{"id":17105,"date":"2025-08-17T16:47:43","date_gmt":"2025-08-17T21:17:43","guid":{"rendered":"https:\/\/eldienteroto.org\/wp49\/?p=17105"},"modified":"2025-08-17T16:47:43","modified_gmt":"2025-08-17T21:17:43","slug":"diario-del-enano-fragmentos","status":"publish","type":"post","link":"https:\/\/eldienteroto.org\/wp49\/diario-del-enano-fragmentos\/","title":{"rendered":"Diario del enano (fragmentos)"},"content":{"rendered":"\n<h4 class=\"wp-block-heading has-text-align-right\">Eduardo Liendo<\/h4>\n\n\n\n<p>S\u00f3lo yo puedo contar esta historia. Todas las otras versiones de mi memoria son ap\u00f3crifas, fueron escritas por detractores que vomitan su hiel sobre mi sombra, o por algunos de mis sirvientes intelectuales. S\u00f3lo yo conozco la entra\u00f1a de mi coraz\u00f3n. Mi maltratado coraz\u00f3n envejecido. M\u00e1s que recuerdos, es mi piel la que expongo. La piel de un hombre fiera, demencial, m\u00edtico, glorioso, pat\u00e9tico, luciferal. <\/p>\n\n\n\n<p>He sepultado muchos yoes en el serpenteante camino, hasta arribar a Jos\u00e9 Niebla. \u00bfAcaso fui verdadero alguna vez? \u00bfQu\u00e9 queda del c\u00e1ndido anarquista? \u00bfY del maltrecho pintor de sapos danzantes? \u00bfD\u00f3nde yace el pirata por casualidad? Nada, nada fuera de la memoria. Es el precio de todo verdadero poder: ser el enterrador de s\u00ed mismo.<\/p>\n\n\n\n<p>S\u00e9 que vengo de lejos y de lo profundo, desde la caverna del tiempo vengo. Debo haber muerto y renacido mil y m\u00e1s veces en contradictorias geograf\u00edas, en diversos ciclos jam\u00e1s definitivos. Siempre resucitado por el llamado angustioso de mis amados imb\u00e9ciles. Yo retorno siempre en medio de sus terrores y los calmo. Yo determino su lugar en la vida y represento el rostro m\u00e1s inmediato de la muerte. Castigo y recompenso. Me temen m\u00e1s que a la peste y, sin embargo, esperan con ansia mis favores. Soy el destinatario de sus oraciones: \u00abCreo en Jos\u00e9 Niebla \u2014rezan\u2014, que ordena el \u00fanico universo que conozco. Creo en su astucia infinita para sortear todas las emboscadas. Creo en su verbo alucin\u00f3geno, que explica todo lo inexplicable. Creo en su crueldad invicta. Creo en su infinita omnipresencia. Creo en su ambici\u00f3n inagotable. Creo en su megaloman\u00eda insaciable. Creo en su inmortalidad y en la perpetuidad de su mandato para dirigir mi existencia, aqu\u00ed y ma\u00f1ana, y en el m\u00e1s all\u00e1, y para siempre. Am\u00e9n\u00bb. Yo, por mi parte, creo en la ingenuidad de mis amados imb\u00e9ciles, es la fuente de todo mi poder.<\/p>\n\n\n\n<p>TIEMPOS DE ORUGA <\/p>\n\n\n\n<p><strong>I<\/strong><\/p>\n\n\n\n<p>Se sabe que uno de sus nombres fue alguna vez Juli\u00e1n Camacho, y sus padres eran campesinos de vida miserable. Sin embargo, llegaron a tener alguna cultura citadina. Cuando abandonaron la tierra y se instalaron en los suburbios, el padre, de manos fuertes y toscas, trabaj\u00f3 como sirviente en un modesto circo. Realizaba, sobre todo, tareas ruines como la limpieza de las jaulas de las bestias. Al parecer era un borracho empedernido no carente de un humor grotesco. Algunas tardes, cuando comenzaba a oscurecer, llegaba a la humilde vivienda disfrazado con