{"id":1721,"date":"2021-10-07T20:24:19","date_gmt":"2021-10-07T20:24:19","guid":{"rendered":"https:\/\/eldienteroto.org\/wp49\/?p=1721"},"modified":"2024-02-03T19:10:58","modified_gmt":"2024-02-03T19:10:58","slug":"dos-cuentos-juan-carlos-chirinos","status":"publish","type":"post","link":"https:\/\/eldienteroto.org\/wp49\/dos-cuentos-juan-carlos-chirinos\/","title":{"rendered":"Dos cuentos de Juan Carlos Chirinos"},"content":{"rendered":"<h3>Ichbiliah<\/h3>\n<p>Para Juan Carlos M\u00e9ndez Gu\u00e9dez, fino andaluz y jirajara<\/p>\n<p>Y para Marisela Barroso, por las noches de regresi\u00f3n<\/p>\n<p>&nbsp;<\/p>\n<p style=\"padding-left: 120px; text-align: right;\"><em>El doctor W. H. Stokes, del Instituto Mount Hope para Dementes, afirma acerca de la locura moral: \u00abOtra fuente fecunda de trastornos mentales de esta especie parece encontrarse en un indebido exceso en la lectura de los numerosos relatos novel\u00edsticos, que tanto han proliferado en la prensa en los \u00faltimos a\u00f1os, y que tanto se han multiplicado por todas partes, con el efecto de viciar el gusto y corromper la moral de los j\u00f3venes. Los padres nunca ser\u00e1n demasiado cautelosos a la hora de preservar a sus j\u00f3venes hijas de esta perniciosa costumbre\u00bb.<\/em><\/p>\n<p style=\"padding-left: 120px; text-align: right;\"><strong>De una noticia de 1849<\/strong><\/p>\n<p>&nbsp;<\/p>\n<div>Llamadme Don Juan. Porque \u00e9se es mi nombre.<\/div>\n<p>Antes de comenzar mi relato, debo deciros unas pocas palabras que justificar\u00e1n los hechos que estoy a punto de narrar. He meditado profundamente cada una de las frases de mi historia, y a nadie extra\u00f1e si parece que hablo de memoria, como si mis palabras hubieran sido repetidas una y otra vez desde el principio de los tiempos, porque lo que he de contar forma parte de m\u00ed mismo y es como si describiera la forma de mi mano derecha mientras la observo. Llevo mi historia pegada a m\u00ed como otros llevan los ojos o la forma de la cara.<\/p>\n<p>He defendido aquello en lo que creo y no he dado mi brazo a torcer a pesar de que la raz\u00f3n estuviera del otro lado. Si en una \u00e9poca pertenec\u00ed \u2014lo confieso\u2014 a esa especie del g\u00e9nero humano capaz de enga\u00f1ar al m\u00e1s d\u00e9bil de los inocentes \u2014una mujer enamorada\u2014 sin que ninguna parte de mi cuerpo y de mi alma sintiera el m\u00e1s leve escozor sino, al contrario, agregando gozo en el ensa\u00f1amiento, que aumentaba en la medida en que\u00a0<i>a)<\/i>\u00a0la v\u00edctima fuera ingenua en grado superlativo absoluto y\/o\u00a0<i>b)<\/i>\u00a0el enga\u00f1o se extendiera por tiempo m\u00e1s que suficiente y mejor si retardado; tambi\u00e9n es cierto que, a pesar de mi malvado comportamiento, el mismo me llev\u00f3 \u2014por hast\u00edo o por conciencia, qu\u00e9 s\u00e9 yo\u2014 a convertirme en lo que soy ahora: un santo. Y lo que a continuaci\u00f3n leer\u00e9is no es sino el testimonio sincero de un hombre arrepentido y con justicia castigado. Prestad atenci\u00f3n, pues, y si sois buenos cristianos y a\u00fan confi\u00e1is en la recuperaci\u00f3n de los santos lugares, ahora en manos de los infieles, juzgad mis acciones con menos severidad de la que yo tuve en su momento para condenar a todos cuantos se me acercaron cuando a\u00fan vagaba por el mundo sin la conciencia que da el dolor de la p\u00e9rdida.<\/p>\n<p>Soy don Juan, y creo merecer al menos el beneficio de vuestra atenci\u00f3n, pues nadie antes \u2014y espero que nunca nadie\u00a0<i>despu\u00e9s de m\u00ed<\/i>\u2014 ha tocado el cieno del fondo con tanta concupiscencia como yo. Ni nadie despu\u00e9s de m\u00ed puede decir que ha visto el rostro de la muerte de tantas y tan variadas maneras, desde el \u00e9xtasis org\u00e1smico de las novicias hasta la sonrisa agusanada de las calaveras. Consigno aqu\u00ed esta historia (especie de diario de una \u00e9poca desquiciada, que pudo ser escrito por m\u00ed, por cualquiera, por ninguno) para conjurarla y evitar su in\u00fatil repetici\u00f3n, si acaso no es el tiempo un anillo cuyas caras se comunican por un misterioso azar, para mayor gloria del Alt\u00edsimo y su madre de mil dulces rostros. Lo que ocurre aqu\u00ed no debe repetirse porque ya lo hace dentro de mi cabeza noche tras noche.<\/p>\n<p>Os dejo penetrar en mi vida, pues, y acallo mi lengua, ahora s\u00f3lo autorizada para el canto de loas y maitines. Salud.<\/p>\n<p>&nbsp;<\/p>\n<div><b>I<\/b><br \/>\nEsa ma\u00f1ana hab\u00edamos recogido el \u00faltimo cad\u00e1ver y estaba particularmente hinchado. Tanto, que cuando el vig\u00eda lo detect\u00f3 crey\u00f3 que era un hatajo de ropa de los que dejan caer los gitanos vagabundos en muchas ocasiones. Cuando los ojos saltones del muerto nos miraron supimos que se trataba de otro ajusticiado. Uno de nuestros Hermanos, novato en estas lides, llor\u00f3 de consternaci\u00f3n al comprobar que sus manos, atadas a los pies, dejaban adivinar el forcejeo de aqu\u00e9l que despierta en medio del Gran R\u00edo, sereno y caudaloso. Nadie quiso tranquilizarlo porque es m\u00e1s f\u00e1cil si se acostumbra por su cuenta a la idea de no ser el mismo despu\u00e9s de presenciar esta pena de muerte. Tal vez las nuevas leyes deroguen esta absurda costumbre de dormir a los criminales antes de arrojarlos a las aguas. Al hermano novato todav\u00eda le falta la prueba (m\u00e1s terrible) del ahorcado, cuyos ojos se apagan con frenes\u00ed y su miembro endurecido es una herramienta sin fin. Si no fuera por nuestra Hermandad, el Gran R\u00edo ser\u00eda un canal pestilente, un t\u00fanel hacia el Hades de la tristeza. Y un foco efervescente de epidemias. Hace unos a\u00f1os, la soberbia me tom\u00f3 en sus brazos orden\u00e1ndome suprimir La Hermandad que dirijo como venganza a los insultos de los ichbiliahni, que recordaban mis excesos del pasado sin piedad:<\/div>\n<p>\u2014\u00a1Hip\u00f3crita! \u00a1Fariseo!, \u2014me gritaban, sin saber que mi trabajo los manten\u00eda alejados del aire que ennegrece la sangre y carcome las pieles m\u00e1s sedosas, que sin mi trabajo la peste que asola otras ciudades menos afortunadas hace tiempo habr\u00eda hecho estragos en la nuestra. Si me hubiera dejado arrebatar por la soberbia, como anta\u00f1o, hoy Ichbiliah ser\u00eda la necr\u00f3polis m\u00e1s grande del planeta. Porque hay que recordar que una ciudad no la forman sus murallas ni sus casas ni siquiera sus monumentos y sus iglesias, sino el n\u00famero de brazos dispuestos a protegerla, y eso no ser\u00eda posible en una ciudad llena de enfermos y apestados.<\/p>\n<p>Creo, por el contrario, que nunca he sido hip\u00f3crita. Mucho menos ahora, cuando mis fuerzas est\u00e1n dirigidas a hacer de nuestra Hermandad la encargada de dar los \u00faltimos pasos al lado de los condenados y los suicidas. As\u00ed como mi cuerpo vag\u00f3 tantas noches por las estrechas calles de Ichbiliah en busca del regazo a\u00fan no usado de las doncellas para hollarlo como el p\u00e1jaro holla la fruta madura; y a causa de la b\u00fasqueda de esa virgen que la celestina de turno tuviera amansada con las m\u00e1s inveros\u00edmiles zalemas (\u00abel n\u00e9ctar que probar\u00e1s, hija m\u00eda, borrar\u00e1 de tu mente todo \u00e1rido pensar, y ninguna lectura, por fantasiosa que sea, lograr\u00e1 hacerte subir tan alto y sentir tan hondo\u00bb, inventaba la vieja ladina); a causa de esto, repito, mis piernas anduvieron calzada tras calzada prestas a trepar, sin alma y sin miedo, buscando la inocencia de la novicia y el almizcle de un sexo sin usar; asimismo mi esp\u00edritu recorre ahora la ribera del r\u00edo, los ojos muy abiertos, escudri\u00f1ando el paradero de alg\u00fan desdichado harto de vivir como el toro de la plaza sin saber cu\u00e1ndo, ni c\u00f3mo, ni d\u00f3nde.