{"id":17159,"date":"2025-02-26T15:16:00","date_gmt":"2025-02-26T19:46:00","guid":{"rendered":"https:\/\/eldienteroto.org\/wp49\/?p=17159"},"modified":"2025-08-26T15:30:29","modified_gmt":"2025-08-26T20:00:29","slug":"ensayos-breves-de-mario-morenza","status":"publish","type":"post","link":"https:\/\/eldienteroto.org\/wp49\/ensayos-breves-de-mario-morenza\/","title":{"rendered":"Ensayos breves de Mario Morenza"},"content":{"rendered":"\n<h3 class=\"wp-block-heading\">La palabra y sus dones<\/h3>\n\n\n\n<p>La naturaleza ha sido ingrata. Ha localizado hegem\u00f3nicamente el don de la palabra en los seres humanos, haci\u00e9ndonos sus usuarios exclusivos. Quiz\u00e1 eso sea lo que nos haga humanos y nos haga seres y nos distancie de nuestros vecinos terrestres o acu\u00e1ticos o a\u00e9reos. Somos, pues, el \u00fanico animal al que se le encarg\u00f3 la responsabilidad de asignarle nombre a los elementos y fen\u00f3menos del mundo.<\/p>\n\n\n\n<p>En&nbsp;<em>La enfermedad&nbsp;<\/em>(2006) de Alberto Barrera Tyszka una frase resume una frontera a\u00fan m\u00e1s lapidaria entre los vivos del planeta: \u00abLa \u00fanica diferencia entre el hombre y las dem\u00e1s especies es que el hombre es el \u00fanico animal que sabe que va a morir\u00bb. La palabra, lo que nos nombra y lo que nos atrevemos a nombrar.<\/p>\n\n\n\n<p>Nuestras palabras han regulado el silencio de nuestro cuerpo, ese silencio que se disolver\u00e1 acaso para siempre una vez dejemos de ser, una vez que ya no haya ni palabras ni vida ni aliento en nosotros.<\/p>\n\n\n\n<p>Las palabras le han conferido un volumen et\u00e9reo a lo que pensamos, a aquello que \u2014por alguna raz\u00f3n, razones privadas o secretas, \u00a1qu\u00e9 importa!\u2014 por inquebrantable tiempo hemos hecho el esfuerzo por ocultar o mantener lejos de o\u00eddos ajenos. Cuando el ocultamiento se nos hace imposible, decimos, confesamos, traicionamos el secreto que atesor\u00e1bamos, pues ya hemos confiado ciegamente en alguien e, intuimos, es hora de revelarlo. De a poco le adherimos una capa de sonido al dolor:&nbsp;<em>ay<\/em>&nbsp;es palabra com\u00fan en todos los idiomas de la Tierra.<\/p>\n\n\n\n<p>Decimos&nbsp;<em>ay<\/em>&nbsp;cuando nos hieren y cuando caemos en cuenta que hemos hablado de m\u00e1s y ya es muy tarde para recoger nuestras palabras. Ya estas andan por su cuenta y no podemos hacer m\u00e1s nada. El aire y otras voces corromper\u00e1n sin escr\u00fapulos lo que hemos dicho o confiado ciegamente.<\/p>\n\n\n\n<p>Las palabras han tramado la Historia de la humanidad y por ella nos han conducido y enredado. Si pensamos que el \u00abllanto es escasamente literario\u00bb podr\u00edamos decir que \u00abel dolor es el m\u00e1s terrible de los lenguajes de nuestro cuerpo. Una gram\u00e1tica de gritos. Un ay convertido en sonido \u00fanico\u00bb (Barrera Tyzska, 2006: 24).<\/p>\n\n\n\n<p>El mundo y nuestro cuerpo est\u00e1n en constante di\u00e1logo. Cuando nos quedan pocas palabras para expulsar, cuando nos queda poca vida, cuando nos quedan escasas conversaciones con una persona vinculada a nosotros por la sangre o por el afecto, es que en verdad comprendemos el peso y espesor de las palabras.