{"id":17006,"date":"2025-08-05T14:10:12","date_gmt":"2025-08-05T18:40:12","guid":{"rendered":"https:\/\/eldienteroto.org\/wp49\/?p=17006"},"modified":"2025-08-05T14:10:12","modified_gmt":"2025-08-05T18:40:12","slug":"la-angustia-siempre-tiene-un-nombre","status":"publish","type":"post","link":"https:\/\/eldienteroto.org\/wp49\/la-angustia-siempre-tiene-un-nombre\/","title":{"rendered":"La angustia siempre tiene un nombre"},"content":{"rendered":"\n<h4 class=\"wp-block-heading has-text-align-right\">Pablo Rojas Guardia<\/h4>\n\n\n\n<p>Cuando desataba la corbata frente al espejo trajo el aire de la noche un silbido musical. El transe\u00fante noct\u00e1mbulo insinuaba las f\u00fanebres disonancias del segundo Preludio de Chopin. El cuarto se pobl\u00f3, brevemente, de aquellos dobles llamando a entierro en la tristeza de alguna aldea polaca. El hombre joven de frente de cierta nobleza record\u00f3 a Am\u00edlcar, el \u201cpecoso\u201d, cuando las veladas musicales de la prisi\u00f3n pol\u00edtica en \u201cEl Castillo\u201d, en Puerto Cabello, durante los d\u00edas cargados de presagios del poder gomecista. El espejo, ahora, era un grande e hinchado lienzo de agua donde filmaba sus recuerdos agridulces: las noches calurosas y anhelantes de la p\u00e9trea prisi\u00f3n; los cuerpos perlados de transpiraci\u00f3n de los hombres echados sobre los jergones y el cigarrillo \u2014bueno hasta la \u00faltima chupada, dec\u00eda alguien\u2014 pasando de boca en boca mientras el silbador de turno (tambi\u00e9n estaban la \u201cguaca\u201d Rodr\u00edguez y Plintas el music\u00f3logo) mov\u00eda sus labios por el recuerdo de las aguas tempestuosas o tranquilas, brav\u00edas o apacibles, angustiadas o pacificadas de \u00f3peras, sonatas, preludios, zarzuelas, en tanto se echaban a volar los p\u00e1jaros de ensue\u00f1os, prisioneros como sus amos. <\/p>\n\n\n\n<p>Recordaba, apagado ya el silbido del noct\u00e1mbulo, hasta el tono de las palabras, hasta el color de la noche, hasta la posici\u00f3n de los cuerpos en el suelo lavado de lluvias recientes. Pero no era aquella una sola noche suya. Era, s\u00ed, la gran noche formada por todas las noches de la prisi\u00f3n, buena para ser recordada por sus compa\u00f1eros al azar de cualquier circunstancia: por un silbido nocturno, en el paso misterioso de una estrella errante, en la ca\u00edda tintineante de un trozo de hierro delgado, en los mil apretados rumores viajeros de la sirena de un barco. Porque, a veces, dentro de la gran noche golpeaba el aire pegajoso la sirena de un barco\u2026<\/p>\n\n\n\n<p>\u2014\u00a1Nos vamos!\u2014 gritaba alguno.<\/p>\n\n\n\n<p>Juan, el robusto muchachote de quince a\u00f1os acurrucaba sus ojos noruegos a la sombra encendida de los ojos de Luis, el poeta, y dec\u00eda, casi en un susurro:<\/p>\n\n\n\n<p>\u2014A Shangai\u2026<\/p>\n\n\n\n<p>\u2014Shangai? Shangai no: hace noches fuimos hasta Shangai y nos recibieron a balazos los comunistas y nacionalistas de \u201cLa Condici\u00f3n Humana\u201d. Iremos a otro sitio esta noche. Coja el tim\u00f3n, Poeta. Marque el rumbo\u2026 \u00a1y mande! \u00a1A sus puestos todos! S\u00ed, este era Ar\u00edstides, fanfarroneando siempre, que hab\u00eda resuelto encarcelar sus sue\u00f1os, y, como apretando un llanto, le tiraba a Luis la responsabilidad de aquella dolorosa y risue\u00f1a, dulce y amarga, t\u00edmida y atrevida y juguetona navegaci\u00f3n imaginativa.