{"id":17508,"date":"2025-10-08T09:57:01","date_gmt":"2025-10-08T14:27:01","guid":{"rendered":"https:\/\/eldienteroto.org\/wp49\/?p=17508"},"modified":"2025-10-08T10:10:27","modified_gmt":"2025-10-08T14:40:27","slug":"la-mascara-heroica","status":"publish","type":"post","link":"https:\/\/eldienteroto.org\/wp49\/la-mascara-heroica\/","title":{"rendered":"La m\u00e1scara heroica"},"content":{"rendered":"\n<h4 class=\"wp-block-heading has-text-align-right\">Rufino Blanco Fombona<\/h4>\n\n\n\n<p><strong>I Bajo el cielo de oro<\/strong><\/p>\n\n\n\n<p>Bordonea el aeroplano, rasgando el velo nocturno, entre violentas r\u00e1fagas, y avanzando por en cima de los montes, en el espacio abierto. No brilla luna; pero las estrellas del tr\u00f3pico no dejan rinc\u00f3n de cielo sin lamparita encendida y difunden por todo el \u00e9ter su intensa claridad de oro. Mientras m\u00e1s arriba, m\u00e1s luz. La sombra parece amodorrarse en las oquedades de la tierra. Mientras m\u00e1s abajo, m\u00e1s sombra. Y entre la sombra que asciende y el parpadeo luminoso de los luceros deslizase, susurrante, la enorme lib\u00e9lula de metal.<\/p>\n\n\n\n<p>De pronto, el piloto hizo con la cabeza r\u00e1pida se\u00f1a. El pasajero no supo traducirla.<\/p>\n\n\n\n<p>\u2014\u00bfQu\u00e9?\u2014grit\u00f3.<\/p>\n\n\n\n<p>El ruido del motor ensordec\u00eda. \u00ab\u00bfQu\u00e9 ser\u00e1?\u00bb, se dijo. Un instante apenas corrido, comprendi\u00f3 que la se\u00f1a significaba:<\/p>\n\n\n\n<p>\u2014Hemos llegado.<\/p>\n\n\n\n<p>\u2014\u00ab\u00bfYa?\u00bb, pens\u00f3 el tripulante, extra\u00f1\u00e1ndose de la rapidez de aquel volar.<\/p>\n\n\n\n<p>Hab\u00edan cruzado pocas impresiones aquellos dos hombres; y no por culpa del piloto, que era un oficialito charlador, comunicativo, alegre, curioso.<\/p>\n\n\n\n<p>Mientras varios n\u00fameros de tropa y un cabo hac\u00edan rodar la nave de los hangares hacia el campo, el militarito, con su costumbrero buen humor, dispar\u00f3 dos o tres chirigotas contra el hombre que iba a ser su compa\u00f1ero de viaje. Trataba de infundir temorcillo al pasajero que, seg\u00fan \u00e9ste dijo, iba a remontarse en los aires por la primera vez.<\/p>\n\n\n\n<p>\u2014Como iremos de prisa, tendremos tiempo de hacer algunas piruetas: el looping the loop, etc\u00e9tera.<\/p>\n\n\n\n<p>El novicio masc\u00f3 una sonrisa de duda e insinu\u00f3, descubriendo recelo:<\/p>\n\n\n\n<p>\u2014\u00bfIremos demasiado de prisa?<\/p>\n\n\n\n<p>\u2014Por fortuna\u2014repuso el oficial, mientras se ajustaba debajo de la barba una gruesa gorra que le cubr\u00eda cabeza y orejas. Y volvi\u00e9ndose a otros dos j\u00f3venes oficiales llegados momentos antes y que se hab\u00edan puesto a revisar el aparato, exclam\u00f3:<\/p>\n\n\n\n<p>\u2014\u00a1Si con este pesado y viejo armatoste, bueno para venderlo como hierro inservible, y con el viento que sopla, tuvi\u00e9ramos que volar lentamente\u2026! <\/p>\n\n\n\n<p>Los j\u00f3venes respondieron con una doble sonrisa de inteligencia y siguieron revisando el