{"id":17246,"date":"2025-04-02T15:08:00","date_gmt":"2025-04-02T19:38:00","guid":{"rendered":"https:\/\/eldienteroto.org\/wp49\/?p=17246"},"modified":"2025-09-02T15:21:39","modified_gmt":"2025-09-02T19:51:39","slug":"la-favorita-del-senor","status":"publish","type":"post","link":"https:\/\/eldienteroto.org\/wp49\/la-favorita-del-senor\/","title":{"rendered":"La favorita del se\u00f1or"},"content":{"rendered":"\n<h4 class=\"wp-block-heading has-text-align-right\">Ana Teresa Torres<\/h4>\n\n\n\n<p>Mi nombre es Aisa-Umm-al-Hakam, hija del val\u00ed Al-Munim-Umm-al-Hakam y de su decimos\u00e9ptima concubina Yadiy\u00e1, nieta de Ibn-Ganiya, destronado por Mutasim-al-Hakam a mediados del siglo XII de la era cristiana. Fui la sexta hija de Yadiy\u00e1, despu\u00e9s de tres mujeres y dos varones; uno desapareci\u00f3 en extra\u00f1as circunstancias al nacer, y el otro, Mahib, educado para suceder a mi padre, muri\u00f3 tempranamente.<\/p>\n\n\n\n<p>Cuando nac\u00ed Yadiy\u00e1 llor\u00f3 la desgracia de haber tenido otra ni\u00f1a y me entreg\u00f3 al eunuco para que me arrojara al mar, pero \u00e9ste, de mejor coraz\u00f3n que aquella loba, me guard\u00f3 e hizo que me alimentara una de mis primas, a quien se le hab\u00eda muerto el reci\u00e9n nacido. Viendo mi madre que yo hab\u00eda sobrevivido, me acept\u00f3 a su lado y crec\u00ed en el harem de Al-Munim donde viv\u00ed hasta la edad de diecisiete a\u00f1os, cuando Roger de Tamarit invadi\u00f3 la isla con otros se\u00f1ores cristianos y mat\u00f3 a mi familia, incendi\u00f3 el alc\u00e1zar y la mezquita, y me llev\u00f3 consigo a su castillo para servir a su esposa, mi se\u00f1ora Helena de Tamarit.<\/p>\n\n\n\n<p>Tamarit es un castillo situado a la orilla del mar, en el Levante de la pen\u00ednsula donde mi pueblo estableci\u00f3 el reino del Al-Andalus. A\u00fan debe alzarse su torre, que, en mi recuerdo, se llam\u00f3 Torre de la Mora. Pero antes de relatar c\u00f3mo sucedieron los acontecimientos, me place recordar mi ni\u00f1ez en la isla en que nac\u00ed pues fue el momento m\u00e1s dulce de mi existencia.<\/p>\n\n\n\n<p>Debo decir que Yadiy\u00e1, a quien no deseo llamar madre, me educ\u00f3 como correspond\u00eda a mi rango y que si no fuera por las circunstancias que ya mencion\u00e9, mi destino habr\u00eda sido casarme con alg\u00fan secretario o consejero de mi padre o trasladarme al harem de un sult\u00e1n del sur, donde hubiera podido llegar a ser una concubina o quiz\u00e1s una esposa. Pero nada de esto ocurri\u00f3 y mi vida tom\u00f3 un camino imprevisto.<\/p>\n\n\n\n<p>La casa de las mujeres estaba emplazada dentro de la alcazaba. Ten\u00eda tres patios adornados de fuentes y de flores, y tantas salas que me pregunto si alguna vez las recorr\u00ed todas. Herm\u00e9ticas celos\u00edas defend\u00edan el secreto de lo que en ellas acontec\u00eda, bajo la mirada de los eunucos, vigilantes de que las mujeres guard\u00e1ramos orden y nuestro solaz no traspasara sus disposiciones. Sin embargo siempre una gran algazara herv\u00eda en nuestras habitaciones y patios, en los ba\u00f1os y salas. Viv\u00edamos creo que m\u00e1s de doscientas personas, entre las esposas, las concubinas, los ni\u00f1os, los eunucos, las nodrizas, maestras, esclavas y sirvientas. Era una ciudad dentro de otra ciudad, y dentro de ella tambi\u00e9n exist\u00edan diversos reinos. Yadiy\u00e1 