<\/p>\n\n\n\n<p>\u2014\u00a1A Dakar!\u2014 gritaba Luis ebrio de su propia mentira, euf\u00f3rico por la droga de la enso\u00f1aci\u00f3n.<\/p>\n\n\n\n<p>\u2014A Dakar, \u2014repet\u00eda el joven Poeta.\u2014 Y t\u00fa, Rodr\u00edguez, silba \u201cEl Mar\u201d de Debussy.<\/p>\n\n\n\n<p>\u2014Si puede\u2014 se o\u00eda una voz.<\/p>\n\n\n\n<p>\u2014Que se debiera llamar \u201cplayas\u201d \u2014 terciaba el music\u00f3logo Plintas porque el mar en Debussy, lame, choca, O se arrastra pero no es solamente mar y cielo y\u2026<\/p>\n\n\n\n<p>\u2014Shiiis\u2014 interrump\u00eda otro so\u00f1ador.<\/p>\n\n\n\n<p>\u2014Sshit\u2014 latigueaba uno de m\u00e1s lejos, ya ausente de su cuerpo.<\/p>\n\n\n\n<p>\u2014Pedante.<\/p>\n\n\n\n<p>\u2014No le haga caso, Poeta, rumbo a Dakar.<\/p>\n\n\n\n<p>En la noche, en la gran noche de lejanas estrellas alg\u00fan \u00e1ngel misterioso y juguet\u00f3n hac\u00eda repetir el desgarrador sonido de la sirena del barco y los sue\u00f1os soltaban amarras hacia rumbos diferentes. Y Dakar era, all\u00ed, en la puerta de los calabozos malolientes, en las pringosas ropas, en los cuerpos pegajosos de suciedad, de reclusi\u00f3n y de sudor, en los hierros medievales, anacr\u00f3nicos, que apretaban ilusionadas carnes juveniles, en los detritus de todos que con sus vahos quemaban desde la puerta enrejada la vitalidad de todos, Dakar era, para unos, la Plaza Bol\u00edvar de Caracas, la \u00faltima excursi\u00f3n al campo, el cine del barrio, la sala de conciertos; Dakar era, para otros el llanto de la madre, las caricias de la novia, la angustia de lo abandonado: Dakar era la Libertad, la Vida era Dakar. \u00a1Qu\u00e9 importaba el nombre geogr\u00e1fico de un puerto en el mundo! Dakar era el sue\u00f1o realizado y el sue\u00f1o por realizar, puro, incontaminado; m\u00e1s all\u00e1 de aquellos muros silencieros donde abr\u00eda su rosa n\u00e1utica la sirena viajera; Dakar era la tierra venezolana. Dakar era lo que estaba afuera, del otro lado. \u00a1La Vida! \u00a1La Libertad!<\/p>\n\n\n\n<p>El hombre joven de frente de cierta nobleza se sinti\u00f3 de pronto ante el espejo como desinflado; como si algo hubiera salido de \u00e9l y viniera ahora, trabajosamente, lentamente, penosamente, a entrar en el aposento de su cuerpo de donde hab\u00eda salido con voces y murmullo de voces, con estrellas y fuga de estrellas, con hombres y sombras de hombres, con patios y trozos irreales de patios, con barrotes de hierro y luces vacilantes y piernas sucias y rel\u00e1mpagos de m\u00fasica olvidadas y palabras y palabrotas y ulular de sirenas y trozos de palpitante geograf\u00eda venezolana, a pasearse con vida propia frente a sus ojos hipnotizados por el corredor de agua del espejo. El hombre joven de frente de cierta nobleza sinti\u00f3 que algo poderoso se abat\u00eda sobre su esp\u00edritu y con gran alivio de su cuerpo fu\u00e9 a sentarse en el ra\u00eddo sill\u00f3n junto a la ventana por donde entraba el fresco viento nocturno. La ciudad, a estas horas de la noche parec\u00eda vaciada de su sangre como el hombre joven sentado junto a la ventana; pero en algunos pedazos de papel que de pronto se arremolinaban en el tope de los postes de la corriente el\u00e9ctrica y en el olorcillo seco, de p\u00f3lvora quemada, que iba