{"id":17395,"date":"2025-09-26T16:55:16","date_gmt":"2025-09-26T21:25:16","guid":{"rendered":"https:\/\/eldienteroto.org\/wp49\/?p=17395"},"modified":"2025-09-26T16:55:16","modified_gmt":"2025-09-26T21:25:16","slug":"vinko-spolovtiva-quien-te-mato-seleccion","status":"publish","type":"post","link":"https:\/\/eldienteroto.org\/wp49\/vinko-spolovtiva-quien-te-mato-seleccion\/","title":{"rendered":"Vinko Spolovtiva, \u00bfqui\u00e9n te mat\u00f3? (selecci\u00f3n)"},"content":{"rendered":"\n<h4 class=\"wp-block-heading has-text-align-right\">Slavko Zupcic<\/h4>\n\n\n\n<p><strong>Vinko Spolovtiva vive<\/strong><\/p>\n\n\n\n<p>Estaba nervioso, incre\u00edblemente nervioso. Ni siquiera la cercan\u00eda de la Catedral lograba cal marme. Me sent\u00eda correr entre los Se\u00f1ores de la Plaza y remolinear alrededor del monolito. Para nada importaba que yo estuviera sentado en uno de los bancos o que mi padre estuviera esper\u00e1ndome en el otro lado de la Plaza. \u00bfAcaso era posible verlo si el ni\u00f1o de la patineta me hab\u00eda embrujado? Si no pod\u00eda separar mis ojos de aquel cuerpo movi\u00e9ndose hacia uno y otro lado, \u00bfc\u00f3mo divisar entonces la desconocida silueta? \u00bfC\u00f3mo reconocer su rostro, s\u00f3lo visto en las fotos de Sienkewicks, tomadas treinta o cuarenta a\u00f1os atr\u00e1s a orillas de alg\u00fan r\u00edo de Europa?<\/p>\n\n\n\n<p>Hab\u00edamos concertado una cita en la Plaza para conocernos. Por primera vez en su vida, mi padre hab\u00eda sentido curiosidad por conocer a su hijo y me hab\u00eda llamado. Yo no. Desde peque\u00f1o sab\u00eda lo que hab\u00eda sido y era mi padre, un cerdo, y no ten\u00eda ninguna prisa por conocerlo. Hab\u00eda acudido a la cita porque pensaba matarlo. El rev\u00f3lver que llevaba conmigo se encargaba de record\u00e1rmelo a cada instante. Si s\u00f3lo hab\u00eda visto sus fotos y sus cartas viej\u00edsimas, \u00bfacaso era posible responder de otra forma a su aparici\u00f3n repentina? Era necesario matarlo. Luego me entregar\u00eda a la polic\u00eda.<\/p>\n\n\n\n<p>&#8211; Acabo de matar a mi padre &#8211; les dir\u00eda. Quiz\u00e1s alguno intentar\u00eda darme un calmante y yo tendr\u00eda que repetirlo todo de nuevo.<\/p>\n\n\n\n<p>&#8211; Acabo de matar a mi padre en la Plaza Bol\u00edvar. Vayan a buscar su cad\u00e1ver.<\/p>\n\n\n\n<p>Nuevamente sonreir\u00edan incr\u00e9dulos y yo mismo tendr\u00eda que esposarme. El ni\u00f1o de la patineta no me ver\u00eda, pero yo siempre recordar\u00eda que hab\u00eda visto a un ni\u00f1o corriendo con su patineta por todos los rincones de la Plaza Bol\u00edvar de Valencia el mismo d\u00eda en que me hab\u00eda convertido en parricida. Ser\u00eda como contemplarme a m\u00ed mismo corriendo patineta en el patio del Colegio mientras esperaba que mi mam\u00e1 o mi t\u00eda me buscaran. Deb\u00eda correr a toda velocidad para demostrar que era el m\u00e1s fuerte. No importaban  las preguntas de Delgado.<\/p>\n\n\n\n<p>&#8211; \u00bfPor qu\u00e9 te llamas Spolovtiva y no Delgado como yo?<\/p>\n\n\n\n<p>&#8211; \u00bfPor qu\u00e9 nunca viene a buscarte tu pap\u00e1?