{"id":17622,"date":"2025-10-22T14:22:34","date_gmt":"2025-10-22T18:52:34","guid":{"rendered":"https:\/\/eldienteroto.org\/wp49\/?p=17622"},"modified":"2025-10-22T14:25:05","modified_gmt":"2025-10-22T18:55:05","slug":"la-lluvia-inconclusa","status":"publish","type":"post","link":"https:\/\/eldienteroto.org\/wp49\/la-lluvia-inconclusa\/","title":{"rendered":"La lluvia inconclusa"},"content":{"rendered":"\n<h4 class=\"wp-block-heading has-text-align-right\">Jos\u00e9 Napole\u00f3n Oropeza<\/h4>\n\n\n\n<p>I<\/p>\n\n\n\n<p>Aturdido y somnoliento, luego de aquella interminable traves\u00eda durante la cual apenas si logr\u00f3 dormir un rato, Anton\u00e9, abri\u00e9ndose paso entre los pasajeros -ansiosos por ser cada uno el primero en salir- despu\u00e9s de recoger las pertenencias y de atravesar lentamente el estrecho pasillo con el bolso de viaje sujeto entre sus manos, se prepar\u00f3 para descender del autob\u00fas.<\/p>\n\n\n\n<p>Tras algunos tropiezos y empujones, subi\u00f3 por una rampa que, seguramente, llevar\u00eda a la salida de la terminal. Luego de ascenderla, cuando se dispon\u00eda a buscar el pasillo que lo encaminase hacia la calle, palp\u00f3 el bolsillo izquierdo de su pantal\u00f3n y pens\u00f3 que hab\u00eda dejado la cartera en el asiento: se propuso entonces volver al autob\u00fas.<\/p>\n\n\n\n<p>Al desandar sus pasos, sinti\u00f3 gran alivio: record\u00f3 haber guardado la billetera en el compartimiento m\u00e1s peque\u00f1o de su bolso de viaje. Sin correr el cierre, pas\u00f3 su mano por el bolso y tante\u00f3 la abultada cartera. Luego de advertir, nuevamente, que su amigo Efr\u00e9n no aguardaba por \u00e9l en ninguno de los andenes, decidi\u00f3 salir.<\/p>\n\n\n\n<p>Ascendi\u00f3 por otra rampa que el colector del autob\u00fas le recomend\u00f3 tomar si quer\u00eda ganar la calle con mayor rapidez. Al final de uno de los pasillos malolientes, atisb\u00f3 la salida. Junto a Anton\u00e9, decenas de personas buscaban la salida hacia la calle, mientras otras entraban a la terminal de pasajeros de Canagu\u00e1. Una muchedumbre se dirig\u00eda a las paradas de autobuses y camionetas que se desplazaban hacia diferentes rutas de la poblaci\u00f3n: Canagu\u00e1 se hab\u00eda transformado en una gran ciudad, pens\u00f3 Anton\u00e9, cuando, entre tropiezos y empujones de las personas que pugnaban por escapar del tumulto y respirar, pudo, al final, contemplar la hermosa avenida repleta de veh\u00edculos y de gente que caminaba por ella, o la atravesaba en busca de distintas rutas.<\/p>\n\n\n\n<p>Mientras luchaba por terminar de salir hacia la avenida, mantuvo sus ojos fijos en los rostros de algunos muchachos que entraban o sal\u00edan de la terminal. Tras una gorra, Efr\u00e9n ocultar\u00eda su cara, jugando al escondite de la misma forma como -a\u00f1os atr\u00e1s- lo hac\u00eda con sus hermanos y, de pronto, reaparec\u00eda detr\u00e1s de un sam\u00e1n. \u00bfRecordaba esto o lo inventaba? La noche anterior, Efr\u00e9n le pidi\u00f3 que le avisara cuando estuviese a punto de llegar a Canagu\u00e1, pero, por m\u00e1s que lo intent\u00f3, no consigui\u00f3 