directamente al paladar, se le pod\u00eda reconstruir tambi\u00e9n el ajetreo del d\u00eda: una obstinada actitud estudiantil frente a profesores de cerrada honestidad hab\u00eda desbordado sus l\u00edmites, contaminado al fertilizado campo obrero e inundado, ya sin freno, las calles de lo cotidiano, donde la algazara y la improvisaci\u00f3n se multiplicaron, por lo que el gobierno tuvo que hacer un despliegue r\u00e1pido de sus fuerzas. En total eran tres heridos: un ni\u00f1o, que ha debido sentirse en el momento del fogonazo que lo abati\u00f3 como en una funci\u00f3n especial de cine, una mujer cuarentona ociosa de sangre fertilizante y un obrero sin trabajo. S\u00ed, en el rostro nocturno, casi dormido de la ciudad, a\u00fan pod\u00edan distinguirse huellas de los apresurados latidos con que su coraz\u00f3n hab\u00eda palpitado durante el d\u00eda febril.<\/p>\n\n\n\n<p>El hombre sentado junto a la ventana mortificaba su esp\u00edritu. Estos y otros sucesos recientes acaecidos en su pa\u00eds devastaban su frente de cierta nobleza. Quer\u00eda encontrarles una explicaci\u00f3n; porque \u2014se dec\u00eda;\u2014 lo que no es tradici\u00f3n es importaci\u00f3n, viene de afuera, corrompe, emponzo\u00f1a hasta que se adapta; a veces riega y fertiliza el nuevo campo porque ya hab\u00eda algo en lo nuevo delcampo que le era af\u00edn&#8230; Hay una manera de ser venezolana; hay una actitud, una aptitud, y hasta un m\u00e9todo venezolan\u00edsimos; y estos sucesos, y los hombres y mujeres de resignada quietud, los hombres y mujeres de generosa inquietud, los hombres y mujeres desprevenidos ante la pugna pol\u00edtica, los hombres y las mujeres envueltos en la  violencia, en el deshonor, en la hipocres\u00eda, en la desvalorizaci\u00f3n, en el vituperio, como armas en el combate por el predominio ideol\u00f3gico, no eran, no pod\u00edan ser de carne y de sangre y de sue\u00f1o de Venezuela. <\/p>\n\n\n\n<p>El hombre se levant\u00f3 y fu\u00e9 hasta la peque\u00f1a mesa que le serv\u00eda de escritorio. Encendi\u00f3 un cigarrillo y la bocanada de humo caliente pareci\u00f3 refrescarle por momentos la febril meditaci\u00f3n. Record\u00f3 que en el cuarto permanentemente poblado de humo de su amigo el profesor de matem\u00e1ticas Olmos, hab\u00edan le\u00eddo hac\u00eda pocos d\u00edas, el cap\u00edtulo de una obra, de una novela del joven periodista Hernais donde se trataba de reflejar los rumbos sentimentales y el esp\u00edritu de una generaci\u00f3n de sacrificio y risue\u00f1a melancol\u00eda venezolanas. En esa novela se recoger\u00eda la vida del pa\u00eds en su nobleza espiritual y en su b\u00fasqueda de un como perdido ritmo de justicia; su entereza ante la parte flaca de su historia, su actitud viril en los momentos de abatimiento, su risue\u00f1a melancol\u00eda, su altivez sin aspavientos. El hombre joven record\u00f3 que \u00e9l guardaba uno de los cap\u00edtulos de la novela de su compa\u00f1ero Hernais y entre desperezado y aturdido busc\u00f3 entre sus papeles del escritorio y se entreg\u00f3 a la lectura con avidez. <\/p>\n\n\n\n<p>\u201cEsta ma\u00f1ana todo el sol se ha metido en el patio. Nos ha empujado hacia la lobreguez de los calabozos, cuyas paredes transpiran tanto como los cuerpos. Hasta los barrotes han perdido su gravedad, su mudez disciplinaria y brillan extra\u00f1amente como las