{"id":16901,"date":"2025-07-25T09:42:47","date_gmt":"2025-07-25T14:12:47","guid":{"rendered":"https:\/\/eldienteroto.org\/wp49\/?p=16901"},"modified":"2025-07-25T10:05:36","modified_gmt":"2025-07-25T14:35:36","slug":"asumir-la-pose-asumir-la-escritura-trayectoria-de-gloria-stolk","status":"publish","type":"post","link":"https:\/\/eldienteroto.org\/wp49\/asumir-la-pose-asumir-la-escritura-trayectoria-de-gloria-stolk\/","title":{"rendered":"Asumir la pose, asumir la escritura: trayectoria de Gloria Stolk"},"content":{"rendered":"\n<h4 class=\"wp-block-heading has-text-align-right\">Carmen Victoria Vivas <\/h4>\n\n\n\n<p>El 25 de enero de 1979, los peri\u00f3dicos m\u00e1s importantes de Venezuela coincid\u00edan en rese\u00f1ar en primera plana la tr\u00e1gicamuerte de la escritora Gloria Stolk. En El Nacional, un lugar especial merec\u00eda su \u00faltimo art\u00edculo publicado al d\u00eda siguiente de su suicidio. Acompa\u00f1ando esta p\u00f3stuma rese\u00f1a literaria, aparec\u00eda un compendio de comentarios de periodistas que recordaban los logros de su autora. Estos \u00faltimos subrayaban la productiva labor que Stolk hab\u00eda llevado a cabo como una suerte de amalgama donde se confund\u00edan lo literario, lo period\u00edstico y lo pol\u00edtico. Algunos comentarios hac\u00edan referencia a sus publicaciones: once libros \u2013entre novelas, cuentos, poes\u00eda, cr\u00edtica literaria y manuales para j\u00f3venes\u2013 as\u00ed como la menci\u00f3n al premio \u201cAr\u00edstides Rojas\u201d que obtuvo en 1957. En otros, el tema central era su trabajo en la prensa, trabajo que comenz\u00f3 en la d\u00e9cada del cuarenta y s\u00f3lo ces\u00f3 con su muerte en 1979. Finalmente, no faltaban las an\u00e9cdotas sobre su vida, su labor como profesora, diplom\u00e1tica, directora de entes culturales y activista de los derechos femeninos.<\/p>\n\n\n\n<p>Estos art\u00edculos ubicaban el inicio de la escritura de Stolk en un per\u00edodo que la historia venezolana ha considerado \u201cinfortunado\u201d para la producci\u00f3n literaria nacional, el per\u00edodo de la dictadura de Marcos P\u00e9rez Jim\u00e9nez. Este problem\u00e1tico inicio hizo que la cr\u00edtica desestimara las publicaciones de Stolk no s\u00f3lo por escasas sino por irrelevantes. Sin embargo, dos novelas, un follet\u00edn, un poemario, un libro de cuentos, dos compendios de su trabajo en prensa y sus art\u00edculos de cr\u00f3nica, sugieren que fue un tiempo muy fruct\u00edfero de su producci\u00f3n. Lo fecundo de su obra durante esta d\u00e9cada permite cuestionar la manera tradicional como ha sido recordado por la historiograf\u00eda su tr\u00e1nsito por el espacio cultural venezolano<sup>1<\/sup>.<\/p>\n\n\n\n<p>En el presente art\u00edculo, ofrezco un primer paso en la comprensi\u00f3n del ingreso de Stolk al campo cultural venezolano, a partir del an\u00e1lisis de las rese\u00f1as, cr\u00edticas y fotos que aparecieron en diarios y revistas venezolanas sobre Gloria Stolk, espec\u00edficamente en los peri\u00f3dicos El Nacional y El Universal y en la Revista Nacional de Cultura y Elite, para comprender la recepci\u00f3n que durante este per\u00edodo tuvieron tanto su obra como su \u201cpersonalidad\u201d p\u00fablica.<\/p>\n\n\n\n<p><strong>Las rese\u00f1as bibliogr\u00e1ficas: siempre importa qui\u00e9n habla<\/strong><\/p>\n\n\n\n<p>El pre\u00e1mbulo anterior permite retomar la idea de la prensa como un espacio de reconocimiento para los autores, particularmente como un lugar cruzado por la imagen fotogr\u00e1fica y una escritura referente o exterior a la del propio autor. Ahora, debo insistir en que asumo esta construcci\u00f3n de la imagen p\u00fablica desde una lectura escindida de Stolk, en este momento me ocupo, espec\u00edficamente, de la mirada que se elabora sobre la autora. En este sentido, me valgo de un recorrido inverso al que emprende Roland Barhtes en Barthes por Barthes (1979). En una escritura saturada de s\u00ed mismo, el autor advierte en el pr\u00f3logo su pacto de lectura: \u201cEl imaginario hecho de im\u00e1genes se detendr\u00e1 entonces en el umbral de la vida productiva [\u2026] Y aparecer\u00e1 un imaginario distinto: el de la escritura\u201d (16). <\/p>\n\n\n\n<p>En este momento, me desligo del imaginario del autor que apuntaba Barthes y vuelvo solo al imaginario del retrato, tanto el que construyen la fotograf\u00eda como la cr\u00edtica literaria. Relatos que me permiten desglosar un capital simb\u00f3lico complicado, en tanto una posici\u00f3n de prestigio intelectual se legitima enraizada al lugar del sujeto literario que encarna una mujer. Por tanto, pienso esta imagen p\u00fablica a partir de zonas bien delimitadas de la actividad intelectual que se cruzan, se combinan y se contaminan en la imagen que proyecta Stolk y que resultan, por momentos, irreconciliables. <\/p>\n\n\n\n<p>Si bien desde mediados del siglo XX, el papel del intelectual se ha mezclado dr\u00e1sticamente con el campo de los medios de comunicaci\u00f3n (Maldonado, 1998: 55), la imagen de Stolk me lleva a una pregunta que incluye elementosm\u00e1s complejos que la tribuna escogida: \u00bfuna intelectual reconocida?, \u00bfuna escritora de temas rosa?, \u00bfuna activista de los derechos femeninos?, \u00bfuna cronista o una se\u00f1ora burguesa que compone libros de frivolidades? <\/p>\n\n\n\n<p>Quisiera seguir delimitando el problema de c\u00f3mo se traza una figura de autor a partir de la discusi\u00f3n que elabora Michel Foucault en su texto \u201c\u00bfQu\u00e9 es un autor?