{"id":17173,"date":"2025-08-28T17:06:12","date_gmt":"2025-08-28T21:36:12","guid":{"rendered":"https:\/\/eldienteroto.org\/wp49\/?p=17173"},"modified":"2025-08-28T17:07:51","modified_gmt":"2025-08-28T21:37:51","slug":"fuegos-bajo-el-agua-colofon","status":"publish","type":"post","link":"https:\/\/eldienteroto.org\/wp49\/fuegos-bajo-el-agua-colofon\/","title":{"rendered":"Fuegos bajo el agua: colof\u00f3n"},"content":{"rendered":"\n<h4 class=\"wp-block-heading has-text-align-right\">Isaac J. Pardo<\/h4>\n\n\n\n<p>La obra maestra de Moro fue impresa en 1516 y para finales de aquel siglo se hablaba en Inglaterra de utop\u00edas como de mundos imaginarios. Sir Thomas Smith dec\u00eda en 1583 que semejantes rep\u00fablicas \u201cnunca existieron ni existir\u00e1n, por ser apenas \u201cvisiones vanas, fantas\u00edas de fil\u00f3sofos\u201d. La apreciaci\u00f3n de Sir Thomas se relacionaba, posiblemente, con la de Maquiavelo, quien hab\u00eda expresado ideas parecidas en El Pr\u00edncipe: \u201cmi intenci\u00f3n es escribir cosas \u00fatiles a quienes las lean, y juzgo m\u00e1s conveniente irme derecho a la verdad efectiva de las cosas, que a como se las imagina; porque muchos han visto en su imaginaci\u00f3n rep\u00fablicas o principados que jam\u00e1s existieron en la realidad\u201d.<\/p>\n\n\n\n<p>Marx y Engels habr\u00e1n de abundar en esos conceptos al imponer a quienes los precedieron en la tesis del Estado socialista la etiqueta de socialistas ut\u00f3picos, es decir, inoperantes, en oposici\u00f3n al socialismo cient\u00edfico representado por ellos. Las cr\u00edticas de car\u00e1cter general y forzosamente breves contenidas en la Tercera Parte del Manifiesto Comunista, y las m\u00e1s amplias expuestas en diversos textos, especialmente en Socialismo ut\u00f3pico y socialismo cient\u00edfico, de Engels, hacen referencia a las teor\u00edas de Saint-Simon y de Fourier, en Francia, y a las de Owen, en Inglaterra, autores a quienes no se les regatean elogios como precursores. Pero lo que nos interesa se\u00f1alar es el \u00e9nfasis negativo que se puso en el t\u00e9rmino \u201cut\u00f3pico\u201d. Tal criterio es el que ha prevalecido.<\/p>\n\n\n\n<p>Seg\u00fan el Diccionario de la Academia Espa\u00f1ola, utop\u00eda y, por consiguiente, ut\u00f3pico es \u201cPlan, proyecto, doctrina o sistema halag\u00fce\u00f1o pero irrealizable&#8230; y en todas las lenguas se dan definiciones parecidas. No es, pues, de extra\u00f1ar que H. G. Wells dijera con humor \u00e1cido que el aporte de Moro al idioma hab\u00eda sido \u201cun sustantivo y un adjetivo enga\u00f1osos\u201d. Pero el largo y resistente eslab\u00f3n que uni\u00f3 a Sir Thomas Smith con los te\u00f3ricos del socialismo cient\u00edfico y con el criterio de los diccionarios hubo de romperse al fin y las ideas sobre el valor de lo ut\u00f3pico comenzaron a cambiar.<\/p>\n\n\n\n<p>La Encyclopaedia Britannica, que ha compartido la opini\u00f3n general dominante, rectifica en su Micropaedia (1975) al tratar de Utopian Literature: la creaci\u00f3n de esta naturaleza la define como \u201cobra especulativa que procura describir la mejor forma de sociedad humana\u201d. Henri Desroche dec\u00eda poco antes: \u201cLo que ha de retenerse aqu\u00ed es, sobre todo, la seguridad con que una etiqueta tan despreciada como la de \u2018utop\u00eda&#8217; emerge hoy del ambiente peyorativo donde se encontraba relegada. Y no es la \u00fanica en semejante caso; lo mismo podr\u00eda decirse de membretes como \u2018secta&#8217;, \u2018primitivo&#8217;, \u2018pagano&#8217;, \u2018herej\u00edas&#8217;, \u2018sue\u00f1os&#8217; y muchos otros que parec\u00edan rotular fen\u00f3menos marginales, de los cuales se ha dicho que eran, m\u00e1s bien, fen\u00f3menos marginados\u201d. Ian Tod y Michael Wheeler escriben a su vez en 1978 sobre utop\u00eda: \u201cpara gran n\u00famero de personas la palabra ha significado (y significa todav\u00eda) \u2026 una fuente de esperanza, un modelo para la acci\u00f3n, la materializaci\u00f3n de la raz\u00f3n, la soluci\u00f3n de los problemas sociales, la senda de la felicidad, un ideal digno de ser imitado o el inevitable resultado del proceso hist\u00f3rico\u00bb. Subrayemos la \u00faltima frase, pues viene a ser un importante progreso que haya hoy quien considere la utop\u00eda como el inevitable resultado del proceso hist\u00f3rico, vale decir, que se haga entrar dentro del marco del determinismo hist\u00f3rico lo que se tuvo por quim\u00e9rico e inalcanzable.