bayonetas en la marcha diurna. A veces, a corta distancia, los ojos ven alzarse tenues hilos de humo. El agua del estanque, cada minuto m\u00e1s pobre, espejea dolorosamente en los ojos. R\u00e9gulo cruz\u00f3 el patio con andar torpe, de enfermo, y le di\u00f3 una patada a un trozo de hojalata&#8230; o a una estrella. En la boca de los calabozos peque\u00f1os grupos de hombres hablaban, abatidos. Las palabras se pronunciaban lentamente y sal\u00edan como envueltas en la sequedad de la saliva. Las manos se han vuelto de plomo; y las moscas, acosadoras, impertinentes, fastidiosas, pintarrajeaban rostros y Cuerpos, Provocaba gritar sin moverse. Chillar, Restregarse los dientes. Cortar corchos. Morder cuchillos. <\/p>\n\n\n\n<p>\u00a1Que saltaran los nervios! <\/p>\n\n\n\n<p>\u2014Ni libros. Ni peri\u00f3dicos&#8230;<\/p>\n\n\n\n<p>\u2014Ni agua! \u2014 le interrumpi\u00f3 con brusquedad Ar\u00edstides a Lander que se hab\u00eda echado con los pies en el sol.<\/p>\n\n\n\n<p>Lander hac\u00eda esfuerzos, chupando penosamente sus restos de serenidad, para que sus palabras subieran hasta las conciencias de los otros, pero el sol las calentaba demasiado y los o\u00eddos repel\u00edan su murmullo. Adem\u00e1s, la cinta de restos de agua sucia del patio incitaba las miradas y anunciaba paisajes frescos, intactos, con \u00e1rboles y r\u00edos.<\/p>\n\n\n\n<p>Lander segu\u00eda levantando palabras.<\/p>\n\n\n\n<p>\u2014Hubi\u00e9ramos aprovechado mejor la prisi\u00f3n si tuvi\u00e9ramos libros. Ni tan s\u00f3lo correspondencia. Ya llevo seis meses sin tener noticias de mi casa.<\/p>\n\n\n\n<p>\u2014Esto s\u00ed es tiran\u00eda, verdad, Pedro ?<\/p>\n\n\n\n<p>\u2014Si\u2014 dijo Pedro\u2014 pero alg\u00fan d\u00eda saldremos\u2026 <\/p>\n\n\n\n<p>\u2014A qu\u00e9 saldremos?\u2014 volvi\u00f3 a interrumpir Ar\u00edstides que se rascaba las rodillas con sus u\u00f1as largas y negras.<\/p>\n\n\n\n<p>En los ojos adormilados la pregunta que, como un visitante furtivo, les robaba el ocio, les consum\u00eda el reposo, cambi\u00f3 el esc\u00e1ndalo in\u00fatil y amarillo de la ma\u00f1ana y encerr\u00f3 en grises interrogaciones sus futuras actitudes ciudadanas. \u00bfQu\u00e9 hacer? \u00bfDe nuevo qu\u00e9 hacer? \u00bfHacia d\u00f3nde, hacia qu\u00e9 actos, m\u00e1s all\u00e1 de la acci\u00f3n dom\u00e9stica y cotidiana, encaminar\u00edan sus pasos, enrumbar\u00edan su esp\u00edritu en la ciudad? Qu\u00e9 deber le hab\u00eda nacido a cada uno en la punta de la meditaci\u00f3n? La c\u00e1rcel, como una esponja, recogi\u00f3 en sus c\u00e9lulas la algazara de sus manifestaciones primerizas, tan coincidente en muchos con la afirmaci\u00f3n primera de la varonil adolescencia. El atolondramiento de la obra circunstancial \u2014quiz\u00e1s inconsciente en su misteriosa expresi\u00f3n\u2014 se detuvo ante la responsabilidad; y las noches, meditativas (en las prisiones las noches siempre llegan con el pu\u00f1o en el ment\u00f3n) destilaron interrogaciones. <\/p>\n\n\n\n<p>\u00bfQu\u00e9 eran ellos? \u00bfDe qu\u00e9 pasta venezolana estaban hechos? \u00bfQui\u00e9n recoger\u00eda su ejemplo: y acaso, era, realmente un ejemplo? Y, entonces, de ser una acci\u00f3n ejemplar la de ellos, \u00bfpor qu\u00e9 tardaba tanto la vida en reproducirla? Es que no exist\u00edan en la colectividad venezolana gentes de su misma actitud, con