<\/p>\n\n\n\n<p>En la Plaza, mi mirada siguiendo al ni\u00f1o de la patineta debi\u00f3 tropezar m\u00e1s de una vez con los ojos de mi padre. Embrujado como estaba, resultaba imposible saber o pensar que esos ojos grises eran de mi padre, quien hab\u00eda nacido en Nebretic sesenta y un a\u00f1os atr\u00e1s. \u00bfNebretic? \u00bfYugoslavia? \u00bfD\u00f3nde quedaban Nebretic y Yugoslavia en aquel mundo? Si mi padre hab\u00eda sido criado entre las papas y aceitunas de Croacia mientras el \u00abBelkin\u00bb les comunicaba a todos la muerte de los reyes, en Croacia o en Marsella, y la posibilidad de una guerra con Hungr\u00eda, \u00bfimportaba acaso? \u00bfO que mi padre se hubiera alistado a las filas del F\u00fchrer en la Segunda Guerra? Mi padre, seguro, me hab\u00eda visto desde hac\u00eda mucho, pero se resist\u00eda a creer que yo fuera su hijo. De seguro pretend\u00eda un yugoslavo aut\u00e9ntico para enriquecer el pedigree de la familia. Perro, mil veces perro. Ahora s\u00ed quisiera tenerlo entre mis manos y torcer su cuello hasta destrozarlo.<\/p>\n\n\n\n<p>En un momento de lucidez intent\u00e9 buscarlo. \u00bfC\u00f3mo encontrar a un anciano de sesenta y un a\u00f1os vestido de pantalones azules y zapatos de goma en una Plaza repleta de ancianos vestidos de esa manera? Pod\u00eda preguntarles a quienes m\u00e1s se parecieran al recuerdo que de sus fotos guardaba en la memoria si alguno de ellos era mi padre, pero de seguro sonreir\u00edan crey\u00e9ndome loco. Pod\u00eda tambi\u00e9n recurrir a lo de los lentes: \u00bfacaso no hab\u00eda dicho la voz gruesa de mi padre que llevar\u00eda lentes oscuros en una de las manos? O gritar su apellido en medio de la Plaza: Spolovtiva, Spolovtiva. Hice esto \u00faltimo. Por m\u00e1s de dos minutos estuve gritando mi apellido paterno en medio de la Plaza sin observar ninguna reacci\u00f3n extra\u00f1a en los ancianos con lentes oscuros en sus manos. S\u00f3lo cuando el polic\u00eda me conmin\u00f3 a hacer silencio, pude notar algunos cambios en el rostro de por lo menos tres de los ancianos. De seguro uno de ellos ser\u00eda mi padre, pero no era cuesti\u00f3n de pregunt\u00e1rselo a cada uno. Por eso me limit\u00e9 a caminar delante de ellos despotricando en contra de las aldeas europeas, en especial de aquellas que se encuentran en la planicie del Save y del Danubio, pero ninguno reaccion\u00f3. Cuando record\u00e9 su cicatriz en la mejilla izquierda, el ni\u00f1o de la patineta comenz\u00f3 a girar a mi alrededor. Resultaba imposible no girar con \u00e9l para luego caer desmayado en medio de la Plaza mientras el ni\u00f1o continuaba girando, esta vez alrededor del grupo de curiosos que me rodeaban. Para evitar que alguno notara el arma que llevaba conmigo, me levant\u00e9 r\u00e1pidamente y me dirig\u00ed hacia uno de los bancos de la Plaza. El ni\u00f1o de la patineta me hac\u00eda se\u00f1as para que yo me le acercara, pero prefer\u00ed verlo remolinear mientras los seminaristas cantaban sus canciones gregorianas en la Catedral. Un anciano hermos\u00edsimo le pregunt\u00f3 la hora a otro menos hermoso. La respuesta me lo aclar\u00f3 todo. Eran las diez de la ma\u00f1ana y el encuentro hab\u00eda sido fijado para las doce. Sab\u00eda