{"id":17533,"date":"2025-10-10T10:14:13","date_gmt":"2025-10-10T14:44:13","guid":{"rendered":"https:\/\/eldienteroto.org\/wp49\/?p=17533"},"modified":"2025-10-18T13:55:24","modified_gmt":"2025-10-18T18:25:24","slug":"narrativa-del-petroleo-evidencias-y-acuerdos","status":"publish","type":"post","link":"https:\/\/eldienteroto.org\/wp49\/narrativa-del-petroleo-evidencias-y-acuerdos\/","title":{"rendered":"Narrativa del petr\u00f3leo: evidencias y acuerdos"},"content":{"rendered":"\n<h4 class=\"wp-block-heading has-text-align-right\">Miguel \u00c1ngel Campos<\/h4>\n\n\n\n<p>Vista en perspectiva, la significaci\u00f3n del libro de Gustavo Luis Carrera, <em>La novela del petr\u00f3leo en Venezuela<\/em> (1972), tiene todo el peso de una frontera, de un l\u00edmite definido en la indagaci\u00f3n de un tema hasta hoy pleno de equ\u00edvocos, ausencias y malentendidos. Encarado con conciencia de estas dolencias, el estudio \u2013como un prospecto de la mea culpa mostrada desde la escritura ensay\u00edstica, para s\u00ed misma y, sobre todo, frente al hacer de narradores y narrativa\u2013, ense\u00f1a lo que falta y hasta d\u00f3nde ha llegado lo acometido. No de manera gratuita se empieza por el inventario, cat\u00e1logo de esfuerzos anotados con esmero de quien no desea dejar nada por fuera, de quien pretende rastrear la presencia de un cap\u00edtulo, un p\u00e1rrafo, una menci\u00f3n del tema cuya identidad se procura fijar. Asegurarse de la extensi\u00f3n de un desgano, ser exhaustivo para ser justo. Buscador de hongos en la campi\u00f1a declarada apta, la primera constataci\u00f3n del autor es la relativa escasez de ejemplares y especies, aunque parece una fecha avanzada para su verificaci\u00f3n. \u00c9sta resulta la afirmaci\u00f3n de una constante: antes y despu\u00e9s la anomal\u00eda ha estado all\u00ed, poqu\u00edsimas p\u00e1ginas y apenas vi\u00f1etas en la \u00e9poca inicial, no m\u00e1s de uno o dos libros durante el desarrollo y la clara reticencia en la consolidaci\u00f3n.Y esto no es m\u00e1s que ejercicio estad\u00edstico, pero sirve para revelar la simpleza y aun el desd\u00e9n de una cultura por su mayor fuerza configuradora. Es una de aquellas \u201ccategor\u00edas ausentes\u201d se\u00f1aladas por Antonio L\u00f3pez Ortega en una reuni\u00f3n de omisiones, y en este caso particular sirve para diagnosticar al pa\u00eds indolente con su propia experiencia.<\/p>\n\n\n\n<p>La novedad y extra\u00f1eza de lo petrolero, respecto a otros conflictos m\u00e1s dolidos y anclados en los intereses sociales del escritor, parecen explicar ese estatuto; pero no basta, y declarativamente se afirma: \u201c\u2026es evidente que hay razones m\u00e1s poderosas para explicar esa ausencia respecto a una circunstancia que si bien no es remota, ya cuenta con una historia extensa\u201d. Pareciera \u00e9sta una voluntad sancionadora, nos previene de pesquisas de elementos diferentes a aquellos que lucen en primer plano. Una pregunta adicional \u2013\u201c\u00bfqu\u00e9 se ha novelado del petr\u00f3leo en Venezuela?\u201d\u2013 nos dispone para la heterodoxia. Pero luego veremos c\u00f3mo estas requisitorias no se ejecutan a cabalidad. En general, la escasez de novelas mueve a reparar en el proceso de la econom\u00eda petrolera m\u00e1s que en su imaginario; y cuando \u00e9ste se eval\u00faa se le exige espect\u00e1culo literario \u2013tal vez como condici\u00f3n de su legitimidad como discurso\u2013 y esto es l\u00edcito trat\u00e1ndose de un an\u00e1lisis que incluye exigencias formales.<\/p>\n\n\n\n<p>Muchas de aquellas obras consideradas como de poco nivel acaso brinden un interesante panorama del escenario. Pero si es un esc\u00e1ndalo el hecho de la ausencia, no lo es menos el af\u00e1n de hacer de estas obras meros documentos, porque si somos una econom\u00eda minera, y esto condiciona desde el circuito de la producci\u00f3n y el consumo hasta la pol\u00edtica; si nos reconocemos como sociedad minera \u2013lo a\u00e9reo, el nomadismo, la discontinuidad\u2013 es preciso hacerle otras exigencias a la escritura de ficci\u00f3n diferente a la del correlato. La literatura no es documento pericial, tampoco cr\u00f3nica de una \u00e9poca. Cuando se reconoce la capacidad de impacto del petr\u00f3leo, se acuerda un cat\u00e1logo que va desde la \u201ceconom\u00eda y vida social\u201d hasta el poder de escritorio y los manejos de mediadores y comisionistas. As\u00ed parece cubrirse todo un horizonte y, al final, se acoda un resquicio de ese hacer: \u201c\u2026y hasta de diversos arquetipos culturales y mentales comunes\u201d. Es decir, el aspecto ordenador en su real dimensi\u00f3n cultural llega por a\u00f1adidura.Tenemos ya una primera y dominante caracterizaci\u00f3n de los estudios dedicados a la narrativa del petr\u00f3leo, esa que la convierte en testimonio.<\/p>\n\n\n\n<p>Resulta sorprendente desde\u00f1ar esa dimensi\u00f3n, la del bullir de una identidad por acumulaci\u00f3n y tensi\u00f3n, pues si algo ha fundado el petr\u00f3leo son arquetipos. La declaraci\u00f3n de principios del estudio de Carrera consagra un m\u00e9todo y define unas tareas y, en esa medida, nada m\u00e1s habr\u00eda que pedirle; pero en el desarrollo se hace preguntas que son exigencias o anhelos. Los vac\u00edos vistos vienen a ser, de alguna manera, el ajuste entre las fragilidades de esa novela y un cierto conformismo del estudio. La disposici\u00f3n de novelar desde cierta responsabilidad de cronista de su tiempo, y de dar testimonio, hizo de los escritores de la novela del petr\u00f3leo contempladores fieles del realismo; terminaron exaltando un mecanismo de aproximaci\u00f3n a la realidad, no tanto por fe en ese instrumento como por un destino asignado a la literatura: reconstruir, aleccionar.