<\/p>\n<p>Mi trabajo es ingrato, lo s\u00e9; pero satisfactorio. Porque s\u00f3lo uno que haya visto tan de cerca el amor y la muerte, puede acceder a la visi\u00f3n de un alma condenada ascendiendo al cielo, recibido por \u00e1ngeles y Tronos poderosos que mantienen la mirada fija en el Se\u00f1or. Lucho, no obstante, contra mi vanidad para evitar sentirme el elegido para ir a lo m\u00e1s hondo del Infierno y luego mantener trato con los querubines. Es la humildad lo que permit\u00eda mi transformaci\u00f3n. De todas las cosas emanaba un olor a santidad que me indicaba que iba por el camino correcto, que mis desvelos a la orilla del Gran R\u00edo tendr\u00edan su recompensa en el Para\u00edso que nos ha sido prometido. Y por ello yo soportaba los rigores de mi trabajo con la alegr\u00eda de quien cuida de un rosal. Todo iba seg\u00fan lo acordado hasta esa noche. Esa noche en que recorr\u00eda la orilla en solitario, sin m\u00e1s compa\u00f1\u00eda que el sonido de mis pasos sobre la calzada y mis pensamientos cuyo redoble me sum\u00eda en una ce\u00f1uda meditaci\u00f3n. Dejaba que mi cara sintiera el frescor que suelen los r\u00edos proporcionar a los hombres en las regiones particularmente c\u00e1lidas. El verano era mucho m\u00e1s prieto sobre todo a la luz l\u00e1ctea de la luna, que flotaba sobre la superficie del agua con la misma inmoralidad como se derramaba sobre mi sombrero, mi capa y mi bast\u00f3n. A cada paso m\u00edo, mi sombra se adelantaba durante un m\u00ednimo instante s\u00f3lo para calzar perfectamente con la forma de mi bota. La orilla del r\u00edo chocaba con las defensas y los horcones de madera que delimitaban el cauce fluvial. Eso solamente, y nada m\u00e1s.<\/p>\n<p>Cortada por el brillo del astro, una figura toda blanca apareci\u00f3 delante de m\u00ed y me sac\u00f3 bruscamente de mis cavilaciones. Se balanceaba con suavidad, como si formara parte del viento. Mil pensamientos pasaron por mi cabeza, el primero de los cuales fue decididamente religioso: aquella figura era la Virgen de La Macarena que, para premiarme, se me aparec\u00eda ofreci\u00e9ndome su protecci\u00f3n. Por un instante cre\u00ed lavados todos mis pecados; incluso creo que llegu\u00e9 a gritar,<\/p>\n<p>\u2014\u00a1Guapa, guapa, guapa!,<\/p>\n<p>antes de percibir que, a juzgar por el atuendo, ser\u00eda un alma en pena, un ser venido de los m\u00e1s profundo del horco, quiz\u00e1s alguna de esas pobres diablas que tuvieron la mala suerte de conocerme cuando a\u00fan mi cuerpo vagaba \u00e1vido como vampiro, zorro en la cueva.<\/p>\n<p>Tembl\u00e9.<\/p>\n<p>Una especie de rayo estremeci\u00f3 mi piel y, r\u00e1pidamente, mientras me iba acercando, aguc\u00e9 la vista, no fuera a ser que su rostro me recordara a alguien y, gritando su nombre, obtuviera de este esp\u00edritu penitente un poco de clemencia.<\/p>\n<p>\u2014\u00a1Te exijo que me digas qui\u00e9n eres, espectro!,<\/p>\n<p>aullido in\u00fatil porque muy luego reflexion\u00e9 que bien podr\u00eda tratarse de uno de esos elfos o esp\u00edritus de los r\u00edos que, enojado por mi empe\u00f1o en rescatar los cuerpos ex\u00e1nimes de las aguas, ven\u00eda hac\u00eda m\u00ed con la intenci\u00f3n de que lo acompa\u00f1ara al lecho fluvial para siempre. Mis piernas se dirigieron con paso firme hacia la figura, a pesar de que tiritaba a causa de mis pensamientos.<\/p>\n<p>Que me ten\u00edan muy ocupado, pues no fue sino hasta ese momento cuando me percat\u00e9 de la p\u00e9rdida del farol que me alumbraba. La claridad se deb\u00eda solamente al brillo intenso de la Luna. De lo cual conclu\u00ed que me enfrentaba a un espejismo lunar, tan parecidos a los que el sediento experimenta en el desierto por los efectos de los rayos solares. Convencido de ello, una melod\u00eda marinera lleg\u00f3 hasta mis labios, m\u00e1s r\u00e1pido que a mi mente:<\/p>\n<p>\u2014<i>Cuelga el cuello de la horca<br \/>\ncomo cuelgan las banderas,<br \/>\nllora huerco el marinero<br \/>\ncuando ya no ve fronteras\u2026<\/i><\/p>\n<p>Apenas pude recitar los primeros versos, porque al punto unas campanitas tintinearon, con lo cual desech\u00e9 la idea del espejismo. Alguien vestido de blanco se balanceaba a la orilla del r\u00edo y ta\u00f1\u00eda campanitas. \u00bfEra el fantasma de alguno de mis muertos que regresaba para atormentarme?<\/p>\n<p>Al volver en m\u00ed, calcul\u00e9 que ella estar\u00eda lo menos a cien codos de distancia, porque tantas cosas no se pueden pensar en tan corto espacio. Muy cerca de ella, un acontecimiento me paraliz\u00f3 por completo: la mujer, sin dejar de balancearse, gir\u00f3 la cabeza, o me mir\u00f3 con sus ojos brillantes, amarillos como de conejo enfurecido, y esboz\u00f3 un principio de sonrisa antes de dejarse caer en el r\u00edo. Tarde comprend\u00ed que esa mujer se suicidaba, aunque a m\u00ed me pareci\u00f3 que regresaba a su lugar de origen, cual si fuera una sirena. Esper\u00e9 un instante verla nadar hacia la oscuridad, pero tard\u00e9 demasiado en darme cuenta de que ped\u00eda auxilio ante la proximidad de la muerte.<\/p>\n<p>Solt\u00e9 el bast\u00f3n, dej\u00e9 caer mi capa \u2014mi fina capa de pa\u00f1o verde\u2014 y me lanc\u00e9 al agua. Tras un forcejeo, logr\u00e9 salvarla de las corrientes internas del r\u00edo, ese asesino recatado. Al colocarla sobre el suelo a\u00fan estaba inconsciente as\u00ed que, para protegerla del castigo que implica el suicidio (por este intento un juez la condenar\u00eda a vivir en un convento el resto de sus d\u00edas), la cargu\u00e9 en mis brazos y la llev\u00e9 en mi carruaje al Alto de meditaci\u00f3n que preservo por los lados de la plaza de toros. La tela blanca de su t\u00fanica se pegaba a ella y parec\u00eda una escultura a la que le diera el aire. A\u00fan en esas circunstancias mi lascivia no amainaba, y mientras la escond\u00eda disfrut\u00e9 de sus muslos firmes y de los pezones enormes que sobresal\u00edan por entre las telas mojadas. Tantas veces cargando con los pesados cuerpos de los ahogados me hicieron sentir que en vez de una mujer desmayada trasladaba a un pajarito que hubiera chocado contra una pared. H\u00fameda y todo, pude percibir que su aroma me hablaba de una mujer venida de muy lejos, lo que ya supon\u00eda, porque ninguna de nuestras muchachas ser\u00eda tan tonta como para lanzarse al r\u00edo en busca de la muerte sabiendo que, si sobrevive, el castigo es mil veces peor que perder la vida.<\/p>\n<p>Al sentirla segura en mi lecho, envuelta en mantas y respirando apaciblemente al calor de la peque\u00f1a chimenea, pude detallar su rostro bello y extra\u00f1o. Respiraba con poca dificultad, y entre sus labios abiertos pude observar unos dientes desalineados que en su cara no lo parec\u00edan. Eran alucinantemente feos. De inmediato comprend\u00ed que \u00e9ste era uno de esos rostros cuyo m\u00e9rito radica en la fr\u00e1gil y milim\u00e9trica posici\u00f3n de unos cuantos elementos sin gracia al lado de enormes trazos de belleza en estado puro. No en balde en mi vida de truh\u00e1n fui considerado un maestro en la descripci\u00f3n exacta de cada mujer, bella si se sabe degustar. El rostro de \u00e9sta, podr\u00eda decirse, era perfecto en su imperfecci\u00f3n, horriblemente hermoso. Por la concentraci\u00f3n sent\u00ed vivos deseos de probar sus labios, pero el amargo recuerdo de mi pasado me sosten\u00eda con crueldad, a pesar de mi tendencia natural a aprovechar situaciones as\u00ed. Su respiraci\u00f3n invitaba a libar.<\/p>\n<p>De pronto, tocaron la puerta.<\/p>\n<p>La habitaci\u00f3n donde est\u00e1bamos se convirti\u00f3 por obra de ese sonido en una jaula donde ella y yo est\u00e1bamos atrapados, porque no hab\u00eda un lugar propicio d\u00f3nde esconderla a ella, y si alguien hab\u00eda visto c\u00f3mo se lanz\u00f3 al agua y c\u00f3mo yo fui detr\u00e1s de ella para salvarla, estar\u00edamos sin duda en grandes aprietos. \u00bfQui\u00e9n tocaba la puerta? \u00bfAcaso a esa hora de la noche hab\u00eda ciudadanos merodeando por la ribera del r\u00edo, tal como lo hac\u00eda yo buscando los despojos de la gente que no quiere vivir m\u00e1s? Tambi\u00e9n podr\u00eda tratarse de un compa\u00f1ero de la Hermandad, pero en ese caso tendr\u00eda que dar otro tipo de explicaciones. O gastar algo de dinero comprando su silencio. La habitaci\u00f3n donde est\u00e1bamos se convirti\u00f3 en una jaula de oscuros presagios.<\/p>\n<p>Volv\u00ed bruscamente a la realidad y el peligro que esta pobre mujer y yo correr\u00edamos si lo ocurrido se hac\u00eda p\u00fablico. Mi primer impulso fue apagar la vela al lado de la cama. Tal vez la oscuridad espantar\u00eda al visitante, pero desech\u00e9 la idea porque seguramente ya habr\u00eda visto la luz desde afuera. As\u00ed que me levant\u00e9 asido a mi espada y pregunt\u00e9,<\/p>\n<p>\u2014\u00bfQui\u00e9n es?,<\/p>\n<p>sin abrir la puerta ni acercarme mucho. No hab\u00eda manera de esconder a la mujer que segu\u00eda dormida, porque mis mermados recursos s\u00f3lo me permit\u00edan tener un Alto de una sola estancia, suficiente para m\u00ed cuando vengo a meditar pero demasiado inapropiado en este momento.<\/p>\n<p>\u2014Soy yo, don Juan. Soy Ger\u00f3nimo. Vi luz y quise venir para saber si algo se le ofrec\u00eda. \u00c1brame.