{"id":16977,"date":"2025-08-02T14:33:17","date_gmt":"2025-08-02T19:03:17","guid":{"rendered":"https:\/\/eldienteroto.org\/wp49\/?p=16977"},"modified":"2025-11-21T15:30:31","modified_gmt":"2025-11-21T20:00:31","slug":"pez-que-escupe-el-agua-fragmentos","status":"publish","type":"post","link":"https:\/\/eldienteroto.org\/wp49\/pez-que-escupe-el-agua-fragmentos\/","title":{"rendered":"En la Casa del pez que escupe el agua (fragmentos)"},"content":{"rendered":"\n<h4 class=\"wp-block-heading has-text-align-right\">Francisco Herrera Luque<\/h4>\n\n\n\n<p><strong>PRIMERA \u00c9POCA: Los fantasmas de la Historia<\/strong><\/p>\n\n\n\n<p><em>Los fantasmas (Primera parte)<\/em><\/p>\n\n\n\n<p>A sesenta y un a\u00f1os de Urica, se muere Eugenia. En la Casa del pez que escupe el agua hay rumores de rezos y de di\u00e1logos a sordina y ya vino el arzobispo con sus colores vivos y su \u00f3leo de muertos. La caraque\u00f1a que tentara al Libertador del P\u00edritu y a Boves en Cuman\u00e1 deja salir por su boca en agujero un estertor de muerte. Helada, vac\u00eda y seca se muere Eugenia, la de los mulatos perfilados y del meneo candente. Sesenta y un a\u00f1os han ca\u00eddo sobre los hombres y sobre las cosas. Del pelo vericasta\u00f1o que hablaba de sus abuelos godos quedan mechones lacios, y de su boca en pomag\u00e1s un hoyo sombr\u00edo que tienta a una mosca negra.<\/p>\n\n\n\n<p>A sesenta y un a\u00f1os de Urica, se muere Eugenia. Generales de la Federaci\u00f3n velan su sue\u00f1o y en Catedral un hipo de campanas dobla por ella.<\/p>\n\n\n\n<p>Fue una mujer de larga historia, que luego de \u00abdar m\u00e1s tute que un porfiado habanero\u00bb termin\u00f3 cas\u00e1ndose con el Mulato Machado, el asesino de su t\u00edo, en cuyo camastr\u00f3n boquea.<\/p>\n\n\n\n<p>Todo el mundo se hizo cruces y sus primas sesgaron perfiles al saber que un mujer\u00f3n como ella, de tumba en la sacrist\u00eda y doble repique a muerte, se iba a casar con aquel hombre que, adem\u00e1s de magnicida, que ser\u00eda lo de menos, ten\u00eda la piel tan oscura y sin brillo como una caoba vieja.<\/p>\n\n\n\n<p>Pero el Mulato, adem\u00e1s de pinta, ten\u00eda garra. Desde que se pas\u00f3 a los patriotas, con Eugenia montada en la bestia, su vida militar y pol\u00edtica fue de continuo en ascenso. Al a\u00f1o era Capit\u00e1n de lanceros. En Carabobo, Edec\u00e1n del Libertador, y cuando P\u00e1ez lleg\u00f3 a Presidente, Jefe de Cant\u00f3n y Diputado a Constituyente. Y as\u00ed hubiese seguido de rama en rama y de triunfo en triunfo, si una bala goda y fr\u00eda no lo hubiese transformado en amarilla reliquia del liberalismo. <\/p>\n\n\n\n<p>Del matrimonio de Machado y Eugenia naci\u00f3 un hijo a quien llamaron V\u00edctor Alberto. No hered\u00f3 de su padre ni el vigor ni la fiereza; pero s\u00ed el color de sus tierras y el cabello que le hac\u00eda preguntas llegando a las sienes. Era t\u00edmido y regordete, de facciones hermosas que recordaban a Eugenia en su c\u00e1lida cordialidad e insulsa indefinici\u00f3n, lo que desesperaba al Mulato fincado.en su creencia de que en Venezuela \u00abal que le ven la oreja blanca se envaina\u00bb y \u00abel que pega primero pega dos veces\u00bb. Cuando el muchacho se desmay\u00f3 luego de ver azotar a un patiero, Andr\u00e9s ya no puso en duda que el hijo le hab\u00eda salido blando y maldijo el vientre de su mujer, sabiendo que por su culpa se le hab\u00eda aguado la estirpe.