aparato, comunic\u00e1ndose sus impresiones entre s\u00ed, a media voz, con expresiones de t\u00e9cnicos. Como el pasajero m\u00edrase al piloto, despu\u00e9s de las palabras de \u00e9ste sobre el viejo armatoste, con ojos interrogantes, el piloto, poni\u00e9ndosele enfrente con las manos en jarras, le dijo:<\/p>\n\n\n\n<p>\u2014S\u00ed, se\u00f1or m\u00edo; uno de estos barcos a\u00e9reos mientras m\u00e1s pesado m\u00e1s velocidad necesita para mejor defenderse contra el viento. El peligro de una nave veloz no est\u00e1 en los aires sino en el aterrizar.<\/p>\n\n\n\n<p>\u2014Sobre todo\u2014sugiri\u00f3 uno de los oficiales\u2014si ocurre una <em>panne<\/em>.<\/p>\n\n\n\n<p>\u2014Entonces, a menudo, pum\u2014confirm\u00f3 el otro oficialito, sonri\u00e9ndose y haciendo con las manos un molinete catastr\u00f3fico.<\/p>\n\n\n\n<p>Aquella conversaci\u00f3n a media noche, en un campo de aviaci\u00f3n, no era lo m\u00e1s a prop\u00f3sito para entonar los nervios del hombre que, obligado por las circunstancias, iba a emprender un vuelo por la primera vez.<\/p>\n\n\n\n<p>\u2014Pero \u00bfcorreremos peligro?\u2014pregunt\u00f3 al que lo iba a conducir, que se complac\u00eda en alebronarlo.<\/p>\n\n\n\n<p>\u2014Peligro hay siempre\u2014repuso el oficial.<\/p>\n\n\n\n<p>Y a\u00f1adi\u00f3 filos\u00f3fico, c\u00ednico: <\/p>\n\n\n\n<p>\u2014Peligro hay en todo, hasta en abrazar uno a su mujer despu\u00e9s de almorzar.<\/p>\n\n\n\n<p class=\"has-text-align-center\">&#8211; o &#8211; <\/p>\n\n\n\n<p>Eran dos tipos muy diferentes aquellos dos hombres. El piloto de apenas veintiuno o veintid\u00f3s a\u00f1os era muchachote de ancho pecho, ojos francos, nariz recta, larga, y labios finos. Hasta con aquella horrible gorra, que le com\u00eda la mitad del rostro\u2014y a la deficiente luz de los hangares\u2014, se le comprend\u00eda un guapo mozo. El otro era, por el contrar\u00edo, un hombrecito de fisonom\u00eda inexpresiva, borrosa; un hombrecito flacucho, morado, que por su color y por su delgadez parec\u00eda una lombriz. Lo apodaban \u00abAnto\u00f1ito Pimentel\u00bb, por su identidad f\u00edsica con un conocido palaciego, despreciable pillastr\u00f3n de ese nombre. Moralmente se le parec\u00eda a\u00fan m\u00e1s. <\/p>\n\n\n\n<p>Ya a punto de subir a bordo, pregunt\u00f3 al piloto uno de aquellos oficiales, camaradas del aviador, qui\u00e9n era aquel sujeto de rid\u00edcula catadura, tan parecido al protegido y socio del dictador; y qu\u00e9 significaba aquel viaje tan extempor\u00e1neo. El piloto se encogi\u00f3 de hombros.<\/p>\n\n\n\n<p>\u2014Ignoramus\u2014pronunci\u00f3.<\/p>\n\n\n\n<p>En efecto, lo ignoraba. Hab\u00eda sido llamado por tel\u00e9fono al palacio de Miraflores esa noche, a toda carrera. El Encargado de la presidencia en persona lo hab\u00eda despachado con aquel pasajero, dici\u00e9ndole:<\/p>\n\n\n\n<p>\u2014\u00abEl general\u00bb los est\u00e1 esperando en Maracay. Hay que salir ahora mismo.<\/p>\n\n\n\n<p>Y un autom\u00f3vil del Gobierno los condujo al campo de aviaci\u00f3n.