<\/p>\n\n\n\n<p>La novela&nbsp;<em>La enfermedad<\/em>, m\u00e1s all\u00e1 de ser una alegor\u00eda a esa etapa final de la vida de los \u00fanicos seres capaces de saber que van a morir, es una exposici\u00f3n descarnada de la biograf\u00eda que pueden tener las palabras. La palabra como \u00e1tomo del alma de un hombre, los&nbsp;universos que puede convocar, evocar y secuestrar con tan solo decir. Ellas son las que explican las verdades del mundo, y en ellas se fundan todos los credos. \u00abLa oportunidad de un nombre\u00bb es lo que realmente tenemos.<\/p>\n\n\n\n<p>Podr\u00edamos agregar tambi\u00e9n que las palabras son la sangre de la realidad. Al existir silencio, y solo silencio, caer\u00edamos en un abismo, en un espacio vac\u00edo sin formas ni explicaciones. Leemos en la novela: \u00abLa palabra muerte es un hechizo impredecible\u00bb (p. 38). Javier Miranda en sus \u00faltimos minutos lo intuye, por eso, en el tono de una s\u00faplica, de un \u00faltimo deseo, se lo exige a su hijo: \u00abH\u00e1blame, no dejes que me muera en silencio\u00bb (p. 168).<\/p>\n\n\n\n<p>Los silencios de nuestra vida secretamente han sido los ensayos de muerte que nos han acompa\u00f1ado. Hay lugares en la Tierra, sostiene Roberto Bola\u00f1o en alguna entrevista o ensayo, donde el silencio se lo traga todo. Los habitantes de esos lugares entran en ese v\u00e9rtigo ausente de sonido y, de pronto, sin control, empiezan a gritar. Aniquilan el silencio con una energ\u00eda similar a la que usar\u00eda una persona que no desea hablar, que ya est\u00e1 empezando a conocer el peso de las palabras, a una persona como Andr\u00e9s Miranda que ha repetido por un par de d\u00e9cadas las mismas sentencias sinceras, esas noticias que le informan a sus pacientes que ya deben prepararse para morir, que les queda poco tiempo, escasas palabras, nada de aliento. Y esas palabras vendr\u00e1n al mundo, a hacerse sonido y aire con una carga, cada una dir\u00e1 m\u00e1s de lo que antes se supon\u00eda que dec\u00eda.<\/p>\n\n\n\n<p>&nbsp;El cuerpo, con natural sabidur\u00eda, instintivamente debe deshacerse de ellas y sus contenidos pronto, muy pronto, cuanto antes mejor. Que no se queden almacenadas en el cuerpo. Esas palabras son capaces de raspar el aire, vienen escamadas, con m\u00fasculos, m\u00fasculos y espinas, con dolor y furia.<\/p>\n\n\n\n<p>Esto \u00faltimo me lleva a pensar en el ensayo de Terry Eagleton \u00ab\u00bfQu\u00e9 es la literatura?\u00bb (1998). Lo cito: \u00abLa literatura transforma e intensifica el lenguaje ordinario, se aleja sistem\u00e1ticamente de la forma en que se habla en la vida diaria\u00bb (p. 5). Pienso que si sostenemos con pinzas las palabras de Javier Miranda, que no son las palabras de cualquier hombre sino las de un hombre que sabe que va a morir, que su calendario de vida tiene fecha de vencimiento y que quiere obviar la dieta de la nutricionista para comer fritangas; si pensamos detenidamente en sus palabras, notamos que se acercan a ese lenguaje cotidiano, esas palabras que podemos escucharle a alguien en una cola para abordar el transporte p\u00fablico, solo que las de \u00e9l se hacen literarias: de un momento a otro cualquier palabra que uno diga al saberse conjurado por una enfermedad vienen llenas de literatura, aunque no nos lo propongamos.