<\/p>\n\n\n\n<p>Parec\u00eda estar listo el escenario para una pr\u00e1ctica sobrestimada, aquella de privilegiar los ruidos de la calle con la buena intenci\u00f3n de dar el perfil de una comunidad. Si el petr\u00f3leo es nuestra \u00e9pica, su registro se ha alimentado en exceso de procesos p\u00fablicos y, en esa medida, se han privilegiado aquellos contornos de f\u00e1cil e inmediata transacci\u00f3n, consumibles en un circuito de validaci\u00f3n y discusi\u00f3n del poder como organizaci\u00f3n del consenso pol\u00edtico. Esto hace de esa clase de mirada un acto d\u00e9bil y poco eficiente para retener lo sedimentario, aquello determinado y determinante desde un \u00e1ngulo oblicuo. Es, digamos, una perspectiva un poco demagoga. All\u00ed podr\u00eda estar el gran flanco de la novela del petr\u00f3leo, la exigua cantidad hablar\u00eda adicionalmente de una actitud de los escritores y de los intelectuales hacia un t\u00f3pico puesto al margen de los intereses mentales de las clases ilustradas: desd\u00e9n, indiferencia, desprecio.<\/p>\n\n\n\n<p>El enfoque de inventario se mantiene a lo largo del libro de Carrera y la \u201cbreve historia del tema\u201d, objeto del primer cap\u00edtulo, da cuenta de un conjunto de conflictos no siempre caracter\u00edsticos del petr\u00f3leo; en ellos, \u00e9ste es la novedad como presencia, pero nada m\u00e1s. El expolio de la tierra, los manejos de abogados y mediadores, doctores venales, la defensa del paisaje id\u00edlico, pudieran ser elementos naturales de la novela criollista. Obviamente, lo m\u00e1s actual se queda como rasgo permanente. La tendencia denunciatoria, que marc\u00f3 la percepci\u00f3n y el juicio, deb\u00eda resultar un ejercicio m\u00e1s comprometido que contempor\u00e1neo en clara alianza con las exigencias del discurso antiimperialista; la voracidad de los yanquis encontraba en los temas de la novela del petr\u00f3leo una renovaci\u00f3n, no una novedad.<\/p>\n\n\n\n<p>T\u00f3pico favorito es ese de la nueva conquista, la f\u00e1cil asociaci\u00f3n con procesos pasados de la regi\u00f3n colonizada, establecer parangones con otras opresiones es dar por descontado que \u00e9sta tambi\u00e9n lo es en su sentido pol\u00edtico y de sujeci\u00f3n. Faceta esa muy cara al autor, parece haber una impl\u00edcita declaraci\u00f3n de principios y el rastreo \u2013la indagaci\u00f3n de la elaboraci\u00f3n\u2013 se hace subsidiario del correlato. Esta es una consecuencia importante para la manera como evolucion\u00f3 el estudio de la cultura del petr\u00f3leo en Venezuela. Elecci\u00f3n marcada, sin duda, por el prestigio ideol\u00f3gico del instrumental marxista, pues los m\u00e1s importantes estudios aparecen en el per\u00edodo de plenitud de esta visi\u00f3n intelectual de lo social.<\/p>\n\n\n\n<p>Ni idealismo ni estil\u00edstica, ni humanismo sociol\u00f3gico al estilo Pic\u00f3n Salas, es una \u00e9poca durante la cual, en Venezuela, todas las ciencias sociales se adscriben a la raz\u00f3n del materialismo hist\u00f3rico y el avant garde de los procedimientos est\u00e1 representado por el an\u00e1lisis de la lucha de clases. Por lo dem\u00e1s, no resultaba dif\u00edcil encontrar en ese rastreo de la genealog\u00eda de una escritura la confirmaci\u00f3n de un ritmo. Ah\u00ed estaba la sociedad oprimida y doliente para sacar de ella cualquier ejemplo: desde los cuadros buc\u00f3licos de la tierra buena y maltratada hasta los manejos mal\u00e9ficos de usurpadores y hacedores de fraude. Pero ni aquellos fragmentos estaban dibujando lo caracter\u00edstico del petr\u00f3leo, ni el an\u00e1lisis marxista pod\u00eda entrar, a saco, en cualquier fase de la historia nacional para probar sus postulados. <\/p>\n\n\n\n<p>Si los proyectos de autores como Arcila Far\u00edas, Acosta Saignes y Carlos Iraz\u00e1bal nos dan el perfil de la formaci\u00f3n de lo societario clasista, es gracias al inventario previo de lo nacional hecho desde el pensamiento ilustrado desde Sim\u00f3n Rodr\u00edguez hasta Pic\u00f3n Salas. Pero la s\u00edntesis de la narrativa petrolera \u2013su valoraci\u00f3n desde la perspectiva del aporte al imaginario\u2013 llegaba sin contrapunto, sin posibilidad de contraste, y era ese el resultado en un medio donde tantos vac\u00edos acosan la historia cultural. La novela del petr\u00f3leo en Venezuela es un libro pionero que se organiza desde la ausencia casi absoluta de referencias (si exceptuamos el estudio, a\u00fan hoy in\u00e9dito de Nicole Saint-Gilles, La implantaci\u00f3n del petr\u00f3leo en Venezuela vista por los novelistas, cuentistas y ensayistas, de 1959). Pero frente a aquella orfandad tiene la ventaja, y leg\u00edtima opci\u00f3n, de elegir no s\u00f3lo un instrumental heur\u00edstico, sino tambi\u00e9n la de promocionar una perspectiva de la cultura. La novela de esta investigaci\u00f3n es el campo de dominaci\u00f3n y disputa de una Venezuela cuya identidad se dirime en la colonizaci\u00f3n y, en esa medida, su objeto tiende a hacerse reflejo de lo civil, eco de la historia. <\/p>\n\n\n\n<p>Las obras parecieran estar condenadas a ceder buena parte de su autonom\u00eda; se las presiente fr\u00e1giles en su vocaci\u00f3n de testimonio y se recela de aquella voluntad de sus autores no expresada taxativamente. A ratos parece continuidad de la zaga socioecon\u00f3mica del pa\u00eds, relato del ascenso comunitario y biograf\u00eda del poder p\u00fablico. Pero la literatura, ya se sabe, no es documento de un tiempo ni expediente pericial; es, siempre, elaboraci\u00f3n subjetiva, oblicua \u2013aun cuando se abulten sus rasgos militantes\u2013 y, en este caso, deber\u00e1 contrarrest\u00e1rselos apelando al lenguaje secreto frente al ruido de la ideolog\u00eda o la propaganda. Paralela a la autoridad del discurso mismo de los narradores, va la de la econom\u00eda y la sociolog\u00eda. Se apela a aquella fundamentaci\u00f3n con la misma certidumbre que se cita una escena o el di\u00e1logo de unos personajes y, en el fondo, es como equiparar dos verdades; una y otra apoy\u00e1ndose mutuamente en un acuerdo, a veces totalitario, que no deja resquicio para otra versi\u00f3n. A las series econ\u00f3micas y los cambios en la din\u00e1mica de un modo de vida van paralelas las acciones de unos seres morales demasiado determinados por aquella realidad. La novela, a su vez, se obliga a dar el tono del d\u00eda; incorpora el debate y las primicias p\u00fablicas en una obligaci\u00f3n que la condena a lo ef\u00edmero del documento.