<\/p>\n<p>Era mi criado. Medit\u00e9 un momento y abr\u00ed. La escena perturb\u00f3 inmediatamente a Ger\u00f3nimo, t\u00edpica reacci\u00f3n de un natural de Marinadela; sus ojos casi se salen de sus \u00f3rbitas al ver c\u00f3mo sub\u00eda y bajaba serenamente el pecho de la que dorm\u00eda, pero de inmediato lo disimul\u00f3. Yo encend\u00ed otra vela para poder verle la cara. En eso, la mujer comenz\u00f3 a despertar. O fue lo que supuse porque empez\u00f3 a murmurar algo inentendible. Ger\u00f3nimo se sent\u00f3 con insolencia a esperar una explicaci\u00f3n. Un poco airado por la actitud desafiante del criado contest\u00e9:<\/p>\n<p>\u2014Sabes que eres el sirviente m\u00e1s antiguo que conservo, desde mi conversi\u00f3n. Mi agradecimiento hacia ti es infinito (te lo he dicho tantas veces ya) por ofrecerte a ayudarme en la Hermandad. Los grandes fil\u00f3sofos de que me has o\u00eddo hablar se refieren a las personas de tu condici\u00f3n como los simples; tienes suerte de ser uno de ellos. No debe de ser algo sencillo, porque las cosas no siempre tienen una explicaci\u00f3n fija. Es algo que nunca podr\u00e9 hacer. Entre t\u00fa y yo hay a\u00f1os de amistad que no ha sido raz\u00f3n suficiente para que me dejes de ver como tu amo y de sentirte mi siervo; eso tiene que mantenerse. Somos una especie extra\u00f1a de hermanos, Ger\u00f3nimo, y quiero que sepas que te tendr\u00e9 a mi lado. Hoy, sin embargo, ha sucedido algo que nos unir\u00e1 por siempre. Esta mujer se lanz\u00f3 al r\u00edo y no lo debes repetir. Hay una cierta clase de piedad que sella nuestros labios, y por eso es muy importante que nadie se entere de lo que ocurri\u00f3 esta noche. Si tienes alg\u00fan respeto por el nombre de mi familia, ma\u00f1ana esto no existir\u00e1 en tu mente.<\/p>\n<p>Ger\u00f3nimo parti\u00f3 en silencio y no s\u00e9 si entendi\u00f3 algo de lo que le dije o se iba con el coraz\u00f3n ofendido: el buen nombre de mi familia estaba involucrado y eso era suficiente para \u00e9l. A su manera, cree ser parte de mi linaje.<\/p>\n<p>Ya a solas, volv\u00ed a la muchacha que deliraba, hirviendo en fiebre. Puse algunas compresas en su frente y me sent\u00e9 a esperar. Al rato, escuch\u00e9 pasos de caballo y un carruaje: al asomarme vi a Ger\u00f3nimo que me esperaba a la entrada del edificio. De \u00e9l baj\u00e9 con la mujer en brazos. La mont\u00e9 con cuidado y partimos. Mi sirviente no volvi\u00f3 a pronunciar palabra ni esa noche, ni muchas noches despu\u00e9s, en lo que yo interpret\u00e9 como una clara manifestaci\u00f3n de protesta. Al parecer, tambi\u00e9n los sirvientes saben cavilar en la soledad de sus mentes.<\/p>\n<p>Ger\u00f3nimo condujo el carruaje hasta la olvidada casa de recreo que mi madre sol\u00eda utilizar en Marinadela, apartado rinc\u00f3n de Ichbiliah donde hab\u00eda nacido mi criado. Desde la muerte de mam\u00e1 ya casi nadie visitaba la casa, mi sirviente sab\u00eda que era el sitio perfecto para esconder un par de d\u00edas a la muchacha. Ger\u00f3nimo la cuidar\u00eda y yo podr\u00eda regresar a la Hermandad. A recoger los cad\u00e1veres del r\u00edo.<\/p>\n<p>Cuando la muchacha volvi\u00f3 en s\u00ed, hab\u00eda un consom\u00e9 esperando por ella en el caldero. Me mir\u00f3 y volv\u00ed a ver los ojos brillantes que me paralizaron a la orilla del Gran R\u00edo. Le sonre\u00ed un poco, con la intenci\u00f3n de despertar su confianza; mas esa noche no habl\u00f3. Despu\u00e9s de un forcejeo que no pod\u00eda ser sino manifestaciones de un cuerpo debilitado y hambriento, accedi\u00f3 a quedarse hasta el amanecer con Ger\u00f3nimo y yo pude volver en el carruaje hacia la ciudad. La noche no hab\u00eda concluido, todav\u00eda pod\u00eda haber un desdichado necesitado de ayuda, hinchado, flotando en la superficie del r\u00edo como una nube que se deslizara por un cielo aceitoso y maligno.<\/p>\n<p>Al d\u00eda siguiente, la encontr\u00e9 en el portal, afanada con un rosal a punto de desaparecer. Levant\u00f3 la cara sonriente empapada en sudor, y nada m\u00e1s. Ger\u00f3nimo la miraba con desconfianza porque por esas tierras la superstici\u00f3n dice que quien se salva de un suicidio tiene relaciones con el Diablo. Sin embargo, no protest\u00f3 cuando lo comision\u00e9 a quedarse a velar por su seguridad. Le di dinero y le expliqu\u00e9 que ya en Ichbiliah su familia la buscaba. Por lo que pude tratar con el padre, no se trata m\u00e1s que de un infiel de Bagdad cuyo \u00fanico prop\u00f3sito es encontrarla para aplicarle lo que la Ley recomienda a las hijas fugadas: amputarles una mano y extirparles los ojos.<\/p>\n<p>\u2014Madurah\u2014al\u2014Lilaj la he llamado y es mi primera semilla, pero Al\u00e1 es m\u00e1s grande, m\u00e1s fuerte y m\u00e1s poderoso, y debo obedecer las leyes de mi pa\u00eds, si la encuentro no debe contemplar nunca m\u00e1s la luz del sol, porque se ha convertido ya en una bruja y eso la vuelve peligrosa, \u2014me dijo airado. Al parecer la chica no estuvo nunca de acuerdo con los preceptos del Profeta y hab\u00eda decidido \u2014\u00bfes posible tal aplomo en una infiel?\u2014 largarse a buscar la vida en el mundo cristiano. Pero a juzgar por su intento de suicidio las cosas no hab\u00edan ido como esperaba.<\/p>\n<p>La conseja popular reza que cuando un infiel muere en el regazo de un cristiano, muere cercado. Quiz\u00e1 ella quer\u00eda morir alejada, libre del castigo de la ceguera y el estigma de la intolerancia. Cuadrillas de la Hermandad dragaron el Gran R\u00edo, porque yo insinu\u00e9 que podr\u00eda yacer en su lecho. Esa treta nos hizo ganar tiempo. S\u00f3lo pudimos sacar al \u00faltimo criminal ajusticiado, que ten\u00eda las marcas t\u00edpicas del que se despierta en el fondo de las aguas. Siempre parecen como si hubieran mantenido una agria pelea con los gatos del r\u00edo, anfibios y de u\u00f1as afiladas. Pronto se cansaron de buscar a la muchacha y, desconsolado por desobedecer la Ley, el padre tuvo que regresar a la ciudad maravillosa. Madurah\u2014al\u2014Lilaj estaba a salvo de la severidad de su padre y la crueldad de mi gente.<\/p>\n<p>A salvo y conmigo.<\/p>\n<p>&nbsp;<\/p>\n<div><b>II<\/b><br \/>\nMe aficion\u00e9 a ir por las tardes con v\u00edveres y dinero a mi casa de Marinadela, sin cruzar palabra con ninguno de los dos, ni Ger\u00f3nimo enfadado ni Madurah\u2014al\u2014Lilaj de verbo gutural. Me conformaba con atender los secos y montunos reportes del sirviente, a seguir la melod\u00eda infantil que Madurah\u2014al\u2014Lilaj no cesaba de murmurar en su lengua misteriosa, conforme ca\u00eda el sol, y a ver crecer cada vez m\u00e1s hermoso el antiguo rosal de mi madre, cuidado ahora por las expertas manos de la mujer mora. O contemplaba oculto a la muchacha revisando los libros femeninos que sol\u00edan distraer a mi madre.<\/div>\n<p>\u2014\u00bfEs que sabe leer?<\/p>\n<p>A mi d\u00e9cima visita descubr\u00ed a Madurah\u2014al\u2014Lilaj recorriendo los pasillos de la casa. Se acerc\u00f3 y sac\u00f3 uno de los libros de mi madre y dijo:<\/p>\n<p>\u2014M\u00e1s libros.<\/p>\n<p>\u2014\u00bfPor qu\u00e9 no hab\u00edas dicho que sab\u00edas hablar castellano?<\/p>\n<p>\u2014Nadie me lo hab\u00eda preguntado, \u2014contest\u00f3 sin mirarme.<\/p>\n<p>Al d\u00eda siguiente llev\u00e9 dos ba\u00fales llenos de historias, donde casi siempre hab\u00eda una mal\u00e9fica hechicera hundida en los infiernos por el gallardo caballero, Amad\u00eds, Gandol\u00edn, qui\u00e9n sabe. A veces sub\u00eda a una colina cercana a ver los sembrad\u00edos que se extend\u00edan por toda la comarca \u2014y meditar.<\/p>\n<p>Ten\u00eda mucha suerte si desde lejos, sentada en el p\u00f3rtico, Madurah\u2014al\u2014Lilaj me vigilaba con el misterioso silencio que siempre guard\u00f3. Durante meses repart\u00ed mi tiempo entre Ichbiliah y mi casa campestre, que al poco tiempo se convirti\u00f3 en el sitio de mi alegr\u00eda. Regresaban a mi esp\u00edritu contenturas que cre\u00eda perdidas. No me refiero a las pueriles alegr\u00edas que cosechaba cuando el amor daba sentido a mi vida, ni la emoci\u00f3n que sube hasta la cabeza cuando un adversario blande frente a nuestro rostro la espada que puede atravesarnos, no; ni me refiero a la viril satisfacci\u00f3n de enumerar los co\u00f1os que se han rendido ante la fuerza de mis brazos y la potencia de mis nalgas, ni siquiera a la m\u00e1s vanidosa de todas las alegr\u00edas, la de saber que mi intelecto supera con creces las cortas ideas de mis contempor\u00e1neos. No. Las contenturas que volvieron a mi esp\u00edritu con las visitas a Marinadela eran de otra naturaleza, quiz\u00e1s m\u00e1s parecidas a la alegr\u00eda del reci\u00e9n nacido ante la teta de la madre y la del ni\u00f1o que siente que la luz del sol en la ma\u00f1ana lo acompa\u00f1a en forma de enanos que juegan con \u00e9l y lo cuidan. Por momentos cre\u00ed vislumbrar la pureza de un amor que nace sin ninguna atadura y con la sola esperanza de hacer feliz al pr\u00f3jimo, quienquiera que \u00e9ste fuese. Despu\u00e9s de tantos a\u00f1os vagando por los techos de las casas se hab\u00eda descubierto ante m\u00ed, con espontaneidad, que la aut\u00e9ntica raz\u00f3n de mi b\u00fasqueda era \u00e9sa, y que el pobre ensayo que significaba trabajar en la Hermandad apenas era un p\u00e1lido reflejo de lo que en verdad conformaba el sentido de mi vida. \u00bfEra la naturaleza? \u00bfLa paz? \u00bfHacer el bien a una desconocida lo que me pon\u00eda en este estado de \u00e1nimo? No quer\u00eda reconocer lo obvio y entonces no supe dar un canal amplio a lo que se desarrollaba dentro de m\u00ed.