{"id":17034,"date":"2025-08-09T14:42:23","date_gmt":"2025-08-09T19:12:23","guid":{"rendered":"https:\/\/eldienteroto.org\/wp49\/?p=17034"},"modified":"2025-09-02T17:10:53","modified_gmt":"2025-09-02T21:40:53","slug":"nostalgia-colonial-y-jerarquia-racial-en-dona-ines-contra-el-olvido","status":"publish","type":"post","link":"https:\/\/eldienteroto.org\/wp49\/nostalgia-colonial-y-jerarquia-racial-en-dona-ines-contra-el-olvido\/","title":{"rendered":"Nostalgia colonial y jerarqu\u00eda racial en \u00abDo\u00f1a In\u00e9s contra el olvido\u00bb"},"content":{"rendered":"\n<h4 class=\"wp-block-heading has-text-align-right\">Patricia Valladares-Ruiz<\/h4>\n\n\n\n<p>Desde la novela del xix hasta el tratamiento posmoderno de la nueva novela hist\u00f3rica de finales del siglo xx, la representaci\u00f3n literaria de personajes afrovenezolanos ha sido mayoritariamente articulada por escritores blancos para lectores blancos. No pocos han sido los casos en los que estos textos se han alimentado del sistema colonial de jerarqu\u00edas del color y lo han reproducido. En estas narrativas proliferan procesos de racializaci\u00f3n que raras veces logran tambalear las tradicionales representaciones de personajes negros construidos en oposici\u00f3n al de su equivalente blanco, donde el primero est\u00e1 destinado a ocupar el espacio subalterno del binomio.<\/p>\n\n\n\n<p>La representaci\u00f3n de sujetos afrodescendientes en la narrativa venezolana ha tendido a articularse en torno a tres ejes tem\u00e1ticos bastante bien definidos. El primero de ellos recoge las narraciones de corte hist\u00f3rico, tales como \u00a1En este pa\u00eds! (1916) de Luis Urbaneja Achelpohl, Peregrina o El pozo encantado (1922) de Manuel D\u00edaz Rodr\u00edguez, Pobre negro (1937) de R\u00f3mulo Gallegos, Las lanzas coloradas (1931) de Arturo \u00daslar Pietri y, entre otros ejemplos, Boves, el urogallo (1972) de Francisco Herrera Luque. En estos textos, las acciones de los personajes negros \u2013casi en su totalidad hombres\u2013 a menudo est\u00e1n vinculadas a su participaci\u00f3n en la gesta independentista y en la Guerra Federal. La incorporaci\u00f3n de estos personajes alimentar\u00eda la ret\u00f3rica integracionista que postulaba la participaci\u00f3n de todos los grupos raciales (blancos, negros, ind\u00edgenas y mestizos) en el proyecto de construcci\u00f3n nacional; de esta forma, estas narrativas habr\u00edan contribuido a la propagaci\u00f3n del mito de la convivencia armoniosa de las razas.<\/p>\n\n\n\n<p>Un segundo grupo reunir\u00eda textos de tem\u00e1tica rural cuyas acciones se desarrollan en haciendas cafetaleras, conucos, campos petroleros y comunidades de negros asentadas en las zonas costeras. Tales son los casos de Peon\u00eda (1890) de Manuel Vicente Romero Garc\u00eda, Mene (1936) y Borburata (1960) de Ram\u00f3n D\u00edaz S\u00e1nchez, Los conuqueros (1936) de Julio Ramos y Nochebuena negra (1943) de Juan Pablo Sojo. Un \u00faltimo conjunto agrupar\u00eda las narrativas urbanas en torno a la inmigraci\u00f3n de sujetos afrodescendientes de las zonas rurales a las ciudades, como lo son las novelas de Guillermo Meneses, Canci\u00f3n de negros (1934) y Campeones (1939).<\/p>\n\n\n\n<p>En este brev\u00edsimo e incompleto recorrido por la representaci\u00f3n de personajes negros en la narrativa venezolana son recurrentes los usos de ciertos registros ling\u00fc\u00edsticos y estereotipos sociales y culturales que, en lugar de celebrar la diversidad racial de la sociedad venezolana, favorecer\u00edan la perpetuaci\u00f3n de la blancura como modelo hegem\u00f3nico a alcanzar. En suma, muchos de estos textos proponen una mirada exotizante y telesc\u00f3pica que se encargar\u00eda de relegar a estos sujetos a los m\u00e1rgenes y excluirlos del concierto nacional, al tiempo que resguardar\u00eda la preeminencia de la blancura racial y cultural. Esto es posible apreciarlo en novelas como Pobre negro y Las lanzas coloradas en las que los personajes negros son delineados a partir de dicotom\u00edas sustentadas en la supremac\u00eda del hombre blanco, cristiano, burgu\u00e9s, urbano y educado. Por tanto, poco sorprender\u00e1 que \u2013en el inventario de silencios y ausencias que definen la representaci\u00f3n literaria de la afrovenezolanidad\u2013 descuelle la escasa representaci\u00f3n de personajes de mujeres negras que logren escapar del cumplimiento una mera funci\u00f3n ornamental y que ocupen espacios protag\u00f3nicos en estas narraciones. <\/p>\n\n\n\n<p>En las narrativas de corte hist\u00f3rico producidas en las \u00faltimas dos d\u00e9cadas, destaca la novela Do\u00f1a In\u00e9s contra el olvido (1992) de Ana Teresa Torres, una de las escritoras m\u00e1s celebradas en el panorama literario venezolano contempor\u00e1neo. En su acercamiento a esta novela, buena parte de la cr\u00edtica ha privilegiado la lectura de los referentes hist\u00f3ricos, el cuestionamiento literario de la historia oficial, la \u00f3ptica femenina del discurso intrahist\u00f3rico y, entre otros aspectos tem\u00e1ticos, la reescritura del pasado colonial desde una perspectiva nost\u00e1lgica. La lectura que aqu\u00ed presento de Do\u00f1a In\u00e9s contra el olvido persigue el examen detenido de la representaci\u00f3n de personajes afrodescendientes y, m\u00e1s precisamente, de c\u00f3mo estos personajes permiten cuestionar el v\u00ednculo significativo entre la historia de do\u00f1a In\u00e9s y sus antecedentes discursivos. En el nivel intradieg\u00e9tico estos antecedentes apuntar\u00edan a la historia oficial contra la que do\u00f1a In\u00e9s se enfrenta por medio de su testimonio; mientras que en el nivel extradieg\u00e9tico, la novela de Torres se rebelar\u00eda \u2013por medio del artificio par\u00f3dico\u2013 en contra de una tradici\u00f3n literaria de novelas hist\u00f3ricas que justificaban el proceso de construcci\u00f3n nacional con la reproducci\u00f3n del mito de la convivencia armoniosa entre los grupos raciales.<\/p>\n\n\n\n<p>El estudio de los mecanismos de representaci\u00f3n de sujetos afrodescendientes requiere de una reflexi\u00f3n acerca de las tensiones raciales y sociales que tambalean, por adhesi\u00f3n u oposici\u00f3n, los discursos hegem\u00f3nicos sobre la identidad nacional venezolana. Asimismo, el an\u00e1lisis de la din\u00e1mica par\u00f3dica en esta novela propicia una reflexi\u00f3n sobre el papel que juegan los personajes afrovenezolanos en la ficcionalizaci\u00f3n de eventos hist\u00f3ricos (desde el periodo colonial hasta finales del siglo xx) representados en esta novela. En esta l\u00ednea, me intereso en los fen\u00f3menos de continuidad y ruptura en la inscripci\u00f3n de estereotipos asociados a las subjetividades afrodescendientes y, m\u00e1s particularmente, en c\u00f3mo contribuyen estos personajes a construir un espacio discursivo alternativo.<\/p>\n\n\n\n<p>Tanto en su ataque al discurso historiogr\u00e1fico oficial como en su exaltaci\u00f3n de la memoria hist\u00f3rica, esta novela trazar\u00eda, desde la ficci\u00f3n, una genealog\u00eda de los conflictos entre grupos raciales y sociales surgidos al fragor de la maquina esclavista y cuyos ecos a\u00fan resuenan en la actualidad. Desde esta perspectiva, la lectura de Do\u00f1a In\u00e9s contra el olvido revela una clara afinidad con otras narrativas hist\u00f3ricas del descalabro, entre las que podemos mencionar novelas como: Memorias de un venezolano de la decadencia (Jos\u00e9 Rafael Pocaterra, 1936), Fiebre (Miguel Otero Silva, 1939), Jab\u00f3n de olor (Ger\u00f3nimo P\u00e9rez Rescaniere, 1973), La isla de R\u00f3binson (Arturo \u00daslar Pietri, 1981), La \u00faltima cena (Stefan\u00eda Mosca 1990); e incluso textos posteriores como Los amos del valle (Francisco Herrera Luque, 1993) y Rocanegras (Fedosy Santaella, 2007). Estas novelas coincidir\u00edan con Do\u00f1a In\u00e9s contra el olvido en sus acercamientos a eventos y periodos hist\u00f3ricos que apuntar\u00edan al fracaso de un proyecto nacional afianzado sobre ideales de concordia (racial y social) y de progreso, donde la b\u00fasqueda del bien com\u00fan (la patria) se resquebraja como consecuencia de la prevalencia del