que mi padre, aunque estuviera junto a m\u00ed o en el otro lado de la Plaza, como en efecto estaba, no aparecer\u00eda hasta que la \u00faltima campanada del reloj de la Catedral anunciara el Angelus. Ten\u00eda dos horas para hacer lo que quisiera .antes de matarlo y entregarme a la Polic\u00eda. Pod\u00eda entrar a la Catedral y rezar un poco, pero pens\u00e9 que luego alguien podr\u00eda reproch\u00e1rmelo. Deb\u00eda recordar que estaba a punto de convertirme en parricida. Por eso decid\u00ed esperar sentado en uno de los bancos de la Plaza, pensando que ser\u00eda conveniente asesinar a mi padre apenas un momento despu\u00e9s de que se presentara. <\/p>\n\n\n\n<p>Por un momento extra\u00f1\u00e9 al ni\u00f1o de la patineta. No lo ve\u00eda por ning\u00fan lado. Me aterraba la idea de que se hubiera marchado. Cuando sali\u00f3 a toda velocidad de uno de los rincones de la Plaza, descubr\u00ed la raz\u00f3n de su hechizo: eran sus medias blancas y sus shorts azules, iguales a los de los ni\u00f1os del Colegio. Record\u00e9 sus viejas burlas por mi nombre. \u00bfC\u00f3mo explicar que mi nombre no era un nombre, sino que era el nombre de mi padre, un inmigrante yugoslavo que hab\u00eda llegado a Venezuela en 1952 y que hab\u00eda desaparecido despu\u00e9s de engendrarme en 1970?<\/p>\n\n\n\n<p>El ni\u00f1o continu\u00f3 girando alrededor del monolito. Ahora era un acr\u00f3bata. Corr\u00eda en parada de manos sobre la patineta. Se burlaba de mi tristeza remolineando a mi alrededor. Se dirig\u00eda en carrera hacia uno de los bancos. Un momento antes de chocar contra el concreto, saltaba. La patineta pasaba entre las patas del banco y \u00e9l ca\u00eda luego sobre ella para continuar corriendo hacia otro obst\u00e1culo.<\/p>\n\n\n\n<p>Sin saber c\u00f3mo, llegaron las doce. Apenas hab\u00edan sonado seis campanadas cuando un se\u00f1or canoso, vestido de palt\u00f3 y zapatos de suela, se detuvo en medio de la Plaza en compa\u00f1\u00eda de una se\u00f1ora gord\u00edsima. Los vi detenerse y buscar algo con la mirada, pero nunca pens\u00e9 que fueran mi padre y su nueva familia. En efecto, a pesar de sus ojos cerulei y de su cicatriz inmensa en el lado izquierdo de la cara, no era mi padre: era el padre de un muchacho que estaba sentado a mi lado. Se vieron y reconocieron. Se besaron mientras el ni\u00f1o de la patineta remolineaba a su alrededor. Me distraje tanto vi\u00e9ndolos que no pude reconocer el rostro que se me acercaba con paciencia. S\u00f3lo cuando vi que el ni\u00f1o de la patineta se dirig\u00eda caminando hacia m\u00ed, record\u00e9 el objetivo de mi presencia en la Plaza y vi a un anciano yugoslavo de sesenta y un a\u00f1os, de pelo blanco y ojos cerulei, vestido de pantalones azules y zapatos de goma blancos, que abr\u00eda sus brazos lentamente intentando abrazarme, mientras el ni\u00f1o de la patine a, que luego me ser\u00eda presentado como nuevo hijo de m\u00ed padre, comenzaba a girar a nuestro alrededor. Era el mismo hombre que se hab\u00eda hecho fotografiar casi desnudo, orinando o bailando a la usanza antigua, cuarenta a\u00f1os atr\u00e1s. Insisti\u00f3 en abrazarme y yo en evadido. Gan\u00e9 y