<\/p>\n\n\n\n<p>Como nada hac\u00eda el Encargado de la presidencia sin previo consentimiento \u00abdel general\u00bb, y como \u00abel general\u00bb era hombre de misterio, no se extra\u00f1\u00f3 el oficialito m\u00e1s de la cuenta. Estaba curado de espanto. Tuvo, si, curiosidad, y trat\u00f3 con su acompa\u00f1ante de inquirir noticias sobre el objeto de aquel viaje. El acompa\u00f1ante evadi\u00f3, con suma discreci\u00f3n, toda respuesta. \u00abTendr\u00e1 miedo de hablar, como todos\u00bb, pens\u00f3 el oficialito.<\/p>\n\n\n\n<p>\u00bfOcurrir\u00eda algo anormal? Era posible. De cierto tiempo a esta parte \u00abel general\u00bb se volv\u00eda m\u00e1s cruel, m\u00e1s enigm\u00e1tico, m\u00e1s receloso. Se corr\u00eda peligro hasta sirvi\u00e9ndolo. Lo anormal era la norma. Aquella reflexi\u00f3n no satisfac\u00eda su curiosidad. \u00bfPor qu\u00e9 diablos lo mandaban a conducir cerca del dictador, tan avanzada ya la noche y a pesar de un viento huracanado, a aquel hombrecillo an\u00f3nimo? \u00bfPor qu\u00e9 no iba aquel sujeto por el tren, como todo el mundo? \u00bfPor qu\u00e9 no iba siquiera en alg\u00fan auto del Gobierno? \u00bfPor qu\u00e9 deb\u00eda ir en aeroplano, a media noche, en tanto sigilo? Verdaderamente la tendencia hacia el misterio y lo melodram\u00e1tico crec\u00eda cada vez m\u00e1s en el esp\u00edritu del dictador. Ya nadie sab\u00eda nada de nada. Todos tem\u00edan todo de todos. \u00bfQu\u00e9 pito iba a tocar este hombrecito borroso e insignificante? El autom\u00f3vil que los iba conduciendo de Miraflores al campo de aviaci\u00f3n corr\u00eda, el piloto estrechaba a preguntas al Anto\u00f1ito Pimentel y el Anto\u00f1ito Pimentel contestaba a todas las preguntas con h\u00e1biles evasivas. Al piloto le pareci\u00f3 que el hombrecito borroso iba preocupado.<\/p>\n\n\n\n<p>Perdi\u00f3 la esperanza de saber nada por aquel medio. \u00abLo sabr\u00e9 todo en Maracay\u00bb, pens\u00f3. Al Anto\u00f1ito Pimentel, por su parte, le parec\u00eda demasiado pregunt\u00f3n y chacharero aquel oficial. \u00ab\u00a1Buena ocasi\u00f3n\u2014dec\u00edase\u2014para entrar uno en confidencias!\u00bb No deseaba pensar en nada sino en el objeto de su viaje y en la entrevista que iba a celebrar con el dictador. \u00abQue Dios me ampare\u00bb, pensaba, entrecerrando los ojos.<\/p>\n\n\n\n<p>Subi\u00f3 al avi\u00f3n sin miedo; su miedo era la entrevista. Sin embargo, un ligero escalofr\u00edo\u2014casi nada, cosa de un minuto\u2014lo sobrecogi\u00f3 al empezar a ascender. A poco, desapareci\u00f3 aquel temblor inicial. De cuando en cuando miraba hacia tierra: \u00ab\u00a1Diablo, si nos cay\u00e9semos!\u00bb Tocaba el aparato met\u00e1lico, s\u00f3lido. La confianza en la seguridad volv\u00eda pronto. La preocupaci\u00f3n de lo que pudiera suceder en la entrevista se sobrepon\u00eda a todo. \u00abDios me ampare.