distinto, no parec\u00eda de all\u00ed. Se hab\u00eda levantado luchando a pu\u00f1os contra la naturaleza; fracasaba aqu\u00ed y ensayaba all\u00e1, repet\u00eda su trabajo a golpes, obstinadamente.<\/p>\n\n\n\n<p>-\u00a1Maldita tierra! -exclamaba, mirando alrededor de las cosas con sus peque\u00f1os ojos rojizos.<\/p>\n\n\n\n<p>No tenia bastante plata y la semilla estaba por las nubes. Necesitaba semillas y brazos, porque as\u00ed como un solo \u00e1rbol no hace monta\u00f1a, Pablo Guarate solo no podr\u00eda con la cosecha. La idea sencilla y subyugante de la fuerza por la uni\u00f3n le parec\u00eda ahora espl\u00e9ndida y verdadera.<\/p>\n\n\n\n<p>Despu\u00e9s de muchos rodeos, hurgando maliciosamente por las callejuelas y los ranchos, logr\u00f3 reunir varias peque\u00f1as fortunas; para ello tuvo que vencer la moh\u00edna resistencia de sus paisanos.<\/p>\n\n\n\n<p>-Medias? Ni en los pies!-dec\u00edan por all\u00e1.<\/p>\n\n\n\n<p>Pablo logr\u00f3 convencerlos; Macario Rivas vendi\u00f3 su vaca parida Eduvigis Bueno realiz\u00f3 dos de sus tres ociosos burros. Pantale\u00f3n Carrasquel y Francisco Hern\u00e1ndez pod\u00edan castrar algunas colmenas.<\/p>\n\n\n\n<p>-\u00a1Pero no necesito plata no m\u00e1s! \u00a1Ustedes deben fajarse conmigo!<\/p>\n\n\n\n<p>A la hora de comprar la semilla el precio hab\u00eda subido; adem\u00e1s era necesario cubrir el flete desde Caracas. Pablo regres\u00f3 cabizbajo de la capital, con el sombrero metido hasta la nariz. <\/p>\n\n\n\n<p>-\u00a1Ah Josefa!<br>-\u00bfQui\u00e9s caf\u00e9? -respondi\u00f3 asom\u00e1ndose a la puerta de la cocina.<\/p>\n\n\n\n<p>-\u00a1Umj\u00fa!<\/p>\n\n\n\n<p>Y cuando ten\u00eda entre las maros la vicia taza, la mir\u00f3 por debajo del ala con sus ojillos rojos y escudri\u00f1adores.<\/p>\n\n\n\n<p>-\u00bfQui\u00e9n me podr\u00e1 emprest\u00e1 unos riales, Josefa? <\/p>\n\n\n\n<p>Pensativa, mir\u00f3 al suelo de tierra; la greda, bien barrida y apretada brillaba casi. As\u00ed qued\u00f3 por un instante sin dejar caer una palabra. Lentamente la carne p\u00e1lida y como transparente se le iba incendiando, le iba haciendo contraer la boca, torcer la nariz; por debajo de las negras crenchas de pelo resaltaban las orejas como la flor del bucare apunta en la garganta oscura de los cafetales.<\/p>\n\n\n\n<p>-Ah! \u00a1Ah! La muy z\u00e1ngana! -pensaba.<\/p>\n\n\n\n<p>Se complac\u00eda en notarla cada momento m\u00e1s confundida, m\u00e1s envuelta en su propia torpeza. Pero ella no resisti\u00f3 m\u00e1s y con la cabeza gacha se fue a la cocina. La sigui\u00f3, despacio, con el sobrero caldo sobre la cara.<\/p>\n\n\n\n<p>-\u00a1No! grit\u00f3 ahogadamente. -\u00a1Ah! De modo que\u2026<br>-Que no! \u00a1Que no! -repet\u00eda Josefa, con la mirada h\u00fameda y sec\u00e1ndose ambas manos en el delantal a cuadros, como si las tuviese llenas de agua.