{"id":17353,"date":"2025-09-19T08:40:26","date_gmt":"2025-09-19T13:10:26","guid":{"rendered":"https:\/\/eldienteroto.org\/wp49\/?p=17353"},"modified":"2025-09-19T08:40:26","modified_gmt":"2025-09-19T13:10:26","slug":"elogio-de-los-sentidos","status":"publish","type":"post","link":"https:\/\/eldienteroto.org\/wp49\/elogio-de-los-sentidos\/","title":{"rendered":"Elogio de los sentidos"},"content":{"rendered":"\n<h4 class=\"wp-block-heading has-text-align-right\">Julio Miranda<\/h4>\n\n\n\n<p>1. En el primer Meneses me parece ya encontrar resuelto el problema de una armonizaci\u00f3n entre interioridad y exterioridad. Sugiero ver el cuento Adolescencia, fechado en 1934, donde los elementos del corral de la casa del adolescente, encarnan perfectamente lo que pasa en su interior. As\u00ed, colores, luces, movimientos, piel y olor de \u00e1rboles, flores, mariposas, siendo ellos mismos, pasan a ser met\u00e1foras de un conflicto espiritual, y nos imponen la exuberancia y fragilidad del muchacho, hacen sensible su crisis, la concretan. discreta pero evidentemente. Alg\u00fan escritor urgido de claridades hubiera acaso desplegado una de esas peroratas inevitables, agotando todos los aspectos de lo que en Meneses, inteligentemente, permanece a la vez secreto y perceptible. Si de pudor se trata, es tambi\u00e9n conciencia del destino de. la narrativa, sabidur\u00eda en la creaci\u00f3n de un plano aut\u00f3nomo en que la vida, por as\u00ed decirlo, se vive a si misma, y el narrador desaparece para que el lector entronque con la existencia que esta en juego ante \u00e9l.<\/p>\n\n\n\n<p>Ademas, la cotidianidad de la imaginer\u00eda de Adolescencia evita una fatigosa improvisaci\u00f3n de s\u00edmbolos siempre dudosos. y si Meneses no se limita a establecer referencias entre lo sensible- exterior y lo secreto-interior, dotando a ambos de significado en el mismo movimiento armonizador, encontraremos que en los momentos en que el protagonista se abandona a los delirios de su imaginaci\u00f3n, \u00e9stos lograran tambi\u00e9n encarnadura exacta: son visiones de gestas hist\u00f3ricas, sacadas de los libros de texto en un soplo vivificador, la voluptuosidad de una bailarina de vodevil que el recuerdo casi diviniza en un cuadro b\u00edblico, -escenas esplendorosas del cine, al que Meneses supo descubrir sus inmensas posibilidades como caudal de sensibilizaciones. Y estas imaginaciones \u2014presencia de la interioridad, aberturas a la fantas\u00eda\u2014, tratadas igual que los sentimientos y las reflexiones: del protagonista, contribuyen a la maestr\u00eda de un relato fluido, nunca estancado en su desarrollo, nunca controlado desde fuera, convincente siempre. <\/p>\n\n\n\n<p>Un examen de <em>La balandra \u201cIsabel\u201d lleg\u00f3  esta tarde, tambi\u00e9n de 1934<\/em>, arrojar\u00eda una conclusi\u00f3n semejante, sobre todo en lo que se refiere al oscuro rito del ensalmo, atm\u00f3sfera misteriosa lograda en base a elementos cada uno de ellos absolutamente real, gestos y cosas sensibles cuya elaboraci\u00f3n los hace, trascenderse, y en general se podr\u00e1 encontrar en gran parte de la obra de Meneses esta sabidur\u00eda que se apoya en lo sensible concreto para elevarse a la significaci\u00f3n, soluci\u00f3n dada, como se ve, desde los a\u00f1os treinta, anterior pues a unos: impulsos de liberaci\u00f3n del realismo escueto, del costumbrismo y del ruralismo, mal dirigidos y peor acabados.