<\/p>\n\n\n\n<p>Las utop\u00edas son o han tratado de ser esquemas o proyectos para satisfacer el m\u00e1s profundo y persistente de los anhelos humanos: disfrutar de la mayor suma de felicidad alcanzable por el conjunto social. Al concebir el Estado modelo, dec\u00eda Plat\u00f3n: \u201cla ley no se preocupa por asegurar una felicidad excepcional a una clase de ciudadanos, pero busca, en cambio, realizar la felicidad de la ciudad entera\u201d. A pesar de que los creadores de utop\u00edas se esfuercen en prever los m\u00e1s peque\u00f1os detalles y pretendan reglamentar hasta la vida privada, al Estado corresponde ofrecer (y s\u00f3lo debe ofrecer) los fundamentos esenciales sobre los cuales haya de construir cada quien su propia felicidad. Dice Philippe d\u2019Iribarne: \u201cno se trata, en manera alguna, de buscar imponer en forma tecnocr\u00e1tica, a partir de una definici\u00f3n a priori de la felicidad, una racionalidad exterior a los deseos de cada uno [. . . ] Se trata de ver c\u00f3mo esforzarse por suprimir los obst\u00e1culos que impiden a cada cual hallar lo que busca\u201d. Es lo que Mumford condensa as\u00ed: \u201cEl prop\u00f3sito de toda instituci\u00f3n ut\u00f3pica es ayudar a cada uno a ayudarse a s\u00ed mismo\u201d.<\/p>\n\n\n\n<p>Todo lo ut\u00f3pico, desde los antiguos mitos paradis\u00edacos hasta el marxismo, se reduce a esquemas m\u00e1s o menos fantasiosos, m\u00e1s o menos inspirados, m\u00e1s o menos posibles que tratan de acercarse a la meta ideal, con las explicables diferencias impuestas por las circunstancias de tiempo y de lugar en cada caso. Los sue\u00f1os ut\u00f3picos, afirma Arnhelm Neus\u00fcss, \u201ccambian seg\u00fan la situaci\u00f3n hist\u00f3rica y el contexto social\u201d, y Fred L. Polak insiste en el tema con mayor amplitud: \u201cLa utop\u00eda es siempre hist\u00f3ricamente relativa. Lleva en s\u00ed los g\u00e9rmenes de su propia eliminaci\u00f3n en el transcurso del tiempo\u201d, para a\u00f1adir: \u201csu visi\u00f3n del mejor futuro posible, que puede ser imaginado en cualquier tiempo, est\u00e1 sometido al cambio. El utopista es tanto un hijo de su tiempo como un visionario\u201d.<\/p>\n\n\n\n<p>Seg\u00fan Mannheim, \u201cUn estado de esp\u00edritu es ut\u00f3pico cuando resulta desproporcionado con respecto a la realidad dentro de la cual tiene lugar\u201d. Fijar el concepto de desproporci\u00f3n frente al de imposibilidad fue un acierto que situaba el tema ut\u00f3pico en su justo lugar. Esa misma idea estuvo mucho antes de Mannheim en la mente de diversos pensadores que hicieron, con ligeras variantes, la afirmaci\u00f3n de que \u201clas utop\u00edas de hoy son las realidades de ma\u00f1ana\u201d. Ciertamente, la anticipaci\u00f3n es una forma de desproporci\u00f3n con respecto al presente. Contin\u00faa Mannheim: \u201cSolamente llamaremos ut\u00f3picas a aquellas orientaciones que trascienden la realidad y que, al informar la conducta humana, tienden a destruir, parcial o totalmente, el orden de cosas predominante en aquel momento\u201d. De ah\u00ed el car\u00e1cter revolucionario de la utop\u00eda, de ah\u00ed la incomprensi\u00f3n que suele rodear a los planteamientos ut\u00f3picos y las reacciones adversas que provocan: \u201clo que siempre han pretendido [los representantes de un orden social determinado] ha sido dominar las ideas e intereses&#8217; que trascendiesen la situaci\u00f3n, que no fueran realizables dentro de los l\u00edmites del orden existente, para convertirlos as\u00ed en socialmente impotentes, procurando que tales ideas fueran desterradas a un mundo alejado de la historia y de la sociedad, donde no pudiesen afectar el statu quo\u201d.