{"id":17378,"date":"2025-09-22T17:21:47","date_gmt":"2025-09-22T21:51:47","guid":{"rendered":"https:\/\/eldienteroto.org\/wp49\/?p=17378"},"modified":"2025-09-22T17:21:47","modified_gmt":"2025-09-22T21:51:47","slug":"salitre","status":"publish","type":"post","link":"https:\/\/eldienteroto.org\/wp49\/salitre\/","title":{"rendered":"Salitre"},"content":{"rendered":"\n<h4 class=\"wp-block-heading has-text-align-right\">Arturo Brice\u00f1o<\/h4>\n\n\n\n<p>Surcos gruesos cruzan el rostro tostado. Las cantas marineras juguetean en las arrugas, se escurren por la cara cuarteada de sonrisas para el recuerdo y se meten decidoras en el sentido. El agua tambi\u00e9n canta viva a proa, pasa alegre, toda arrullos, bajo la quilla, se estremece en la paneta del tim\u00f3n y se hace estela, toda gris clara. Cantalicio, el piloto, sonr\u00ede a\u00fan con la pipa apretada entre los dientes romos, expande el pecho, entrecierra los ojos peque\u00f1os y desde el puesto de mando caracolea sus a\u00f1os de capit\u00e1n frustrado al comp\u00e1s de la canta del sobrino Pascual\u2026<\/p>\n\n\n\n<p><em>Marino margarite\u00f1o,<br>come guamache atramao,<br>si estar\u00e1s pensando en ella<br>como ella est\u00e1 en El Salao&#8230;<\/em><\/p>\n\n\n\n<p>El Salao, puerto cuman\u00e9s abierto a la franqueza del marino coste\u00f1o. Aguas espejeantes ribeteadas de espumas. La cantina rebosando palabras y humaradas de tabaco y vapores de alcohol. Huele a algas, a mariscos. La negrita de nariz respingada, y senos duros y un temblor bajo el beso marinero. Beso bien criado. Robusto de continencia. Bocado gordo, caliente y redondo ovillado en el \u00faltimo trago de ron, cuando el brazo cincha la cintura y el lucero albe\u00f1o es capit\u00e1n de la playa. Cuando los pies lerdean y los pechos se escoran para ponerse a sonar coraz\u00f3n con coraz\u00f3n. Cuando los brazos pesados de horizontes y de rutas y de velas henchidas se cierran temblando s\u00faplicas y la carne morena se entrega al c\u00edrculo cordial. Cuando El Salao sonr\u00ede a los hombres de todos los vientos y los barcos balancean sus figuras esbeltas sobre el verde claro de la mar marinera, entonces la cantina del \u201ccu\u00f1ao\u201d Valent\u00edn es anhelo de arribo, y estancia feliz y partida tristona al paso inv\u00e1lido de la promesa errante. Playa ribeteada de arena menuda, flexible al pie, \u00e1spera al cuerpo, hecha para los pasos marinos, holgada y redonda como un sombrero margarite\u00f1o.<\/p>\n\n\n\n<p>Cantalicio, Carmelita, la copla y El Salao, todos metidos de golpe en \u201cLa Julieta\u201d, calados de brisa, atravesados de tonada. Ya los ojos del margarite\u00f1o dejan de sonre\u00edr por fuera. En el alma se meti\u00f3 el recordar.<\/p>\n\n\n\n<p>Ay Cuman\u00e1 qui\u00e9n te viera<br>y por tus calles paseara,<br>y a San Francisco fuera<br>a misa de madrugada\u2026<\/p>\n\n\n\n<p>Crujen los palos al templ\u00f3n de las velas. Tamborilean sobre las lonas los cabos sueltos. Pascual mete en el recuerdo de Cantalicio las coplas que \u00e9l mismo sembrara mar adentro, cuando las embarc\u00f3 una madrugada en El Salao para regarlas desde \u201cLa Julieta\u201d\u2026<\/p>\n\n\n\n<p>Virgen del Valle aqu\u00ed estoy<br>con mi esperanza en tu manto:<br>l\u00edbrame de temporales<br>de mal de amor y de espanto\u2026<\/p>\n\n\n\n<p>El recordar pone a vibrar la risa cascabelera de Carmelita. Cantalicio