{"id":17112,"date":"2025-08-19T17:11:32","date_gmt":"2025-08-19T21:41:32","guid":{"rendered":"https:\/\/eldienteroto.org\/wp49\/?p=17112"},"modified":"2025-08-19T17:11:32","modified_gmt":"2025-08-19T21:41:32","slug":"la-genealogia-torcida","status":"publish","type":"post","link":"https:\/\/eldienteroto.org\/wp49\/la-genealogia-torcida\/","title":{"rendered":"La genealog\u00eda torcida"},"content":{"rendered":"\n<h4 class=\"wp-block-heading has-text-align-right\">Cristina Guti\u00e9rrez Leal<\/h4>\n\n\n\n<p><em>En toda genealog\u00eda<br>hubo un diluvio.<br><\/em>Cristina Peri Rossi<\/p>\n\n\n\n<p><strong>I.-<\/strong><\/p>\n\n\n\n<p>En la obra po\u00e9tica de la escritora venezolana de origen jud\u00edo Jacqueline Goldberg (1964), el tema de la genealog\u00eda se disemina en una constante reflexi\u00f3n. A lo largo del recorrido por sus poemarios es posible encontrarnos con escenas donde la herencia, como noci\u00f3n vinculada a lo geneal\u00f3gico, se enuncia con m\u00e1s fuerza y otras donde apenas se asoma. Los libros publicados por la poeta despliegan una serie de procedimientos est\u00e9ticos muy diferentes entre s\u00ed, lo cual proporciona cierta complejidad discursiva que da noticias de una b\u00fasqueda por formas de nombrar lo real y la memoria. A sabiendas de la constante aparici\u00f3n del tema geneal\u00f3gico y la diversidad de recursos po\u00e9ticos utilizados en su obra, me pregunto, \u00bfcu\u00e1les especificidades pueden ser le\u00eddas a lo largo de su producci\u00f3n po\u00e9tica en relaci\u00f3n con el tema que me interesa? \u00bfcu\u00e1les llaves de lecturas nos permitir\u00eda pensar tales especificidades? A continuaci\u00f3n, esbozo algunas ideas que, espero, sirvan para responder, aunque provisoriamente, a estas interrogantes.<\/p>\n\n\n\n<p>Desde su primer poemario, Treinta soles desaparecidos (1986\/2007), es posible rastrear la presencia de la herencia como leit motiv. Asumiendo la brevedad que ha identificado la mayor parte de la po\u00e9tica de Goldberg, este libro nos muestra una colecci\u00f3n de versos herm\u00e9ticos, con la intromisi\u00f3n de ciertos elementos simb\u00f3licos que hacen de su lectura una empresa dif\u00edcil de acometer. A diferencia de sus siguientes propuestas est\u00e9ticas, no hay un yo po\u00e9tico que pone de manifiesto, expl\u00edcitamente, la necesidad de indagar su genealog\u00eda, pero s\u00ed una necesidad de remontar su historia: \u201cqueda manifestar\/ aquel sue\u00f1o\/ de v\u00edrgenes sentadas\/ en el costado de la espiga\/ \u2014\u00bfmi origen?\u2014\u201d (2007: 399).<\/p>\n\n\n\n<p>Esta primera menci\u00f3n de \u201caquel sue\u00f1o\u201d revela la inquietud de la voz po\u00e9tica por lo que de su origen necesita identificar y comprender. Estos versos fundacionales manifiestan una clara voluntad \u2014\u201cqueda manifestar\/ aquel sue\u00f1o\u201d\u2014: la voluntad que tiene la poes\u00eda de Goldberg de transitar y tantear las formas de explorar el pasado: \u201c\u00bfmi origen?\u201d. Preguntarse por el origen a trav\u00e9s de la poes\u00eda es abrir la ocasi\u00f3n de asirse a nuevas posibilidades de nombrar esos primeros momentos desde la sospecha. Gina Saraceni en Escribir hacia atr\u00e1s. Herencia, lengua y memoria (2008) reflexiona, entre otras cosas, acerca del origen, consider\u00e1ndolo no como punto de partida irresoluto sino como un ente \u201cabierto y en-el-tiempo (\u2026) que se articula a partir de fallas, \u00b4puntos de ausencia\u00b4, errores, hundimientos, desviaciones, accidentes, que borran toda posibilidad de una verdad del origen y de la herencia o de pensar el origen y la herencia como verdades solemnes\u201d (2008: 17). En sinton\u00eda con esta premisa de Saraceni, es oportuna la conexi\u00f3n con otro de los atisbos presentes en este primer poemario de Goldberg que precisamente hace referencia al origen como algo por descubrir: \u201cDel origen\/ al centro\/ treinta columnas \/treinta soles desaparecidos\u201d (2007: 395). Estos versos que abren la pregunta sobre el pasado familiar se\u00f1alan la imposibilidad de un trayecto seguro de la memoria. El regreso no puede hacerse con las sendas descubiertas sino a hurtadillas, pues el camino, sus fronteras y territorios no son m\u00e1s que recuerdos huidizos.<\/p>\n\n\n\n<p>Tal como se observa en los p\u00e1rrafos anteriores, la pregunta por el origen ha sido relacionada con la duda. Michel Foucault, por ejemplo, en Nietzsche, la genealog\u00eda, la historia (1971), cuestiona el hecho de considerar el origen como dispositivo que contiene la esencia de la genealog\u00eda. Seg\u00fan su perspectiva, la comprensi\u00f3n de los procesos hereditarios no se podr\u00eda clarificar mediante la b\u00fasqueda del origen, pues el origen mismo constituye un problema en tanto es lugar de desencuentros y tensiones: \u201cLo que se encuentra al comienzo hist\u00f3rico de las cosas, no es la identidad a\u00fan preservada de su origen, es la discordia de las otras cosas, es el disparate\u201d (Foucault, 1971: 2). El origen es entonces un territorio donde el sujeto est\u00e1 a la intemperie, por tanto, buscar en \u00e9l las posibles configuraciones iniciales del legado es tambi\u00e9n aproximarse a un campo de interpretaci\u00f3n donde los sentidos se descolocan y se tornan inciertos.<\/p>\n\n\n\n<p>En los pr\u00f3ximos poemarios de Goldberg el tema reaparece con registros breves y comprimidos. Tal es el caso de De un mismo centro (1986\/2007), en el que la vuelta a la memoria se manifiesta como en una leve senda a ser transitada: \u201cDesenredo t\u00faneles\/ vuelvo\/ a la edad temprana\u201d (2007: 379). La escritura de la memoria es clave para entender los procesos legatarios en la poes\u00eda de Goldberg, pues hay una intermitente vuelta al pasado, una voz po\u00e9tica que retorna, que recorre la vida hacia atr\u00e1s. El regreso a la \u201cedad temprana\u201d se presenta como una encrucijada, un destino cuyo camino se recorre trav\u00e9s de t\u00faneles, que revelan el car\u00e1cter oscuro del origen y las ra\u00edces. As\u00ed pues, la memoria es una \u201cexperiencia actual de aquello que no est\u00e1\u201d (Saraceni, 2008: 14), renovada a trav\u00e9s de la escritura que actualiza los recuerdos y los trae de vuelta a la existencia. En el caso de Goldberg esta experiencia responde a una zona de su poes\u00eda en la que \u201ccrujen\/ nudos hechos al azar\u201d (Goldberg, 2007: 379), un espacio donde recordar es un canto a la errancia. La palabra po\u00e9tica representa un espacio que abriga la dimensi\u00f3n opaca del origen. Mediante la escritura se pueden nombrar los quiebres y soportar el peso de una identidad que se articula a partir de incertidumbres, nudos, inconformidades.