<\/p>\n<p>Para la chica era diferente. A\u00fan no pod\u00eda tener conciencia de lo que estaba por ocurrir. Ella se acercaba a m\u00ed paulatinamente, yo lo sab\u00eda \u2014ciertas tretas no se olvidan, a pesar de mis a\u00f1os\u2014. En alg\u00fan momento pude detectar que se hab\u00eda establecido un nexo entre Ger\u00f3nimo y ella. Era comprensible, ya que ellos viv\u00edan pr\u00e1cticamente solos. Sin embargo, orden\u00e9 a Ger\u00f3nimo buscar compa\u00f1\u00eda femenina para Madurah\u2014al\u2014Lilaj, no me fiaba de \u00e9l. A los d\u00edas lleg\u00f3 Urraquilla, joven y tersa como colibr\u00ed.<\/p>\n<p>Al principio, no se gustaron. Madurah\u2014al\u2014Lilaj se encerr\u00f3 en su habitaci\u00f3n y s\u00f3lo sal\u00eda a cuidar sus rosas. Esto preocup\u00f3 a Ger\u00f3nimo que tambi\u00e9n se cerr\u00f3 en su mutismo y dejaron a Urraquilla aislada. Pero la ni\u00f1a era tan simp\u00e1tica y tan perseverante que varios d\u00edas despu\u00e9s escuch\u00e9 las risas de Madurah\u2014al\u2014Lilaj y Ger\u00f3nimo en trenza con la risa en staccato de Urraquilla.<\/p>\n<p>Mi acercamiento a Madurah\u2014al\u2014Lilaj aumentaba. Ella empez\u00f3 a acompa\u00f1arme a la colina, en silencio. Ocupaba el lugar desde donde divisaba toda la comarca, y ella se manten\u00eda alejada, jugando con las margaritas, leyendo alguna loca historia. Intentando establecer conversaci\u00f3n, le dije:<\/p>\n<p>\u2014De todas las flores, las rosas rojas son mis preferidas. Son los \u00fanicos labios que siempre est\u00e1n abiertos.<\/p>\n<p>Me pareci\u00f3 una frase perfecta para engancharla en una conversaci\u00f3n.<\/p>\n<p>\u2014En mi pa\u00eds hay flores que tienen sus labios abiertos todo el a\u00f1o, y flores que esconden los suyos en lo m\u00e1s \u00edntimo de su tallo y otras que con s\u00f3lo rozarlas se cierran y nunca m\u00e1s vuelven a abrir sus p\u00e9talos porque han perdido la confianza en el mundo y sus cosas.<\/p>\n<p>\u2014\u00bfTantas flores bellas hay en tu pa\u00eds?<\/p>\n<p>\u2014M\u00e1s de las que pueda imaginar.<\/p>\n<p>\u2014Ya quisiera yo tener flores hermosas de tu pa\u00eds todos los d\u00edas, flores como esas rosas rojas que nunca cierran sus labios.<\/p>\n<p>Madurah\u2014al\u2014Lilaj esboz\u00f3 una sonrisa diminuta y no contest\u00f3. Pero para m\u00ed fue suficiente prueba de que el camino que hab\u00eda emprendido llevaba a un tesoro que ya conoc\u00eda. A pesar de que ella no contest\u00f3 inmediatamente, pronto vi transformarse el jard\u00edn de flores amarillas, blancas y rosadas en una colecci\u00f3n uniforme e inmensa de rosas rojas, sembradas de tal manera que en verdad parec\u00edan un huerto de labios. Desde entonces, cada vez que iba a Marinadela, encontraba sobre mi escritorio una rosa roja, que de inmediato colocaba en un ojal de mi capa, como \u00f3sculo de Madurah\u2014al\u2014Lilaj. Estos paseos eran los \u00fanicos que me ayudaban a transmutar tantos ojos inyectados por la asfixia y el dolor, tantos ahogados tragados por el Gran R\u00edo, tantos recuerdos que ro\u00edan mis pensamientos. Ya no quer\u00eda ser truh\u00e1n ni quer\u00eda ser santo.<\/p>\n<p>Urraquilla y Ger\u00f3nimo trataban de no darse por enterados, aunque ya hab\u00eda o\u00eddo rumores en el mercado \u2014siempre a mis espaldas\u2014. Se dec\u00eda que el p\u00edo se\u00f1or de Marinadela ten\u00eda un serrallo con el que se solazaba y practicaba aquelarres al calor de las hogueras de la noche. \u00bfQu\u00e9 pod\u00eda importarme lo que pensaran esos villanos? Se abr\u00eda, por una vez en mi vida, un territorio distinto al g\u00e9lido aliento de la muerte o el desmayado suspiro de la seducci\u00f3n: llamaba al cielo y, sin merecerlo, recib\u00eda respuesta en cada rosa roja que pend\u00eda de mi capa. Y nada m\u00e1s, nada m\u00e1s me importaba.<\/p>\n<p>En el pueblo hall\u00e9 algo que compr\u00e9 para ella: un labrado cofre de madera con un crucifijo, una pluma, tinta y un libro para escribir dentro.<\/p>\n<p>\u2014Con esto no te aburrir\u00e1s.<\/p>\n<p>Lo mir\u00f3 con sensatez y dijo:<\/p>\n<p>\u2014Creo que no. Gracias.<\/p>\n<p>Mientras Ger\u00f3nimo contaba alg\u00fan suceso del pueblo a Urraquilla, Madurah\u2014al\u2014Lilaj abr\u00eda su libro y empezaba a escribir, primero en sus trazos \u00e1rabes y luego en alfabeto nuestro; \u00bfqu\u00e9 anotaba? A veces tomaba uno de los libros que le\u00eda y transcrib\u00eda algunos p\u00e1rrafos.<\/p>\n<p>\u2014\u00bfPara qu\u00e9 los copias, si ya est\u00e1n en el libro?, \u2014le preguntaba. Y ella respond\u00eda que le gustaba que ciertos pasajes la acompa\u00f1aran, as\u00ed podr\u00eda leerlos sin necesidad de ir cargada de libros.<\/p>\n<p>\u2014\u00bfY si los memorizas?, \u2014le suger\u00ed, y me mir\u00f3 con la misma indulgencia con que yo miraba a los ahogados en el r\u00edo.<\/p>\n<p>Otra tarde la descubr\u00ed pegando en el libro p\u00e9talos circulares de rosas rojas. Los c\u00edrculos eran muy similares a las figuras geom\u00e9tricas que cubren las mezquitas que he conocido, y que sustituyen los lugares donde, si fuera una catedral, brillar\u00edan las figuras adorables de la Virgen y de Cristo. Madurah\u2014al\u2014Lilaj, sonrojada, quiso ocultar lo que hac\u00eda y mi sonrisa s\u00f3lo fue superada por la dicha que sent\u00ed al saberla pendiente de mis actos.<\/p>\n<p>Esto me infundi\u00f3 valent\u00eda y, una noche, decid\u00ed pernoctar. No dorm\u00ed nada, porque la idea de ir hasta su cuarto me abrasaba. Pero prefer\u00ed ce\u00f1irme a mi almohada y pecar con ella. Y debo confesar, toda la verdad sea dicha, que a pesar de que hab\u00edan transcurrido muchos a\u00f1os desde mi conversi\u00f3n a\u00fan supe manejarme con destreza en la adoraci\u00f3n r\u00edtmica y martirizante del poderoso On\u00e1n. El dios de los solitarios respondi\u00f3 a mis ruegos y muy pronto permiti\u00f3 que la figura desnuda de Madurah\u2014al\u2014Lilaj apareciera en mi mente para ofrecerse junto a m\u00ed a las convulsiones que On\u00e1n produce en los solipsistas. Despu\u00e9s de desahogarme, cuando ya el pecado me cubr\u00eda, pude dormir a pierna suelta, livianito, livianito \u2014y desfogado\u2014. Pensando en Madurah\u2014al\u2014Lilaj, so\u00f1ando con Madurah\u2014al\u2014Lilaj, abrazado a Madurah\u2014al\u2014Lilaj, siendo Madurah\u2014al\u2014Lilaj.<\/p>\n<p>Mis estad\u00edas en Marinadela se hicieron cada vez m\u00e1s largas; y paulatinamente me mud\u00e9 all\u00ed. La \u00fanica que hablaba libremente (y en abundancia) era Urraquilla, que tambi\u00e9n se encargaba de buscar los v\u00edveres y mantener relaci\u00f3n con la gente del pueblo. Madurah\u2014al\u2014Lilaj se convirti\u00f3 en mi obsesi\u00f3n. Se me pasaban las noches temblando de claro en claro y los d\u00edas delirando de turbio en turbio; cre\u00ed enloquecer. Hab\u00eda ignorado, tal vez por la falta de pr\u00e1ctica, los preceptos de todo enga\u00f1ador: nunca mirar a los ojos a la v\u00edctima, asestar el golpe contundente como rayo que cae y jam\u00e1s, bajo ninguna circunstancia, sentir compasi\u00f3n por ella. Ninguno de esos preceptos condujeron mi conducta y quiz\u00e1s por ello Ger\u00f3nimo me miraba con cierto desd\u00e9n, porque estaba acostumbrado a verme actuar con mi antigua personalidad.<\/p>\n<p>Una noche de luna redonda, algo sucedi\u00f3.