\u201d (1990) y que me permite pensar el nombre de autor fuera del contenido del discurso, entramado en criterios clasificatorios, en la demarcaci\u00f3n de formas y en los juicios de saber que determinan la circulaci\u00f3n de las ideas<sup>2<\/sup>. Por tanto, encuentro en las rese\u00f1as el lugar propicio para descubrir el archivo en el que se clasifica el nombre del autor: c\u00f3mo fue valorado su saber, qu\u00e9 aprobaciones encontr\u00f3 su discurso para poder transitar, qu\u00e9 limitaciones y juicios le fueron impuestos y qu\u00e9 negociaciones hicieron posible su ingreso al campo literario venezolano.<\/p>\n\n\n\n<p>Para la d\u00e9cada del 50, la Revista Nacional de Cultura se perfilaba como el espacio ideal para la discusi\u00f3n intelectual en Venezuela. En 1953, Gloria Stolk, cronista de La Esfera y articulista de la misma RNC, ocupar\u00eda ese lugar complicado entre la exhibici\u00f3n y la evaluaci\u00f3n que significaba exponer el nombre de autor a una rese\u00f1a literaria. Bela Vegas (1953), primera novela publicada por la escritora \u2013atr\u00e1s quedar\u00edan los folletines firmados con seud\u00f3nimos\u2013, es la obra que comienza a trazar el desplazamiento de la propuesta de la autora de los espacios period\u00edsticos a los literarios. El primer signo del \u201c\u00e9xito\u201d de este traspaso lo constituyen las cr\u00edticas que se suceder\u00edan ante su aparici\u00f3n<sup>3<\/sup>.<\/p>\n\n\n\n<p>Marco Antonio Mart\u00ednez (1954) presenta su perspectiva sobre la novela: \u201cGloria Stolk, notable poetisa venezolana, nos ofrece una novela, en la cual traduce su esp\u00edritu, su sensibilidad, que sabe captar amenos paisajes y hundirse en sus profundidades femeninas para arrancarle sus secretos, conocer sus temores y angustias\u201d (Revista Nacional de Cultura 104, 6: 187). Primera marca fronteriza impuesta al discurso: el g\u00e9nero, en las tres l\u00edneas que cito no hay signo que no resalte la categor\u00eda mujer. La advertencia posee un r\u00f3tulo en rosa que encandila con lo sentimental; la poetisa, a diferencia de la periodista, encasilla a la mujer en un g\u00e9nero permitido, edulcorado en el caso de las escritoras, en tanto se asocia con la est\u00e9tica modernista y tardo-rom\u00e1ntica<sup>4<\/sup>. Sorprende la categor\u00eda para definir a la autora, en tanto Mart\u00ednez deja de lado otras publicaciones \u2013como los art\u00edculos de prensa y las cr\u00f3nicas, el manual de belleza o los folletines\u2013 y se centra solamente en un poemario de 1950, Rescate y otros poemas, el \u00fanico escrito por la autora. Esta lectura establece una zona \u201csegura\u201d para leerla, siempre en el reino de lo sentimental. En este sentido, M\u00f3nica Bolufer argumenta que la cultura de la sensibilidad \u201cformaba parte de la imagen digna\u201d (1998: 275) que se constru\u00eda como una combinaci\u00f3n de experiencia \u00edntima y espect\u00e1culo p\u00fablico. La mujer expuesta exhibe su espacio m\u00e1s personal, m\u00e1s dom\u00e9stico: es una vuelta constante a la reafirmaci\u00f3n del lugar femenino. La imagen de la escritora sigue construy\u00e9ndose desde la barrera donde, modestamente, se presencian las propuestas de avanzada.<\/p>\n\n\n\n<p>Luego de recorrer, con observaciones de un conocedor, las ciudades que describen el trayecto de la protagonista (Par\u00eds, Florencia, New York, N\u00e1poles, la isla de Capri); Mart\u00ednez apunta las faltas que encuentra en la novela: <\/p>\n\n\n\n<p><em>Las descripciones son muy finas, aunque es de lamentar que sean muy pocas las de lugares venezolanos. Caracas aparece poco m\u00e1s o menos que una ciudad norteamericana. Lo \u00fanico nuestro que se le destaca es su cielo azul y el \u00c1vila. Macuto se describe como una villa veraniega francesa o italiana. La hacienda D\u00edaz, que despert\u00f3 tantos recuerdos venezolanos a Teresa de la Parra, nos parece, que de lo nuestro s\u00f3lo tiene sus pescadores, cocoteros, tunas mangos y cayenas <\/em>(Revista Nacional de Cultura 104, 6:187). <\/p>\n\n\n\n<p>Esta cr\u00edtica nos muestra una resistencia a las construcciones de verosimilitud que no se apeguen a la tradici\u00f3n inventada (Eric Hobsbawm, 1983) que funciona en la literatura venezolana de las primeras d\u00e9cadas del siglo XX. Esta es una insubordinaci\u00f3n que no se le perdona a Stolk por desconocer