{"id":17267,"date":"2024-09-03T14:54:00","date_gmt":"2024-09-03T19:24:00","guid":{"rendered":"https:\/\/eldienteroto.org\/wp49\/?p=17267"},"modified":"2025-09-03T15:10:44","modified_gmt":"2025-09-03T19:40:44","slug":"dos-cuentos-de-salvador-flejan","status":"publish","type":"post","link":"https:\/\/eldienteroto.org\/wp49\/dos-cuentos-de-salvador-flejan\/","title":{"rendered":"Dos cuentos de Salvador Flej\u00e1n"},"content":{"rendered":"\n<h3 class=\"wp-block-heading\">La cuchara de Uri Geller<\/h3>\n\n\n\n<p class=\"has-text-align-right\"><em>Para Yrisalvi y Rosita, porque la sangre llama<\/em><\/p>\n\n\n\n<p>Ahora s\u00e9 que perder la virginidad es un asunto m\u00e1s serio de lo que en realidad aparenta. Es el tipo de cosas que solo te ocurren una vez en la vida, como los dientes de leche, la primera menstruaci\u00f3n o, m\u00e1s concretamente, cuando te mueres. Otro dato: de esos importantes momentos casi nunca sobreviven recuerdos. Que se sepa, nadie atesora su primera toalla sanitaria o llega a enmarcar la foto del infarto fatal. A lo m\u00e1ximo que se puede llegar en ese sentido es a coleccionar colmillitos amarillentos y eso solo si se cuenta con la ventura de una madre fetichista. Sin embargo, de&nbsp;<em>mi primera vez<\/em>, s\u00ed que conservo algo. Un objeto tonto, sin duda, y que vayan ustedes a saber por qu\u00e9 he guardado todos estos a\u00f1os.<\/p>\n\n\n\n<p>Esa ocasi\u00f3n la recuerdo como si hubiera sucedido esta ma\u00f1ana, aunque lo cierto es que pas\u00f3 en el a\u00f1o 76. Yo reci\u00e9n hab\u00eda cumplido los diecisiete y Rolando, mi novio, ten\u00eda meses pidi\u00e9ndome lo que en un principio llamaba una \u00abprueba de amor\u00bb y luego un \u00abultim\u00e1tum\u00bb.<\/p>\n\n\n\n<p>Rolando era bello. Se parec\u00eda a Jesucristo (en realidad se parec\u00eda a Robert Powell, el actor que hac\u00eda de Jes\u00fas en una pel\u00edcula que todav\u00eda pasan en Semana Santa) y en aquella \u00e9poca se puso de moda tener un novio as\u00ed. As\u00ed que yo ten\u00eda suerte de tener a Rolando y a Jesucristo en una sola persona.<\/p>\n\n\n\n<p>Pero Rolando no se conformaba con los besos con sabor a frenillos que nos d\u00e1bamos en su CJ-7. \u00c9l pretend\u00eda algo m\u00e1s que besos y el caso era que yo no estaba preparada para ese tipo de asuntos. Mi estrategia fue hacerme la loca. Darle largas dici\u00e9ndole: \u00abpapi, esp\u00e9rate uno de estos s\u00e1bados a que mam\u00e1 est\u00e9 de guardia y probamos, \u00bfs\u00ed?\u00bb.<\/p>\n\n\n\n<p>Mi mam\u00e1 era enfermera en la cl\u00ednica M\u00e9ndez Gim\u00f3n y nunca ten\u00eda guardia los s\u00e1bados. As\u00ed que la espera de Rolando iba a ser larga y extenuante. Pero las cosas cuando van a pasar pasan y un s\u00e1bado, como a las diez de la ma\u00f1ana, llamaron a mam\u00e1 de emergencia de la cl\u00ednica.<\/p>\n\n\n\n<p>Ese s\u00e1bado Rolando tambi\u00e9n andaba de emergencia. Se present\u00f3 en la casa sin haber llamado antes. Eso nunca lo hac\u00eda y como es l\u00f3gico me extra\u00f1\u00f3 much\u00edsimo. Toc\u00f3 el timbre con la insistencia de un vendedor de Electrolux, como si le hubieran&nbsp;<em>revelado<\/em>&nbsp;que aquel podr\u00eda ser su S\u00e1bado de Gloria. De eso me acuerdo clarito porque Henry Altuve anunciaba las atracciones de&nbsp;<em>La Feria de la Alegr\u00eda<\/em>&nbsp;cuando abr\u00ed la puerta.