personalismo, caudillismo y sectarismo a trav\u00e9s de m\u00e1s de dos siglos. <\/p>\n\n\n\n<p>En este empresa es importante considerar la recreaci\u00f3n literaria de la relaci\u00f3n entre memoria y temporalidad. En sus reflexiones en torno a la recuperaci\u00f3n del pasado a trav\u00e9s de la memoria, Andreas Huyssen advierte que la renovada obsesi\u00f3n con la historia no es el resultado de un s\u00edndrome finisecular posmoderno; al contrario, es un signo de la crisis de la ideolog\u00eda de progreso y la modernizaci\u00f3n y, por otra parte, de la estructura de temporalidad que marc\u00f3 la era moderna con la celebraci\u00f3n de lo nuevo como ut\u00f3pico, como radical e irreductiblemente Otro (6). En este sentido, el ejercicio narrativo de Torres recrear\u00eda la arbitrariedad que supone el ordenamiento de eventos hist\u00f3ricos recogidos por la memoria individual y colectiva. En el caso que ocupa nuestra atenci\u00f3n, estos eventos responder\u00edan no s\u00f3lo a los intereses personales de la narradora, do\u00f1a In\u00e9s, sino tambi\u00e9n a los que su condici\u00f3n de mujer blanca y mantuana impone. Desde luego, estos rasgos la distanciar\u00edan de anteriores narrativas de corte hist\u00f3rico tradicionalmente articuladas desde la perspectiva masculina. En la novela de Torres, el examen del pasado familiar y nacional cumplir\u00eda con dos prop\u00f3sitos en apariencia contradictorios. En un primer nivel de enunciaci\u00f3n, la narraci\u00f3n de la historia de los Villegas y Sol\u00f3rzano que nos presenta do\u00f1a In\u00e9s responder\u00eda a su af\u00e1n de a\u00f1oranza de un periodo colonial en el que su familia viv\u00eda apaciblemente y gozaba de prestigio social. En este sentido, la obsesi\u00f3n de do\u00f1a In\u00e9s con la historia familiar responder\u00eda a una necesidad de redisponer unos eventos cuyo orden original habr\u00eda sido alterado por el abuso de poder de grupos pol\u00edticos dominantes a lo largo de m\u00e1s de dos siglos<sup>1<\/sup>. <\/p>\n\n\n\n<p>Sin embargo, en un segundo  nivel de enunciaci\u00f3n, el ejercicio de esta \u201cnostalgia restauradora\u201d abrir\u00eda paso, por una parte, a una cr\u00edtica incisiva \u2013a trav\u00e9s de la recreaci\u00f3n par\u00f3dica de discursos adscritos a la historia oficial\u2013 de un proyecto nacional que pretendi\u00f3 reproducir y prolongar las relaciones jer\u00e1rquicas de raza, g\u00e9nero y clase que engrasaron la m\u00e1quina colonial. De esta forma, el testimonio transhist\u00f3rico de do\u00f1a In\u00e9s transitar\u00eda un espacio liminal entre el malestar mantuano<sup>2<\/sup> y la revancha de los desclasados.<\/p>\n\n\n\n<p><strong>De la siesta colonial a la algarab\u00eda emancipadora<\/strong> <\/p>\n\n\n\n<p>Desde el punto de vista estructural, Do\u00f1a In\u00e9s contra el olvido est\u00e1 dividida en tres partes; cada una de ellas se ocupa de distintos periodos pol\u00edticos de la historia venezolana: 1715-1835, 1846-1935 y 1935-1985. En el transcurso de estos periodos, la narradora, do\u00f1a In\u00e9s Villegas y Sol\u00f3rzano, un ama de casa mantuana, rememora el curso de un largo litigio por unas tierras cacaoteras de Curiepe (costa central de Venezuela). Durante los \u00faltimos a\u00f1os de su vida e incluso despu\u00e9s de su muerte, do\u00f1a In\u00e9s indaga en los eventos que giraron en torno a la sucesi\u00f3n de las tierras, la b\u00fasqueda de t\u00edtulos de propiedad y los procesos pol\u00edticos que afectaron directamente el destino de aquellas tierras. En el siglo xViii, etapa inicial de esta historia, la explotaci\u00f3n y exportaci\u00f3n del cacao venezolano estaba en pleno auge. Los due\u00f1os de haciendas cacaoteras no s\u00f3lo ostentaban una situaci\u00f3n econ\u00f3mica muy privilegiada, sino que tambi\u00e9n contaban con acceso a las altas esferas del poder pol\u00edtico local.<\/p>\n\n\n\n<p>La voz espectral de do\u00f1a In\u00e9s modela un recorrido por la historia venezolana, desde su condici\u00f3n de mujer blanca, perteneciente a la clase social m\u00e1s pudiente en la Venezuela colonial. A pesar de encontrarse en una situaci\u00f3n aparentemente privilegiada, la misma sociedad que protege su estatus social, la condena a un espacio subalterno debido a su g\u00e9nero. De este modo, al contar la historia de sus tierras, de su familia y de Venezuela, do\u00f1a In\u00e9s transgrede el orden colonial. Como se expone en la primera parte de la novela, do\u00f1a In\u00e9s, aunque capacitada para imponer su voluntad sobre el grupo de esclavos a su servicio, no alcanza a gozar de ciertos privilegios exclusivos de los hombres mantuanos. Entre alguna de estas prerrogativas se pueden mencionar el acceso a la educaci\u00f3n, la participaci\u00f3n en negocios y en la vida pol\u00edtica local y, entre otros, la posibilidad de erigirse como voces y plumas autorizadas.<\/p>\n\n\n\n<p>Como se puede apreciar en la novela, la narradora recrea un di\u00e1logo imaginario con otros personajes envueltos en el litigio. M\u00e1s precisamente, se trata de un mon\u00f3logo que sugiere la puesta en escena de un di\u00e1logo; pues, aunque do\u00f1a In\u00e9s se dirija a sus interlocutores, estos nunca alcanzan a darle la r\u00e9plica. Estos interlocutores son su esposo, Alejandro Mart\u00ednez de Villegas y Blanco, y su paje y liberto, Juan del Rosario (hijo ileg\u00edtimo de su esposo y una de las esclavas de la hacienda). Do\u00f1a In\u00e9s tambi\u00e9n dirige sus reclamos a otras figuras p\u00fablicas como reyes (Carlos III y Carlos IV), presidentes, gobernadores, alcaldes y escribanos. Si bien lecturas cr\u00edticas como la de Fabiola Franco han rescatado el car\u00e1cter polif\u00f3nico de esta novela (71), en rigor, estar\u00edamos ante una mirada \u00fanica sobre un reprrtorio de personajes variopintos, distanciados entre s\u00ed por el sexo, la clase social, la raza, la religi\u00f3n, el origen nacional y el contexto hist\u00f3rico.<\/p>\n\n\n\n<p>Como he mencionado anteriormente, la visi\u00f3n de la historia que prevalece a lo largo de la novela es la de do\u00f1a In\u00e9s. En esta l\u00ednea conviene tener en cuenta las referencias de la propia narradora a su sordera, un mal que achaca a su avanzada edad. En un plano simb\u00f3lico, esta condici\u00f3n tambi\u00e9n responder\u00eda a su desinter\u00e9s por todo aquello que no afecte directamente el mencionado litigio. De ah\u00ed tambi\u00e9n se desprende su insistencia en \u201ccomponer su historia\u201d (13); una que dista mucho de ser la historia de los hombres mantuanos, esclavos, campesinos, cronistas y estadistas. A trav\u00e9s del escrutinio de peque\u00f1os eventos cotidianos, la narradora examina los grandes procesos hist\u00f3ricos<sup>3<\/sup>. Los litigios familiares ser\u00edan un eco metaf\u00f3rico de las disputas que marcaron el periodo colonial, la emancipaci\u00f3n, la rep\u00fablica y los reg\u00edmenes dictatoriales y democr\u00e1ticos del siglo xx.<\/p>\n\n\n\n<p>Con esta novela, Torres contribuye al creciente corpus de narrativas venezolanas contempor\u00e1neas de tem\u00e1tica hist\u00f3rica<sup>4<\/sup>. Mar\u00eda Bru\u00f1a Bragado relaciona este ataque a la \u201cversi\u00f3n oficial\u201d de la historia a cierto descontento por el descalabro pol\u00edtico y econ\u00f3mico de las \u00faltimas d\u00e9cadas del siglo xx (195)<sup>5<\/sup>. En esta l\u00ednea, Do\u00f1a In\u00e9s contra el olvido plantear\u00eda, entonces, el reflejo inverso de las narrativas de finales del xix y de la primera mitad del xx en torno a las relaciones entre los diferentes grupos sociales y raciales que participaron en el proyecto de construcci\u00f3n nacional<sup>6<\/sup>.