<\/p>\n\n\n\n<p>En general, parece haber un acuerdo pasivo de los dos discursos en torno a un escenario: relevar, mostrar, trazar un perfil.Todo con miras a la grave tarea de conocer el pa\u00eds desde una necesidad de aleccionamiento y deberes ciudadanos; pero en esa alianza, un discurso se resiente y otro nada gana. Si la literatura se hace subsidiaria de la realidad, y termina en retrato; la econom\u00eda y la proclama del poder nada tienen que buscar en aquella: la ignoran.Tal vez la literatura termine siendo no s\u00f3lo muy realista sino muy literaria, y a esa econom\u00eda seguramente le falta un poco de antropolog\u00eda.<\/p>\n\n\n\n<p>Todo realismo suele ser conservador porque duda de toda mirada que no sea directa; pero trat\u00e1ndose de realismo social, hay el agravante del culto a lo inmediato. Por lo dem\u00e1s, en esa mirada no hay ruptura y se consagra lo justificador previo. C\u00f3mo explicar, si no, la determinaci\u00f3n de las descripciones del paisaje lacerado y cargadas de pesimismo, que est\u00e9n ya en p\u00e1ginas de esa pobreza descubierta por el costumbrismo del siglo XIX; reaparecen en la visi\u00f3n estigmatizada que hace de la novedad simplemente la vuelta de lo que siempre estuvo all\u00ed. Ninguna complejizaci\u00f3n. Nada hay de de intercambio entre esa nueva realidad y aquellos hombres encandilados; tan s\u00f3lo la voracidad de unos y el desamparo de otros.Variedad de afanes que hacen de las muchedumbres incipientes seres inerciales aventados por un estremecimiento. Nadie observa, no hay sentmientos soterrados; todo debe decirse o denunciarse, tanto la experiencia de los personajes como los hallazgos del ex\u00e9geta. Est\u00e1n prohibidos el silencio y las sustracciones. Es preciso el esc\u00e1ndalo en una novedad escandalosa por lo que tiene de injusta.Todo lo dem\u00e1s, capaz de engendrar la definitiva identidad de un futuro atenazado, queda en planes o en el franco desd\u00e9n. El inventario de situaciones y actores, salidos del nuevo orden, sirve curiosamente para mostrar nuevos usos, pero viejos h\u00e1bitos. Desde el abogado venal hasta el guachim\u00e1n \u2013\u00bfno son \u00e9stos, acaso, los perros fieles de los v\u00ednculos patrimoniales?\u2013, propuestos como modelos de una conducta venida con las nuevas maneras. En el fondo no son sino variaciones de aquella minoridad, detectables en el p\u00edcaro y en el camaleonismo, por ejemplo.<\/p>\n\n\n\n<p>El punto de vista de las virtudes nacionales se convierte en un obst\u00e1culo para dar con el producto del intercambio. Esa moral dolida \u2013incapaz de hacer espacio para la comprensi\u00f3n de unos hombres que ya no son h\u00e9roes de la patria\u2013, obliga a desechar, como ajenos y extra\u00f1os a la gens, aquellos sentimientos que ya modelan la identidad de los valores p\u00fablicos en un pa\u00eds que est\u00e1 adquiriendo, de prisa, patrones de relacionamiento respecto a ideas como riqueza, prosperidad, dinero, bienestar; que est\u00e1 remodelando su imaginario y no lo nutre, tal vez, de virtudes teologales.<\/p>\n\n\n\n<p>El caso de El se\u00f1or Rasvel es paradigm\u00e1tico. Podr\u00eda ser la antinovela del petr\u00f3leo ya que, en un esquema de valoraci\u00f3n antimaniquea, rompe con el enfoque de lo id\u00edlico nacional y con lo perverso extranjero. Encara la transformaci\u00f3n como una din\u00e1mica m\u00e1s aut\u00f3noma, y se permite la construcci\u00f3n de tipos humanos m\u00e1s veros\u00edmiles, libres en su aptitud para asimilar la nueva experiencia en su carga \u00edntima. Pero, sobre todo, liberan el prospecto de pa\u00eds de los clis\u00e9s que impiden ver la verdadera voluntad obrando sobre el futuro. Lo nacional inficionado ya no es un acto de degradaci\u00f3n de lo virtuoso por el mal exterior, sino una consecuencia de las nuevas formas de organizaci\u00f3n del poder. Es la vida org\u00e1nica haciendo su propio espacio y mostrando, para bien o para mal, unas elecciones. \u201cEl se\u00f1or Rasvel posee importante significaci\u00f3n en el desarrollo del tema del petr\u00f3leo en la novela venezolana. Y ello a pesar de que no se concentra en el asunto en cuesti\u00f3n\u201d. Cu\u00e1n reveladora es esta afirmaci\u00f3n. Cree partir de una constataci\u00f3n y termina siendo un juicio sobre la personalidad del tema de amplias consecuencias. Esta novela es, en puridad, la primera y, tal vez, la \u00fanica cuya acci\u00f3n resulta impl\u00edcitamente deducible desde el universo cultural del petr\u00f3leo. Discurre, en su totalidad, en una oficina o en espacios cerrados, y tal cosa crea un equ\u00edvoco o, al menos, confusi\u00f3n sobre un tema asociado a espacios abiertos, al discurrir de grupos ruidosos en contrapunto de voces legitim\u00e1ndose entre s\u00ed y mediados por un paisaje ad hoc: m\u00e1quinas y naturaleza. Cuando estos elementos faltan, cunde el desconcierto y novelistas y p\u00fablico parecen mirarse a la cara. Desde los papeles que firman los gerentes hasta el perfume que Rasvel usa cuando va a visitar a sus amantes, todo rezuma el olor del petr\u00f3leo. El bullir del local \u2013que uno adivina estrecho y tal vez inc\u00f3modo\u2013 transparenta el alma de los confiados en la redenci\u00f3n. \u00c9sta tendr\u00e1 su escenograf\u00eda precisa no en el fresco abierto de una \u00e9pica de masas, sino en la gesti\u00f3n sibilina de unos grupos confidentes del Estado.