<\/p>\n\n\n\n<p>Parecer\u00e1 infantil, pero aquello me molest\u00f3 bastante. Los s\u00e1bados de 4 a 9 eran&nbsp;<em>m\u00edos<\/em>: ese era el horario de&nbsp;<em>La Feria<\/em>\u2026 y ni que se cayera el mundo me lo perd\u00eda. Creo que lo dej\u00e9 entrar porque en una mano tra\u00eda una olorosa bolsa con comida del Meen Nang y en la otra un pote familiar de un helado de pistacho que la EFE jam\u00e1s ha vuelto a sacar.<\/p>\n\n\n\n<p>Sin embargo, y para ser justa, creo que la culpable de lo que pas\u00f3 aquella tarde fui yo. En las visitas que Rolando hac\u00eda a la casa nunca pas\u00f3 m\u00e1s all\u00e1 de la sala. Mam\u00e1 no lo dejaba ni ir al ba\u00f1o del pasillo. Pero aquel d\u00eda no s\u00e9 qu\u00e9 demonios me pic\u00f3 y le dije que fu\u00e9ramos a ver la tele en el cuarto. Esa era la oportunidad que hab\u00eda estado esperando Rolando y yo se la puse en bandeja de plata.<\/p>\n\n\n\n<p>Cuando nos instalamos en la cama a comernos la comida china, Trino Mora cantaba&nbsp;<em>Libera tu mente<\/em>. Eso, pienso, fue el principio del fin. Pero me arm\u00e9 de valor y aguant\u00e9 mi cosa como si escuchara un aguinaldo de Las voces risue\u00f1as de Carayaca. Era temporada de<em>&nbsp;rating<\/em>&nbsp;y las atracciones de esa tarde iban a estar muy buenas. Aparte de Trino, tambi\u00e9n actuar\u00edan \u00c1guila Blanca (un viejito ecuatoriano que lanzaba cuchillos disfrazado de&nbsp;<em>sioux<\/em>), La Momia y Uri Geller. A Uri Geller era la primera vez que lo ve\u00eda y ese detalle me iba a costar car\u00edsimo.<\/p>\n\n\n\n<p>La comida que hab\u00eda tra\u00eddo Rolando estaba algo picante y rebosaba en frutos del mar. Ese fue otro golpe: al rato me puse aceleradita y como rochelera. Tanto que tuve que echarme un ba\u00f1o rel\u00e1mpago para ver si se me pasaba el vapor\u00f3n. Sin embargo, m\u00e1s vale que no hubiese tenido esa mala idea. Cuando regres\u00e9 del ba\u00f1o, el Rolando ya se hab\u00eda quitado la camisa y las medias. Si mam\u00e1 llegaba en ese momento, seguro sal\u00edamos directo para la jefatura a casarnos. Fue entonces que me acord\u00e9 del helado en la nevera y vi la oportunidad de&nbsp;<em>enfriar<\/em>&nbsp;el momento.<\/p>\n\n\n\n<p>Pero cada salida m\u00eda de la habitaci\u00f3n significaba una prenda menos en el vestuario de mi novio. Al volver de la cocina me lo encontr\u00e9 en calzoncillos. \u00bfPueden creerlo? Ya me estaba poniendo nerviosa cuando escuch\u00e9 una voz narc\u00f3tica que sal\u00eda del televisor. La voz parec\u00eda decir \u00abahora qu\u00edtate la bata y ve a la cama\u00bb, porque fue exactamente lo que hice como una pendeja.<\/p>\n\n\n\n<p>Uri Geller ten\u00eda unos ojos preciosos. Usaba, adem\u00e1s, un peinado tipo \u00abtotuma\u00bb y unos pantalones de poli\u00e9ster que le quedaban apretaditos. En eso me fijaba cuando Rolando empez\u00f3 con la tocadera.