<\/p>\n\n\n\n<p>En anteriores narrativas sobre las guerras del xix, los conflictos sociales se asociaban a las jerarqu\u00edas raciales impuestas por el sistema colonial y que habr\u00edan de ser superadas, al menos en apariencia, tras el triunfo de la gesta independentista. Sin embargo, Do\u00f1a In\u00e9s contra el olvido, en tanto que novela hist\u00f3rica posmoderna, reacciona en contra de una historia oficial de vocaci\u00f3n integradora para denunciar las tensiones a\u00fan no superadas entre los grupos antag\u00f3nicos; tal como lo podemos apreciar en la \u00faltima parte del texto, que se ocupa del periodo comprendido entre 1935 y 1985. Si bien la novela de Torres se alimenta del modelo tradicional de la novela hist\u00f3rica, no s\u00f3lo no participa de la representaci\u00f3n idealizada de la gran familia nacional, sino que confronta y contradice esta postura. Precisamente, Do\u00f1a In\u00e9s contra el olvido se sirve de ese modelo para desmontarlo por medio del artificio par\u00f3dico y exponer el mecanismo de perpetuaci\u00f3n de la supremac\u00eda mantuana en la sociedad venezolana<sup>7<\/sup>.<\/p>\n\n\n\n<p>Es crucial tener en cuenta que la narradora, distanci\u00e1ndose de la tradici\u00f3n literaria de tema hist\u00f3rico, no ofrece un acercamiento emp\u00e1tico, compasivo ni mucho menos redentor sobre los colectivos que tradicionalmente han sido victimizados o ensalzados en el marco de la representaci\u00f3n literaria del periodo independentista. En su impulso sat\u00edrico, el texto de Torres nos presenta a una mantuana que se percibe como damnificada del trance pol\u00edtico que le arrebatara sus tierras cacaoteras. En consecuencia, en Do\u00f1a In\u00e9s contra el olvido impera la representaci\u00f3n de sujetos esclavos y descendientes desde una perspectiva que, adem\u00e1s de condenarlos a un espacio subalterno, los identifica como elementos nocivos del orden colonial, de la bonanza econ\u00f3mica y del poder pol\u00edtico y social de los blancos criollos.<\/p>\n\n\n\n<p>Ning\u00fan personaje resulta indemne del ajuste de cuentas de do\u00f1a In\u00e9s, ni las fuerzas realistas ni las republicanas. En este panorama, los personajes afrodescendientes ya no son representados exclusivamente como v\u00edctimas de la empresa esclavista o como soldados aguerridos y fieles a los pr\u00f3ceres blancos de la Independencia. El tono despectivo de muchos de los ataques de do\u00f1a In\u00e9s en contra de estos personajes responder\u00eda a la voz de una mujer de su tiempo y su condici\u00f3n. La representaci\u00f3n burlona de las clases dominantes revelar\u00eda la falsedad de los discursos integracionistas del xix, que elogiaban la participaci\u00f3n de todos los grupos sociales y raciales a favor de la construcci\u00f3n de la naci\u00f3n. En contrapartida, la historia patria que nos ofrece do\u00f1a In\u00e9s est\u00e1 cubierta con un manto de desencanto. El origen de la frustraci\u00f3n de la narradora se sit\u00faa en el periodo colonial, cuando los mantuanos \u2013a pesar de sentirse los leg\u00edtimos propietarios del territorio que habitaban\u2013 deb\u00edan someterse a los designios del aparato imperial.<\/p>\n\n\n\n<p>Superado el periodo que la narradora definiera como la \u201csiesta colonial\u201d y tras el tr\u00e1nsito fragoso por las guerras del xix, la aristocracia criolla tuvo que enfrentarse a la emergencia de otros factores sociales con los cuales deb\u00eda pactar la repartici\u00f3n de nuevos poderes pol\u00edticos, sociales y econ\u00f3micos. La historia de do\u00f1a In\u00e9s es una de desencuentros y, sobre todo, de enfrentamientos con un Otro que, en el caso de la protagonista, puede ser cualquiera que obstaculice la perpetuaci\u00f3n de la supremac\u00eda mantuana. En su condici\u00f3n de testigo espectral y omnipresente, do\u00f1a In\u00e9s es testigo y cronista de una serie de cambios pol\u00edticos y socioecon\u00f3micos que la llevan a asegurar que su vida, sus tierras y su pa\u00eds est\u00e1n condenados irremediablemente al infortunio:<\/p>\n\n\n\n<p><em>\u00bfPor qu\u00e9, Alejandro, esta tierra atrae la ira de Dios? \u00bfPor qu\u00e9 la han llamado tierra de Gracias, cuando las desgracias no nos dan tregua? \u00bfC\u00f3mo se le ocurri\u00f3 a Col\u00f3n pensar que hab\u00eda llegado al Para\u00edso? \u00bfD\u00f3nde est\u00e1 ese Dorado que han pintado unos cronistas necios? Si cuando no es una cosa es la otra, si por casualidad nos mandan con una mano a un gobernador decente, con la otra nos acu\u00f1an a la Compa\u00f1\u00eda Guipuzcoana para que nos deje exang\u00fces, cuando no caen aguaceros que pierden las cosechas,<br>tiembla y se vienen abajo las casas, y si dejan de asolarnos los piratas, no bombardean los ingleses, \u2026 y cuando todo aparece estar en calma, se alzan unos negros y queman una hacienda. (29-30)<\/em><\/p>\n\n\n\n<p>El fatalismo que marca tanto el origen de la naci\u00f3n como el litigio por las tierras cacaoteras se desarrolla en la primera parte del texto. El relato minucioso \u2013en torno a la burocracia colonial, las complejas relaciones con la metr\u00f3polis, del sistema de jerarqu\u00edas sociales y raciales\u2013 se erige como antecedente ineluctable de muchos de los exabruptos jur\u00eddicos y pol\u00edticos narrados en la segunda (1846-1935) y tercera parte (1935-1985) de la novela. A trav\u00e9s de la exploraci\u00f3n afanosa de sus recuerdos, do\u00f1a In\u00e9s se plantea la historia de sus tierras y del pa\u00eds como espacios de dominaciones, violaciones y exterminios (Calles 95; Franco 67)<sup>8<\/sup>. Sin embargo, como hemos visto anteriormente, la narradora representa a los grupos tradicionalmente marginados como los causantes de la fractura de un a\u00f1orado orden colonial. En esta revisi\u00f3n tan ir\u00f3nica como emotiva de la historia familiar, resultan particularmente significativos los v\u00ednculos entre mantuanos y afrodescendientes. Desde el p\u00e1rrafo inicial de la novela se expone claramente la relaci\u00f3n de superioridad que mantiene do\u00f1a In\u00e9s con las esclavas de su hacienda:<\/p>\n\n\n\n<p>Mi vida fue atravesar ma\u00f1anas lentas, d\u00edas largos que el tiempo recorr\u00eda despacio, vigilar el trabajo de las esclavas, verlas barrer las lajas de los patios, dar lustre a las baldosas y azulejos que hice traer de Andaluc\u00eda \u2026 o darme una vuelta por la cocina para probar la sopa \u2026 [Y] al acudir a la hora se\u00f1alada las esclavas con las mantillas en el cesto, despedirnos hasta muy pronto o hasta el domingo en Catedral, donde nos encontr\u00e1bamos, las mantuanas, vestidas de negro y cubiertas por un manto, en se\u00f1al de nuestro privilegio, escoltadas por dos esclavas, una para espantar a los mendigos y otra para extender la alfombrilla en los secos ladrillos de la iglesia. (11) <\/p>\n\n\n\n<p>La relaci\u00f3n de la narradora con las esclavas se limitaba, pues, a la supervisi\u00f3n del trabajo dom\u00e9stico y a la imposici\u00f3n de pr\u00e1cticas cristianas, como lo hac\u00eda al reunir diariamente a los esclavos y sus hijos, junto a la familia de los amos, para rezar el santo rosario (11). A excepci\u00f3n de los casos que a continuaci\u00f3n se analizan, los esclavos y esclavas que trabajan en la casa y en la hacienda son personajes an\u00f3nimos y poco relevantes en la historia. Como consecuencia de la naturaleza un\u00edvoca y monol\u00f3gica de la narraci\u00f3n, el resto de los personajes no alcanzan a exponer su versi\u00f3n de los hechos. Esto, desde luego, incluir\u00eda a los personajes afrodescendientes. Sin embargo, desde un locus de enunciaci\u00f3n moralmente ambiguo, la narradora se vale de su representaci\u00f3n del Otro, en tanto que opuesto necesario, con el prop\u00f3sito de legitimar el lugar que ocup\u00f3 \u2013y que in\u00fatilmente intenta recuperar\u2013 en la sociedad colonial. La mayor\u00eda de los personajes negros de Do\u00f1a In\u00e9s contra el olvido se limitan a desempe\u00f1ar una funci\u00f3n utilitaria en la vida de los mantuanos. Sin embargo, en la primera parte de la novela destacan en este grupo los personajes del paje liberto Juan del Rosario y de la esclava Dar\u00eda. El primero de ellos constituye un elemento capital en la obsesi\u00f3n de do\u00f1a In\u00e9s por recuperar sus tierras.