una gran nariz postiza y una peluca roja. Mientras bland\u00eda la botella de licor vociferaba carcaje\u00e1ndose: \u00abprep\u00e1rate mujer, que esta noche vas a revolearte con el Duque de Rojo\u00bb. La madre, por contraste, era una mujer d\u00e9bil, raqu\u00edtica a causa de las privaciones, atacada desde muy joven \u2014seg\u00fan algunos testimonios\u2014 por el mal de la epilepsia y por los intensos delirios que, lentamente, la internaron en el oscuro t\u00fanel de la demencia. Pero mientras estuvo en posesi\u00f3n de su raciocinio no era nada torpe y, seg\u00fan rumores, fue hembra de temperamento ardiente y furor uterino en su mocedad. M\u00e1s pensante que el marido, lleg\u00f3 a caracterizarse como pitonisa en una de las carpas del circo. Le\u00eda las cartas y realizaba premoniciones, sugestionando a los consultantes con sus grandes ojos de gitana, de mirada intensa. Seguramente, el m\u00e1s extra\u00f1o de sus presagios de sibila fue el haber anunciado que ella misma parir\u00eda un drag\u00f3n, que saldr\u00eda de su vulva despidiendo un aliento de fuego. Dicho esto \u2014seg\u00fan el recuerdo de la comadrona que la asist\u00eda\u2014, poco antes del parto de su quinto y \u00faltimo hijo: Juli\u00e1n.<\/p>\n\n\n\n<p>Pocos a\u00f1os despu\u00e9s de este nacimiento, se produjo una penosa tragedia en el circo. El hecho se comentaba en susurros, casi en secreto, y revelaba el drama silencioso que enfrent\u00f3 a dos hermanos, Flavio y Adri\u00e1n, atrapados en una pasi\u00f3n amorosa por la misma mujer: Roxana, domadora y jineta de leopardos que en su espect\u00e1culo traspasaba temerariamente, con su felina pareja, varios aros de fuego.<\/p>\n\n\n\n<p>Flavio era su prometido, el que esperaba anhelante la consumaci\u00f3n nupcial. Adri\u00e1n era el m\u00e1s joven, y terminar\u00eda siendo el burlador. Todo ocurri\u00f3 una tarde en que la funci\u00f3n fue suspendida por causa de una repentina y violenta tempestad que se prolong\u00f3 durante horas. El viento y la lluvia embravecidos amenazaban con derribar las carpas. Las centellas que cuarteaban el cielo produc\u00edan temor en las bestias condenadas a permanecer dentro de las jaulas. S\u00f3lo un le\u00f3n rug\u00eda, como pretendiendo igualar la furia del trueno. Fue esa tarde cuando quiso la casualidad que Roxana entrara a guarecerse en la peque\u00f1a carpa donde se guardaban los utensilios y el sencillo vestuario, hallando en el lugar a su fraterno Adri\u00e1n. All\u00ed los sorprendi\u00f3 la noche sin que amainara la tormenta. El que deber\u00eda llegar a ser su cu\u00f1ado la trat\u00f3 con sin par delicadeza. Sec\u00f3 sus pies y los calent\u00f3, frot\u00e1ndolos suavemente con la palma de su mano, cubri\u00f3 con la zamarra su gr\u00e1cil cuerpo pasmado de fr\u00edo, le habl\u00f3 en un tono familiar. Cuando ella sinti\u00f3 miedo por la anarqu\u00eda de los elementos desatados, \u00e9l la indujo a recostar su cabeza de cabellos h\u00famedos sobre su pecho protector. Ella, que conoc\u00eda bien el el\u00e1stico y c\u00e1lido movimiento del jaguar antes de dar el salto traspasando el anillo de fuego, sinti\u00f3 cuando el cuerpo del hombre se hac\u00eda felino al rodear su cintura con su brazo fuerte, entrenado en las exigentes proezas del trapecio. Cuando el viento, o quiz\u00e1s el pensamiento del hombre (o del jaguar), apag\u00f3 la l\u00e1mpara de aceite, su pudor se disolvi\u00f3 en el deseo apremiante y se entreg\u00f3 a \u00e9l, al hermano de su prometido. Un h\u00e1lito de fiera, una fina garra que apart\u00f3 sus ropas, una fuerza selv\u00e1tica que la posey\u00f3.