<\/p>\n\n\n\n<p>Karina, la secretaria, se sorprende de alguna que otra frase escrita por Ernesto Dur\u00e1n. Tal vez no hablemos de contextos literarios o reales, tal vez hablemos de temas, de ambientes propicios para que se den rel\u00e1mpagos literarios en la vida cotidiana con la firma de personas con oficios comunes, o alejados de los que se conoce como oficios literarios. Hace algunos a\u00f1os supe de una ingeniero que cit\u00f3, sin saberlo, a Javier Mar\u00edas. Se trataba de una frase casi proverbial de&nbsp;<em>Coraz\u00f3n tan blanco<\/em>&nbsp;(1994): \u00abQuisiera tener p\u00e1rpados en los o\u00eddos\u00bb, as\u00ed lo dijo antes de bajarse en una estaci\u00f3n del Metro previa a la que deb\u00eda descender yo. Eagleton, en su ensayo, agrega que \u00ab[l]os formalistas, por consiguiente, vieron el lenguaje literario como un conjunto de desviaciones de una norma, como una especie de violencia ling\u00fc\u00edstica: la literatura es una clase \u201cespecial\u201d de lenguaje que contrasta con el lenguaje \u201cordinario\u201d\u00bb (p. 7) que generalmente empleamos.<\/p>\n\n\n\n<p>La novela de Barrera Tyszka nos hace entender que las palabras ya son literarias. Ya son literatura sin la necesidad de que sus personajes se propongan nada. Cada vez que hablamos, tramamos un texto literario, y estos hilos se sostienen, se solidifican y se saturan, cuando se respira ese clima \u00e1spero de la muerte que se aproxima. El lenguaje se contagia de esa atm\u00f3sfera. En esos momentos frases como \u00ab\u00a1M\u00edrame, carajo!\u00bb o hasta un \u00abYa no quiero seguir, no quiero m\u00e1s\u00bb tienen otra resonancia a lo que quiz\u00e1 seamos capaces de escuchar en las v\u00edas p\u00fablicas o, incluso, en la intimidad.<\/p>\n\n\n\n<p>La literatura puede surgir de cualquier voz con la misma efectividad con que Eugene Ionesco admite a trav\u00e9s de los personajes de su obra teatral&nbsp;<em>La joven casadera<\/em>&nbsp;que \u00abla verdad puede surgir de cualquier cerebro\u00bb. Pueden ser las mismas palabras. Todo depende de los momentos, de las situaciones que calibran el estado de los seres humanos. Las palabras est\u00e1n all\u00ed, esper\u00e1ndonos.<\/p>\n\n\n\n<p>A veces las palabras nos hacen da\u00f1o, no podemos evitar escucharlas cuando se lanzan al aire y se vienen hacia nuestros o\u00eddos, hacia nuestra piel, para lacerarla (a quienes les produce ataques nerviosos, alergia). En el&nbsp;<em>ranking<\/em>&nbsp;de velocidad de la naturaleza, la luz y las palabras son inalcanzables. Las palabras est\u00e1n all\u00ed, al acecho, esper\u00e1ndonos para que las pronunciemos y aliviemos o laceremos al otro, esper\u00e1ndonos para que las escuchemos, nos calmemos o nos conviertan en una bestia furiosa.<\/p>\n\n\n\n<p>Sea cual sea la reacci\u00f3n que tomemos, est\u00e1n all\u00ed las palabras para hacernos cada vez m\u00e1s humanos.