las formas y normas sociales sostenidas sobre la idea de la nacionalidad. La ruptura con aquellos elementos regionalistas de la obra de De la Parra anuncian la posibilidad de nuevas subjetividades que miran m\u00e1s all\u00e1 de ciertas negociaciones que en pos de legitimidad hab\u00eda asumido la escritura femenina. <\/p>\n\n\n\n<p>Esta transgresi\u00f3n de lo nacional gener\u00f3 un cierto malestar sobre todo a partir de la relaci\u00f3n amorosa que propone la novela entre una venezolana y un extranjero. En una nota publicada en El Nacional (1954) se le reprocha a la autora por exponer el desprecio que la protagonista sent\u00eda hacia su patria, al escoger a un extranjero en lugar de un criollo como objeto de su amor (\u201cPapel Literario\u201d de El Nacional. Caracas 26 de Agosto, p.7). La molestia ante esta tem\u00e1tica que no aprecia lo aut\u00f3ctono expone los criterios de valor adecuados a un proyecto cultural que se centra en la construcci\u00f3n del ideal de la naci\u00f3n. El reclamo se impone frente a los grandes h\u00e9roes amados y admirados por los personajes femeninos que construyen las narraciones del canon venezolano<sup>5<\/sup>. Adem\u00e1s, podemos apuntar que se cancela la imagen del personaje de Ifigenia al proponer una protagonista que es capaz de decidir sobre su propia trayectoria. <\/p>\n\n\n\n<p>Si bien para Mart\u00ednez la construcci\u00f3n de la femineidad es un espacio seguro para demarcar esta escritura, en el extremo opuesto, otros cr\u00edticos utilizan esta misma postura para excluir a la autora de los espacios literarios. A partir de una cr\u00edtica m\u00e1s punzante que la anterior, se considera a Bela Vegas, despectivamente, como un ensayo de novela, un texto poco afortunado elaborado por una comentarista \u00e1gil \u201ccapaz de hablar indistintamente de un libro, un desfile de modas o una exposici\u00f3n de arte\u201d (Tel\u00e9maco. 1954. \u201cSe\u00f1al de algunos libros\u201d. El Nacional. Caracas 28 de Enero, p.7). Igualmente, la rese\u00f1a condena la tem\u00e1tica rom\u00e1ntica: \u201cfr\u00e1gil relato es la conquista de un marido norteamericano que a veces parece envuelto en la leyenda de un falso pr\u00edncipe azul. Y esta soluci\u00f3n la obtienen muchas mujeres sin viajar tanto por el Universo, como Bela Vegas\u201d (id.).<\/p>\n\n\n\n<p>La escritura m\u00faltiple de la autora se convierte as\u00ed en fundamento para colocar esta novela en el lugar de los temas de entretenimiento, tachados de intrascendentes en tanto, se puede intuir, refer\u00edan a la cultura masiva. El rechazo a la complacencia de los sectores populares recuerda aquellos espacios del campo cultural que se oponen a lo moderno a partir de un ideal de autonom\u00eda que desvaloriza lo masivo por responder a un gusto \u201cincapaz de independizar ciertas actividades de su sentido pr\u00e1ctico y darles otro sentido est\u00e9tico aut\u00f3nomo\u201d (Garc\u00eda Canclini, 2000: 41).<\/p>\n\n\n\n<p>Asimismo, en la rese\u00f1a publicada acerca de los 37 Apuntes de Cr\u00edtica Literaria en la RNC, los desvar\u00edos de Stolk en el uso de la cr\u00edtica le reservan una pobre valoraci\u00f3n. Pedro Pablo Paredes ofrece una lectura did\u00e1ctica de este texto en tanto representa lo que no se debe hacer. Se propone una lectura en negaci\u00f3n: hago visible este trabajo para hacer evidente la \u201cmala escritura\u201d. Lugar doble del deber: el escritor que tiene el saber y debe reprochar y la escritora que debe aprender. En un an\u00e1lisis clasificatorio de errores, el art\u00edculo comienza:<\/p>\n\n\n\n<p>Nos tropezamos, ya en plena lectura, con algunos problemas que, dada la trascendencia que conlleva toda tentativa cr\u00edtica, no podemos dejar inadvertidos. M\u00e1xime cuando, como en el caso presente, la obra se aplica exclusivamente a libros venezolanos, sobre algunos de los cuales se ha opinado concienzudamente. Especifiquemos, pues, los problemas que decimos (Revista Nacional de Cultura 111, XVII: 191).<\/p>\n\n\n\n<p>La lectura pedag\u00f3gica de la recopilaci\u00f3n de Stolk muestra las limitaciones que se precipitan sobre la autora al tratar de traspasar no s\u00f3lo los l\u00edmites de un g\u00e9nero a otro sino, tambi\u00e9n, al invadir lugares de legitimidad. Cuatro problemas resaltan en el razonamiento de Paredes: la condici\u00f3n period\u00edstica, la condici\u00f3n emotiva, los conceptos est\u00e9ticos superados y la falta de discriminaci\u00f3n de valores. El primer error proviene, seg\u00fan Paredes, de traspasar la rapidez de la escritura period\u00edstica y su superficialidad a la cr\u00edtica. En este sentido, esta es una escritura que no merece pasar a otro formato. En esta argumentaci\u00f3n, los l\u00edmites se centran en las formas, en las estructuras en las que es permitido asomar cada escritura. Segundo problema resaltado: p\u00e1ginas emocionales escritas al calor de una primera lectura sin una maduraci\u00f3n reflexiva (id: 192). Aqu\u00ed la desviaci\u00f3n, las licencias que se permite Stolk, sirven de excusa para desautorizar su voz. En este momento, la sentimentalidad siempre asociada a la voz de las escritoras se vuelve arma de doble filo. En un espacio como la cr\u00edtica, definido por la raz\u00f3n, los criterios afectados vuelven a recordar los l\u00edmites impuestos al discurso.