<\/p>\n\n\n\n<p>2. En la narrativa de Humberto Rivas Mijares puede encontrarse un curioso ejemplo de coexistencia, la alternativa de una prosa retorica, vieja ya para la \u00e9poca por mas que persistir\u00e1 aun mucho m\u00e1s tarde, y la intuici\u00f3n de unas formas exactas en su sobriedad, ricas en su concisi\u00f3n. En los cuentos de <em>Gleba<\/em> (1942), su primer libro, tenemos la adjetivaci\u00f3n hinchada y sobreabundante de frases como: \u201cEl filoso instrumento abre con sa\u00f1a en el fresco tronco la mortal hendidura\u201d (p. 9 de Siembra), y: \u201cEl padre sol ha volcado sobre la brava tierra su \u00e1nfora de luz\u201d (p. 21 de Tierra siempre ha de sobr\u00e1\u2026), abundantes en el libro aunque no predominantes. <\/p>\n\n\n\n<p>Pero es del lado de los hallazgos donde se inclina la balanza cuando leemos hoy a Humberto Rivas Mijares hallazgos numerosos, ciertamente no desarrollados pero si ya fijados, con una espontaneidad que me complacer\u00eda interpretar como verdadera necesidad, la de una narrativa tanteando, buscando inconscientemente nuevas formas expresivas \u2014y esto tambi\u00e9n, y sobre todo considerando al conjunto de la narrativa, por encima de autores y obras dispersas, como un todo de alguna manera vivo, de alguna manera org\u00e1nico, sufriendo un proceso de avances y retrocesos, estancamientos en v\u00edas cerradas para la evoluci\u00f3n, saltos cualitativos, tanteos, logros que las puntas mas avanzadas de este cuerpo realizan, abandonan al usufructo del conjunto y siguen adelante\u2014. <\/p>\n\n\n\n<p>Es as\u00ed que quiero destacar en <em>Gleba<\/em>, en primer lugar, una narraci\u00f3n escueta, cortada, de frases breves y grandemente eficaces: un \u201cHuyen los d\u00edas\u201d traslada el relato en un salto; en \u201cEs la noche\u201d sit\u00faa una nueva escena. El mismo tipo de frases fragmentar\u00e1 a veces la acci\u00f3n, creando un ritmo r\u00e1pido: \u201cEl cachero resopla febril. Los peones en fila se encaminan al corte. Llevan ce\u00f1idas a la cintura las redondas canastas\u201d\u2019\u2026 (p. 22 de Tierra siempre\u2026). Otras veces, el modo servir\u00e1 para dar el paisaje como por planos, en toques de gran poder evocativo:<\/p>\n\n\n\n<p><em>Es la ma\u00f1ana.<br>Los suelos est\u00e1n humeantes.<br>Esmaltados de gris oscuro.<br>Simulan un descomunal brasero<\/em> (p. 14 de Siembra).<\/p>\n\n\n\n<p>Finalmente, tambi\u00e9n en este libro encontramos un modo de dar la exterioridad que luego D\u00edaz Sol\u00eds llevar\u00e1 a una cumbre, poni\u00e9ndolo al servicio de la s\u00edntesis interioridad-exterioridad y de la elusi\u00f3n del drama: \u201cLas sombras de las hojas temblorosas dibujan en la alfombra morena de los suelos mil suertes de arabescos\u201d (p. 21 de Tierra siempre\u2026) \u2014ver en Entre las sombras de D\u00edaz Sol\u00eds: \u201cLa arena blanca a trav\u00e9s de las formas oscuras de las hojas y las sombras de las hojas\u201d, p. 46 de <em>Cinco cuentos<\/em> (1963)\u2014. <\/p>\n\n\n\n<p>En el novel\u00edn <em>Hacia el sur<\/em> (1942) pueden sobre todo destacarse dos cosas: lo cinematogr\u00e1fico de entregar el paisaje por planos es ya indudable en fragmentos como \u00e9ste: \u00abJunto al barranco, la casa. Detr\u00e1s el cuadro verde del plant\u00edo. Despu\u00e9s el paisaje pleno, abierto, tapizado de luz. M\u00e1s all\u00e1, encajada en los<br>cielos, la lejan\u00eda vaga y tibia\u201d (pp. 7-8), en que el movimiento de la narraci\u00f3n-mirada pareciera sugerir una especie de c\u00e1mara alej\u00e1ndose o ampliando el campo, y tambi\u00e9n los apuntes de objetivismo de descripciones como \u00e9sta:<\/p>\n\n\n\n<p>Un hombre llen\u00f3 con su cuerpo el rect\u00e1ngulo de la puerta de la choza. Adentro la tinaja de barro colmada de agua fresca y dormida. El taburete de madera sin labrar. El chinchorro de cuerdas llorosas. La tosca mesa de palos desiguales. El machete y la escardilla reclinados en un rinc\u00f3n (p. 8).<\/p>\n\n\n\n<p>Pero es en los cuentos brevisimos de <em>Ocho relatos <\/em>(1944), y sobre todo en las dos piezas de <em>El murado <\/em>(1949) donde la narrativa de Humberto Rivas Mijares alcanza gracias a su proceso general de concentraci\u00f3n y de concretizaci\u00f3n sensible una etapa superior del contar. En primer lugar, se culmina una elusi\u00f3n del drama que ya apuntaba en <em>Gleba<\/em>, aunque entonces todav\u00eda se incurriere eventualmente en las explicitaciones exhaustivas del tipo que aparecen en el cuento La tierra, siempre! , pp. 55 a 57, en la que se da al lector una innecesaria lecci\u00f3n sobre el car\u00e1cter venezolano, ni