<\/p>\n\n\n\n<p>Como he mencionado anteriormente, Juan del Rosario es el hijo ileg\u00edtimo de Alejandro, esposo de do\u00f1a In\u00e9s, y de una esclava de la hacienda. La descripci\u00f3n de este personaje secundario est\u00e1 marcada por la rivalidad y animadversi\u00f3n que siente la narradora por la amante de su marido. A t\u00edtulo ilustrativo, me gustar\u00eda recoger el momento cuando la mantuana, al dirigirse a Alejandro, deja al descubierto sus inseguridades ante el v\u00ednculo emocional y sexual que sostiene el patriarca con su barragana: <\/p>\n\n\n\n<p><em>Tengo muy presente a la madre de este ni\u00f1o que me obligaste a tener de paje, la veo, como si fuera ahora, ponerte las cataplasmas, servirte las tisanas y sobarte la descompostura de la mano que te torciste al caer del caballo, la oigo rezar por las noches el Padre Nuestro al rev\u00e9s para invocar a Mandinga, esp\u00edo sus pasos en la cocina mientras las otras negras duermen, y dice all\u00ed ensalmes cuando prepara los bebedizos para amarrar voluntades. \u00bfCrees t\u00fa que no distingu\u00eda su voz cuando conversaba con las brujas? (14)<\/em><\/p>\n\n\n\n<p>Para do\u00f1a In\u00e9s, la atracci\u00f3n que siente Alejandro por la esclava s\u00f3lo puede ser el producto de sus pr\u00e1cticas paganas, invocaciones diab\u00f3licas y, sobre todo, de su moral alivianada. Insiste la narradora en evocar la afici\u00f3n de aquella mujer por los carnavales y fiestas del pueblo, aunque tales jolgorios fueran condenados por el obispo Escalona: \u201cSe burlaba bien de las recomendaciones del comisario del Santo Oficio que muy claro hab\u00edan vetado las comedias y pandorgas, los fandangos y danzas, tanto en los despoblados como en los arrabales, \u2026 donde todo eran solicitaciones deshonestas, adulterios, incestos, fornicaciones, desaf\u00edos, quimeras y otras consecuencias perniciosas\u201d (14-15). Tal como lo presenta do\u00f1a In\u00e9s, la rivalidad entre ambas es desigual, pues, aunque la mantuana ostente una conducta irreprochable y goce de reconocimiento social, la esclava recurre a fuerzas malignas y a pr\u00e1cticas sexuales desprejuiciadas para despertar la lujuria de Alejandro. Desde esta perspectiva, tanto la narradora como su esposo habr\u00edan sido v\u00edctimas de la esclava.<\/p>\n\n\n\n<p>Con todo, en do\u00f1a In\u00e9s se confunden los sentimientos de amor y rechazo por Juan del Rosario. Ella lo vio nacer, lo protegi\u00f3 de una muerte prematura, impidi\u00f3 que su marido lo vendiera, lo vio jugar con sus hijos, lo hizo su paje y \u2013desafiando la voluntad de don Alejandro\u2013 lo manumiti\u00f3. Seg\u00fan do\u00f1a In\u00e9s, Juan del Rosario no retribuy\u00f3 consecuentemente aquellas demostraciones de afecto y generosidad<sup>9<\/sup>. Al reclamar las tierras que le legara don Alejandro, el liberto habr\u00eda traicionado a quien fuera su ama:<\/p>\n\n\n\n<p>\u00a1Y as\u00ed me pagaste, negro alzado! Diciendo que las tierras eran tuyas. \u00bfTuyas de qu\u00e9 y de cu\u00e1ndo? No tienes nada. \u2026 Nada que no provenga de mi generosidad y mi poder, negro andrajoso, desnudo te cargu\u00e9 en mis brazos el d\u00eda que naciste y hubiera podido ahogarte en el pozo de mi casa, sin remordimiento ni castigo; hasta me debes la madre, que negra m\u00e1s floja y falta de respeto no tuve nunca y m\u00e1s de una vez quise venderla y salir de ella, y no lo hice por l\u00e1stima de ti, por dejarte hu\u00e9rfano\u2026 \u00bfpero que te ufanaras de tu padre, que le gritaras al mundo que esas tierras eran tuyas y que \u00e9l te las daba porque esa era tu herencia?, eso, Juan del Rosario, no lo pude soportar. \u00bfDue\u00f1o de mi patrimonio? \u2026 As\u00ed me consagrar\u00e9 a querellarme contigo. (20-21, el \u00e9nfasis es m\u00edo) <\/p>\n\n\n\n<p>El pasaje anterior sugiere el origen de la sed de venganza que delinea un litigio de casi tres siglos. En las numerosas exposiciones de los motivos que la llevaron a rastrear el destino de las tierras de Curiepe, el lector puede percibir que, m\u00e1s all\u00e1 de su valor material, prevalecen un af\u00e1n de revanchismo y un orgullo que le impiden tolerar que un mulato \u2013hijo bastardo de una esclava, sirviente y desclasado\u2013 haya podido arrebatarle, no s\u00f3lo sus pertenencias, sino tambi\u00e9n el encumbrado lugar que ocupara en la sociedad colonial. En el enfrentamiento que sostiene do\u00f1a In\u00e9s con Juan del Rosario, descuellan dos temores capitales en el c\u00edrculo de los blancos criollos en el periodo colonial. El primero de ellos apunta al recelo de los hacendados de ser v\u00edctimas de conspiraciones y levantamiento de esclavos que atenten contra la bonanza econ\u00f3mica, el poder pol\u00edtico y social e incluso la propia vida de los mantuanos. En segunda instancia, do\u00f1a In\u00e9s rechaza el blanqueamiento legal de los pardos (por medio de la compra de papeles de blanco)<sup>10<\/sup>, una medida que les asegurar\u00eda el ascenso social. Al situarse en un espacio supratemporal y espectral, la narradora es capaz de conectar una larga serie de episodios de la historia patria con el prop\u00f3sito de sustentar y comprobar sus temores. Como se puede apreciar en la tercera parte de la novela, algunos personajes descendientes de los esclavos de Curiepe alcanzan importantes espacios de poder aprovechando coyunturas como las guerras del XID, las reformas agrarias y los movimientos pol\u00edticos de raigambre populista e integracionista. Tal es el caso de la militancia del personaje de Ernestino Tovar<sup>11<\/sup> en el partido Acci\u00f3n Democr\u00e1tica.<\/p>\n\n\n\n<p>En el an\u00e1lisis del tratamiento de los personajes de esclavos en Do\u00f1a In\u00e9s contra el olvido es preciso dedicar especial atenci\u00f3n a las intersecciones de g\u00e9nero, clase y raza. Al respecto se puede trazar cierta continuidad en la representaci\u00f3n de estereotipos que surgen en la sociedad colonial y que podemos rastrear hasta el \u00faltimo periodo hist\u00f3rico abordado en el texto (finales del siglo xx). En el breve inventario de caracterizaciones de esclavas en la narrativa venezolana de corte hist\u00f3rico, destacan sus representaciones como servicio dom\u00e9stico, figuras maternales y protectoras para los hijos de sus amos, v\u00edctimas del sometimiento sexual por parte de sus amos blancos, portadoras de sensualidades voluptuosas y sexualidades desinhibidas y, entre otras, como las encargadas de perpetuar el sistema de creencias y pr\u00e1cticas culturales ancestrales.<\/p>\n\n\n\n<p>Una lectura epid\u00e9rmica de Do\u00f1a In\u00e9s contra el olvido sugerir\u00eda su afiliaci\u00f3n a las representaciones tradicionales de sujetos femeninos afrodescendientes, sobre todo si se toma en cuenta que los personajes de esclavas de esta novela se delinean en constante oposici\u00f3n al de las mujeres blancas y, m\u00e1s particularmente, se articulan como el reflejo inverso del personaje de la narradora<sup>12<\/sup>. No obstante, en un segundo nivel de enunciaci\u00f3n, la novela de Torres podr\u00eda ser le\u00edda como una reacci\u00f3n a textos can\u00f3nicos que abrazan discursos nacionalistas de vocaci\u00f3n integracionista, entre los que se pueden mencionar las novelas de D\u00edaz Rodr\u00edguez, Gallegos y \u00daslar Pietri. En estos textos la concordia interracial se presenta como el estadio necesario para la s\u00f3lida construcci\u00f3n de una naci\u00f3n moderna. La participaci\u00f3n activa en este proyecto de modernizaci\u00f3n impone el blanqueamiento compulsivo y progresivo \u2013tanto racial como sociocultural\u2013 de los elementos que componen la naci\u00f3n. En Do\u00f1a In\u00e9s contra el olvido la comuni\u00f3n entre los diferentes grupos raciales es un proyecto postergado. Aunque su vigencia sea incontestable, la jerarqu\u00eda del color tambi\u00e9n abre paso a nuevas distribuciones de poder que incluyen, entre otros aspectos, la afiliaci\u00f3n pol\u00edtica con el bando ganador y, por supuesto, el desplazamiento de capitales.