{"id":17460,"date":"2025-10-04T09:23:46","date_gmt":"2025-10-04T13:53:46","guid":{"rendered":"https:\/\/eldienteroto.org\/wp49\/?p=17460"},"modified":"2025-10-04T09:23:47","modified_gmt":"2025-10-04T13:53:47","slug":"no-todos-los-ciclopes-nacen-ciegos","status":"publish","type":"post","link":"https:\/\/eldienteroto.org\/wp49\/no-todos-los-ciclopes-nacen-ciegos\/","title":{"rendered":"No todos los c\u00edclopes nacen ciegos"},"content":{"rendered":"\n<h4 class=\"wp-block-heading has-text-align-right\">Sol Linares<\/h4>\n\n\n\n<p>A m\u00e1s de un a\u00f1o viviendo en un hotel de Aci Trezza, al este de Sicilia, toca armar de nuevo el equipaje. Lo hago sin acosar mis pertenencias, lentamente y a ratos, como si les diera tiempo de meterse en la valija por sus propios medios. Cuesta dejar la ciudad; aqu\u00ed son bonitos hasta los ni\u00f1os feos. Una brisa dulce y salada baja por lo farallones. En Catania, todo lo que hay que sentir de los dioses griegos est\u00e1 guardado en las monta\u00f1as y en las rocas. No necesito mirar el monte Etna para sentirlo; su presencia es una certeza, lo percibo incluso cuando entro a la habitaci\u00f3n y bajo las persianas, los visillos, los p\u00e1rpados. Me trajo a Italia la singularidad de nuestro ADN y su relato. M\u00e1s exactamente, todo lo que un beb\u00e9 c\u00edclope expres\u00f3 en nuestra constituci\u00f3n celular. Mi nombre es Flora Rodr\u00edguez de Mazzarri; soy ingeniera gen\u00e9tica, pariente de Neptuno y alguna vez fui tartamuda. <\/p>\n\n\n\n<p class=\"has-text-align-center\">&#8211; o &#8211;<\/p>\n\n\n\n<p>Pasado ma\u00f1ana cumplo 63. Desde que la carnosidad de mis ojos y el temblor de mis manos me obligaron a abandonar el microscopio, soy m\u00e1s \u00fatil en las salas de conferencias y en las cocinas de mis amigos. No pasa nada, cada edad tiene su encanto. Voy por el mundo horneando pan y contando la historia de una ni\u00f1a que descubri\u00f3, una ma\u00f1ana, a un c\u00edclope de carne y hueso, ya no debajo de su cama como es natural en los cuentos de horror, sino en el museo de patolog\u00eda de su \u00e1lbum familiar. <\/p>\n\n\n\n<p>Esa ni\u00f1a fui yo. Y ese beb\u00e9 c\u00edclope conoci\u00f3 dos placentas: la de mi t\u00eda Rodriga y una botella repleta de formol donde nunca pudo crecer. <\/p>\n\n\n\n<p>Los beb\u00e9s que nacen muertos, vencidos antes de nacer por un error cong\u00e9nito, nunca son amamantados. Ni enterrados. Sin estar vivos, tampoco llevan la vida com\u00fan y corriente de un muerto. Quedan como piezas de exhibici\u00f3n en los salones de medicina donde ser\u00e1n visitados diariamente por m\u00e9dicos, residentes, curiosos. Jam\u00e1s por sus familiares. <\/p>\n\n\n\n<p>Mi primo naci\u00f3 un 3 de diciembre de 1962. Desde entonces fue un maniqu\u00ed m\u00e1s en el museo de las aberraciones. Esta es su historia, contada bajo la tutela de la ciencia y el mito, no como versiones opuestas de una pesadilla, sino m\u00e1s bien a modo de int\u00e9rpretes, asociados para recomponer un paisaje familiar marcado por insospechados horrores. <\/p>\n\n\n\n<p>De lo contrario, nunca hubi\u00e9ramos comprendido cu\u00e1n subversiva puede llegar a ser una patolog\u00eda. <\/p>\n\n\n\n<p class=\"has-text-align-center\">&#8211; o &#8211;<\/p>\n\n\n\n<p>Tengo un a\u00f1o y dos meses yendo de la Cittadella Universitaria a este cuarto donde duermo, escribo y leo. Por las tardes bajo al litoral y visito a un amigo m\u00edo, pescador, de nombre Sangermano. Tambi\u00e9n doy paseos frente al monte Etna; de \u00e9l adquir\u00ed el tono confesional y longevo con el que cuento esta historia.<\/p>\n\n\n\n<p>En ese monte, la mitolog\u00eda griega sit\u00faa las calderas de Hefestos, nuestro empleador. Hefestos es lo mismo que decir Vulcano; los dos nombres me gustan. Cuando veo esa monta\u00f1a, veo el pasado de mi clan. No parece tener sentido, sobre todo si digo que nac\u00ed a 8.294 kil\u00f3metros de aqu\u00ed, en una isla lavada por las aguas del mar Caribe. Es que as\u00ed es uno: un buen d\u00eda encuentras en tu ADN las pistas de un dios y luego quieres saber todo de \u00e9l. Cualquiera que vea una gota de mi sangre a trav\u00e9s del lente de un microscopio podr\u00e1 ver a un viejo trovador declamando un poema \u00e9pico de 24 cantos, y nuestra congoja.