hacerlo. Efr\u00e9n se reir\u00eda cuando le contase, no solo de los repetidos intentos por lograr el milagro de la comunicaci\u00f3n, sino, tambi\u00e9n, de que, tras el intento de conversar con \u00e9l, se descarg\u00f3 la bater\u00eda de su tel\u00e9fono. Mientras Anton\u00e9 marcaba el n\u00famero, una parvada de p\u00e1jaros se mantuvo volando alrededor del autob\u00fas. Deseoso de extasiarse con la visi\u00f3n de aquellos p\u00e1jaros, dej\u00f3 de marcar el n\u00famero de Efr\u00e9n.<\/p>\n\n\n\n<p>Ya en la calle, empez\u00f3 a reconocer algunos pormenores familiares. La casa donde oper\u00f3 la Oficina de Tel\u00e9grafos, aunque vieja, a punto de desplomarse, continuaba ah\u00ed. Frente a la entrada de la terminal donde, durante muchos a\u00f1os, se erigi\u00f3 un hermoso sam\u00e1n, cuyo amplio ramaje atravesaba totalmente la avenida Sucre, se alzaba, ahora, una imponente pasarela. El viejo kiosco de la venta de peri\u00f3dicos y chucher\u00edas -aunque algo descascarado, sin el azul intenso de a\u00f1os antes, ahora atendido por un hombre joven y fornido que miraba a Anton\u00e9, acaso pensando si lo conoc\u00eda, continuaba, a\u00fan, en el sitio de siempre.<\/p>\n\n\n\n<p>Luego de observar al joven por unos segundos, sin que Anton\u00e9 le diese importancia al detalle de si el joven lo mirase o no, el kiosquero continu\u00f3 absorto en su tarea de recibir dinero y dar el vuelto a sus clientes. Pero, tan pronto despachaba a un cliente y quedaba solo -mientras fing\u00eda acomodar libros y revistas- el joven continuaba mir\u00e1ndolo. Un tanto ansioso, Anton\u00e9 opt\u00f3 por sentarse en el banco situado entre las dos puertas de acceso a la terminal. El viejo banco de concreto, aunque presentase escoriaciones y p\u00e9rdida de pintura, y exhibiese en el asiento algunas grietas, todav\u00eda servir\u00eda para sentarse en \u00e9l y, desde all\u00ed, divisar todo el movimiento de la gente en la calle. Cuando se cansase de estar parado, lo ocupar\u00eda las veces que fuese necesario. Solo as\u00ed aliviar\u00eda la fatiga y la ansiedad.<\/p>\n\n\n\n<p>Efr\u00e9n, tambi\u00e9n nacido en Canagu\u00e1, amaba las calles empedradas del pueblo de anta\u00f1o, su r\u00edo, sus plazas, sus monta\u00f1as; palmo a palmo, conoc\u00eda, como nadie, a Canagu\u00e1. Aunque le hab\u00eda propuesto a Anton\u00e9 reunirse en un hotel llamado Curbat\u00ed que \u00e9l mismo reservar\u00eda un d\u00eda antes de la llegada de su amigo, no terminaba de aparecer por ning\u00fan lado. Quiz\u00e1 se mantuviese escondido detr\u00e1s de otro robusto sam\u00e1n alzado junto al kiosco, o acaso el mismo de antes, resembrado a escasos metros del banco donde Anton\u00e9 aguardaba por \u00e9l, sent\u00e1ndose y levant\u00e1ndose del banco, en busca de alguna explicaci\u00f3n a la inesperada demora de su amigo. <\/p>\n\n\n\n<p>Sin dejar de pensar en las posibles causas del retraso de Efr\u00e9n, no dejaba de mirar hacia el lado derecho de la calle, ni hacia el frente, donde se alzaba la enorme estructura de hierro forjado, igualmente pintada de rojo, como lo habr\u00edan hecho con los