<\/p>\n\n\n\n<p>Cuando el tema ya ha colonizado unas maneras y, dir\u00edamos, se ha nacionalizado; entonces se vuelve sutil, invisible, y el espectador capaz de dar con \u00e9l ser\u00e1 quien ponga en cuesti\u00f3n un tiempo sospechoso. Sobrestimar el ritmo de campo abierto (Mene) significaba reducir la \u00e9pica del petr\u00f3leo a la historia p\u00fablica. Esto ha pesado en exceso en el an\u00e1lisis. El espejismo que crea El se\u00f1or Rasvel pod\u00eda entenderse desde la tradici\u00f3n de una literatura de tesis, en la cual el intelectual se hace gestor de ciudadan\u00eda y termina encargado de aleccionamientos ajenos a su tarea (Gallegos). Carrera se\u00f1ala aquel mundo de oficinas y transacciones, y sus consecuencias, como incidentales. \u201cLa misma trama hubiera podido sustentarse sobre una situaci\u00f3n semejante en otro tipo de empresa no petrolera\u201d, dice, para hacer una generalizaci\u00f3n no muy conveniente al objeto de su propio estudio. No obstante, es tal el peso de un clima y unas tensiones que el autor dedica a esa novela los p\u00e1rrafos m\u00e1s extensos y se detiene en citas puntuales. Hacia el final de su comentario parece ceder ante la evidencia: \u201cEn ella se desarrolla una trama asentada sobre asuntos relativos al gran tema, se ampl\u00edan las perspectivas con la inclusi\u00f3n de aspectos financieros\u2026\u201d. El tema parece definido por su condici\u00f3n de noticia o de documento que informa; cuando se diluye y se hace constitutivo, entonces desaparece de la consideraci\u00f3n. \u201cNo es, pues, el asunto petrolero determinante en la novela\u201d. Y, sin embargo, ella inaugura la configuraci\u00f3n m\u00e1s clara de un hacer \u2013por encima de lo pintoresco y de la denuncia\u2013 contra los clis\u00e9s de lo ad\u00e1nico y lo demon\u00edaco, lo buc\u00f3lico y lo urbano. Establece, para los tiempos que vendr\u00e1n, un enfoque que hace del realismo no ya el cuadro de lo visto en un contexto, sino de lo presentido, de lo imaginado desde el centro de la crisis.<\/p>\n\n\n\n<p>El ascenso de las novedades es un espect\u00e1culo constatable en una narrativa nacida casi de la nada, sin antecedentes en el tiempo real de los procesos. El enfoque externo del acontecer revela la necesidad de los novelistas de informar y dar noticia de las recepciones y las maneras salidas del intercambio: t\u00e9cnica, econom\u00eda, pol\u00edtica. Se dir\u00eda que son algo nuevo para una novel\u00edstica un tanto retrasada, acostumbrada al manejo de cuadros inm\u00f3viles y de grupos humanos relacion\u00e1ndose en el esquema \u2013relativamente aut\u00f3nomo\u2013 de los intereses de pueblo y tierra, cuya acabada expresi\u00f3n ser\u00eda el criollismo.<\/p>\n\n\n\n<p>El mundo din\u00e1mico de interrelaciones y de objetos referenciales ajenos a aquella perspectiva, irrumpe en la psiquis de los actores y los dispone para el desconcierto y tambi\u00e9n para el acomodo. Industria en su expresi\u00f3n de ruido y movimiento, el maquinismo y su aureola sobrenatural en un medio agreste, son escenarios frente a los cuales el narrador debe disponer de otros recursos. Ce\u00f1ir el momento e incorporar los rasgos de un discurso vol\u00e1til, inaprensible, todav\u00eda en conflicto con un imaginario, pero suministrando con rapidez los elementos del emergente modo de vida, resultaba una tarea dif\u00edcil para una tradici\u00f3n en la que el cuadro de acci\u00f3n estaba dominado por el hombre en el paisaje. El escenario tenso de la cosificaci\u00f3n deb\u00eda ser digerido desde la autonom\u00eda de la propia novela y, a la vez, abandonando el seguro territorio de lo relacionable.<\/p>\n\n\n\n<p>La novela \u2013acostumbrada a tratar con la econom\u00eda en un sentido personal y directo\u2013 ahora se encuentra sin eslabones en un escenario donde las evidencias deben ser reconsideradas. Muchos de los t\u00f3picos de formulaci\u00f3n ideol\u00f3gica no s\u00f3lo extra\u00f1os, sino que, tal vez, hab\u00eda que construirlos: masas emergiendo sin gui\u00f3n previo, sustituci\u00f3n de perfiles valorativos, todo en una redefinici\u00f3n de los alcances del poder, determinante para el destino inmediato y la larga permanencia de aquellas masas, tesoro de buscadores de fortuna y diagnosticadas irredentas. El realismo deb\u00eda resultar un aliado m\u00e1s grato que \u00fatil. La primera novela sint\u00e9tica y orbital \u2013Mancha de aceite\u2013 est\u00e1 construida sobre esta vocaci\u00f3n y viene amparada por el prestigio de la experiencia, lo que a\u00f1ade al documento el concluyente peso de lo moral. El tema del petr\u00f3leo nac\u00eda destinado, y casi condenado, a consignar el eco de deberes ajenos. Un cat\u00e1logo de certezas domina a unos retratistas angustiados por la biograf\u00eda del pa\u00eds, y quiz\u00e1s por su reputaci\u00f3n.<\/p>\n\n\n\n<p>Imperialismo, los malos hijos, la expoliaci\u00f3n, la p\u00e9rdida de soberan\u00eda, son como precipitaciones dentro de las cuales podemos ver el eco de aquella devoci\u00f3n del escritor pedagogo. Largo rato se detiene el estudio en el tipo del yanqui bueno, y lo hace para juzgar la objetividad del realismo de estas novelas. El tema parece estar sancionado de antemano; pero si el intento del narrador es una posibilidad de exploraci\u00f3n de lo humano extra\u00f1o, en el sustrato del correlato no puede ser sino ingenuidad: no hay tal yanqui bueno.