luego apareci\u00f3 una se\u00f1ora acompa\u00f1ada de un ni\u00f1o flaqu\u00edsimo. Eran su nueva familia: una esposa y dos ni\u00f1os, uno flaco como una I latina y un acr\u00f3bata de circo. <\/p>\n\n\n\n<p>Lo evad\u00ed todo: las invitaciones, los abrazos y las preguntas. Todo me parec\u00eda tan rid\u00edculo. S\u00f3lo al ni\u00f1o de la patineta que, continuaba girando a nuestro alrededor. Le llam\u00e9. Mientras ven\u00eda record\u00e9 que me hab\u00eda prometido asesinar a mi padre inmediatamente despu\u00e9s de la presentaci\u00f3n inicial. Le recomend\u00e9 que descansara y le ped\u00ed prestada la patineta. \u00bfLe molestar\u00eda que diera una vuelta con alrededor de la Plaza? \u00bfNo? Qu\u00e9 bien. La acarici\u00e9 suavemente. La tabla era roja y las ruedas azules herv\u00edan. La coloqu\u00e9 junto a mis pies. Desenfund\u00e9 el rev\u00f3lver que hab\u00eda llevado para asesinar a mi padre y, antes de salir disparando sobre la patineta, golpe\u00e9 la rodilla izquierda de mi padre con su cacha.<\/p>\n\n\n\n<p class=\"has-text-align-center\">***<\/p>\n\n\n\n<p><strong>Maldito recuerdo de Gardel<\/strong><\/p>\n\n\n\n<p>Permaneci\u00f3 varios segundos observando el rostro de Mariela, intentando transmitirle el recuerdo del mar. Imposible, los ojos de Mariela, impenetrables, no lo permitieron. Le extra\u00f1\u00f3. Hasta hace pocos d\u00edas atr\u00e1s, Mariela hab\u00eda captado todo lo que ella hab\u00eda intentado transmitirle. Esa hab\u00eda sido la raz\u00f3n del \u00e9xito de la telenovela. Si Mariela iba a tomar alg\u00fan veneno, ella le transmit\u00eda, en un juego r\u00e1pido de miradas, la orden de volcar aquella taza o copa maligna. Si era necesario hablarle, aconsejarle, ella lo hac\u00eda. A esos consejos se debi\u00f3 su matrimonio con Juan Carlos. Sonri\u00f3 al recordar aquellos \u00e9xitos. Le hab\u00eda dicho a Mariela que escribiera en un papel la fecha de su matrimonio con Juan Carlos y ella lo hab\u00eda hecho con creces. \u00abEs un hecho, Juan Carlos y yo nos casaremos. S\u00f3lo esperamos el tiempo favorable\u00bb. Una semana despu\u00e9s se celebr\u00f3 la boda. Ahora ni siquiera pod\u00eda so\u00f1ar que hablaba con los integrantes del elenco. Siempre que Io intentaba fracasaba. Esa hab\u00eda sido la causa de la demanda de divorcio que Juan Carlos hab\u00eda introducido contra Mariela. as\u00ed como el fracaso de sus m\u00e9todos de transmisi\u00f3n mental se deb\u00eda -casi se atrev\u00eda a jurarlo- a las influencias del nuevo libretista.<\/p>\n\n\n\n<p>\u00bfSiempre hab\u00eda sido as\u00ed? Intent\u00f3 recordar a su madre haciendo otra cosa que no fuera hablar de las pel\u00edculas francesas u oyendo las radionovelas de la \u00e9poca y no pudo. A excepci\u00f3n del recuerdo de la noche en que se hab\u00eda desmayado a los pies de Gardel en el Teatro Municipal de Valencia nunca hab\u00eda hablado de otra cosa. \u00bfPod\u00eda ella entonces ser diferente? Si el menor de sus recuerdos estaba asociado a la imagen, \u00bfc\u00f3mo rebelarse contra esa cicatriz profunda que el destino hab\u00eda marcado en su vida? Regres\u00f3 a la tarde en que hab\u00eda visto a Gardel, a trav\u00e9s