<\/p>\n\n\n\n<p>En este texto, la modernizaci\u00f3n trae consigo el reemplazo de un sistema econ\u00f3mico sustentado en las plantaciones y en la mano de obra esclava por la presencia de inversiones extranjeras. En el curso de casi tres siglos, los antiguos terrenos cacaoteros de do\u00f1a In\u00e9s pasaron de mano en mano: fueron expropiados para la construcci\u00f3n de un ferrocarril, posteriormente se convirtieron en sembrad\u00edos de cocoteros, hasta finalmente ser un codiciado lugar para la construcci\u00f3n de un emporio tur\u00edstico (198). En el tr\u00e1nsito hacia<br>una sociedad moderna, el sistema de alianzas econ\u00f3micas y sociales sufre numerosas transformaciones; a pesar de ello, la narradora constata amargamente la persistencia del clientelismo y rentismo a lo largo de los diferentes procesos pol\u00edticos que recoge en su relato. En este escenario, los grupos subalternos representados en la novela \u2013particularmente, los campesinos y afrodescendientes\u2013 permanecen relegados en la repartici\u00f3n de \u201cdadivas estatales\u201d, un fen\u00f3meno que sin duda acentuar\u00eda la marginalidad y pobreza de estos colectivos.<\/p>\n\n\n\n<p><strong>Mujeres afrodescendientes y orden social en <em>Do\u00f1a In\u00e9s contra el olvido<\/em><\/strong><\/p>\n\n\n\n<p>En su acercamiento par\u00f3dico a las narrativas hist\u00f3ricas del xix y principios del xx, Torres recicla aparatos ret\u00f3ricos a trav\u00e9s de los cuales el sujeto femenino afrodescendiente permanece subordinado a las acciones de personajes de mujeres y hombres blancos y, tambi\u00e9n, a los de hombres negros y mestizos. En estos discursos homogeneizantes, los personajes de mujeres afrodescendientes se articulan, no a partir de rasgos individuales y distintivos, sino respondiendo a los mencionados arquetipos de la madre, amante y sirvienta. Tales son los casos de los personajes de negras \u2013todos ellos secundarios\u2013 que encontramos en Do\u00f1a In\u00e9s contra el olvido. A pesar de las constantes referencias al personal dom\u00e9stico de su casa grande, en rar\u00edsimas ocasiones do\u00f1a In\u00e9s hace alusi\u00f3n al nombre de sus esclavas. Tan an\u00f3nimas como intercambiables, aquellas mujeres funcionaban exclusivamente como objetos de ostentaci\u00f3n, encumbrando as\u00ed la holgura econ\u00f3mica y rango social de las familias mantuanas. Justamente por ello, cobran relevancia en la recomposici\u00f3n de la historia de los Villegas y Sol\u00f3rzano los pocos personajes de negras que logran escapar del anonimato.<\/p>\n\n\n\n<p>La primera de ellas, a quien hiciera referencia anteriormente, es la madre de Juan del Rosario. Este personaje sirve como elemento de ignici\u00f3n de un discurso moralizante a trav\u00e9s del cual do\u00f1a In\u00e9s expone sus prejuicios racistas y, por otra parte, es el objeto de las inseguridades m\u00e1s viscerales de do\u00f1a In\u00e9s ante las armas de seducci\u00f3n de quien fuera la amante de su esposo. Por medio de este personaje, la narradora introduce unas de las pocas alusiones al modo de vida de los negros de la hacienda. Sin embargo,<br>las an\u00e9cdotas que do\u00f1a In\u00e9s comparte con el lector \u2013por ejemplo, las alusivas a las pr\u00e1cticas religiosas, las actividades de esparcimiento y las relaciones que sostienen los esclavos y esclavas entre s\u00ed\u2013 pasan por el tamiz de su desconocimiento y aparente desinter\u00e9s por quienes tan poco ten\u00edan en com\u00fan con ella. Por tanto, poco sorprender\u00eda que la narradora se exima de tomar partido a prop\u00f3sito del tratamiento inhumano de la empresa esclavista. Una posible interpretaci\u00f3n de esta postura sugerir\u00eda que para do\u00f1a In\u00e9s la explotaci\u00f3n f\u00edsica y sexual son pr\u00e1cticas indisociables de la condici\u00f3n esclava.<\/p>\n\n\n\n<p>No obstante, la mantuana s\u00ed reprueba tajantemente los cuidados y atenciones que \u2013a su juicio\u2013 ofreciera voluntariamente la madre de Juan del Rosario a don Alejandro. Este rechazo se sustentar\u00eda en el abandono de la esclava de su condici\u00f3n de objeto para asumir un papel activo en una relaci\u00f3n que contraviene las normas sociales, morales y religiosas de la \u00e9poca. En esta representaci\u00f3n del enfrentamiento entre ambas mujeres, Torres echa mano al concepto de honor como instrumento de diferenciaci\u00f3n racial y social en la sociedad colonial. Como lo apunta Mar\u00eda Valdivia: \u201cEl honor establecer\u00e1 pautas que diferenciar\u00e1n a estas mujeres a partir de lo permitido y lo no permitido para los cuerpos femeninos de la \u00e9poca\u2026 En el caso de las mujeres, el honor se basaba en su conducta y honor sexual\u201d (258). En este sentido, do\u00f1a In\u00e9s se sabr\u00eda portadora de una estirpe de mujeres honorables y, por tanto, responsable de preservar el decoro propio y el de la familia. Con todo, los amor\u00edos de don Alejandro con su esclava llevan a la narradora a cuestionarse su capacidad de proveer el placer carnal que tanto parece reclamar su marido:<\/p>\n\n\n\n<p>Me desagradaba encontrar en tu cuerpo el sudor de las negras. \u2026 \u00bfEras t\u00fa o era el demonio quien le abr\u00eda a la madre de Juan del Rosario el cerrojo que yo tan celosamente guardaba? Pero finalmente, poco importa, si confiesas que tambi\u00e9n en m\u00ed, bajo las s\u00e1banas de hilo, dejaste con ternura tu simiente entre mis piernas. \u00bfO era mentira? \u00bfS\u00f3lo amaste en m\u00ed la pureza del linaje, la cercan\u00eda de parentesco y la continuidad de las costumbres? Dime que no, no seas mezquino, dime que tambi\u00e9n mi cuerpo fue pasto de tu codicia y que yo tambi\u00e9n te tent\u00e9 a la sombra del guayabo. (24)<\/p>\n\n\n\n<p>S\u00f3lo a trav\u00e9s de su enfrentamiento con esta esclava, se permite do\u00f1a In\u00e9s expresarse como sujeto amante, una faceta de su vida que tuvo que relegar para dar lugar a otras tareas marcadas por los compromisos en el hogar, en su entorno social y, por supuesto, en su defensa del patrimonio familiar.<\/p>\n\n\n\n<p>En el marco del anonimato que caracteriza a las esclavas que rodean a do\u00f1a In\u00e9s, destaca la figura transgresora de la joven Dar\u00eda que encontramos en el cap\u00edtulo dedicado a la gesta independentista, \u201cCr\u00f3nica de guerra (1810-1814)\u201d. En este episodio, la narradora relata la fuga de todos los esclavos de la hacienda, a excepci\u00f3n de los ancianos, discapacitados, mujeres y ni\u00f1os (53). Cuenta la mantuana que en la noche del Jueves Santo de 1812 un castigo divino por el desacato a la autoridad del Rey termin\u00f3 de desolar aquella tierra de nadie. El gran terremoto tomar\u00eda por sorpresa la hacienda La Trinidad y a los pocos habitantes que en ella quedaban. En tal trance se encontraban quienes entonces eran los \u00faltimos sobrevivientes de la dinast\u00eda Villegas y Sol\u00f3rzano. Aquella noche, Isabel, viuda del nieto de do\u00f1a In\u00e9s, dar\u00eda a luz a una ni\u00f1a del mismo nombre, quien crecer\u00eda bajo los atentos cuidados de la esclava Dar\u00eda.<\/p>\n\n\n\n<p>La primera referencia que tenemos de este personaje nos habla de su inter\u00e9s por la escritura. Dar\u00eda observaba con atenci\u00f3n a do\u00f1a Isabel, cuando esta \u2013a falta de escuela\u2013 se encargaba de ense\u00f1ar a sus hijos a escribir:<\/p>\n\n\n\n<p><em>La ni\u00f1a llora y la negra la acerca a su seno y le dice muchas palabras que no sabe escribir: \u201cDo\u00f1a Isabel, d\u00edgame, su merced, c\u00f3mo digo yo, azuquita, pajarito, ni\u00f1a juiciosa, la negra te levanta, la negra te acuesta. Escr\u00edbame, su merced, c\u00f3mo son las palabras que digo yo\u201d. Isabel le coge la mano y le hace escribir su nombre. \u201cNo creas t\u00fa, Dar\u00eda, que todas las blancas escriben, escribir no es misi\u00f3n de las mujeres. Yo te prometo que cuando termine la guerra, te ense\u00f1ar\u00e9\u201d<\/em>. (56)<\/p>\n\n\n\n<p>El intercambio que sostienen do\u00f1a Isabel y Dar\u00eda sugiere la existencia de lazos de solidaridad aupados por la situaci\u00f3n de ambas (y sus respectivos grados de subalternidad) en una sociedad que cercenaba la b\u00fasqueda de la superaci\u00f3n personal de las mujeres para favorecer, en cambio, su total dedicaci\u00f3n a los cuidados del hogar y de la familia. Para Dar\u00eda la palabra escrita abre la posibilidad a una nueva v\u00eda de comunicaci\u00f3n con la ni\u00f1a Isabel y con el mundo exterior. Debido a su condici\u00f3n de esclava, el aprendizaje de la lectura y escritura depende exclusivamente de la voluntad de su ama.