\u00bb<\/p>\n\n\n\n<p>Desde los aires, en alas del p\u00e1jaro de hierro, volando por el espacio infinito, las monta\u00f1as por encima de las cuales iba cerni\u00e9ndose perd\u00edan a los ojos del viajero proporci\u00f3n, majestad: simulaban, en la confusi\u00f3n de la hora, numerosa recua de asnillos echados a descansar ape\u00f1uscadamente, all\u00e1 abajo, sobre la tierra oscura.<\/p>\n\n\n\n<p>Y volv\u00eda a sumirse en cavilaciones que nada ten\u00edan que hacer con la novedad de su vuelo. \u00abLa Divina Providencia me d\u00e9 suerte. Dios me ampare.\u00bb Se sorprendi\u00f3 de veras cuando el piloto, descendiendo oblicuamente hacia un vapor luminoso que emerg\u00eda de la tierra, dijo, por se\u00f1as, ya casi encima de aquel breve lago de luz:<\/p>\n\n\n\n<p>\u2014Hemos llegado. <\/p>\n\n\n\n<p>Acababan de salir de Caracas, y \u00a1ya aterrizando en Maracay! \u00a1Ya en el antro del ogro, en el escondite del tirano!<\/p>\n\n\n\n<p class=\"has-text-align-center\">&#8211; o &#8211;<\/p>\n\n\n\n<p>Maracay era, en efecto, el pintoresco pueblecito de los hermosos, f\u00e9rtiles, c\u00e1lidos valles de Aragua\u2014pueblecito blanco de tapias y verde de huertas y jardines\u2014, en donde el tiranuelo, rodeado de tropas, de soplones y asesinos a sueldo, escond\u00eda, lleno de recelo, su pavor. <\/p>\n\n\n\n<p>A medida de su crueldad, crec\u00eda su miedo.Termin\u00f3 por huir de las ciudades. Busc\u00f3 el monte, como las dem\u00e1s fieras. Viniese de donde viniese, nadie pod\u00eda acercarse a Maracay sin su anuencia, obtenida muy de antemano, a veces con extremas dificultades. \u00a1Ay del esp\u00eda que durmiera!<\/p>\n\n\n\n<p>Aquella misma aeronave nocturna jam\u00e1s hubiera conseguido aterrizar tranquilamente, a pesar de su car\u00e1cter oficial, sin previo permiso del dictador. El pobre diablo bigotudo y rid\u00edculo, <em>homme de paille<\/em>, a quien tenia encargado nominalmente del Ejecutivo, en Caracas; aquel presidente in partibus, le hab\u00eda telefoneado respecto al hombrecito borroso, que llevaba un drama en el buche.<\/p>\n\n\n\n<p>\u00abEl general\u00bb dispuso que el hombrecito fuera conducido a Maracay, \u00aben aroplano\u00bb, esa misma noche. Por eso llegaba aquel hombrecito borroso y desconocido, en medio de tanto sigilo y en un avi\u00f3n del Gobierno, a presencia del dictador.<\/p>\n\n\n\n<p class=\"has-text-align-center\">&#8211; o &#8211;<\/p>\n\n\n\n<p>La turbaci\u00f3n del Anto\u00f1ito Pimentel del avi\u00f3n creci\u00f3 como por ensalmo al tocar tierra en Maracay. \u00bfQu\u00e9 misi\u00f3n era la suya que el hombrecito se inmutaba al momento de ir a cumplirla? Todos se cre\u00edan felices de ser recibidos por el dictador; !y \u00e9l, a quien esperaba el dictador con impaciencia, se pon\u00eda ahora a temblar! <\/p>\n\n\n\n<p>Pens\u00f3 que de all\u00ed part\u00edan las \u00f3rdenes de muerte, de proscripci\u00f3n, de ruina, que el otro Anto\u00f1ito Pimentel a veces inspiraba. Pens\u00f3 tambi\u00e9n, reaccionando, que el favor, la riqueza, la felicidad, pod\u00edan de igual suerte surgir de ese Maracay misterioso. \u00c9l jugaba todo su capital, que era su cabeza, en aquella loter\u00eda. Imposible la calma en aquel instante, que era el instante del destino\u2026<\/p>\n\n\n\n<p>Iba con una mezcla de temor y de esperanza, con m\u00e1s esperanza que temor, a entrevistarse con el monstruo, a departir con el \u00faltimo bandido que detenta el poder y ejerce de gobernante. Con el \u00faltimo tirano que a\u00fan queda en pie sobre todo el haz de la tierra: Juan Vicente G\u00f3mez, \u00abJuan Bizonte\u00bb, de aspecto, de esp\u00edritu y de nombre vulgares.