<\/p>\n\n\n\n<p class=\"has-text-align-center\">***<\/p>\n\n\n\n<h3 class=\"wp-block-heading\">La isla donde anida la desesperanza<\/h3>\n\n\n\n<p>Los personajes en&nbsp;<em>La otra isla<\/em>&nbsp;asumen la desesperanza como una estrofa m\u00e1s del&nbsp;<em>Gloria al bravo pueblo<\/em>&nbsp;o del&nbsp;<em>Das Deutschlandlied<\/em>. Cuando me enfrento a la imagen de una isla, identifico (y enlazo) esa noci\u00f3n al v\u00e9rtigo horizontal del naufragio. Del mismo modo, no puedo evitar relacionarla a Odiseo en la isla de Circe, como m\u00e1rtir y emblema de la esencia humana en el aislamiento. Esta atm\u00f3sfera enlazada (o anudada) al silencio ser\u00e1 el b\u00e1lsamo para el personaje de Edeltraud Kreutzer, que, indagando un poco, podr\u00eda interpretarse su incertidumbre sobre la muerte de su hijo como una tramada excusa que ella instrumenta para encontrarse en otro espacio ajeno al propio, para alejarse de (sus) calles donde anida la tristeza. Y de esa tristeza de refugiarse en una isla del Caribe, la isla que transform\u00f3 a Wolfgang Kreutzer.<\/p>\n\n\n\n<p>Pero este Wolfgang no fue a naufragar a la Isla de Margarita, fue a echar ra\u00edces, a complacer la continental propuesta de Renata, su mujer. Wolfgang fue a distender su mente y lengua germ\u00e1nica. Se exili\u00f3 en el hablar neoespartano. Modific\u00f3 gradualmente su soberbio e impronunciable&nbsp;<em>Wolfgang<\/em>&nbsp;por el margarite\u00f1o&nbsp;<em>Gorfan<\/em>.<\/p>\n\n\n\n<p>Los cantos matutinos de los gallos labraron sus ra\u00edces para que se plantaran progresivamente con ese encantamiento, casi hipn\u00f3tico, casi mantra orquestado por un caos ov\u00edparo. Y es en este punto cuando se me hace imposible no pensar en el poema \u00abLos gallos\u00bb de Eugenio Montejo, que se me viene como la voz de un eco tan lejano y quebrantado como debe ser la nostalgia por un mar n\u00f3rdico, un partido de la Bundesliga o una revitalizadora L\u00f6wenbr\u00e4u despu\u00e9s de trabajar; un poema cuyos versos resumen a Wolfgang Kreutzer y asumen la tristeza como un territorio para que esta, en lugar de anidar, acampe y se siembre en los movimientos dubitativos de Wolfgang devenido en ese Gorfan de la crianza de los gallos: \u00abGallos ventr\u00edlocuos donde me habla la noche, \/ \u00bfson mi parte de abismo?\u00bb. Momentos religiosos y prof\u00e9ticos de encantamiento.<\/p>\n\n\n\n<p>Y entre cantos de gallo y estrofas, ha llegado el momento de teorizar, y recuerdo que hoy, antes de despertar, se me revel\u00f3, por medio de una voz on\u00edrica y n\u00f3rdica que me recit\u00f3 palabras al o\u00eddo en un idioma extra\u00f1o, que la teor\u00eda ser\u00eda alemana de tener nacionalidad, que para adentrarse en la literatura, no se orientar\u00eda a la usanza de los neoespartanos para asimilar el tiempo, m\u00e1s bien medir\u00eda sus pasos con absoluta precisi\u00f3n, sistem\u00e1ticamente, y no se la calcular\u00eda a vuelo de p\u00e1jaro o a ojo por ciento; la teor\u00eda es aliada de esa intuici\u00f3n de ensayo y error propios de Gorfan para criar a sus futuros campeones, mezclada con la de los galleros de nacimiento para saberlos luchadores o simplemente sacarles cr\u00eda.