{"id":17131,"date":"2025-08-20T10:32:24","date_gmt":"2025-08-20T15:02:24","guid":{"rendered":"https:\/\/eldienteroto.org\/wp49\/?p=17131"},"modified":"2025-08-20T10:32:24","modified_gmt":"2025-08-20T15:02:24","slug":"dos-cronicas-de-mario-briceno-iragorry","status":"publish","type":"post","link":"https:\/\/eldienteroto.org\/wp49\/dos-cronicas-de-mario-briceno-iragorry\/","title":{"rendered":"Dos cr\u00f3nicas de Mario Brice\u00f1o Iragorry"},"content":{"rendered":"\n<p>EL MERCADO DE SAN JACINTO<\/p>\n\n\n\n<p>El viejo edificio del Mercado Principal, que acaba de ser entregado a la picota demoledora del progreso, arrastra consigo casi siglo y medio de alegre historia caraque\u00f1a, y tras de \u00e9sta, la historia civil y religiosa enraizada en el viejo convento de San Jacinto y en la Plaza de El Venezolano. Personalmente, modestos recuerdos m\u00edos se van tambi\u00e9n con el polvo de los muros destruidos. \u00a1Cu\u00e1ntas veces, a la salida del teatro o del caf\u00e9, detuve en la alta noche mis posos frente a la Plazuela de \u201cEl Venezolano\u201d, para gozar la embriaguez del ambiente, saturado de la penetrante esencia de los claveles, los lirios y las azucenas de Galip\u00e1n, mientras consum\u00eda la confortante \u201c tostada\u201d nocharniega.<\/p>\n\n\n\n<p>Hasta hace pocos a\u00f1os, el Mercado fue lugar de cita meridiana para muchos caraque\u00f1os. En la memoria de la gente perdura la bien abastecida fruter\u00eda de Antonio Natera, primera en utilizar refrigeraci\u00f3n el\u00e9ctrica, y donde era seguro topar diariamente con don Gustavo Sanabria, don Manuel Segundo S\u00e1nchez, Pedro-Emilio Coll, Santos Jurado, Luis Alberto Sucre, Lope Tejera, \u00e9l Dr. Jos\u00e9 Rafael P\u00e9rez, Julio Calca\u00f1o Herrera, Luis Correa, Juan Ignacio Aranguren, don Mariano Fern\u00e1ndez Hurtado y tantos otros amigos que ya traspasaron la misteriosa puerta del eterno silencio, y que all\u00ed acud\u00edan con su buen esp\u00edritu, por jugo de naranja, badea o tamarindo, o por el ventrudo aguacate guarenero, de la t\u00edpica dieta caraque\u00f1a. Francisco de Paula P\u00e1ez, en sabroso apunte, recientemente publicado, evoca la plaza de \u201c El Venezolano\u201d, \u201csombreada de \u00e1rboles que refrescaban el aire\u201d, a donde se iba \u00abpara comprar la pulida vera, o el duro araguaney, el negro guayabo o el flexible chaparro porte\u00f1o\u00bb, y donde se gozaba el dulce \u00abcanto de los p\u00e1jaros atrapados en el golpe escondido en los zarzales\u00bb.<\/p>\n\n\n\n<p>Aunque apenas date de 1896 el edificio que hoy se echa abajo, la plazoleta de San Jacinto empez\u00f3 a servir para menesteres de mercado desde junio de 1809 .cuando los Padres del Convento de San Jancito fueron intempestivamente sorprendidos una ma\u00f1ana de junio con la presencia de casillas para la venta, all\u00ed colocadas por autorizaci\u00f3n del Ayuntamiento. Se quejaron los frailes al Cabildo y en su escrito hablaron, en t\u00e9rminos de espanto, de que en dichas casillas o puestos se comet\u00edan \u201c robos, embriagueces, cavilaciones de ociosos, y lo que es m\u00e1s detestable a los ojos del mismo mundo, tratos y contratos de impureza y libertinaje\u201d . La autorizaci\u00f3n del Municipio para este uso anatematizado por los Padres dominicos, provino de la necesidad de dar nuevo sitio a los regatones, que ya no cab\u00edan en la Plaza Mayor, donde desde antiguo se hac\u00eda el mercado, y la cual el Gobernador Felipe Ricardos en 1755 hab\u00eda acondicionado con portales o canastillas para el fijo comercio. (En el Museo Bolivariano se conservan las l\u00e1pidas que historiaban la vistosa arquer\u00eda que este Gobernador hizo construir en la Plaza, y la cual fue destruida a mediados del Siglo XIX).