justificada ni enriquecedora en absoluto de un argumento ya bien definida en <em>Ocho relatos<\/em>, se nos presentan trozos de vidas que quedan en el aire, en narraciones de finales abiertos. <\/p>\n\n\n\n<p>En <em>El murado<\/em>, se trata de situaciones existencialistas, sin explicaciones de ninguna clase, vividas por personajes que son casi sombras, protagonistas sin nombre, ante los que puede arriesgarse que son, en realidad, signos abstractos de un drama del que el lector tiene que inventar el pasado, los rostros, incluso la entidad de la situaci\u00f3n, a partir de un pu\u00f1ado de gestos, voces, ruidos, en el cuadro de contextos cerrados, escuetamente descritos y enrarecidos tanto como ocultados. Y, como otras veces, la ausencia absoluta de mecanismos directivos, la perfecta marginaci\u00f3n del narrador, la entera libertad del lector y la autonom\u00eda soberana de un plano narrativo que no apela a nada mas y que consiste preferentemente en las relaciones establecidas entre \u201cpresencias\u2019\u2019, coinciden con la s\u00edntesis interioridad-exterioridad y culminan una l\u00ednea de concentraci\u00f3n de la narrativa. En el cuento <em>El murado<\/em>, apenas dos paginas, todos los elementos que aparecen son el hombre mismo, quien, a su vez, no es ya nada mas que esos elementos: la tapia es el fin de su mundo, de donde le llega la voz de una mujer que canta representando todos los anhelos del hombre murado; mujer que al cabo pudiera no existir, hombre que casi no existe, congelado en el gesto de narraci\u00f3n perfectamente real: el encierro de un hombre limitado ara\u00f1ar la tapia con sus manos. <\/p>\n\n\n\n<p>Aqu\u00ed se tiene, pues, una escueta narraci\u00f3n perfectamente real: el encierro de un hombre limitado un par de gestos, que se abre a pr\u00e1cticamente todas las posibilidades: se trata de un autoencierro por hast\u00edo, por repugnancia del mundo, por miedo, por angustia, etc., pudiera incluso no tratarse de un encierro sino de un momento de su d\u00eda, que la individuaci\u00f3n nos hace parecer extra\u00f1o, y as\u00ed, las opciones ser\u00edan inacabables. Pero se trata tambi\u00e9n, podr\u00eda tratarse de un maravilloso juego de s\u00edmbolos discret\u00edsimos, encarnando una obsesi\u00f3n, el absurdo de la existencia, la demencia de un amor \u2014el murado prendido de la voz de la mujer, encerr\u00e1ndose para depender absolutamente de esa \u00fanica salida, y he aqu\u00ed otra de las interpretaciones existenciales de la situaci\u00f3n\u2014, etc. <\/p>\n\n\n\n<p>No creo, francamente, que afirmar la existencia de estas posibilidades sea hacer una lectura falsa del cuento: entre otras cosas, me parece que si las obras de ficci\u00f3n no invitan precisamente a prolongar las lineas del drama, a barajar otras ficciones con la que proporciona la narraci\u00f3n, estaremos siempre ante piezas limitadas, de corto alcance. As\u00ed, el rengl\u00f3n que representa una mayor riqueza en este sentido dentro de la narrativa venezolana es el de obras en que coinciden los rasgos de este elogio de los sentidos, sea en el extremo de la concentraci\u00f3n \u2014Humberto Rivas Mijares, Berroeta, D\u00edaz Sol\u00eds, Armas Alfonzo\u2014, sea en el de un barroco tan impecable como el de <em>La mano junto al muro<\/em>, de Guillermo Meneses.<\/p>\n\n\n\n<p>3. Todo lo que pueda decirse del Marianik (1945), de Pedro Berroeta, en cuanto a elusi\u00f3n del drama gracias a fijar la atencion en detalles menores y al enrarecimiento de historias por otra parte realistas, puede referirse casi como un borrador a la perfecta realizaci\u00f3n de D\u00edaz Sol\u00eds. Es de todos modos interesante considerar estos cuentos. As\u00ed, el final de La muerte detr\u00e1s de la oreja conecta las an\u00e9cdotas de la trama \u2014la muerte de Lola, la atracci\u00f3n entre Ana Mar\u00eda y Antonio\u2014 con una totalidad c\u00f3smica, gracias a ese juego de c\u00edrculos expansivos que establece una prosa de toques sugerentes. En Mas all\u00e1 del recuerdo, la carga dram\u00e1tica