<\/p>\n\n\n\n<p>Nadie sabe si hubo un testigo de la traici\u00f3n. Nadie sabe si el propio Flavio lo presinti\u00f3, o lleg\u00f3 a mirarlos con estupor, anudados sobre el piso de la carpa. Nadie sabe si ella, en un rapto de arrepentimiento, confes\u00f3 su debilidad al enga\u00f1ado. Se sabe s\u00ed, que los hermanos nunca m\u00e1s celebraron juntos en la taberna al finalizar el espect\u00e1culo, como era su costumbre.<\/p>\n\n\n\n<p>Lo cierto es que una tarde los dos acr\u00f3batas hermanos, antes de ascender a los trapecios, mandaron a retirar la red de protecci\u00f3n. Algo que, desde los remotos tiempos de los n\u00fameros suicidas, no se practicaba en el circo. Se sent\u00eda una respiraci\u00f3n tensa y nerviosa en el p\u00fablico, que hab\u00eda presenciado antes con naturalidad las mismas acrobacias en otras funciones. Pero en esa ocasi\u00f3n, con el firmamento despejado, ocurr\u00eda algo inquietante: abajo no estaba la red.<\/p>\n\n\n\n<p>Por varios minutos jugaron impecablemente en el espacio, con una armon\u00eda insuperable. Finalmente, Flavio se meci\u00f3 r\u00edtmicamente en el trapecio. El redoblante hizo silencio antes de lanzarse Adri\u00e1n a consumar el triple salto mortal. La sincronizaci\u00f3n fue perfecta, el suspenso absoluto, la figura en el cielo de inigualable hermosura pero, cuando las manos de los dos hermanos se buscaron, hubo un instante congelado tan terrible como el vac\u00edo. Apenas los dedos se tocaron como dici\u00e9ndose adi\u00f3s, y el cuerpo de Adri\u00e1n fue a descoyuntarse en el piso.<\/p>\n\n\n\n<p>Roxana permaneci\u00f3, por largo rato, petrificada frente al cuerpo inerte. Flavio baj\u00f3 por la cuerda sin apresuramiento y no se detuvo a contemplar el cad\u00e1ver de Adri\u00e1n, pero en sus ojos se notaban l\u00e1grimas viriles. Nadie supo nunca si la muerte se visti\u00f3 de venganza, de suicidio, o fue acaso el m\u00e1s sublime de los actos de amor.<\/p>\n\n\n\n<p>Tal vez cuando el peque\u00f1o Juli\u00e1n presenci\u00f3 la tragedia, y luego al escuchar de los labios de la gente del circo las especulaciones sobre el trasfondo oscuro del suceso, debi\u00f3 deducir, o intuir, que en aquellas apuestas donde est\u00e1 en juego la pasi\u00f3n y la vida, la pasi\u00f3n y la muerte, no hay manos confiables.<\/p>\n\n\n\n<p>El otro acontecimiento funesto fue, para Juli\u00e1n, m\u00e1s personal. Su padre, desquiciado por el aguardiente, muri\u00f3 dentro de una jaula, embestido por el rinoceronte que le destroz\u00f3 con el cuerno el h\u00edgado ulcerado. <\/p>\n\n\n\n<p>Esa muerte termin\u00f3 de empujarlos a la pobreza m\u00e1s desamparada. La madre enloqueci\u00f3 sin retorno, los hermanos se hicieron mendigos. Al parecer, Juli\u00e1n permaneci\u00f3 todav\u00eda un tiempo m\u00e1s en el circo, heredando del padre el oficio de limpiador de la suciedad de las bestias. En el Diario del enano se comenta que: \u00ab\u2026una vez me confes\u00f3 que eran una familia m\u00e1s miserable que la miseria, y luego agreg\u00f3: Yo s\u00e9 lo que es la mierda Matat\u00edas, yo la palp\u00e9 con estas manos. \u00bfSabes a qu\u00e9 huele la gran cagada del hipop\u00f3tamo? Yo s\u00ed lo s\u00e9, todav\u00eda no se despega de mi nariz\u00bb. (Diario del enano, p. 27.)