<\/p>\n\n\n\n<p>A V\u00edctor Alberto le gustaban los n\u00fameros, los cuales bat\u00eda con gracia y prontitud como afirmaba orondo con sus modales blancos de pato gordo o de Papa electo. Y as\u00ed se fue deslizando por las finanzas y el comercio hasta que termin\u00f3 como ministro de Hacienda de Guzm\u00e1n el Bueno, que as\u00ed comenzaban a llamar los Olavarr\u00eda y los Matos al nuevo dictador de Venezuela. Por eso la Casa del pez que escupe el agua rebosa de pol\u00edticos y cortesanos que aprovechan la agon\u00eda de la moribunda para hacer m\u00e9ritos de amistad y familia, mientras el pueblo, tras la doble fila de tropa que hace calle al Presidente, ve llegar a los cumplimenteros con sus colores tristes que no llegan a negro.<\/p>\n\n\n\n<p>Un grito en estertor sale del cuarto verde. Los rostros se vuelven tiesos y el Pez que escupe el agua encoge el chorro con tristeza y recogimiento.<\/p>\n\n\n\n<p><em>Juan Vicente, el de La Mulera ( Camino de San Antonio 18 de mayo de 1875. 15 horas)<\/em><\/p>\n\n\n\n<p>Juan Vicente sube los Andes por el camino de San Antonio a Capacho Viejo. En la mitad del camino y a dos leguas y media est\u00e1 La Mulera, un altiplano esquivo lleno de nieblas. La Mulera no es tierra de flores a pesar de la bruma y del agua gruesa que cae por las torrenteras. Abundan por el contrario cuj\u00edes y cardonales como si el p\u00e1ramo se hubiese aposentado en el desierto. Por eso Hermenegilda Chac\u00f3n detesta la finca de su marido Pedro Cornelio G\u00f3mez; pues aquello como dec\u00eda el dicho no era ni chicha ni limonada.<\/p>\n\n\n\n<p>\u2014Tierra caliente es tierra caliente y tierra fr\u00eda es tierra fr\u00eda, pero esa bolada que al lado de un maizal se d\u00e9 tambi\u00e9n el trigo, es como para volverse loca; como es cosa de santiguarse cuando apenas pasado el mediod\u00eda, la tarde se pone triste y la nube que estaba en la punta se descuaja cerro abajo y lo que debe ser d\u00eda se vuelve noche y lo que era calor se vuelve fr\u00edo.<\/p>\n\n\n\n<p>Juan Vicente mira la sombra que no sale de su caballo. Tiene la talla alta, el cuerpo fuerte y la cara color de humo. El caballo sube la cuesta. Las orejas las mueve acompasadas; pero a veces se quedan r\u00edgidas y alertas como auscultando al viento.<\/p>\n\n\n\n<p>\u2014\u00bfQu\u00e9 te pasa, Camacaro?<\/p>\n\n\n\n<p>Un relincho respondi\u00f3 al hombre y al trueno. Juan Vicente mira con aprensi\u00f3n al camino y a la monta\u00f1a. A la neblina que va bajando; al sol que alumbra pero no brilla; al trueno sordo sin nubes negras; a los p\u00e1jaros que huyeron; a los trigrillos que rodaron cerro abajo; al aullido lejano de los perros; al aire que baja de la Sierra sin olor a tierra ni a cafetales.<\/p>\n\n\n\n<p>\u2014Tienes raz\u00f3n, Camacaro. Aire sin cuerpo no es cosa buena.<\/p>\n\n\n\n<p>Trueno sin nubes es cosa mala. Cerro sin p\u00e1jaros es cosa rara. Las tardes en la monta\u00f1a se hacen noche cuando menos se espera. Vivir entre cerros es una vaina; cuando en San Antonio duermen la siesta aqu\u00ed andamos con linternas. Cuando abajo meriendan comemos para acostarnos. A las seis ya es hora nona. Nadie debe cruzar r\u00edos, ni torrenteras, pues los espantos andan entre las piedras, las brujas vuelan y hay duendes con cara de perros y ojos color candela.