<\/p>\n\n\n\n<p>En <em>En todos los lugares<\/em>, bajo todos los signos (1987\/2007), el origen se hace presente como una queja, un reclamo: \u201cMerecemos otro origen\/ \u2014la palabra quiz\u00e1s\u2014 cuesta mucho\/ saberse hierro\/ m\u00e1quina forjada\/en una madrugada de ceniza\u201d (2007: 373). La voz po\u00e9tica enuncia el hartazgo, habla con un dejo de amargura y dolor. Es un yo dicho en plural que pudiese interpretarse como voz colectiva, como la voz de una naci\u00f3n \u00bfes el pueblo jud\u00edo el que merece otro origen? La certeza de que pesa \u201csaberse hierro\/ m\u00e1quina forjada\u201d hace alusi\u00f3n a una estirpe que sobrevive pero que ha devenido hierro, m\u00e1quina; un ente que, por estar forjado desde la dureza y el mal, desde el aniquilamiento y el despojo de sus derechos, ha tenido que lidiar con una identidad problem\u00e1tica y pesada. Pretender merecer la palabra como origen es acercarse contundentemente a la b\u00fasqueda de algo que pueda reescribir el relato de su genealog\u00eda. A trav\u00e9s de la duda que introduce el \u201cquiz\u00e1s\u201d se percibe la necesidad de revisitar el relato identitario, buscando otras formas de experimentarlo desde su deconstrucci\u00f3n, padecerlo de otro modo, de ese otro modo que la poes\u00eda propicia al mostrar la cicatriz, hacerla palabra.<\/p>\n\n\n\n<p><strong>2.- A Luba Kapuschewski, mi abuela, por lo que soy<\/strong><\/p>\n\n\n\n<p><em>No soy hija de la guerra, suspiro\u2026<br>Soy nieta.<\/em><br>Hanny Ossott<\/p>\n\n\n\n<p>Quiz\u00e1s sea Luba (1988) el poemario de Jacqueline Goldberg que trata con m\u00e1s contundencia el tema de la herencia, la pertenencia y el origen. Escrito con la misma brevedad que caracteriza a su obra, se construye adem\u00e1s en t\u00e9rminos narrativos, pues el lector se encuentra frente a un texto po\u00e9tico a trav\u00e9s del cual conoce el personaje de Luba, una abuela jud\u00eda. El constante autoconocimiento se configura sobre la base de la de la memoria acerca de esa abuela, como si, tal como dice la dedicatoria del libro \u2014que pudiera leerse como un gui\u00f1o al lector para entender la po\u00e9tica de ese poemario\u2014, la poeta es gracias a lo que recibe de ella.<\/p>\n\n\n\n<p>A partir del primer poema se puede entender el proceso legatario que atraviesa todo el poemario \u201ctomo su herencia\/ de edades en quiebra\/ los oficios tristes del abandono\/ sus muertos\u201d (2007: 343). En primer lugar, porque, pensando con Derrida en Los espectros de Marx (1993\/1998), \u201caprender a vivir, aprenderlo por uno mismo, solo, ense\u00f1arse (\u2026) \u00bfno es para quien vive, lo imposible?\u201d (1998: 11). Entonces, \u00bfc\u00f3mo aprende a vivir la voz po\u00e9tica-nieta a trav\u00e9s de la herencia de la abuela?, \u00bfqu\u00e9 significa heredar \u201cedades en quiebra\u201d?, \u00bfc\u00f3mo podr\u00eda configurarse una vida que ha heredado la herida, el dolor, los muertos? Desde la imposibilidad de forjarse una identidad o inscribirse a una estirpe de forma aut\u00f3noma, se puede pensar c\u00f3mo la enunciaci\u00f3n po\u00e9tica del proceso hereditario permite procesar esa herencia negativa marcada por la errancia y la p\u00e9rdida. Recibir la herencia en Goldberg no es solo copiar el gesto fundacional que se trasmite, es adem\u00e1s asumir lo que de la herencia est\u00e1 en falta: \u201cedades en quiebra\/ (\u2026) sus muertos\u201d.<\/p>\n\n\n\n<p>Esta recurrente marca espectral, que define la herencia recibida de la abuela, podr\u00eda abordarse tambi\u00e9n con Derrida, quien explica la herencia fundamentalmente a trav\u00e9s de la noci\u00f3n de espectro: \u201cno se hereda nunca sin explicarse con algo del espectro\u201d (1998: 35). As\u00ed pues, en este poemario no es posible heredar si no es a trav\u00e9s de la inminente presencia espectral de Luba, que se transforma en un punto de convergencia entre su vida y la de la nieta. La voz po\u00e9tica se forma a trav\u00e9s de su imagen, convirtiendo a la abuela en un espectro, pues \u201cel espectro tambi\u00e9n es, entre otras cosas, aquello que uno imagina, aquello que uno quiere ver y que proyecta\u201d (1998: 117). Luba deviene espectro toda vez que su recuerdo \u201ces la frecuencia de cierta visibilidad\u201d (1998: 117), es el espectro que a trav\u00e9s de la poes\u00eda vuelve para recordarle a los vivos la responsabilidad que tienen ante la deuda con su memoria, pues la herencia es siempre un asunto de deudas impagables. As\u00ed pues, la voz po\u00e9tica se construye sobre la base de la interpelaci\u00f3n al espectro a quien se debe confrontar asumiendo la responsabilidad ante lo recibido.<\/p>\n\n\n\n<p>Si bien ese primer poema parece se\u00f1alar a una nieta-legataria que reflexiona sobre la herencia ya recibida, el rastreo detenido por todo el poemario otorga los indicios para considerar que se trata de una herencia en proceso, que se va fraguando a partir de escenas donde quien recibe los legados es siempre \u201cdi\u00e1logo de pasillos diurnos\/ra\u00edz\/memoria\u201d (Goldberg, 2007: 343). En este sentido, pienso, nuevamente con Saraceni, que \u201ceste mirar hacia atr\u00e1s (\u2026) sirve no s\u00f3lo para analizar la propia historia sino tambi\u00e9n para procesar la experiencia de la p\u00e9rdida, como si se tratara de elaborar un duelo a trav\u00e9s del ejercicio literario\u201d (2008: 83). Es pues la poes\u00eda el espacio donde la herencia tiene lugar, es a trav\u00e9s de la escritura que la nieta se hace cargo de su legado y procesa la p\u00e9rdida.