<\/p>\n\n\n\n<p><strong>II El arribo<\/strong><\/p>\n\n\n\n<p>Un sota-G\u00f3mez, pariente cercano del d\u00e9spota \u2014ya apenas ten\u00eda confianza mas que en algunos deudos\u2014, coronel de pocas palabras y poqu\u00edsima inteligencia, esperaba, con tres o cuatro oficiales muy adictos al r\u00e9gimen imperante, el aterrizaje del avi\u00f3n.<\/p>\n\n\n\n<p>Comentando la rapidez del viaje, a pesar del contrario viento fort\u00edsimo, atraviesa el grupo las calles de la villa dormida. En el silencio nocturno resuenan los pasos y las voces.<\/p>\n\n\n\n<p>\u2014Esto parece un cementerio\u2014dijo el piloto.<\/p>\n\n\n\n<p>Nadie contest\u00f3. La observaci\u00f3n era justa. Las calles estaban desiertas. Puertas y ventanas cerradas, sin dar resquicio ni a una luz ni a una voz. El pueblo, demasiado esclarecido por numerosos focos voltaicos, \u00bftiene miedo, dentro de las casas, de la luz?\u00bfEs lig\u00f3filo de puertas adentro? No tropieza el grupo alma viviente, salvo figuras de polizontes arrebujados en sus capotes de bayeta azul oscuro.<\/p>\n\n\n\n<p>Estos polizontes guardan, no el sue\u00f1o del pueblecito, sino la seguridad del d\u00e9spota. No bastan de seguro el cuartel frontero al antro del ogro, ni dos cuarteles laterales, ni el ret\u00e9n que pernocta, con centinelas de vista, en la misma casona del aut\u00f3crata.<\/p>\n\n\n\n<p>\u2014\u00bfY esto est\u00e1 siempre tan l\u00fagubre?\u2014pregunta el pilotillo con ganas de conversar y pareciendo olvidar en d\u00f3nde se encuentra.<\/p>\n\n\n\n<p>\u2014La noche es para dormir\u2014le contestan con diplomacia evasiva.<\/p>\n\n\n\n<p>El pueblo ronca a pierna suelta desde que las diez suenan y aun antes. A las nueve no queda ya un solo port\u00f3n de par en par. El d\u00e9spota ha impuesto, sin demasiado esfuerzo, esa costumbre que es la suya.  Aquel pueblo, de genio tan alegre como todos los pueblos de Aragua, se muere de hast\u00edo sin saber c\u00f3mo emplear el sobrante de energ\u00edas que otras poblaciones, aun menos densas pero m\u00e1s felices y m\u00e1s libres, derrochan en la charla del Club, en reuniones de sociedad, en el caf\u00e9, en los espect\u00e1culos.