dirig\u00eda uno de ellos. Aunque era una concubina sin importancia, y despu\u00e9s que me concibi\u00f3 mi padre nunca la volvi\u00f3 a visitar, ella se preciaba de haber sido una de sus favoritas. Nunca pude comprobar este honor que endulzaba los a\u00f1os en que ya hab\u00eda perdido su juventud. Dec\u00eda Yadiy\u00e1 que mi padre Al-Munim hab\u00eda querido desposarla y que las intrigas de otra concubina lo hab\u00edan impedido. Su mayor esperanza estuvo puesta en que mi hermano Mahib llegara a sucederle, pero mi t\u00edo, quien era muft\u00ed del palacio, lo mand\u00f3 a envenenar en favor de su propio hijo, mi primo Yacub. La muerte de Mahib agri\u00f3 el car\u00e1cter de Yadiy\u00e1 y a partir de entonces, me contaba Tam\u00edm el eunuco, no tuvo otro pensamiento que volver a darle un hijo a Al-Munim. Pero nac\u00ed yo y debi\u00f3 renunciar a sus ambiciones. Crec\u00ed en el amor del Se\u00f1or, del \u00danico, del Amo, y en el destino de obtener el goce de ser su elegida, al igual que todas las otras ni\u00f1as y mujeres que me rodeaban, como me lo ense\u00f1aron mi nodriza y mis maestras de danza y de m\u00fasica, como me lo transmitieron las viejas que cuidaban de nuestra educaci\u00f3n y me concedieron el don de leer y escribir en bellos signos.<\/p>\n\n\n\n<p>Cuando ten\u00eda diez a\u00f1os jugaba con otras ni\u00f1as en uno de los patios, alguien me empuj\u00f3 y me romp\u00ed una ceja contra el saliente de una columna. Las mujeres que vigilaban nuestros juegos corrieron conmigo en brazos para curarme porque sangraba mucho, y una de ellas mientras limpiaba mi herida me relat\u00f3 un sue\u00f1o. Yo estaba en su visi\u00f3n rodeada de palomas que com\u00edan en mis manos, y era ese el signo de que yo ser\u00eda alg\u00fan d\u00eda la favorita del Se\u00f1or.<\/p>\n\n\n\n<p>\u2014\u00bfCu\u00e1ndo tuviste ese sue\u00f1o? \u2013le pregunt\u00e9.<\/p>\n\n\n\n<p>\u2014Hace ya tiempo \u2013me dijo\u2013, cuando dejaste la nodriza y comenzaste tu educaci\u00f3n.<\/p>\n\n\n\n<p>\u2014\u00bfY por qu\u00e9 no me lo hab\u00edas contado antes? \u2013insist\u00ed.<\/p>\n\n\n\n<p>No me quiso dar otra explicaci\u00f3n pero me prometi\u00f3 que siempre que so\u00f1ara algo de m\u00ed me lo dir\u00eda. Ella era Naryis-al-Abbas, y su primer nombre quiere decir junco, porque era la mejor bailarina del harem, y la que me ense\u00f1\u00f3 la danza m\u00e1s completa, pues sab\u00eda mover el vientre hasta llegar a la decimotercera posici\u00f3n. Naryis nos dec\u00eda que si nuestro Se\u00f1or era muy gordo esa era la \u00fanica posici\u00f3n en que podr\u00eda penetrarnos, pues hab\u00eda hombres tan obesos que, si la mujer no sab\u00eda abrir sus piernas de aquel modo, no lograr\u00edan nada. Todas nos re\u00edamos de aquello y jug\u00e1bamos a decir que esper\u00e1bamos que el Todopoderoso nos reservara a alguien de mejor aspecto que un barril grasiento.<\/p>\n\n\n\n<p>Mi padre fue siempre un hombre delgado, de musculatura fina, de largos brazos y piernas, que aun en su madurez, pues cuando yo nac\u00ed ten\u00eda treinta a\u00f1os, parec\u00eda un bello joven. Lo vi tres veces en mi vida. La primera, siendo ni\u00f1a, un d\u00eda que vino a nuestra casa y estuvo toda una tarde con nosotras, mientras las mujeres cantaron y bailaron para \u00e9l. La segunda, desde el ajimez, montado en su caballo, saliendo de caza, y la tercera cuando Roger de Tamarit entr\u00f3 a saco en el palacio y mi padre le suplic\u00f3 llorando que no me llevara consigo. Pero el Se\u00f1or de Tamarit, sin bajarse de su montura, lo decapit\u00f3 en el instante. Esas fueron las tres veces en que vi al Gobernador, mi padre, y su recuerdo es para m\u00ed el fresco olor de sus vestidos y la bella sonrisa de sus hermosos dientes.