<\/p>\n\n\n\n<p>Una casa en ruinas alumbra sobre el Topito. Es la casa del Brujo adivinador. Un negro loco que llega al siglo y que habla de Bol\u00edvar y de P\u00e1ez como si fueran Rafael Mar\u00eda y Evaristo Jaimes. \u00abRafael Mar\u00eda ser\u00e1 jefe de mucha gente y Evaristo guerrero de los siete valles que cantar\u00e1n las guitarras y sembrar\u00e1n las leyendas, y uno morir\u00e1 de viejo y el otro de bala y los mismos brazos que llevar\u00e1n a uno a la muerte en vida llevar\u00e1n al otro a la vida en muerte.\u00bb Por una botella de miche se adentra en el futuro. Cuando se le traen sardinas pirag\u00fcea en el pasado. Cuenta mi Se\u00f1or Padre que est\u00e1 ah\u00ed desde la Guerra Larga. Lleg\u00f3 con los Bald\u00f3 y los Pulido cuando Zamora quem\u00f3 a Barinas. Dice que cuando yo andaba por los cuatro a\u00f1os me vio de lejos y le grit\u00f3: \u00ab\u00a1Ah, Pedro Cornelio! \u00a1Cuidado con el muchacho! E pa\u2019 ensalm\u00e1telo\u00bb.<\/p>\n\n\n\n<p>Pero mi Se\u00f1or Padre sigui\u00f3 de largo porque el negro estaba borracho cantando canciones de antes y desgranando cachos de guerras. Desde hace a\u00f1os el negro Juan, como se hace llamar, no se asoma al corredor y vive en las sombras de los cuartos de adentro. Para verlo hay que buscarlo a pleno sol; pararse en la puerta y gritarle como a un obispo:<\/p>\n\n\n\n<p>\u2014\u00a1Jes\u00fas, Jos\u00e9 y Mar\u00eda! Yo soy fulano de tal y quiero hablar con Us\u00eda. Si est\u00e1 de vena, dice \u00abpase su se\u00f1or\u00eda\u00bb; pero si est\u00e1 revuelto se queda mudo y hay que salir corriendo m\u00e1s r\u00e1pido que un espabileo, pues si no, salen p\u00e1jaros negros y maldiciones que se encaraman en la montura y encabritan la bestia.<\/p>\n\n\n\n<p>Camacaro dio un relincho y se desboc\u00f3. Cuando la palabra y el freno lo contuvieron se mov\u00eda inquieto con la baba sangrante. Un jinete apareci\u00f3 en la niebla. Juan Vicente se sacudi\u00f3 de malestar. Era el Viejo Orlando, el hombre de la Elo\u00edsa. <\/p>\n\n\n\n<p>\u00abMe gusta la Elo\u00edsa con su cara de cera que se hace vela cuando la agarro, la tiro al suelo y monto encima.\u00bb<\/p>\n\n\n\n<p><em>El brujo del Topito (Primera parte) (18 de mayo de 1875)<\/em><\/p>\n\n\n\n<p>\u2014Adi\u00f3s Don Juan Vicente, \u00bfc\u00f3mo est\u00e1 su padre Don Pedro Cornelio?<\/p>\n\n\n\n<p>\u2014Sin novedad Don Orlando. \u00abSi este viejo supiera de d\u00f3nde vengo de un tiro me dejaba seco.\u00bb<\/p>\n\n\n\n<p>\u2014\u00bfViene usted de San Antonio? \u2014pregunta emparejando la mula.<\/p>\n\n\n\n<p>\u2014S\u00ed, se\u00f1or; s\u00ed, se\u00f1or. De all\u00ed mismo vengo. Ya voy camino de La Mulera.<\/p>\n\n\n\n<p>\u2014\u00bfY qu\u00e9 se dice de pol\u00edtica?<\/p>\n\n\n\n<p>\u2014Pues lo mismo de siempre.<\/p>\n\n\n\n<p>\u2014Es que hasta que no tengamos aqu\u00ed un gobernador del T\u00e1chira, seguiremos fu\u00f1idos. \u00bfNo le parece Don Juan Vicente?<\/p>\n\n\n\n<p>\u2014Asi\u00ed es mi don. As\u00ed es. Si, se\u00f1or; si, se\u00f1or \u2014\u00aby no hay derecho que una mujer tan bien hecha como la Elo\u00edsa tenga que echarse en el cuero con un viejo como \u00e9ste. Menos mal que el 24 de julio igual que Bol\u00edvar me graduar\u00e9 de hombre. Entonces tendr\u00e9 rev\u00f3lver, caballo y hembra y me sacare a la Elo\u00edsa para que este viejo baboso duerma solo en el cuero\u00bb.