<\/p>\n\n\n\n<p>Aunque la matriarca describe a su nieta pol\u00edtica como una hacendada patriota, el texto no ofrece datos acerca de los posibles afanes antiesclavistas de do\u00f1a Isabel. No obstante, s\u00ed se hace referencia a cierta cercan\u00eda entre esta y la nodriza de sus hijos. La uni\u00f3n entre ambas se afianza en la absoluta lealtad de Dar\u00eda y tambi\u00e9n en las penurias a las que ambas deben hacer frente con el prop\u00f3sito de salvaguardar a la familia de do\u00f1a Isabel. Es esta, sin duda, la relaci\u00f3n m\u00e1s estrecha entre personajes blancos y afrodescendientes que podamos encontrar en el texto de Torres y, desde luego, muy distanciada de la inquebrantable jerarqu\u00eda que rige las relaciones entre do\u00f1a In\u00e9s y su servidumbre. Ha corrido un siglo desde el inicio de la historia (1715) y la pugna que genera el proyecto de construcci\u00f3n nacional acarrea una reconsideraci\u00f3n de las alianzas entre grupos. En el caso que ocupa nuestra atenci\u00f3n, Dar\u00eda y do\u00f1a Isabel se saben vulnerables y a expensas del turbulento clima pol\u00edtico y b\u00e9lico de la \u00e9poca. El reci\u00e9n descubierto v\u00ednculo supone, por una parte, una tabla de salvaci\u00f3n para ambas y, por la otra, delinea una grieta en la jerarqu\u00eda social y racial a trav\u00e9s de la cual surge el afecto que estas mujeres sienten por los hijos que una pari\u00f3 y la otra amamant\u00f3. Esta relaci\u00f3n tambi\u00e9n evoca la nostalgia por un pasado colonial todav\u00eda muy reciente y, sobre todo, por una red de relaciones entre blancos y negros que determinaba el funcionamiento de la econom\u00eda de plantaci\u00f3n y de la vida cotidiana de haciendas como La Trinidad. Si el patrimonio material de do\u00f1a Isabel hab\u00eda sucumbido como consecuencia de las guerras y el terremoto, su \u00fanica posibilidad de resistir y sobreponerse al descalabro de la supremac\u00eda mantuana era sacrificar el espacio \u00edntimo en favor de la empresa independentista. As\u00ed lo hace do\u00f1a Isabel al sumarse, junto a sus hijos y Dar\u00eda, a una peregrinaci\u00f3n de m\u00e1s de veinte mil personas que siguieron a Sim\u00f3n Bol\u00edvar hasta<br>Barcelona, en el oriente venezolano.<\/p>\n\n\n\n<p>Mientras que el resto de los personajes de esclavos son caracterizados como v\u00edctimas, resentidos o arribistas, la esclava Dar\u00eda protagoniza \u2013en el marco de esta traves\u00eda\u2013 la acci\u00f3n de mayor carga de heroicidad en la novela. En un gesto digno de la tradici\u00f3n rom\u00e1ntica, la esclava Dar\u00eda se enfrenta a las fuerzas del general Jos\u00e9 Tom\u00e1s Boves que logran interceptar la caravana en la que se desplazaba junto a do\u00f1a Isabel y los ni\u00f1os. Ceferino, un negro armado con un machete y con la bragueta del pantal\u00f3n abierta, arroja a do\u00f1a Isabel al suelo. Desesperada y en espera de su muerte, do\u00f1a Isabel es incapaz de reconocer la voz de su esclava que intercede ante aquel hombre. Dar\u00eda le ruega a Ceferino que la reconozca y que, por el recuerdo de una infancia compartida, le perdone la vida a su ama. As\u00ed lo hace.<\/p>\n\n\n\n<p>El encuentro con Ceferino marca un punto de inflexi\u00f3n en la caracterizaci\u00f3n del personaje de Dar\u00eda. Este le dice que s\u00f3lo abandonando a do\u00f1a Isabel y los ni\u00f1os podr\u00edan escapar, regresar a Curiepe y salvar su vida. Con el prop\u00f3sito de persuadir a Dar\u00eda, Ceferino evoca los abusos que han debido soportar los esclavos. Sin embargo, Dar\u00eda no est\u00e1 preparada para tomar una decisi\u00f3n ni siquiera para salvar su vida: \u201c[E]n veinte a\u00f1os no ha dicho nunca: yo quiero, yo deseo, yo propongo. En veinte a\u00f1os nadie le ha dicho nunca: qu\u00e9 quieres, qu\u00e9 propones, ad\u00f3nde vas\u201d (66). Dar\u00eda es consciente de que su huida habr\u00eda tra\u00eddo como consecuencia una muerte a latigazos (67). A la manera de un contrapunto se entretejen la voz de Ceferino \u2013record\u00e1ndole a Dar\u00eda que es una mujer fuerte\u2013 y la voz de la narradora \u2013que afirma que su condici\u00f3n de negra iletrada le impide entender la justicia de su ama (67). En un arranque de valent\u00eda, Dar\u00eda se lanza desde la caravana con la ni\u00f1a Isabel en brazos, abandonando al resto de los miembros de la familia, a quienes les espera la muerte. Al infringir la ley de los blancos, Dar\u00eda tambi\u00e9n salva a la \u00faltima de los descendientes de do\u00f1a In\u00e9s. Hasta este momento en la historia, las acciones de los esclavos y libertos de la hacienda La Trinidad respond\u00edan exclusivamente a la voluntad de sus amos. La fuga de Dar\u00eda con la ni\u00f1a Isabel fractura esta din\u00e1mica de sumisi\u00f3n y dependencia con el sujeto blanco. El futuro del clan familiar y de su patrimonio responde, entonces, a las decisiones de la fugitiva. Sin embargo, Dar\u00eda no hace uso de su libertad, a\u00fan ileg\u00edtima, para su propio provecho, sino que la pone al servicio de las tierras de sus antiguos manos. Regresa as\u00ed a la hacienda para trabajar junto a su hermana, Juana Sol\u00f3rzano, y el marido de esta, Juli\u00e1n Cayetano en la reactivaci\u00f3n de la siembra de cacao.<\/p>\n\n\n\n<p>Entre el periodo de do\u00f1a In\u00e9s y el de la ni\u00f1a Isabel, su bisnieta, se establece cierta continuidad delineada por las promesas incumplidas que hicieran los amos blancos (don Alejandro y don Francisco) a sus respectivos mayordomos negros: Juan del Rosario, en el siglo xViii, y Juli\u00e1n Cayetano, en el siglo xix. La promesa en cuesti\u00f3n hace referencia a la repartici\u00f3n de tierras a los descendientes entre los antiguos esclavos. Para denunciar tales pr\u00e1cticas e ilustrar la circularidad de la historia nacional e \u00edntima, la narradora presenta una arqueolog\u00eda de procesos pol\u00edticos y eventos familiares que se han apoyado en esfuerzos populistas inconclusos:<\/p>\n\n\n\n<p><em>Porque esta tierra, Alejandro, ha sido la invenci\u00f3n de una promesa\u2026 Heredaste la costumbre de prometer que sembraron nuestros abuelos, otros prometidos, que vinieron a llenarse de gloria y de oro y encontraron una tierra malojera y endiablada. Durante la guerra esto fue una pi\u00f1ata de promesas, y despu\u00e9s no hubo quien no se sintiera merecedor de alguna y viniera a recogerla entre los escombros, y \u00bfqu\u00e9 fue lo que hallaron? M\u00e1s promesas.<\/em> (91)<\/p>\n\n\n\n<p>Para do\u00f1a In\u00e9s, los gestos aparentemente dadivosos de su marido, su nieto Francisco y su biznieta Isabel \u2013quien compra la libertad de Dar\u00eda, su salvadora\u2013 erosionan el patrimonio familiar, al tiempo que acortan las barreras sociales y econ\u00f3micas que separan a los suyos (los blancos mantuanos) de los otros (los afrodescendientes). Si para la narradora, esta es la historia del litigio por sus tierras, en el paso hacia la modernidad se puede reconocer otra historia: la del desencanto ante la incapacidad de resguardar el orden (mantuano, blanco, cristiano y burgu\u00e9s) en el espacio \u00edntimo. En consecuencia, el surgimiento de una nueva naci\u00f3n imprime un ataque a la esfera familiar. El desplazamiento de ciertas subjetividades subalternas en la escala social encuentra su r\u00e9plica en la historia de las tierras de la familia Villegas y Sol\u00f3rzano. Uno de los personajes que mejor ilustra este proceso es el de Domingo S\u00e1nchez, un afrodescendiente nieto de Juana Sol\u00f3rzano y Juli\u00e1n Cayetano, que encontramos en la \u00faltima parte de la novela dedicada al siglo xx.<\/p>\n\n\n\n<p>Su militancia en el partido Acci\u00f3n Democr\u00e1tica y su gesti\u00f3n como ministro \u2013a todas luces corrupto\u2013 le permiten acumular en poco tiempo una cuantiosa fortuna. As\u00ed, Domingo S\u00e1nchez simboliza uno de los grandes temores coloniales que acosan a do\u00f1a In\u00e9s a lo largo de su historia. Para la mantuana, este personaje \u2013debido a su condici\u00f3n racial y origen campesino\u2013 usurpa un lugar que anteriormente hab\u00eda sido asegurado por la supremac\u00eda mantuana. Como si tal transgresi\u00f3n no fuera suficiente, S\u00e1nchez<br>corteja y se casa con Bel\u00e9n, la cuadrinieta de do\u00f1a In\u00e9s. Parad\u00f3jicamente, el producto del mestizaje como met\u00e1fora de la nueva naci\u00f3n no tiene lugar, pues Bel\u00e9n y Domingo no logran procrear.