<\/p>\n\n\n\n<p>La primera parte del acto consist\u00eda en adivinar el n\u00famero de c\u00e9dula de identidad o, en su defecto, el de una licencia de conducir de alguien del p\u00fablico. \u00abConc\u00e9ntrense en sus casas\u00bb, dec\u00eda Uri Geller a cada rato y yo estaba s\u00faper concentrad\u00edsima. Rolando, en el \u00ednterin, me ten\u00eda tomada de los pies y me daba masajes en los tobillos y en las pantorrillas. Rico, la verdad, pero de ah\u00ed no hubiese pasado si en ese instante no le hacen un&nbsp;<em>close up<\/em>&nbsp;a los ojos del mentalista.<\/p>\n\n\n\n<p>Eso me mat\u00f3.<\/p>\n\n\n\n<p>Empec\u00e9 a sudar y me subi\u00f3 una especie de corrientazo desde el c\u00f3ccix hasta la nuca. Aquel espasmo me dej\u00f3 sin coartadas. Horrible. Hasta bizca me puse tratando de desentra\u00f1ar el misterio de aquellos ojos en blanco y negro. Ya Rolando hab\u00eda cruzado la frontera como perro por su casa y ven\u00eda directo a lo suyo, embalado.<\/p>\n\n\n\n<p>\u00abConc\u00e9ntrense\u00bb, repet\u00eda el desgraciado de Uri Geller y m\u00e1s concentraci\u00f3n de la que yo ten\u00eda s\u00ed que estaba dif\u00edcil. Juro que estaba a punto de salir levitando por la ventana.<\/p>\n\n\n\n<p>Tuve un \u00faltimo chance de salvarme cuando fueron a comerciales pero antes de eso comenz\u00f3 el segmento de las cucharas. Uri Geller hab\u00eda invitado a una do\u00f1a al escenario. Me sorprendi\u00f3 que la se\u00f1ora mantuviera una mano en alto como si le rezara a un santo. Cuando&nbsp;<em>poncharon<\/em>&nbsp;a la vieja repar\u00e9 en la cuchara que sosten\u00eda como si fuera un crucifijo.<\/p>\n\n\n\n<p>Uri Geller le quit\u00f3 la cuchara a la viejita y, como si fuera a tomarse una sopa muy caliente, comenz\u00f3 a mirarla fijamente. La escena ten\u00eda su dramatismo. Entonces vino un nuevo&nbsp;<em>close up<\/em>&nbsp;a los ojos del mentalista y supe en ese instante que todo estaba perdido.<\/p>\n\n\n\n<p>Acto seguido comenz\u00f3 a darle con el dedito \u00edndice en la parte m\u00e1s delgada, casi con ternura. Ignoraba lo que pretend\u00eda con aquello hasta que la cuchara comenz\u00f3 a ceder. Parec\u00eda como si un fuego invisible la estuviera derritiendo.<\/p>\n\n\n\n<p>Entonces sent\u00ed el pinchazo.<\/p>\n\n\n\n<p>Los bufidos de Rolando en mi oreja hicieron que perdiera toda la concentraci\u00f3n ganada hasta ese momento. En un intento desesperado por recuperarla, ech\u00e9 una mirada al televisor. Uri Geller ya hab\u00eda pasado a otra cosa. Me parece que intentaba \u00abdetener\u00bb el mecanismo de un reloj despertador de Mickey Mouse.<\/p>\n\n\n\n<p>Al siguiente d\u00eda descubr\u00ed, con horror, que Uri Geller hab\u00eda tenido \u00e9xito con el reloj: eran casi las diez. Me hab\u00eda quedado dormida y mam\u00e1 no tardar\u00eda en regresar de su guardia.<\/p>\n\n\n\n<p>El cuarto estaba hecho un desastre y la s\u00e1bana parec\u00eda la bandera del Jap\u00f3n. Rolando no pudo encontrar sus interiores y se fue diez minutos antes de que mam\u00e1 llegara. Mientras recog\u00eda el desastre, pude dar con los interiores de mi novio: flotaban como un barco a la deriva dentro del pote de helado. Pero en el pote tambi\u00e9n hallar\u00eda otro objeto que en un principio me cost\u00f3 identificar y que, sin embargo, asumir\u00eda como otro cierto del mentalista.