<\/p>\n\n\n\n<p>Las simpat\u00edas se las lleva Mancha de aceite, por ejemplo, denunciadora y directa; mientras Oficina No.1 o Sobre la misma tierra quedan para curiosidad de una aproximaci\u00f3n extempor\u00e1nea. En Sobre la misma tierra la elaboraci\u00f3n del yanqui bueno es o una patra\u00f1a o una ingenuidad (Carrera dixit). Las exigencias que los cr\u00edticos plantean para las novelas documento llevan a que un autor como D\u00edaz S\u00e1nchez se pregunte por qu\u00e9 en el largo \u00ednterin que va desde la aparici\u00f3n de Mene hasta los a\u00f1os cincuenta, las lagunas de aquella novela no han sido subsanadas, su \u201cdesnudo testimonio\u201d no ha sido mejorado. No es tanto una referencia a la escasez como insistencia en una tarea, mostrar aquello que estaba incorpor\u00e1ndose a lo nacional; es una queja recogida por autores y cr\u00edticos, y ese consenso nos habla de la principal preocupaci\u00f3n de una escritura devota del correlato: la anatom\u00eda de lo social.<\/p>\n\n\n\n<p>Este formato ya tiene un modelo acabado desde 1935:\u201cLa experiencia directa del autor y su postura ideol\u00f3gica de preocupaci\u00f3n social, asientan Mancha de aceite sobre una base vivencial que la hace la m\u00e1s vigorosa novela del petr\u00f3leo en Venezuela hasta el presente\u201d. Prolongaci\u00f3n del debate redencionista de los prohombres y sus acuerdos mentales sobre el imaginario del pa\u00eds, la ficci\u00f3n se sit\u00faa en la l\u00ednea recta de lo aleccionador. El alejamiento de los propios deberes y las im\u00e1genes moralizantes, pueden ser el decepcionante resultado.<\/p>\n\n\n\n<p>Si la novela norteamericana del sur \u2013con Faulkner, Caldwell, McCullers entre sus grandes representantes y marcada por coordenadas similares de intolerancia y econom\u00eda\u2013 elabora tipos psicol\u00f3gicos y desarrolla conflictos en mundos cerrados, no es, seguramente, por la ausencia de un contraste exterior como el imperialismo y la novedad t\u00e9cnica; se debe, sobre todo, al hecho de ponerse de espaldas al escenario general de la sociedad. Las razones por las que esto no es as\u00ed en el caso venezolano, podr\u00edan estar m\u00e1s claras en la historia que en la propia literatura. La \u201ccandente arena pol\u00edtica\u201d y las tareas asumidas para s\u00ed por los alfabetizados determinaron que, en buena medida, la imaginaci\u00f3n fuera puesta al servicio de aquello que se hab\u00eda asumido inercialmente: los acuerdos de una sociedad poco imaginativa. La observaci\u00f3n no fue defectuosa, pues la curiosidad supo hacerse de un estilo pero, en cambio, result\u00f3 prejuiciosa y, tal vez, en un grado mortal.<\/p>\n\n\n\n<p>La tesis del petr\u00f3leo perverso es una construcci\u00f3n de la segunda fase; una manera de intelectualizaci\u00f3n popular de aquella impresi\u00f3n consignada, quiz\u00e1s al vuelo, por la narrativa como subproducto de la comunidad pospuesta en el ruido de la abundancia. Pero como saber pintoresco no ha debido traspasar las barreras de una oralidad cuya funci\u00f3n era drenar amarguras, y est\u00e1 bien que as\u00ed sea (al menos en Narciso Perozo y su verso: cuando oig\u00e1is que ya no suenan esos pitos del carrizo\u2026). Pero la literatura aparece muy cr\u00e9dula frente a estos insumos y se limita a tomar elementos del frondoso paisaje; casi a ensamblar, sin m\u00e1s perspectiva que la del testimonio. Prepara, a su vez, el discurso de la cr\u00f3nica y con sus sanciones la condiciona.<\/p>\n\n\n\n<p>Sorprende no poco, descubrir c\u00f3mo Carrera identifica los componentes de la tesis, los ordena y descubre lo tendencioso del narrador. Sin embargo, se detiene ante la consideraci\u00f3n valorativa y no llega a hacer la denuncia de la tesis. \u201cY todos los males reunidos, recrecidos. De donde nace no s\u00f3lo el espanto y el rechazo ante esa realidad, sino hasta una suerte de prejuicio casi supersticioso contra el petr\u00f3leo\u201d. Narrativa y cr\u00edtica reafirman un acuerdo, texto y ex\u00e9gesis permanecen en una l\u00ednea de relevamiento, casi cartogr\u00e1fica, cuyo tel\u00f3n de fondo es el correlato. Una voluntad como \u00e9sta podr\u00eda darnos desde las vueltas del paisaje egl\u00f3gico en la Arcadia mancillada, hasta la protohistoria del movimiento sindical. M\u00e1s que indagar, esto era nutrirse de los planos ya trazados de una discusi\u00f3n agotada por incestuosa: los dolores del imposible proyecto nacional.<\/p>\n\n\n\n<p>Entre Urbaneja Achelphol y Todo un pueblo pudiera quedar bien delineado este espacio insistente reaparecido en los frescos de la novela petrolera: pa\u00eds menguado en su reciente versi\u00f3n del profanador. Frente al retrato de la novedad se impon\u00eda la denuncia. Desde una tradici\u00f3n unificadora de la realidad y, dir\u00edamos reduccionista, el cat\u00e1logo de agravios reten\u00eda para el escritor responsabilidades de tribuno. Esta convicci\u00f3n se ejecuta de manera met\u00f3dica. La obra de ficci\u00f3n es objeto de interrogaci\u00f3n en t\u00e9rminos periciales al punto de dar, muchas veces, con solapados impulsores y justificadores.