<\/p>\n\n\n\n<p>Finalmente, los \u00faltimos dos problemas que refiere el art\u00edculo: los conceptos est\u00e9ticos superados y la falta de discriminaci\u00f3n de los valores literarios, parecieran circunscribir la t\u00e9cnica del buen uso de los criterios literarios al lugar del saber<sup>6<\/sup>. Retomo esta idea en tanto mantiene en el horizonte aquel espacio l\u00edmite que determina los discursos a partir de un sistema de exclusi\u00f3n que funciona de la manera m\u00e1s profunda e imperceptible en la red discursiva. Bajo los juicios de saber tambi\u00e9n se ocultan formas de delimitar a quien habla.<\/p>\n\n\n\n<p>Por otra parte, el aura que ofrece el reconocimiento se demuestra en la cr\u00edtica que se brinda a su novela galardonada con el premio \u201cAr\u00edstides Rojas\u201d: Amargo el fondo (1957). En un giro contrastante, Juan Calzadilla (1957) ofrece una perspectiva distinta sobre esta novela que contin\u00faa abordando, como toda la obra de Stolk, la tem\u00e1tica femenina: <\/p>\n\n\n\n<p>Como en Teresa de la Parra, la sinceridad es una virtud de la novelista Gloria Stolk. \u201cAmargo el fondo\u201d contiene p\u00e1ginas admirables tanto desde el punto de vista del estilo como desde el de la descripci\u00f3n. Es evidente que Gloria Stolk, dentro de este g\u00e9nero de caracterizaci\u00f3n psicol\u00f3gica del mundo femenino, est\u00e1 llamada a ser una brillante prosista. Habr\u00eda que esperar de ella la ternura y un tipo de experiencia m\u00e1s universal y com\u00fan con el lector, como suced\u00eda con Teresa de la Parra (Revista Nacional de Cultura. 123, XIX: 145).<\/p>\n\n\n\n<p>En la apreciaci\u00f3n de Calzadilla, la aceptaci\u00f3n pasa por volver bajo el cobijo de la escritura que construy\u00f3 De la Parra. Encontrar este reconocimiento significa ampararse en el lugar que ha sido delimitado para aquella escritura femenina que penetra en zonas m\u00e1s \u201cselectas\u201d del campo cultural. Y aunque esta novela pareciese \u2013por su \u00e9xito\u2013 haber asumido algunas de las negociaciones necesarias para lograr transitar dentro de la instituci\u00f3n literaria, la sorpresa que supuso la obtenci\u00f3n de este reconocimiento se transcribe en ciertas aclaratorias descalificadoras que circularon en la prensa (no podemos tampoco dejar de lado el problema que representa De la Parra como modelo de \u201cautora\u201d en Venezuela, en tanto se construye eliminando algunas aspectos de su obra y de su vida que parec\u00edan amenazantes, de all\u00ed la importancia de la ternura cuando se habla de su obra).<\/p>\n\n\n\n<p>Un art\u00edculo que aparece en El Nacional (1957) recurre a una an\u00e9cdota para esclarecer la \u201cexplosi\u00f3n de comentarios\u201d que hab\u00eda desatado el premio \u201cAr\u00edstides Rojas\u201d (El Nacional, \u201cPapel Literario\u201d. Caracas 10 de Enero, p. 7). La nota, escrita en un tono ir\u00f3nico, relata un veredicto muy cerrado y justifica la no elecci\u00f3n de Pic\u00f3n Salas a partir del rumor de que su novela hab\u00eda sido inscrita a concurso por una admiradora a disgusto. Todas estas justificaciones no solicitadas y estos chismes de pasillo condimentan una rese\u00f1a escrita a partir del desagrado de otorgar a una novela centrada en lo femenino y a una advenediza de la prensa un s\u00edmbolo del benepl\u00e1cito de la alta cultura.<\/p>\n\n\n\n<p>Esta mirada cr\u00edtica demuestra las ambig\u00fcedades de un campo que, por un lado, se muestra moderno al permitir la incorporaci\u00f3n de las mujeres y, por el otro, les cerca su espacio al categorizarlas como escritores limitados que por poco menos que un error, traspasan las zonas de reconocimiento. Por tanto, las estrategias de ingreso de los escritores menores suelen apuntar a lugares m\u00e1s permisivos que la cr\u00edtica literaria, tales como la cr\u00f3nica social y las entrevistas de prensa. En el caso de Stolk, el ingreso se perfila en la visibilidad que puede traducirse en el reconocimiento del p\u00fablico en desm\u00e9rito de la legitimidad de los espacios letrados.<\/p>\n\n\n\n<p><strong>Entre la cr\u00edtica literaria y la cr\u00f3nica social: construir un tr\u00e1nsito<\/strong> <\/p>\n\n\n\n<p>Me interesa completar esta breve reflexi\u00f3n acerca del perfil que asoma Gloria Stolk en los medios de circulaci\u00f3n masiva, a partir de la observaci\u00f3n de algunas fotograf\u00edas que fueron publicadas en la prensa peri\u00f3dica. A partir de 1953, la autora se estrenaba como un nuevo personaje asiduo a la prensa y las revistas. Sin duda, se trataba de un idilio con los medios que durar\u00eda hasta el final de su vida. Y es que, tal vez como una moda, los intelectuales de los 50 crearon un espacio de encuentro en la prensa, un espacio donde los modos de performace variaron dram\u00e1ticamente entre unos y otros.