<\/p>\n\n\n\n<p>En d\u00edas pasados mi hija me pregunt\u00f3 el porqu\u00e9 todav\u00eda guardaba aquella cuchara doblada y adem\u00e1s oxidada. Estuve a punto de hablarle de los ojos de Uri Geller y todas esas cosas. Pero me call\u00e9.<\/p>\n\n\n\n<p class=\"has-text-align-center\">***<\/p>\n\n\n\n<h3 class=\"wp-block-heading\">El abrigo<\/h3>\n\n\n\n<p>La primera vez que vi al t\u00edo Mannix, acababa de llegar de Inglaterra donde ten\u00eda una larga temporada viviendo. Se hab\u00eda marchado en un principio de vacaciones, pero luego de un sinf\u00edn de peripecias, las vacaciones se le fueron alargando hasta convertirse en un quinquenio de estad\u00eda ininterrumpida en Londres.<\/p>\n\n\n\n<p>El t\u00edo en realidad no se llamaba Mannix. En la familia le hab\u00edan puesto ese nombre por el actor Mike Connors, quien interpretaba al detective Joe Mannix de la serie hom\u00f3nima de finales de los 60. Era igualito. Incluso ten\u00eda los mismos ademanes y hasta manejaba un convertible similar al del investigador privado californiano.<\/p>\n\n\n\n<p>En fin, el t\u00edo Mannix era lo que,<em>&nbsp;<\/em><em>stricto sensu,&nbsp;<\/em>pod\u00eda calificarse como un \u201cplayboy\u201d. La tarde que lo vi llegar de su largo asueto londinense, vest\u00eda un traje azul marino y una prenda que, hasta ese d\u00eda,&nbsp;hab\u00eda visto s\u00f3lo en pel\u00edculas: un curioso abrigo, muy peludo, color marr\u00f3n,&nbsp;el cual tra\u00eda puesto distra\u00eddamente como si su cuerpo a\u00fan no se hubiera adaptado&nbsp;a los rigores del tr\u00f3pico.<\/p>\n\n\n\n<p>Las haza\u00f1as del t\u00edo Mannix, antes de marcharse, ya eran de por s\u00ed \u00e9picas. Era toda una leyenda en la calle de Los Chaguaramos donde se cri\u00f3. Fue el primero de la cuadra en visitar un burdel por los lados de Catia y hacerle vivir a sus amigos, mediante su afilado ingenio y labia, las supuestas delicias er\u00f3ticas experimentadas en el lupanar. Tambi\u00e9n pondr\u00eda de moda la pr\u00e1ctica poco \u00e9tica de \u201cechar el carro\u201d en las areperas de Sabana Grande junto a tres fieles escuderos que perpetuamente lo acompa\u00f1aban en sus tremenduras. El t\u00edo Mannix siempre estuvo un paso adelante de sus cong\u00e9neres y eso, como era l\u00f3gico, le trajo mucha estima, pero tambi\u00e9n los inevitables celos de los envidiosos.<\/p>\n\n\n\n<p>La primera Harley-Davidson que se vio y escuch\u00f3 en Los Chaguaramos y Santa M\u00f3nica se la regalaron al t\u00edo cuando se gradu\u00f3 de bachiller y comenz\u00f3 a estudiar ingenier\u00eda civil en la UCV. El t\u00edo Mannix iba y ven\u00eda de la universidad con su estrepitosa&nbsp;<em>chopper<\/em>, en la que a veces tra\u00eda de parrillera a una compa\u00f1era de estudio, con la que, en palabras de la abuela, se encerraba en su cuarto a \u201crepasar\u201d.<\/p>\n\n\n\n<p>De la universidad tambi\u00e9n trajo otra de las novedades que en la cuadra pronto har\u00eda furor: la marihuana. Por aquella \u00e9poca, la abuela y el abuelo pasaban m\u00e1s tiempo en la casa de R\u00edo Chico que en Los Chaguaramos, circunstancia que el t\u00edo Mannix aprovechar\u00eda en pleno para realizar las mejores fiestas que se recuerden en la zona.