<\/p>\n\n\n\n<p>No previeron los hijos de Santo Domingo que aquella invasi\u00f3n de verduleros era s\u00f3lo el anuncio de cosas mayores que pasar\u00edan al religioso recinto, puesto que en 1828 el Convento, despoblado ya de frailes, fue destinado a sede del Ayuntamiento y C\u00e1rcel P\u00fablica. Se pens\u00f3, tambi\u00e9n, consagrar a Bol\u00edvar su plaza, a\u00fan vivo el Padre de la Patria.En una de sus celdas guard\u00f3 capilla Antonio Leocadio Guzm\u00e1n, cuando se le conden\u00f3 a muerte por los sucesos de 1846. Indultado luego, y sucedido posteriormente el triunfo de su hijo Antonio, se le consagr\u00f3 estatua en la propia plaza, en 1882, estando a\u00fan en todo su pellejo el pr\u00f3cer del liberalismo. Por 1865 se destin\u00f3 el Convento para Mercado, y el viejo templo, se desmantel\u00f3. Algunas de sus im\u00e1genes fueron trasladadas a la Iglesia de Altagracia. El plano del edificio que hoy est\u00e1 en demolici\u00f3n es obra del arquitecto Juan Hurtado Manrique. <\/p>\n\n\n\n<p>Todo se lo llevar\u00e1n las grandes gandolas que transportar\u00e1n el material de los escombros. La fragancia de las flores, el canto de los p\u00e1jaros, la miel de las frutas deleitosas, el misterioso encanto de \u201cEl Reino Vegetal\u201d , donde parece que se ocultase a\u00fan el esp\u00edritu travieso de Telmo Romero. Se va el recuerdo de una \u00e9poca, en que los hombres buscaban la vera y el \u201cpellejo de indio\u201d , para reforzar los medios naturales de defensa del honor. (Hoy pareciera que las actitudes varoniles sirviesen de ofensa a la resignaci\u00f3n de muchos hombres). Se va, con los terrones del espacioso edificio de Hurtado Manrique, un recio pedazo de historia caraque\u00f1a, nada menos que la callada historia de la reconfortante cocina que, abundosa o parva, define la curva del bienestar y del dolor social. \u00a1Si all\u00ed se pueden hasta conjurar revoluciones! <\/p>\n\n\n\n<p>Ma\u00f1ana, lo que fue convento y templo, plaza arbolada y mercado abundante y bullicioso, ser\u00e1 s\u00f3lo un pedazo de arrasada tierra. Pero en \u00e9l perdurar\u00e1n dos monumentos que podr\u00edan servir de tema para un sustancioso tratado de sociolog\u00eda moral. En pie quedar\u00e1n el reloj de piedra que gradu\u00f3 el Bar\u00f3n de Humboldt: y la estatua de Antonio Leocadio Guzm\u00e1n. La piedra sobre la cual discurren imperturbables las horas, los d\u00edas, los a\u00f1os y los siglos. El bronce que mantiene, en figura humana, la lecci\u00f3n contradictoria de nuestros anales p\u00fablicos. Monumento \u00e9ste a cuya sombra el estudiante de filosof\u00eda pol\u00edtica puede obtener las m\u00e1s curiosas respuestas para sus sorpresivas preguntas. Sobre todo ah\u00ed aprende la exacta verdad de lo transitorio de los juicios alzados sobre las pasiones del momento: donde los godos hicieron regustar a Antonio Leocadio Guzm\u00e1n la amarga saliva de la inminente agon\u00eda, los liberales vencedores lo llevaron a la perennidad gloriosa del heroico metal. No hay, es cierto, juicio uniforme sobre el gran pol\u00edtico, con cuya estupenda biograf\u00eda nos acaba de regalar el Maestro D\u00edaz S\u00e1nchez. Pero, en cambio, su vida sirve para ense\u00f1ar a todos el vano camino de las venganzas de la pol\u00edtica; mientras la propia gloria que le pregonaron sus amigos, bien puede tomarse como ejemplo vivo del poco precio de las consagraciones oficiales. <\/p>\n\n\n\n<p class=\"has-text-align-center\">***<\/p>\n\n\n\n<p>LA CEIBA DE SAN FRANCISCO<\/p>\n\n\n\n<p>En el orden de la caraque\u00f1idad, la Ceiba de San Francisco ha adquirido un profundo sentido familiar. Si no fuera porque los bot\u00e1nicos lo negaran y porque hay fotograf\u00edas del sitio donde no se la mira a\u00fan y donde aparece, despu\u00e9s, espingando de tama\u00f1o, podr\u00eda decirse que la Ceiba naci\u00f3 con Caracas. Tan arraigada est\u00e1 en el esp\u00edritu de los caraque\u00f1os, que parece imposible que hubieran existido conciudanos que no disfrutasen del sombraje ben\u00e9volo de sus altas ramas.