{"id":17481,"date":"2025-10-06T09:55:13","date_gmt":"2025-10-06T14:25:13","guid":{"rendered":"https:\/\/eldienteroto.org\/wp49\/?p=17481"},"modified":"2025-10-07T07:57:38","modified_gmt":"2025-10-07T12:27:38","slug":"cuentos-leisie-montiel","status":"publish","type":"post","link":"https:\/\/eldienteroto.org\/wp49\/cuentos-leisie-montiel\/","title":{"rendered":"Dos cuentos de Leisie Montiel Spluga"},"content":{"rendered":"\n<h3 class=\"wp-block-heading\">El amor del hombre peque\u00f1ito<\/h3>\n\n\n\n<p class=\"has-text-align-right\"><img decoding=\"async\" loading=\"lazy\" width=\"167\" height=\"21\" class=\"wp-image-13249\" style=\"width: 150px;\" src=\"https:\/\/eldienteroto.org\/wp49\/wp-content\/uploads\/2024\/09\/separador-fino.jpg\" alt=\"\"><em>A E. M., con gratitud y en homenaje a Edgar Allan Poe,<\/em> <em>de quien aprend\u00ed que era posible amar u odiar una parte del todo.<\/em><\/p>\n\n\n\n<p>Yo amo la fuerza del amor del hombre peque\u00f1ito, no al hombre peque\u00f1ito que deliraba por estar cerca de m\u00ed. Eso me daba miedo, verlo busc\u00e1ndome como fuera de s\u00ed, vuelto puro temblor por sentir una pasi\u00f3n que no cre\u00ed jam\u00e1s poder llegar a despertar en alguien o en nadie. \u00c9l am\u00f3 mis ojos con locura, mejor dicho su forma de observar las cosas alrededor, pero, sobre todo, dentro de m\u00ed misma; exacerb\u00f3 mis primeros poemas, augur\u00e1ndome una vida extraordinaria como mujer y como escritora, aunque despu\u00e9s comprend\u00ed que en realidad daba lo mismo, que era como tomar una moneda cuyas caras coexisten en una entidad \u00fanica, de modo inexorable. &nbsp;El hombre peque\u00f1ito midi\u00f3 mis destrezas con su don maestro y, por respeto a su devoci\u00f3n desquiciada, tom\u00e9 distancia en los pocos espacios comunes y en el tiempo. No s\u00e9 si la raz\u00f3n fuera la que dictamin\u00f3 un brillante profesor de literatura -vate insuperable por su profundo conocimiento de ella-, la de que yo sol\u00eda ser \u201cuna mujer dada constantemente a la fuga\u201d. Quiz\u00e1s el motivo de su juicio se deb\u00eda, m\u00e1s bien, al hecho de que no me acomod\u00e9 a los halagos gastados de un camarada a quien, para mi asombro, escuchaba con benepl\u00e1cito durante la velada de un congreso literario, tal como se estila en ese tipo de eventos.<\/p>\n\n\n\n<p>Pero, retomando el hilo que aqu\u00ed me ocupa, pasados muchos a\u00f1os volv\u00ed a encontrar al hombre peque\u00f1ito junto a un hijo que la vida le hab\u00eda regalado. Al apreciar su rostro radiante de padre orgulloso, experiment\u00e9 un regocijo indescriptible porque, finalmente, mi estimado amigo hab\u00eda prodigado su amor hacia seres sustantivos para su existencia; ahora s\u00ed cobraba sentido profesar la hondura de un afecto que hab\u00eda nacido de sus entra\u00f1as y no de un il\u00f3gico arrebato pese a que ya tocaba los albores de la mediana edad. Mi alma rebos\u00f3 en gratitud al comprender que nada sucede porque s\u00ed, que hay recodos, pasadizos oscuros y confusos, pero tambi\u00e9n espl\u00e9ndidas rutas con direcci\u00f3n a la dicha donde somos una suerte de dioses hacedores de su propio destino. Toca esperar con paciencia y sobreponerse a los fuegos fatuos, a los pasos en falso, a ser err\u00e1ticos por la naturaleza misma de nuestra condici\u00f3n humana. Como si fuera cosa de una breve pausa temporal -de un abrir y cerrar de ojos como quien dice-, el hombre peque\u00f1ito coment\u00f3 que volvi\u00f3 a buscarme de nuevo pero sin \u00e9xito, pues nunca m\u00e1s logr\u00f3 verme. Entonces tuve el impulso de acercarme y responderle como lo har\u00eda una vieja amiga que el azar de las circunstancias le traer\u00eda de regreso, luego de reconocer que, a fin de cuentas, la fruici\u00f3n por instalarnos en mundos ficcionales era un nexo leg\u00edtimo que no cab\u00eda negar. Aunque yo era otra muy distinta, la expresi\u00f3n de mis ojos -seg\u00fan \u00e9l- segu\u00eda intacta, igual a la de la chica adolescente que le habl\u00f3 de mil sue\u00f1os sin saber que con eso abr\u00eda la hendidura de un coraz\u00f3n que, a pesar de haberse roto, conseguir\u00eda sanarse.