&nbsp;As\u00ed como consegu\u00eda el mejor monte disponible, igual suced\u00eda con la m\u00fasica que compraba y pinchaba en el tocadisco Philco de la casa. Los acetatos se los compraba a un trinitario que viajaba quincenalmente a Nueva York y tra\u00eda lo mejor que se grababa en el primer mundo. El t\u00edo Mannix, sin quererlo, impuso todo un&nbsp;soundtrack en la urbanizaci\u00f3n.<\/p>\n\n\n\n<p>Todav\u00eda hay sobrevivientes de la \u00e9poca que hablan con genuina&nbsp;nostalgia de aquellas veladas organizadas por el t\u00edo Mannix, ahumadas de cannabis y sonorizadas con lo mejor de&nbsp;The&nbsp;Animals, Credence y los responsables&nbsp;de que el t\u00edo se largara a Inglaterra,&nbsp;The Beatles.<\/p>\n\n\n\n<p>\u00bfRecuerdan el abrigo que mencion\u00e9 al principio? Bueno, no lo pierdan de vista. Esa prenda y los Beatles, son en realidad los verdaderos motivos de este relato.<\/p>\n\n\n\n<p>El t\u00edo Mannix lleg\u00f3 a Londres a mediados del 68. Hab\u00eda dejado los estudios de Ingenier\u00eda por la mitad, acci\u00f3n que, junto a la melena y la barba que se dej\u00f3 crecer, les hab\u00eda partido el coraz\u00f3n a los abuelos. No s\u00e9 c\u00f3mo logr\u00f3 convencer a la gente de Ladies W.C. para que los representara en la gira que realizar\u00edan ese a\u00f1o en Inglaterra. Lo cierto es que el t\u00edo, a punta de \u201clabia\u201d, persuadi\u00f3 a los integrantes de aquella banda de rock psicod\u00e9lico criolla, y en julio de aquel a\u00f1o se embarc\u00f3 como \u201cm\u00e1nager\u201d del grupo sin siquiera saber hablar ingl\u00e9s.<\/p>\n\n\n\n<p>El t\u00edo lleg\u00f3 en pleno Swinging London, como se le conoci\u00f3 a la escena de la moda y la cultura que floreci\u00f3 en Londres posterior al per\u00edodo de austeridad que sigui\u00f3 a la postguerra. Todo era optimismo y alegr\u00eda. Todo pod\u00eda suceder. Y aunque el t\u00edo Mannix estaba m\u00e1s movido por el movimiento hippie que por aquella cultura hedonista e individual, igual Londres le vino de maravillas.<\/p>\n\n\n\n<p>R\u00e1pidamente hizo amistad con cierta comunidad latina compuesta fundamentalmente por m\u00fasicos, artistas pl\u00e1sticos y escritores latinoamericanos que poco a poco lo fueron introduciendo en el savoir faire de la movida londinense. El ingl\u00e9s b\u00e1sico y elemental que llev\u00f3 el t\u00edo a Inglaterra, pronto se transform\u00f3 en una sofisticada y, por dem\u00e1s afectada, parla brit\u00e1nica que a veces combinaba con jerga \u201ccockney\u201d y que hac\u00eda de las delicias de sus interlocutores ingleses en los pubs de la ciudad.<\/p>\n\n\n\n<p>Para finales del 68, el t\u00edo Mannix hab\u00eda desempe\u00f1ado varios empleos que lo ayudaron a mejorar su ingl\u00e9s y tambi\u00e9n su precaria econom\u00eda. Fue portero de un pub en King\u2019s Road, vendedor de discos en una discotienda en Carnaby Street y estibador en el puerto.