<\/p>\n\n\n\n<p>Las referencias de la estirpe jud\u00eda son recurrentes en Luba \u2014\u201csu pa\u00eds de trasnocho\u201d (344); \u201cmordida por un quejido de gases\u201d (344); \u201calza el viejo candelabro (\u2026)\/ \u201csitio de gloria\/ muro\/ ceniza\u201d (346); \u201cs\u00e1bado merodeador\u201d (349)\u2014. A trav\u00e9s de ellas, la voz po\u00e9tica identifica los agujeros que la componen. Acude a su pasado, a sus espectros, asumiendo ya una pertenencia caracterizada por su quiebre y fractura. Lo que hereda es precisamente esa fractura, la di\u00e1spora de su pueblo, sus muertos y p\u00e9rdidas. La nieta tiene entonces la responsabilidad de torcer su legado para hacer productiva sus faltas, para darle el posible sentido que solo a trav\u00e9s de la poes\u00eda adquiere. Atravesada como est\u00e1 por \u201csu recuerdo\/ su patria de trasnocho\u201d (344), Luba va adquiriendo a lo largo del poemario los rasgos de una figura triste, desgajada, incesantemente nost\u00e1lgica, que vuelve al pasado en busca de lo destruido, lo que su historia cuenta como ausencia. <\/p>\n\n\n\n<p>Debido al abandono obligatorio del pasado, la abuela vive en una intermitente rememoraci\u00f3n de lo perdido y surge como un sujeto encerrado en aquello que la guerra, la historia, \u201cla barbarie\u201d le arrebataron: \u201cpara ella todo es escombro\/ tiempo de elegidos\u201d (344), \u201cbusca el tiempo\/ en que perteneci\u00f3 a la tierra\u201d (346), \u201cesperaba una carta\/ un desaf\u00edo\/ su eternidad\u201d (347). Como es evidente, la abuela triste, pret\u00e9rita, tiene una conciencia temporal que la obliga a saberse parte de una temporalidad que no es la suya, que perdi\u00f3 vigencia, aunque sea la \u00fanica que habita; entonces busca \u201csu eternidad\u201d, la trascendencia de su estirpe de \u201celegidos\u201d que para ella ser\u00e1 un constante exilio, una involuntaria huida. Luba \u201cvino de muy lejos\/ sus ojos arrastraban\/ una fuga de pieles y derrotas\u201d (345), carga con la herencia de su familia y su pueblo a cuestas. As\u00ed pues, los s\u00edmbolos de la religi\u00f3n jud\u00eda aparecen inscritos en su angustia:<\/p>\n\n\n\n<p>alza el viejo candelabro<br>repitiendo las plegarias<br>de nuestras fiestas m\u00e1s temidas<\/p>\n\n\n\n<p>hunde en su frente el amargo pudor<br>de haber sido una extra\u00f1a<br>sitio de gloria<br>muro<br>ceniza<br>(Goldberg, 2007: 346).<\/p>\n\n\n\n<p>Los rituales jud\u00edos ofrecen una suerte de salvoconducto para asirse a su estirpe. La abuela repite plegarias y ritos como un modo de reafirmar su genealog\u00eda. Igualmente, la nieta sabe que es parte de la misma estirpe y que le pertenecen las ceremonias espirituales jud\u00edas, es decir, la cultura de su familia: \u201cnuestras fiestas m\u00e1s temibles\u201d. La voz po\u00e9tica tambi\u00e9n reproduce su pertenencia, pero desde la escritura: recibe el gesto, lo reproduce y lo tuerce mediante la poes\u00eda. Es una escena de familia donde tanto la legadora como la legataria acceden a sus capitales religiosos para rememorar el \u201csitio de la gloria\u201d y adem\u00e1s fruncir el ce\u00f1o ante el \u201cmuro\/ceniza\u201d, frente a eso que las nombra desde un origen tan glorioso como fracturado.<\/p>\n\n\n\n<p>En Luba, las m\u00e1s de las veces la herencia se aprehende desde el deslave:<\/p>\n\n\n\n<p>cambia de sombra<br>para <em>obligarme<\/em> a padecer<br>una herencia a la que s\u00f3lo se pertenece a ratos<br>con el cuerpo a cuestas<br>intentando siempre un segundo desvelo<br>una estancia en otro lado<\/p>\n\n\n\n<p>(Goldberg, 2007: 344-345, \u00e9nfasis m\u00edo)<\/p>\n\n\n\n<p>En estos versos, Goldberg asoma una suerte de po\u00e9tica de la herencia afirmando que se trata de un patrimonio intermitente (\u201ca la que solo se pertenece a ratos\u201d), que no asegura nada sino que produce desvelos. Derrida explica que \u201cEl espectro se convierte m\u00e1s bien en cierta cosa dif\u00edcil de nombrar\u201d (1998: 20), y en tanto representa dificultad es tambi\u00e9n sombra y padecimiento para el sujeto que lo vive. El espectro es en este poema la presencia que reclama al legatario la necesidad de que su cuerpo est\u00e9 siempre a la espera, dispuesto a llevar\/padecer\/soportar el peso generacional, a ser un eslab\u00f3n de la cadena, \u201cel segundo desvelo\u201d, repetir y desacomodar la mueca que parece ser la marca de pertenencia familiar. Ante la infinita tristeza de la abuela \u2014sus muertos, su pasado angustioso necesariamente convertido en olvido pues no hay tierra donde volver a buscarlo \u2014 la voz po\u00e9tica reacciona desde su sensibilidad, desde el inexorable dolor que significa obedecer el mandato de la herencia, recoger las grietas de Luba y plegarse a ellas: \u201cduelen estas ganas de luto\/ de amanecer recogiendo plumas\/ en patios ajenos\/ ganas de ser ella\u201d (Goldberg, 2007: 347-348), y adem\u00e1s parece quedar en evidencia la voluntad del sujeto po\u00e9tico de cargar con el peso hereditario de Luba, esas \u201cganas de ser ella\u201d.<\/p>\n\n\n\n<p>\u201cPero \u00bfqu\u00e9 se produce entre las generaciones?