<\/p>\n\n\n\n<p>Hace ya tiempo largo que lo absurdo cobr\u00f3 importancia como estimulante de la creatividad; a\u00fan en terreno tan s\u00f3lidamente asentado en tierra firme como el de los negocios. Precisamente con miras al mundo fabril y mercantil tecnific\u00f3 Alex Osborn un m\u00e9todo, conocido como Brainstorming o tormenta mental, para ser practicado por grupos que han de aportar ideas o resolver problemas. La norma asentada por Osborn fue procurar que los participantes pensasen y expresasen sus ideas por descabelladas que pareciesen, con prescindencia de toda reserva mental o actitud cr\u00edtica. Sin que deba considerarse como una panacea, el sistema ha disfrutado de aceptaci\u00f3n en diversos campos.<br>El lector habr\u00e1 advertido que estas aparentes novedades est\u00e1n enraizadas en Freud, en la teor\u00eda del subconsciente y en el sicoan\u00e1lisis como lo estuvieron en su d\u00eda los movimientos art\u00edsticos llamados de vanguardia: \u201cimaginaci\u00f3n sin hilos y palabras en libertad\u201d fue una de las consignas de Marinetti, padre del futurismo (1909) Mucho m\u00e1s tarde dar\u00e1 Andr\u00e9 Bret\u00f3n su definici\u00f3n del surrealismo: \u201cAutomatismo ejercido por la raz\u00f3n\u201d.<\/p>\n\n\n\n<p>Cuando S\u00f3crates se propuso imaginar el Estado ideal tan minuciosamente descrito por Plat\u00f3n en La Rep\u00fablica, invit\u00f3 a sus interlocutores a dar libre curso a la divagaci\u00f3n, a inventar la nueva organizaci\u00f3n pol\u00edtica como si tratase de un cuento, una f\u00e1bula o un juego. En Francia, en 1950, escrib\u00eda Ruyer: \u201cEl m\u00e9todo ut\u00f3pico, al igual de la ciencia, emplea la analog\u00eda, aunque de una manera m\u00e1s atrevida y fantaseosa [. . . ] Pero ocurre algunas veces que la analog\u00eda ut\u00f3pica contiene el germen de una asociaci\u00f3n leg\u00edtima y de un descubrimiento [. . . ] El ejercicio ut\u00f3pico, como la invenci\u00f3n, implica una ruptura de las combinaciones habituales\u201d. Desde la Uni\u00f3n Sovi\u00e9tica, P. L. Kapitsa, miembro de la Academia de Ciencias, ped\u00eda en 1968, para el mejor desarrollo de la creatividad \u201cuna atm\u00f3sfera de libre discusi\u00f3n, de pol\u00e9micas, de renovaci\u00f3n de ideas, aunque algunas de ellas parezcan completamente falsas\u201d. En Estados Unidos escriben Kahn y Wiener: \u201cla investigaci\u00f3n, al abrir nuestra mente a nuevos conceptos y posibilidades, a sutiles distinciones y rebuscados matices, constituye una forma imprescindible de entrenamiento y de educaci\u00f3n para la persona que analiza un problema. Basta esta raz\u00f3n para que la investigaci\u00f3n no deba echarse atr\u00e1s ante la perspectiva de tener que examinar situaciones extremas, inveros\u00edmiles o desconocidas\u201d, para concluir: \u201clo que ha producido decisiones desafortunadas y ha dado origen a oportunidades perdidas ha sido generalmente la falta de imaginaci\u00f3n m\u00e1s bien que el exceso de ella\u201d. Y m\u00e1s recientemente dice Alvin Toffler al referirse a las tremendas transformaciones que significa la era posindustrial ya en marcha: \u201cla responsabilidad del cambio nos incumbe a nosotros. Debemos empezar por nosotros mismos aprendiendo a no cerrar prematuramente nuestras mentes a lo nuevo, a lo sorprendente, a lo aparentemente radical. Esto significa luchar contra los asesinos de ideas que se apresuran a matar cualquier nueva sugerencia sobre la base de su inviabilidad\u201d.<\/p>\n\n\n\n<p>Alrededor del mundo y m\u00e1s de dos mil a\u00f1os despu\u00e9s de La Rep\u00fablica se repite la misma invitaci\u00f3n para liberar la mente, con cierto acento de angustia ante el temor de que no sea escuchada. Peor a\u00fan, que no quiera ser escuchada. Era lo que dec\u00eda Thoreau en Walden, obra en la que refiere su propia experiencia ut\u00f3pica: \u201cIncesantemente fluyen novedades sobre el mundo y, sin embargo, toleramos una torpeza incre\u00edble [\u2026 ] Pensamos que s\u00f3lo podemos cambiar de traje\u201d.