sue\u00f1os de la misma contextura? \u00bfEs que acaso el r\u00e9gimen gomecista, contra el cual hab\u00edan tenido la osad\u00eda de gritar, era una gran verdad necesaria en el acontecer venezolano, como es necesaria la moment\u00e1nea represi\u00f3n en el adolescente impetuoso? \u00bfEs que acaso ellos representaban el despertar de otra corriente de ideas que en el misterioso moler del tiempo buscar\u00eda su equilibrio, su uni\u00f3n, su matrimonio, su darse las manos, su di\u00e1logo, con esta otra cosa dura de hoy para m\u00e1s adelante, en el sosiego de la justicia resplandeciente, de la libertad con rico contenido, dar otro fruto social de esplendores? En la mesa de infinitas posibilidades deb\u00edan descartar errores, gloriolas y aceptar el impasible As que el futuro ven\u00eda empujando lentamente hacia sus manos, el mejor As, el deber de hacer, de actuar; pero, \u00bfhacer qu\u00e9? <\/p>\n\n\n\n<p>De los calabozos contiguos lleg\u00f3 una griter\u00eda alacre. Las voces estaban secas. <\/p>\n\n\n\n<p>\u2014 \u00a1Viva el abuelo! Viva el viejo Cartone! <\/p>\n\n\n\n<p>\u2014Vivaaaaa. <\/p>\n\n\n\n<p>\u2014\u00bfC\u00f3mo era el Tirano Aguirre, Coronel Cartone? <\/p>\n\n\n\n<p>\u2014Igualito a su abuela. <\/p>\n\n\n\n<p>\u2014\u00bfA la abuela del Tirano o a la del viejo Cartone? <\/p>\n\n\n\n<p>Ar\u00edstides volvi\u00f3 a rascarse las rodillas con sus u\u00f1as largas y negras. <\/p>\n\n\n\n<p>\u2014All\u00ed est\u00e1 el pobre viejo haciendo otra vez el rid\u00edculo. Y los dem\u00e1s tan necios! \u2014dijo Lander. <\/p>\n\n\n\n<p>\u2014\u00bfQu\u00e9? \u00bfNi siquiera quieres que se diviertan? \u00bfCrees que se van a pasar todo el tiempo hasta que nos saquen de esta inmundicia con las manos en la cabeza meditando en la futura rep\u00fablica de Venezuela en la cual ya te has adjudicado la secretar\u00eda de una presidencia de estado ? <\/p>\n\n\n\n<p>\u2014Imb\u00e9cil. <\/p>\n\n\n\n<p>Se acercaron las voces. Un grupo de compa\u00f1eros ven\u00eda por el t\u00f3rrido sol del patio sosteniendo al viejo Cartone coronado con el ala de un destruido sombrero de cocuiza y con improvisados Zarcillos de cortezas de naranja colg\u00e1ndoles de las transparentes orejas. Cartone sonre\u00eda y morisqueteaba haciendo sonar los delgados hierros que se cerraban en sus tobillos. Cartone estaba en prisi\u00f3n pol\u00edtica por haber intentado saltar las calderas de los telares de Maracay, la ciudad oficial del gomecismo, un d\u00eda que el Presidente G\u00f3mez los visitaba; ahora en \u201cEl Castillo\u201d en Puerto Cabello, relataba viejas andanzas con guerrilleros, su destef\u00f1iida profesi\u00f3n, mientras en Caracas su esposa viv\u00eda de d\u00e1divas gubernamentales. <\/p>\n\n\n\n<p>\u2014!Viva el viejo Cartone! !Viva cara de jojoto! <\/p>\n\n\n\n<p>El grupo bullicioso de hombres lleg\u00f3 al extremo del patio, donde se abr\u00eda el comienzo de la libertad, el portal\u00f3n del rancho; y echaron al viejo Cartone en una pringosa silla de lona. <\/p>\n\n\n\n<p>\u2014Cuando yo sea presidente de la rep\u00fablica usted ser\u00e1 mi espaldero coronel Cartone \u2014dijo An\u00edbal, un joven magro, todo hueso e imaginaciones. Usted, coronel Cartone, ir\u00e1 en mi autom\u00f3vil para abrir la portezuela; eso s\u00ed, tiene que andar derecho, conmigo no se juega.