<\/p>\n\n\n\n<p>\u2014Es que los gobiernos de Caracas nos tienen abandonados y mal tratados como si esto fuera colonia cuando El T\u00e1chira es la regi\u00f3n m\u00e1s rica del pa\u00eds. \u00bf Usted sabe cu\u00e1ntos sacos de caf\u00e9 exportamos el a\u00f1o pasado?<\/p>\n\n\n\n<p>\u2014No, se\u00f1or, \u00bfcu\u00e1ntos?<\/p>\n\n\n\n<p>\u2014Pues, casi la cuarta parte de lo que produce toda Venezuela.<\/p>\n\n\n\n<p>\u2014\u00bfQu\u00e9 cosa, no?<\/p>\n\n\n\n<p>\u2014\u00bfY todo para qu\u00e9? Para que nos manden una cuerda de vagabundos a saquearnos y hacerle da\u00f1o a las mujeres.<\/p>\n\n\n\n<p>\u00abQu\u00e9 buena que est\u00e1 la Elo\u00edsa. Y yo cavilando bolsas de aires con su due\u00f1o.\u00bb<\/p>\n\n\n\n<p>\u2014\u00a1Lo que debemos hacer santanderinos y tachirenses es unirnos en una sola naci\u00f3n y mandar al diablo a Caracas y a Bogot\u00e1! Porque de all\u00e1 nos viene todo lo malo. \u00bfNo le parece Don Juan Vicente?<\/p>\n\n\n\n<p>El mozo vio hacia la monta\u00f1a. Media legua faltaba para La Mulera. Don Orlando continuaba con su ch\u00e1chara salivosa.<\/p>\n\n\n\n<p>\u00abSi no me apuro, me va a agarrar la noche y quiero pasar la Batea con el sol afuera, no vaya a ser cosa que me encuentre con la bruja Cativa o el perro con los ojos de candela.\u00bb<\/p>\n\n\n\n<p>\u2014Perdone Don Orlando, pero antes de llegar a casa tengo que hacer un mandado y voy a tener que dejarlo con la palabra en la boca. <\/p>\n\n\n\n<p>\u00abYo no s\u00e9 qu\u00e9 le pasar\u00e1 a este muchacho; tan simp\u00e1tico y conversador que es el padre y \u00e9l tan oscuro y tan fr\u00edo como el p\u00e1ramo a la hora sexta.\u00bb<\/p>\n\n\n\n<p>Juan Vicente y Camacaro ya bordean la casa del negro Juan. Vacila ante las ruinas umbr\u00edas. De un salto baja y amarra la bestia a un pilar chamuscado. Aunque el sol alumbra con el brillo de la media tarde<br>la casa est\u00e1 oscura y miedosa como una iglesia vac\u00eda. <\/p>\n\n\n\n<p>Sin flexionar el cuerpo sumerge la cabeza en las sombras:<\/p>\n\n\n\n<p>\u2014\u00a1Jos\u00e9, Jes\u00fas\u2026 \u2014pero una voz cascada y lejana le corta el conjuro:<\/p>\n\n\n\n<p>\u2014Entra, chico, y deja la pendejada.<\/p>\n\n\n\n<p>Juan Vicente intent\u00f3 huir pero la voz lo clav\u00f3 contra la puerta.<\/p>\n\n\n\n<p>\u2014\u00a1Ven!; anda. No tengas miedo. \u00a1Entra!<\/p>\n\n\n\n<p>Juan Vicente vacil\u00f3, pero lo succion\u00f3 el reclamo.<\/p>\n\n\n\n<p>\u2014Ven. Anda. No tengas miedo. Ac\u00e9rcate.<\/p>\n\n\n\n<p>Atraves\u00f3 dos patios llenos y seis cuartos vac\u00edos. Lleg\u00f3 al fondo del corral. Entre dos columnas y en un chinchorro estaba tendida una sombra envuelta por un halo de tabaco hediondo.<\/p>\n\n\n\n<p>\u2014Son de Barinas \u2014dijo el brujo a punto de hacerse niebla\u2014 de los pocos que dejaron buenos mi general Zamora y el compadre Mat\u00edas Espinoza.<\/p>\n\n\n\n<h4 class=\"wp-block-heading has-text-align-right\"><a href=\"https:\/\/eldienteroto.org\/wp49\/francisco-herrera-luque\/\">Sobre el autor<\/a><\/h4>\n","protected":false},"excerpt":{"rendered":"<p>Francisco Herrera Luque PRIMERA \u00c9POCA: Los fantasmas de la Historia Los fantasmas (Primera parte) A sesenta y un a\u00f1os de Urica, se muere Eugenia. 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