{"id":17200,"date":"2025-08-29T16:48:12","date_gmt":"2025-08-29T21:18:12","guid":{"rendered":"https:\/\/eldienteroto.org\/wp49\/?p=17200"},"modified":"2025-08-29T16:49:03","modified_gmt":"2025-08-29T21:19:03","slug":"desencuentros-seleccion","status":"publish","type":"post","link":"https:\/\/eldienteroto.org\/wp49\/desencuentros-seleccion\/","title":{"rendered":"Desencuentros (selecci\u00f3n)"},"content":{"rendered":"\n<h4 class=\"wp-block-heading has-text-align-right\">Roberto Mart\u00ednez Bachrich<\/h4>\n\n\n\n<p><strong>Ese espacio de sombra<\/strong><\/p>\n\n\n\n<p>Cerr\u00f3 el port\u00f3n y comenz\u00f3 a caminar. La se\u00f1ora no la dejaba fumar dentro de la casa: -Me recuerda al olor de mi esposo- le dec\u00eda. Tampoco le gustaba que los vecinos inmediatos la vieran haci\u00e9ndolo en el frente, as\u00ed que, varias veces al d\u00eda, la mujer ten\u00eda que salir y alejarse media cuadra para fumar y luego volver a continuar la faena.<\/p>\n\n\n\n<p>Lleg\u00f3 a la esquina de la otra cuadra. El sol era todo cielo. Encendi\u00f3 el cigarrillo y se recost\u00f3 en el \u00fanico lugar fresco a la vista: ese espacio de sombra que trazaba la palmera sobre la pared. Aspiraba mec\u00e1nicamente, botaba el humo y se quedaba vi\u00e9ndolo embobada-cr\u00f3talo blanco en c\u00e1mara lenta-pasando de la oscuridad tras la palmera a la luz incandescente. Estaba h\u00fameda. Cada medio minuto una gota de sudor nac\u00eda de cualquier lugar de su cuerpo y se deslizaba lenta, torpe. Sinti\u00f3 un auto detenerse en la calle adyacente: alguien abr\u00eda la puerta y se bajaba. Una silueta en el piso se acerc\u00f3 a ella. Un hombre alto y delgado surgi\u00f3 de la esquina, la vio y se detuvo en la sombra.<\/p>\n\n\n\n<p>-Buenos d\u00edas<\/p>\n\n\n\n<p>&#8211; Buenos d\u00edas<\/p>\n\n\n\n<p>-\u00bfTendr\u00e1 un cigarrillo que me regale?<\/p>\n\n\n\n<p>&#8211; Claro, tome- y le entreg\u00f3 cajetilla y f\u00f3sforos. <\/p>\n\n\n\n<p>Al encenderlo, ella divis\u00f3 en su cara una mirada gris\u00e1cea que no hab\u00eda notado antes (\u00bfpor la sombra?). El le devolvi\u00f3 los cigarrillos y por un momento que pareci\u00f3 detenerse, los dos cuerpos estuvieron cerca. Ambos ocupando la misma estrecha sombra.<\/p>\n\n\n\n<p>El hombre se despidi\u00f3 y sigui\u00f3 su camino. El vigilante de la casa de enfrente observaba la escena desde su silla, completamente inm\u00f3vil, como suspendido moment\u00e1neamente por el calor. A no ser por el sudor que brillaba en su cara, ella hubiese pensado que era un mu\u00f1eco. Lo mir\u00f3 fijamente un instante, luego volte\u00f3 la cara y regres\u00f3.<\/p>\n\n\n\n<p>Dentro de la casa la madre cerr\u00f3 la lonchera del ni\u00f1o, lo tom\u00f3 de la mano y salieron a la espera del transporte escolar. Un cuerpo se abalanz\u00f3 sobre ella al abrir la puerta, la empuj\u00f3 nuevamente hacia la casa y cerr\u00f3 de un portazo. El ni\u00f1o qued\u00f3 en el garaje unos segundos asegur\u00e1ndose de que nadie hubiera visto aquello (quiz\u00e1 s\u00f3lo el vigilante en la diagonal). La mujer, llegando de la esquina, tom\u00f3 al ni\u00f1o y entraron a improvisar con rapidez una maleta.