<\/p>\n\n\n\n<p>Hay m\u00e1s: imaginar la Historia como si los hechos se hubiesen producido de manera diferente a como ocurrieron en realidad, sobre todo en momentos cruciales, es lo que Charles Renouvier bautiz\u00f3 con el nombre de ucron\u00eda. De menor alcance que la utop\u00eda, semejante especulaci\u00f3n sobre lo ya irremediablemente cumplido cuenta con menos popularidad que su hermana mayor y con una bibliograf\u00eda considerablemente menos extensa. Sin embargo, la ucron\u00eda es tambi\u00e9n un medio apropiado para ejercitar la creatividad con proyecci\u00f3n hacia el futuro por la intenci\u00f3n cr\u00edtica que la anima.<br>Ernst Bloch no s\u00f3lo no comparte semejante fe en el uso indiscriminado e incluso ca\u00f3tico de la imaginaci\u00f3n en la g\u00e9nesis de las concepciones ut\u00f3picas, sino que lo considera un factor de efectos negativos. Al tratar de la junci\u00f3n ut\u00f3pica, escribe:<\/p>\n\n\n\n<p>S<em>us contenidos se manifiestan primeramente en representaciones, y esencialmente en representaciones de la fantas\u00eda; las cuales se diferencian de las representaciones recordadas en que \u00e9stas no hacen m\u00e1s que reproducir percepciones anteriores, desliz\u00e1ndose as\u00ed m\u00e1s y m\u00e1s hacia las sombras del pasado. Y las representaciones de la fantas\u00eda no son tampoco representaciones compuestas simplemente a capricho por elementos dados \u2014como \u201cmar de piedra\u201d o \u201cmonta\u00f1a de oro\u201d\u2014, sino que son representaciones que prolongan anticipadamente lo dado en las posibilidades futuras de su ser-distinto, ser-mejor. Por eso la fantas\u00eda determinada de la funci\u00f3n ut\u00f3pica se distingue de la mera fantasmagor\u00eda justamente porque s\u00f3lo la primera implica un ser-que-todav\u00eda-no-es de naturaleza esperable, es decir, porque no manipula ni se pierde en el \u00e1mbito de lo posible vac\u00edo, sino que anticipa ps\u00edquicamente lo posible real. El mero wishful thinking ha desacreditado de siempre las utop\u00edas, tanto en el terreno pol\u00edtico-pr\u00e1ctico como en todo el campo restante en el que se hacen presentes exigencias desiderativas, como si toda utop\u00eda fuera abstracta. Sin duda, la funci\u00f3n ut\u00f3pica se da, aunque s\u00f3lo inmadura, en la utop\u00eda abstracta, es decir, se da todav\u00eda, en su mayor parte, sin un s\u00f3lido sujeto tras de ella y sin referencia a lo posible real. Como consecuencia, es f\u00e1cil que se extrav\u00ede, sin contacto con la tendencia real hacia delante, hacia algo mejor que lo dado. Pero, sin embargo, tan sospechosa como la inmadurez (sentimentalismo) de la funci\u00f3n ut\u00f3pica no desarrollada, es la estolidez tan extendida \u2014y \u00e9sta s\u00ed, muy madurada\u2014 del filisteo a mano, del emp\u00edrico con telara\u00f1a en los ojos y su ignorancia del mundo. <\/em><\/p>\n\n\n\n<p>Fuera de la insistente reserva respecto a las fantasmagor\u00edas, al simple wishful thinking, a la inmadurez de la funci\u00f3n ut\u00f3pica, que desembocan en la \u201cutop\u00eda abstracta\u201d, el pensamiento de Bloch anticipa en un todo los puntos de vista expuestos en las p\u00e1ginas precedentes, y de manera muy significativa lo dicho por Buckminster Fuller al afirmar este autor que el hombre es incapaz de \u201ccrear\u201d, en el estricto sentido de la palabra, es decir, de a\u00f1adir al universo algo que no est\u00e9 dado potencialmente en la naturaleza: \u201clo que se denomina habitualmente creatividad, consiste en realidad en una combinaci\u00f3n \u00fanica y sin precedentes en el uso de principios descubiertos por el hombre y que existen \u2014a priori\u2014 en el universo\u201d. En resumen: la funci\u00f3n ut\u00f3pica, la \u201cutop\u00eda concreta\u201d, de Bloch, el pensamiento ut\u00f3pico fecundo no es imaginar imposibles sino intuir \u2014cosa que no est\u00e1 dado a todos los mortales\u2014 la \u201ccombinaci\u00f3n\u201d viable dentro del ordenamiento de la naturaleza, pero no patente a\u00fan, el todav\u00eda-no-ha-llegado-a-ser blochiano. \u00bfConviene, empero, desechar de manera tan radical los posibles hallazgos fortuitos de la imaginaci\u00f3n libre y desordenada, de la fantasmagor\u00eda? Tal vez no, pero siempre que se tenga presente la imposibilidad en que est\u00e1 el Brainstorming o cualquier otro est\u00edmulo natural o artificial para arrancar destellos importantes a una mente est\u00e9ril de por s\u00ed. Debemos, pues, partir del convencimiento de que la utop\u00eda es una posibilidad \u00bb impl\u00edcita en el orden natural, pero que a\u00fan no se ha hecho manifiesta.