\u201d (1998: 19), me pregunto con Derrida. Entre esta generaci\u00f3n abuela-nieta hay una \u201comisi\u00f3n, un extra\u00f1o lapsus\u201d (19) pues la patria de la abuela es tambi\u00e9n la de la nieta, pero esta \u00faltima no la vivi\u00f3 directamente, sino que a padece ahora vicariamente a trav\u00e9s del peso de la falta que es la memoria de la abuela jud\u00eda marcada por la p\u00e9rdida del lugar natal. Julia Kristeva, en su an\u00e1lisis sobre Hannah Arendt en El genio femenino (1999\/2003), afirma que \u201cLa judeidad es uno de los dones que se reciben al nacer (\u2026) y que conviene pensar y juzgar\u201d (2003: 123). A partir de esto, podr\u00eda decirse que Luba es el poemario de Jacqueline Goldberg donde se despliega y decanta esa judeidad. El dolor causado por las \u201cganas de luto\u201d es un indicio fundamental para observar la experiencia del duelo que vive la nieta. \u201cEl trabajo del duelo no es un trabajo como otro cualquiera\u201d (Derrida, 1998: 114), en este sentido, vemos en los dem\u00e1s poemas del libro, c\u00f3mo el luto produce en la heredera una suerte de sensibilidad especial hacia su vida que, al parecer, depende del espectro siempre al acecho. El luto que habita a Luba es heredado por la nieta, quien vuelve a sufrirlo cada vez que la abuela abismada en los recorridos de la memoria, revive y actualiza el pasado. De esta forma, los muertos, los fantasmas del propio espectro, aparecen para ser dolidos, para que la nieta reescriba el pasado y lo lleve hacia otro espacio del sentido: el literario. Hacer el duelo es entonces escribir desde la grieta, vestir de luto a la poes\u00eda para actualizar al pasado, resignificarlo, pues \u201cel duelo consiste siempre en intentar ontologizar restos, en hacerlos presentes\u201d (Derrida, 1998: 23).<\/p>\n\n\n\n<p>El ojo de Luba vigila a la nieta: \u201cMe vigila un p\u00e1rpado\/un monte\/ una mujer de sal\u201d (Goldberg, 2007: 348). Esta clara referencia b\u00edblica permite asociar a Luba con una mujer que constantemente mira hacia atr\u00e1s, que devuelve la mirada al pasado y se construye a s\u00ed misma desde las heridas que constituyen la historia familiar; y esta memoria es la mirada que vigila a la nieta.<\/p>\n\n\n\n<p>Este acceder a la herencia por medio de la memoria hace posible \u201creconocer y elaborar otras versiones del pasado\u201d (Saraceni, 2008: 20). El relato biogr\u00e1fico permite al legatario identificar su pertenencia, aunque \u00e9sta se presente como un \u00e1mbito que se contradice a s\u00ed mismo, pues en lugar de garantizar el arraigo lo que hace es revelar su imposibilidad, porque es una pertenencia fundada en la p\u00e9rdida de la casa, la historia, la patria: \u201cme asusta (\u2026)\/ la condena indecible de su memoria\/ la pertenencia\u201d (Goldberg, 2007: 348). Ah\u00ed donde la memoria del espectro parece impronunciable, donde \u201cpertenecer\u201d a una genealog\u00eda quebrada aturde, \u201cel heredero es entonces quien, al heredar, est\u00e1 llamado a interpretar un secreto\u201d (Saraceni, 2008: 19).<\/p>\n\n\n\n<p>En la poes\u00eda de Goldberg la herencia y sus enigmas han de ser transgredidos por los herederos. Cuando la voz po\u00e9tica-nieta, a trav\u00e9s de la palabra, enuncia sus miedos con respecto al legado, accede a \u00e9l de forma oblicua, transversal, como pretendiendo \u201ccuidarse\u201d de lo que falla, de eso que interrumpe su pertenencia y la nombra de otro modo. El secreto que debe descifrar habita \u201cen lo m\u00e1s terrible\/ lo m\u00e1s amado\u201d (Goldberg, 2007: 349), esto es quiz\u00e1s la genealog\u00eda, la familia, la sangre, en suma, esa instancia que construye la identidad como desmoronamiento y destrucci\u00f3n. En Luba el secreto pareciera consistir en sufrir la condena de la pertenencia desde la casa y la estirpe edificada a partir del tr\u00e1gico pasado familiar.<\/p>\n\n\n\n<p>Casi al final del poemario se devela una de las formas m\u00e1s potentes de aproximaci\u00f3n a la genealog\u00eda: la que se realiza a trav\u00e9s de la lengua. En la forma de nombrar la experiencia se encuentran resguardados tambi\u00e9n los secretos de la tradici\u00f3n y la historia de cada legador. Toda herencia est\u00e1 vinculada a la manera de experimentarla verbalmente. En este sentido, el heredero est\u00e1 casi en la obligaci\u00f3n de acceder a la lengua de sus antepasados y \u201csentir\u201d desde ah\u00ed. En Luba, la nieta cumple el ritual: \u201cme acerco a su lengua dolorosa\/ amaso un discurso de puertos extranjeros\/ casas abandonadas al borde de lo presentido\u201d (Goldberg, 2007: 350). Esta \u201clengua dolorosa\u201d es a la vez puente del proceso hereditario y herencia misma. El dolor se vuelve discurso, se convierte en eso que la heredera verbaliza, esa palabra herida por la di\u00e1spora afectiva y geogr\u00e1fica que la atraviesa. La pertenencia jud\u00eda representa en Luba una situaci\u00f3n ontol\u00f3gica, que desemboca en su poes\u00eda cargada de s\u00edmbolos religiosos jud\u00edos, forjando una conciencia del ser jud\u00edo, de la lengua hebrea, de c\u00f3mo la historia de este pueblo marca de modo definitivo a sus sobrevivientes. Con este poemario, Jacqueline Goldberg construye un inexorable referente po\u00e9tico en su producci\u00f3n. Es Luba una suerte de personaje m\u00edtico, una mujer de sal, esa sobreviviente jud\u00eda que es recordada por su legataria como la abuela \u201cbella\/sola para siempre\u201d (Goldberg, 2007: 345). Se pudiera decir que este poemario temprano de Goldberg es una puesta en escena, a trav\u00e9s de la poes\u00eda, del peso de la herencia jud\u00eda familiar, del modo c\u00f3mo la literatura hereda el pasado y lo usa para mostrar la dificultad de continuarlo y transformarlo.<\/p>\n\n\n\n<p>3.- \u201cAbuelos carcomidos por el odio\u201d<\/p>\n\n\n\n<p>Otro momento del tema geneal\u00f3gico en la obra de Jacqueline Goldberg es M\u00e1scaras de familia (1991\/2007), poemario donde se propone la idea de que los legados no se reciben, sino que se entregan. Ac\u00e1 la herencia funciona mediada por la maternidad. Este libro devela esa relaci\u00f3n \u00edntima entre la mujer y el hijo, y la transmisi\u00f3n de su historia a trav\u00e9s del cuerpo. Adem\u00e1s, da cuenta de las formas que tiene la madre de enfrentarse a ese alguien que est\u00e1 por llegar y a quien debe hablarle del pasado que lleva a cuestas, de su estirpe, de su genealog\u00eda. Derrida explica que \u201cEn el fondo, el espectro es el porvenir, est\u00e1 siempre por venir\u201d (1998: 52), alegando que el espectro en ocasiones desarticula la antinomia de presente y pasado, pues instaura una forma distinta de concebir la contemporaneidad en tanto el pasado representa siempre una amenaza para el futuro y, por consiguiente, es una presencia intempestiva que interrumpe el presente. Ante el hijo, ese espectro que \u201cest\u00e1 por venir\u201d, el sujeto l\u00edrico de Goldberg asume su posici\u00f3n de madre-legadora. Le habla al fantasma: \u201cAnte la paciencia de ajenos\/ heredar\u00e1s mi soledad\u201d (2007: 266). Al hijo que est\u00e1 por venir se le atribuye la soledad que la voz-madre, anteriormente nieta, hered\u00f3 de Luba: \u201csola para siempre\u201d (2007, p. 345). Con este texto parece empezar a trazar la genealog\u00eda expuesta a trav\u00e9s de la obra po\u00e9tica de Goldberg.