<\/p>\n\n\n\n<p>El d\u00eda que mi padre, Al-Munim, hab\u00eda decidido visitar la casa de las mujeres, lleg\u00f3 todo vestido de blanco, y cuando atraves\u00f3 el patio principal nos arremolinamos en la galer\u00eda de la planta alta para verlo pasar. Se dirigi\u00f3 a la sala mayor y los eunucos nos ordenaron bajar. Sentado en los cojines m\u00e1s ricos guard\u00f3 silencio y dio comienzo a la fiesta. Yo estaba entre las otras ni\u00f1as, en la \u00faltima fila, y apenas si lograba distinguirlo entre las cabezas de tantas mujeres. Se inici\u00f3 el baile y las danzarinas se adelantaron frente a \u00e9l. Cantaron y recitaron, y a mediod\u00eda las viejas dispusieron la presentaci\u00f3n de la comida. Al-Munim invit\u00f3 a algunas de las concubinas a sentarse junto a \u00e9l para compartirla y pude observar la expresi\u00f3n de disgusto de Yadiy\u00e1 por no haber sido llamada. Mi padre reuni\u00f3 junto a \u00e9l a unas ocho o diez mujeres, escogi\u00e9ndolas entre las m\u00e1s j\u00f3venes, y entre ellas estaba Naryis, quien recitaba z\u00e9jeles para el agrado del Se\u00f1or. Las ni\u00f1as nos adelantamos a servir los platos y los depositamos a su alcance para que los probara y luego invitara a las escogidas a comer. As\u00ed fueron pasando las tortas de hojaldre relleno de carne picada de pich\u00f3n, mezclada con pasta de almendra, el cordero estofado y sazonado con comino, los platos de ave especiados con hierbas y aceitunas, las tortas de pi\u00f1ones, las nueces picadas, los pasteles de avellanas y miel, y las copas de vino. Cuando terminaron de comer, Al-Munim enjuag\u00f3 su boca con agua aromatizada, y con una palmada despidi\u00f3 a las mujeres que lo hab\u00edan acompa\u00f1ado. Todas esperaban saber cu\u00e1l ser\u00eda la elegida para acompa\u00f1ar al Se\u00f1or en su lecho.<\/p>\n\n\n\n<p>Naryis se qued\u00f3 sentada a su lado. Las esposas y concubinas no pudieron impedir un suspiro de decepci\u00f3n y enojo, pues Naryis era una danzarina esclava y las concubinas consideraban que a ellas les tocaba en primer lugar el honor de estar con \u00e9l. Pero Al-Munim las despreci\u00f3, y sentado junto a Naryis orden\u00f3 que continuara el entretenimiento. Sali\u00f3 as\u00ed una danzarina que hac\u00eda juegos acrob\u00e1ticos, y despu\u00e9s dos muchachas que dominaban los juegos malabares, y pude ver los bellos dientes de Al-Munim re\u00edr con el espect\u00e1culo.<\/p>\n\n\n\n<p>Tam\u00edm anunci\u00f3 que a continuaci\u00f3n Naryis bailar\u00eda sola, por deseo de nuestro Se\u00f1or, y que mientras la danzarina se preparaba, nos invitaba a comer del rico banquete. Fue entonces cuando me di cuenta de que hab\u00edan transcurrido varias horas sin comer ni beber nada, y me dirig\u00ed junto con las otras ni\u00f1as hacia las fuentes donde reposaba todav\u00eda una gran cantidad de manjares que Al-Munim y las escogidas no hab\u00edan consumido. Pero no ten\u00eda hambre. Apenas si prob\u00e9 algunas migajas y beb\u00ed