<\/p>\n\n\n\n<p class=\"has-text-align-center\">***<\/p>\n\n\n\n<p><img decoding=\"async\" loading=\"lazy\" width=\"831\" height=\"641\" class=\"wp-image-17492\" style=\"width: 750px;\" src=\"https:\/\/eldienteroto.org\/wp49\/wp-content\/uploads\/2025\/10\/Hoffie.jpg\" alt=\"\" srcset=\"https:\/\/eldienteroto.org\/wp49\/wp-content\/uploads\/2025\/10\/Hoffie.jpg 831w, https:\/\/eldienteroto.org\/wp49\/wp-content\/uploads\/2025\/10\/Hoffie-300x231.jpg 300w, https:\/\/eldienteroto.org\/wp49\/wp-content\/uploads\/2025\/10\/Hoffie-768x592.jpg 768w\" sizes=\"(max-width: 831px) 100vw, 831px\" \/><\/p>\n\n\n\n<h3 class=\"wp-block-heading\">Hoffie<\/h3>\n\n\n\n<p class=\"has-text-align-right\"><em>El gato que est\u00e1 triste y azul<\/em>\/<em>nunca se olvida\u2026 <\/em>Roberto Carlos<\/p>\n\n\n\n<p>Nunca estuve muy ganada que se diga a la idea de adoptar mascotas, despu\u00e9s de haber pasado por la dura experiencia de ver morir a Michi Pochi, nuestro gato querido; a Rubia, una gata cuya imagen se pierde en los rincones de mi memoria de apenas tres a\u00f1os de edad y que \u2013recuerdo- era la favorita de la abuela \u00c1ngela; o de la traici\u00f3n de Gata, otro ejemplar que nos result\u00f3 ser malagradecida, porque luego de haberla cuidado con el mayor de los esmeros e, incluso, de haber destinado de nuestro peculio familiar una parte para correr con los gastos de su esterilizaci\u00f3n, al percatarse de que nos cambi\u00e1bamos de domicilio, decidi\u00f3 la muy ingrata \u2013y en nuestras propias narices- irse a vivir a la casa de los vecinos de enfrente. Tal fuerza de determinaci\u00f3n es prueba inequ\u00edvoca (con muy pocas excepciones) de lo que siempre se ha sabido: que los gatos no se pegan de los due\u00f1os sino de las casas y que en esa t\u00f3nica se gastan sus siete vidas.<\/p>\n\n\n\n<p>Pero ninguno de ellos tres lleg\u00f3 a conquistar, realmente, mi coraz\u00f3n, como s\u00ed lo hizo \u00c1gata, la gatica angora cuya foto miraba una y otra vez en la enciclopedia universal que, muchos a\u00f1os despu\u00e9s, heredar\u00edamos entre las otras cosas de pap\u00e1. Era tanto mi deseo de tener una de verdad, viva y palpitante, que acab\u00f3 por convertirse en mi mascota imaginaria. Esto, por supuesto, ten\u00eda sus ventajas, porque me ahorrar\u00eda as\u00ed el dolor de que se muriera o de que un d\u00eda me despertara con la noticia de que se la hab\u00edan robado.<\/p>\n\n\n\n<p>En resumidas cuentas, llegamos a la conclusi\u00f3n de que gato no es familia y, por eso, a partir de entonces, hab\u00edamos aprendido a vivir sin contar con la presencia de afectos complementarios. Loca est\u00e1 una amiga m\u00eda a la que parece hab\u00e9rsele incorporado Herodes, porque dentro de su trastorno est\u00e1 convencida de que los animales necesitan ser m\u00e1s cuidados que los ni\u00f1os debido a que estos pueden hablar y decir lo que les duele, mientras que aquellos no.