<\/p>\n\n\n\n<p>La nieta-legataria, ahora madre-legadora, elabora a trav\u00e9s de la escritura una genealog\u00eda hecha de p\u00e9rdidas y faltas, de fantasmas y muertos que la poes\u00eda vuelve presencias vivas. Une los puntos de una pertenencia que se disemina entre los fantasmas de la familia y quienes estando vivos persiguen su sombra y deuda. El hijo no tiene otro destino que el de su madre. \u00c9sta sabe que no podr\u00e1 evadir los dardos que le vienen del pasado:<\/p>\n\n\n\n<p><\/p>\n\n\n\n<p>La madre advierte al hijo acerca de un pasado que ha sembrado en la estirpe la desesperanza y la resignaci\u00f3n, la conciencia de que el tiempo no borra la falta y la p\u00e9rdida que funda a la genealog\u00eda. El hijo nacer\u00e1 atrapado en la memoria de su genealog\u00eda sobreviviente del mal y que pudo levantarse de la persecuci\u00f3n y el \u00e9xodo. La referencia a los abuelos nos hace pensar que las \u201cedades en quiebra\u201d que recibi\u00f3 de la abuela le son ahora transmitidas al hijo que amenaza con llegar, con interrumpir, con cargar o aliviar el peso de una familia que sabe que su historia est\u00e1 fundada en el dolor y la tragedia. Adem\u00e1s del legado de los abuelos, la madre intenta perpetuar su historia individual en el hijo, transmitirle una herencia que m\u00e1s que la historia de la abuela es tambi\u00e9n la suya marcada por ese relato fundacional: \u201cTe guardar\u00e9\/ mis ropajes de infancia\/ el olor a muerto\/ de aquella felicidad\u201d (2007: 279). Esta infancia parece estar poblada de presencias que se diseminan por la memoria de una ni\u00f1ez que tuvo que convivir con los espectros.<\/p>\n\n\n\n<p>Creer\u00e1s en orillas<br>Abuelos carcomidos por el odio<br>Nada habr\u00e1 m\u00e1s absurdo<br>Que nuestro pasado<br>(Goldberg, 2007: 267)<\/p>\n\n\n\n<p>No se podr\u00eda hablar de herencia, hogar, familia, sin hablar de la infancia. Siempre que se vuelve al origen, se vuelve a ella. Este retorno que emprende la madre responde en gran medida a la necesidad de asirse a un capital simb\u00f3lico que pueda entregarle al hijo. En Goldberg, la herencia de la madre no es otra que su historia \u00edntima y afectiva, sus modos de tramar y torcer la herencia de la sangre. La biograf\u00eda materna es el legado que recibe el descendiente, el siguiente en la cadena geneal\u00f3gica. El hijo es de la madre en tanto hereda su vida, formando un v\u00ednculo m\u00e1s all\u00e1 de la conexi\u00f3n corporal: un nexo que se consolida con su nacimiento.<\/p>\n\n\n\n<p>Luego de M\u00e1scaras de familia, el tema de la herencia en Goldberg volver\u00e1 a aparecer en El orden de las ramas (2003). Este es uno de sus poemarios m\u00e1s herm\u00e9ticos y viene a develar los lamentos e inquietudes de un sujeto l\u00edrico que habla desde el di\u00e1logo y la transgresi\u00f3n del verso. Ac\u00e1 la voz po\u00e9tica experimenta la descolocaci\u00f3n, se desfigura y se abre a todos los opuestos, puede ser hombre o mujer, pregunta y respuesta, negaci\u00f3n o aseveraci\u00f3n. La multiplicidad de registros que se observa en este poemario sirve para nombrar ciertas rasgaduras y experiencias del sujeto po\u00e9tico.<\/p>\n\n\n\n<p>En oposici\u00f3n a los anteriores libros, aqu\u00ed las figuras legatario-legador dejan de ser voces femeninas y se enuncian desde un yo po\u00e9tico hombre: \u201cMi herencia de quejumbroso, siempre en ascuas\u201d (Goldberg, 2007: 96). La queja sigue atravesando la po\u00e9tica de Goldberg. La herencia es a\u00fan una inconclusa letan\u00eda, el suplicio de una pertenencia que duele. La noci\u00f3n de herencia configurada a trav\u00e9s de los anteriores poemarios es puesta en escena por la voz po\u00e9tica que asume su \u201cherencia de quejumbroso\u201d, a sabiendas de que sus antepasados se rindieron ante las evidencias de su debacle y sucumbieron ante el lamento que lo precede.<\/p>\n\n\n\n<p>En este libro, el origen jud\u00edo vuelve a la escena para plantear la pregunta acerca de la herencia como pertenencia interrumpida:<\/p>\n\n\n\n<ul>\n<li>Mis culpas son otras. No quiero hablar de ellas. No me persiguen. Est\u00e1n adosadas<br>a la inclemencia de otras plegarias<\/li>\n\n\n\n<li>Eres sacr\u00edlego, de vano resbalar. No ayunas, no ruegas, no pones en jaque tu<br>esperanza. Escribes tu nombre en un libro profano, tu epitafio en ef\u00edmeros paisajes<br>de provincia<\/li>\n\n\n\n<li>Mi signo est\u00e1 al rev\u00e9s, por eso tiemblo y desconozco las herencias que me han sido<br>propinadas para sobrevivir<br>(Goldberg, 2007: 101).<\/li>\n<\/ul>\n\n\n\n<p>Se observa aqu\u00ed la subversi\u00f3n del gesto heredado, ese que se repite en la medida en que se traiciona y modifica. El gesto se transforma en mueca, en inconformidad. Hay un legatario con una herida diferente a la que su estirpe le ha impuesto, pues sus \u201cculpas son otras\u201d. Al parecer \u00e9ste se resiste a cargar con la memoria de los ancestros; sin embargo, sabe que le es imposible liberarse de la historia que lo antecede: \u201cLa herencia es entonces reafirmaci\u00f3n de lo que nos es asignado y reactivaci\u00f3n de sus contenidos a trav\u00e9s de un acto de infidelidad por parte del legatario\u201d (Saraceni, 2012: 15). En el poema, la infidelidad del legatario es representada a trav\u00e9s de otra voz que reclama con vehemencia de familiar ofendido: \u201cEres sacr\u00edlego, de vano resbalar. No ayunas, no ruegas\u201d (Goldberg, 2007: 101), es quiz\u00e1s la voz del espectro reclamando la resistencia a los rituales familiares m\u00e1s antiguos, la judeidad exigiendo su espacio, su continuidad. La tradici\u00f3n jud\u00eda es entregada como un talism\u00e1n para \u201csobrevivir\u201d; sin embargo, el sujeto po\u00e9tico \u201cest\u00e1 al rev\u00e9s\u201d y desconoce las herencias. Las rechaza porque le son prescindibles e innecesarias.