<\/p>\n\n\n\n<p>En otras palabras, Homero es nuestro cronista. La gen\u00e9tica, en cambio, ha sido para m\u00ed el proyector de una vieja pel\u00edcula que hube de revelar con la obsesi\u00f3n de un arque\u00f3logo, o un poeta. La enfermedad es un s\u00edntoma de un malestar del pasado. <\/p>\n\n\n\n<p>Cada vez que digo estas cosas la se\u00f1ora Bianca se r\u00ede. Es mi camarera. Todos los d\u00edas entra a mi habitaci\u00f3n y grita: \u00abBuongiorno, Dottoressa Flora, servicio in camera!\u00bb. Habla cantando, parece un ganso actuando en una zarzuela. La se\u00f1ora Bianca entra, cambia las s\u00e1banas, las toallas, el jab\u00f3n, en medio de gritos. Los italianos hablan as\u00ed, al borde de un infarto. Bianca es una mujer gruesa y atenta, tiene los ojos azules y escarchados, como salpicados de sal. Fumamos y hablamos a escondidas porque el personal de ser vicio tiene prohibido hacer ambas cosas con los hu\u00e9spedes. Ella se r\u00ede porque digo que caminar por Aci Trezza es como venir al geri\u00e1trico de los dioses griegos y preguntar por un t\u00edo m\u00edo muy lejano. Y es tan exacto\u2026 <\/p>\n\n\n\n<p>Desde la ventana de mi residencia puedo ver el mar J\u00f3nico, el azul \u00edndigo fustigado por las piedras bas\u00e1lticas de la Ribera de los C\u00edclopes, pintorescos farallones en los que realizo mis paseos matutinos y donde Sangermano l\u00eda gambas y peces espada para vender en los restaurantes. Paseo frente al mar de mis antiguos, qui\u00e9n lo dir\u00eda. Ni yo misma lo hubiera adivinado cuarenta y siete a\u00f1os atr\u00e1s, el d\u00eda que destap\u00e9 la caja molecular donde mi familia escond\u00eda un t\u00e1ltos. A un beb\u00e9 c\u00edclope. <\/p>\n\n\n\n<p>Un a\u00f1o y dos meses dejando las huellas de mis pies con juanetes en la arena de Sicilia; parecen los pasos de un avestruz. Entonces, cuando son disueltas por el mar, me alegra sentir que mis rencillas con Neptuno est\u00e9n saldadas. Mi vejez se parece a todo lo que hice. \u00abEl cuerpo es una profunda confesi\u00f3n\u00bb, dijo mi esposo una vez. Esas palabras pondr\u00edan luz sobre la ruta de mi vida, un mapa sentimental que viene de Cabo Alto y termina aqu\u00ed, en Italia. <\/p>\n\n\n\n<p class=\"has-text-align-center\">&#8211; o &#8211;<\/p>\n\n\n\n<p>Dentro de una semana se celebra el D\u00eda del C\u00edclope en la isla de Cabo Alto. Debo regresar a mi ciudad, preceder el ritual que he visto nacer. Mi primo pas\u00f3 de monstruo de museo a patrono de la isla. Pero antes, voy a contarles la historia de los hijos de la verg\u00fcenza. Alguien dijo, no s\u00e9 qui\u00e9n, que la verg\u00fcenza es el peor de los sellos. Ten\u00eda raz\u00f3n. Tantas cosas han de ocurrir para entender que tras el destino de una persona est\u00e1 latiendo la doctrina de todo un clan. Que hay informaci\u00f3n sobre nuestro futuro guardada en algo menos que una part\u00edcula de un mil\u00edmetro, dividida entre mil, llamado ADN. <\/p>\n\n\n\n<p>\u2014Uno no sabe cu\u00e1ntos monstruos habitan en la sangre, cosas invisibles que pujan en uno sin que lo notemos, hasta que algo extraordinario pasa y se manifiestan \u2014digo a mediana voz, mientras la se\u00f1ora Bianca enciende un cigarrillo sentada en la poceta de mi ba\u00f1o.<\/p>\n\n\n\n<h4 class=\"wp-block-heading has-text-align-right\"><a href=\"https:\/\/eldienteroto.org\/wp49\/sol-linares\/\" target=\"_blank\" rel=\"noreferrer noopener\">Sobre la autora<\/a><\/h4>\n","protected":false},"excerpt":{"rendered":"<p>Sol Linares A m\u00e1s de un a\u00f1o viviendo en un hotel de Aci Trezza, al este de Sicilia, toca armar de nuevo el equipaje. Lo hago sin acosar mis pertenencias, lentamente y a ratos, como si les diera tiempo de meterse en la valija por sus propios medios. 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