se fija en un grillo reci\u00e9n muerto, nimiedad que recibe una significaci\u00f3n intrigante al cerrarse el cuento: \u201cTodav\u00eda sus antenas se mov\u00edan, como preguntando\u201d (p. 62). En El Bumerang, se nos da al final una soluci\u00f3n imaginaria del conflicto, para inmediatamente Sustituirla en un desenlace abrupto, insensata explosi\u00f3n de violencia que autom\u00e1ticamente remite a y valora el trozo de vida esbozado anteriormente. Pero es sobre todo con Silbaba una vieja canci\u00f3n donde pensar en las posteriores realizaciones de D\u00edaz Solis es inevitable: una pareja frente al mar, no se sabe muy bien cual ha sido su relaci\u00f3n anterior a este momento \u2014aunque, desde luego, puede adivinarse que se ha tratado de un intenso y conflictivo amor\u2014, pero se impone que asistimos a una crisis.<\/p>\n\n\n\n<p>Berroeta se toma tiempo para atender al paisaje, hecho materia dram\u00e1tica primordial: golpear del oleaje, luna y nubes baraj\u00e1ndose, viento en los arboles, y el paralelo entre la situaci\u00f3n de la pareja y el atormentado escenario se establece inmediatamente. Un fallo se destacar\u00eda, enti\u00e9ndolo como explicitaci\u00f3n licita pero innecesaria de la relaci\u00f3n entre el paisaje y los protagonistas: \u201cLo mismo que el mar y la tierra. Se her\u00edan, ella lanzaba sus pe\u00f1ascos sin piedad, \u00e9l ola tras ola sin descansa\u201d (p. 119). Pero de todos modos queda el poder de una fabulaci\u00f3n en la que, al cabo, mas all\u00e1 de esta explicitaci\u00f3n, si el paisaje expresa la dolorosa crisis de la pareja, la pareja misma es expresi\u00f3n del agitado paisaje, y la tensi\u00f3n del cuento se clava al final en un delicado detalle: la vieja canci\u00f3n que el hombre intenta recordar para salvar su amor, y ante cuyo vislumbrado hallazgo se cierra la pieza.<\/p>\n\n\n\n<p>Andr\u00e9s Mari\u00f1o-Palacio seria un nombre imprescindible para esta consideraci\u00f3n, en lo que respecta a la diversificaci\u00f3n del lenguaje pero, m\u00e1s espec\u00edficamente, en el sentido de descubrir en su novela <em>Los alegres desahuciados<\/em> (1948) la intuici\u00f3n de una serie de modalidades de la prosa que luego encontraremos realizadas y desarrolladas en la narrativa posterior. Quisiera se\u00f1alar cuatro de las principales, que son tambi\u00e9n das mas fruct\u00edferas. As\u00ed, en las paginas 31, 32, 33 y comienzo de la 34, la situaci\u00f3n de un personaje angustiado en su cuarto permite una sugerente creaci\u00f3n de atm\u00f3sferas, algo que remite para su culminaci\u00f3n al mejor D\u00edaz Solis, y muy concretamente al de las metamorfosis del murci\u00e9lago en Arco secreto:<\/p>\n\n\n\n<p><em>La oscuridad cubr\u00eda todo el recinto de la habitaci\u00f3n. Hab\u00eda destellos de pulpo enamorado en las zonas profundas de los rincones. Jurar\u00eda haber sentido la mano negra de un tent\u00e1culo que me acariciaba la piel<\/em> (p. 31).<\/p>\n\n\n\n<p><em>Aseguro que un murci\u00e9lago maldito me hace muecas debajo de la cama. Posee el don de la palabra e imita los murmullos del ruise\u00f1or<\/em> (p. 32).<\/p>\n\n\n\n<p>En otro sentido, la transformaci\u00f3n de una escena cuya acci\u00f3n no es nada fuera de lo com\u00fan en una orquestaci\u00f3n de elementos casi fant\u00e1sticos es algo que puede verse en un fragmento como \u00e9ste:<\/p>\n\n\n\n<p><em>Como una magistral caverna de armoniosas y sat\u00e1nicas resonancias era el oscuro ambiente de la sala; de pronto parec\u00eda como si largos y velludos brazos le fueran a acariciar el rostro a los que entraban tambale\u00e1ndose; era el viento encerrado, el denso aire que ahora flotaba hacia el mar por la puerta entreabierta<\/em> (p. 97).