<\/p>\n\n\n\n<p>Hannah Arendt afirma sobre la judeidad que: \u201cYa no se trata como para Hamlet, de ser o no ser, sino de pertenecer o no pertenecer\u201d (Arendt apud Kristeva, 2000: 105). Se puede pensar con Arendt en un legatario que se sabe jud\u00edo pero que transgrede los rituales de su tradici\u00f3n que lo har\u00edan continuar la sucesi\u00f3n generacional sin problemas de no ser por su resistencia a tales protocolos. Esto demuestra otro modo de la pertenencia: desde el desv\u00edo, la l\u00ednea de fuga, la inconformidad. Por lo tanto, se configura una pertenencia defectuosa, atravesada por la clara subversi\u00f3n del gesto.<\/p>\n\n\n\n<p>Cuando Derrida en Escoger su herencia (2003) habla de c\u00f3mo heredar, hace especial \u00e9nfasis en la necesidad de reafirmar la herencia: \u201c\u00bfQu\u00e9 quiere decir reafirmar? No solo aceptar dicha herencia, sino reactivarla de otro modo y mantenerla con vida. [\u2026] filtrar, interpretar, por consiguiente, transformar, no dejar intacto, indemne.\u201d (Derrida, 2004: 13). A partir de estas reflexiones, se puede pensar que el heredero de El orden de las ramas es aquel que en el momento de reafirmar los legados que le son entregados, los transforma. Entonces, bajo esta concepci\u00f3n, subvertir ser\u00eda a la vez reafirmar: negar la herencia admitiendo el peso de su entrega: \u201cdesconozco las herencias que me han sido propinadas para sobrevivir\u201d (Goldberg, 2007: 101).<\/p>\n\n\n\n<p>La voz po\u00e9tica m\u00faltiple de este libro habla desde la certeza de un cambio en el tiempo que a su vez ha transformado la estirpe, la ha vuelto ausente:<\/p>\n\n\n\n<p>Me fue otorgada una orfandad de fieras<\/p>\n\n\n\n<ul>\n<li>Cr\u00edmenes de rumorosa demencia<\/li>\n\n\n\n<li>Abro los ojos, desentierro mi cuello. \u00a1Dios, que no me falten las palabras, nunca,<br>nunca en tu pantanoso reino!<br>(Goldberg, 2007: 121).<\/li>\n<\/ul>\n\n\n\n<p>Admitir la orfandad como un \u201cbien\u201d que se hereda es saberse un legatario en permanente soliloquio. No es \u00e9ste un sujeto l\u00edrico que convive con los espectros en un di\u00e1logo mutuo sino uno que est\u00e1 deshabitado de presencias y que se siente negado por la genealog\u00eda. Lo que implica, en este caso, la parad\u00f3jica situaci\u00f3n donde se observa lo que Foucault y Derrida plantean, es decir, que los legados no solo vinculan y garantizan una pertenencia, sino que, por el contrario, tambi\u00e9n la interrumpen y problematizan. Se podr\u00eda conectar esta voz con la que en el poemario En todos los lugares, bajo todos los signos afirmaba \u201cmerecer\u201d otro origen: \u201cla palabra\/ quiz\u00e1s\u201d (2007: 373). La palabra es ahora la \u00fanica licencia para habitar el \u201cpantanoso reino\u201d de Dios. En esta petici\u00f3n \u2014\u201cDios, que no me falten las palabras\u201d\u2014 salta a la vista la puesta en escena de una herencia activada de otro modo: se acepta un Dios como suprema deidad, pero no se accede a \u00e9l a trav\u00e9s de los rituales heredados geneal\u00f3gicamente, sino a trav\u00e9s de su transformaci\u00f3n en otros modos de orar y de acercamiento a \u00e9l.<\/p>\n\n\n\n<p>Ya en Verbos predadores (2007) hay una vuelta al origen, un intento por explicar la orfandad desde el desarraigo. Si en los anteriores poemarios se observa al legatario en los diferentes modos de heredar (desde recibir hasta deconstruir la herencia), en \u00e9ste se configura a trav\u00e9s del reconocimiento de un origen cuyos secretos y misterios han sido develados; no hay cabos sueltos entre la voz que hereda y su origen, se han extendido los puentes que hacen posible la comunicaci\u00f3n entre uno y otro lado del abismo geneal\u00f3gico. No sin dolor y queja, el legatario de Verbos predadores sabe que existe solo a partir de un origen jud\u00edo que instaura la sensibilidad del desterrado. En este libro, es puesta en evidencia la lucidez y claridad del sujeto l\u00edrico de que su existencia depende de su pasado y origen. Sabe que se negar\u00eda a s\u00ed mismo si no se afirmara en la memoria de sus antepasados. Es \u201cen nombre de\u201d que la voz po\u00e9tica podr\u00eda decir \u201cyo\u201d.<\/p>\n\n\n\n<p>A veinte a\u00f1os de su primer poemario \u2014donde se pregunta: \u201c\u00bfmi origen?\u201d\u2014 Jacqueline Goldberg, a trav\u00e9s del sujeto que habla en el texto, dice:<\/p>\n\n\n\n<p>No soy lo que digo sin un origen a cuestas.<br>Sigue irresoluto el olor negro de mi desarraigo.<br>Quisiera afirmar<br>Que hered\u00e9 la clav\u00edcula de los iluminados<br>Que mi estirpe estuvo alguna vez untada de sal<br>(Goldberg, 2007: 22).<\/p>\n\n\n\n<p>No es posible configurar una identidad al margen del origen. Este texto muestra un pasado que se lleva \u201ca cuestas\u201d y recorre el relato biogr\u00e1fico de la voz po\u00e9tica como una suerte de or\u00e1culo. El desarraigo funciona como el n\u00facleo de sentido desde donde es necesario pensar la herencia y la pertenencia en la poes\u00eda de Goldberg. El legatario de este poema asume su deuda con el origen y sus antepasados; sin embargo, desear\u00eda al menos reconocer su grandeza, pensar que sus generaciones pasadas construyeron una memoria de laureles, que accedieron a los misterios, o que en todo caso transformaron la derrota en una experiencia cat\u00e1rtica y restauradora: \u201cMe honrar\u00eda elogiar el deterioro\u201d (Goldberg, 2007: 22), afirma como quien constantemente busca lo hermoso de lo vil, encontrar el \u00e1ngulo luminoso del dolor. No hay protesta ante esta fisura: el heredero no reclama otro origen, sabe que \u201ctodo cuanto lamento es mordaza\u201d, que la queja no lo salva, no lo redime, que quiz\u00e1s su \u00fanica funci\u00f3n es explayar la desdicha, nombrarla: darle el nombre de exilio, desarraigo, p\u00e9rdida.