{"id":17372,"date":"2025-09-22T16:51:35","date_gmt":"2025-09-22T21:21:35","guid":{"rendered":"https:\/\/eldienteroto.org\/wp49\/?p=17372"},"modified":"2025-09-22T16:53:27","modified_gmt":"2025-09-22T21:23:27","slug":"tamara","status":"publish","type":"post","link":"https:\/\/eldienteroto.org\/wp49\/tamara\/","title":{"rendered":"Tamara"},"content":{"rendered":"\n<h4 class=\"wp-block-heading has-text-align-right\">Arturo Brice\u00f1o<\/h4>\n\n\n\n<p><strong>IV LA REMOTA ESPERANZA<\/strong><\/p>\n\n\n\n<p>Quebrantado, sin fuerzas, estaba mi entusiasmo para intentar otras cosas despu\u00e9s de lo ocurrido a Cr\u00edspulo en la hacienda del coronel Polanco. Otra vez fue el viejo cedro el compa\u00f1ero solitario de mis pensamientos. No me agradaba la idea de volver a trabajar como pe\u00f3n. Pero tampoco me atra\u00eda aquello de quedarme en casa pastoreando con Castorila los escasos animalitos que a\u00fan quedaban por ah\u00ed.<\/p>\n\n\n\n<p>Un deseo \u00e1vido de conocimientos me llev\u00f3 a la lectura. Quer\u00eda ilustrarme, emplear lo poco aprendido, parapetear la media letra.<\/p>\n\n\n\n<p>El viejo Prisco Antica, uno de los pocos lectores de Tamara, cuya casa visitaba atra\u00eddo por el brillo de su palabra distinta, alent\u00f3 mi inquietud arrim\u00e1ndola a sus libros. En ellos estaban esper\u00e1ndome las razones que, por mi falta de luces, apenas me dejaban ver limitados contornos. La idea escrita alucin\u00f3 la esperanza que loqueaba en mi mente, y entonces fue el leer todo aquello que interesaba a mi conocimiento del hombre. Los h\u00e9roes de la Independencia me obsesionaron. P\u00e1ez cobr\u00f3 a mi sentir todo el relieve m\u00e1ximo del hombre natural. Luego, con un libro cerrado entre las manos, me pregunt\u00e9 una vez:<\/p>\n\n\n\n<p>\u2014\u00bfD\u00f3nde estar\u00e1 el hombre que emule en la actualidad a aquellos h\u00e9roes? \u00bfSer\u00eda mentira tanta audacia? \u00bfNo vendr\u00eda mermando el miedo y ganando el valor en aquel largo viaje del suceso al pasaje?<\/p>\n\n\n\n<p>En tales meditaciones estaba cuando don Prisco Antica entr\u00f3 a la pieza. Tra\u00eda apu\u00f1ada, a la altura del pecho, la vieja barba blanca. Bajo las cejas peludas la mirada reflexiva, portadora de una tremenda emoci\u00f3n.<\/p>\n\n\n\n<p>\u2014\u00bf Qu\u00e9 le pasa, don Prisco?<\/p>\n\n\n\n<p>\u2014\u00a1Ay!, hijo, \u2014me contest\u00f3\u2014. Lo que pasa es horrible.<\/p>\n\n\n\n<p>\u2014Las fuerzas del Gobierno asaltaron la hacienda del general Diomedes Peralta. Lo arrasaron todo, hacienda, casa y familia\u2026<\/p>\n\n\n\n<p>Mientras paseaba, nervioso, por la pieza, me habl\u00f3 del general.<\/p>\n\n\n\n<p>\u2014Era una esperanza. Con \u00e9l se pierde un conductor de hombres libres. Una gran fuerza civilista.<\/p>\n\n\n\n<p>Diomedes Peralta, gran guerrillero que, bajo las \u00f3rdenes del doctor y general Rafael Gonz\u00e1lez Pacheco, temible caudillo por su intrepidez y su talento, escal\u00f3 a pasos valientes, pelda\u00f1o a pelda\u00f1o, las charreteras de General. Ufano de ellas, orgulloso de haber puesto el valor y el esfuerzo a la altura del ideal, trajin\u00f3, vuelta la paz. la vida p\u00fablica respaldado por el clima que da al respeto la consideraci\u00f3n popular. Breve fue el tiempo con su satisfacci\u00f3n.<\/p>\n\n\n\n<p>La transici\u00f3n de un gobierno a otro, la traici\u00f3n comprobada de un d\u00e9spota a la causa que \u00e9l sirvi\u00f3; la muerte del doctor Gonz\u00e1lez Pacheco y la observaci\u00f3n inmediata de c\u00f3mo se retorc\u00eda la Ley para el bajo servicio de encanalladas ambiciones, le pusieron la mano arisca y bajo las cejas hirsutas se le hel\u00f3 la mirada.