un poco de jugo de membrillo. Mis ojos estaban fijos en \u00e9l. Sent\u00eda mi coraz\u00f3n como si hubiera bebido del vino que las viejas tragaban y me parec\u00eda que el tiempo se hab\u00eda suspendido y que nada de lo que ocurr\u00eda a mi alrededor exist\u00eda verdaderamente. Escuchaba lejanas las voces que nos ordenaban sentarnos y guardar silencio para contemplar el baile de Naryis. A pesar del ruido que produc\u00edan las gargantas de tantas mujeres y las panderetas que acompa\u00f1aban a la bailarina, estaba absolutamente sola en la contemplaci\u00f3n del Se\u00f1or, mi padre, Al-Munim.<\/p>\n\n\n\n<p>Siempre me produc\u00eda mucha alegr\u00eda contemplar a Naryis en su baile y todas dese\u00e1bamos llegar alg\u00fan d\u00eda a bailar como ella, pero aquella tarde no le dirig\u00ed mis ojos ni una sola vez. Un intenso dolor en lo m\u00e1s profundo de m\u00ed me hab\u00eda inundado por completo. Mi mirada hab\u00eda quedado enganchada del rostro de Al-Munim, la blancura de sus vestidos estallaba en luz dentro de mis ojos, y yo de pronto reconoc\u00ed en mi interior que el Se\u00f1or, aun cuando fuera mi padre, era todo mi deseo. No lograba poner en palabras lo que me ocurr\u00eda en aquel momento, s\u00f3lo la dolorosa mirada que me un\u00eda a \u00e9l, y saber que su presencia era todo para m\u00ed. No pod\u00eda pensar en un mayor tormento que en su pr\u00f3xima desaparici\u00f3n, pues sospechaba que cuando el baile de Naryis terminara \u00e9l se ir\u00eda de nuevo a sus aposentos y su ausencia ser\u00eda para mis ojos como quedar ciegos.<\/p>\n\n\n\n<p>En aquel estado no me hab\u00eda dado cuenta de que Naryis se hab\u00eda acercado hacia donde yo me sentaba junto a las otras ni\u00f1as, y agarr\u00e1ndome del brazo me llev\u00f3 hasta el centro del sal\u00f3n. Me invit\u00f3 as\u00ed a bailar con ella para el Se\u00f1or, y seg\u00fan parece lo hice muy bien. No puedo recordarlo. No s\u00e9 cu\u00e1nto tiempo dur\u00f3 el baile ni cu\u00e1les fueron los pasos que en aquel momento logr\u00e9 dar. S\u00f3lo recuerdo que cuando la m\u00fasica ces\u00f3, Al-Munim me llam\u00f3 a su lado y me pregunt\u00f3 mi nombre.<\/p>\n\n\n\n<p>\u2014\u00bfEres hija m\u00eda, Aisa? \u2013me volvi\u00f3 a preguntar.<\/p>\n\n\n\n<p>\u2014Yadiy\u00e1 me dijo que soy hija de ella y de mi Se\u00f1or Al-Munim \u2013logr\u00e9 contestar.<\/p>\n\n\n\n<p>\u00c9l se ri\u00f3 y pude sentir la frescura de su boca y el fuerte perfume de algalia que se desprend\u00eda de sus vestidos.<\/p>\n\n\n\n<p>\u2014A veces las mujeres mienten \u2013contest\u00f3 entre risas.<\/p>\n\n\n\n<p>Yo me qued\u00e9 en silencio. Ninguna palabra se me ocurr\u00eda. Despu\u00e9s Al-Munim se levant\u00f3, se despidi\u00f3, y sali\u00f3 de nuestra casa.<\/p>\n\n\n\n<p>Anochec\u00eda. Yo sub\u00ed a mi habitaci\u00f3n sintiendo un peso profundo y sin poder atender a las bromas y a los comentarios de mis compa\u00f1eras de habitaci\u00f3n. No repar\u00e9 en que Tam\u00edm subi\u00f3 detr\u00e1s de m\u00ed y me llam\u00f3. Sin decirme una palabra me tom\u00f3 de la mano y salimos de la casa. Atravesamos la calle que la separaba del palacio del Se\u00f1or, y juntos recorrimos sus salas y patios. Por fin nos encontramos frente a sus habitaciones.<\/p>\n\n\n\n<p>\u2014El Se\u00f1or te espera \u2013me dijo Tam\u00edm, y abriendo la puerta me hizo entrar ante la presencia de mi padre.