<\/p>\n\n\n\n<p>La Ceiba es realmente joven. A pesar de su severidad arb\u00f3rea, corresponde al rococ\u00f3 guzmancista. Desde entonces ha sido testigo de muchos sucesos ocurridos en sus alrededores. Estrat\u00e9gicamente est\u00e1 ubicada frente a uno de los templos m\u00e1s queridos de la tradici\u00f3n caraque\u00f1a, al lado de la antigua Universidad Central, en fronter\u00eda con las C\u00e1maras Legislativas, vecina del Cuartel de Polic\u00eda, no lejos de los Bancos de Comercio. Ayer le qued\u00f3 cerca el famoso Hotel Saint Amand, y cuando empezaba a crecer, le colocaron a la par la estatua de Guzm\u00e1n Blanco en trance de Saludante. M\u00e1s resistente que la piedra y que el bronce del monumento del Caudillo, vio rodar a \u00e9ste, cuando la furia popular veng\u00f3 en las imp\u00e1vidas estatuas la soberbia del gobernante. Siempre, lo mismo ayer que hoy, la han alegrado los tertulianos de los caf\u00e9s circunvecinos y los festivos corredores que tomaron su sombra por abrigo para sus r\u00e1pidas operaciones burs\u00e1tiles. Tiempo hubo en que los profesores de la vieja y respetada Universidad, tocados de cubilete y metidos en sus severos levitones, se detuvieron bajo su fronda familiar para comentar el \u00faltimo caso del d\u00eda.<\/p>\n\n\n\n<p>Poetas y prosistas la han hecho motivo de bellos versos y de sabrosas cr\u00f3nicas. Santiago Key-Ayala ha llegado a m\u00e1s. La dio personalidad humana y ha dialogado con ella. \u00a1Qu\u00e9 de cosas sabe la Ceiba! \u00a1C\u00f3mo se iluminar\u00edan muchas p\u00e1ginas de nuestra Historia contempor\u00e1nea si el Maestro Key-Ayala repitiese todo lo que le ha dicho la Ceiba! Aunque no sea posible llevar \u00edntegramente a las letras de molde las memorias de la Ceiba, el pueblo intuye lo que se sabe el viejo \u00e1rbol, y lo ha incluido, por ello, entre sus m\u00e1s preciados valores tradicionales.<\/p>\n\n\n\n<p>En la historia de Caracas \u00e1rboles y arbustos han llegado a tener funci\u00f3n que toca con la zona misma de la creaci\u00f3n. Hay quienes recuerdan a\u00fan el famoso limonero del Se\u00f1or, en cuyas ramas salientes a la calle el Nazareno de San Pablo enred\u00f3 la cruz dolorosa y dej\u00f3 poder curativo a los limones. El limonero fue cortado de ra\u00edz, en aras del progreso de cemento.<\/p>\n\n\n\n<p>\u00a1Malhaya el golpe cortara<br>el limonero del Se\u00f1or!<br>\u00a1Malhaya el sino de esa mano<br>que desgaj\u00f3 la tradici\u00f3n!<\/p>\n\n\n\n<p>canta el egregio poeta Andr\u00e9s Eloy Blanco en desagravio de la historia que qued\u00f3 m\u00fatila, cuando de la esquina de Miracielos fue arrancado el limonero del Se\u00f1or. Y si ayer nom\u00e1s arrasaron con los verdes limones del permanente milagro nazareno, por qu\u00e9 asombrarnos de que sigan destruyendo los sitios donde se enredan tradiciones que no alcanzan la dimensi\u00f3n del limonero del Se\u00f1or?\u2026. Muchos que se tienen por finos coleccionista, holgar\u00e1n ma\u00f1ana al ense\u00f1ar a sus visitantes ladrillos que fueron del Colegio Chaves, herrajes de la casa de Llaguno, puertas del Palacio Espiscopal, l\u00e1pidas de los Hijos de Dios, y, (el Se\u00f1or me cure de los malos pensamientos), tal vez algunos acaricien la idea de guardar en sus fastosos palacetes algunos recuerdos del peligrante templo de San Francisco.