<\/p>\n\n\n\n<p>\u2014Una gran esperanza. As\u00ed es, hijo; ha desaparecido una gran esperanza\u2026<\/p>\n\n\n\n<p>Y de la boca de don Prisco fluye el bien narrado episodio de aquella vida austera. Diomedes Peralta. En la ocasi\u00f3n que se le propuso para Diputado por su Estado, salvado el voto popular con la comedia electoral, opuso entre \u00e9l y \u00e9sta sus palabras severas:<\/p>\n\n\n\n<p>\u2014Una sola cosa traje del campo a la ciudad, y es la que tengo: mi honradez!<\/p>\n\n\n\n<p>Y con ella, limpia de m\u00e1culas, dio la espalda al pueblo y regres\u00f3 al viejo fundo de ca\u00f1amelar heredado de sus padres. Regres\u00f3 al campo y a fuerza de energ\u00edas levant\u00f3 la hacienda \u201cLas Mercedes\u201d, entre los l\u00edmites de los Estados Lara y Yaracuy. Metida muchas leguas adentro de todo camino real\u2026<\/p>\n\n\n\n<p>\u2014Ten\u00eda dos hijos. La se\u00f1ora muri\u00f3 al nacer el \u00faltimo. El mayor, Valent\u00edn, era el retrato de su padre. Audaz, domaba potros salvajes en los cerros de \u201cLas Mercedes\u201d. Era una fuerza herc\u00falea aquella joven bestia de veinte a\u00f1os macizos, cuajados en la audacia loca que da la plena libertad del propio fuero\u2026<\/p>\n\n\n\n<p>Deja caer las palabras evocativas el viejo Antica. Hace un alto en su nervioso paseo. Baja una mano que<br>coloca a la espalda y, mientras con la otra se soba la barba, se mece un poco sobre la punta de los pies para decir, mirando hacia la luz del postigo:<\/p>\n\n\n\n<p>\u2014Por cierto que el otro, Valent\u00edn, naci\u00f3 defectuoso. Manco de un brazo y la pierna izquierda casi paral\u00edtica\u2026 \u00a1Qu\u00e9 habr\u00e1 sido de estos pobres muchachos!\u2026<\/p>\n\n\n\n<p>Se acerca a mi y toma de mis manos el libro cerrado. Lo abre, luego dice:<\/p>\n\n\n\n<p>\u2014\u201cVenezuela Heroica\u201d\u2026 Esta es aquella, Juan, la de los hombres enteros\u2026<\/p>\n\n\n\n<p>Me emocionan las palabras del viejo. Adivino detr\u00e1s de ellas cierta represi\u00f3n, algo que no termina de decir. Pero bien se que \u00e9l adivina en mi inquietud la b\u00fasqueda sin formas definidas a\u00fan, de aquello que trata de refrenar. El comentario para el libro de la epopeya venezolana y el dolor en que est\u00e1 sumido su pecho por el atropello al general Peralta, h\u00e1cenme decir, d\u00e1ndole estribo para el arranque emocional:<\/p>\n\n\n\n<p>\u2014S\u00ed, don Prisco, en eso estaba pensando, precisamente, cuando usted entr\u00f3 en este aposento. Los hombres de aquel tama\u00f1o se acabaron\u2026<\/p>\n\n\n\n<p>Pero en sus ojos brilla, contradictoria, una chispa loca, un s\u00fabito fulgor, reflejo, tal vez, de aquella fe no muerta a\u00fan, y en sus frases alarmadas se debate, febril, la remota esperanza. <\/p>\n\n\n\n<p>\u2014No. No digas eso, Juan. La revoluci\u00f3n es un hecho. Ella est\u00e1 viva todav\u00eda.<\/p>\n\n\n\n<p>Y poni\u00e9ndome una mano sobre el hombro:<\/p>\n\n\n\n<p>\u2014No conviene pensar de otro modo\u2026 Eso mismo que te mortifica, que no es sino el deseo de hallar al hombre en quien depositar la fe que tienes, viene dici\u00e9ndote, sin palabras, porque no son necesarias, ya que el pa\u00eds lo que quiere son hechos cumplidos, que la idea libertadora no ha muerto\u2026<\/p>\n\n\n\n<p>Prisco Antica me acompa\u00f1a hasta la puerta. El sol de la tarde pone a jugar sus oros entre la plata de la barba vieja.<\/p>\n\n\n\n<p>Tomo el camino de mi casa preocupado por tantos sucesos y al mismo tiempo raramente contento de todo lo sabido.