<\/p>\n\n\n\n<p>Las fotos como testimonios de los momentos culminantes de una vida reconstruyen la historia de alg\u00fan sujeto que posee el capital simb\u00f3lico necesario para despertar en otros el deseo de darle sentido al relato de su vida. Magia de continuidad la que proyectan estas fotograf\u00edas que intentan elaborar este sujeto \u00fanico, a pesar de lo obvio de la irremediable multiplicidad que define a todo individuo. En todo caso, la agrupaci\u00f3n que implica organizar \u201cel \u00e1lbum\u201d<sup>7<\/sup> permite colocar lado a lado diversas apariencias haciendo m\u00e1s estruendosas las diferencias entre s\u00ed. Y es que en el caso de Stolk, el asunto de los contrastes en el modo en que se present\u00f3 a s\u00ed misma, raya, por momentos, en un contrasentido: la escritora de novelas premiadas\/ la escritora de folletines\/ la mujer independiente\/ la esposa abnegada\/ la cr\u00edtico literario\/ la escritora de tips de belleza\/ la defensora de las libertades femeninas\/ el ama de casa.<\/p>\n\n\n\n<p>Habr\u00eda que estudiar estas representaciones desde el concepto de pose \u2013en el modo en que fuera apuntado por Roland Barthes\u2013 que surge a partir de los elementos de significaci\u00f3n asociados a las actitudes estereotipadas. La pose \u201cproviene del principio anal\u00f3gico en que se funda la fotograf\u00eda [\u2026] el lector recibe como simple denotaci\u00f3n lo que, en realidad es una doble estructura denotada-connotada\u201d (1986: 18). M\u00e1s a\u00fan, Barthes apunta que: \u201clo que fundamenta la naturaleza de la fotograf\u00eda es la pose [\u2026] el t\u00e9rmino de una \u201cintenci\u00f3n\u201d de lectura: al mirar una foto incluyo fatalmente en mi mirada el pensamiento de aquel instante, por breve que fuese, en que una cosa real se encontr\u00f3 ante el ojo\u201d (1990: 123).<\/p>\n\n\n\n<p>Siguiendo este discurso del proceso de connotaci\u00f3n que conlleva toda fotograf\u00eda, en tanto la imposici\u00f3n de un segundo sentido al mensaje fotogr\u00e1fico (1986: 16), reconozco la fotograf\u00eda como el vidrio que permite traspasar la mirada hacia la vitrina que expone las fantas\u00edas del mercado de los bienes simb\u00f3licos. Desde all\u00ed, puedo pensarla como el espacio para indagar en la construcci\u00f3n del semblante de la autora. Semblante \u00e9ste que se encuentra entre el lugar del escritor y la \u201ca\u201d de un g\u00e9nero que le modifica y le ubica en el terreno de lo marcado por lo femenino; un sujeto advenedizo que completa el tr\u00e1nsito del espacio de lo dom\u00e9stico a la exposici\u00f3n p\u00fablica.<\/p>\n\n\n\n<p>El \u00e1lbum que he completado y que anexo se compone de algunas \u2013m\u00e1s precisamente unas pocas\u2013 fotos que circularon en la prensa y las revistas y que mostraban las varias facetas que compon\u00edan a Stolk en un mismo sujeto m\u00faltiple. Y es que para poder funcionar dentro de un espacio tan delimitado como el que construyen las instituciones literarias e intelectuales, la estrategia del juego es pedir prestado\u2026 prestado a la visibilidad de los medios, al reconocimiento del p\u00fablico, as\u00ed se trate de un peri\u00f3dico dominical o de una revista semanal de trivialidades.<\/p>\n\n\n\n<p>El an\u00e1lisis de la fotograf\u00eda me permite ahondar en la imagen de la escritora tal como lo propone Eleonora Cr\u00f3quer (2005), esto es, en la representaci\u00f3n de las autoras como icono-textuales de un relato entre legendario y novelesco: <\/p>\n\n\n\n<p><em>El icono trabaja, por el contrario, en funci\u00f3n de la visibilidad. De all\u00ed que sus \u201capariciones\u201d respondan a esa nueva l\u00f3gica de la espectacularidad que, en el sentido m\u00e1s benjaminiano del t\u00e9rmino, modela la experiencia de lo Moderno \u2013y en todo lo que supone de espect\u00e1culo: puesta en acto p\u00fablico del \u201cs\u00ed mismo\u201d; de especular: atravesado por la fascinaci\u00f3n que ejerce la imagen; de especulaci\u00f3n: fluctuaci\u00f3n, enga\u00f1o<\/em> (113).<\/p>\n\n\n\n<p>Y es que hay elementos importantes que indican la b\u00fasqueda de visibilidad en el ingreso \u2013o en el intento de ingresar\u2013 al campo cultural que emprende Stolk. Dada la constituci\u00f3n de este campo, apenas abri\u00e9ndose a la escritura femenina, y a la fuerte cr\u00edtica que los contempor\u00e1neos ofrecieron sobre su obra, no es de extra\u00f1ar que su apuesta fuese m\u00e1s por convertirse en un \u00edcono que en una autora legitimada. Es importante mencionar que las mujeres aparecen como autoras en Venezuela y en Am\u00e9rica Latina, en un n\u00famero significativo, en el siglo XIX. El hecho de que siempre sean percibidas como intrusas, como reci\u00e9n venidas, parece indicar que el lugar que ocupan dentro del campo no supera una percepci\u00f3n de sujeto menor.