<br>Intuir esa posibilidad y declararla es la funci\u00f3n del pensamiento ut\u00f3pico.<\/p>\n\n\n\n<p>Dado que la perfecci\u00f3n es inalcanzable para el hombre, tambi\u00e9n ha contribuido poderosamente a mantener la tesis negativa respecto a la rep\u00fablica ejemplar la idea de perfecci\u00f3n tan persistentemente asociada con lo ut\u00f3pico. Sin embargo, cuando descendemos del mundo fabuloso de la Edad de Oro y los para\u00edsos terrenales encontramos que los grandes forjadores de utop\u00edas no imaginaron haber propuesto organizaciones perfectas.<\/p>\n\n\n\n<p>Identificado con la doctrina de la perenne mutabilidad de lo creado, con el todo cambia, todo fluye, de Her\u00e1clito, escribi\u00f3 Plat\u00f3n:<\/p>\n\n\n\n<p><em>La ley no podr\u00e1 jam\u00e1s captar a la vez lo mejor y lo m\u00e1s justo que exista para todos, de manera de decretar las prescripciones m\u00e1s \u00fatiles, pues las diferencias que existen entre los hombres y entre los actos, y el hecho de que nada de lo humano est\u00e1 jam\u00e1s, por as\u00ed decirlo, en reposo, no da lugar, en arte o en materia alguna, a un absoluto que resulte v\u00e1lido para todos los casos y por siempre.<\/em><\/p>\n\n\n\n<p>En semejante enfoque del problema, que aparta toda idea de perfecci\u00f3n en la constituci\u00f3n de un Estado, Plat\u00f3n insisti\u00f3 con especial empe\u00f1o. Al hablar de lo que ha de ser la intenci\u00f3n del legislador, dec\u00eda: \u201cen primer lugar redactar leyes suficientes, con la mayor exactitud posible. Luego, al correr del tiempo y cuando ponga en pr\u00e1ctica sus ideas \u00bfcrees t\u00fa que exista un legislador tan torpe como para ignorar que persisten fatalmente defectos y que toca a otros corregirlos con atenci\u00f3n?,\\ Y poco m\u00e1s adelante a\u00f1ad\u00eda: \u201cquedar\u00e1n muchos defectos en relaci\u00f3n con cada uno de los temas tratados en estas leyes; eso es fatal. Sin embargo, para todos los puntos importantes y para el conjunto no dejaremos, en lo posible, de trazar una especie de esquema. Toca a vosotros completar estos lincamientos\u201d.<\/p>\n\n\n\n<p>Los utopienses, por su parte, no estaban seguros de haber logrado el Estado perfecto, pues en sus oraciones daban gracias a Dios: <\/p>\n\n\n\n<p><em>por tantos beneficios recibidos y, especialmente porque merced a su benevolencia viven en una rep\u00fablica felic\u00edsima y profesan una religi\u00f3n que es la \u00fanica verdadera a su entender. \u201cSi en esto erramos \u2014le dicen\u2014 y si hay otra mejor y m\u00e1s aceptable a tus ojos, d\u00e1nosla a conocer con tu bondad, pues estamos prestos a seguir el camino por donde nos conduzcas. Pero el gobierno de nuestro Estado es el mejor y nuestra religi\u00f3n la m\u00e1s veraz, perm\u00edtenos perseverar en uno y en otra\u201d.<\/em><\/p>\n\n\n\n<p><em>Es a la luz de este p\u00e1rrafo tan decisivo que ha de interpretarse lo escrito por Moro en el t\u00edtulo de su obra: DE OPTIMO REIPUBLICAE STATU, que los traductores m\u00e1s conspicuos, desde Robynson, nos transmiten como: De la mejor (no de la perfecta) condici\u00f3n de una rep\u00fablica.