<\/p>\n\n\n\n<p>Gallegos, en Sobre la misma tierra, se hace reo de un cargo inesperado, pero no tanto si la novela se encara desde otras razones distintas a su funci\u00f3n inmediata. Es la ausencia del favorecido t\u00f3pico de la corrupci\u00f3n de las instancias p\u00fablicas, el an\u00e1lisis la explica directamente por la situaci\u00f3n de clase del escritor. \u201cEs la corrupci\u00f3n oficial nacional en el engranaje petrolero \u2013que con tanto \u00e9nfasis denuncia Mancha de aceite\u2013 y cuya ausencia en Sobre la misma tierra constituye una de las lagunas esenciales\u2026\u201d. Gallegos no es un disidente; es, m\u00e1s bien, un hombre conservador que rinde culto al orden sancionado y sus protocolos. La denuncia de sus novelas pertenece a la noci\u00f3n de ciudadan\u00eda como crisis, aunque el modelo pol\u00edtico tal vez le resultaba indiferente. Hay, pues, a juicio del autor, una omisi\u00f3n generosa con el poder, o alcahueta, en vista de que aspiraba a la continuidad de ese orden institucional. \u201cEn tales condiciones Gallegos no hubiera querido comprometer el buen nombre del gobierno, que \u00e9l m\u00e1s bien aspiraba a consolidar\u2026\u201d. Una lectura de la obra previa de Gallegos mostrar\u00eda, antes que a un oportunista, a un venerador de la sociedad como resultado del hacer de los hombres formales.Tal vez no hubiera sido necesario llegar tan lejos. Abierto recelo del discurso del extranjero, cuando \u00e9ste hace mea culpa o se afilia al partido de los explotados, es considerado personaje acartonado o esa posici\u00f3n \u201cpierde la mitad de su esencia\u201d. El esquema previo niega toda posibilidad de elaboraci\u00f3n en un escenario distinto al de los intereses de aquello que se ha acordado para la novela: ventilar lo nacional.<\/p>\n\n\n\n<p>La duda permanente de las bondades de la nueva econom\u00eda hila un memorial de quejas y tonos lastimeros. Esto cierra cualquier posibilidad de di\u00e1logo con la novedad y sus agentes. \u201cForzada objetividad\u201d, se llama a la elecci\u00f3n del novelista capaz de atender el rumor de la autonom\u00eda; todo lo dem\u00e1s ser\u00eda, entonces, objetividad natural. Ruptura y exploraci\u00f3n est\u00e1n limitadas al territorio de lo demostrable en el \u00e1mbito de una escenograf\u00eda real. Poco cre\u00edble ser\u00e1 el gesto del otro \u201cque por misteriosas cualidades \u00edntimas, hasta entonces ocultas, de repente decide ser un hombre de honor\u2026\u201d.<\/p>\n\n\n\n<p>Realidad y novela parecen estar condenadas. Aquella, a cierta clase de redenci\u00f3n; \u00e9sta, al documentalismo militante. Imaginaci\u00f3n y apropiaci\u00f3n, por la v\u00eda de una moral personal, est\u00e1n excluidas y claramente sancionadas.\u201c Lo que se ha hecho es inventar a Hardman. Su misma \u00edndole excepcional, a todas luces singular, le resta significaci\u00f3n en una novela que aspira a tipificar una realidad\u2026\u201d. Las demandas parec\u00edan autolegitimarse, la funci\u00f3n estaba prescrita, y un mundo y su utiler\u00eda le daban por descontado. <\/p>\n\n\n\n<p>Como se ve, la novela del petr\u00f3leo dif\u00edcilmente pod\u00eda aspirar a una contemporaneidad de amplia representaci\u00f3n. Subsidiaria del criollismo en muchos casos, se esperaba de ella el reforzamiento de un ethos y no su revisi\u00f3n. Documentalista y mediadora, le falt\u00f3 distancia en una tarea donde los ruidos no hac\u00edan el espect\u00e1culo sino que lo mostraban.<\/p>\n\n\n\n<p>A la proverbial escasez, ya diagnosticada, se sumaba el gui\u00f3n exitoso. Fuera de \u00e9l, todo puede ser llamado idealizaciones desde la propiedad de la reglas del juego. Llama la atenci\u00f3n la proliferaci\u00f3n de cuadros y estampas, lo fragmentario y lo inacabado, libros parciales y a retazos, y no por eso menos eficientes. Quiz\u00e1s es un tono no poco exacto de la cultura del petr\u00f3leo, y est\u00e1 justamente en un ritmo de exposici\u00f3n, porque la realidad era, de alguna manera, experimental, movediza, aleatoria. El estilo del panorama desbordaba la intenci\u00f3n aleccionadora y de tesis. Seres de ocasi\u00f3n, personajes sin genealog\u00eda ni biograf\u00eda, son el insumo novedoso de una escritura urgida de aprender de sus objetos y, sobre todo, de creer en ellos. Qu\u00e9 interesante hubiera sido si una conducta como la complicidad del criollo (Ubert, Montiel, los guachimanes), en vez de hab\u00e9rsela tachado como reprobable y ajena a una idiosincrasia se la incorpora a la continuidad de una patolog\u00eda consagrada en el camaleonismo.<\/p>\n\n\n\n<p>El inventario de asuntos de la novela del petr\u00f3leo va sumando situaciones y escenas que siempre hab\u00edan estado all\u00ed, era el fresco de una sociedad atascada en la tarea de generar civilidad: la fragilidad de un temperamento, sus hombres venales, las instituciones desarticuladas, la carencia de un sentido de pa\u00eds. Los aparentes entusiasmos del retratista consisten en asociar todos aquellos rasgos a la nueva presencia gestora; as\u00ed como probablemente los observadores de la Emancipaci\u00f3n o de la Guerra Federal hayan visto estigmas que no eran sino latencias de otras continuidades.<\/p>\n\n\n\n<p>Si la novedad no logra ser articulada a una identidad reproductora, se entra en conflicto con ella y el resultado es una aculturaci\u00f3n negativa; la sanci\u00f3n moral es inmediata y lleva al rechazo militante de todo aquello capaz de modelar un intercambio. De hecho, hay poca o ninguna resistencia, y el flujo termina por establecerse a trav\u00e9s de un mecanismo en el cual la cultura m\u00e1s prestigiosa entra a saco y se impone mezcl\u00e1ndose a voluntad. Pero el precio de aquella actitud recelosa y dudosamente cr\u00edtica, termina siendo la incapacidad para la disidencia. El m\u00e9rito de El se\u00f1or Rasvel es haber igualado unos intereses aceptando la alteridad; reconocer al otro para conocer su mundo y apropi\u00e1rselo. Si esa relaci\u00f3n es lacerada, y est\u00e1 contenida en la unidad de la mala conciencia, es por negarse a la demagogia del manique\u00edsmo que presupone las bondades de unos y las perversiones de otros. B\u00e1sicamente, el error consiste en no reconocer la diferencia y, sobre todo, el desigual estatuto de fuerza de las culturas enfrentadas.