<\/p>\n\n\n\n<p>All\u00ed estaba la se\u00f1ora: amordazada y amarrada al sill\u00f3n de la sala. El hombre tom\u00f3 las llaves del auto y lo puso a calentar. Abri\u00f3 la nevera y agarr\u00f3 dos cervezas; destap\u00f3 una y la llevo a su boca, la otra se la dio a la mujer, quien ven\u00eda con el ni\u00f1o y las maletas. La madre observaba aterrorizada y con los ojos llorosos desde su sill\u00f3n. El hombre la amenaz\u00f3 (-No cometas una locura o lo lamentar\u00e1s-) y los tres salieron. El ni\u00f1o se mont\u00f3 en la parte trasera, la mujer adelante con el hombre; y se alejaron r\u00e1pidamente de la casa hasta tomar la autopista.<\/p>\n\n\n\n<p>El hombre termin\u00f3 su cerveza y ech\u00f3 la lata por la ventanilla. Luego le dio un beso a la mujer y le pidi\u00f3 otro cigarrillo. Ella tambi\u00e9n encendi\u00f3 uno para s\u00ed, y entonces volte\u00f3 a mirar al ni\u00f1o: -\u00bfPorqu\u00e9 tan callado Raulito?- El hombre entonces le dedic\u00f3 varias miradas de reojo por el retrovisor y finalmente lo cuestion\u00f3 -\u00bfQu\u00e9 pasa hijo?, todo sali\u00f3 perfectamente\u2026 como lo hab\u00edamos planeado los tres \u00bfo no?- Raulito despeg\u00f3 los ojos de la ventana y apoy\u00f3 los brazos en el asiento delantero, luego mir\u00f3 a la mujer, al hombre y dijo: -No s\u00e9, no s\u00e9, pap\u00e1- El hombre redujo la velocidad violentamente y su expresi\u00f3n comenz\u00f3 a cambiar (su mirada gris\u00e1cea se torn\u00f3 negra). La mujer mir\u00f3 al ni\u00f1o furiosa y grit\u00f3: -Es algo tarde para no saber, \u00bfNo te parece?- El carro se detuvo por completo y el hombre se dio vuelta intentando calmarlos a todos, calmarse \u00e9l. Todo fue silencio durante algunos segundos y finalmente el hombre pregunt\u00f3 en un tono de falsa tranquilidad: -\u00bfQu\u00e9 quieres hacer entonces?- Raulito mir\u00f3 el cuero, la alfombra; luego dijo con voz algo quebrada: -Volver a casa, con mi mam\u00e1-La mujer lanz\u00f3 un manotazo a la guantera y pronunci\u00f3 una maldici\u00f3n ininteligible.<\/p>\n\n\n\n<p>La polic\u00eda y varios de los vecinos ya estaban all\u00ed cuando el ni\u00f1o y la mujer bajaron del taxi. El ni\u00f1o corri\u00f3 lloroso hacia su madre y se abrazaron, mientras ella repet\u00eda exaltada: -Gracias a Dios, gracias a Dios que est\u00e1s bien. La mujer mir\u00f3 con un aire de suficiencia a la se\u00f1ora y \u00e9sta asinti\u00f3 mientras le mostraba una disimulada sonrisa. La polic\u00eda hizo las preguntas de costumbre a la mujer (el ni\u00f1o, seg\u00fan la madre, no estaba en condiciones de tolerar un interrogatorio), ella con lujo de detalles les explic\u00f3 el secuestro (la primera parte de la historia era id\u00e9ntica a la que la se\u00f1ora hab\u00eda relatado y que el vigilante de la otra esquina confirm\u00f3 luego) y les cont\u00f3, casi con los nervios desechos, c\u00f3mo hab\u00edan logrado escapar al primer descuido del hombre. La polic\u00eda tom\u00f3 los datos del posible lugar en el cual el hombre estar\u00eda, del lugar de la autopista en el cual hab\u00edan logrado escapar; luego la se\u00f1ora les dio una foto de \u00e9l y coment\u00f3 indignada: -Un padre secuestrando a su propio hijo, \u00bfSe ha visto cosa m\u00e1s absurda?\u2026 y pensar que ese fue mi esposo y los despidi\u00f3 agradeci\u00e9ndoles por todo.<\/p>\n\n\n\n<p>La madre se acost\u00f3 al lado del ni\u00f1o y con una inmensa sonrisa le dijo: -No m\u00e1s fines de semana aburridos con tu pap\u00e1-. El ni\u00f1o sonri\u00f3 tambi\u00e9n, con complicidad.