de una reja, pasar junto a su casa en un carro hermos\u00edsimo rodeado de sus amigos. Ella ten\u00eda ocho o nueve a\u00f1os y no pudo hacer otra cosa que mirarlo, siempre a trav\u00e9s de la reja. mientras \u00e9l se alejaba rumbo al teatro. Le pidi\u00f3 a su madre que la llevara, pero \u00e9sta (\u00bfplaneaba ya lo del desmayo?) le record\u00f3 que una ni\u00f1a de nueve a\u00f1os no pod\u00eda entrar al teatro para un espect\u00e1culo nocturno. <\/p>\n\n\n\n<p>Estaba a punto de pensar en la muerte de Gardel en Colombia cuando Mariela sali\u00f3. Si hubiese sido posible transmitirle el recuerdo del mar, Mariela habr\u00eda conservado la calma y, en lugar de salir apresurada, habr\u00eda podido presenciar la llegada de Juan Carlos, hablarle e intentar solucionar lo del divorcio. Maldijo al libretista e intent\u00f3 decirle a Juan Carlos que siguiera a Mariela. Imposible tambi\u00e9n. No le hizo caso. Se sent\u00eda inv\u00e1lida o muerta, muda quiz\u00e1s. Gracias al nuevo libretista, nadie en la novela le hac\u00eda caso. S\u00f3lo una vez en su vida se hab\u00eda sentido tan sola. Fue durante su \u00fanico matrimonio. Ten\u00edan cinco o seis a\u00f1os de casados y ya hab\u00edan nacido los ni\u00f1os. Por qui\u00e9n sabe qu\u00e9 extra\u00f1a raz\u00f3n, su esposo hab\u00eda decidido no prestarle atenci\u00f3n. Caminaba por la casa y continuaba imperturbable si ella lo llamaba. Dorm\u00eda a su lado sin sentirla. Luego se suicid\u00f3. Por muchos a\u00f1os ella intent\u00f3 encontrar las razones que justificaran aquella indiferencia y el posterior suicidio. Primero crey\u00f3 que la indiferencia hab\u00eda sido espont\u00e1nea y que \u00e9sta hab\u00eda determinado su afici\u00f3n a las telenovelas. Luego, cuando record\u00f3 aquella foto en que Gardel sosten\u00eda a su madre falsamente desmayada que guardaba en el ba\u00fal, descubri\u00f3 que sus deseos de viv\u00ed- dentro de los personajes hab\u00edan sido anteriores. a aquella indiferencia. \u00bfAcaso hab\u00eda podido V\u00edctor hacer otra cosa si ella s\u00f3lo ten\u00eda tiempo para sus pel\u00edculas y sus radionovelas? \u00bfSuyas? Esa propiedad de introducirse dentro de los personajes, de hablar con ellos a trav\u00e9s de las pantallas o de las cornetas de radio, siempre hab\u00eda sido imaginaria, transmitida por su madre, quien nunca pudo encontrar otra forma de olvidar la desaparici\u00f3n repentina de su esposo sesenta a\u00f1os atr\u00e1s. <\/p>\n\n\n\n<p>Aprovech\u00f3 los comerciales para servirse un trago. Luego se sent\u00f3 a contemplar el rostro de Juan Carlos. Pens\u00f3 que le hubiera gustado tenerlo de hijo o de marido, veinte o treinta a\u00f1os atr\u00e1s, cuando a\u00fan estaba en condiciones de tener hijos o maridos. Habr\u00eda llenado sus horas de incre\u00edble y maldita soledad con su presencia. Sonri\u00f3 al pensar que si ;u madre hubiera conseguido otra forma de olvidar la desaparici\u00f3n de su esposo, el suicidio del suyo nunca habr\u00eda ocurrido y ella no estar\u00eda viendo, al menos no con tanta obsesi\u00f3n, aquella tele-novelo. Estaba a punto de hablarle a Juan Carlos, de decirle cualquier cosa, cuando Mariela, quien ya se