<\/p>\n\n\n\n<p>A trav\u00e9s de las lupas de la teor\u00eda, un marxista trasnochado, con reflexiones resucitadas por el temblor de voces en otro idioma, dir\u00eda que los cantos de los gallos son una respuesta a la acelerada y devastadora modernidad, hija bastarda del capitalismo, cantos de gallos que se unen al grito euf\u00f3rico de Katsimbalis, borracho de vida y poes\u00eda, que se desgarra las cuerdas vocales para que el himno de la naturaleza se escuche entre tanto&nbsp;<em>smog<\/em>&nbsp;y bramido de f\u00e1bricas. Un marxista escuchar\u00eda en el canto de los gallos una respuesta a ese \u00abcaos en el que todos dan \u00f3rdenes y que nadie sigue\u00bb (Suniaga, 2005: 8). Y es aqu\u00ed donde se destila la carne de una viril novela polic\u00edaca, pero esa novela polic\u00edaca con aristas de cr\u00edtica social, y tambi\u00e9n a una izquierda en lo que se sospecha la&nbsp;<em>intentio autoris<\/em>&nbsp;a la que se refiri\u00f3 Umberto Eco.<\/p>\n\n\n\n<p>Un anarquista agregar\u00eda esta cita al cat\u00e1logo de frases del partido en el que est\u00e9 inscrito: \u00abMargarita, la isla de la utop\u00eda, el \u00fanico lugar del planeta donde todos mandan y nadie obedece\u00bb (<em>idem<\/em>).<\/p>\n\n\n\n<p>&nbsp;&nbsp;&nbsp; En cambio, un estructuralista abordar\u00eda&nbsp;<em>La otra isla&nbsp;<\/em>\u2014o en esta isla que es la teor\u00eda literaria donde es rutina naufragar\u2014&nbsp;c\u00f3mo son representados en la novela los siguientes hemisferios, o las siguientes dos caras de una misma moneda: Duelo a&nbsp;y Duelo b. En el primero, se hablar\u00eda de ese duelo que llevan los personajes, en esos ojos donde la tristeza ya ha echado ra\u00edces, como los de Edeltraud con la incertidumbre de la muerte de su hijo enquistada en ellos; o los ojos de Renata, en los que se delat\u00f3 la resignaci\u00f3n al momento de la muerte por agua de su esposo y en los que tambi\u00e9n se revelaron, como un c\u00f3dice de la evocaci\u00f3n, unos ojos de quien aspir\u00f3 a otra piel de la incertidumbre: la de vivir un d\u00eda distinto con cada amanecer; o la mirada de Gorfan extraviada en el vac\u00edo poroso de una gallera en aquellos momentos hostiles en los que sus gallos perdieron la verticalidad y murieron picoteados por las bestias rivales. Y tambi\u00e9n no debemos olvidar en esta isla a la persona que antes era Gorfan, que ostentaba el Wolfgang como emblema de identidad y del cual se despoj\u00f3 una vez que quizo olvidarse definitivamente de sus ra\u00edces y transplantarse a esta isla que lo ver\u00eda morir, pero que antes a\u00f1or\u00f3 su tierra y comprendi\u00f3, sin percatarse del todo, que la tristeza anida en ese mar que rodea esa ins\u00f3lita porci\u00f3n de tierra. O de Renata, que entra en llanto irrefrenable y angustioso cuando es interrogada por Ben\u00edtez, y el abogado fungiendo de detective privado por necesidad, se pregunta si la desesperanza es motivo suficiente para un crimen, incluso si sobrepasa la maldad o la ambici\u00f3n, en lo que supone un momento clave para indagar el sentido de la novela.