<\/p>\n\n\n\n<p>Afuera, en la esquina, la mujer termin\u00f3 su cigarrillo. El sol comenzaba a esconderse. Ese espacio de sombra que trazaba la palmera sobre la pared empezaba a extinguirse para ser sombra uniforme, noche. La mujer sec\u00f3 una l\u00e1grima o dos en su cara.<\/p>\n\n\n\n<p>Luego volvi\u00f3 a caminar hacia la casa. Desde la reja de enfrente el vigilante observaba la escena con los brazos extendidos en su silla, inm\u00f3vil\u2026 ya el sudor no brillaba en su piel.<\/p>\n\n\n\n<p class=\"has-text-align-center\">***<\/p>\n\n\n\n<p><strong>Sobre vacas, alcald\u00edas y postes de luz<\/strong><\/p>\n\n\n\n<p>Baraulio, nieto de Do\u00f1a Ramona, viuda de Don Felipe, padre de Dulce Mar\u00eda, esposa de Federico; fue el primero en darse cuenta. Fue una tarde cuando regresaba de la Universidad; al golpear con su bolso el poste frente a la casa, \u00e9ste hizo un lev\u00edsimo movimiento circular sobre su base y el ruido de la vibraci\u00f3n lo detuvo unos segundos. Braulio observ\u00f3 que aquello no estaba como deb\u00eda, el poste del alambrado el\u00e9ctrico ten\u00eda una peque\u00f1a torcedura que parec\u00eda dirigirse justamente al techo de su casa.<\/p>\n\n\n\n<p>Al entrar, fue lo primero que le dijo a su madre, y ella, incr\u00e9dula como siempre, sali\u00f3 a la calle a verificar la noticia. Braulio ten\u00eda raz\u00f3n, el poste estaba flojo.<\/p>\n\n\n\n<p>Al llegar Federico la historia se repiti\u00f3 -\u00bfQu\u00e9 vamos a hacer Dulce Mar\u00eda?, \u00e9sto podr\u00eda ser grave-dijo en tono preocupado. Y se lo contaron a Do\u00f1a Ramona. Aquella anciana redonda de 190 kilos escuch\u00f3 serena lo que su hija y su yerno le contaban. Aparentaba estar tranquila, pero desde el primer momento pens\u00f3 que el poste pronto caer\u00eda y ella, que ni siquiera se pod\u00eda parar de la cama, que no cab\u00eda por la puerta, que ten\u00eda casi diez a\u00f1os sin salir de aquel cuarto; estar\u00eda all\u00ed echada esperando amortiguar la ca\u00edda del poste y el techo, y morir\u00eda electrocutada. Entonces se limit\u00f3 a decir. &#8211; Felipe hubiera sabido que hacer-.<br>Por unos d\u00edas no se habl\u00f3 mucho del asunto, pero una ma\u00f1ana Dulce Mar\u00eda advirti\u00f3 que la torcedura del poste hab\u00eda aumentado, que el blanco de futura ca\u00edda era definitivamente el techo de la casa y lo peor; los cables estaban ro\u00eddos y los miles de hilos del alambrado colgaban amenazantes.<\/p>\n\n\n\n<p>Esa noche hubo consejo de familia en la cocina. Dulce Mar\u00eda, Federico y Braulio se sentaron alrededor de la mesa y luego de poner la radio a todo volumen comenzaron a discutir las posibles soluciones. Do\u00f1a Ramona no deb\u00eda escucharlos. No quer\u00edan preocuparla con aquella situaci\u00f3n que esperaban resolver con rapidez. Dulce Mar\u00eda propuso visitar la Alcald\u00eda y plantear el problema que pon\u00eda en peligro la integridad f\u00edsica de una familia del barrio. Federico estuvo de acuerdo y decidi\u00f3 que deb\u00edan avisarle a los vecinos para que colaborasen con ellos, mientras m\u00e1s gente protestaran m\u00e1s r\u00e1pido arreglar\u00edan el problema. Braulio, por su parte, asegur\u00f3 que era necesario, adem\u00e1s de la protesta, que ellos mismos tomaran algunas medidas; como construir un sost\u00e9n para el poste por medio de amarres o bloques y, quiz\u00e1s, reforzar el techo.