<\/p>\n\n\n\n<p>La comuni\u00f3n simb\u00f3lica entre el mundo blanco de los amos y el mestizo de lossirvientes se materializa en el pacto ileg\u00edtimo entre Francisco Villaverde, chozno de do\u00f1a In\u00e9s, y Jos\u00e9 Tom\u00e1s (nieto de una antigua sirvienta de Bel\u00e9n). El acuerdo requiere que una de las partes ceda sus derechos a la otra. Mientras Francisco reclama aquello que desde la \u00e9poca colonial hab\u00eda pertenecido a su familia y que hab\u00eda sido expropiado en 1884, Por su parte, Jos\u00e9 Tom\u00e1s exige que aquellas tierras pertenezcan a la comunidad de afrodescendientes que durante tantos a\u00f1os las hab\u00eda explotado. En este proceso de negociaci\u00f3n prevalecen los intereses de los antiguos amos del valle. Si bien asistimos a la puesta en escena de un encuentro entre bandos hasta entonces irreconciliables, tal gesto denunciar\u00eda una maniobra de reordenamiento del poder que privilegia el elemento tradicionalmente dominante (la burgues\u00eda mantuana y la pureza de linaje) sobre el subalterno (campesinos y mestizos).<\/p>\n\n\n\n<p>Como espectadora del curso de la historia en los \u00faltimos tres siglos, do\u00f1a In\u00e9s cuestiona la hegemon\u00eda patriarcal, el caudillismo y, entre otras cosas, la irrupci\u00f3n de reg\u00edmenes populistas. Sin embargo, hay que recordar que para la narradora el trance abolicionista fue un ardid tramado en la efervescencia del proceso independentista para atacar a la \u00e9lite mantuana. El relato de do\u00f1a In\u00e9s responder\u00eda, pues, a la tradici\u00f3n narrativa de los amos, a trav\u00e9s de la cual se pretend\u00eda suplantar metaf\u00f3ricamente las historias de quienes estuvieron bajo su mando (Handley 150). Para lograr este cometido, advierte Toni Morrison que: \u201cThe master narrative could make any number of adjustments to keep itself intact\u201d (4). Apoyada en esta empresa, do\u00f1a In\u00e9s vertebrar\u00eda, por una parte, la desacralizaci\u00f3n y, por la otra, la arqueolog\u00eda contrafundacional del descalabro de una comunidad cimentada en la violencia.<\/p>\n\n\n\n<p>Desde esta perspectiva, la lectura de Do\u00f1a In\u00e9s contra el olvido plantea un cuestionamiento de la tradici\u00f3n literaria dominante sobre el periodo colonial y la empresa esclavista y un ataque a los discursos etnoc\u00e9ntricos que han predominado en el tratamiento literario de las tensiones raciales en el contexto venezolano<sub><sup>13<\/sup><\/sub>. Por medio del recurso de la parodia de la historiograf\u00eda oficial, esta visi\u00f3n mantuana sobreel sujeto esclavizado revelar\u00eda las escisiones de los discursos nacionalistas afincados en el mito de la convivencia armoniosa de los diferentes grupos raciales y sociales; denunciando, en consecuencia, el predominio del blanqueamiento est\u00e9tico y tem\u00e1tico en las narrativas venezolanas sobre la historia patria. Finalmente, es necesario advertir que, si bien la ret\u00f3rica nacional oficial se ha empe\u00f1ado en definir la sociedad venezolana como \u201ccaf\u00e9 con leche\u201d y mestiza<sup>14<\/sup>, uno de los rasgos predominantes de su literatura es el predominio de la blancura cultural, as\u00ed como la escasez de voces perif\u00e9ricas que disloquen la preeminencia de subjetividades blancas, urbanas, cosmopolitas y burguesas en el panorama literario actual. En la proliferaci\u00f3n de narrativas hist\u00f3ricas de las dos \u00faltimas d\u00e9cadas, no deja de llamar la atenci\u00f3n la ausencia de acercamientos alternativos al pasado esclavista. Desde luego, Do\u00f1a In\u00e9s contra el olvido sugiere un paso a favor de la subversi\u00f3n de la representaci\u00f3n tradicional de las relaciones de poder (raciales, sociales, religiosas, sexuales y, por ejemplo, de g\u00e9nero) en la narrativa venezolana contempor\u00e1nea. <\/p>\n\n\n\n<p>NOTAS<\/p>\n\n\n\n<p>1 En su estudio sobre la metaficci\u00f3n historiogr\u00e1fica, Santiago Juan-Navarro enfatiza el cuestionamiento del discurso hist\u00f3rico en la novela posmoderna: \u201cLa historia no es concebida como un \u00e1mbito objetivo que pueda ser \u2018encapsulado\u2019 dentro de un discurso puramente denotativo, sino como un discurso problem\u00e1tico y fluctuante que reflexiona sobre el pasado desde el presente ideol\u00f3gicamente condicionado del escritor. Este replanteamiento de la naturaleza y funciones del discurso hist\u00f3rico no se limita a cuestionar los principios legitimadores de la verdad hist\u00f3rica oficial, sino que puede llegar a tener adem\u00e1s un valor emancipador de primer orden en el presente de su producci\u00f3n\u201d (235). Desde esta perspectiva, la narraci\u00f3n de Torres atacar\u00eda las formas discursivas dominantes, al tiempo que abrir\u00eda un espacio para la participaci\u00f3n de voces perif\u00e9ricas y previamente relegadas.<\/p>\n\n\n\n<p>2 Por su parte, \u00c1ngel Rosenblat define este grupo como: \u201c[L]os criollos nobles de Caracas, que hab\u00edan apoyado \u2013con las debidas precauciones\u2013 el movimiento de Juan Francisco de Le\u00f3n contra la Compa\u00f1\u00eda Guipuzcoana, y lo abandonaron totalmente en el momento de la represi\u00f3n. Eran los due\u00f1os de las haciendas (\u201cla oligarqu\u00eda territorial\u201d, dice Gil Fortoul), afectados por el monopolio vizca\u00edno\u201d6 5(6).<\/p>\n\n\n\n<p>3 A prop\u00f3sito de la reescritura de la historia a partir del recuento de eventos cotidianos, conviene consultar el estudio de Luz Marina Rivas sobre la novela venezolana intrahist\u00f3rica (2004).<\/p>\n\n\n\n<p>4 Varias de estas narrativas han sido producidas por mujeres escritoras, como son los casos de Antonieta Madrid, Victoria de Stefano, Laura Antillano y Milagros Mata Gil (Bru\u00f1a 195).<\/p>\n\n\n\n<p>5 Uno de los s\u00edntomas m\u00e1s dram\u00e1ticos de este periodo se reflejar\u00eda en el llamado Caracazo, una serie de protestas y disturbios en contra de un paquete de medidas econ\u00f3micas neoliberales impuesto por el gobierno de Carlos Andr\u00e9s P\u00e9rez. Este movimiento popular tuvo lugar entre el 27 y 28 de febrero de 1989 y culmin\u00f3 con una matanza a cargo de las fuerzas de seguridad del Estado.<\/p>\n\n\n\n<p>6 Desde esta perspectiva la novela de Torres desarmar\u00eda las ret\u00f3ricas integracionistas que podemos identificar en novelas can\u00f3nicas como las de Eduardo Blanco (1881), Luis Manuel Urbaneja Achelpohl (1916) y Arturo \u00daslar Pietri (1931). Para un an\u00e1lisis exhaustivo de las relaciones entre la emergencia del sujeto nacional y la articulaci\u00f3n de identidades sexuales y raciales en la narrativa latinoamericana, conviene revisar el conocido ensayo de Doris Sommer, Foundational Fictions (1991).<\/p>\n\n\n\n<p>7 Al respecto, resulta particularmente \u00fatil la caracterizaci\u00f3n del potencial cr\u00edtico del texto par\u00f3dico que propone Linda Hutcheon: \u201cParody, then in its ironic \u2018trans-conceptualization\u2019 and inversion, is repetition with difference. A critical distance is implied between the backgrounded text being parodied and the new incorporated work, a distance usually signaled by irony\u201d (32).<\/p>\n\n\n\n<p>8 Este af\u00e1n por recuperar una memoria perdida podemos reconocerlo no s\u00f3lo en otras obras de Ana Teresa Torres, sino tambi\u00e9n en varias muestras de la narrativa venezolana de la d\u00e9cada de los noventa, como Reino de Bur\u00eda de Miguel Arroyo (1993), Diario del Enano de Eduardo Liendo (1995), Salom\u00f3n de Gustavo Luis Carrera (1993) y Viejo de Adriano Gonz\u00e1lez Le\u00f3n (1995). Sobre este corpus Aura Marina Boadas advierte que: \u201cLa visi\u00f3n de los hechos, no es la de la oficialidad, es la de narradores que podr\u00edamos catalogar como subalternos o marginales, \u2026 aquellos de los que siempre se habla, pero que nunca han podido tomar la palabra y que han sido relegados a causa de su condici\u00f3n social, su origen \u00e9tnico, su  g\u00e9nero, su edad, su irreverencia ante el sistema\u201d (44).