<\/p>\n\n\n\n<p>La puerta se cerr\u00f3 tras el eunuco y qued\u00e9 sola ante \u00e9l. Al-Munim me tom\u00f3 de la mano y me condujo a una mesa en la que se dispon\u00edan algunos platos de dulce y frutas. Me invit\u00f3 a probarlos y yo lo hice por temor a desagradarlo, pero en verdad mi garganta no aceptaba nada. Al-Munim se despoj\u00f3 de su ropa y qued\u00f3 vestido solamente con sus calzones y la camisa. Desenroll\u00f3 las medias que tapaban mis piernas y retir\u00f3 mis zapatos, as\u00ed como las joyas con las que aquel d\u00eda me hab\u00edan adornado. Solt\u00f3 mi pelo que hab\u00eda recogido en unas trenzas, y me pregunt\u00f3 si sab\u00eda jugar al ajedrez.<\/p>\n\n\n\n<p>Asent\u00ed con la cabeza y me condujo a la mesa donde estaba dispuesto el tablero. Hicimos varias partidas, en las que \u00e9l me felicitaba por mis buenas jugadas y se re\u00eda cuando yo lograba desaparecerle alguna pieza. Me dejaba ganar simulando que no lograba desbaratar mi juego, y pensaba largo rato antes de iniciar un movimiento, como si el m\u00edo hubiera sido tan h\u00e1bil que no lograra responderlo. Durante el juego me pregunt\u00f3 cosas sencillas de mi vida, como cu\u00e1les eran mis distracciones preferidas, o los nombres de mis amigas favoritas, mi comida predilecta o mis aficiones musicales. No recuerdo mis respuestas. S\u00e9 que hablaba pues \u00e9l me volv\u00eda a preguntar, pero no s\u00e9 qu\u00e9 le dec\u00eda yo a \u00e9l. Trataba de que mis palabras le agradaran pero, al mismo tiempo, eran como palomas que volaban lejos de m\u00ed sin que yo pudiera retenerlas ni dirigir su vuelo.<\/p>\n\n\n\n<p>Cuando terminamos de jugar, me sent\u00f3 en los cojines que estaban junto a la ventana y me acomod\u00f3 entre sus piernas. Me acarici\u00f3 el pelo y los ojos. Yo le daba la espalda y no pod\u00eda mirar los suyos. Sus manos recorr\u00edan mi cabeza y yo sent\u00ed un estremecimiento que me provoc\u00f3 un impulso a vomitar pero logr\u00e9 contenerme. Entonces se acost\u00f3 boca arriba y me sent\u00f3 a caballo sobre \u00e9l. En esa postura continu\u00f3 acariciando mi pelo y mis ojos, sus manos recorr\u00edan mi nariz y mis labios, cuando su dedo entr\u00f3 en mi boca yo sent\u00ed la inclinaci\u00f3n de chuparlo. Estuve haci\u00e9ndolo un buen rato y un calor desconocido comenz\u00f3 a recorrerme. Al mismo tiempo experimentaba la sensaci\u00f3n de que estaba mareada y que pod\u00eda perder el conocimiento, pero Al-Munim, quiz\u00e1 comprendi\u00e9ndolo, me apret\u00f3 contra su pecho y me dijo palabras de consuelo que tampoco recuerdo.<\/p>\n\n\n\n<p>Despu\u00e9s me tom\u00f3 en sus brazos y me acost\u00f3 a lo largo de su cuerpo. Mi cabeza llegaba a la altura de su pecho y mis pies tocaban sus rodillas. Acarici\u00f3 su miembro henchido y llev\u00f3 mi mano hacia \u00e9l para que pudiera experimentar su llenura. Yo bes\u00e9 sus manos que continuaban acarici\u00e1ndolo, y despu\u00e9s tom\u00f3 mi cabeza y la acerc\u00f3 de modo que mis labios pudieran rozarlo. Con suavidad Al-Munim lo introdujo en mi boca y, aunque era demasiado grande para contenerlo, continu\u00e9 sorbi\u00e9ndolo como \u00e9l me hab\u00eda ense\u00f1ado a hacer con su dedo. Sent\u00ed entonces despertar en m\u00ed una avidez nueva y esper\u00e9 que en mi boca se derramara su leche, pero \u00e9l se contuvo y no ocurri\u00f3.