hab\u00eda repuesto de su \u00faltima rabieta, regres\u00f3. Su presencia la anulaba. No pod\u00eda desenmascararse ante los dos como c\u00f3mplice de ambos. Alguien toc\u00f3 la puerta del cuarto y ella no respondi\u00f3. <\/p>\n\n\n\n<p>Lo hab\u00eda dicho en voz alta hac\u00eda much\u00edsimo tiempo: nadie pod\u00eda molestarla a esa hora. Luego intent\u00f3 aprovechar un descuido de Mariela para explicarle a Juan Carlos la manera de controlar la situaci\u00f3n. Sabi\u00e9ndolo todo, como s\u00f3lo ella pod\u00eda saberlo, era tan f\u00e1cil hacerlo. Hab\u00eda visto c\u00f3mo Mariela enga\u00f1aba a Juan Carlos con el portero y sab\u00eda que si Juan Carlos usaba adecuadamente esta informaci\u00f3n, Mariela har\u00eda todo lo que Juan Carlos le pidiera. Hab\u00eda empezado a dec\u00edrselo cuando el nuevo libretista hizo voltear a Mariela, esta vez para verla de frente, y ella tuvo que fingir cualquier cosa. Se turb\u00f3, pero los comerciales del segundo cuarto de hora, que a\u00fan no depend\u00edan del nuevo libretista, la rescataron.<\/p>\n\n\n\n<p>Cuando se reinici\u00f3 la acci\u00f3n, intent\u00f3 contarle a Mariela lo de la amante de Juan Carlos, pero \u00e9ste apareci\u00f3 y la hizo enmudecer. Estaba perdida. Deseaba morir. Juan Carlos y Mariela se hab\u00edan confabulado para desenmascararla. Aparte de las influencias del nuevo libretista, lo m\u00e1s probable era que se hubieran reconciliado y se lo hubieran contado todo: su participaci\u00f3n en el complot para que ellos se casaran, aquellos consejos metaf\u00edsicos, tantas cosas. Esta vez nadie vino en su auxilio y ella prefiri\u00f3 observar. Los oy\u00f3 planear su asesinato. Los vio, en una escena largu\u00edsima que no fue interrumpida por los comerciales ni por el final l\u00f3gico del cap\u00edtulo, comprar el arma con que la asesinar\u00edan por ser culpable de sus cosas. De seguro ya Mariela sab\u00eda que ella era quien hab\u00eda hecho fracasar su relaci\u00f3n con Sergio y Juan Carlos sabr\u00eda que ella era quien le hab\u00eda contado a Mariela lo de Elo\u00edsa. <\/p>\n\n\n\n<p>Estaba perdida. Los hab\u00eda visto comprar el arma y no sab\u00eda qu\u00e9 hacer. Luego, cuando vio que Juan Carlos le quitaba el seguro al rev\u00f3lver reci\u00e9n comprado y apuntaba hacia ella, se decidi\u00f3: maldijo por mil\u00e9sima vez al nuevo libretista, casualmente hijo de la \u00fanica hermana de su esposo, e hizo estallar con un tubo la pantalla del televisor. Segura de que ya ni Juan Carlos ni Mariela pod\u00edan asesinarla por esa pantalla, fue hasta el cuarto de su nieta, dispuesta a desconectar el otro televisor. Demasiado tarde: cuando acababa de abrir la puerta, Juan Carlos oprimi\u00f3 el gatillo y la mat\u00f3.<\/p>\n\n\n\n<h4 class=\"wp-block-heading has-text-align-right\"><a href=\"https:\/\/eldienteroto.org\/wp49\/slavko-zupcic\/\" target=\"_blank\" rel=\"noreferrer noopener\">Sobre el autor<\/a><\/h4>\n","protected":false},"excerpt":{"rendered":"<p>Slavko Zupcic Vinko Spolovtiva vive Estaba nervioso, incre\u00edblemente nervioso. Ni siquiera la cercan\u00eda de la Catedral lograba cal marme. 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