<\/p>\n\n\n\n<p>Sobreviv\u00edan en una casa destartalada, en la zona m\u00e1s infecta de la ciudad, cerca de un corral de cerdos y una quebrada de aguas turbias donde retozaban los batracios y resplandec\u00edan las flores de loto mientras, arriba, se derret\u00eda un cielo de crep\u00fasculos rojos. Este paisaje le proporcionar\u00eda (en otro tiempo secular) los s\u00edmbolos de una est\u00e9tica infernal, plasmada en algunos cuadros, cuando crey\u00f3 descubrir en su alma de adolescente atormentado una embrionaria vocaci\u00f3n de pintor.<\/p>\n\n\n\n<p>Tendr\u00eda siete a\u00f1os cuando qued\u00f3 completamente hu\u00e9rfano. Fue el primero de los hermanos en huir de la casucha en ruinas. Su madre le dio la existencia, pero no el amor. Comenta el enano que, \u00abalguna vez intent\u00f3 hacer pasar su vida de ni\u00f1o desvalido por la del Lazarillo de Tormes, tratando as\u00ed de darle importancia a sus piller\u00edas, plagiando un personaje de autor desconocido, pero podr\u00eda apostarse cualquier cosa a que Juli\u00e1n Camacho fue un peque\u00f1o malvado\u00bb. (Diario del enano, p. 36.)<\/p>\n\n\n\n<p>Fluy\u00f3, huy\u00f3, huy\u00f3 lejos; aunque seguramente se llev\u00f3 grabada la visi\u00f3n del circo, la met\u00e1fora del mundo-espect\u00e1culo: ilusi\u00f3n y recuerdo de un sue\u00f1o, medio festivo y medio tr\u00e1gico, como aquel cad\u00e1ver de acr\u00f3bata destrozado en el piso. Como el olor a la mierda del hipop\u00f3tamo, que se perpetuar\u00eda en su nariz muy a pesar del auxilio de los m\u00e1s exquisitos perfumes del mundo. Como la certeza de haber sido, alguna vez, m\u00e1s pobre que la pobreza. Ninguna fortuna podr\u00eda compensarlo ya de aquella precariedad inhumana. Tampoco lo abandonar\u00eda nunca m\u00e1s la imagen del padre llevando sobre su cabeza la peluca roja. <\/p>\n\n\n\n<p><strong>II<\/strong><\/p>\n\n\n\n<p>Fue un peque\u00f1o andariego, un p\u00edcaro ladronzuelo, hasta su encuentro casual con un humilde cl\u00e9rigo, hecho ocurrido en una apartada aldea (de cualquier mapa), \u00fanico lugar en muchas leguas donde se hallaba una modesta tienda abastecida de algunos v\u00edveres: aletas de murci\u00e9lago, alacranes salados, queso vegetal, iguanas secas, adem\u00e1s de algunos amuletos protectores.<\/p>\n\n\n\n<p>La aldea se llamaba \u00abEl Silencio\u00bb, porque en aquel lugar ning\u00fan perro ladraba. El cl\u00e9rigo, mentado Bernardo, advirti\u00f3 al ni\u00f1o raqu\u00edtico que dorm\u00eda a la sombra de un \u00e1rbol sin hojas y se condoli\u00f3 de su desamparo. Se sent\u00f3 a su lado y esper\u00f3 pacientemente hasta que despert\u00f3, cuando ya el sol comenzaba a fugarse del paisaje. Le ofreci\u00f3 agua y le dio a masticar un peque\u00f1o cuerno, todav\u00eda fresco, de cachorro de unicornio. No hablaron. Partieron juntos, cumpliendo una