<\/p>\n\n\n\n<p>Pero el d\u00eda de su suerte le llegar\u00eda una noche en la barra de un pub por Picadilly. Alguien a su lado lo escuch\u00f3 hablar \u201cvenezolano\u201d con otro compatriota que estaba de paso por Londres. Ese \u201calguien\u201d hab\u00eda vivido unos a\u00f1os en Venezuela y se re\u00eda a gusto con las ocurrencias del t\u00edo, salpicadas de \u201cco\u00f1os\u201d y \u201cvales\u201d. Al rato, el ingl\u00e9s se present\u00f3 al par de amigos y comenzaron una larga ch\u00e1chara que se extender\u00eda hasta la madrugada. Al final de la velada, el ingl\u00e9s le extendi\u00f3 por cortes\u00eda una tarjeta de presentaci\u00f3n al t\u00edo. \u201cApple Records\u201d, rezaba la tarjeta junto a la famosa N\u00b0 3 de Savile&nbsp;Row, direcci\u00f3n en la que The Beatles acababan de fundar su estudio de grabaci\u00f3n. En esa misma direcci\u00f3n, pero en la azotea de los estudios, los \u201cCuatro de Liverpool\u201d dar\u00edan, poco despu\u00e9s, su \u00faltimo y m\u00e1s famoso concierto en vivo conocido como el \u201cRooftop&nbsp;Concert\u201d.<\/p>\n\n\n\n<p>No recuerdo cu\u00e1l \u201cviveza criolla\u201d utiliz\u00f3 el t\u00edo Mannix para entrar, unos d\u00edas despu\u00e9s, al edificio y preguntar, tarjeta de presentaci\u00f3n en mano, por aquel amigo accidental que le hab\u00eda ca\u00eddo del cielo. Por supuesto que el t\u00edo sab\u00eda que el edificio era la guarida oficial de la banda de sus amores y siempre aru\u00f1\u00f3 la idea de colarse en su interior y cruzar algunas palabras con Harrison, su beatle predilecto.<\/p>\n\n\n\n<p>Si algo ten\u00eda el t\u00edo es que no dejaba escapar ninguna oportunidad. \u201cSi quieres comer, oculta tu hambre\u201d, era el dicho y mantra que aplicaba con rigor. El tipo de la tarjeta result\u00f3 ser el ingeniero jefe de los estudios de grabaci\u00f3n, un tal Glym; quien se encontraba metido en una gigantesca pecera llena de consolas y cables. \u201cLa pr\u00f3xima vez te traigo una arepa de carne mechada\u201d, brome\u00f3 el t\u00edo cuando lo vio.<\/p>\n\n\n\n<p>El t\u00edo escondi\u00f3 muy bien su apetito y le pidi\u00f3 un empleo al ingl\u00e9s. \u201cCualquier cosa para pagar la renta y la arepa\u201d, dijo al tiempo que volteaba hac\u00eda los lados en busca de los redondos lentes de Lennon o la barba incierta del McCartney post hippie.<\/p>\n\n\n\n<p>El caso fue que el ingeniero se apiad\u00f3 del venezolano en apuros y lo emple\u00f3 de \u201ctodero\u201d. Aquel privilegiado pobre puesto era el sue\u00f1o h\u00famedo de cualquier fan del cuarteto. Pero el t\u00edo, gracias al roce diario con la leyenda, se lo tom\u00f3 con soda y pronto se acostumbr\u00f3 a sus \u00eddolos.<\/p>\n\n\n\n<p>A principios del 68 y hasta enero del 69 se hab\u00edan desarrollado los ensayos y grabaciones del accidentado \u00e1lbum Let It Be. Eso ten\u00eda muy nervioso a George Martin, m\u00e1nager del grupo, quien sab\u00eda o intu\u00eda que aquel podr\u00eda ser el \u00faltimo huevo que pondr\u00eda su gallina de oro.<\/p>\n\n\n\n<p>Mart\u00edn hab\u00eda barajado varios sitios para lanzar el nuevo \u00e1lbum del grupo con un concierto en vivo. Cosas delirantes como presentarse en las pir\u00e1mides de Egipto ante unos beduinos, actuar en un barco s\u00f3lo para fan\u00e1ticos u ofrecer un show ante un p\u00fablico compuesto por ni\u00f1os aquejados de enfermedades terminales fueron algunas de las ideas que puso sobre la mesa el equipo \u201ccreativo\u201d de la disquera. Finalmente, a alguien se le ocurri\u00f3 que lo m\u00e1s pr\u00e1ctico (y barato) era subir todos los equipos e instrumentos a la azotea del propio edificio, enchufarlos, y echarle pich\u00f3n al asunto.