<\/p>\n\n\n\n<p>Cruz\u00f3 los brazos sobre el pecho. La vela con una extra\u00f1a sonrisa de maldad. \u00a1Ah! \u00a1La infeliz! La pobre diabla! Ten\u00eda quince a\u00f1os tirando centavos en aquella vieja alcanc\u00eda de barro negro, cuanta moneda cayera en su poder se la tragaba la boca angosta y torcida de la vasija. Eso era as\u00ed desde que se casaran \u00bfY para qu\u00e9?\u2026 \u00a1Maldita estampa!\u2026 \u00a1Para cuando viniera un hijo! \u00a1Ah! \u00a1Ah! \u00a1La muy mula! Su vientre enteco se los negaba del mismo modo que a \u00e9l se le negaba la est\u00fapida tierra\u2026 Y ahora, ella cre\u00eda que \u00e9l procuraba quitarle sus m\u00edseras lochas \u00a1\u00c9l! \u00c9l, implorando dinero a las mujeres para su trabajo!\u2026<\/p>\n\n\n\n<p>Una rabia temblorosa le crisp\u00f3 las venas de los brazos; la sangre se le agolpaba en ellos como hierro fundido.<\/p>\n\n\n\n<p>-\u00a1Que no! \u00a1Que no! -segu\u00eda hipando la mujer ante su calma amenazante.<\/p>\n\n\n\n<p>Estaba ciego; se lanz\u00f3 contra su voz y sinti\u00f3 hundirse dos, tres veces sus pu\u00f1os de hierro. Algo as\u00ed como un bojote de trapos se descolg\u00f3 fl\u00e1cidamente en el rinc\u00f3n.<\/p>\n\n\n\n<p>IV<\/p>\n\n\n\n<p>No ten\u00eda bueyes. Los surcos sal\u00edan de los golpes chiasqueantes de la escardiila para irse alineando curvadamente en la falda ampulosa. Los hombres se doblaban de sol a sol. El aire era l\u00edmpido, pero acre, y el calor hacia crujir los \u00e1rboles.<\/p>\n\n\n\n<p>A horcajadas sobre su escardilla, encuclillado, Pablo vela desfilar los hombres en la rojiza puesta de sol. Pasando junto a \u00e9l le dec\u00edan algunas palabras sudorosas:<\/p>\n\n\n\n<p>-Ya va a est\u00e1 el mandao, Pablo.<\/p>\n\n\n\n<p>Concluidos los surcos y depositada la semilla ya no hab\u00eda m\u00e1s que hacer.<\/p>\n\n\n\n<p>-Aura que llueva con juerza!<\/p>\n\n\n\n<p>Pero el cielo estaba m\u00e1s limpio, ya las nubecillas regordetas parec\u00edan navegar hacia otra parte, evadirse. Hasta que ya no se vieron m\u00e1s. La altura lucia con una malvada y serena belleza. <\/p>\n\n\n\n<p>De tarde en tarde, aparec\u00eda alguno de ellos. A veces era Eduvigis Bueno, a veces Macario Rivas. Ven\u00edan del pueblo canturreandito, como si su presencia pudiese arrastrar la lluvia. Despu\u00e9s, regresaban pesadamente, llevando a cuestas la desesperanza.<\/p>\n\n\n\n<p>Desde el comienzo de los trabajos Pablo no hab\u00eda vuelto al pueblo, la imagen de Josefa lo torturaba desde que el d\u00eda amanec\u00eda hasta muy entrada la noche, cuando, pese al cansancio brutal, sus ojos se entornaban pesadamente, despu\u00e9s de largas horas llenas de arrepentimiento.<\/p>\n\n\n\n<p>Menos mal que Luis Pe\u00f1a quiso tambi\u00e9n asociarse, si no con dinero, al menos con su trabajo. Y Luis -quien llamaba a todo el mundo C\u00e1mara, y asimismo le dec\u00edan a \u00e9l -era un pedazo de pan, un alma de Dios. Tenia un aire envejecido por su cabeza blanca en canas, pero apenas frisaba en los cuarenta, era robusto y \u00e1gil y su mujer par\u00eda anualmente hermosas criaturas.