larga marcha de muchos d\u00edas, hasta llegar al monasterio. Bernardo solicit\u00f3 el permiso de los superiores para alojar al ni\u00f1o hu\u00e9rfano mientras se le consegu\u00eda alg\u00fan albergue. Se le acept\u00f3 temporalmente para cumplir tareas de mandadero a cambio del sustento. As\u00ed se hizo, pero Bernardo, que fung\u00eda de mentor, desde el primer d\u00eda de su estada en el monasterio puso empe\u00f1o en ense\u00f1arle la fe religiosa y el arte de la lectura de manuscritos. Ah\u00ed Juli\u00e1n emprendi\u00f3 un nuevo ciclo de su metamorfosis, se hizo menos hura\u00f1o, aunque no hacendoso. No era lerdo para la interpretaci\u00f3n de los signos que le ense\u00f1aba el cl\u00e9rigo, aunque las lecciones elementales de escol\u00e1stica lo dejaban completamente indiferente.<\/p>\n\n\n\n<p>Permaneci\u00f3 en el lugar durante lentos meses, desprovistos de acci\u00f3n, cuando lo sorprendi\u00f3 la adolescencia: esa enfermedad del car\u00e1cter. La aspiraci\u00f3n de Bernardo era la de captarlo, definitivamente, para la entrega a Dios. Pero, justamente en esa \u00e9poca, el monasterio fue conmovido por la presencia de un desviado de la doctrina: Fray Juan, un hombre que pose\u00eda la m\u00e1s bondadosa de las miradas de ser alguno en tr\u00e1nsito terrestre. Aun as\u00ed supo Juli\u00e1n, por boca del seminarista Dorian, que se le consideraba poco menos que un hereje, con la misma mirada aterciopelada de Lucifer, afiliado a una extra\u00f1a orden cuestionadora del poder religioso. Juli\u00e1n mismo lo observ\u00f3 una vez orando con tanta devoci\u00f3n, que parec\u00eda que en cualquier momento su plegaria har\u00eda desaparecer todo vestigio de maldad en el mundo. En esa ocasi\u00f3n, superando su estado de perplejidad, se atrevi\u00f3 a acercarse al controversista y a indagar sobre su verdad. El hombre transparente respondi\u00f3 con dulzura:<\/p>\n\n\n\n<p><em>Para venir a gustarlo todo,<br>no quieras tener gusto en nada.<br>Para venir a poseerlo todo,<br>no quieras poseer algo en nada<\/em>.<\/p>\n\n\n\n<p>Despu\u00e9s se alej\u00f3, mostrando una fragilidad que parec\u00eda a punto de quebrarse en el aire. Aquella misma tarde se produjo una ins\u00f3lita agitaci\u00f3n en el monasterio. Una comisi\u00f3n de notables religiosos hab\u00eda llegado para interrogar al raro, al descarriado, al que habla en par\u00e1bola sobre \u00abel rayo de la tiniebla\u00bb, el reformador. <\/p>\n\n\n\n<p>Lo colocan de rodillas frente al reclinatorio. (A un lado, la imagen de la Virgen de La Piedad contempla el suceso.) Su cuerpo est\u00e1 desnudo y desvalido. Cada uno de los eminentes, por turno, golpea, con una vara dura y flexible sobre la espalda de Fray Juan hasta hacerla sangrar. Algo distante, en compa\u00f1\u00eda de otros curiosos iniciados, Juli\u00e1n presencia el castigo. Martirizan la carne para que el esp\u00edritu se purifique.<\/p>\n\n\n\n<p>Pero Juli\u00e1n piensa que golpean a un santo y que \u00e9ste no tiene los medios para librarse a s\u00ed mismo de la humillaci\u00f3n que se le inflige. \u00bfEn d\u00f3nde reside entonces su poder? \u00bfPara qu\u00e9 serv\u00eda el sacrificio del yo que le hab\u00eda se\u00f1alado? En la madrugada, Fray Juan fue conducido como prisionero a otro lugar, lejos del monasterio. Quienes lo vieron \u2014Juli\u00e1n entre ellos\u2014, se sintieron luego perturbados por el recuerdo de sus ojos de iluminado. Alguna vez dir\u00eda Jos\u00e9 Niebla: \u00abQuiz\u00e1s era un santo tan verdadero como yo soy demonio\u00bb. (Diario del enano, p. 99.)