porrones, las vallas, las paredes de edificios p\u00fablicos quienes ten\u00edan unos cuantos a\u00f1os gobernando el pa\u00eds, en nombre de una \u00abrevoluci\u00f3n\u00bb fundamentada en la man\u00eda de te\u00f1ir de rojo todos los edificios p\u00fablicos a lo largo del pa\u00eds, e inventar nombres a misiones supuestamente orientadas a exterminar la pobreza. \u00bfPor qu\u00e9 pintar de color rojo aquella pasarela que, adem\u00e1s de bella, cumpl\u00eda un beneficio a los usuarios? Por unos segundos, ignor\u00f3 ese detalle. Poco le importaba el color, si a trav\u00e9s de la pasarela alguien terminase de bajar, apurando sus pasos hacia la terminal. Rechaz\u00f3 la idea de mirar el reloj. Un calor h\u00famedo empezaba a arreciar. Sudaba. No quer\u00eda sentirse ansioso; tampoco buscar refugio en algo distinto a aferrarse a la creencia de que Efr\u00e9n estar\u00eda por arribar y que, en pocos segundos, tendr\u00eda a su amigo frente a \u00e9l. Ya reposados, Anton\u00e9 empezar\u00eda a contarle los pormenores de su llegada al sitio, seguido de esa parvada de p\u00e1jaros, imaginada como fant\u00e1stica escolta enviada por \u00e9l. Se reir\u00edan tras su ocurrencia\u2026 Volviste a observar la pasarela. Tuviste la ilusi\u00f3n de haber visto a un p\u00e1jaro volando frente a ella y a alguien, parecido a Efr\u00e9n, entrando a la terminal vistiendo no una franela, sino una camisa de distintos colores.<\/p>\n\n\n\n<p>Se hab\u00eda equivocado otra vez. Simplemente, era otro muchacho de ademanes y porte semejantes a los de su amigo. Pero sus cabellos luc\u00edan m\u00e1s oscuros. Ten\u00eda ojos bellos; sin embargo, no tan luminosos como los de Efr\u00e9n. Durante unos segundos, el muchacho se qued\u00f3 observando a Anton\u00e9, acaso pregunt\u00e1ndose si lo conoc\u00eda. Anton\u00e9 volvi\u00f3 a mirar al joven que atend\u00eda el kiosco. Como ese joven, el muchacho que caminaba hacia la terminal pareci\u00f3 detenerse ante \u00e9l, luego de sonre\u00edr. O, por lo menos, eso imagin\u00f3 Anton\u00e9 cada vez m\u00e1s inquieto. El joven no le habl\u00f3. Pero, por unos segundos, se detuvo frente a \u00e9l, quien, con una sonrisa, respondi\u00f3 al gesto de aquel desconocido. Luego, sin pronunciar una palabra, el mancebo prosigui\u00f3 su camino hacia la terminal.<\/p>\n\n\n\n<p>De pronto, Anton\u00e9 se sinti\u00f3 impulsado a entrar, nuevamente, y buscar al muchacho en uno de los pasillos de la terminal. \u00bfEl mancebo que reci\u00e9n entr\u00f3 all\u00ed ser\u00eda alguno de los dos hermanos de Efr\u00e9n? Pens\u00f3 que aquel muchacho -por la manera de detenerse ante \u00e9l- hab\u00eda querido decirle algo. \u00bfSe tratar\u00eda de alg\u00fan mensajero de su amigo, como antes pens\u00f3? Sus ademanes y su rostro le recordaban bastante a los de Efr\u00e9n. Sobre todo, por su manera de agitar los brazos mientras parec\u00eda avanzar hacia Anton\u00e9. Pero, al tenerlo frente a \u00e9l, Anton\u00e9 comprob\u00f3 que no se trataba de su amigo. Algo ansioso, volvi\u00f3 a marcar el n\u00famero de tel\u00e9fono de Efr\u00e9n. Dej\u00f3 que el tel\u00e9fono repicara. Pero no respondi\u00f3.