<\/p>\n\n\n\n<p>Diomedes Peralta\u2026 \u201cS\u00f3lo una cosa traje: mi honradez&#8230;\u00bb<\/p>\n\n\n\n<p>Y los d\u00edas pasan muertos, sin sucesos, sin nada\u2026<\/p>\n\n\n\n<p class=\"has-text-align-center\">&#8211; o &#8211;<\/p>\n\n\n\n<p>Pero ya se comienza a hablar de cierto cuatrero que azotaba las sabanas larenses. Y al pelo vino el hombre de cara dura y coraz\u00f3n valiente: Natalio Roque, el famoso bandolero de los playones bobare\u00f1os enredando en la leyenda de sus fieras haza\u00f1as a los hombres del campo. <\/p>\n\n\n\n<p>Natalio Roque. Toda una historia de hechos netamente encajados para servicio del relato. El nombre de Natalio Roque redor\u00e1base en el calor de las charlas campesinas, y cobraba, d\u00eda a d\u00eda, mayor caudal de cuentos y pasajes. En todas las palabras lo encontraba: de la boca de las mozas \u2014que ya se hab\u00edan quitado aquellas sobre las cuales pasaba el pr\u00edncipe azul desbaratando monstruos\u2014 sal\u00eda un hombre nuevo abriendo brechas cruentas contra la violencia de la ley secuestrada. En las mesas de juego Natalio Roque estaba presente entre una carta y un cobro; en los bailes arrebataba en la copla y ya el bandol\u00edn se lo sab\u00eda de memoria cuando, dejando la compa\u00f1\u00eda del cuatro, porque con Natalio se bastaba:<\/p>\n\n\n\n<p>\u2014 Indio retaco y moreno,<br>Malas pulgas, mal en peor,<br>si con un pu\u00f1al es bueno<br>con un machete es mejor.<\/p>\n\n\n\n<p>Y en los cerros, y en las lomas, y en los valles, y en los playones, y en la rueda de familia haciendo anillo al fog\u00f3n y en la troja y en el patio, y en todas partes estaban las palabras ocupadas con Natalio Roque, indio retaco y moreno, y fr\u00edo y calmoso en un asalto al machete. D\u00edganlo, si no, los soldaditos de la Nacional; que lo diga Angel Cuivas, alias \u201cLa Pipa\u201d, cuatrero zamarro al servicio del Gobierno, y a quien machete\u00f3 una noche Natalio, \u00e9l solo, cuando \u201cLa Pipa\u201d, al frente de quince hombres lo acos\u00f3 en el rancho de Barag\u00faita haci\u00e9ndole huir, abriendo el monte con el pecho, porque la premura no lo dej\u00f3 utitizar el machete. Pero, despu\u00e9s, cuando \u201cLa Pipa\u201d y los suyos celebraban el triunfo, se miraron un momento las caras empavonadas de miedo frente al hombre a quien la luna le prestaba su luz fr\u00eda para quebrarla en la hoja reluciente del machete estalonado de filo:<\/p>\n\n\n\n<p>\u2014Juapi, juapi, juapi!\u2026<\/p>\n\n\n\n<p>\u2014\u00a1Ay, mi madre!<\/p>\n\n\n\n<p>\u2014Juapi, juapi, juapi!\u2026<\/p>\n\n\n\n<p>\u2014\u00a1Divina Pastora!\u2026<\/p>\n\n\n\n<p>Y ese indio retaco detallando la muerte a gritos y los gritos a precio de ofensa en el tremendo ajuste de las cuentas pendientes:<\/p>\n\n\n\n<p>\u2014Juapi!!<\/p>\n\n\n\n<p>C\u00f3mo vibraban mis nervios frente a los relatos heroicos de Natalio Roque. Ya no es Natalio solo. Ya viene la fama trayendo en el rebiate a Rosa, la muchacha hermana que al lado de Natalio es par en astucia y en valor y ardor rencoroso para los ultrajes, y Pancho Roque, y Trino y todos los que hoy forman el pelot\u00f3n de machos que recibieron de aquellos hombres que se murieron de un golpe, despegados del chinchorro, con una imprecaci\u00f3n viril en la primera buchada sanguinolenta del borbot\u00f3n de la herida, adorn\u00e1ndose el rostro con la sonrisa final, agradecida de morir sobre varones, los instrumentos limpios de m\u00e1culas cobardes.<\/p>\n\n\n\n<p>Los Roque! Hasta don Prisco Antica sal\u00edase alguna vez de su casa para ira la pulper\u00eda de Tereso Amaro a contar, sob\u00e1ndose la barba, mientras clavaba en mis pupilas aquella chispa loca que sorprend\u00ed en las suyas, la \u00faltima noticia habida por \u00e9l de sus misteriosos informantes. D\u00e1ndole rienda a la emoci\u00f3n que se sacaba del pecho, dec\u00edanos jubiloso:<\/p>\n\n\n\n<p>\u2014Ahora los andan persiguiendo con la Nacional. Ya les est\u00e1n haciendo los honores de la tropa de l\u00ednea\u2026<\/p>\n\n\n\n<p>Y como atropellando con sus