<\/p>\n\n\n\n<p>Pero el b\u00e1rbaro no sabe conversar, no gusta del baile, no conoce m\u00e1s relaciones con las mujeres, sino el fulm\u00edneo contacto del macho con la hembra; y no quiere que nadie se re\u00fana a conversar, a bailar, a comer, a matar el tiempo en mutua y grata compa\u00f1\u00eda. Las m\u00e1s inocentes y cursis reunioncitas de familia necesitan demandar un permiso que no siempre obtienen. \u00bfCharlar en un caf\u00e9, en un Club, por pasar el rato? !Qui\u00e9n se atrever\u00eda, cuando un sopl\u00f3n se esconde detr\u00e1s de cada \u00abgobiernista\u00bb, cuando cada palabra va a ser pesada en balanc\u00edn de farmac\u00e9utico y a sufrir la p\u00e9rfida hermen\u00e9utica de esbirros y sayones! \u00bfEspect\u00e1culos? El barbar\u00f3crata no se place\u2014fuera de alguna sesi\u00f3n de cinemat\u00f3grafo con truculento y est\u00fapido film yanqui\u2014sino en el espect\u00e1culo de los novillos gordos, de las terneras lucias, de las vacas reci\u00e9n paridas, de la orde\u00f1a, de las monta\u00f1as amarillosas de mantequilla y de las torres de queso de todos colores, sabores y olores.<\/p>\n\n\n\n<p class=\"has-text-align-center\">&#8211; o &#8211;<\/p>\n\n\n\n<p>Las pocas familias de Maracay que no han podido emigrar huyendo a la lascivia del monstruo taciturno, a la brutalidad por \u00e9l permitida y re\u00edda de sus ga\u00f1anes y gen\u00edzaros, viven, con pocas excepciones, en inseguridad, en angustia, ocultas detr\u00e1s de sus puertas y ventanas cerradas, temerosas si se exhiben, otras veces exhibi\u00e9ndose adrede, sonriendo por fuerza, temerosas de que el monstruo imagine que se esconden.<\/p>\n\n\n\n<p>Los hombres, como no sean los esp\u00edas, polizontes, gen\u00edzaros, amanuenses, administradores, proxenetas y otros cortesanos del barbar\u00f3crata, no concurren al melanc\u00f3lico y \u00fanico Casino tolerado, cuyo due\u00f1o es el primer sopl\u00f3n del Monipodio gobernante.<\/p>\n\n\n\n<p>!Y qu\u00e9 tristes solaces! !Dignos s\u00f3lo de aquellostristes y envilecidos seres, de moral y sensibilidad rudimentarios! En el sal\u00f3n m\u00e1ximo se escucha el tintineo de alguna copita de ron contra los platones de metal, el paso lento del waiter, el salivazo garapi\u00f1ado o el gargajeo de alg\u00fan cliente. La voz aguardentosa y siempre alta\u2014 para que todos oigan\u2014de alg\u00fan gomecista, de alg\u00fan gardingo, que refiere haza\u00f1as ilusivas o apolog\u00edas exageradas del mandar\u00edn. <\/p>\n\n\n\n<p>Tambi\u00e9n se perciben all\u00ed otros signos de vida, ruidos no menos ingratos: el golpear de los huesos del domin\u00f3 contra la madera o el m\u00e1rmol de los veladores y el choque melanc\u00f3lico de las cascadas bolas de un billar deste\u00f1ido y desnivelado. De cuartuchos interiores parten de vez en cuando interjecciones soldadescas, risas estridentes o nerviosas: en aquellos diminutos, malolientes y c\u00e1lidos locutorios, varias cabezas anhelosas se asfixian con 30\u00b0 Reaumur, en torno de redonda mesa cubierta de tensa tela blanca, sucia de grasa y de sudor, por donde se deslizan los dados de ojos negros que salen a toda carrera de un cubilete de cuero.