<\/p>\n\n\n\n<p>El Duelo b&nbsp;no es otro que esa pugna que aletea en los gallos. Animales criados para una lucha en la que re\u00f1ir\u00e1n la apuesta, los tragos y el vicio. Animales que se manifiestan como determinantes directos para los primeros duelos. Esos gallos que mataron a Wolfgang, que lo arponearon desde que escuch\u00f3 por primera vez su canto como si fuera la primera ma\u00f1ana del universo, cuando Gorfan comienza a incubarse en \u00e9l, a decretarse, a establecer su conjuro con la isla.<\/p>\n\n\n\n<p>Tambi\u00e9n leer\u00eda en\u00a0<em>La otra isla\u00a0<\/em>esas curiosas paradojas que se dan en el hablar, en lo distante que puede ser una traducci\u00f3n, sobre la raza de los gallos, o la resistencia ind\u00edgena, sobre\u00a0<em>coger<\/em>\u00a0y\u00a0<em>coger<\/em>. Por los momentos, ya se me hace larga esta rese\u00f1a y mi naufragio en un intento de teor\u00eda, y no me queda otra que brindar, como dir\u00eda Bogart en la gran pantalla:\u00a0<em>for old times sake<\/em>, y por Wolfgang Kreutzer,\u00a0<em>prost!<\/em><\/p>\n\n\n\n<p class=\"has-text-align-center\">***<\/p>\n\n\n\n<h3 class=\"wp-block-heading\">Dec\u00e1logo del ensayista investigador-literario<\/h3>\n\n\n\n<p>Hace unos a\u00f1os, cuando Vicente Lecuna a\u00fan fung\u00eda de director de la Escuela de Letras de la UCV, me mand\u00f3 a llamar con car\u00e1cter de urgencia a mi oficina en el Instituto de Investigaciones Literarias.<\/p>\n\n\n\n<p>\u00abMorenza, necesito que dirijas un grupo de apoyo\u00bb, dijo. \u00abLos asistentes no ser\u00edan estudiantes con problemas de drogas, de ira, de alcohol o sexo. Los asistentes tendr\u00edan solo una cosa en com\u00fan: todos tesistas\u00bb. Vicente Lecuna continu\u00f3 sin esperar respuesta: \u00abCargan a cuestas semestres y semestres, a\u00f1os de haber culminado los cr\u00e9ditos, pero a\u00fan no se deciden a hacer la tesis\u00bb.<\/p>\n\n\n\n<p>Le dije que solo dar\u00eda una sesi\u00f3n porque para ese entonces estudiaba para mi concurso de oposici\u00f3n, que es una suerte de prueba marat\u00f3nica en la que debes escribir un art\u00edculo y luego dar una clase, solo que eso que escribir\u00e1s y explicar\u00e1s no lo sabes hasta el momento en el que se sortean los temas, que por lo general son unos diez, vaya rollo acad\u00e9mico que te mantendr\u00e1 metido en libros y libros sobre historiograf\u00eda, teor\u00eda y narrativa por meses.<\/p>\n\n\n\n<p>\u00abEst\u00e1 bien, Vicente, dirigir\u00e9 el grupo de apoyo\u00bb.<\/p>\n\n\n\n<p>Testimonios:<\/p>\n\n\n\n<p>\u00abHola, qu\u00e9 tal, soy Nancy Rojas, tengo siete semestres haciendo la tesis\u00bb.<\/p>\n\n\n\n<p>\u00abHola, buenas tardes, aunque la mayor\u00eda me conoce, mi nombre es Mariana Osorio, y hace dos a\u00f1os y medio, despu\u00e9s de engorrosos tr\u00e1mites burocr\u00e1ticos, me dieron mi carta de culminaci\u00f3n de cr\u00e9ditos. He cambiado de tutor y de tema de tesis unas doce veces\u00bb.<\/p>\n\n\n\n<p>\u00abQu\u00e9 tal, chicos, me llamo Miguel Rivera, y necesito ayuda. No s\u00e9 c\u00f3mo escribir un anteproyecto. Soy poeta y esto de la metodolog\u00eda me da urticaria\u00bb.