<\/em><\/p>\n\n\n\n<p>Como el di\u00e1metro y la circunferencia, la utop\u00eda y la realidad son cantidades inconmensurables. Igual que pi, la felicidad alcanzable admitir\u00e1 aproximaciones hasta el infinito sin lograr jam\u00e1s el estado de reposo. Nuestra felicidad, como experiencia vital que es, se encuentra en constante devenir, y en esta edad convulsa y calidosc\u00f3pica en que nos ha tocado vivir, ni siquiera la bienaventuranza, que imagin\u00e1bamos puerto de llegada, eterno e inmutable, conserva esa serena estabilidad. As\u00ed, al menos, se desprende de cierta tesis, llam\u00e9mosla din\u00e1mica, de la cual nos habla el autor cat\u00f3lico Jos\u00e9 Mar\u00eda Cabodevilla en una obra que tiene mucha relaci\u00f3n con nuestro tema. Dice Cabodevilla: \u201c\u00bfA qui\u00e9n puede extra\u00f1ar que la bienaventuranza se haya concebido tradicionalmente como un supremo reposo: requiem aeternam? Sin embargo, esta noci\u00f3n a muchos les resulta demasiado negativa y no muy seductora [. . . ] Pues bien, las religiones se apresuran a aclarar que tambi\u00e9n en la gloria se respetar\u00e1 esta necesidad nuestra de cambio y movimiento, esta estructura tan fundamental de la criatura [. . . ] Ya en esta vida el premio de quien encuentra a Dios suele ser, m\u00e1s que nada, un nuevo est\u00edmulo para seguir busc\u00e1ndolo, una profundizaci\u00f3n del alma para un encuentro cada vez m\u00e1s \u00edntimo. El cielo ser\u00e1 tambi\u00e9n no s\u00f3lo una vida interminable, sino una interminable marcha hacia el interior de Dios\u201d.<\/p>\n\n\n\n<p>Tampoco han de pretender los esquemas ut\u00f3picos \u2014Plat\u00f3n lo subraya\u2014 tener valor universal en cada fase de la Historia, por la diversidad de caracter\u00edsticas particulares y de grados de cultura existente entre los pueblos en un momento dado. Lo que pudo ser felicidad ayer quiz\u00e1 no lo sea hoy, y la de hoy posiblemente no ser\u00e1 la de ma\u00f1ana; de igual manera, lo que represente felicidad no ser\u00e1 lo mismo para el habitante de una metr\u00f3poli, para un granjero o para el aborigen de la selva.<\/p>\n\n\n\n<p>Aunque Arist\u00f3teles reconociese m\u00e9ritos&#8217; en La Rep\u00fablica, por los comentarios que hizo no hay la menor duda de que el estagirita no se hubiese sentido a gusto en el Estado propuesto por Plat\u00f3n, pero recordemos una vez m\u00e1s los cenobios de San Agust\u00edn y los infelices acogidos a la rigidez de aquellos monasterios para disfrutar de lo que, hasta entonces, les hab\u00eda negado la vida. Y si la sociedad descubierta por Hitlodeo pudo parecer y parezca todav\u00eda indeseable a muchas personas, Vasco de Quiroga, en M\u00e9xico y en 1535, estaba en lo cierto al pensar que los indios del Nuevo Mundo, sujetos al yugo de los conquistadores, podr\u00edan alcanzar la felicidad si se les ofreciese la manera de vivir en colectividades organizadas seg\u00fan el modelo de Utop\u00eda.<\/p>\n\n\n\n<p>Dice Mannheim: \u201cEs un rasgo verdaderamente esencial de la historia moderna el de que, en la organizaci\u00f3n gradual de la acci\u00f3n colectiva, las clases sociales s\u00f3lo pueden transformar eficazmente la realidad hist\u00f3rica cuando sus aspiraciones son encarnadas por utop\u00edas adecuadas a la situaci\u00f3n cambiante\u201d. Como proyecci\u00f3n hacia el futuro que es, la utop\u00eda, para ser eficaz, deber\u00e1 estar dentro del impulso evolutivo de la Historia.<\/p>\n\n\n\n<p>De aceptarse: 1) Que el pensamiento ut\u00f3pico, lejos de representar f\u00f3rmulas m\u00e1gicas capaces de satisfacer todas las aspiraciones individuales, es teor\u00eda pol\u00edtica enfocada al conjunto social; y 2) Que lo ut\u00f3pico no puede tener valor universal y permanente, sino que ha de ser lo suficientemente maleable como para adaptarse a la heterog\u00e9nea realidad, habremos despejado el camino para que la utop\u00eda sea incorporada a lo accesible al hombre. Para ello es necesario que quienes aspiren a la utop\u00eda aparten de su mente toda idea de perfecci\u00f3n.