<\/p>\n\n\n\n<p>\u2014Yo lo fusilo\u2014 dijo otro\u2014 para que no cometa la tonter\u00eda de volver a la c\u00e1rcel, porque el viejo es carne de presidio hasta en una perfecta rep\u00fablica griega.<\/p>\n\n\n\n<p>\u2014No\u2014 se oy\u00f3 otra voz, \u2014no le amarguen el rato al abuelo; d\u00e9jenlo gozar del autom\u00f3vil del presidente An\u00edbal otro ratico.<\/p>\n\n\n\n<p>\u2014Oiga, Coronel Cartone, \u00bfc\u00f3mo era el Tirano Aguirre? <\/p>\n\n\n\n<p>La respuesta no se hac\u00eda esperar.<\/p>\n\n\n\n<p>\u2014El Tirano Aguirre era un hombre flaco de car\u00e1cter d\u00edscolo e inquieto que ven\u00eda por el r\u00edo Mara\u00f1\u00f3n\u2026<\/p>\n\n\n\n<p>Carcaje\u00f3 el grupo: !formidable!, !estupendo! Rep\u00edtalo, coronel, !rep\u00edtalo!<\/p>\n\n\n\n<p>En el d\u00eda, en los momentos en que Cartone paseaba su delgadez por los calabozos en busca de golosinas, de cigarrillos, de restos de cigarrillos, repet\u00eda incansablemente la misma respuesta a la misma pregunta escolar. En su boca peque\u00f1a, en su voz de embudo, las palabras se atropellaban provocando la hilaridad.<\/p>\n\n\n\n<p>En el cielo estiraron un toldo de nubes. Obreros h\u00e1biles, presurosos, taparon los huecos azules y un vientecillo risue\u00f1o principi\u00f3 a barrer el sudor de los torsos.<\/p>\n\n\n\n<p>\u2014Si llueve, me ba\u00f1o \u2014dijo An\u00edbal; y tir\u00f3 al suelo los pantaloncillos.<\/p>\n\n\n\n<p>A poco el cielo se encapot\u00f3 y la lluvia repiquete\u00f3 en el tambor sucio del patio. Los hombres, desnudos y barbados, se lanzaban al agua de las escudillas. Por el suelo caliente corr\u00edan, saltaban, gritaban, empuj\u00e1ndose los unos a los otros. El cielo, generoso, segu\u00eda derramando agua de alegr\u00eda sobre las cabezas, sobre los cuerpos, sobre el patio.<\/p>\n\n\n\n<p>Desde las altas paredes los oficiales de vigilancia sonre\u00edan.<\/p>\n\n\n\n<p>\u2014!Buen ba\u00f1o!<\/p>\n\n\n\n<p>\u2014Teniente, m\u00e1ndeme un jab\u00f3n de Reuter.<\/p>\n\n\n\n<p>\u2014Para m\u00ed un Pears y una toalla.<\/p>\n\n\n\n<p>\u2014\u00bfUsted conoce esta marca de jab\u00f3n? \u2014dec\u00eda otro mientras ense\u00f1aba un poco de tierra con la que se restregaba.<\/p>\n\n\n\n<p>El cielo segu\u00eda empujando agua sobre las cabezas, sobre los cuerpos, sobre el patio. Las l\u00edneas de agua se quebraban, otras las supl\u00edan corriendo por el suelo hacia un destino incierto pero seguro en el misterio de sus fines, como en la vida. Mas los ojos estaban alegres y el patio y los hombres estaban limpios despu\u00e9s de la lluvia.<\/p>\n\n\n\n<p class=\"has-text-align-center\">&#8211; o &#8211;<\/p>\n\n\n\n<p>\u2014S\u00ed\u2014 dec\u00eda el hombre joven de frente de cierta nobleza aventando sus palabras hacia la noche, hacia las m\u00faltiples voces so\u00f1adoras de los libros, hacia los propios sue\u00f1os que se ampliaban en el eco dormido de las p\u00e1ginas escritas \u2014s\u00ed, porque nosotros est\u00e1bamos en Venezuela y era Venezuela a la que quer\u00edamos sacar de sus propios l\u00edmites, nunca aquellos j\u00f3venes de hace veinte a\u00f1os, exactamente hace veinte a\u00f1os\u2014 pudimos decir, pudimos pronunciar, para nuestros viajes imaginativos sobre la tierna y \u00e1spera Venezuela, los nombres de arbitraria elegancia que la visten. (Afuera, en la noche callada y secretamente ajetreada las voces de los conductores