<\/p>\n\n\n\n<p>Tal vez de all\u00ed la puesta en escena de ciertos atributos que caracterizaron a Stolk y que culminaron en ese perfil que siempre defendi\u00f3 de s\u00ed misma: la intelectual elegante. Dice Stolk en una advertencia a sus lectoras: \u201cles deseo que nunca, por ning\u00fan caso, vayan a asumir un aire de \u00abintelectuales\u00bb. La chica con gruesas gafas de carey, cabello recogido en un peque\u00f1o mo\u00f1o tieso y fastidioso, labios deste\u00f1idos y expresi\u00f3n de \u00abmaestra de escuela\u00bb\u201d (1953: 82). Un segundo aspecto de esta visibilidad la vemos en la preeminencia del relato de su historia personal en los medios de circulaci\u00f3n peri\u00f3dica: tanto familiar \u2013sus<br>hijas, matrimonios y separaciones\u2013, como sus derivas en el ejercicio profesional \u2013cargos p\u00fablicos, diplom\u00e1ticos y acad\u00e9micos.<\/p>\n\n\n\n<p>Durante este per\u00edodo (1953-1957) Stolk tambi\u00e9n intent\u00f3 remarcar y hacer notar en el campo cultural venezolano la imagen de la escritora reconocida, o, m\u00e1s precisamente, la de la escritora reconocida en sus rarezas, en ese aire cosmopolita que le permit\u00eda moverse en los distintos g\u00e9neros literarios y en los distintos lugares de enunciaci\u00f3n en los que logr\u00f3 posicionarse. Esta postura ven\u00eda acompa\u00f1ada de una constante presencia en las cr\u00f3nicas sociales como una asidua de los actos culturales, lo cual le cre\u00f3 un cierto renombre, aunque \u00e9ste nunca traspasara realmente los espacios letrados.<\/p>\n\n\n\n<p><strong>Su novela m\u00e1s popular: su biograf\u00eda<\/strong><\/p>\n\n\n\n<p>En el pr\u00f3logo de <em>Lo fotogr\u00e1fico. Por una teor\u00eda de los desplazamientos<\/em>, Rosalind Krauss comprende la fotograf\u00eda como un objeto te\u00f3rico mediante el cual las obras de arte pueden ser vistas en t\u00e9rminos de su funci\u00f3n como signos (Krauss, 2002: 15). Creo no tomarme demasiadas licencias al pensar que en la pose y en la composici\u00f3n de una fotograf\u00eda tambi\u00e9n es posible pensar los signos que componen la posici\u00f3n de un autor. Y es que, en este caso en particular, mientras vuelvo a mirar el grupo de fotos que he seleccionado, encuentro que cada una permite establecer un v\u00ednculo con el tipo de publicaci\u00f3n que Stolk estaba desarrollando en el momento del destello de la c\u00e1mara. Cada pose brinda el talante particular de una actuaci\u00f3n acorde con el g\u00e9nero literario que le ocupaba a la autora en cierto momento. En este sentido, la foto es testimonio de la mimetizaci\u00f3n que se construye entre su imagen y su escritura; sobre el cuerpo tambi\u00e9n se traducen formas: la forma de su \u00faltimo texto<sup>8<\/sup>. La pose ejecuta el proceso alqu\u00edmico que intenta dar fe de la conversi\u00f3n de Gloria Stolk de se\u00f1ora de la casa a escritora ampliamente conocida<sup>9<\/sup>.<\/p>\n\n\n\n<p>Este desplazamiento tra\u00eddo por el poder de la imagen resalta en la primera foto que incluye el anexo, dicho retrato de Stolk la muestra risue\u00f1a, en un traje muy conservador, con su medallita en el pecho. El encuadre del retrato refuerza el talante de la narradora de follet\u00edn, muy al margen de las grandes discusiones literarias, de hecho, s\u00f3lo el contexto del t\u00edtulo permite comprender que se trata de una escritora. El signo de la femineidad resalta en esta representaci\u00f3n que inaugura el relato; pero, al contrario de lo esperado, el estereotipo no funciona como forma de liberaci\u00f3n de la vida diaria, en tanto la visibilidad no pasa por la trasformaci\u00f3n extrema del autor sino por la puesta en escena de su aspecto m\u00e1s habitual. Sin grandes alardes, llama a la identificaci\u00f3n de las lectoras semejantes a ella.<\/p>\n\n\n\n<p>El art\u00edculo, que acompa\u00f1a la foto que ahora me ocupa (imagen 2), incluye una amplia entrevista de la autora en donde hace menci\u00f3n \u2013\u00bfpublicidad?\u2013 a una compilaci\u00f3n nacida a la sombra de su trabajo en los medios masivos. Para estas 14 lecciones de Belleza sorprende que la puesta en escena comprenda el contexto familiar y no la exacerbaci\u00f3n de la mujer venida del star system o del deseo que provoca la belleza del cine. En contraste, la mujer de familia, en medio de su madre e hijas, se muestra como una defensora de la belleza que no apela a la seducci\u00f3n. Pacata, muy maternal, parece renunciar a su poder de atracci\u00f3n y asume la ense\u00f1anza como maestra de escuela. La mujer de familia se coloca en el centro del orden simb\u00f3lico de la foto, en un matriarcado donde desaparece toda figura masculina entre los largos pasillos de una casa que recuerda en todas sus esquinas la referencia a Caracas. El hogar como contexto y las mujeres como centro de este espacio \u00edntimo que s\u00f3lo sale a la luz indirectamente en la escritura.