<\/p>\n\n\n\n<p>Se ha dicho, en fin, que la utop\u00eda es evasi\u00f3n. Puede serlo como toda disposici\u00f3n de \u00e1nimo y todo acto del ser humano que busque, con ello, huir o simplemente aislarse de una realidad indeseable. Evasi\u00f3n ser\u00e1 desde la lectura hasta el suicidio, pero la utop\u00eda, como tal, no tiene por qu\u00e9 serlo. Al contrario, para que una idea merezca la calificaci\u00f3n de ut\u00f3pica, no basta con el mal que denuncia y la insatisfacci\u00f3n que revela. A la actitud de rechazo ha de ir unido el prop\u00f3sito de superaci\u00f3n, el impulso para transformar lo presente. Utop\u00eda significa enfrentamiento, a veces dram\u00e1tico. Como el toreo. Y hay muchas formas de toreo: se puede torear m\u00e1s de lejos o m\u00e1s de cerca; con muchos o con pocos adornos; con precauci\u00f3n o con temeridad; toscamente o con finura; con seriedad o con payasadas, payasadas que pueden ser mortales. Al toreo se le llama lidia; por eso, siempre ser\u00e1 toreo mientras se mantenga la lidia en el ruedo. Evasi\u00f3n es saltar la barrera, huir de la realidad sin empe\u00f1o en dominarla.<\/p>\n\n\n\n<p>El mundo de lo ut\u00f3pico es tan complejo que impone la necesidad de una clasificaci\u00f3n, pero vayamos a ella con cautela, pues las clasificaciones son \u00fatiles mientras no se pretenda imponerlas con demasiado rigor, sobre todo cuando se trata de clasificar ideas. En nuestro caso, la m\u00e1s elemental y la menos comprometedora de las clasificaciones\u00b7 es la cronol\u00f3gica, adoptada com\u00fanmente por los historiadores de la materia: los or\u00edgenes, las utop\u00edas de la antig\u00fcedad, las de la Edad Media, y as\u00ed hasta nuestros d\u00edas. En un plano semejante de simplicidad sigue la clasificaci\u00f3n de las utop\u00edas en imaginarias, es decir, las que s\u00f3lo han tenido vida en las leyendas o la literatura (la Edad de Oro, La Rep\u00fablica) y las que se han hecho realidad en la historia (Esparta, los movimientos milenaristas). En esta obra hemos tenido en cuenta ambas vertientes.<\/p>\n\n\n\n<p>No hay duda de que existen utop\u00edas imposibles frente a utop\u00edas realizables, independientemente, en estas\u00b7 \u00faltimas, del \u00e9xito o del fracaso contingente. Ahora que, por imposible, s\u00f3lo habremos de considerar lo que sea contrario a las leyes naturales: por ejemplo, que el hombre vuele sin ayuda de un artefacto, como se vuela en sue\u00f1o. Tal imposibilidad la reconocieron Icaro (alas movibles), Cyrano de Bergerac (cohetes), Montgolfier (medios m\u00e1s livianos que el aire) y los hermanos\u00b7 Wright (medios m\u00e1s pesados que el aire) pero todos volaron con mayor o menor fortuna por haber adaptado lo imposible a las leyes de lo posible.<\/p>\n\n\n\n<p>Escribe Ernst Bloch: \u201cEl punto de contacto entre el sue\u00f1o y la vida \u2014sin el cual el sue\u00f1o no es m\u00e1s que utop\u00eda abstracta y la vida s\u00f3lo trivialidad\u2014 se halla en la realidad ut\u00f3pica reintegrada a su verdadera dimensi\u00f3n, la cual se halla siempre vinculada a lo real-posible\u201d, para a\u00f1adir de manera a\u00fan m\u00e1s categ\u00f3rica: \u201cel proceso universal es \u00e9l mismo una funci\u00f3n ut\u00f3pica, cuya sustancia es lo objetivamente posible\u201d. Toffler, activo creador de neologismos, ha denominado practop\u00eda su concepci\u00f3n de la rep\u00fablica ideal: \u201cni el mejor ni el peor de todos los mundos posibles, sino un mundo que es\u00b7 pr\u00e1ctico y, a la vez, preferible al que tenemos [. . . ] una practop\u00eda ofrece una alternativa positiva, incluso revolucionaria, pero se encuentra dentro de lo que es realistamente posible alcanzar\u201d.<\/p>\n\n\n\n<p>Hay tambi\u00e9n utop\u00edas regresivas y utop\u00edas progresivas. Las primeras, alimentadas por la nostalgia, miran al pasado para a\u00f1orarlo o tratar de revivirlo, como se manifiesta en el antiqu\u00edsimo y siempre renovado prop\u00f3sito de retorno a la naturaleza; las segundas tratan de forjar el porvenir con esp\u00edritu innovador. Podr\u00edan idearse otros patrones de ordenamiento, pero baste con los expuestos, que corresponden a la condici\u00f3n intr\u00ednseca de los\u00b7 diferentes planteamientos ut\u00f3picos: son antiguos o modernos; son puramente imaginativos o llevan el sello de los hist\u00f3ricamente cumplidos; est\u00e1n fuera de toda posibilidad o son anticipaci\u00f3n de realidades\u00b7 fecundas; se extinguen entre a\u00f1oranzas o se expresan en un gesto afirmativo.