<\/p>\n\n\n\n<p>El C\u00e1mara Luis, sin ninguna clase de ambages, decidi\u00f3 acompa\u00f1arlo en el solitario caney de la siembra; vigilaba al amigo y escudri\u00f1aba hacia lo alto buscando alguna se\u00f1al que anunciase el invierno.<\/p>\n\n\n\n<p>No le pod\u00eda nombrar a Josefa, no quer\u00eda saber nada de ella, rechaz\u00f3 la comida que le enviara pensando que quiz\u00e1 tendr\u00eda vidrio molido, y como aqu\u00e9lla insist\u00eda en despach\u00e1rsela, el C\u00e1mara le mand\u00f3 a decir:<\/p>\n\n\n\n<p>-A la comadre, que no se preocupe\u2026 que yo mando a busca pa los dos. <\/p>\n\n\n\n<p>Y agreg\u00f3:<\/p>\n\n\n\n<p>-Digale que el hombre est\u00e1 encaprichao\u2026 que tenga pasensia\u2026<\/p>\n\n\n\n<p>Por lo dem\u00e1s, Guarate lucia cada d\u00eda peor. Ya dormido, le asaltaban horribles pesadillas. A medianoche se tiraba de la hamaca, semidesnudo, viendo langostas gigantescas que devastaban los campos; a veces era el cielo que se abr\u00eda por una gran herida de donde escapaba una redonda catarata que perforaba la tierra, hasta descubrir los dientes cariados de las rocas. Noches hab\u00eda en que la siembra negra y ardorosa se convert\u00eda a sus ojos en monta\u00f1as de ceniza caliente.<\/p>\n\n\n\n<p>-C\u00e1mara! C\u00e1mara! -le amonestaba reposadamente la voz de Luis Pe\u00f1a desde su camastro de troje.<\/p>\n\n\n\n<p>Y \u00e9l volv\u00eda inconsciente a envolverse en su hamaca, respirando fatigosamente, con un temblor en todo los miembros. <\/p>\n\n\n\n<p>Las visitas de Eduvigis y Macario eran ahora m\u00e1s penosas; ya no pod\u00edan disimular la ansiedad. Eduvigis escup\u00eda su mascada de tabaco, miraba como por ociosidad hacia arriba y se acomodaba en el suelo, con la cabeza sobre las rodillas dobladas.<\/p>\n\n\n\n<p>-Y naita que llueve -murmuraba Macario.<\/p>\n\n\n\n<p>-\u00a1Puede que ma\u00f1ana, C\u00e1mara!-dec\u00eda suavemente Luis. <\/p>\n\n\n\n<p>Aquello exasperaba m\u00e1s a Pablo. Al recuerdo de Josefa golpeada se aunaba ahora la cara melanc\u00f3lica de los hombres temerosos; sent\u00eda por ellos l\u00e1stima y odio. A cada palabra tristona le provocaba brincarles al cuello y hacerles saltar la lengua. Otras veces\u2026 quer\u00eda pedirles perd\u00f3n. O que le escupiesen la cara.<\/p>\n\n\n\n<p>El C\u00e1mara le contemplaba desconfiadamente, mientras murmuraba, muy bajo, como si Pablo pudiese o\u00edrlo:<\/p>\n\n\n\n<p>San Isidro labra labra\u2026<br>quita el sol y pon el agua,<br>San Isidro labra-labra\u2026<\/p>\n\n\n\n<p>Rastreando escapaba al zanj\u00f3n con algo entre los brazos; abrigado entre pe\u00f1ones pon\u00eda su plato de peltre, luego lo llenaba de agua- el esp\u00edritu bueno del agua &#8211; y en el centro prend\u00eda una vela. Cuando la esperma se acabase, flotar\u00eda el fuego sobre el esp\u00edritu del agua.