<\/p>\n\n\n\n<p>Do\u00f1a Ramona, inm\u00f3vil en su inmensa cama, no hab\u00eda preguntado m\u00e1s nada sobre el poste. Sab\u00eda que la situaci\u00f3n hab\u00eda empeorado pues nadie hab\u00eda hecho ni un s\u00f3lo comentario del asunto, desde aquel primer d\u00eda en que descubrieron la falla. Cuando Dulce Mar\u00eda iba al cuarto a darle de comer o a ocuparse de su limpieza, buscaba evadir el gordo silencio de la mirada de su madre con conversaciones sobre temas que nunca, antes de lo del poste, le hab\u00edan interesado a ninguna de las dos: la situaci\u00f3n econ\u00f3mica del pa\u00eds, lo que ocurr\u00eda en la capital, la contaminaci\u00f3n, el despiadado desgaste de los recursos naturales y otros asuntos de irrelevante relevancia. Ya no hablaban de los chismes del barrio, ni de la manera c\u00f3mo Dulce hab\u00eda cocinado ese d\u00eda, ni de la telenovela de la 1:00 que antes ve\u00edan juntas.<\/p>\n\n\n\n<p>Todo parec\u00eda salir mal: Federico tuvo que ir solo a la Alcald\u00eda pues nadie parec\u00eda interesado en ayudar; Braulio hab\u00eda hecho un soporte del poste amarr\u00e1ndolo al \u00e1rbol de la casa de enfrente, pero el vecino se hab\u00eda puesto furioso y hab\u00eda arrancado la cuerda alegando que el no se iba a electrocutar por culpa de ellos; Dulce Mar\u00eda se hab\u00eda peleado con todas las vecinas por mostrarse indiferentes ante el asunto, las hab\u00eda insultado (-\u00a1Poncias Pilatas, egoistas, ratas!-) y ya no se hablaba con ninguna; para colmo, Dona Ramona hab\u00eda comenzado a comer compulsivamente y de 190 hab\u00eda aumentado en pocas semanas a 220 kilos.<\/p>\n\n\n\n<p>Ya Braulio y Federico ni siquiera iban al cuarto de Do\u00f1a Ramona, hab\u00edan pasado m\u00e1s de una semana sin verla. Estaban muy ocupados con sus visitas a la Alcald\u00eda, en donde siempre le daban largas al asunto argumentando que ten\u00edan problemas mucho m\u00e1s importantes que resolver.<\/p>\n\n\n\n<p>La curva del poste ya era alarmante, en pocos d\u00edas, al paso que iba, estar\u00eda sobre el techo. Federico hab\u00eda dejado el trabajo y Braulio los estudios; ahora se dedicaban a construir in\u00fatilmente bases circulares de cemento, alrededor del poste, para retrasar su ca\u00edda; pero cada vez que hab\u00eda un ventarr\u00f3n el poste se bat\u00eda de un lado a otro y destrozaba las bases. Dulce Maria hab\u00eda ido al banco a sacar todos los ahorros de la familia, pues sin el sueldo de Federico no ten\u00edan como pagar el cemento para construir una y mil veces las bases, ni para pagarse la comida, sobretodo, la de Do\u00f1a Ramona, que ya estaba alrededor de los 240 kilos.<\/p>\n\n\n\n<p>Una ma\u00f1ana Federico, Dulce Mar\u00eda y Braulio entraron al cuarto de Do\u00f1a Ramona, estaba irreconociblemente gorda. Sus ojitos, detr\u00e1s de gruesos t\u00faneles de carne, miraron con sorpresa aquella visita fatalista. Sab\u00eda que aquel momento llegar\u00eda. Lo hab\u00eda esperado por m\u00e1s de un mes entre tortas, pastas y encurtidos. Hubo silencio por varios segundos, nadie se atrev\u00eda a decir nada. Fue Federico, quien empujado por Dulce Mar\u00eda, dio un paso adelante y se puso a hablar. Se aclar\u00f3 la garganta, respir\u00f3 profundo y luego grit\u00f3 con rapidez. -\u00a1Nos mudamos!