de autom\u00f3viles principiaban a anunciar su mercanc\u00eda de viajes a los pueblos de tierra adentro). S\u00ed, nunca dijimos, para abarcar cuanto pretend\u00edamos, Maracay, Upata, T\u00e1riba, Caracas, Los Teques, Dando y Dando. (La sirena de una ambulancia desgarr\u00f3 la noche con un olor a carga triturada, a cuarto de hospital, a s\u00e1banas ensangrentadas y golpe\u00f3 fugazmente la cara ausente del hombre joven de frente de cierta nobleza). Dakar, Cant\u00f3n, Shangai, Oslo, eran apenas fugaces consignas de una empresa superior a nuestras fuerzas. (Heridos en la manifestaci\u00f3n estudiantil de ayer, se oy\u00f3 con timidez la voz de un pregonero de diarios). En las algaradas recientes las palabras que decoran los s\u00edmbolos, s\u00edmbolos ellas mismas, vienen ya gastadas, deste\u00f1idas, como que fueron usadas en otras tierras por otros hombres para amparar y alentar clandestinas y generosas acciones colectivas. No, no es falta de imaginaci\u00f3n, ni apresuramiento en la escogencia de vocablos para adelantar la acci\u00f3n que toda palabra simb\u00f3lica envuelve cuando hay que desplegarla como bandera ante la desprevenida conciencia de los otros; es que \u00e9stas de hoy \u2014resistencia, entre otras\u2014 no nacen de una idea bordada por el tejer y destejer de nuestra historia. (La guerra fr\u00eda contin\u00faa\u2026 otro preg\u00f3n asom\u00f3, junto con un gran suspiro fr\u00edo de la noche moribunda, su cara de inquietudes en el peque\u00f1o cuarto del hombre joven de frente de cierta nobleza). Es que estas palabras de hoy solamente reflejan la libertad sin disciplinas y la imaginaci\u00f3n sin cauce en que se mueven tantos y tantos j\u00f3venes de conciencias agitadas por la inquietud mundial. (El paso de una cucaracha hizo caer la hoja de un libro; el hombre dobl\u00f3 su cuerpo para recogerla y sus ojos se poblaron de letras, de t\u00edtulos, de nombres). Les sucede, a estos hombres, como al lector de novelas que en cada personaje, en cada acci\u00f3n de cada personaje, juega un poco a la acci\u00f3n que no realizar\u00e1 nunca. Son los h\u00e9roes sin las circunstancias que hacen a los h\u00e9roes\u2026<\/p>\n\n\n\n<p>De pronto en el peque\u00f1o cuarto donde el hombre joven monologaba todo se hizo menos abstracto. Los hombres, las mujeres, los sucesos, las palabras remotas cobraron vida y se hicieron palpitantes, cercanos. La ciudad anunciaba su desperezamiento. El pito de una f\u00e1brica desgarraba la sumisi\u00f3n de muchos sue\u00f1os de muchos hombres. Las campanadas graves, pesadas, solemnes de una iglesia acallaban con esperanzas de otra vida mejor fr\u00e1giles y peregrinas esperanzas. Los pregoneros de los grandes diarios con sus grandes noticias aterradoras disminu\u00edan o agradaban los peque\u00f1os o grandes errores cotidianos.<\/p>\n\n\n\n<p>\u2014La heroicidad de hoy, nuestra heroicidad, no es la de la plaza p\u00fablica, no es la heroicidad del discurso \u2014dec\u00eda casi en voz alta el hombre joven de frente de cierta nobleza\u2014 nuestra heroicidad es la responsabilidad, la alegre responsabilidad sobre cada oficio, sobre cada Misi\u00f3n, sobre cada deber, grande o peque\u00f1o que nos venga a las manos, a la mente, al coraz\u00f3n.