<\/p>\n\n\n\n<p>\u00abBuenas, buenas, mi nombre es Gustavo Alonso, cuando comenc\u00e9 la carrera quer\u00eda trabajar Shakespeare, ya que en el colegio montamos una obra de este dramaturgo. Luego me di cuenta que es inabarcable. Solo quiero escribir las sesenta p\u00e1ginas que me piden y b\u00f3rralo. Ahora solo he elegido una obra:&nbsp;<em>Macbeth<\/em>. Y de esa obra creo que solo analizar\u00e9 las dos primeras l\u00edneas. Con eso me basta y sobra\u00bb.<\/p>\n\n\n\n<p>Al final de la sesi\u00f3n, y de una buena cantidad de consejos, les entregu\u00e9 una hoja con un dec\u00e1logo. El dec\u00e1logo del ensayista investigador-literario:<\/p>\n\n\n\n<p><strong>I<\/strong><\/p>\n\n\n\n<p>No plagiar\u00e1s. Puedes enga\u00f1ar todas las veces a la mitad de los lectores, o a todos los lectores la mitad de las veces. Nunca, a todos los lectores todas las veces.<\/p>\n\n\n\n<p><strong>II<\/strong><\/p>\n\n\n\n<p>Escribe con una prosa sencilla y profunda. Si esa vecina que se molesta por el volumen de la m\u00fasica cada vez que organizas fiestas es capaz de entender tus argumentos, significa que has llegado a dominar tu tema de investigaci\u00f3n.<\/p>\n\n\n\n<p><strong>III<\/strong><\/p>\n\n\n\n<p>La investigaci\u00f3n en la literatura se lleva en el coraz\u00f3n para desvelarte noches y noches por ella, no en los labios para presumir en Facebook de los congresos a los que has asistido como ponente o de los art\u00edculos que has publicado en revistas arbitradas, adem\u00e1s de esas alucinantes asociaciones de literatura comparada con las que, entre una y otra cerveza, impresionas a tus amigos.<\/p>\n\n\n\n<p><strong>IV<\/strong><\/p>\n\n\n\n<p>Antes de elegir un objeto de estudio hazte la siguiente pregunta: \u00bfestar\u00e9 dispuesto a pasar al menos seis meses en esta investigaci\u00f3n, como bien lo dice Umberto Eco en \u00bf<em>C\u00f3mo hacer una tesis<\/em>? Si la respuesta es negativa, no lo hagas, simplemente olv\u00eddala y ded\u00edcate a otra cosa. Si es afirmativa, adelante, si\u00e9ntate a tu mesa, enciende tu m\u00e1quina, abre un nuevo documento Word y empieza a escribir as\u00ed sean garabatos y frases inconexas. Si nada llega a tu mente, entretente con Buscaminas. A veces encontrar las palabras es como este videojueguito: hay unas que funcionan y otras dinamitan el texto.<\/p>\n\n\n\n<figure class=\"wp-block-image\"><img decoding=\"async\" src=\"https:\/\/www.thewynwoodtimes.ninasmarketplace.com\/wp-content\/uploads\/2019\/05\/toa-heftiba-775903-unsplash.jpg\" alt=\"\" title=\"\"\/><\/figure>\n\n\n\n<p><strong>V<\/strong><\/p>\n\n\n\n<p>El autor o los autores que has elegido estudiar son tus dioses. A ellos debes honor y reverencia. Tu tesis, por lo tanto, debe estar bien escrita, un error equivaldr\u00eda a un sacrilegio, una referencia inexacta, a una variante del pecado. Hazte de un diccionario de conectores, de otro de sin\u00f3nimos y ant\u00f3nimos, no te permitas m\u00e1s de dos adverbios terminados en&nbsp;<em>mente<\/em>&nbsp;en menos de trescientas palabras. Recuerda que, en el futuro, tu trabajo ser\u00e1 parte de los antecedentes de investigaci\u00f3n de un entusiasta del porvenir.<\/p>\n\n\n\n<p><strong>VI<\/strong><\/p>\n\n\n\n<p>Tener siempre presente las palabras del cr\u00edtico y narrador venezolano Carlos Sandoval: \u00abEn literatura cualquier tema es susceptible de estudio\u00bb. No debes temer en lo absoluto desarrollar ese objetivo que tienes en mente por muy alocado que aparente ser.