<\/p>\n\n\n\n<p>A pesar de tratar temas de banalidades, la escritora del manual se muestra como la madre severa, de mirada fija a la c\u00e1mara y ubicada por delante de sus hijas. Su ropa oculta su cuerpo, no deja escapar alguna insinuaci\u00f3n no codificada; la belleza disciplinada no permite los arrebatos del deseo. As\u00ed, la imagen m\u00e1s cotidiana de la mujer es la que prevalece. En un doble movimiento de reconciliaci\u00f3n, que incluye tanto su escritura como su semblante, Stolk acoge y refleja el gusto de las clases medias profesionales. Igualmente, evoca la vuelta al pasado, a lo tradicional, su perfil de se\u00f1ora conservadora ocupada en tem\u00e1ticas muy moderadas.<\/p>\n\n\n\n<p>Las fotos del a\u00f1o de 1957, no obstante, responden al talante de la escritora galardonada y casada por segunda vez; la puesta en escena gira en torno a ambos premios: el Ar\u00edstides Rojas y su nuevo marido. Doble triunfo, en la d\u00e9cada de los 50, demostrar a las mujeres las aperturas de la modernidad, tanto en el espacio \u00edntimo como en el profesional. Sin embargo, tambi\u00e9n articula la idea de la mujer enfrascada, delimitada en el tema del matrimonio, y la iron\u00eda del t\u00edtulo no deja de catalogarla: \u201cSu regalo de bodas: el Ar\u00edstides Rojas\u201d. Vuelven otra vez los relatos familiares a narrar una biograf\u00eda que en otro tipo de textualidad se sigue escribiendo.<\/p>\n\n\n\n<p>La foto de la entrega del premio literario, en la que tambi\u00e9n sale a relucir el marido, evoca una imagen muy distinta a las de 1953: la distinci\u00f3n de la moda parisina poco recuerda al ama de casa en el porchecito junto a sus hijas. Aqu\u00ed la elegancia apela a otros registros: vestida de negro, la sobriedad conlleva el perfil de la escritora de novelas (imagen 5). El contexto es la biblioteca con las estanter\u00edas, con las reproducciones seriadas de obras de arte: la escritora en su lugar de trabajo.<\/p>\n\n\n\n<p>Luego de haber encontrado su nombre de autor, llega el momento de asumir posiciones que sugieran renombre. Posiciones que se evidencian en la escena de la escritora galardonada, as\u00ed sea gracias a premios poco calificados por los c\u00edrculos acad\u00e9micos \u2013como aquel otorgado por el Rotary Club de Caracas para el gremio period\u00edstico (imagen 6)\u2013. Obligaciones que trasmiten la elocuencia de la escritora ubicada en el lugar central de una velada literaria acompa\u00f1ando a escritores contempor\u00e1neos (imagen 7). La presencia en los espacios intelectuales es testimonio que da fe de su \u00e9xito intelectual.<\/p>\n\n\n\n<p>Al final de la dictadura, debido a su participaci\u00f3n en la transici\u00f3n a la democracia, la aparici\u00f3n de Stolk en la prensa ser\u00eda cada vez m\u00e1s frecuente y espectacular, as\u00ed, su m\u00faltiple y contradictorio semblante har\u00eda sus coqueteos con la pol\u00edtica y las letras del dominio p\u00fablico. Adem\u00e1s, su posici\u00f3n de mujer pionera se afianzar\u00eda por su ingreso en la Academia de la Lengua y su trabajo en la fundaci\u00f3n de la Escuela de Periodismo y, aunque su figura p\u00fablica tuvo una relevancia en su momento hist\u00f3rico y sus libros disfrutaron de cierto renombre, su franqueza en su gusto por la cultura de masas no se tradujo en el capital simb\u00f3lico suficiente como para ocupar un lugar central en el campo literario venezolano.<\/p>\n\n\n\n<p>NOTAS<\/p>\n\n\n\n<p>1 Es significativo ver c\u00f3mo cr\u00edticos que se han dado a la tarea de establecer una visi\u00f3n panor\u00e1mica de la literatura venezolana hacen apenas una menci\u00f3n al trabajo de Stolk sin ofrecer ning\u00fan an\u00e1lisis o consideraci\u00f3n sobre su obra. Dos casos que creo emblem\u00e1ticos de esta actitud se muestran en los textos Panorama de la Literatura venezolana actual (1996), de Juan Liscano, y Noventa a\u00f1os de literatura venezolana (1991), de Jos\u00e9 Ram\u00f3n Medina. M\u00e1s a\u00fan, Orlando Araujo, en el cap\u00edtulo \u201cDe Teresa de la Parra a la se\u00f1ora Stolk\u201d, sobre la escritura de mujeres que se produce entre 1946 y 1956, muestra una visi\u00f3n despectiva con respecto a la tem\u00e1tica que aborda Stolk \u2013que pr\u00e1cticamente equipara con las tramas de telenovelas\u2013 sin profundizar en el significado de los textos en su momento hist\u00f3rico.<\/p>\n\n\n\n<p>2 Foucault introduce algunas ideas acerca de la relaci\u00f3n texto-autor al formular la pregunta: \u00bfQu\u00e9 importa qui\u00e9n habla? Esta indiferencia, que la interrogante implica, se descubre muy provocadora a lo largo de todo el texto al hacer manifiesta la idea de que el nombre de autor \u201ccorre, en alg\u00fan modo, en el l\u00edmite de los textos, que los recorta, que sigue sus aristas, que manifiesta su modo de ser o, por lo menos, lo caracteriza\u201d (338).