<\/p>\n\n\n\n<p>Carrera se propone, en su libro, una tarea de rastreo de la presencia que sabe ha dejado huellas visibles aunque no numerosas.Tambi\u00e9n se ha provisto de un detector y busca, pues, un sentido para una escritura encarada con un tema.Y si las variaciones de esa novel\u00edstica son previsibles; si cierta voluntad de retrato colectivo la conduce sin m\u00e1s riesgos que el poco o mucho \u00e9nfasis dado a unos afectos, pudiera ser comprensible la valoraci\u00f3n que habla del \u201cmal moral\u201d. Esa historia \u201cmoral\u201d, definida desde el poder y sus usos, desde la patria desgarrada, nos ha dado un exceso de lamento y poca prevenci\u00f3n. Es como una saga ruidosa sin actores, seres movidos por el viento y huyendo siempre del centro de los hechos, debilitando cualquier posibilidad de signar esa historia y cargarla de determinaciones societarias de car\u00e1cter ontol\u00f3gico.<\/p>\n\n\n\n<p>Frente a ese espect\u00e1culo sobrevaluado, el individuo tiende a desaparecer. Delega en otros y se hace pura representaci\u00f3n; no ti\u00f1e con un estilo distintivo unas maneras susceptibles de ser reivindicadas como herencia de un car\u00e1cter.Y, sin embargo, otras determinaciones se resienten, se apagan en el esfuerzo de aquella fe en lo p\u00fablico; entre la exaltaci\u00f3n y la representaci\u00f3n de un ciudadano mutilado, apenas esbozado en su penuria c\u00edvica, se erosiona el sentido de responsabilidad individual. Entregado a los gestos opulentos de las soluciones aparatosas \u2013poco o nada hay de esa certidumbre que hace de la suma de virtudes la seguridad colectiva\u2013 el venezolano persiste atascado en una minoridad, que en buena medida, est\u00e1 consagrada en la historiograf\u00eda sancionadora de \u00e9lites y doctores, y exculpadora del sordo ritmo an\u00f3nimo de las masas que se hacen conducir.<\/p>\n\n\n\n<p>Significativa es la explicaci\u00f3n que se nos propone de la existencia de los clubs en el campo petrolero. Campo sur \u2013de cuya detenida observaci\u00f3n no debemos dudar pues sus 40 p\u00e1ginas son la redacci\u00f3n de 5 a\u00f1os\u2013, sirve al an\u00e1lisis al identificar un mecanismo expedito de aleccionamiento de esos sectores d\u00e9biles y propensos al extrav\u00edo. Atra\u00eddos por las tentaciones desde el momento en que el artilugio existe, ellos ya no son responsables de nada: \u201cAs\u00ed surgen los numerosos clubs del campamento, multiplicados como una forma calculada y dirigida por la compa\u00f1\u00eda de estimular la evasi\u00f3n y la indiferencia social y pol\u00edtica entre los pobladores de la zona\u201d.<\/p>\n\n\n\n<p>Entre la defecci\u00f3n de las \u00e9lites \u2013eso que Mario Brice\u00f1o Iragorry llam\u00f3 la traici\u00f3n de los mejores\u2013, y la absoluci\u00f3n de los indiferentes los procesos p\u00fablicos en Venezuela son como un simulacro con grave balance, pero sin actores. El asunto de los entreguistas reaparece aqu\u00ed y all\u00e1 como un recordatorio de la fragilidad de las estructuras internas; pero el an\u00e1lisis se vuelca parcial a la recriminaci\u00f3n moral. Asimismo, una noci\u00f3n puramente territorial de independencia y soberan\u00eda predispone para los perfiles a campo abierto. En todo caso, la ausencia de continuidad impide ver la evoluci\u00f3n de los hechos en un plano de contrastaci\u00f3n y obstaculiza su valoraci\u00f3n. Presencias ominosas, cambios compulsivos, matices e intereses: parece haber m\u00e1s trama que novela. Esquematismo reductor que niega un mundo y s\u00f3lo reivindica experiencias en una ecolog\u00eda. De alguna manera, hay simetr\u00eda entre novela y realidades, pero corresponde a aspectos de una negatividad sin soluci\u00f3n.<\/p>\n\n\n\n<p>Si es la discriminaci\u00f3n y el rechazo lo que une a los violentados y no la organizaci\u00f3n, de igual modo los narradores parecen aglomerarse en torno a los grandes clis\u00e9s: la locura del petr\u00f3leo, el \u00e9xodo campesino, etc. A aquellos, la novedad no les revela otra dimensi\u00f3n de las relaciones interpersonales \u2013la trascendente sustituci\u00f3n de la fatalidad por la angustia, digamos\u2013, tan solo la dura cara de los opresores; a \u00e9stos, una solvente tradici\u00f3n de observaci\u00f3n de la comunidad, el costumbrismo no les sirve de mucho. Uno se pregunta si acaso los horrores del alcohol y la violencia retratados por la cr\u00f3nica criollista, e incluso el costumbrismo del siglo XIX, corresponden a otra realidad. Es una manera de hacer vitalicios los errores y las conductas trastornadas, y afirmar unas virtudes m\u00e1s deseadas que ejecutadas. Pero s\u00ed sorprende la casi absoluta falta de humor en estos cuadros enfrentados a lo variopinto; nada de picaresca o parodia en estas exploraciones cuya materia prima es un escenario ambiguo y provisional. La seriedad truena y se hace solemne, el punto de partida es la sospecha, lo m\u00e1s cercano a otra actitud es el sarcasmo, un poco triste, de Te\u00f3filo Aldana en su marcha frente a la cerca del campo en Mene.Tanat\u00f3logos, podr\u00edamos decir, sin menoscabo de esos decididos diagnosticadores del caos y el cataclismo; por lo dem\u00e1s, pareciera condici\u00f3n suficiente para escribir novela del petr\u00f3leo ser antiimperialista.Todo es raz\u00f3n. Los acuerdos previos minan la imaginaci\u00f3n y, as\u00ed, la ficci\u00f3n es pura circunstancia.