<\/p>\n<p>Hab\u00eda tomado la costumbre de dormir mirando hacia la pared, para obligarme a conciliar el sue\u00f1o que iba y ven\u00eda a su antojo. Me aburr\u00eda permaneciendo en el letargo, sin dormir, sin pensar, sin estar all\u00ed. De pronto sent\u00ed una mano que me acariciaba levemente una oreja. Entonces cre\u00ed que se trataba de otra alucinaci\u00f3n, producto de las pocas horas en las que pod\u00eda conciliar algo de sue\u00f1o. Pero no estaba dormido, y prefer\u00ed disimular, a pesar de que mi coraz\u00f3n salt\u00f3 tanto que se escuchaba. Un cuerpo se recost\u00f3 a mi lado y me abraz\u00f3 tiernamente. Sin dejar de acariciarme, susurr\u00f3:<\/p>\n<p>\u2014Todos los labios quieren besar siempre.<\/p>\n<p>Me sent\u00ed violento por un instante, porque tantos a\u00f1os yaciendo solo en mi cama me hab\u00edan arrebatado la costumbre de compartir mi lecho, la primera de las virtudes de una persona piadosa. Madurah\u2014al\u2014Lilaj estaba a mi lado y yo me sent\u00eda como una de esas rosas que tanto cuida en el portal. Asombrado de temblar, a pesar de haber sido un verdugo, me volte\u00e9 y empec\u00e9 a besar aquel cuerpo tantas veces imaginado; sus senos se me ofrec\u00edan como fresas maduras, su vientre estaba tensado por lonchas de guan\u00e1bana, sus hombros eran la semilla del aguacate y su sexo era un n\u00edspero del nuevo mundo.<\/p>\n<p>La del alba ser\u00eda cuando se levant\u00f3 sigilosamente y regres\u00f3 a su cuarto. Yo no dorm\u00eda y no lo volv\u00ed a hacer. La luna de esa noche fue generosa conmigo y no se ocult\u00f3 ni siquiera cuando ya el sol entregaba sus primeros rayos y los gallos empezaban a cantar. Me acompa\u00f1\u00f3 fielmente hasta que \u2014sin poder resistir m\u00e1s\u2014 me venci\u00f3 el cansancio y me prolongu\u00e9 en la cama toda la ma\u00f1ana, risue\u00f1o como un beb\u00e9.<\/p>\n<p>Madurah\u2014al\u2014Lilaj actu\u00f3 como si nada hubiera ocurrido y a m\u00ed el comportamiento me pareci\u00f3 apropiado, no era bueno que los sirvientes supieran tanto sobre los se\u00f1ores. Estaba fascinado ante el descubrimiento de su cuerpo incandescente. S\u00f3lo en ocasiones en que andaba particularmente excitado, me figuraba que lo que estaba sucediendo s\u00f3lo se desarrollaba en mi cabeza, y que mi imaginaci\u00f3n estaba jug\u00e1ndome una pesada broma. Pero al comprobar el aroma de la piel de la muchacha sobre mi propio cuerpo cada noche, al recoger el almizcle de su sexo de entre los pliegues del m\u00edo, no cab\u00eda m\u00e1s duda, y volv\u00eda a ser feliz. Esto se mantuvo as\u00ed durante un tiempo imprecisable. Me volv\u00ed m\u00e1s silencioso, pero Urraquilla y Madurah\u2014al\u2014Lilaj cogieron nuevos br\u00edos; trabajaban y conversaban todo el d\u00eda. A veces eran atormentantes tanta alegr\u00eda y tranquilidad juntas, cuando al mismo tiempo mi cuerpo se templaba de s\u00f3lo saberla cerca. No tuve cabeza sino para pensar en la ca\u00edda de la noche.<\/p>\n<p>La ca\u00edda de la noche era el comienzo de otro mundo distinto, el inicio de mi cabalgata por la suave pradera que era la espalda de Madurah\u2014al\u2014Lilaj, la sorpresa ante la curvatura de sus nalgas y el divertimento de verla morder la almohada para no gritar. Y luego, los momentos de modorra, abrazados, enlazados como trinitarias; la voz susurrante de Madurah\u2014al\u2014Lilaj que me hablaba en \u00e1rabe y me dec\u00eda \u2014yo lo entend\u00eda, no s\u00e9 c\u00f3mo\u2014 todo lo que me amaba, voces ocultas, dulces confesiones. Cada noche era para m\u00ed el verdadero mundo, lo que hab\u00eda esperado encontrar durante a\u00f1os y que me hab\u00eda ganado \u2014lo sab\u00eda entonces\u2014 expurgando mis pecados. Cada noche ven\u00eda Madurah\u2014al\u2014Lilaj y, con ella, la felicidad.<\/p>\n<p>Tambi\u00e9n sus lecturas se intensificaron, se inclin\u00f3 con m\u00e1s ah\u00ednco sobre sus anotaciones. Aunque a\u00fan no s\u00e9 explicar por qu\u00e9, esta lujuriosa relaci\u00f3n con los libros y sus propias palabras me encelaban mucho m\u00e1s que las conversaciones y las risas con Urraquilla. Tal vez porque esas noches en mi cama tambi\u00e9n eran una combinaci\u00f3n obscena de sexo y palabras, palabras en una lengua que no entend\u00eda pero que me explicaban las cosas del mundo que nunca pude comprender. Cuando Madurah\u2014al\u2014Lilaj dejaba de leer alguno de los libros que continuamente le tra\u00eda, yo ca\u00eda sobre \u00e9l, buscando una se\u00f1al, alguna explicaci\u00f3n extra; buscaba lo que esas p\u00e1ginas le daban a mi amante y que no encontraba entre mis s\u00e1banas. \u00bfPor qu\u00e9 con Urraquilla no ocurri\u00f3 eso? Tal vez porque la ni\u00f1a \u2014dicharachera hasta extremos inconcebibles\u2014 no escond\u00eda nada detr\u00e1s de su perorata, porque era cristalina y joven como s\u00f3lo un inocente lo puede ser. En cambio los libros \u2014y sus anotaciones, sus malditas anotaciones\u2014 escond\u00edan en sus p\u00e1ginas blancas palabras que creaban s\u00edmbolos m\u00e1s fuertes que nuestros propios cuerpos engranados. El rostro y la concentraci\u00f3n de ella cuando le\u00eda o escrib\u00eda semejaba, en mi delirante cansancio, un gesto de \u00e9xtasis mucho mayor al que la embargaba cada noche cabalgando sobre mis muslos. Maldita la hora en que la dej\u00e9 leer con tanto ah\u00ednco. Incluso me pareci\u00f3 que a medida que pasaban los d\u00edas su fogosidad disminu\u00eda y mi desespero crec\u00eda cuando la ve\u00eda experimentar placeres delante de los libros que no hab\u00eda observado en otras circunstancias m\u00e1s normales.<\/p>\n<p>\u2014Te vas a volver loca de tanto leer, \u2014le dije una tarde, tratando de contener mi desesperaci\u00f3n.<\/p>\n<p>\u2014No son las horas del d\u00eda las que me volver\u00e1n loca, \u2014me contest\u00f3 mir\u00e1ndome con sus ojos brillantes y amarillos como de conejo enfurecido, pero con una lascivia que templ\u00f3 mi cuerpo hasta que en la noche ella misma se encarg\u00f3 de destemplarlo con su lengua.<\/p>\n<p>Ay, la lengua de Madurah\u2014al\u2014Lilaj, su lengua tibia y resbalosa. Por su culpa de nuevo se me pasaban las noches temblando de claro en claro y los d\u00edas tiritando de turbio en turbio; cre\u00ed que ya hab\u00eda enloquecido.<\/p>\n<p>Una de esas noches en que estaba m\u00e1s excitado que nunca, ella no vino a mi lecho. Y as\u00ed la siguiente noche tampoco, aunque trat\u00e9 de entender que ella deb\u00eda descansar. En la siguiente me qued\u00e9 insomne como una estatua que estuviera sin acabar.<\/p>\n<p>Y en la otra la pas\u00e9 con fiebre y delirios.<\/p>\n<div>Y la otra en que llor\u00e9 a mares.<br \/>\nY otra m\u00e1s sin ella.<br \/>\nY otra semejante.<br \/>\nY as\u00ed pas\u00f3.<br \/>\nSiempre.<br \/>\nIgual.<\/div>\n<p>&nbsp;<\/p>\n<div><b>III<\/b><br \/>\nDesesperado, baj\u00e9 hasta la habitaci\u00f3n de ellas y las hall\u00e9, muy juntas durmiendo abrazadas. All\u00ed estaban, Madurah\u2014al\u2014Lilaj y Urraquilla, tendidas como dos cr\u00edas reci\u00e9n nacidas, durmiendo como si estuvieran muertas. Me acurruqu\u00e9 en un rinc\u00f3n y me qued\u00e9 mir\u00e1ndolas, sin hacer nada, sin pensar, sin sentir. De pronto, una mano se movi\u00f3 debajo de la s\u00e1bana y se perdi\u00f3 en una oquedad que yo no pod\u00eda ver. Hac\u00eda un calor pegajoso, quiz\u00e1s las lluvias del oto\u00f1o ya estuvieran acerc\u00e1ndose. Pero esa circunstancia del clima fue mi perdici\u00f3n porque ellas no tardaron en deshacerse de la s\u00e1bana y dejar sus cuerpos desnudos bajo la luz de la luna, que volv\u00eda a estar llena. Era como si ella estuviera empe\u00f1ada en presenciar todos los acontecimientos entre Madurah\u2014al\u2014Lilaj y yo, y ahora que recuerdo me pareci\u00f3 que durante esos d\u00edas, esos meses, la luna nunca dej\u00f3 de brillar, como si hubi\u00e9ramos ca\u00eddo en un rizo temporal que nos hac\u00eda ir del d\u00eda a la noche, pero siempre en el mismo d\u00eda y la misma noche. \u00bfAcaso fueron las divinidades del Gran R\u00edo las que nos hicieron experimentar este fen\u00f3meno? Lo cierto es que la luz lunar se regaba por el torso de Urraquilla de la misma manera pastosa como lo hac\u00eda por Madurah\u2014al\u2014Lilaj.