<\/p>\n\n\n\n<p>9 Los reclamos que profiere do\u00f1a In\u00e9s en contra de Juan del Rosario se apoyan en la deslealtad e ingratitud del antiguo esclavo. En estos ataques, la matrona apunta a la condici\u00f3n racial de su enemigo con el prop\u00f3sito de destacar el grado de transgresi\u00f3n del sujeto subalterno.<\/p>\n\n\n\n<p>10 En el periodo colonial, los papeles de blanco eran instrumentos legales que acreditaban la condici\u00f3n<br>blanca de los criollos.<\/p>\n\n\n\n<p>11 Poco se dice de los or\u00edgenes de Ernestino Tovar, un personaje que aparece en la tercera parte de la novela. Quien fuera conocido como \u201cel negrito de la lata de agua\u201d (204) se convertir\u00eda en 1945 en el fundador del primer n\u00facleo del partido Acci\u00f3n Democr\u00e1tica en los valles de Barlovento y en el hombre m\u00e1s respetado de su pueblo (204).<\/p>\n\n\n\n<p>12 En su an\u00e1lisis de las configuraciones gen\u00e9ricas de las esclavas en pr\u00e1cticas literarias estadounidenses, Venetria K. Patton advierte que estas mujeres fueron relegadas al papel de procreadoras, mientras que se les negaba el desempe\u00f1o de los roles de g\u00e9nero tradicionalmente asociados a sus cong\u00e9neres blancas: \u201cThey were seen as mere chattel, not women however, this is itself was not sufficient to degender the slaves. Although the slave masters may not have acknowledged gender difference, female slaves were able to create their own sense of gender identity. Yet the institution of slavery necessitated that their conception of gender be different from that of their white witness\u201d (xvi).<\/p>\n\n\n\n<p>13 En la reescritura posmoderna del pasado esclavista, Do\u00f1a In\u00e9s contra el olvido destaca en el conjunto de narrativas contempor\u00e1neas sobre el tema. En textos como La ceiba de la memoria (Roberto Burgos Cantor, 1987), Moi, Tituba, sorci\u00e8re (Maryse Cond\u00e9, 1986), Humus (Fabienne Kanor, 2006) o, por ejemplo, The Book of Night Women (Marlon James, 2009) se privilegia \u2013en la remoraci\u00f3n de este periodo\u2013 la perspectiva afrodescendiente; mientras que en la novela de Torres, la narradora recrea la sociedad esclavista desde la perspectiva de una blanca criolla victimizada por el curso de los acontecimientos hist\u00f3ricos que desencadenaron la abolici\u00f3n de la esclavitud.<\/p>\n\n\n\n<p>14 Para un an\u00e1lisis de las relaciones entre identidad nacional, raza y clase en la sociedad venezolana, v\u00e9ase Winthrop R.W right (1990) .<\/p>\n\n\n\n<p><strong>Obras citadas<\/strong><\/p>\n\n\n\n<p>Arroyo, Miguel. El reino de Bur\u00eda. Caracas: Monte \u00c1vila Editores, 1993.<\/p>\n\n\n\n<p>Blanco, Eduardo. Venezuela heroica. Caracas: Imprenta Sanz, 1881.<\/p>\n\n\n\n<p>Boadas, Aura Marina. \u201cNovel\u00edstica venezolana de los noventa: Una relectura de la identidad\u201d. Voz y escritura 10 (2000): 43-57.<\/p>\n\n\n\n<p>Bru\u00f1a Bragado, Mar\u00eda Jos\u00e9. \u201cNovelar la historia desde los m\u00e1rgenes: Ana Teresa Torres\u201d. Pandora: revue d\u2019\u00e9tudes hispaniques 5 (2005): 191-204.<\/p>\n\n\n\n<p>Burgos Cantor, Roberto. La ceiba de la memoria. Bogot\u00e1: Planeta, 2007. <\/p>\n\n\n\n<p>Carrera, Gustavo Luis. Salom\u00f3n. Caracas: Monte \u00c1vila Editores, 1993.<\/p>\n\n\n\n<p>Certeau, Michel de. \u201cHistoire et structure\u201d. Recherches et D\u00e9bats 68 (1970): 165-195.<\/p>\n\n\n\n<p>D\u00edaz Rodr\u00edguez, Manuel. Peregrina o El pozo encantado. 1922. Caracas, Venezuela: Monte \u00c1vila Editores, 1986.<\/p>\n\n\n\n<p>D\u00edaz S\u00e1nchez, Ram\u00f3n. Borburata. 1960. Buenos Aires: Centro Editor de Am\u00e9rica Latina, 1967.<\/p>\n\n\n\n<p>Gallegos, R\u00f3mulo. Pobre negro. 1937. Caracas: Panapo, 2009. <\/p>\n\n\n\n<p>Gonz\u00e1lez Le\u00f3n, Adriano. Viejo. M\u00e9xico: Santillana, 1995.<\/p>\n\n\n\n<p>Gonz\u00e1lez Stephan, Beatriz. \u201cEscritura de memorias subalternas\u201d. Texto cr\u00edtico 10 (2002): 21-34.<\/p>\n\n\n\n<p>Handley, George B. Postslavery Literatures in the Americas: Family Portraits in Black and White. Charlottesville: UP of Virginia, 2000.<\/p>\n\n\n\n<p>Herrera Luque, Francisco. Boves, el urogallo. Caracas: Fuentes, 1972.<\/p>\n\n\n\n<p>_ Los amos del valle. 1979. 5ta ed. Caracas: Pomaire, 1993. <\/p>\n\n\n\n<p>Huyssen, Andreas. Twilight Memories: Marking Time in a Culture of Amnesia. New York: Routledge, 1995.<\/p>\n\n\n\n<p>James, Marlon. The Book of Night Women. New York: Riverhead Books, 2009. <\/p>\n\n\n\n<p>Juan-Navarro, Santiago. Postmodernismo y metaficcio\u0301n historiogr\u00e1fica: Una perspectiva interamericana. 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Caracas: Monte \u00c1vila Editores, 1973.<\/p>\n\n\n\n<p>Pocaterra, Jos\u00e9 Rafael. Memorias de un venezolano de la decadencia. Caracas: \u00c9lite, 1936.<\/p>\n\n\n\n<p>Ramos, Julio. Los conuqueros. Caracas: Tipograf\u00eda Americana, 1936.<\/p>\n\n\n\n<p>Rivas, Luz Marina. La novela intrahist\u00f3rica. M\u00e9rida: El otro mismo, 2004.<\/p>\n\n\n\n<p>Rojas, Marta. Santa Lujur\u00eda o Papeles de blanco. La Habana: Letras Cubanas, 1998.<\/p>\n\n\n\n<p>Romero Garc\u00eda, Manuel Vicente. Peon\u00eda. 1890. Caracas: Monte \u00c1vila Editores, 1976.<\/p>\n\n\n\n<p>Santaella Kruk, Fedosy. Rocanegras. Caracas, Venezuela: Ediciones B, 2007.<\/p>\n\n\n\n<p>Sojo, Juan Pablo. Nochebuena negra. 1943. Caracas: El perro y la rana, 2007.<\/p>\n\n\n\n<p>Su\u00e1rez de Bianchi, Mar\u00eda. \u201cUna lectura posmoderna de dos novelas venezolanas: Perfume de Gardenia de Laura Antillano y Do\u00f1a In\u00e9s contra el olvido de Ana Teresa Torres\u201d. 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Austin: U of Texas P, 1990.<\/p>\n\n\n\n<h4 class=\"wp-block-heading has-text-align-right\"><a href=\"https:\/\/eldienteroto.org\/wp49\/patricia-valladares-ruiz\/\" target=\"_blank\" rel=\"noreferrer noopener\">Sobre la autora<\/a><\/h4>\n\n\n\n<h6 class=\"wp-block-heading\">*Publicado con el t\u00edtulo: LA INVENCI\u00d3N DE UNA PROMESA: NOSTALGIA COLONIAL Y JERARQU\u00cdA RACIAL EN DO\u00d1A IN\u00c9S CONTRA EL OLVIDO DE ANA TERESA TORRES. En: Revista Iberoamericana, Vol. LXXIX, N\u00fams. 244-245, Julio-Diciembre 2013, 1103-1121<\/h6>\n\n\n\n<p> <\/p>\n","protected":false},"excerpt":{"rendered":"<p>Patricia Valladares-Ruiz Desde la novela del xix hasta el tratamiento posmoderno de la nueva novela hist\u00f3rica de finales del siglo xx, la representaci\u00f3n literaria de personajes afrovenezolanos ha sido mayoritariamente articulada por escritores blancos para lectores blancos. No pocos han sido los casos en los que estos textos se han alimentado del sistema colonial de [&hellip;]<\/p>\n","protected":false},"author":6,"featured_media":14965,"comment_status":"open","ping_status":"","sticky":false,"template":"","format":"standard","meta":{"_monsterinsights_skip_tracking":false,"_monsterinsights_sitenote_active":false,"_monsterinsights_sitenote_note":"","_monsterinsights_sitenote_category":0,"footnotes":""},"categories":[14],"tags":[],"_links":{"self":[{"href":"https:\/\/eldienteroto.org\/wp49\/wp-json\/wp\/v2\/posts\/17034"}],"collection":[{"href":"https:\/\/eldienteroto.org\/wp49\/wp-json\/wp\/v2\/posts"}],"about":[{"href":"https:\/\/eldienteroto.org\/wp49\/wp-json\/wp\/v2\/types\/post"}],"author":[{"embeddable":true,"href":"https:\/\/eldienteroto.org\/wp49\/wp-json\/wp\/v2\/users\/6"}],"replies":[{"embeddable":true,"href":"https:\/\/eldienteroto.org\/wp49\/wp-json\/wp\/v2\/comments?post=17034"}],"version-history":[{"count":3,"href":"https:\/\/eldienteroto.org\/wp49\/wp-json\/wp\/v2\/posts\/17034\/revisions"}],"predecessor-version":[{"id":17259,"href":"https:\/\/eldienteroto.org\/wp49\/wp-json\/wp\/v2\/posts\/17034\/revisions\/17259"}],"wp:featuredmedia":[{"embeddable":true,"href":"https:\/\/eldienteroto.org\/wp49\/wp-json\/wp\/v2\/media\/14965"}],"wp:attachment":[{"href":"https:\/\/eldienteroto.org\/wp49\/wp-json\/wp\/v2\/media?parent=17034"}],"wp:term":[{"taxonomy":"category","embeddable":true,"href":"https:\/\/eldienteroto.org\/wp49\/wp-json\/wp\/v2\/categories?post=17034"},{"taxonomy":"post_tag","embeddable":true,"href":"https:\/\/eldienteroto.org\/wp49\/wp-json\/wp\/v2\/tags?post=17034"}],"curies":[{"name":"wp","href":"https:\/\/api.w.org\/{rel}","templated":true}]}}