<\/p>\n\n\n\n<p>Se hab\u00eda hecho la idea de que su amigo ser\u00eda puntual en llegar al encuentro, considerando que Anton\u00e9 habr\u00eda realizado un viaje nocturno, desde Guanare a Canagu\u00e1. Por mucho que Anton\u00e9 divagase y tratara de intuir a qu\u00e9 se deb\u00eda el retraso en acudir al encuentro del cual hab\u00edan hablado largamente dos noches atr\u00e1s, acordando qu\u00e9 lecturas efectuar\u00edan cuando estuviesen juntos-aunque Anton\u00e9, algunas veces, se reservase el tema o la lectura a discutir en cada encuentro y escond\u00eda alg\u00fan libro, deseoso de provocar en Efr\u00e9n, tras ese juego, la intriga y la curiosidad- no consegu\u00eda explicaci\u00f3n a la tardanza de su amigo en acudir a la cita. Esta vez, a pesar de que ambos sab\u00edan que el rato y las horas compartidas se prolongar\u00edan durante d\u00edas, no lograba una respuesta a la inexplicable tardanza de Efr\u00e9n, ni mucho menos calmar su ansiedad y la desaz\u00f3n que pretendi\u00f3 ignorar, revisando algunas notas en una vieja agenda.<\/p>\n\n\n\n<p>Quiz\u00e1 Efr\u00e9n habr\u00eda tenido alg\u00fan inconveniente surgido a \u00faltima hora. O tal vez su prolongada demora se deb\u00eda a alg\u00fan compromiso con sus estudios. Seguramente, habr\u00eda salido de Canagu\u00e1 a efectuar alguna diligencia en la universidad y no habr\u00eda tenido tiempo de avisar a su amigo. \u00bfAcaso aguardase por \u00e9l en La Flor del Patio, un cafet\u00edn situado en la avenida Bol\u00edvar de Guanare frecuentado por ambos en aquellos d\u00edas, casi desde que ocurri\u00f3 el primer encuentro en el cual se conocieron, o se reconocieron, como viejos amigos? \u00bfHabr\u00eda olvidado Efr\u00e9n el sitio del encuentro y se encontraba en Guanare y no, precisa- mente, en Canagu\u00e1?<\/p>\n\n\n\n<p>Tal vez anduviera de nuevo en compa\u00f1\u00eda de Isra, uno de sus amigos, aun cuando Efr\u00e9n le hubiese dicho que, nunca, jam\u00e1s, saldr\u00eda con \u00e9l a cometer peque\u00f1as o grandes fechor\u00edas en busca de un dinero f\u00e1cil para cubrir sus gastos. No conoci\u00f3 a Isra, ni tampoco a los muchachos de la pandilla que comand\u00f3 este hasta pocos d\u00edas antes de su asesinato a manos de la polic\u00eda, seg\u00fan le hab\u00eda contado Efr\u00e9n. Entonces, tras ese hecho funesto, Anton\u00e9 insisti\u00f3 en proponer a Efr\u00e9n narrar -entre ambos-las andanzas de Isra y estructurar un relato que fundir\u00edan en la novela que ser\u00eda bocetada en el siguiente encuentro.<\/p>\n\n\n\n<p>Mientras avanzaran en la escritura de los fragmentos a ser imbricados dentro de la novela concebida por Anton\u00e9 bajo el t\u00edtulo de La lluvia inconclusa, \u00e9l mismo ir\u00eda almacenando los correos que ambos hab\u00edan empezado a intercambiarse al d\u00eda siguiente de haberse conocido. De all\u00ed extraer\u00edan las ideas e im\u00e1genes forjadoras de un pozo imaginario, en un intento por preservar la memoria de una amistad fundamentada en el amor y la devoci\u00f3n por la creaci\u00f3n literaria. Pero, tambi\u00e9n, en la necesidad