<\/p>\n\n\n\n<p>San Isidro labra-labra\u2026<\/p>\n\n\n\n<p>V<\/p>\n\n\n\n<p>Al filo de doce se ergu\u00eda en medio de los surcos, alzaba la cara hacia el torrente de fuego y sosten\u00eda abiertos los ojos hasta que cegaban. Por las noches iba al mismo sitio, ech\u00e1base en el suelo y pon\u00eda el o\u00eddo contra el vientre afiebrado de la tierra.<\/p>\n\n\n\n<p>-Oigo una voz\u2026<\/p>\n\n\n\n<p>-\u00bfPero C\u00e1mara, qu\u00e9 \u00abp\u00e1jaro\u00bb es \u00e9se?\u2026<\/p>\n\n\n\n<p>La noche era seca e insufrible, ante la mirada inm\u00f3vil de las estrellas la materia org\u00e1nica parec\u00eda fugarse. Ya ni el viento se atrev\u00eda a hollar con sus blandas pisadas la ruta de los espacios. Ya ni el grito de las lechuzas pon\u00eda su calofr\u00edo agorero sobre el silencio. Ya ni los grillos. Ya ni el borocot\u00f3. Ya ni la culebra latigueaba su paso onduloso entre la hojarasca. Ni los cocuyos prend\u00edan su fosforito verde. Ni las ranas. su canto baboso. Ni el vuelo aplomado del aguaitacamino. Ni el pito seco de la ara\u00f1a mona. Ni el quejido son\u00e1mbulo de los araguatos.<\/p>\n\n\n\n<p>-\u00a1Ya ni Dios! \u00a1Ya ni Dios! -grit\u00f3 de repente saltando de la hamaca. Tom\u00f3 sus pantalones. Sus alpargatas. Se meti\u00f3 a empajones el saco de dril.<\/p>\n\n\n\n<p>-Camara! Camara!<\/p>\n\n\n\n<p>Y \u00e9l repuso, entrecortadamente::<\/p>\n\n\n\n<p>-No o\u00edste, C\u00e1mara? Por la ca\u00f1ada se viene una voz! No la escuchaste, C\u00e1mara?<\/p>\n\n\n\n<p>Lais sac\u00f3 sus piernas velludas y tante\u00f3 el suelo. Tambi\u00e9n te iba a poner sus pantalones, pero le vio salir y correr; sin pensarlo se ech\u00f3 detr\u00e1s, d\u00e1ndole voces, con sus ropas bajo el brazo.<\/p>\n\n\n\n<p>-Aguardese, C\u00e1mara!<\/p>\n\n\n\n<p>Pero la sombra borrosa del otro se alejaba cada vez m\u00e1s. El C\u00e1mara afincaba con m\u00e1s coraje sus pies descalzos. As\u00ed treparon la cuesta de Guareguare hasta que el jadear de entrambos se fue acercando. <\/p>\n\n\n\n<p>La noche estaba r\u00edgida. Las estrellas clavadas. S\u00f3lo aquellas pisadas cerro arriba retumbaban sobre el mundo.<br>-Tras, tras, tras, tras, tras, tras\u2026<\/p>\n\n\n\n<p>Ya sent\u00edan las piernas como trapos.<\/p>\n\n\n\n<p>Al fin Luis percibi\u00f3 muy cerca la respiraci\u00f3n fatigosa, no ve\u00eda claro, el cansancio, quiz\u00e1, le mermaba la vista. Penetraron en las calles del pueblo dormido; ya no era sino un remedo de carrera y ambos se ve\u00edan desfallecidos, tropezando con las piedras y baches del camino.<\/p>\n\n\n\n<p>Luis iba sigui\u00e9ndole, y a medida que se acercaban a la casa, su pecho se oprim\u00eda m\u00e1s y m\u00e1s, como si fuera a desprend\u00e9rsele. Contra la puerta carcomida dio Pablo tres pu\u00f1etazos. Esper\u00f3 unos segundos y volvi\u00f3 a repicar con angustia. De s\u00fabito chirri\u00f3 la llave, se abri\u00f3 una hoja y apareci\u00f3 la cara de Josefa.