contrae los p\u00e1rpados a la brisa para escuchar los gritos de la Calle Larga. <\/p>\n\n\n\n<p>\u2014Viva el general Morales. ..! <\/p>\n\n\n\n<p>Frente a la bodega de Ch\u00fao Ant\u00f3n caracolea un caballo. Las botellas de ron blanco dan br\u00edo. Carmelita est\u00e1 ah\u00ed, cerca de los brazos tatuados del marinero mozo. Mozo era Cantalicio y ya Carmelita iba a ser su mujer. Carmelita, la muchacha morena iba a ser de Cantalicio. Cantalicio quer\u00eda ser Capit\u00e1n. Capit\u00e1n de goleta, hombre de puerto\u2026 Los ojos se buscan. Las miradas se encuentran y se aquietan en el mudo decir. Cantalicio empina el rostro y en la garganta robusta hace glu-gl\u00fas de amor la ca\u00f1a blanca.<\/p>\n\n\n\n<p>A caballo entr\u00f3 el jinete por la puerta de la bodega. La puerta angosta que da a la calle. La cabeza de la bestia, pasando el cuello sobre el mostrador, mordisquea en una pi\u00f1a que est\u00e1 en la armadura. El jinete se dobla sobre el arz\u00f3n de la silla. Carmelita, coqueta y refraneando, se hace a un lado, casi cae sobre la ruma de carite huyendo al brazo que por poco no le toma la cintura.<\/p>\n\n\n\n<p>\u2014No te pongas ma\u00f1osa, negrita\u2026<\/p>\n\n\n\n<p>\u2014Negrita? jum. Qu\u00e9 v\u00e1. Yo no tiro pa el monte. Yo tiro pa la mar\u2026<\/p>\n\n\n\n<p>Y r\u00ede a Cantalicio que, entre tanto, se rasca la nuca y hace un gui\u00f1o a Ch\u00fao Ant\u00f3n.<\/p>\n\n\n\n<p>\u2014Pa la mar? Quiere decir que a t\u00ed te gustan los mariscos\u2026<\/p>\n\n\n\n<p>Puso en la frase amarga toda la mala intenci\u00f3n. El palabrazo le son\u00f3 brutal, hiriente, a Cantalicio. De un salto se lanz\u00f3 sobre el jinete, pero Ch\u00fao Ant\u00f3n logr\u00f3 contenerlo.<\/p>\n\n\n\n<p>\u2014D\u00e9jense de eso. \u00c9l no ha dicho nada para ofenderlo a usted vale Canta. Ni siquiera sabe que usted es<br>marino\u2026 D\u00e9jese de eso\u2026 H\u00e1galo por m\u00ed\u2026 <\/p>\n\n\n\n<p>Mientras tanto, Carmelita, que ha salido de la bodega, invita a Cantalicio:<\/p>\n\n\n\n<p>\u2014Vente, Cantalicio. V\u00e1monos pa casa del cu\u00f1ao\u2026<\/p>\n\n\n\n<p>Las cantas de Pascual refrescan la memoria del viejo marinero: <\/p>\n\n\n\n<p>Lucero de la ma\u00f1ana,<br>rumbo de la madrugada,<br>en la playa hay dos caminos<br>Y para una sola mirada&#8230;<\/p>\n\n\n\n<p>Carmelita\u2026 Ol\u00eda a ostras, Carmelita. Ol\u00eda a mar. Carmelita es todo el aire que el viento le trae en el mar<br>a Cantalicio. Carmelita morena. En las noches de calma, cuando \u201cLa Julieta\u201d est\u00e1 a la capa, ciertos golpes leves de agua le re\u00edan en la mente como la garganta de Carmelita. La risa caliente y salada de Carmelita. Garganta de salitre, cuerpo amargo de arena. Alta la muchachota cimbre\u00f1a. Carnosa la boca mulata. Carnosas las caderas. Toda ella era carne. Carne amoldada a la medida del deseo de Cantalicio\u2026<\/p>\n\n\n\n<p>Tal vez no ser\u00eda as\u00ed, pero ya el recuerdo y el ideal del marinero la hab\u00edan hecho tal para su goce.<\/p>\n\n\n\n<p>\u2014 V\u00e1monos pa casa del cu\u00f1ao. ..<\/p>\n\n\n\n<p>All\u00e1 fueron. All\u00e1 fue\u2026<\/p>\n\n\n\n<p>\u2014Eche ron, cu\u00f1ao\u2026<\/p>\n\n\n\n<p>\u2014Pa m\u00ed una limon\u00e1\u2026<\/p>\n\n\n\n<p>\u2014Hija er diablo, bebiendo limon\u00e1 ?