<\/p>\n\n\n\n<p>Pero si en tales momentos Andr\u00e9s Mari\u00f1o-Palacio arriesga casi siempre una grandilocuencia demasiado evidentemente efectista, hay dos lineas cuya actualidad se basa en el humor. La primera seria la de una poes\u00eda ir\u00f3nica, si rebuscada justa, que veinte a\u00f1os mas tarde el Alizo de <em>Griter\u00edo<\/em> y el Massiani de Piedra de mar reencontrar\u00e1n por su cuenta, y por estricta necesidad expresiva:<\/p>\n\n\n\n<p><em>La inauguraci\u00f3n de un dancing o cabaret, de un sitio de lujo donde las gentes con psicolog\u00eda de armi\u00f1o se divierten y gozan, es algo tan melanc\u00f3licamente poroso como la agon\u00eda de una ostra sobre el cuerpo indeseable del erizo marino<\/em> (p. 53).<\/p>\n\n\n\n<p><em>Todo es variado y divertido. El ambiente es sugerente, un poco melanc\u00f3lico, rom\u00e1ntico, con veleidades de agua de coco e irisaciones de mausoleo en la medianoche de abril. Toca la musica. Hay un calcet\u00edn de Dali desmayado sobre la blanca dentadura del piano (&#8230;) Es como una avalancha, como una tormenta, con el zigzag impresionante del rayo que divide en cebras multicolores la entrada del cielo lluvioso&#8230; Nada mas. Bebidas. Aire. La noche. Poes\u00eda del alcohol, lirismo de la musica. Un paseo al jard\u00edn. Brazos que se rozan. Y el beso: el inevitable beso. Los labios juveniles muerden la pulpa lasciva que ofrece la mujer. Ella retrocede, al comienzo, se esquiva, trata de huir y burlar el asedio amoroso, pero despu\u00e9s cede, paulatinamente cede&#8230; Hay en su desfallecer un lamento de felino que gime a la luna embriagada<\/em> (p. 56).<\/p>\n\n\n\n<p>La segunda linea de humor es la de una iron\u00eda critica, agrediendo a veces directamente, caricaturizando, satirizando, que es verdadero presagio del Argenis Rodr\u00edguez de <em>La fiesta del embajador<\/em>, como retrato grotesco del trasfondo de la pol\u00edtica y de sus personajes, salidos de la esfera del chisme:<\/p>\n\n\n\n<p><em>Muchas veces los pr\u00f3ximos cambios de gabinete se deciden por un whisky de m\u00e1s o un whisky de menos que ha servido el cantinero. Muchas veces es la sola marca del whisky la que influye. Cierta vez el se\u00f1or Canciller estaba dispuesto a concederle lo que le pidiera el poeta No. 35 \u2014de cejas altas y so\u00f1olientas, de admirables sonetos\u2014, pero cuando el mozo le sirvi\u00f3 en vez de whisky escoc\u00e9s una dosis hirsuta y despreciable de ron cubano disfrazado de buen whisky, entonces la luz de una verdad semitangente vino a sus o\u00eddos de conejo. Las orejas se le iluminaron, retiro la mano que le tenia aprisionada al Poeta No. 35 y se puso de pie para salir a la calle\u2026 Afortunadamente no salio, porque se topo en el camino con el apuesto joven que tocaba el clarinete y se le ocurri\u00f3 contarle un chiste picaresco que esa tarde le hab\u00eda narrado su querida<\/em> (pp. 53-54).<\/p>\n\n\n\n<p>Finalmente, es absolutamente destacable el temprano uso de un objetivismo eficaz, con el que Andr\u00e9s Mari\u00f1o-Palacio caracteriza las erosionadas existencias de una fauna de noct\u00e1mbulos, como tipos y en el mismo lenguaje, que luego Salvador Garmendia y Ram\u00f3n Bravo culminar\u00e1n:<\/p>\n\n\n\n<p>La luz de la sala era viva, irritante, y los rayos hac\u00edan brillar los p\u00f3mulos sudados de los hombres. Las tres cabezas estaban inclinadas sobre la mesa. Beb\u00edan ron. La botella ocupaba un extremo. Los tres vasos formaban tres c\u00edrculos de l\u00edquido derramado inconscientemente. Un papel encima de la mesa atra\u00eda la atenci\u00f3n de los tres hombres. Varias mujeres ocupaban las otras mesas. Llegaban algunos hombres. Muchos borrachos (p. 82).<\/p>\n\n\n\n<p>En otra mesa, distante unos tres metros de la de los tres hombres, estaba un se\u00f1or serio, circunspecto, de gafas ahumadas. El hombre ten\u00eda una encantadora enana sobre las piernas. Y la acariciaba con una precisi\u00f3n de p\u00e9ndulo. Cada minuto, la mano derecha tomaba el seno izquierdo y lo apretaba. Luego la mano izquierda levantaba la falda con delicadeza y sub\u00eda hasta un poco arriba de los muslos. Terminaba la operaci\u00f3n con la mano izquierda y se quedaba tranquilo un rato. Beb\u00edan del brebaje verde que ten\u00edan sobre la mesa (p. 83).