<\/div>\n<p>Ambas parec\u00edan tener una destreza especial en el juego de la cama, porque cambiaban de posici\u00f3n casi sin producir ruido ni entorpecer las extremidades de la otra, como si se tratara de un animal de ocho extremidades que estuviera ase\u00e1ndose los lugares m\u00e1s \u00edntimos y ello le produjera sumo placer. La lengua de Madurah\u2014al\u2014Lilaj encontraba su perfecta correspondencia en la de Urraquilla, que produc\u00eda un delicioso sonido como de chup\u00f3n que agregaba carnalidad a los leng\u00fcetazos. Tuve que aguzar mucho el o\u00eddo para poder escuchar los gemidos de ambas, porque eran peque\u00f1os ronquidos que s\u00f3lo estaban dirigidos a la otra y a nadie m\u00e1s. \u00bfC\u00f3mo ignorar que tantas risas, tantos secretos entre dos mujeres de esta clase deb\u00eda significar lo que ahora presenciaba? A pesar del dolor que me produc\u00eda la escena no pude dejar de excitarme, y all\u00ed mismo invoqu\u00e9 al dios On\u00e1n que nunca abandona a los solitarios. Entonces, en mi delirio, vi al \u00c1ngel de la Espada de Fuego que me consum\u00eda; vi grifos que bajaban conmigo hasta el Infierno; dos peque\u00f1os demonios me cargaban como en danza de la muerte; Madurah\u2014al\u2014Lilaj y Urraquilla resid\u00edan en el s\u00e9ptimo c\u00edrculo entre besos y caricias de n\u00edspero contra n\u00edspero. El animal en que se hab\u00edan convertido Urraquilla y Madurah\u2014al\u2014Lilaj terminaba de asearse los orificios posteriores cuando de mi miembro explot\u00f3 un alarido que me puso en evidencia. Ellas hicieron una breve pausa y con un grito de esc\u00e1ndalo se separaron. Al dolor de la escena se le sumaba la verg\u00fcenza de mi vicio, porque mi mano se hab\u00eda llenado de resina in\u00fatil. Esto enardeci\u00f3 a\u00fan m\u00e1s mi dolor.<\/p>\n<p>Ella se levant\u00f3 con l\u00e1grimas. Por una de \u00e9sas ideas que aparecen en los momentos menos oportunos, pens\u00e9 que el libro donde ella escrib\u00eda no estaba por ning\u00fan lado y eso me pareci\u00f3 la prueba definitiva de su traici\u00f3n. Le ped\u00ed, no s\u00e9 si a gritos, alg\u00fan tipo de explicaci\u00f3n, que me contara d\u00f3nde hab\u00eda estado todo este tiempo si no era conmigo en la cama, qu\u00e9 era eso de Urraquilla, por qu\u00e9 yo estaba tan solo, c\u00f3mo me hab\u00eda hechizado y ella se ech\u00f3 a llorar. Habl\u00f3 no s\u00e9 qu\u00e9 de un diario enterrado en aquella esquina y un secreto y una cantidad atropellada de frases \u00e1rabes que me irritaron. Habl\u00f3 de que la vida debe ser como en los libros, que el mundo est\u00e1 partido en muchos trozos y que ella y yo s\u00f3lo podr\u00edamos coincidir en algunos de ellos. Como en los libros, todo debe encajar perfectamente y la \u00faltima p\u00e1gina s\u00f3lo la palabra fin deja encerrados a los personajes que somos nosotros, dando vueltas en una historia que debe repetirse una y otra vez en la medida en que los ojos del mundo la leen. Y otra vez se lanz\u00f3 con frases en \u00e1rabe que a la vez sonaban como un salmo y una canci\u00f3n de cuna. La tom\u00e9 por los hombros, la sacud\u00ed y ella atin\u00f3 a gritar:<\/p>\n<p>\u2014\u00a1Tuyas son las noches, m\u00edas las palabras, d\u00e9jame en paz!, \u2014suficiente para que mi ansiedad tornara en ciega c\u00f3lera. Hab\u00eda olvidado que, adem\u00e1s de haber sido un miserable seductor de ingenuas mujeres, tambi\u00e9n era famoso por mi destreza con la espada y la facilidad con que perd\u00eda los estribos. Hab\u00eda olvidado que en cuanto ca\u00eda iracundo la sangre flu\u00eda hasta mis manos y s\u00f3lo pensaba en c\u00f3mo deshacerme de tanta furia concentrada en mis dedos. Hab\u00eda olvidado que pod\u00eda llenar un cementerio con los cad\u00e1veres de los infelices que en alg\u00fan momento, por un qu\u00edtame de all\u00ed esas pajas, se hab\u00edan atravesado en mi camino cuando mi furia era due\u00f1a de mi ser. Hab\u00eda olvidado todo eso justo hasta el momento en que mis manos se alzaron y tomaron el cuello de Madurah\u2014al\u2014Lilaj. Urraquilla se me ech\u00f3 encima echa una furia pero no tuve dificultad para deshacerme de ella. La tir\u00e9 contra la pared y all\u00ed qued\u00f3, muerta o inconsciente. Con el esc\u00e1ndalo, Ger\u00f3nimo entr\u00f3 a la habitaci\u00f3n y trat\u00f3 a su vez de separarme de mi v\u00edctima, pero tambi\u00e9n a \u00e9l lo repel\u00ed con violencia, y creo que el borde de la cama acab\u00f3 con su nuca.<\/p>\n<p>El fr\u00e1gil cuello blanco de Madurah\u2014al\u2014Lilaj qued\u00f3 a mi merced, y ella me miraba con ojos suplicantes, como si supiera lo que ocurrir\u00eda despu\u00e9s de que consumara mi venganza. Mis manos, que ya no me pertenec\u00edan sino que eran las extremidades de un demonio de firme voluntad, torcieron el cuello de Madurah\u2014al\u2014Lilaj en forma de L, sin ninguna dificultad ni contemplaci\u00f3n. Ella se estremeci\u00f3 tres veces antes de colgar inerte delante de m\u00ed. Al instante supe lo que hab\u00eda hecho, porque cuando hubo muerto, el demonio que controlaba mis manos desapareci\u00f3 soltando agudas carcajadas que a\u00fan puedo escuchar. Corr\u00ed al rosal y lo destru\u00ed a\u00fan m\u00e1s iracundo, impotente con las nubes sobre m\u00ed; sub\u00ed a la colina donde sol\u00eda meditar y en un alarde histri\u00f3nico levant\u00e9 los brazos llenos de arena y antes de dejarme caer colina abajo, intentando suicidarme, vocifer\u00e9 sin garganta:<\/p>\n<p>\u2014\u00a1Llam\u00e9 al cielo y no me oy\u00f3, y pues sus puertas me cierra, de mis pasos en la tierra responda \u00e9l, y no yo!<\/p>\n<p>Rod\u00e9 sin mayor peligro para m\u00ed y regres\u00e9 a la casa. Madurah\u2014al\u2014Lilaj yac\u00eda muerta, desencajada. Exasperado, escarb\u00e9 con los dedos el rinc\u00f3n y hall\u00e9 el cofre que le regalara. En \u00e9l, el detallado diario. All\u00ed mismo le\u00ed, como en trance, toda nuestra historia, cada uno de los detalles que nos ocurrieron y las escenas m\u00e1s felices o lascivas. En ese diario est\u00e1bamos ella y yo abrazados, la lengua inquieta de Urraquilla echando cuentos o lamiendo pieles, la cara adusta de Ger\u00f3nimo, las murmuraciones de la gente, los cuerpos inertes de los ahogados y el semen \u00faltimo de los ahorcados; los delirios de mis noches. All\u00ed Madurah\u2014al\u2014Lilaj contaba toda mi vida anterior, c\u00f3mo enga\u00f1\u00e9, tim\u00e9 y rob\u00e9 virgos en conventos, tabernas y palacios, c\u00f3mo atraves\u00e9 con mi espada el coraz\u00f3n ofendido de padres, hermanos y primos, sedientos de venganza una vez que yo me burlara de sus hembras; all\u00ed se contaba de c\u00f3mo fui rey en un pueblo de la India \u2014todas las v\u00edrgenes fueron m\u00edas\u2014, pordiosero en la frontera de Pakist\u00e1n y cerdo favorito de un emperador chino; a cada palabra, que quemaba mis ojos como una vez la lengua de Madurah\u2014al\u2014Lilaj quem\u00f3 mi piel, un nuevo tipo de delirio se escapaba de mi cerebro expulsado por las puntas de mis cabellos y era como una alucinaci\u00f3n de los cuentos orientales; era como si en cada p\u00e1gina en vez de palabras hubiera l\u00e1minas animadas contando mi historia, nuestra historia. Y comprend\u00ed que los p\u00e9talos circulares no eran adornos de una mente infantil, sino los puntos de separaci\u00f3n entre una an\u00e9cdota y otra, los muros de contenci\u00f3n que manten\u00edan cada imagen m\u00f3vil dentro de sus l\u00edmites; y todo eso me pareci\u00f3 producto de una forma oscura de magia. \u00bfEs que ya ven\u00eda el diablo a llevarme para hacerme pagar con fuego toda la maldad que he sembrado en el mundo?<\/p>\n<p>Pero no s\u00f3lo el pasado estaba consignado en ese diario. Tambi\u00e9n hechos que ocurrir\u00edan dentro de muchos a\u00f1os y sucesos de inminente manifestaci\u00f3n y que me concern\u00edan se combinaban sin un orden preciso, como si ella los hubiera ido escribiendo a medida que se aparec\u00edan en su cabeza, el futuro, el presente y el pasado haciendo una trenza de palabras en ese diario que parec\u00eda por momentos tener vida propia: mi bondad, ella agarrada de la mano de ese muchacho y \u00e9l rog\u00e1ndole que se fueran a un lugar m\u00e1s solitario, y t\u00fa con ganas de decir que s\u00ed, pero tu mam\u00e1, y tus t\u00edas, y todas tus amigas, y la vecina, y las monjas y los hombres pululando a tu alrededor, la boda y los hijos y todo lo dem\u00e1s y el carm\u00edn en una camisa, el asesinato de Kennedy, la explosi\u00f3n del Challenger, \u00bflos quinientos a\u00f1os del descubrimiento de Am\u00e9rica?, la risa de Urraquilla, las rosas rojas, la nacionalizaci\u00f3n del petr\u00f3leo, la guerra de los siete, treinta o cien d\u00edas, qui\u00e9n sabe, los ahogados en el Gran R\u00edo y las obras de beneficencia; el cura clandestino para el matrimonio m\u00edo con Madurah\u2014al\u2014Lilaj, la complicidad de Ger\u00f3nimo, nuestro amor, los malestares prolongados despu\u00e9s de cada noche nuestra, y la confirmaci\u00f3n del embarazo, mi desaparici\u00f3n y mi vuelta, la esperanza de entregar en mis brazos una hija, una ni\u00f1a de labios rojos como las rosas y ojos verdes como mi capa.