<\/p>\n\n\n\n<p>En el pensamiento del hombre joven ahora acodado a la ventana parec\u00eda caber hasta el m\u00e1s m\u00ednimo latido, vegetal y animal de los l\u00edmites en donde el destino le hab\u00eda empujado a nacer. Hubiera podido seguir el pulso del reci\u00e9n nacido desde el vientre de la madre hasta su despabilamiento ante el sol de los campos o de las ciudades; hubiera podido gritar su propio j\u00fabilo y su propio sufrimiento, sus ca\u00eddas y sus levantamientos, sus corajes y sus temores ante su propia vida y en la vida de los otros seres que le hab\u00eda tocado en suerte ver, observar, amar; sent\u00eda que era uno con todos los hombres y mujeres que, con \u00e9l, en alg\u00fan momento de la historia de su pa\u00eds hab\u00edan sentido el debilitamiento de la desesperanza y el desgarramiento de la luz auroral, cuando el destino parece venir seguro hacia las manos azaradas. Le parec\u00eda que la palabra Venezuela cobraba un sentido especial y corr\u00eda por su sangre y nutr\u00eda sus \u00d3rganos y era hasta su impureza y su ox\u00edgeno.<\/p>\n\n\n\n<p>Son\u00f3, insistentemente, la campanilla de un tel\u00e9fono. Un polic\u00eda alert\u00f3 a un adormilado conductor de cami\u00f3n. Un pregonero de diarios tore\u00f3 la embestida de un autom\u00f3vil. Un estudiante detuvo el paso y de su sue\u00f1o salt\u00f3 al sue\u00f1o del libro que acababa de abrir a las puertas de la cafeter\u00eda donde humeaban las tazas de caf\u00e9 y eran anticipo de delicias las morenas fritangas aceitosas. <\/p>\n\n\n\n<p>Como el m\u00fasico que aprende ritmos, compases, en el discurrir del viento, en el rumoreo de los \u00e1rboles cabeceantes, en la meditaci\u00f3n del agua estancada, el hombre joven de frente de cierta nobleza acodado en la ventana constru\u00eda, con el ajetreo de la ciudad desperezada, con las palabras y murmullos de palabras que la brisa tra\u00eda de todos los rincones del amanecer, con los breves instantes de la vida de su pa\u00eds que eran su pasado y que sin embargo se hab\u00edan hecho presente dentro de \u00e9l para morder la c\u00e1scara de su futuro, constru\u00eda \u2014y como \u00e9l cuantos hombres y mujeres de la tierra que le corr\u00eda por las venas y le nutr\u00eda el aceite para la vigilia de su mente! \u2014 un futuro de esplendores, un jubiloso porvenir que ya, ahora mismo, eran fervor de Venezuela.<\/p>\n\n\n\n<p>Cuando dej\u00f3 la ventana con la claridad que le cerraba los p\u00e1rpados, un verso llenaba de alegr\u00eda el peque\u00f1o cuarto donde pedazos de noche a\u00fan se agazapaban en los rincones: \u201cS\u00f3lo vive quien mira siempre ante s\u00ed los ojos de su aurora\u201d.<\/p>\n\n\n\n<h4 class=\"wp-block-heading has-text-align-right\"><a href=\"https:\/\/eldienteroto.org\/wp49\/pablo-rojas-guardia\/\" target=\"_blank\" rel=\"noreferrer noopener\">Sobre el autor<\/a><\/h4>\n\n\n\n<h6 class=\"wp-block-heading\">*Ilustraci\u00f3n de M\u00e9ndez Osuna. Publicado en la Revista Nacional de Cultura 87-88, julio-octubre 1951, pp 172-181.<\/h6>\n","protected":false},"excerpt":{"rendered":"<p>Pablo Rojas Guardia Cuando desataba la corbata frente al espejo trajo el aire de la noche un silbido musical. El transe\u00fante noct\u00e1mbulo insinuaba las f\u00fanebres disonancias del segundo Preludio de Chopin. El cuarto se pobl\u00f3, brevemente, de aquellos dobles llamando a entierro en la tristeza de alguna aldea polaca. 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