<\/p>\n\n\n\n<p>La extensi\u00f3n de las citas me parece justificada por la importancia de las intuiciones de Andr\u00e9s Mari\u00f1o-Palacio, que a finales de la d\u00e9cada del cuarenta esta suministrando algunos de los tipos de lenguaje que la narrativa posterior har\u00e1 m\u00e1s medularmente suyos. Como en el caso de Rivas Mijares, me complacer\u00eda interpretar estas intuiciones en el sentido de una necesidad expresiva del conjunto de la narrativa, que ante la inminencia de una nueva etapa ensaya, tanteando, nuevos caminos correspondientes. Tambi\u00e9n, frente a un objetivismo de rigurosa definici\u00f3n como el que se encuentra en partes de <em>Los alegres desahuciados<\/em>, en un momento en que el nouveau roman franc\u00e9s es algo no digamos desconocido en Venezuela sino ni siquiera planteado en Francia \u2014creo que la primera obra aceptada como nouveau roman es el <em>Tropismes<\/em>, de Nathalie Serraute, publicada tambi\u00e9n en 1948\u2014, hay que volver a hablar, como en el caso de la ciencia-ficci\u00f3n de Julio Garmendia y Enrique Bernardo Nu\u00f1ez, de una absoluta contemporaneidad de un sector de la narrativa venezolana con lo mas avanzado de la narrativa mundial, y de una indiscutible autenticidad, que no puede atacarse ni con argumentos de falta de contacto con la tradici\u00f3n nacional ni con acusaciones de mimetismo. <\/p>\n\n\n\n<p>Finalmente, quisiera destacar que una relectura de estos y otros nombres claves debiera hacerse no tanto como manejo erudito de datos sino mas bien en busca de modelos cuya realizaci\u00f3n de temas, estructuras, lenguajes, etc., feliz o defectuosa, siempre puede servir para abordar los posteriores intentos, ya para una valoraci\u00f3n cr\u00edtica de tal o cual autor u obra, ya para la disposici\u00f3n de esa cantidad de preguntas que surgen casi espont\u00e1neamente del contraste. As\u00ed, por ejemplo, me parece que el simple dibujo de esta linea con la que hago un elogio de los sentidos tiende a desvalorizar otras v\u00edas y se ofrece a si misma como espina dorsal de la narrativa venezolana de los \u00faltimos treinta a\u00f1os, al menos en la hip\u00f3tesis de poder construir varios \u201csistemas\u201d de esta narrativa que, sobre el conjunto de la producci\u00f3n, trazara historias opuestas, en cuyo caso la superioridad de una de ellas se ver\u00eda claramente en el desarrollo de unas formas, la profundizaci\u00f3n de unos temas, etc.<\/p>\n\n\n\n<p>5. Gustavo D\u00edaz Sol\u00eds puede dar algunas de las mayores lecciones para este elogio de los sentidos. Quisiera detenerme en dos de sus cuentos mas breves, de <em>Cinco cuentos<\/em> (1963). <em>El cocuyo<\/em> es una pieza de apenas tres paginas, pagina y media para la llegada del hombre a la casa, una pagina para el encuentro del hombre y la mujer \u2014el pasado dado con: \u201csent\u00eda agolparse todo aquel recuerdo doloroso de lo que les hab\u00eda obligado a buscar un ambiente distinto y por eso se hab\u00edan ido al pueblo\u201d (p. 41)\u2014, apenas cinco lineas para el desenlace, en cuya imagen esta acaso el futuro:<\/p>\n\n\n\n<p><em>\u00c9l r\u00e1pidamente miro el arbusto oscuro en la noche y no vio la luz del cocuyo. Solo vio la quieta oscuridad del patio que aclaraba y sobre lo m\u00e1s oscuro entre las hojas una gran cayena mustia, apagada como ceniza de sangre<\/em> (p. 42).<\/p>\n\n\n\n<p>Aqu\u00ed, la historia de unos hechos m\u00ednimos sustituye a la de unos sentimientos: es el cocuyo encontrado y luego perdido, lo que\u2019 no solo contrapuntea un desarrollo sentimental apenas sugerido sino que se convierte en su oscura met\u00e1fora, al mismo tiempo que sigue siendo una realidad entre otras, una delicada escena que en si misma encanta, y que la sobriedad del narrador no fuerza en absoluto para hacerla significar. Podemos leer el cuento ateni\u00e9ndonos a la suave magia de esta escena ambigua, como que estamos frente a un trozo de vida esencializado, dado en sus trazos m\u00e1s finos. Podemos, no llegar a otro nivel sino abandonarnos a la expansi\u00f3n natural de la