<\/p>\n<p>El diario, finalmente, hablaba de mi furia y mis celos, de mi incapacidad para contener la violencia que llevo dentro de m\u00ed. Luego de esa vor\u00e1gine de figuras pululando dentro del diario, nada. Las p\u00e1ginas vac\u00edas y torcidas, en forma de L, como el cuello de Madurah\u2014al\u2014Lilaj.<\/p>\n<p>&nbsp;<\/p>\n<div><b>IV<\/b><br \/>\nIchbiliah duerme.<\/div>\n<p>El Alto de la plaza de toros da hacia el Gran R\u00edo. Hay una luna redonda y clara. Un hombre pasa frente a mi ventana, se detiene, sigue su camino. Procuro que no haya nadie cerca. Calzar\u00e9 mis botas verdes, ce\u00f1ir\u00e9 mi espada y tomar\u00e9 mi bast\u00f3n. Me embozar\u00e9 en mi capa esmeralda, de ella pender\u00e1 una rosa roja, marchita. Alguien vestido de blanco se balancear\u00e1 a la orilla del r\u00edo, cantar\u00e1 una melod\u00eda misteriosa y ta\u00f1er\u00e1 campanitas. Cubrir\u00e9 el cuerpo de Madurah\u2014al\u2014Lilaj con un manto bordado. La tomar\u00e9 en mis brazos y descender\u00e9 con ella hasta un lugar donde no haya gente, donde el mundo no se divida tantas veces. Llevar\u00e9 conmigo su diario, en el que anoto estas \u00faltimas palabras, que acompa\u00f1an cada comentario, cada dibujo, cada detalle adherido, trastornando el sentido de cada frase.<\/p>\n<p>El libro Madurah\u2014al\u2014Lilaj ha enloquecido con la f\u00fanebre oraci\u00f3n que he dejado en la \u00faltima p\u00e1gina, la oraci\u00f3n que ya no reza por m\u00ed nadie, ni Ger\u00f3nimo, ni la cara asustada de Urraquilla. Dir\u00e1n en Marinadela que el diablo me vino a buscar, y guardar\u00e1n silencio. Nadie har\u00e1 preguntas, no habr\u00e1 curiosos. Dir\u00e1n muchas cosas que ser\u00e1n mentira antes de que descubran esta historia que has conocido, oh, t\u00fa que lees mis palabras. Te habla Don Juan, y eso deber\u00eda ser suficiente para que comprendas que cada frase est\u00e1 escrita con mi sangre, como si hubiera sido arrancada a pedazos de mi piel. Ahora dejar\u00e9 que el agua del r\u00edo cubra mi capa y se lleve mis rosas hasta que el sol rompa la hegemon\u00eda de la redonda luna, hasta que los gallos silencien a los b\u00fahos que dicen tuj\u00fa, tuj\u00fa, hasta que la pr\u00f3xima noche esta historia se repita como lo ha hecho desde el principio de los tiempos.<\/p>\n<p>&nbsp;<\/p>\n<h3>Leerse los gatos<\/h3>\n<div class=\"entry\">\n<p>Hab\u00eda brisa.<\/p>\n<p>Aquella ma\u00f1ana, acababa de comprar los tres gatos de pl\u00e1stico que le hab\u00edan recomendado. La \u00faltima clase estar\u00eda por comenzar. Los gatos de pl\u00e1stico: uno para el dinero, otro para la salud, y otro, por supuesto, para el amor. Este \u00faltimo era un poco m\u00e1s peque\u00f1o; pero todos eran blancos. Hab\u00eda recordado las palabras de su instructora: <em>\u00abClaro, el gato m\u00e1s peque\u00f1o es el del amor; por eso lo dejar\u00e1s de \u00faltimo, para darle emoci\u00f3n al asunto, y nunca se sabe qu\u00e9 pueden traer los otros: cuando haya una muerte de por medio \u2014de \u00e9l, de ella\u2014 ni se te ocurra descifrar los signos del amor; no valdr\u00eda la pena o te involucras. Esta profesi\u00f3n es como la de los siquiatras. debes mantener cierto grado de \u00e9tica.<\/em><\/p>\n<p>\u2014\u00bfY si no logro ubicar el tama\u00f1o del gato?.<\/p>\n<p>\u2014<em>No te preocupes; el gato del amor siempre cae vi\u00e9ndote; es tu se\u00f1al. Y no olvides mirarle mucho los ojos.\u00bb<\/em><\/p>\n<p style=\"text-align: center;\">*<\/p>\n<p>Todo fue m\u00e1s f\u00e1cil de lo que imagin\u00f3. La instructora lleg\u00f3, y todos se reunieron a su alrededor. Aprob\u00f3 todos los<em> test<\/em>, y contest\u00f3 todas las preguntas como se esperaba. A la \u00faltima, incluso pudo contestar con un monos\u00edlabo: \u2014No te dejes enga\u00f1ar,<em> videmus nunc per speculum et in aenigmate, \u00bfrecordar\u00e1s?.<\/em><\/p>\n<p>\u2014S\u00ed.<\/p>\n<p>Intent\u00f3 cruzar varias veces la calle, pero los carros de la avenida estaban demasiado contentos. Ya iban a dar las doce y la tienda estar\u00eda cerrada. El hombre con aspecto oriental comenzaba a bajar la <em>santamar\u00eda<\/em> cuando lleg\u00f3: <em>Ya va, se\u00f1or, vengo a comprar unos gatos.<\/em> No, estamos cerrados, los gatos los venden en la tienda de animales.<em> (Este viejo huev\u00f3n) No, digo yo gatos de pl\u00e1stico, se\u00f1or, es muy importante, perd\u00ed los que ten\u00eda y debo hacer una consulta<\/em>. Venga ma\u00f1ana. <em>Pero es que me acabo de graduar, y necesito ganar experiencia, usted debe comprender porque algun vez ya le toc\u00f3 lo mismo. <\/em>Hace mucho tiemo que me gradu\u00e9 y mis gatos nunca se me han perdido. La gente como nosotros s\u00f3lo tiene un juego de gatos; se supone que usted es uno de ellos, \u00bfno?. <em>Claro, pero no me acostumbro todav\u00eda (viejo imb\u00e9cil, \u00bfno ve que todav\u00eda digo mi\u00faa en vez de mi\u00e1u?) porque tengo poco tiempo: desde ayer<\/em>. Bueno, tenga y no vuelva.\u00a0<em>\u00bfCu\u00e1nto es?<\/em> [Si ser\u00e1 tonto este muchacho] estos son gratis.\u00bb<\/p>\n<p style=\"text-align: center;\">*<\/p>\n<p>Aquella muchacha se empe\u00f1aba en ofrecerle un poco de caf\u00e9. Tuvo que rehusar, a sabiendas de que el caf\u00e9 quita el poder a los gatos. Adem\u00e1s la otra, la de la consulta, no hab\u00eda llegado, y eso lo ten\u00eda nervioso. Por supuesto que ante la aiga manten\u00eda una mirada escrutadora, como de Uri Geller, como de Houdini, como de Mandrake. Cuando tuvo oportunidad, pidi\u00f3 el \u00e1lbum de la muchacha y estuvo, por pura diversi\u00f3n, adivinando los nombres de las caras que ve\u00eda en las fotos. <em>\u00abEste es tu padre, en la playa. \u00c9sta es tu madre, en Gij\u00f3n. Esta es tu hermana, el d\u00eda de la primera comuni\u00f3n cuando se cay\u00f3 en le lodazal y se volvi\u00f3 mierda el vestido.<\/em> \u00bfC\u00f3mo sabes todo eso? No te ir\u00e1s de aqu\u00ed si no me ense\u00f1as.<em> (Lo pregunt\u00e9 en la oficina de atenci\u00f3n al p\u00fablico, bruta) Hay lugares que he visitado que me han ense\u00f1ado cosas extra\u00f1as, y a comer hormigas, que son muy buenas para adivinar. \u00bfTardar\u00e1 m\u00e1s la muchacha?<\/em> No s\u00e9, pero mejor si tarda; te dejar\u00e9 tranquilo cuando me expliques c\u00f3mo haces todo eso\u00bb.<\/p>\n<p>En Checoeslovaquia, por menos de eso se pierde la lengua; en Borodino, un brazo; en Stefanburg, ambos ojos; los moros de Bagdad fr\u00eden los sesos de los que preguntan por los artilurgios de Al\u00e1; en Alejandr\u00eda, se negaba la lectura de los papiros sagrados; y en Adrian\u00f3polis, los romanos se divert\u00edan viendo a los leones del c\u00f3nsul devorar preguntones que, como ella, intentaban descubrir los secretos de j\u00fapiter. En consecuencia, estuvo esquivando las preguntas acerca de su profesi\u00f3n, rogando que la otra llegara. Prendi\u00f3 el televisor y supo de inmediato que la pel\u00edcula de <em>\u00abLaurel &amp; Hardy\u00bb<\/em> ser\u00eda su salvaci\u00f3n.<\/p>\n<p>\u2014Mira que bueno, el gordo y el flaco, esto es \u00a1maravilloso!<\/p>\n<p>\u2014\u00bfY los magos ven televisi\u00f3n?<\/p>\n<p>\u2014(Dios mio) S\u00f3lo si se trata de Laurel &amp; Hardy, que pertenecieron al gremio. Supongo qu entiendes por qu\u00e9 antes no se dec\u00eda nada, sobre todo en Hollywood, donde cualquiera que fuera cualquier cosa tambi\u00e9n era comunista. S\u00f3lo hab\u00eda que ser <em>american<\/em>, o puta.<\/p>\n<p>\u2014Yo no soy comunista.<\/p>\n<p>\u2014Menos mal. Yo no soy puta.\u2014 Y la muchacha lo dej\u00f3 solo.<\/p>\n<p>Los timbres de algunas casas no sirven para explayarse en descripciones. Suenan y punto. Hace mucho han dejado de lado aquella estupidez del <em>\u00abding\u2014dong\u00bb<\/em>, como si fueran funcionarios cansados de cumplir con su deber. Entonces avisan de la llegada de las gentes sin pre\u00e1mbulo, aqu\u00ed llegan, aqu\u00ed est\u00e1n, \u00bfes que no pensar\u00e1n abrir nunca?, ap\u00farense, que me estoy orinando, que me hago pup\u00fa, abran abran, por favor, se me cae el dedo de tocar, \u00e1braaaaaan, eso es lo que dicen con ese ruidito nasal que no se puede describir.<\/p>\n<p>No como el inocente \u00abding\u2014dong\u00bb, aqu\u00ed\u2014estoy\u2014c\u00f3mo\u2014les\u2014va\u2014no\u2014tengo\u2014prisa\u2014ya\u2014hice\u2014pip\u00ed\u2014y\u2014pup\u00fa\u2014abran\u2014cuando\u2014quieran, tan adecuado para las casas silenciosas. Como se ver\u00e1, el de esa casa no era un timbre de esos que suenan y punto.