<\/p>\n\n\n\n<p>El juego y el aguardiente si los permite Juan Bizonte: sabe por instinto y por experiencia que ambos son reveladores. Su preocupaci\u00f3n constante, \u00bfno consiste en inquirir lo que piensan los dem\u00e1s, temeroso de que tramen, o imaginen tramar, alg\u00fan atentado contra \u00e9l? Emborracharse en presencia de los esp\u00edas, magnifico; jugar los esp\u00edas gratuitos o a sueldo en presencia de los contraesp\u00edas, magnifico. Eso s\u00ed, a las diez de la noche todo el mundo debe dormir. La noche es mala consejera. En una sola noche pudiera imaginarse, y aun ponerse por obra, cualquier diablura contra \u00e9l, a pesar de todas las precauciones y sin que nadie tuviera tiempo ni ocasi\u00f3n de enterarlo.<\/p>\n\n\n\n<p>El pat\u00e1n quiso imponer aquella costumbre de gallinero con el ejemplo; pero el ejemplo no bast\u00f3: fue menester el espect\u00e1culo de alguno que otro cad\u00e1ver de trasnochador inofensivo encontrado al amanecer sobre la acera o en medio del arroyo.<\/p>\n\n\n\n<p>El miserable, tan parco de frases a menudo, comenta esos cr\u00edmenes con locuacidad de sacamuelas.<\/p>\n\n\n\n<p>\u2014Eso es para que vean lo peligroso que es no estar en su casa cada quisque desde las nueve de la noche. \u00a1Hay tantos malhechores! Y qui\u00e9n va a descubrir al que nos acomete, a media noche, detr\u00e1s de alguna esquina.<\/p>\n\n\n\n<p>Lo repiti\u00f3 mil veces. Y sol\u00eda a\u00f1adir a guisa de advertencia:<\/p>\n\n\n\n<p>\u2014\u00bfPor qu\u00e9 no har\u00e1n todos como yo, que a las nueve estoy en la cama?<\/p>\n\n\n\n<p>Y aun pudo agregar, despu\u00e9s del \u00faltimo atentado de ese linaje, furioso de que hubiera personas que no supiesen traducir el pensamiento del amo:<\/p>\n\n\n\n<p>\u2014Yo ni cobro ni pago esos muertos.<\/p>\n\n\n\n<p>Los vecinos, hasta los m\u00e1s torpes, quedaron enterados: pena de la vida al que salga de su casa en Maracay despu\u00e9s de las nueve de la noche. \u00a1Hay tantos malhechores!<\/p>\n\n\n\n<p class=\"has-text-align-center\">&#8211; o &#8211;<\/p>\n\n\n\n<p>As\u00ed, aunque Maracay \u00edntegro hubiera abierto los ojos con los resoplidos is\u00f3cronos del motor, nadie se habr\u00eda aventurado a perquisicionar en torno de la nave nocturna, ni siquiera a curiosear de lejos. De memoria sabe el pueblo que todo mensaje sorpresivo trae un destino fijo: la oreja o los ojos del dictador. Sabe tambi\u00e9n de memoria que el cruento mandar\u00edn anacr\u00f3nico, cada vez m\u00e1s receloso, descomp\u00f3nese a la mera sospecha de que alguien pueda intuir, no se diga averiguar, asuntos que a \u00e9l ata\u00f1en.<\/p>\n\n\n\n<p>\u00bfQu\u00e9 extra\u00f1o, pues, que piloto y tripulante atravesaran la ciudad, en compa\u00f1\u00eda del pariente de Juan Bizonte y de los tres o cuatro oficiales que le daban escolta, sin encontrar sino figuras de polizontes acurrucados en los portales o fisgoneando el vac\u00edo, calle arriba, calle abajo?<\/p>\n\n\n\n<p>No tard\u00f3 el grupo en desembocar a la calle del dictador. La residencia del monstruo ergu\u00eda su pesada mole, su cubo de sombra y mamposter\u00eda. Era una casona chata, s\u00f3lida, vulgarota, con centinelas a la puerta. Enfrente hab\u00eda un cuartel. A la espalda y a los lados cuarteles.