<\/p>\n\n\n\n<p><strong>VII<\/strong><\/p>\n\n\n\n<p>No es una recomendaci\u00f3n, es un deber irrevocable, que antes de emprender la escritura de una tesis realices la lectura de al menos el 98.5% de la obra del autor a estudiar, as\u00ed solo analicemos una de sus obras. Transcribe sus citas, todas aquellas que creas te sirvan, aunque apenas usemos una peque\u00f1a parte. Quiz\u00e1 en el futuro te sirvan para que las cites en Twitter y la gente crea que est\u00e1s leyendo de nuevo su obra o que est\u00e1s dotado de una memoria superior, pero no, tienes desde hace a\u00f1os tu cat\u00e1logo secreto de frases tuiteables.<\/p>\n\n\n\n<p><strong>VIII<\/strong><\/p>\n\n\n\n<p>Ten fe en tu labor de investigaci\u00f3n literaria. Aunque a veces es saludable, como dir\u00eda Augusto Monterroso, dudar en lo que crees y creer en lo que dudas. Toda investigaci\u00f3n nace, de hecho, de una duda, de un vac\u00edo, de alguna oscuridad que nos perturba.<\/p>\n\n\n\n<p><strong>IX<\/strong><\/p>\n\n\n\n<p>En tus manos no tienes la verdad, pero s\u00ed tienes la posibilidad de alcanzar una de las mil verdades que pueden surgir de una investigaci\u00f3n. Mi poca experiencia en los estudios literarios ha sido suficiente para saber que nadie en literatura es portador de la \u00faltima palabra. Pocas o ninguna pudieran jactarse como lecturas definitivas. Las \u00e9pocas y los hombres cambian sus ideas, rejuvenecen cada tanto tiempo su percepci\u00f3n del mundo, pues este tambi\u00e9n es un ente inconstante. Siempre he tomado esta frase de un cient\u00edfico alem\u00e1n como mi \u00fanica verdad: \u00abLa \u00fanica ley en el universo que no cambia es aquella que dice que todo cambia\u00bb.<\/p>\n\n\n\n<p><strong>X<\/strong><\/p>\n\n\n\n<p>Hay dos formas de aprender: con lo que te emociona o conmociona. Para ense\u00f1ar son las mismas. Nuestro ensayo, nuestro trabajo de investigaci\u00f3n, de alguna manera para transmitir lo que hemos descubierto, debe emocionar, conmover a sus lectores, seguramente futuros ensayistas si no es que ya lo son. Nuestro trabajo es de creaci\u00f3n, hasta podemos decir que es poes\u00eda, una extra\u00f1a poes\u00eda en prosa con citas apa. Pero acaso, \u00bfla poes\u00eda y la f\u00edsica no tienen un mismo objetivo general en com\u00fan? Descubrir los misterios del universo.<\/p>\n\n\n\n<h4 class=\"wp-block-heading has-text-align-right\"><a rel=\"noreferrer noopener\" href=\"https:\/\/eldienteroto.org\/wp49\/mario-morenza\/\" target=\"_blank\">Sobre el autor<\/a><\/h4>\n\n\n\n<h6 class=\"wp-block-heading\">*Pubicados en: https:\/\/thewynwoodtimes.com. Foto: https:\/\/letralia.com.<\/h6>\n","protected":false},"excerpt":{"rendered":"<p>La palabra y sus dones La naturaleza ha sido ingrata. Ha localizado hegem\u00f3nicamente el don de la palabra en los seres humanos, haci\u00e9ndonos sus usuarios exclusivos. Quiz\u00e1 eso sea lo que nos haga humanos y nos haga seres y nos distancie de nuestros vecinos terrestres o acu\u00e1ticos o a\u00e9reos. 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