an\u00e9cdota \u2014y rechazo lo de \u201cotro nivel\u201d porque esto pudiera hacer pensar que en D\u00edaz Solis se trata de dos desarrollos paralelos y distintos: mas bien es que en la misma superficie hay dos escrituras incrustadas, d\u00f3ciles sin embargo al tacto de la lectura: siguiendo esa linea soberana de una narraci\u00f3n aut\u00f3noma, l\u00ednea \u201cexterna\u201d de esos hechos m\u00ednimos, que es por otra parte la \u00fanica segura, trazada, evidente, estamos tambi\u00e9n naturalmente no solo impulsados sino sobre todo obligados a revivir la escena, a acompa\u00f1ar una y otra vez, como profundizando por capas, la trayectoria delgada del relato, que a cada instante se ramifica en preguntas: ese \u201crecuerdo doloroso\u201d\u2019 que puede ser el de un amor en crisis, acaso un suceso concreto, quiz\u00e1s tan solo una fatal y paulatina erosi\u00f3n; la sorpresa del cocuyo ofrecido que, m\u00e1s all\u00e1 de que ella no haya visto nunca un cocuyo, es algo as\u00ed como un regalo de t\u00edmida riqueza que puede dar un hombre temeroso \u2014y al mismo tiempo casi hastiado\u2014, y tambi\u00e9n es esa Iucecita en la oscuridad del patio; la desaparici\u00f3n del insecto, sustituido por la oscura belleza de la cayena mustia, que es, desde luego, un nuevo fracaso y que puede tambi\u00e9n representar el futuro. Como se ve, escribir sobre El cocuyo dar\u00eda, casi insensiblemente, muchas mas paginas que las del mismo cuento; pensar, recrear su drama es una aventura de eso que creo pudiera llamarse \u201clectura ficticia\u201d, y que tanto otorga al lector la libertad de prolongar lineas y expandir an\u00e9cdotas como lo tata, cuando el autor es sabio, a los c\u00edrculos de un juego fascinante en torno a la m\u00ednima joya del cuento. <\/p>\n\n\n\n<p>Dejando aparte una calidad de la prosa que es habitual en D\u00edaz Sol\u00eds, la concentraci\u00f3n de su narrativa y la elusi\u00f3n del drama ante el desarrollo de unos hechos menores son rasgos mod\u00e9licos respecto a los cuales habr\u00e1 que volver una y otra vez a este autor. En <em>Entre las sombras <\/em>puede verse igualmente todo esto. De tres paginas, dos y media se dedican a acompa\u00f1ar a la pareja bajando hacia la playa, y la reiterada presencia del paisaje ocupa el mayor espacio. Asombra la capacidad de Gustavo D\u00edaz Sol\u00eds para trazar innumerables matices en la descripci\u00f3n, tornando maravilloso un trozo de arena frente al mar. Ser\u00e1: \u201cla arena blanca a trav\u00e9s de las formas oscuras de las hojas y las sombra de las hojas\u201d (p. 46); o \u201cuna cota de gasa que la brisa de otro modo imperceptible mov\u00eda como humo sobre la piel de lo brazos intensamente blanca\u201d (p. 47); y la mujer \u201cdesnudamente blanca y azul frente a \u00e9l en la noche bajo los arboles junto al mar que se o\u00eda sosegadamente golpeando la playa que reluc\u00eda con la luz de la luna\u201d (p. 46). En este \u00faltimo fragmento se nota mejor el tejido delicad\u00edsimo de una prosa que habr\u00eda qu calificar de preciosista si no estuviera avanzando sutilmente en el desarrollo del cuento, insinuando una atm\u00f3sfera que es exterior e interior, porque plasma sensiblemente, en elementos de exterioridad \u2014brillo de la arena y ruido acompasado del la tela del vestido de la mujer, pasos, luz, etc.\u2014 los sentimiento de los protagonistas al mismo tiempo que recrea la insospechada belleza del mundo y se ofrece a s\u00ed misma como objeto de contemplaci\u00f3n, como aventura y hecho de lenguaje. <\/p>\n\n\n\n<p>A todas estas, lo que el lector tiene ante si es el desenvolverse de un exterioridad transfigurada, las relaciones de una cosas con otra para verse de pronto ante el desenlace y adivinar \u2014reinventar la infidelidad amorosa del protagonista, el retorno a la amad: la reconciliaci\u00f3n amarga y serena a la vez, y un futuro que queda en el aire. Como en <em>El cocuyo<\/em>, el drama eludido hasta el final asoma un momento, en una frase o gesto m\u00ednimo, para soslayarse