<\/p>\n\n\n\n<p>A la vera del Catuche dura a\u00fan el hermoso Sam\u00e1n, bajo cuya apacible fronda so\u00f1\u00f3 Andr\u00e9s Bello y cuya vida antigua salv\u00f3 el Padre Avila. \u201cArbol religioso\u201d lo llama Enrique Bernardo N\u00fa\u00f1ez, porque el hombre que lo plant\u00f3 edific\u00f3 el templo de la Trinidad. Se dec\u00eda Juan Domingo de la Trinidad Infante. La estaca la trajo de los valles de Aragua. Era un gajo del venerable Sam\u00e1n de G\u00fcere, donde acamparon Guaicaipuro. Guevera Vasconzelos y Bol\u00edvar. Tan ilustre prosapia cant\u00f3la el Maestro inmortal en pulcro verso.<\/p>\n\n\n\n<p>Contempl\u00f3 tu padre un d\u00eda<br>las envidiables escenas:<br>violas en luto tomadas<br>tintas en sangre las vegas.<br>Desde entonces solitario<br>en sitio apartado reina,<br>de la laguna distante<br>que ba\u00f1a el pie de Valencia.<\/p>\n\n\n\n<p>En el patio de la casa de Bol\u00edvar duran unos granados, tenidos por sucesores de los viejos granados que pusieron sus flores de fuego en la infancia del genio. \u201cCarmen de Andaluc\u00eda, es el jard\u00edn de los granados, donde las amigas de confianza suelen tomar el fresco, mientras los ni\u00f1os corretean entre los rosales persiguiendo las mariposas\u201d , dice Carlos Borges en su cl\u00e1sico discurso.<\/p>\n\n\n\n<p>La vida, pues de estas verdes criaturas se mira por milagro. Donde todo se arruina y se destruye todo a los vientos de la moda, extra\u00f1a que a\u00fan duren Ceiba, Granados y Sam\u00e1n. La Ceiba, sobre todo, ya que el hecho de estar en sitio de nutrido tr\u00e1nsito pudo invitar a su derrumbe.<\/p>\n\n\n\n<p>Pero con la Ceiba pasa lo contrario. El pueblo la siente por suya. Con el reciente verano pareci\u00f3 que la Ceiba hubiera entrado en agon\u00eda definitiva. Desnudo totalmente de hojas su ramaje, se la mir\u00f3 como tema para abundadosa madera. (Claro que no debieron faltar quienes midieran la ventaja de aserrarla). General fue, en cambio, la angustia por la posible muerte del \u00e1rbol. Los escritores y los reporteros la tomaron por centro de inter\u00e9s para escritos. Se habl\u00f3 de los honores que era preciso rendir al difunto ilustre. Yo tuve, por lo contrario, fe en la Ceiba, como tengo fe en la Rep\u00fablica. \u00c1rbol de aguante, al igual de la Patria, esper\u00e9 que reverdeciera. <\/p>\n\n\n\n<p>Y una ma\u00f1ana los vecinos de la Ceiba tuvimos la consoladora visi\u00f3n de los pimpollos. Hubo alegr\u00eda, como en la casa de Betania al retorno de L\u00e1zaro resurrecto. La Ceiba seguir\u00eda iluminando el mundo \u00e1spero del cemento caraque\u00f1o. La Ceiba proseguir\u00eda su callada y prudente existencia, pese a la amenaza circundante. La Ceiba podr\u00eda seguir dialogando con los caraque\u00f1os en su misteriosa lengua vegetal.<\/p>\n\n\n\n<p>Se dice que la vieja Caracas est\u00e1 en trance de parto. De sus entra\u00f1as estrujadas est\u00e1 saliendo, en verdad, la nueva Caracas. Pero la maternidad, apenas entre los alacranes implica la necesaria muerte de la madre. La vieja Caracas tiene derecho de sobrevivir al lado de la Caracas nueva. El Londres moderno jam\u00e1s atent\u00f3 contra el viejo Londres. El Par\u00eds que todos los d\u00edas agrega un nuevo milagro a la fiesta de su vida, no se ha desde\u00f1ado de los viejos rincones donde se enreda lo mejor de su historia. Nueva York retiene todo lo que puede de sus viejos tiempos. En el bullicio de la Quinta Avenida, hay un triste cementerio donde los muertos antiguos prosiguen su sue\u00f1o pac\u00edfico. Justificar la destrucci\u00f3n de la vieja ciudad en raz\u00f3n de que no fabricaron de ricas piedras sus viviendas nuestros antecesores, es tanto como aceptar la monstruosa moral que autorizase a los hijos de padres humildes y pobres a colgar los progenitores, apenas se hagan ellos una fortuna o un prestigio. Mientras m\u00e1s pobre la vieja Caracas, mejor lucen el impulso y las ideas progresistas de los afortunados hijos que pueden edificar con esplendor la ciudad nueva. Mientras m\u00e1s humildes nuestros padres, mayor la bondad de nuestros \u00e9xitos.