<\/p>\n\n\n\n<p>El obsesivo balance nos habla de males y beneficios en un claro sacrificio de lo residual, de lo asentado m\u00e1s all\u00e1 del acuerdo de los avisados y el r\u00e8clame anodino. En la compleja realidad, la sociedad se hace tensa, se mimetiza y adquiere su rostro verdadero: el pa\u00eds de quince y \u00faltimo predicho por Pic\u00f3n Salas, el resabio antisocial de sus empresarios, su Estado impune y su ciudadan\u00eda de registro y c\u00e9dula de identidad, la angustia ante el fracaso de no haber podido construir un orden de bienestar. <\/p>\n\n\n\n<p>Tampoco de aquellas requisitorias aparatosas era previsible imaginar el cambio de estatuto de la mujer venezolana y\/o la fiesta, ya hoy mon\u00f3tona, de las multitudes educ\u00e1ndose en las universidades. Seguramente la sobrevaluaci\u00f3n de la industria, ese deslumbramiento por los saberes de los t\u00e9cnicos, y el modo de vida de los que hab\u00edan traspasado la cerca, engendr\u00f3 esa visi\u00f3n escapista dominante en las ideas populares sobre la industria, consagr\u00e1ndola como la realizaci\u00f3n de toda vida profesional. El fetichismo de una econom\u00eda fundada en la artificialidad de un proceso que nada produce y nada transforma \u2013pero que condiciona raigalmente\u2013, y el prestigio de una actividad acordado por gente filistea y espiritualmente marginal, rigen las expectativas de la sociedad venezolana de hoy. No recoge esa novel\u00edstica tipos que elaboren el entorno, contempladores puros; todo razonamiento parece concebido para desembocar en la acci\u00f3n.<\/p>\n\n\n\n<p>Repara Carrera en la ausencia casi absoluta de personajes aureolados de simbolismo, y esto lo atribuye al realismo como mecanismo de exigencias m\u00e1s inmediatas. Privilegian \u201cla captaci\u00f3n concreta de un fragmento de vida\u201d.Valora la discreta tensi\u00f3n de algunos personajes \u201csecundarios\u201d y descubre la vocaci\u00f3n eficiente de los observadores oblicuos, su autonom\u00eda en un gui\u00f3n donde los fragmentos pudieran dar un tono m\u00e1s estable: Phillibert y Aldana de Mene, los oficinistas de El se\u00f1or Rasvel.<\/p>\n\n\n\n<p>Al hacer una especie de cat\u00e1logo de subtemas, el autor cita en la secci\u00f3n \u201cCampos petroleros\u201d un p\u00e1rrafo de Oficina No. 1 y, m\u00e1s que ilustrar sobre el campo, ilumina de un tir\u00f3n las posibilidades de una realidad superior y, sobre todo, diferente al juicio de los reci\u00e9n llegados, plena de determinaciones; dimensional: \u201cPara aquellos d\u00edas no eran m\u00e1s de ocho los ranchos de palma de moriche plantados sobre la sabana. El m\u00e1s importante era el de Nemesio Arismendi, el comisario, un vendedor ambulante que lleg\u00f3 al lugar con las limitadas aspiraciones de liquidar una carga de cerveza\u201d. Quiz\u00e1s sea este el escenario de la verdadera \u00e9pica. Esa donde el riesgo deja de ser audacia y se convierte en fe ante el rumor producido por un desplazamiento, el del fatalismo por la angustia. Cuando lo tr\u00e1gico social cede espacio a los episodios del d\u00eda, y el escenario se nutre de la relaci\u00f3n de los agonistas, entonces aparecen otras explicaciones, menos interesadas en el testimonio y los destinos colectivos y, por eso mismo, menos urgentes. Retengamos, por ahora, un balance, la descripci\u00f3n de un horizonte y sus incertidumbres. Apunta a una elecci\u00f3n, a lo hecho desde el fervor de unos deberes demasiado conspicuos. Pero las omisiones tambi\u00e9n muestran una fe: la negativa a dirimir pendencias y conciliar en la intimidad.Y, m\u00e1s que fe, acaso no sea la entrega a la somnolencia y en la intemperie.<\/p>\n\n\n\n<h4 class=\"wp-block-heading has-text-align-right\"><a href=\"https:\/\/eldienteroto.org\/wp49\/miguel-angel-campos\/\" target=\"_blank\" rel=\"noreferrer noopener\">Sobre el autor<\/a><\/h4>\n\n\n\n<h6 class=\"wp-block-heading\">Pr\u00f3logo del libro: <em>La novela del petr\u00f3leo en Venezuela<\/em>, de Gustavo Luis Carrera.<\/h6>\n","protected":false},"excerpt":{"rendered":"<p>Miguel \u00c1ngel Campos Vista en perspectiva, la significaci\u00f3n del libro de Gustavo Luis Carrera, La novela del petr\u00f3leo en Venezuela (1972), tiene todo el peso de una frontera, de un l\u00edmite definido en la indagaci\u00f3n de un tema hasta hoy pleno de equ\u00edvocos, ausencias y malentendidos. Encarado con conciencia de estas dolencias, el estudio \u2013como [&hellip;]<\/p>\n","protected":false},"author":6,"featured_media":17536,"comment_status":"open","ping_status":"closed","sticky":false,"template":"","format":"standard","meta":{"_monsterinsights_skip_tracking":false,"_monsterinsights_sitenote_active":false,"_monsterinsights_sitenote_note":"","_monsterinsights_sitenote_category":0,"footnotes":""},"categories":[14],"tags":[],"_links":{"self":[{"href":"https:\/\/eldienteroto.org\/wp49\/wp-json\/wp\/v2\/posts\/17533"}],"collection":[{"href":"https:\/\/eldienteroto.org\/wp49\/wp-json\/wp\/v2\/posts"}],"about":[{"href":"https:\/\/eldienteroto.org\/wp49\/wp-json\/wp\/v2\/types\/post"}],"author":[{"embeddable":true,"href":"https:\/\/eldienteroto.org\/wp49\/wp-json\/wp\/v2\/users\/6"}],"replies":[{"embeddable":true,"href":"https:\/\/eldienteroto.org\/wp49\/wp-json\/wp\/v2\/comments?post=17533"}],"version-history":[{"count":3,"href":"https:\/\/eldienteroto.org\/wp49\/wp-json\/wp\/v2\/posts\/17533\/revisions"}],"predecessor-version":[{"id":17560,"href":"https:\/\/eldienteroto.org\/wp49\/wp-json\/wp\/v2\/posts\/17533\/revisions\/17560"}],"wp:featuredmedia":[{"embeddable":true,"href":"https:\/\/eldienteroto.org\/wp49\/wp-json\/wp\/v2\/media\/17536"}],"wp:attachment":[{"href":"https:\/\/eldienteroto.org\/wp49\/wp-json\/wp\/v2\/media?parent=17533"}],"wp:term":[{"taxonomy":"category","embeddable":true,"href":"https:\/\/eldienteroto.org\/wp49\/wp-json\/wp\/v2\/categories?post=17533"},{"taxonomy":"post_tag","embeddable":true,"href":"https:\/\/eldienteroto.org\/wp49\/wp-json\/wp\/v2\/tags?post=17533"}],"curies":[{"name":"wp","href":"https:\/\/api.w.org\/{rel}","templated":true}]}}