<\/p>\n\n\n\n<p>\u201cNo pueden las herencias infundirme m\u00e1s que escozor\u201d (Goldberg, 2007: 22) dice el yo po\u00e9tico de Verbos predadores, quien con este verso reconoce el \u201cescozor\u201d de la herencia, esa forma de pertenencia configurada como desacomodo. Es decir, hay un reconocimiento de la duda que se tiene en relaci\u00f3n con la supuesta garant\u00eda que otorga un legado. De all\u00ed el \u201cescozor\u201d como un modo de resistencia a la confianza en el patrimonio familiar<\/p>\n\n\n\n<p>Mis ancestros se plantaron con muecas de insomnio,<br>a sabiendas de que los seguir\u00edamos con ojos alambrados.<\/p>\n\n\n\n<p>Aprendieron que no hay errancia sino consuelo.<br>Vivieron del luto, feroces y m\u00edseros<br>entre las tonalidades del estorbo.<br>(Goldberg, 2007: 22).<\/p>\n\n\n\n<p>La voz del heredero habla de los espectros con la certeza de quien ha vivido lidiando con su presencia y ha experimentado su amenaza. Se trata de hacer de \u201clas tonalidades del estorbo\u201d una lengua, un lenguaje po\u00e9tico sobre la base del cual se despliegue el problem\u00e1tico ejercicio del heredero, lo que Derrida llama \u201cuna pol\u00edtica de la memoria, de la herencia y de las generaciones\u201d (Derrida, 1998: 12). <\/p>\n\n\n\n<p>En este poema puede leerse una suerte de cr\u00f3nica del desamparo. Es el relato de una estirpe que le habla a sus descendientes a trav\u00e9s de \u201cmuecas de insomnios\u201d, y cuando dice \u201cmuecas\u201d nombra las anomal\u00edas que toda herencia tiene que son tambi\u00e9n factores hereditarios; pues la mueca es precisamente el gesto desfigurado, expresado de otro modo. Es entonces el reconocimiento de tales desfiguraciones lo que propicia el acceso de la voz po\u00e9tica a una genealog\u00eda para rastrear \u201ccon los ojos alambrados\u201d la pertenencia o, en todo caso, la constataci\u00f3n de su imposibilidad como una manera de ser parte de la estirpe a sabiendas de que la pertenencia tambi\u00e9n sucede a trav\u00e9s de la extranjer\u00eda del apellido. \u00c9sta, que parece ser la negaci\u00f3n de la familia, es una forma de genealog\u00eda \u201cen falta\u201d, que afirma su existencia en tanto espacio fracturado donde el origen muestra interrupciones.<\/p>\n\n\n\n<p>En los siguientes poemas de Verbos predadores, los cuales rompen un poco la recurrente forma del verso breve en Goldberg, la herencia es rastreable a partir de minuciosos referentes que dan cuenta de la posible conexi\u00f3n de los legados con otros \u00e1mbitos de la experiencia. En primer lugar, el hecho hereditario se presenta en relaci\u00f3n con el cuerpo, tal como se puede observar en algunos versos del poema titulado \u201cLineamientos\u201d: \u201cMi rostro, \/ ojos sueltos, boca empinada,\/ no es lo que parece\/ sino un amasijo de vocales desterradas\u201d (Goldberg, 2007: 25). La memoria se inscribe en cada zona del cuerpo donde se establezcan lazos con el pasado y adem\u00e1s configura una forma de utilizar la palabra que responde al desacomodo de la heredera, que est\u00e1 \u201cdesterrada\u201d, que balbucea y no encuentra otro modo de decirse que no sea el tanteo y la desconfianza. Las proporciones y rasgos del cuerpo son una forma de mostrar, al igual que lo se\u00f1ala la foto mencionada, c\u00f3mo el legado se vuelve cuerpo y gesto donde se ponen en escena los capitales simb\u00f3licos del legatario: \u201cMi frente carga culpas de insomnio, \/se acomete filosa en su desmemoria\u201d (Goldberg, 2007: 25).<\/p>\n\n\n\n<p>La identidad y su deconstrucci\u00f3n se pueden pensar tambi\u00e9n a trav\u00e9s de la observaci\u00f3n del rostro, zona del cuerpo donde la herencia tiene lugar: \u201cMis rasgos de muchacha polaca, salvaje de Judea,\/ ir\u00e1n trastorn\u00e1ndose\u201d (Goldberg, 2007: 25). Es decir que el cuerpo refleja la desviaci\u00f3n del gesto primigenio, de la secuencialidad hereditaria. La mirada, el rostro, los rasgos configuran la fuga del \u201cgesto\u201d familiar. Algunos dan cuenta de una rostridad, es decir, de una forma de organizaci\u00f3n de subjetividades y significaciones a trav\u00e9s de la disposici\u00f3n semi\u00f3tica del rostro (Deleuze; Guattari, 2007: 174-176), que obedece a indicadores de una identidad cuarteada. El rostro y el cuerpo del sujeto po\u00e9tico se van alejando del calco familiar para adquirir otra sintaxis, otra expresi\u00f3n. Derrida se pregunta \u201c\u00bfAcaso no hay que pensar que la p\u00e9rdida del cuerpo puede afectar al propio espectro?\u201d (1998: 134). Entonces, si en el poema de Goldberg los rasgos del cuerpo se trastornan, el espectro y por ende los legados tambi\u00e9n padecen y se turban. As\u00ed, los espectros que constituyen la identidad de la voz po\u00e9tica son tambi\u00e9n susceptibles de transformaci\u00f3n mediante su aparici\u00f3n en el cuerpo en la herencia.<\/p>\n\n\n\n<p>En Verbos predadores la puesta en escena de la herencia tambi\u00e9n se relaciona con el t\u00f3pico del viaje y la huida: \u201cEl viaje\/ o nacer.\u201d (Goldberg, 2007: 53). Parece que el origen es movilizado y puesto a prueba por el viaje o en todo caso este \u00faltimo es la salvaci\u00f3n ante los entuertos originarios, el \u201cdesastre natal\u201d:<\/p>\n\n\n\n<p>Me sacaron de mi casa,<br>Me arrancaron la ropa,<br>Me tatuaron una cifra,<br>Me gasearon,<br>Me incineraron<br>Me convirtieron<br>(\u2026)<br>Dije \u201cestuve en las fauces\u201d.<br>(\u2026)<br>Me asquearon temprano.<br>Me entregaron horas crudas.<br>(Goldberg, 2007: 53).<\/p>\n\n\n\n<p>En este poema, el sujeto l\u00edrico habla en primera persona, sin embargo, construye una suerte de voz colectiva a trav\u00e9s de la cual enuncia el dolor jud\u00edo. Habla en nombre de su tribu marcada por algo ajeno al cuerpo que es tambi\u00e9n la marca de una historia del mal y la violencia que transforma para siempre el relato de esta estirpe. El yo po\u00e9tico es a la vez todo el pueblo israel\u00ed ante la memoria de su tragedia, y la experiencia del holocausto es contada en el poema como una suerte de manifiesto doloroso. Cada episodio de la guerra se disgrega en el poema y logra dise\u00f1ar una panor\u00e1mica del sufrimiento, una cartograf\u00eda del desasosiego, una imagen de la escena misma del dolor: \u201cVi torcer un pan, un lloro\u201d (Goldberg, 2007: 54).