<\/p>\n\n\n\n<p>Pareciera, en realidad, que hubiese un deseo de destruir todo lo que dura de la vieja ciudad de Bol\u00edvar, de Bello, de Toro, de Juan Vicente Gonz\u00e1lez, de P\u00e9rez Bonalde, de D\u00edaz Rodr\u00edguez, de Pedro-Emilio Coll. Se necesita, para muchos, una ciudad nueva, que no recuerde nuestro pasado. Una ciudad a-hist\u00f3rica y abstraccionista. Una masa de arquitectura nueva, que nada represente, que nada exprese. A muchos, seguramente, ha debido aburrir el viejo alero y los portones que evocaban el pasado de la ciudad. Es preferible, cuando se trata de la fuga de la responsabilidad, no hallar cosa que nos obligue a volver sobre nosotros mismos, sobre nuestro pasado y sobre la memoria de los hombres que hicieron la Rep\u00fablica. Ese recuerdo es como la voz de Dios en la conciencia de Ca\u00edn. Verde la voz de Dios en los comienzos del mundo, para Caracas se expresa en la fronda de la Ceiba de San Francisco. En nuestra her\u00e1ldica caraque\u00f1a tiene ella funci\u00f3n vigilante. Se la debiera poner en un nuevo escudo, compartiendo el campo de la herradura con el viejo le\u00f3n que sostiene la concha santiaguina. Cuando alg\u00fan d\u00eda ya no resucite de los crueles veranos, habr\u00e1 que tallarla en granito del \u00c1vila, para que subsista como s\u00edmbolo de una tradici\u00f3n que habr\u00e1 de salvarse de los huracanes que impulsen zoilos y traidores\u2026<\/p>\n\n\n\n<h4 class=\"wp-block-heading has-text-align-right\"><a href=\"https:\/\/eldienteroto.org\/wp49\/mario-briceno-iragorry\/\" target=\"_blank\" rel=\"noreferrer noopener\">Sobre el autor<\/a><\/h4>\n","protected":false},"excerpt":{"rendered":"<p>EL MERCADO DE SAN JACINTO El viejo edificio del Mercado Principal, que acaba de ser entregado a la picota demoledora del progreso, arrastra consigo casi siglo y medio de alegre historia caraque\u00f1a, y tras de \u00e9sta, la historia civil y religiosa enraizada en el viejo convento de San Jacinto y en la Plaza de El [&hellip;]<\/p>\n","protected":false},"author":6,"featured_media":17132,"comment_status":"open","ping_status":"","sticky":false,"template":"","format":"standard","meta":{"_monsterinsights_skip_tracking":false,"_monsterinsights_sitenote_active":false,"_monsterinsights_sitenote_note":"","_monsterinsights_sitenote_category":0,"footnotes":""},"categories":[18],"tags":[],"_links":{"self":[{"href":"https:\/\/eldienteroto.org\/wp49\/wp-json\/wp\/v2\/posts\/17131"}],"collection":[{"href":"https:\/\/eldienteroto.org\/wp49\/wp-json\/wp\/v2\/posts"}],"about":[{"href":"https:\/\/eldienteroto.org\/wp49\/wp-json\/wp\/v2\/types\/post"}],"author":[{"embeddable":true,"href":"https:\/\/eldienteroto.org\/wp49\/wp-json\/wp\/v2\/users\/6"}],"replies":[{"embeddable":true,"href":"https:\/\/eldienteroto.org\/wp49\/wp-json\/wp\/v2\/comments?post=17131"}],"version-history":[{"count":1,"href":"https:\/\/eldienteroto.org\/wp49\/wp-json\/wp\/v2\/posts\/17131\/revisions"}],"predecessor-version":[{"id":17133,"href":"https:\/\/eldienteroto.org\/wp49\/wp-json\/wp\/v2\/posts\/17131\/revisions\/17133"}],"wp:featuredmedia":[{"embeddable":true,"href":"https:\/\/eldienteroto.org\/wp49\/wp-json\/wp\/v2\/media\/17132"}],"wp:attachment":[{"href":"https:\/\/eldienteroto.org\/wp49\/wp-json\/wp\/v2\/media?parent=17131"}],"wp:term":[{"taxonomy":"category","embeddable":true,"href":"https:\/\/eldienteroto.org\/wp49\/wp-json\/wp\/v2\/categories?post=17131"},{"taxonomy":"post_tag","embeddable":true,"href":"https:\/\/eldienteroto.org\/wp49\/wp-json\/wp\/v2\/tags?post=17131"}],"curies":[{"name":"wp","href":"https:\/\/api.w.org\/{rel}","templated":true}]}}