de pasar juntos prolongados momentos, caminando en un parque, a orillas de un r\u00edo, al pie de una monta\u00f1a, o en un cuarto donde se desbordar\u00eda la pasi\u00f3n que sent\u00eda el uno por el otro: el deseo de ir m\u00e1s all\u00e1 de la comuni\u00f3n a trav\u00e9s de cartas y correos electr\u00f3nicos. Tal vez con esas cartas uno de los dos tan solo buscase el aplazamiento de un futuro encuentro, una uni\u00f3n definitiva, tras la cual no hubiese necesidad de escribir, ni de recibir correos, sino de fundir un alma con la otra.<\/p>\n\n\n\n<h4 class=\"wp-block-heading has-text-align-right\"><a rel=\"noreferrer noopener\" href=\"https:\/\/eldienteroto.org\/wp49\/jose-napoleon-oropeza\/\" target=\"_blank\">Sobre el autor<\/a><\/h4>\n\n\n\n<h6 class=\"wp-block-heading\">Si deseas continuar la lectura de esta obra, puedes adquirirla v\u00eda Amazon haciendo clic <a href=\"https:\/\/www.amazon.com\/-\/es\/lluvia-inconclusa-Spanish-Napole%C3%B3n-Oropeza\/dp\/9801831308\" target=\"_blank\" rel=\"noreferrer noopener\">aqu\u00ed<\/a><\/h6>\n","protected":false},"excerpt":{"rendered":"<p>Jos\u00e9 Napole\u00f3n Oropeza I Aturdido y somnoliento, luego de aquella interminable traves\u00eda durante la cual apenas si logr\u00f3 dormir un rato, Anton\u00e9, abri\u00e9ndose paso entre los pasajeros -ansiosos por ser cada uno el primero en salir- despu\u00e9s de recoger las pertenencias y de atravesar lentamente el estrecho pasillo con el bolso de viaje sujeto entre [&hellip;]<\/p>\n","protected":false},"author":6,"featured_media":17623,"comment_status":"open","ping_status":"closed","sticky":false,"template":"","format":"standard","meta":{"_monsterinsights_skip_tracking":false,"_monsterinsights_sitenote_active":false,"_monsterinsights_sitenote_note":"","_monsterinsights_sitenote_category":0,"footnotes":""},"categories":[15],"tags":[],"_links":{"self":[{"href":"https:\/\/eldienteroto.org\/wp49\/wp-json\/wp\/v2\/posts\/17622"}],"collection":[{"href":"https:\/\/eldienteroto.org\/wp49\/wp-json\/wp\/v2\/posts"}],"about":[{"href":"https:\/\/eldienteroto.org\/wp49\/wp-json\/wp\/v2\/types\/post"}],"author":[{"embeddable":true,"href":"https:\/\/eldienteroto.org\/wp49\/wp-json\/wp\/v2\/users\/6"}],"replies":[{"embeddable":true,"href":"https:\/\/eldienteroto.org\/wp49\/wp-json\/wp\/v2\/comments?post=17622"}],"version-history":[{"count":2,"href":"https:\/\/eldienteroto.org\/wp49\/wp-json\/wp\/v2\/posts\/17622\/revisions"}],"predecessor-version":[{"id":17626,"href":"https:\/\/eldienteroto.org\/wp49\/wp-json\/wp\/v2\/posts\/17622\/revisions\/17626"}],"wp:featuredmedia":[{"embeddable":true,"href":"https:\/\/eldienteroto.org\/wp49\/wp-json\/wp\/v2\/media\/17623"}],"wp:attachment":[{"href":"https:\/\/eldienteroto.org\/wp49\/wp-json\/wp\/v2\/media?parent=17622"}],"wp:term":[{"taxonomy":"category","embeddable":true,"href":"https:\/\/eldienteroto.org\/wp49\/wp-json\/wp\/v2\/categories?post=17622"},{"taxonomy":"post_tag","embeddable":true,"href":"https:\/\/eldienteroto.org\/wp49\/wp-json\/wp\/v2\/tags?post=17622"}],"curies":[{"name":"wp","href":"https:\/\/api.w.org\/{rel}","templated":true}]}}