<\/p>\n\n\n\n<p>Extendi\u00f3 mi cuerpo sobre los almohadones y me quit\u00f3 la camisa que lo cubr\u00eda. Qued\u00e9 as\u00ed completamente desnuda frente a mi Se\u00f1or. \u00c9l empez\u00f3 entonces a lamerlo, acun\u00e1ndome en sus brazos, hasta que se detuvo en los botones que eran todav\u00eda mis pechos y estuvo prendido de ellos largo tiempo, como si bebiera el m\u00e1s dulce de los l\u00edquidos. Con una mano acarici\u00f3 mi sexo y con la otra introdujo un dedo en mi anillo. De ese modo ambas manos entraron dentro de m\u00ed y yo sent\u00ed su lucha por encontrarse. Un grito parec\u00eda desprenderse de aquel espacio que las manos de mi Se\u00f1or estrechaban y de nuevo sent\u00ed un mareo y tem\u00ed desmayarme.<\/p>\n\n\n\n<p>Entonces Al-Munim me pidi\u00f3 que lo besara en los labios mientras apretaba mi cuerpo contra su miembro y sent\u00ed as\u00ed la frescura de su aliento. Su miembro erguido acariciaba mi sexo y yo deseaba que me penetrara pero, al mismo tiempo, temblaba de temor porque era tan grande que sab\u00eda que, si lo introduc\u00eda, ser\u00eda para m\u00ed muy doloroso. Pero no lo hizo. Mi padre volte\u00f3 mi cuerpo y qued\u00e9 boca abajo para que pudiera lamer mi espalda e introducir su lengua en mi interior, y as\u00ed estuvo un buen rato hasta que de nuevo me volte\u00f3 hacia \u00e9l y volv\u00ed a sentirlo dentro de mi boca. De pronto, bruscamente me apart\u00f3 y su jugo estall\u00f3 cayendo sobre mi rostro. Moj\u00f3, entonces, un pa\u00f1uelo en el agua de la jofaina y lo limpi\u00f3 con cuidado. Despu\u00e9s me acun\u00f3 de nuevo y yo me entregu\u00e9 al sue\u00f1o entre sus brazos.<\/p>\n\n\n\n<p>Cuando me despert\u00e9 estaba en mi habitaci\u00f3n, en mi cama al lado de las otras ni\u00f1as. Era de d\u00eda y escuch\u00e9 las voces y el murmullo de las conversaciones que acompa\u00f1aban el despertar en la casa de las mujeres. Naryis se acerc\u00f3 a m\u00ed y me dio los buenos d\u00edas.<\/p>\n\n\n\n<p>\u2014Tuve un extra\u00f1o sue\u00f1o anoche \u2013le dije en voz baja\u2013; so\u00f1\u00e9 que mi padre me pose\u00eda.<\/p>\n\n\n\n<p>Miraba fijamente a los ojos de Naryis para saber, a trav\u00e9s de ellos, la verdad.<\/p>\n\n\n\n<p>\u2014\u00bfQu\u00e9 recuerdas de tu sue\u00f1o? \u2013me pregunt\u00f3.<\/p>\n\n\n\n<p>\u2014Recuerdo el fresco olor de su boca y el fuerte aroma de algalia en sus vestidos \u2013contest\u00e9\u2013, la firmeza de sus manos y la dureza de sus huesos, la suavidad de sus labios y el calor de su lengua.<\/p>\n\n\n\n<p>\u2014Yo tambi\u00e9n tuve un sue\u00f1o anoche. Te vi en un caballo blanco recorrer la arena.<\/p>\n\n\n\n<p>Comprend\u00ed que mi cuerpo no hab\u00eda so\u00f1ado y que verdaderamente aquella noche hab\u00eda sido la favorita de Al-Munim. Poco despu\u00e9s cumpl\u00ed once a\u00f1os.<\/p>\n\n\n\n<h4 class=\"wp-block-heading has-text-align-right\"><a href=\"https:\/\/eldienteroto.org\/wp49\/ana-teresa-torres-semblanza\/\" target=\"_blank\" rel=\"noreferrer noopener\">Sobre la autora<\/a><\/h4>\n","protected":false},"excerpt":{"rendered":"<p>Ana Teresa Torres Mi nombre es Aisa-Umm-al-Hakam, hija del val\u00ed Al-Munim-Umm-al-Hakam y de su decimos\u00e9ptima concubina Yadiy\u00e1, nieta de Ibn-Ganiya, destronado por Mutasim-al-Hakam a mediados del siglo XII de la era cristiana. 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