<\/p>\n\n\n\n<p>3 He sugerido que el proceso de asumir la relaci\u00f3n entre los g\u00e9neros literarios y las posiciones asociadas a \u00e9stos no se encuentra libre de contradicciones y tensiones, lo cual se demuestra en la firma con pseud\u00f3nimo que asume la autora. Y es que, si bien \u00e9sta fue una pr\u00e1ctica que emplearon escritoras de las d\u00e9cadas anteriores (como Blanca Rosa L\u00f3pez o Lourdes Morales), considero que funcionaba, en ellas, como una estrategia que les permit\u00eda publicar sus textos literarios y mantenerse en el anonimato; a diferencia de Gloria Stolk (cuyo nombre fue Gloria Pinedo de Marchena), quien us\u00f3 esta firma para su narrativa y su trabajo de cr\u00edtico literario, mientras que en sus art\u00edculos de prensa y revistas \u2013referidos a temas femeninos y a la cotidianidad\u2013 sus seud\u00f3nimos fueron Marisancha Rold\u00e1n, Rosenda Ocampo o, simplemente, Gloria.<\/p>\n\n\n\n<p>4 La referencia a la poetisa refiere al perfil de escritoras que lograron circular cobijadas bajo esta imagen permitida para la escritura femenina. Seg\u00fan Tina Escaja (2001), el ejemplo de Delmira Agustini resalta dentro del modernismo, en una poes\u00eda donde se sobreponen una diversidad de actitudes: \u201cLa condici\u00f3n de poeta y mujer de Delmira admite esta multiplicidad, al tiempo que resuelve la necesidad de autoconstruirse mediante la audaz asimilaci\u00f3n y alteraci\u00f3n de los roles tradicionales de objeto y sujeto po\u00e9ticos. A fin de afirmarse a s\u00ed misma en una tradici\u00f3n masculina que la convierte en objeto, la escritora se utiliza como tal, al tiempo que instrumentaliza a un hombre parad\u00f3jicamente inserto en dicha tradici\u00f3n\u201d (2001: 279).<\/p>\n\n\n\n<p>5 Las narraciones venezolanas de las primeras d\u00e9cadas del XX construyeron personajes masculinos que encarnaban el ideal nacional, por tanto, merecen convertirse en el objeto del deseo de los personajes femeninos. Ello se aprecia en la trama de novelas can\u00f3nicas como: Do\u00f1a B\u00e1rbara (1929) y Casas Muertas (1955). De igual modo, recordemos que para Doris Sommer (1991) las ficciones fundacionales evidencian: \u201cc\u00f3mo los ideales nacionales est\u00e1n ostensiblemente arraigados en un amor heterosexual \u2018natural\u2019 y en matrimonios que sirvieran como ejemplo de consolidaciones aparentemente pac\u00edficas\u201d (22).<\/p>\n\n\n\n<p>6 Sin embargo, comprendo los juicios excluyentes a partir del razonamiento que Michel Foucault propone en El orden del Discurso. En este sentido, pienso en torno a la idea de que: \u201cen toda sociedad la producci\u00f3n del discurso est\u00e1, a la vez, controlada, seleccionada y redistribuida por un cierto n\u00famero de procedimientos que tienen por funci\u00f3n conjurar los poderes y peligros, dominar el acontecimiento aleatorio y esquivar su pesada y temible materialidad\u201d (1994: 11).<\/p>\n\n\n\n<p>7Utilizo la idea de \u00e1lbum como parte del archivo que reconstruyo para acercarme a la figura p\u00fablica de la autora que no se puede componer solo de textos escritos.<\/p>\n\n\n\n<p>8 Tomo la idea de la autora como cuerpo escrito, a partir del trabajo de Eleonora Cr\u00f3quer sobre Frida Kahlo. En su art\u00edculo, \u201cVelado y obsceno, el cuerpo escrito de Frida Kahlo\u201d (1999), Cr\u00f3quer apunta: \u201ccomo una superficie semi\u00f3tica donde, por una parte, autor y obra tienden a fusionarse en un mismo fluido de significaciones; y, por otra, texto y receptor juegan por igual a (re)hacer hasta el infinito lo des(h)echo. El cuerpo ante todo (dolor, cuerpo, ciudad, pa\u00eds); el cuerpo\/ el arte de Frida Kahlo\u201d (220).<\/p>\n\n\n\n<p>9 Recordemos la bibliograf\u00eda de Gloria Stolk: Un poemario, Rescate y otro poemas (1950) y Los Miedos (1955). Luego, su proyecto creador se completar\u00eda con: Bela Vegas (1953), Amargo el fondo (1957), Apuntes de cr\u00edtica literaria (1957), Cielo Insistente (1960), Cuando la luz se quiebra (1961), \u00c1ngel de piedra (1961), Am\u00e9rica cuenta. Antolog\u00eda del cuento americano (1965), La casa del viento (1967), Francisco Fajardo: crisol de razas (1968), Vida y pasi\u00f3n de Teresa de la Parra (1972), Cuentos del Caribe (1975) y Therese Thiboutot. Teresa de la Parra (1978). Adem\u00e1s, sus conferencias, sus art\u00edculos para la Revista Nacional de Cultura y columnas semanales para El Nacional, El Universal y La Esfera.<\/p>\n\n\n\n<h6 class=\"wp-block-heading\">Texto e imagen fueron publicados en la revista Estudios 17:34 (julio-diciembre 2009): 453-470.<\/h6>\n","protected":false},"excerpt":{"rendered":"<p>Carmen Victoria Vivas El 25 de enero de 1979, los peri\u00f3dicos m\u00e1s importantes de Venezuela coincid\u00edan en rese\u00f1ar en primera plana la tr\u00e1gicamuerte de la escritora Gloria Stolk. En El Nacional, un lugar especial merec\u00eda su \u00faltimo art\u00edculo publicado al d\u00eda siguiente de su suicidio. 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