inmediatamente con unas palabras banales, que desv\u00edan la atenci\u00f3n, dejando el conflicto como recatado misterio: en el otro cuento era la pregunta por lo que el hombre iba ense\u00f1arle, aqu\u00ed las consideraciones sobre el nombre \u201cmuy ruso\u00bb de Olga, quien puede suponerse que es la otra mujer. Y necesidad de suponer nos puede iluminar algo que es, desde luego, m\u00e1s que una curiosidad: Gustavo D\u00edaz Sol\u00eds no ha dicho en ning\u00fan momento que haya habido una infidelidad, como tampoco en <em>El cocuyo<\/em> se plantea una crisis, y m\u00e1s: como en <em>Arco secreto<\/em> no se habla concretamente de un murci\u00e9lago, no se le nombra, pero esas vibraciones, esa sombra que pasa entre sombras es un murci\u00e9lago, y no cabe la duda. Lo innominado pero sentido cabria, pues, como otro de los rasgos de este elogio.<\/p>\n\n\n\n<p>Y es, en general, ese registro sensible el que quiero destacar en Gustavo D\u00edaaz Sol\u00eds. Al asentar el peso de la narraci\u00f3n en la exterioridad sensible, Gustavo D\u00edaz Sol\u00eds crea una esfera propia, en que los elementos dados \u2014y a veces ni siquiera dados sino solo sugeridos\u2014 juegan entre si, se imbrican de mil maneras, hacen y deshacen figuras, sin necesitar inyecciones directivas, explicitaciones, etc. Hay, al mismo tiempo, que rehuir el t\u00e9rmino objetividad, o el de realismo, con toda su carga de equ\u00edvocos, porque no se trata aqu\u00ed tan solo de una cuidadosa elecci\u00f3n de elementos \u201cde la realidad\u201d, sino de la transfiguraci\u00f3n de esos elementos en un contexto perfecta y magn\u00edficamente literario, en que la \u201crealidad\u201d de la arena, del cuerpo de una mujer o de las hojas de un \u00e1rbol se definen no respecto a un conjunto previo al relato sino en el relato mismo, en la atm\u00f3sfera que los hace ser lo que son en relaci\u00f3n a una \u2014m\u00e1s que nunca\u2014 trama, a un desarrollo, a un lenguaje. <\/p>\n\n\n\n<p>Esto puede aclararse mejor con otros ejemplos, ahora de <em>Cuentos de dos tiempos<\/em> (1950). Ver entonces como la lucha del ni\u00f1o y del cangrejo \u2014un ni\u00f1o que por su parte parece salir de la arena, un cangrejo que es casi un monstruo extraterreno\u2014 es en verdad un combate c\u00f3smico, y como mientras el protagonista de <em>Arco secreto<\/em> mata al murci\u00e9lago, \u00e9ste cumple un ciclo de metamorfosis fant\u00e1sticas \u2014aparenciales, s\u00ed, pero reales tambi\u00e9n\u2014: es perro y p\u00e1jaro y pez y rata y, desde luego sombra, tanto como su muerte se convierte en un rito en que David asesina al entorno hostil, al jefe repugnante, acaso tambi\u00e9n a si mismo, y se libera.<\/p>\n\n\n\n<p>Mas claro a\u00fan que en Meneses, en Gustavo D\u00edaz Sol\u00eds lo sensible se da como exterioridad real plasmada en toda su fuerza y belleza; como registro de conflictos internos; como met\u00e1fora del mundo; como posibilidad de fantas\u00eda apuntada cuando no realizada \u2014verla en <em>Arco secreto<\/em>, en <em>La efigie<\/em>, en <em>Llueve sobre el mar<\/em>, en <em>Hechizo<\/em>\u2014 pero referida siempre, como los dem\u00e1s rasgos, al desarrollo veros\u00edmil de esos hechos m\u00ednimos; y como obra de lenguaje, que es verdadera aventura de transparencias, deslizamientos y, en general, recombinaciones de fin\u00edsimas im\u00e1genes, como un casi calidoscopio de sugerencias dram\u00e1ticas.<\/p>\n\n\n\n<h4 class=\"wp-block-heading has-text-align-right\"><a href=\"https:\/\/eldienteroto.org\/wp49\/julio-miranda\/\" target=\"_blank\" rel=\"noreferrer noopener\">Sobre el autor<\/a><\/h4>\n","protected":false},"excerpt":{"rendered":"<p>Julio Miranda 1. En el primer Meneses me parece ya encontrar resuelto el problema de una armonizaci\u00f3n entre interioridad y exterioridad. Sugiero ver el cuento Adolescencia, fechado en 1934, donde los elementos del corral de la casa del adolescente, encarnan perfectamente lo que pasa en su interior. 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