<\/p>\n\n\n\n<p>Frente a la utop\u00eda ha surgido una literatura que se le opone o la contradice, o bien la desfigura y la corrompe, en ambos casos con intenci\u00f3n cr\u00edtica. Las obras del primer grupo, llamadas contrautop\u00edas o antiutop\u00edas, tratan de mostrar la inanidad o el fracas\u00f3 de la utop\u00eda, o bien ofrecen al lector el reverso del planteamiento ut\u00f3pico. Entre ellas (limit\u00e1ndonos a muy pocos ejemplos caracter\u00edsticos) se\u00f1alaremos, en la antig\u00fcedad, La asamblea de las mujeres, de Arist\u00f3fanes, comedia en la cual una caricatura ut\u00f3pica se resuelve en tumultuoso fracaso. Dentro de intenci\u00f3n parecida cabe la novela C\u00e1ndido, de Voltaire, c\u00famulo de infortunios en el curso de un inmenso recorrido en busca de la felicidad, cuya moraleja es que el mejor de los mundos posibles ser\u00eda \u00e9ste habitado por nosotros si nos conform\u00e1semos con cultivar nuestro peque\u00f1o terr\u00f3n. En su obra Gargant\u00faa present\u00f3 Rabelais la abad\u00eda de Teleme como el antimonasterio, pero, al mismo tiempo, como la antiutop\u00eda. En aquel rinc\u00f3n privilegiado reinaba la abundancia, la riqueza y el lujo; sus moradores, no sujetos a leyes o reglamentos, viv\u00edan conforme a los caprichos del momento; la divisa de Teleme fue: Haz lo que quieras. Al grupo de las contrautop\u00edas deber\u00edan incorporarse aquellas obras que denuncian o condenan el pensamiento ut\u00f3pico desde el punto de vista pol\u00edtico, filos\u00f3fico o religioso.<\/p>\n\n\n\n<p>Ha sido creado tambi\u00e9n el neologismo distop\u00eda que suele considerarse como sin\u00f3nimo de anti o contrautop\u00eda. Sin embargo, puesto que el prefijo dis (etimol\u00f3gicamente = mal), m\u00e1s que antagonismo denota alteraci\u00f3n, en nuestro sentir deber\u00eda reservarse el t\u00e9rmino para las obras donde lo ut\u00f3pico aparece utilizado en tal manera que sus resultados son contrarios al esp\u00edritu de la utop\u00eda; es, seg\u00fan Chad Walsh, la \u201cutop\u00eda invertida\u201d, que m\u00e1s propiamente podr\u00edamos llamar \u201cpervertida\u201d. En la distop\u00eda el objeto de cr\u00edtica no es la idea, sino sus aplicaciones por el ser humano, contradictorio e inconsecuente, frustrador de sus sue\u00f1os y negador de su propia grandeza. Las obras dist\u00f3picas, de las cuales son ejemplos ilustrativos El mundo feliz de Aldous Huxley (t\u00edtulo original, Brave New World), y 1984, de George Orwell significan agudos alertas contra los inquietantes abusos y desviaciones que cabe esperar de las m\u00e1s halag\u00fce\u00f1as utop\u00edas como de todos los aspectos de la conducta humana: lo que pod\u00eda haber sido garant\u00eda de bienestar y de felicidad se convierte en fuente de males incontables.<\/p>\n\n\n\n<p>Los reg\u00edmenes totalitarios, cuya sobrecogedor a imagen han tratado de reflejar las novelas dist\u00f3picas, contribuyeron poderosamente a desacreditar cualquier modelo de Estado que tuviese alguna semejanza con los ideados por Esparta, Plat\u00f3n o Tom\u00e1s Moro. Pero independientemente del sistema econ\u00f3mico, pol\u00edtico y social que diferencie a los diversos reg\u00edmenes, son muchos los factores de todo orden que el ser humano ha desviado de su curso deseable y a\u00fan desviar\u00e1 en mayores proporciones para causar da\u00f1o. El arma nuclear representa el ejemplo m\u00e1s aterrador de distop\u00eda, del mal uso de lo ut\u00f3pico que pudiera haber hecho el hombre.<\/p>\n","protected":false},"excerpt":{"rendered":"<p>Isaac J. Pardo La obra maestra de Moro fue impresa en 1516 y para finales de aquel siglo se hablaba en Inglaterra de utop\u00edas como de mundos imaginarios. Sir Thomas Smith dec\u00eda en 1583 que semejantes rep\u00fablicas \u201cnunca existieron ni existir\u00e1n, por ser apenas \u201cvisiones vanas, fantas\u00edas de fil\u00f3sofos\u201d. 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