<\/p>\n\n\n\n<p>El grupo avanzaba. Le dieron el alto. Detuvi\u00e9ronse los arribantes, como parados de s\u00fabito por eficiente mecanismo; y el sota-G\u00f3mez di\u00f3se a conocer sucesivamente por tres distintos centinelas. Adelantaron entonces hasta la puerta misma de la mansi\u00f3n desp\u00f3tica. All\u00ed se bifurc\u00f3 el grupo. Al piloto, en son de camarader\u00eda, se le condujo al cuartel frontero. En realidad quedaba preso; por lo menos vigilado. Con nadie, fuera de aquellos tres o cuatro oficiales que lo acompa\u00f1aban, deb\u00eda cruzar palabra.<\/p>\n\n\n\n<p>El otro, el Anto\u00f1ito Pimentel de enga\u00f1ifa, el hombrecito desmirriado y taciturno, fue introducido por el coronel, sin p\u00e9rdida de minuto, al trav\u00e9s de largos corredores y puertas que se abr\u00edan y se cerraban, a presencia del aut\u00f3crata.<\/p>\n\n\n\n<h4 class=\"wp-block-heading has-text-align-right\"><a href=\"https:\/\/eldienteroto.org\/wp49\/rufino-blanco-fombona\/\" target=\"_blank\" rel=\"noreferrer noopener\">Sobre el autor<\/a><\/h4>\n","protected":false},"excerpt":{"rendered":"<p>Rufino Blanco Fombona I Bajo el cielo de oro Bordonea el aeroplano, rasgando el velo nocturno, entre violentas r\u00e1fagas, y avanzando por en cima de los montes, en el espacio abierto. No brilla luna; pero las estrellas del tr\u00f3pico no dejan rinc\u00f3n de cielo sin lamparita encendida y difunden por todo el \u00e9ter su intensa [&hellip;]<\/p>\n","protected":false},"author":6,"featured_media":17509,"comment_status":"open","ping_status":"closed","sticky":false,"template":"","format":"standard","meta":{"_monsterinsights_skip_tracking":false,"_monsterinsights_sitenote_active":false,"_monsterinsights_sitenote_note":"","_monsterinsights_sitenote_category":0,"footnotes":""},"categories":[15],"tags":[],"_links":{"self":[{"href":"https:\/\/eldienteroto.org\/wp49\/wp-json\/wp\/v2\/posts\/17508"}],"collection":[{"href":"https:\/\/eldienteroto.org\/wp49\/wp-json\/wp\/v2\/posts"}],"about":[{"href":"https:\/\/eldienteroto.org\/wp49\/wp-json\/wp\/v2\/types\/post"}],"author":[{"embeddable":true,"href":"https:\/\/eldienteroto.org\/wp49\/wp-json\/wp\/v2\/users\/6"}],"replies":[{"embeddable":true,"href":"https:\/\/eldienteroto.org\/wp49\/wp-json\/wp\/v2\/comments?post=17508"}],"version-history":[{"count":3,"href":"https:\/\/eldienteroto.org\/wp49\/wp-json\/wp\/v2\/posts\/17508\/revisions"}],"predecessor-version":[{"id":17515,"href":"https:\/\/eldienteroto.org\/wp49\/wp-json\/wp\/v2\/posts\/17508\/revisions\/17515"}],"wp:featuredmedia":[{"embeddable":true,"href":"https:\/\/eldienteroto.org\/wp49\/wp-json\/wp\/v2\/media\/17509"}],"wp:attachment":[{"href":"https:\/\/eldienteroto.org\/wp49\/wp-json\/wp\/v2\/media?parent=17508"}],"wp:term":[{"taxonomy":"category","embeddable":true,"href":"https:\/\/eldienteroto.org\/wp49\/wp-json\/wp\/v2\/categories?post=17508"},{"taxonomy":"post_tag","embeddable":true,"href":"https:\/\/eldienteroto.org\/wp49\/wp-json\/wp\/v2\/tags?post=17508"}],"curies":[{"name":"wp","href":"https:\/\/api.w.org\/{rel}","templated":true}]}}