<\/p>\n\n\n\n<p>Este poema lleno de referencias hist\u00f3ricas declara que el lugar para cargar la herencia y asumirla en toda su complejidad es la poes\u00eda:<\/p>\n\n\n\n<p>Y pese a todo<br>Un rumor lengua adentro,<br>Muy adentro,<br>Peque\u00f1o,<br>Torpe,<br>Desheredado<br>(Goldberg, 2007: 55).<\/p>\n\n\n\n<p>As\u00ed como se pudo observar en Luba, los legados pueden ser abarcados desde y en la lengua. Se habla de un rumor lengua adentro que quiz\u00e1s est\u00e9 relacionado con la escritura po\u00e9tica pues se construye como un rumor silencioso, \u00edntimo, conectado con una sensibilidad que se acerca a lo m\u00e1s \u00edntimo e inexpresable. En Goldberg, la poes\u00eda es un veh\u00edculo est\u00e9tico para mostrar que no hay herencia sin escozor y es a trav\u00e9s de ese rumor que la herencia se entiende tambi\u00e9n como fisura, como un secreto que compone y desaf\u00eda la genealog\u00eda. Su escritura se sirve de diferentes im\u00e1genes y tonos para delinear un pensamiento acerca de la herencia que permite visualizar, no solo los mecanismos que est\u00e1n en la base de la transmisi\u00f3n y lectura de un legado, sino tambi\u00e9n los modos c\u00f3mo el discurso de familia se construye sobre la base de la noci\u00f3n de herencia y el lugar que \u00e9sta ocupa en su poes\u00eda.<\/p>\n\n\n\n<p><strong>Notas<\/strong><\/p>\n\n\n\n<p>1 \u201cA Luba Kapuschewski, mi abuela, por lo que soy\u201d (2007: 339).<\/p>\n\n\n\n<p>2 El Menorah es un candelabro de siete brazos que representan, seg\u00fan \u00c9xodo 25:31, los dones que deben llenar el cuerpo humano: esp\u00edritu de Dios, saber, inteligencia, ciencia, trabajo, creaci\u00f3n art\u00edstica y fe. Igualmente, representa los diez sefirotes del \u00e1rbol de la vida cabal\u00edstica.<\/p>\n\n\n\n<p><strong>Referencias<\/strong><\/p>\n\n\n\n<p>Bourdieu, Pierre (1994). El esp\u00edritu de familia. \u00abL&#8217;esprit de famille\u201d Par\u00eds: Editions du Seuil, Traducci\u00f3n de Mar\u00eda Rosa Neufeld.<\/p>\n\n\n\n<p>Deleuze, Gilles; Guattari, F\u00e9lix (1997). \u201cRizoma\u201d en Mil mesetas. Capitalismo y esquizofrenia. Valencia: Pre-Textos.<\/p>\n\n\n\n<p>Derrida, Jacques (1998). Los espectros de Marx. Madrid: Editorial Trotta. <\/p>\n\n\n\n<p>Derrida, Jacques (2004). Escoger su herencia. Di\u00e1logo con Elisabeth Roudinesco. In: Y ma\u00f1ana qu\u00e9\u2026 Buenos Aires: FCE.<\/p>\n\n\n\n<p>Foucault, Michel (1971). Nietzsche, la genealog\u00eda y la historia. [http:\/\/www.pensament.com\/filoxarxa\/filoxarxa\/pdf\/Michel%20Foucault%20-%20Nietzschegenealogiahistoria.pdf] [Consultado 15\/12\/2020].<\/p>\n\n\n\n<p>Goldberg, Jacqueline (2007). Verbos predadores: poes\u00eda reunida 2006\/1986. Caracas: Equinoccio.<\/p>\n\n\n\n<p>Kristeva, Julia (2000). El genio femenino. Buenos Aires: Paid\u00f3s. <\/p>\n\n\n\n<p>Saraceni, Gina (2008). Escribir hacia atr\u00e1s. Herencia, lengua y memoria. Rosario: Beatriz Viterbo Editora.<\/p>\n\n\n\n<p>Saraceni, Gina (2012) La soberan\u00eda del defecto. Legado y pertenencia en la literatura latinoamericana contempor\u00e1nea. Caracas: Equinoccio.<\/p>\n\n\n\n<p>Saraceni, Gina (2012). \u201cLa intimidad salvaje. El grado animal de la lengua\u201d. Voz y Escritura. Revista de estudios literarios. 20: 163-179. M\u00e9rida: ULA. [http:\/\/www.saber.ula.ve\/bitstream\/handle\/123456789\/36303\/articulo9.pdf?sequence=1&amp;isAllowed=y.] [Accedido en 20\/10\/2018.]<\/p>\n\n\n\n<h4 class=\"wp-block-heading has-text-align-right\"><a href=\"https:\/\/eldienteroto.org\/wp49\/cristina-gutierrez-leal\/\" target=\"_blank\" rel=\"noreferrer noopener\">Sobre la autora<\/a><\/h4>\n\n\n\n<h6 class=\"wp-block-heading\">Publicado como: \u00abLa genealog\u00eda torcida. Reflexiones sobre la poes\u00eda de Jacqueline Goldberg\u00bb, en Voz y Escritura, Revista de Estudios Literarios. N\u00famero 30, pp. 98-115. Fuente de la imagen: https:\/\/biblioteca.lapoeteca.com.<\/h6>\n","protected":false},"excerpt":{"rendered":"<p>Cristina Guti\u00e9rrez Leal En toda genealog\u00edahubo un diluvio.Cristina Peri Rossi I.- En la obra po\u00e9tica de la escritora venezolana de origen jud\u00edo Jacqueline Goldberg (1964), el tema de la genealog\u00eda se disemina en una constante reflexi\u00f3n. A lo largo del recorrido por sus poemarios es posible encontrarnos con escenas donde la herencia, como noci\u00f3n vinculada [&hellip;]<\/p>\n","protected":false},"author":6,"featured_media":17113,"comment_status":"open","ping_status":"","sticky":false,"template":"","format":"standard","meta":{"_monsterinsights_skip_tracking":false,"_monsterinsights_sitenote_active":false,"_monsterinsights_sitenote_note":"","_monsterinsights_sitenote_category":0,"footnotes":""},"categories":[14],"tags":[],"_links":{"self":[{"href":"https:\/\/eldienteroto.org\/wp49\/wp-json\/wp\/v2\/posts\/17112"}],"collection":[{"href":"https:\/\/eldienteroto.org\/wp49\/wp-json\/wp\/v2\/posts"}],"about":[{"href":"https:\/\/eldienteroto.org\/wp49\/wp-json\/wp\/v2\/types\/post"}],"author":[{"embeddable":true,"href":"https:\/\/eldienteroto.org\/wp49\/wp-json\/wp\/v2\/users\/6"}],"replies":[{"embeddable":true,"href":"https:\/\/eldienteroto.org\/wp49\/wp-json\/wp\/v2\/comments?post=17112"}],"version-history":[{"count":2,"href":"https:\/\/eldienteroto.org\/wp49\/wp-json\/wp\/v2\/posts\/17112\/revisions"}],"predecessor-version":[{"id":17115,"href":"https:\/\/eldienteroto.org\/wp49\/wp-json\/wp\/v2\/posts\/17112\/revisions\/17115"}],"wp:featuredmedia":[{"embeddable":true,"href":"https:\/\/eldienteroto.org\/wp49\/wp-json\/wp\/v2\/media\/17113"}],"wp:attachment":[{"href":"https:\/\/eldienteroto.org\/wp49\/wp-json\/wp\/v2\/media?parent=17112"}],"wp:term":[{"taxonomy":"category","embeddable":true,"href":"https:\/\/eldienteroto.org\/wp49\/wp-json\/wp\/v2\/categories?post=17112"},{"taxonomy":"post_tag","embeddable":true,"href":"https:\/\/eldienteroto.org\/wp49\/wp-json\/wp\/v2\/tags?post=17112"}],"curies":[{"name":"wp","href":"https:\/\/api.w.org\/{rel}","templated":true}]}}