<\/p>\n<p>Era la muchacha. Cuando \u00e9l la vio, ella se dio cuenta de que el mago no era tan extravagante, o tan interesante. Fue como cuando vio un poeta: nada de Sena, nada de opio, o de orejas cortadas: un tipo m\u00e1s bien com\u00fan que parec\u00eda un perrocalentero. En realidad, los magos tienen la obligaci\u00f3n de ser interesantes; <em>ustedes me replicar\u00e1n que los magos tambi\u00e9n pueden prescindir de esa obligaci\u00f3n, pero \u00e9ste es un mago de cuento<\/em> y si es com\u00fan y corriente es como descubrir que a Blanca Nieves la huelen mal los pies. M\u00e1s o menos as\u00ed estaba discurseando la muchacha consigo misma antes de extenderle la mano y decir:<\/p>\n<p>\u2014Mucho gusto, Natalie.<\/p>\n<p>Cuando ella lo vio, \u00e9l se dio cuenta de que tendr\u00eda que aplicar toda su sabidur\u00eda para que \u00e9sta no pensara que era un pirata, un farsante, un brib\u00f3n. trat\u00f3 de entornar los ojos lo m\u00e1s levemente posible, y le clav\u00f3 la mirada mientras ella saludaba con grandes besos a la muchacha que sal\u00eda del ba\u00f1o; y lo vamos a decir de una vez para que algunos noten el sentido del humor de la tal Natalie: ven\u00eda de cagar.<\/p>\n<p>\u2014No hay que ser brujo para adivinar lo que estabas haciendo, querida. Sobre todo, con semejante apuntador encima.<\/p>\n<p>\u00bfSabe qu\u00e9 es dif\u00edcil? Tratar de re\u00edrse cuando a\u00fan el esfinter no se acostumbra a su posici\u00f3n de reposo. Al joven mago no le dio risa, ni se le ocurri\u00f3 nada interesante que decir: se qued\u00f3 con las cejas entornadas, como un t\u00edtere sin usar. Natalie s\u00ed prob\u00f3 el caf\u00e9, y el mago pens\u00f3 \u2014y dijo, pero mucho despu\u00e9s, en la intimidad\u2014 que el caf\u00e9 no era bueno para los gatos. Meti\u00f3 sus manos en los bolsillos y descubri\u00f3 que el hilo verde de los gatos estaba empapado de sudor. \u00bfPor qu\u00e9 hab\u00eda estado sudando? Claro hab\u00eda caminado miles de cuadras buscando el edificio; que en metrob\u00fas la gente se agolp\u00f3 como en caravana pol\u00edtica, que el sol \u2014por supuesto\u2014 era de esos de tres y media de la tarde, especiales para sudar como puerco. Ahora bien, eso hab\u00eda sido hace mucho tiempo ya, daba una brisita fresca y hab\u00eda un agua dulce y fr\u00eda.<\/p>\n<p>\u00bfPor qu\u00e9 estaba sudando, entonces? Una buena exlicaci\u00f3n, si se quiere, es la de argumentar el hecho de que Natalie estaba usando una falda lo suficientemente corta como para imaginarse el resto de la funci\u00f3n; y una blusa intensa con unas florecitas m\u00ednimas; y muchas, miles todas agolpadas en la misma tela, como si las flores peque\u00f1as del mundo se hubieran puesto de acuerdo. Millones de flores colocadas en el mismo lugar. S\u00ed, podemos aceptar que estaba sudando por eso. Hay que seguir.<\/p>\n<p>Lo dem\u00e1s sucedi\u00f3 as\u00ed: los tres se sentaron en la mesa de la cocina y el mago sac\u00f3 sus gatos empapados. (Todos pensaron al mismo tiempo que el calor podr\u00eda ser un tama demasiado obvio para el momento). Desenred\u00f3 los hilos y coloc\u00f3 los gatos en tri\u00e1ngulo, uno mir\u00e1ndola a ella, otro a ella, y otro a \u00e9l. Mir\u00f3 con detenimiento sus gatos nuevos y trat\u00f3 de verificar cu\u00e1l era el gato del amor. El m\u00e1s peque\u00f1o, le hab\u00eda dicho su instructora. Todos les parec\u00edan iguales, estaba desesperado, porque as\u00ed no podr\u00eda determinar cu\u00e1l era cu\u00e1l. De pronto, uno de ellos le pareci\u00f3 el m\u00e1s peque\u00f1o, y lo estaba mirando. Ese deber\u00eda ser el Gato del Amor, el Peppe l\u2019 Amour, el Eros. Los otros dos ser\u00edan el del dinero y el de la salud.<\/p>\n<p>Pidi\u00f3 a Natalie que agarrara los gatos con la mano derecha y los pusiera con la palma cerrada y hacia abajo, siempre manteniendo el dorso en posici\u00f3n oblicua, y perpendicular al eje del plano de la mesa, sobre el tapete azul, desplegado para la ocasi\u00f3n. Natalie no entendi\u00f3 c\u00f3mo deb\u00eda poner la mano y el mago se desesperaba porque no pod\u00eda agarrarla.<\/p>\n<p>\u2014Que los sueltes sobre el fieltro \u00e9se, chica \u2014dijo la muchacha, empe\u00f1ada como estaba en quitarle el misterio a la cosa. Ella, a pesar de la noticia de que Stanley &amp; Ollie tambi\u00e9n eran felegrafos no terminaba de creer en el asunto.<\/p>\n<p>Natalie con un poco de miedo, solt\u00f3 con su mano confusa los tres gatos blancos.<\/p>\n<p style=\"text-align: center;\">*<\/p>\n<p><em>Hay horas de la tarde, cuando un p\u00e1jaro canta, cuando la luz del sol es amarilla amarilla, cuando se puede pensar en abstraerse sobre una taza de caf\u00e9; cuando un poco de brisa es suficiente para sentir un intenso fr\u00edo, dos brazos se extienden hacia donde el rey oriental expira.<\/em><\/p>\n<p>\u2014Ahora dime cu\u00e1l gato quieres que te lea primero. Que no sea el del amor.<\/p>\n<p>\u2014Bueno no me dejas mucha escogencia. Dime el dinero.<\/p>\n<p>\u2014En realidad no veo mucho dinero, \u00bfves c\u00f3mo ese gato est\u00e1 de espaldas? Eso dir\u00eda, si no estuviera apuntando hacia ti, que perder\u00e1s mucho. Pero parece que todo estar\u00e1 normal.<\/p>\n<p>\u2014\u00bfPor qu\u00e9 hay un gato de pie?.<\/p>\n<p>\u2014(\u2026)<\/p>\n<p>\u2014Leeme el amor, por favor\u2026<\/p>\n<p>\u2014 <em>Una extra\u00f1a brisa entra por entre las cortinas e intentan anunciarnos un poco de desgracia. El mago se te acercar\u00e1 demasiado, y t\u00fa sentir\u00e1s por fin el fuego del amor. Nuestros cuerpos dar\u00e1n un viaje muy extenso, pero no ser\u00e1n nuenstros cuerpos, ser\u00e1n part\u00edculas de polvo, expuestas a la acci\u00f3n de la brisa que entra por la ventana. \u00bfA nadie se le ocurrir\u00e1 cerrar un poco esa<\/em><em> ventana? <\/em>\u00bfNo puedes t\u00fa, mirona, preguntona impertinente, levantarte y dejarme un rato solo con la clienta? Debes tener un poco de cuidado con tu coraz\u00f3n, pero no te cierres a nuevas experiencias \u00bfHas visto recientemente a tu \u00faltimo novio?<\/p>\n<p>\u2014Tal vez\u2026<\/p>\n<p>El mago, sin darse cuenta mucho de ello, le tomaba una mano a Natalie, y ella comprendi\u00f3, crey\u00f3 ella, que cada apret\u00f3n de sus dedos significaba un poco de cari\u00f1o. No le costaba a ella entusiasmarse con un nuevo amor\u2026 aunque fuese un mago. El mago, recordando las palabras de su instructora, crey\u00f3 ver la muerte en el gato de pie, erizado. Por eso intent\u00f3 no dejarse llevar por la emoci\u00f3n y no leer el gato del amor. Se vio a s\u00ed mismo, postrado sobre la tumba de Natalie. Quiso excusarse:<\/p>\n<p>\u2014No puedo\u2026<\/p>\n<p>Natalie le tom\u00f3 la cara \u2014la otra muchacha hab\u00eda regresado la ba\u00f1o, a lo mismo\u2014 y le dio un beso, como pocos besos que se dan en pel\u00edculas y en cuentos con prisa de tener un poco se sexo, pero se retir\u00f3 de inmediato, dfendiendo el poquito de pudor que le quedaba. No obstante \u00e9l la tom\u00f3 por los hombros y continu\u00f3 explorando esa boca carnosa que se ofrec\u00eda con temblor. Uno de los gatos movi\u00f3 una pata, y el mago abri\u00f3 los ojos: no era tan f\u00e1cil acostumbrarse a la idea de que una calavera tuviera lengua. Al principio crey\u00f3 que todo formaba parte de una visi\u00f3n, pero cuando mir\u00f3 alrededor y sinti\u00f3 las miradas de los asistentes, comprendi\u00f3, sobre todo, ante la mirada de su instructora, que no hab\u00eda sido capaz de resistir la tentaci\u00f3n de utilizar los pobres gatos para cortejar a sus clientes. Algunos de sus compa\u00f1eros, entre ellos el gordito de pelo rubio, el peludo de brazos, disimulaban una sonrisa. Trat\u00f3 de fingir que estaba dormido, pero se sinti\u00f3 un poco rid\u00edculo fingiendo con una calavera en brazos. Al fin tuvo que soltarla y darse por vencido.<\/p>\n<p>\u2014Aun no est\u00e1s preparado. Tal vez dentro de siete sesiones te d\u00e9 otra oportunidad. Seguir\u00e1s usando los gatos de pl\u00e1stico.<\/p>\n<p>Cuando sali\u00f3 del Instituto Parasicol\u00f3gico, pas\u00f3 fente a la tienda de gatos y vio c\u00f3mo el hombre con aspecto oriental, que bajaba la santamar\u00eda, lo miraba por la comisura de los ojos. Apresur\u00f3 un poco el paso, casi sin querer.<\/p>\n<h4 style=\"text-align: right;\"><a href=\"https:\/\/eldienteroto.org\/wp49\/juan-carlos-chirinos\/\" target=\"_blank\" rel=\"noopener\">Sobre el autor<\/a><\/h4>\n<\/div>\n","protected":false},"excerpt":{"rendered":"<p>Ichbiliah Para Juan Carlos M\u00e9ndez Gu\u00e9dez, fino andaluz y jirajara Y para Marisela Barroso, por las noches de regresi\u00f3n &nbsp; El doctor W. H. 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