-<\/p>\n\n\n\n<p>Do\u00f1a Ramona examin\u00f3 la situaci\u00f3n unos segundos y luego rompi\u00f3 a llorar. A tres voces le explicaron la situaci\u00f3n que hab\u00edan estado escondi\u00e9ndole, pero que ella conoc\u00eda perfectamente. Cuando pregunt\u00f3 como saldr\u00eda ella de ese cuarto, Federico le dijo: -Ya pensamos en eso, levantaremos el techo y te sacaremos con cama y todo, en gr\u00faa-. Entonces Do\u00f1a Ramona par\u00f3 de llorar, mir\u00f3 perpleja los tres rostros alrededor de la cama y estall\u00f3 en carcajadas. Federico, Dulce Mar\u00eda y Braulio se miraron desconcertados. No entend\u00edan nada. Fue Dulce Mar\u00eda la primera en desesperarse y exigirle a su madre una explicaci\u00f3n. Ella solo dijo -Yo me muero en esta cama. Como Felipe- y no se habl\u00f3 m\u00e1s del asunto.<\/p>\n\n\n\n<p>Al d\u00eda siguiente, los tres hicieron la \u00faltima visita a la Alcald\u00eda. Rogaron, lloraron, gritaron y ante el \u00abHay asuntos m\u00e1s importantes\u00bb del funcionario se fueron -tr\u00edo de miradas pegadas al suelo- a su casa. Hab\u00edan montado una carpa, comprada con los \u00faltimos ahorros del banco, a unos 15 metros de la casa. All\u00ed se hab\u00edan sentado a esperar la ca\u00edda del poste.<\/p>\n\n\n\n<p>La desesperanzada espera no se hizo esperar. El cielo comenz\u00f3 a nublarse y de repente se parti\u00f3 en mitades, el ruido ensordecedor de los truenos y la imagen premonitoria de tragedias de los rel\u00e1mpagos liber\u00f3 una lluvia de extrema fuerza. El viento hac\u00eda crujir el poste de manera siniestra. De vez en cuando, de la superficie ro\u00edda del cable, sal\u00edan chispazos azules. Entonces sucedi\u00f3: el poste, finalmente, cay\u00f3; y con \u00e9l se llev\u00f3 el techo, casa y Do\u00f1a Ramona.<\/p>\n\n\n\n<p>Dulce Mar\u00eda observaba la escena y lloraba desconsolada. Federico y Braulio s\u00f3lo miraban lelos, estaban demasiados cansados para reaccionar. Se produjo un corto circuito y los restos de la casa se convirtieron en una llamarada que minutos despu\u00e9s la misma lluvia apagar\u00eda pues ni siquiera los bomberos aparecieron.<\/p>\n\n\n\n<p>Varias horas despu\u00e9s lleg\u00f3 la Alcald\u00eda. Recogieron los escombros, y comenzaron a trabajar en la reparaci\u00f3n de todo el sistema de alambrado el\u00e9ctrico del barrio. Ya entrada la tarde, cuando los obreros se iban, Dulce Mar\u00eda escuch\u00f3 a uno de ellos decirle a otro: -\u00a1Esa era una familia rara, \u00bfSabes lo que ten\u00edan de mascota? Una vaca; y la ten\u00edan dentro de la casa. All\u00ed mismo sobre la cama estaba la pobrecita calcinada!.<\/p>\n\n\n\n<h4 class=\"wp-block-heading has-text-align-right\"><a href=\"https:\/\/eldienteroto.org\/wp49\/roberto-martinez-bachrich\/\" target=\"_blank\" rel=\"noreferrer noopener\">Sobre el autor<\/a><\/h4>\n","protected":false},"excerpt":{"rendered":"<p>Roberto Mart\u00ednez Bachrich Ese espacio de sombra Cerr\u00f3 el port\u00f3n y comenz\u00f3 a caminar. La se\u00f1ora no la dejaba fumar dentro de la casa: -Me recuerda al olor de mi esposo- le dec\u00eda. 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