<\/p>\n\n\n\n<p>Sin embargo, sucedi\u00f3 que pasado un buen tiempo y de nuevo mudados a otro edificio y a otro pa\u00eds, lleg\u00f3 Hoffie, un azul ruso m\u00e1s arisco que saludo de artista famoso, sacado \u2013seg\u00fan supe por Santiago, su due\u00f1o- de una feria de mascotas en adopci\u00f3n que se realiz\u00f3 aquel d\u00eda&nbsp; domingo&nbsp; en&nbsp; que apareci\u00f3, por primera vez. No se puede negar que el paso de Hoffie era elegante, con un aire de prestancia y misterio como nunca antes vi en un gato, rasgo que lo dotaba, sin duda, de su mayor encanto. Lo malo era su obstinada actitud evasiva y nerviosa, producto del maltrato que, quiz\u00e1s, hab\u00eda recibido de manos de sus antiguos due\u00f1os. Era lo que infer\u00edamos de su comportamiento, porque no se entend\u00eda c\u00f3mo, luego de tantas dosis de cari\u00f1o y cobijo familiar, permaneciera en su actitud fr\u00eda y distante. No obstante, no nos importaba mucho que Hoffie no nos retribuyera el afecto que nosotros le d\u00e1bamos, pero s\u00ed evitar, por todos los medios posibles, su tendencia suicida a pescar alguna ventana abierta para saltar al abismo, pues estamos en un quinto piso y las posibilidades de salvarse son &nbsp;nulas. No sabemos, en verdad, si&nbsp; su&nbsp; arranque&nbsp; se&nbsp; debe&nbsp; al&nbsp; confinamiento&nbsp; en&nbsp; que&nbsp; todos &nbsp;nos &nbsp;mantenemos \u2013humanos y gato- o a otro motivo que mi pobre psicolog\u00eda gatuna no alcanza a precisar.<\/p>\n\n\n\n<p>Sucedi\u00f3 que un mediod\u00eda, mientras me encontraba tendiendo la ropa que hab\u00eda lavado, muy cerca del ventanal grande junto a la escalera y de donde Hoffie tiene su casa, me llam\u00f3 la atenci\u00f3n que no se hab\u00eda inmutado&nbsp;&nbsp; por&nbsp; mi&nbsp; presencia&nbsp; cuando&nbsp; me acerqu\u00e9&nbsp; para&nbsp; colgar&nbsp; los ganchos, aprovechando que a esa hora abre un solecito bueno para ayudar a que el secado sea m\u00e1s r\u00e1pido (todo un tema ac\u00e1 en Bogot\u00e1). Con la mirada petrificada en direcci\u00f3n hacia un alero contiguo a la pared del lado fuera, permanec\u00eda el gato imp\u00e1vido, olvidado por completo del contexto. La raz\u00f3n la descubri\u00f3 mi hija, quien me coment\u00f3 que ella tambi\u00e9n lo hab\u00eda sorprendido de ese modo, pero que no era que estaba enfermo ni nada por el estilo, sino que desde d\u00edas atr\u00e1s hab\u00eda visto revolotear a un pajarito que lo ten\u00eda obsesionado, tanto como mi \u00c1gata imaginaria a m\u00ed a pesar de que, de vuelta a la cordura, he entendido que \u2013a decir verdad- no me gustan los gatos, aunque s\u00ed tenemos en com\u00fan el apego al desapego.<\/p>\n\n\n\n<p>El resto de los d\u00edas en que Hoffie se ha visto obligado a sufrir esta convivencia, no he hecho nada m\u00e1s salvo que su vida siga transcurriendo&nbsp; tan apacible como se pueda, evit\u00e1ndole encuentros desagradables de ning\u00fan tipo (sobre todo, los cercanos). A veces, cuando baja la guardia y se descuida, aprovecho el momento para sacarle fotograf\u00edas donde su tedio, su pavor y lo que se reserve de sentimientos encontrados queden capturados, por siempre, junto con esta prosopograf\u00eda que he escrito para una tarea que la ni\u00f1a debe subir a la plataforma antes de la medianoche. En el inter\u00edn, le&nbsp;&nbsp; concedo&nbsp;&nbsp; cortos&nbsp;&nbsp; recesos&nbsp; para&nbsp; que&nbsp; disfrute&nbsp; de&nbsp; sus&nbsp; aventuras infantiles o intente ganarse, una vez m\u00e1s,&nbsp; el cari\u00f1o del protagonista arisco que nos deja a todos azules, haci\u00e9ndole honor a su especie.<\/p>\n\n\n\n<h4 class=\"wp-block-heading has-text-align-right\"><a rel=\"noreferrer noopener\" href=\"https:\/\/eldienteroto.org\/wp49\/leisie-montiel\/\" target=\"_blank\">Sobre la autora<\/a><\/h4>\n\n\n\n<h6 class=\"wp-block-heading\">*La ilustraci\u00f3n que acompa\u00f1a el segundo cuento es obra de Mariana Pirela Montiel, hija de la autora<\/h6>\n","protected":false},"excerpt":{"rendered":"<p>El amor del hombre peque\u00f1ito A E. M., con gratitud y en homenaje a Edgar Allan Poe, de quien aprend\u00ed que era posible amar u odiar una parte del todo. Yo amo la fuerza del amor del hombre peque\u00f1ito, no al hombre peque\u00f1ito que deliraba por estar cerca de m\u00ed. 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