<\/p>\n\n\n\n<p>El C\u00e1mara, detr\u00e1s de Pablo, le situ\u00f3 de lado y lado sus nervudos brazos.<\/p>\n\n\n\n<p>-\u00bfQu\u00e9 es lo que pasa? -murmur\u00f3 la mujer.<\/p>\n\n\n\n<p>Pablo estuvo un momento indeciso, como para decir alguna cosa que hab\u00eda olvidado, como para hacer algo pensado de antemano. Gir\u00f3 sobre sus pies buscando el banquito de tablas que hab\u00eda en el corredor y se sent\u00f3 sin decir una palabra.<\/p>\n\n\n\n<p>El C\u00e1mara esperaba en suspenso.<\/p>\n\n\n\n<p>-Cre\u00ed que te hab\u00eda pasado algo &#8211; agreg\u00f3 ella y sali\u00f3 afuera. Luis se dej\u00f3 resbalar hasta el suelo.<\/p>\n\n\n\n<p>Josefa se llev\u00f3 las manos a la espalda, y se apoy\u00f3 en ellas contra el parral de vera. Los ojos de Pablo y los de Luis recorrieron al mismo tiempo aquella curva blanca que hab\u00eda en la ropa de Josefa. <\/p>\n\n\n\n<p>-Jo\u2026 sefa\u2026 Jo\u2026<\/p>\n\n\n\n<p>Ella se toc\u00f3 instintivamente. Quedaron as\u00ed mucho tiempo, sin que ninguno dijera nada. A lo lejos, se oy\u00f3 el ladrido de un perro volcarse en la noche.<\/p>\n\n\n\n<p>Aquella claridad inm\u00f3vil hab\u00eda desaparecido; en el patio un cocuyo encendi\u00f3 su fosforito verde.<br>Josefa volvi\u00f3 al cuarto y regres\u00f3. En las manos tra\u00eda la alcanc\u00eda de barro negro.<\/p>\n\n\n\n<p>-Yo quisiera -musit\u00f3 d\u00e9bilmente-que t\u00fa mesmo, Pablo, la rompieras\u2026<\/p>\n\n\n\n<p>Y agreg\u00f3, ante la mirada at\u00f3nita, con una gran verg\u00fcenza: <\/p>\n\n\n\n<p>-Tengo que di a compr\u00e1 unos coroticos!\u2026<\/p>\n\n\n\n<p>Pablo tom\u00f3 la cosa entre sus manos y haciendo un esfuerzo la dej\u00f3 caer. Un ruido de plata y n\u00edquel se derramo alegremente.<\/p>\n\n\n\n<p>El C\u00e1mara, mientras cubr\u00eda azorado sus piernas desnudas, exclam\u00f3 muy despacio, meneando la cabeza:<\/p>\n\n\n\n<p>-Ca&#8230; ram&#8230; ba C\u00e1\u2026 ma ra\u2026<\/p>\n\n\n\n<p>Volvieron a quedar en silencio. Josefa estaba de pie, con su bata larga y blanca. <\/p>\n\n\n\n<p>En eso se oy\u00f3 como el caer de una fruta pesada. Luego otra. Y otra. <\/p>\n\n\n\n<p>El viento silb\u00f3 hondamente. Comenz\u00f3 a llover furiosamente. Rabiosamente.<\/p>\n\n\n\n<p>Era como si la alcanc\u00eda del cielo se estrellase contra la tierra.<\/p>\n\n\n\n<h4 class=\"wp-block-heading has-text-align-right\"><a href=\"https:\/\/eldienteroto.org\/wp49\/raul-valera\/\" target=\"_blank\" rel=\"noreferrer noopener\">Sobre el autor<\/a><\/h4>\n\n\n\n<h6 class=\"wp-block-heading\">Foto: https:\/\/camaradecaracas.com<\/h6>\n","protected":false},"excerpt":{"rendered":"<p>Ma\u00f1ana s\u00ed ser\u00e1 Las casas del camino pasaban por las ventanillas y quedaban atr\u00e1s con sus corredores entejados. El pavimento ten\u00eda alfombra de \u00e1rboles dormidos bajo el sol. Por el otro lado deslizaba la cicatriz rojiza de la carretera. 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