<\/p>\n\n\n\n<p>La copla erra y erra mar adentro. Cantalicio sorbe a la pipa su humo amargo. El recuerdo se acuna en la<br>emoci\u00f3n y el hecho est\u00e1 en pie\u2026<\/p>\n\n\n\n<p>\u2014Ah\u00ed vuelve el condenao ese, Cantalicio, mejor es que nos vamos.<\/p>\n\n\n\n<p>Pero no fue eso lo que dijo Carmelita. Carmelita sonri\u00f3 al jinete y el jinete pidi\u00f3 dos rones.<\/p>\n\n\n\n<p>\u2014Traiga el m\u00edo y dele el otro a la muchacha&#8230;<\/p>\n\n\n\n<p>Carmelita, sonriendo al jinete, toma la copa, luego vuelve los ojos para Cantalicio y le dice:<\/p>\n\n\n\n<p>\u2014\u00a1Vamos a beberlo entre los dos!<\/p>\n\n\n\n<p>Ya el jinete no lo es. Las espuelas ruedan las rodajas perseguidas por el ruido chirriante del pavimento. Ya<br>est\u00e1n a un lado de Carmelita.<\/p>\n\n\n\n<p>\u00bfFue ella qui\u00e9n sonri\u00f3 primero? Molesto el recuerdo. Cantalicio se soba el ment\u00f3n. Mete la mano gruesa bajo el sombrero de palma, entre la gre\u00f1a rojiza.<\/p>\n\n\n\n<p>Mal haya la noche negra,<br>cuando me encontr\u00e9 con ella\u2026<br>Mal haya mi suerte perra,<br>mal haya mi mala estrella\u2026<\/p>\n\n\n\n<p>\u2014\u00bfQu\u00e9 te parece, cu\u00f1ao? A la muchachita esta le gustan los mariscos\u2026<\/p>\n\n\n\n<p>Todo el ron se le fue a la cara. Cantalicio aprieta las mand\u00edbulas conteniendo las palabras. Carmelita esquiva el cuerpo a los brazos del hombre que insulta a Cantalicio.<\/p>\n\n\n\n<p>Pero Carmelita se estaba riendo\u2026<\/p>\n\n\n\n<p>\u2014Eso depende \u2014contesta el cu\u00f1ao Valent\u00edn\u2014 en cuestiones del gusto cada quien hace lo que mejor le<br>parece\u2026<\/p>\n\n\n\n<p>\u2014Precisamente, por eso es que a m\u00ed me est\u00e1 pareciendo que lo mejor es que yo me lleve a esta muchacha\u2026<\/p>\n\n\n\n<p>Avanz\u00f3 hacia Carmelita. Ya le rodea la cintura. Forcejea para ponerse los senos de ella sobre el pecho. Desnuda los dientes blancos bajo los labios golosos. La mano redonda sube y baja del costado a la cintura buscando apoyo al deseo. Carmelita sonr\u00ede y mira a Cantalicio. Cantalicio salta sobre el hombre. El hombre se lleva la mano a la cintura. El marinero golpea la l\u00e1mpara con una botella. M\u00e1s nada. Se perdi\u00f3 la luz. Se perdi\u00f3 la daga de Cantalicio entre el pecho y la espalda del hombre de las espuelas. Se perdi\u00f3\u2026<\/p>\n\n\n\n<p>Madrugada porte\u00f1a. \u201cLas alpargatas, al paso medroso, escapan tufaradas de arenilla por las taloneras. En los ojos el trasnoche marino cierne arena salada. Bajo el sombrero de paja la luz comienza a dibujar puntos sobre el rostro tostado. En el recordar el\u00e1stico se hace paso un salto para caer en la balandra de Carmito. La balandra de Carmito. \u201cLa Julieta\u201d. \u00c1gil y airosa como la carcajada de Carmelita. Se pasa el mar por debajo, raya el cielo con el palo grande, raya el horizonte con el baupr\u00e9s, estruja el agua verde y hecha una estela fabrica pa\u00f1uelos para adioses playeros. <\/p>\n\n\n\n<p>La garganta de Pascual pone a volar los recuerdos del viejo margarite\u00f1o. <\/p>\n\n\n\n<p><em>Lucero de la ma\u00f1ana,<br>rumbo de la madrugada,<br>en la playa hay dos caminos<br>para una sola mirada. . .<\/em><\/p>\n","protected":false},"excerpt":{"rendered":"<p>Arturo Brice\u00f1o Surcos gruesos cruzan el rostro tostado. Las cantas marineras juguetean en las arrugas, se escurren por la cara cuarteada de sonrisas para el recuerdo y se meten decidoras en el sentido. 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