<\/p>\n\n\n\n<p>Y as\u00ed lleg\u00f3 el d\u00eda del concierto en la azotea en el N\u00b03 de la calle Savile. No me extender\u00e9 en detalles del concierto; en YouTube hay una oferta generosa de videos y documentales, en los que, por cierto, el t\u00edo Mannix aparece en varios planos robando c\u00e1mara.<\/p>\n\n\n\n<p>Lo interesante es lo que pas\u00f3 despu\u00e9s. Como todo el mundo sabe, por aquella \u00e9poca los integrantes de la banda estaban pelead\u00edsimos. Casi ni se hablaban. Harrison fue el primero que se fue y m\u00e1s atr\u00e1s Ringo har\u00eda lo mismo. McCartney y Lennon ten\u00edan que grabar unos coros y se quedaron toda la tarde haci\u00e9ndolo. Yoko Ono hab\u00eda acompa\u00f1ado a su esposo, pero estaba pasando por un per\u00edodo de enganche a las drogas duras y se la pas\u00f3 echada en un sill\u00f3n toda la tarde.<\/p>\n\n\n\n<p>El abrigo que Lennon hab\u00eda usado en el concierto de la azotea en realidad era de Yoko. John se lo hab\u00eda pedido de emergencia para aguantar la g\u00e9lida temperatura que hab\u00eda en la azotea ese mediod\u00eda de enero. Cuando se metieron en el estudio a hacer los coros, John le entreg\u00f3 el abrigo al t\u00edo Mannix para que se lo devolviera a la Ono. Cuando el t\u00edo finalmente la encontr\u00f3 detr\u00e1s de unas cornetas, la japonesa estaba hablando sola y meneaba la cabeza de atr\u00e1s hacia adelante como ni\u00f1a fantasma de pel\u00edcula de terror.<\/p>\n\n\n\n<p>Le ofreci\u00f3 el abrigo, pero la artista psicod\u00e9lica lo apart\u00f3 con una mano, al tiempo que murmuraba algo que el t\u00edo interpret\u00f3 como \u201cKeep&nbsp;it\u201d.<\/p>\n\n\n\n<p>Poco tiempo despu\u00e9s, al t\u00edo lo botaron del estudio. Las razones nunca estuvieron claras. El caso es que gracias a los contactos y amistades que logr\u00f3 hacer en Apple Records nunca le falt\u00f3 trabajo en los siguientes cuatro a\u00f1os de su aventura inglesa.<\/p>\n\n\n\n<p>La historia del abrigo la cont\u00f3 aquella tarde en que nos visit\u00f3 reci\u00e9n llegado al pa\u00eds. Al t\u00edo Mannix no le pareci\u00f3 pr\u00e1ctico andar por Caracas con semejante pieza encima y se lo dio a guardar a mi mam\u00e1. Aquella piel de oso estuvo colgada en el closet de mi mam\u00e1 por a\u00f1os. Un buen d\u00eda el abrig\u00f3 desapareci\u00f3 del closet y le pregunt\u00e9 a mi mam\u00e1 por \u00e9l.<\/p>\n\n\n\n<p>\u201cTu t\u00edo vino anoche a buscarlo. Me dijo que una tal Christie\u2019s estaba interesada. Debe ser una de sus putas\u201d.<\/p>\n\n\n\n<h4 class=\"wp-block-heading has-text-align-right\"><a href=\"https:\/\/eldienteroto.org\/wp49\/salvador-flejan\/\" target=\"_blank\" rel=\"noreferrer noopener\">Sobre el autor<\/a><\/h4>\n\n\n\n<h6 class=\"wp-block-heading\">Publicados en: https:\/\/ficcionbreve.org y https:\/\/prodavinci.com, respectivamente<\/h6>\n","protected":false},"excerpt":{"rendered":"<p>La cuchara de Uri Geller Para Yrisalvi y Rosita, porque la sangre llama Ahora s\u00e9 que perder la virginidad es un asunto m\u00e1s serio de lo que en realidad aparenta. 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