<\/p>\n\n\n\n<p>Se le hab\u00eda aceptado como novicio bajo la orientaci\u00f3n de Fray Bernardo. Hab\u00eda le\u00eddo quince manuscritos, estaba preparado para ofrecer el voto de pobreza, algo del de obediencia e ignoraba si el de castidad. Pero rechazaba el dolor personal, y le espantaba la idea de tener que flagelarse para agradar a Dios. Fue en ese tiempo de silencio y duda, cuando comenz\u00f3 a carcomerlo el mordisco placentero de la lujuria; la que hab\u00eda adquirido presencia por mediaci\u00f3n de la pintura de la Virgen de La Piedad, pr\u00f3xima al reclinatorio. All\u00ed \u00e9l se hincaba de rodillas, fingiendo orar durante horas, para poder observar de soslayo el precioso rostro de la Virgen, que reflejaba una enigm\u00e1tica pureza traicionada por una boca carnosa y purp\u00farea. El pintor hab\u00eda cubierto el cuerpo de la Virgen con una t\u00fanica, cerr\u00e1ndole todo vestigio a la lascivia, pero, quiz\u00e1s por ello mismo, Juli\u00e1n no dejaba de preguntarse, \u00bfc\u00f3mo ser\u00eda la Virgen de La Piedad en su impoluta desnudez? \u00bfTendr\u00eda el cuerpo tan perfecto como su rostro? <\/p>\n\n\n\n<p>Tales eran sus mortificantes especulaciones mientras los religiosos, y en especial Bernardo, supon\u00edan que al fin hab\u00eda encontrado el camino de Dios tomando en cuenta las muchas horas que permanec\u00eda arrodillado en el reclinatorio. Hasta el punto de que se vieron obligados a reglamentar su tiempo de oraci\u00f3n. Su imaginaci\u00f3n desatada trataba de inmiscuirse en los m\u00e1s rec\u00f3nditos secretos, resguardados por la cerrada t\u00fanica morada. Aun as\u00ed, y sin contar con ninguna orientaci\u00f3n derivada de la lectura de los manuscritos, en la p\u00e9trea quietud de la madrugada, en aquel recinto de paz espiritual, dentro del peque\u00f1o purgatorio que era su celda de biso\u00f1o, Juli\u00e1n inici\u00f3 una praxis onanista incontenible, sacrilegio \u00e9ste que impregnaba todo el monasterio de un penetrante, intenso y provocador olor a semen sacando de su compostura on\u00edrica a m\u00e1s de un fraile y a no pocos novicios. <\/p>\n\n\n\n<p>Una noche sinti\u00f3 cuando alguien se aproximaba reptando hasta su lado. No pudo reconocerlo en la oscuridad, aunque tuvo la intuici\u00f3n de que era Dorian, el adolescente de palidez lunar en cuya compa\u00f1\u00eda hab\u00eda hecho varias caminatas vespertinas alrededor del patio, platicando amigablemente. Con destreza, sin mediar palabra alguna, una mano fina se apoder\u00f3 de su esencia viril, acometiendo luego un diestro acto de felaci\u00f3n, ejecutado por una lengua ardorosa y retir\u00e1ndose de inmediato con el mismo sigilo con que hab\u00eda llegado. <\/p>\n\n\n\n<p>A pesar del leve misterio que envolvi\u00f3 la visita del personaje, al d\u00eda siguiente, al cruzarse con la maliciosa mirada y la sonrisa c\u00f3mplice de Dorian, no tuvo duda de la identidad del arrojado visitante nocturno. Pens\u00f3 que el delicado joven era un hermafrodita, pero no tuvo inter\u00e9s en continuar su juego. Todos sus nervios y tentaciones carnales estaban signados por el embrujo in\u00fatil manifiesto en la pintura insondable de la Virgen de La Piedad.