palabras algo que en su vida se frustrara:<\/p>\n\n\n\n<p>\u2014El espaldarazo\u2026, s\u00ed, hijos m\u00edos, el espaldarazo! As\u00ed es como se forman las verdaderas revoluciones. Los<br>hombres peleando por lo que sienten en la propia carne\u2026 Nada de mochismos ni castrismos. <\/p>\n\n\n\n<p>Y Tereso Amaro, tras los negros mostachos retorcidos, alargaba la noticia haza\u00f1osa:<\/p>\n\n\n\n<p>\u2014En \u201cEl Cogollal\u201d se tirotearon con el Gobierno\u2026<\/p>\n\n\n\n<p>Tres contra la Nacional. Natalio se atrincher\u00f3 detr\u00e1s de un pelo de cucharo escupiendo candela por la boca del m\u00e1user. A Pancho le bandearon una pierna; pero ah\u00ed mismo estaba Rosa vend\u00e1ndole con una tira del fust\u00e1n para que no se sangrara, con las mismas le quito el m\u00e1user y al lado de Natalio y Trino le mandaba plomo a los gobierneros\u2026<\/p>\n\n\n\n<p>Tereso se atus\u00f3 los bigotes para decir, evocativo: <\/p>\n\n\n\n<p>\u2014\u00a1Ah negra linda, car\u00e1s! Cada vez que se echa el m\u00e1user a la cara voltea a un hombre con las patas para<br>arriba\u2026 <\/p>\n\n\n\n<p>Y los Roque serv\u00edan a las mentes descontentas la raci\u00f3n de reyerta y mano armada contra los desmanes del gobierno.<\/p>\n\n\n\n<p>Eran cuatro los Roque. Mucho menor que todos, Rosa. Guapa en el momento de silbar los plomos, brava y morena Rosa Roque. Hija del azar, su infancia transcurri\u00f3 por las calles de Bobare vendiendo majaretes, y d\u00e1ndose de trompadas con los muchachos grandulones que sal\u00edan de la escuela y trataban de quitarle, a las malas, las chucher\u00edas que vend\u00eda en el azafate. De la lujuria de los hombres se defend\u00eda con gritos y mordiscos o insolencias tama\u00f1as. Rosa creci\u00f3 a la defensiva: estropeando su infancia con las contrariedades cotidianas. Defendiendo su doncellez como defend\u00eda los majaretes. Luego, abandon\u00f3 la madre el pueblo, se ir\u00eda a vivir con alguien, y con ellos se fue Rosa a los cerros de Barag\u00fcita a pastorear las cabras del padrastro. Sus hermanos, entre tanto, se quedaron en el pueblo trabajando en diversos menesteres.<\/p>\n\n\n\n<p>Pancho Roque, el hermano mayor, alto y seco, horro de sonrisas el rostro, reposada la vez, calma la pupila escondida entre los p\u00e1rpados, ten\u00eda voz cavernosa y el adem\u00e1n pausado. Sin ser esta reserva continente de desconfianzas o malicias, era s\u00ed este retraimiento m\u00e1s expresi\u00f3n de fatal conformidad que dobleces rec\u00f3nditas. Trino Roque, en cambio, comunicaba a todos su sonrisa pegajosa y rochelera. De los varones era el hermano menor. <\/p>\n\n\n\n<p>A Natalio lo recuerdo id\u00e9ntico: moreno, retaco, el rostro tostado y lampi\u00f1o, el pecho y la espalda poderosos, tarda la mirada de los ojos rayados, la nariz parec\u00eda un bofet\u00f3n. Tales eran los Roque. Con ellos todos los que se incorporaran. <\/p>\n\n\n\n<p>En la pulper\u00eda de Tereso Amaro, como en todas las casas, los relatos cund\u00edan. Rosa Roque. La Nacional. Plomo y candela en los montes larenses. Pasajes alucinantes. Natalio Roque. Por todas partes, emocionando leyendas, los terribles hermanos\u2026<\/p>\n\n\n\n<h6 class=\"wp-block-heading\">*Texto e ilustraci\u00f3n publicados en el n\u00famero 37 de la Revista Nacional de Cultura.<\/h6>\n","protected":false},"excerpt":{"rendered":"<p>Arturo Brice\u00f1o IV LA REMOTA ESPERANZA Quebrantado, sin fuerzas, estaba mi entusiasmo para intentar otras cosas despu\u00e9s de lo ocurrido a Cr\u00edspulo en la hacienda del coronel Polanco. Otra vez fue el viejo cedro el compa\u00f1ero solitario de mis pensamientos. No me agradaba la idea de volver a trabajar como pe\u00f3n. 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