<\/p>\n\n\n\n<p>El inveros\u00edmil estoicismo de Fray Juan, la temeridad vampiresca de Dorian y la herm\u00e9tica virtud de la Virgen de La Piedad confirmaron su sospecha de que la senda de la divina gracia no era precisamente la m\u00e1s propicia para desplegar su naturaleza mundana. Tal certidumbre lo llev\u00f3 a desertar del monasterio, como en otro tiempo lo hab\u00eda hecho del circo. Quiso despedirse de Fray Bernardo, a quien deb\u00eda las buenas intenciones de haber querido encomendarlo al poder de Dios, pero \u00e9ste se encontraba cumpliendo un severo retiro. A \u00faltima hora desisti\u00f3 del prop\u00f3sito de robar la pintura, hecho que hubiese podido condenarlo al onanismo perpetuo.<\/p>\n\n\n\n<h4 class=\"wp-block-heading has-text-align-right\"><a href=\"https:\/\/eldienteroto.org\/wp49\/eduardo-liendo\/\" target=\"_blank\" rel=\"noreferrer noopener\">Sobre el autor<\/a><\/h4>\n","protected":false},"excerpt":{"rendered":"<p>Eduardo Liendo S\u00f3lo yo puedo contar esta historia. Todas las otras versiones de mi memoria son ap\u00f3crifas, fueron escritas por detractores que vomitan su hiel sobre mi sombra, o por algunos de mis sirvientes intelectuales. S\u00f3lo yo conozco la entra\u00f1a de mi coraz\u00f3n. Mi maltratado coraz\u00f3n envejecido. M\u00e1s que recuerdos, es mi piel la que [&hellip;]<\/p>\n","protected":false},"author":6,"featured_media":17106,"comment_status":"open","ping_status":"","sticky":false,"template":"","format":"standard","meta":{"_monsterinsights_skip_tracking":false,"_monsterinsights_sitenote_active":false,"_monsterinsights_sitenote_note":"","_monsterinsights_sitenote_category":0,"footnotes":""},"categories":[15],"tags":[],"_links":{"self":[{"href":"https:\/\/eldienteroto.org\/wp49\/wp-json\/wp\/v2\/posts\/17105"}],"collection":[{"href":"https:\/\/eldienteroto.org\/wp49\/wp-json\/wp\/v2\/posts"}],"about":[{"href":"https:\/\/eldienteroto.org\/wp49\/wp-json\/wp\/v2\/types\/post"}],"author":[{"embeddable":true,"href":"https:\/\/eldienteroto.org\/wp49\/wp-json\/wp\/v2\/users\/6"}],"replies":[{"embeddable":true,"href":"https:\/\/eldienteroto.org\/wp49\/wp-json\/wp\/v2\/comments?post=17105"}],"version-history":[{"count":1,"href":"https:\/\/eldienteroto.org\/wp49\/wp-json\/wp\/v2\/posts\/17105\/revisions"}],"predecessor-version":[{"id":17107,"href":"https:\/\/eldienteroto.org\/wp49\/wp-json\/wp\/v2\/posts\/17105\/revisions\/17107"}],"wp:featuredmedia":[{"embeddable":true,"href":"https:\/\/eldienteroto.org\/wp49\/wp-json\/wp\/v2\/media\/17106"}],"wp:attachment":[{"href":"https:\/\/eldienteroto.org\/wp49\/wp-json\/wp\/v2\/media?parent=17105"}],"wp:term":[{"taxonomy":"category","embeddable":true,"href":"https:\/\/eldienteroto.org\/wp49\/wp-json\/wp\/v2\/categories?post=17105"},{"taxonomy":"post_tag","embeddable":true,"href":"https:\/\/eldienteroto.org\/wp49\/wp-json\/wp\/v2\/tags?post=17105"}],"curies":[{"name":"wp","href":"https:\/\/api.w.org\/{rel}","templated":true}]}}