{"id":16860,"date":"2025-07-23T07:53:52","date_gmt":"2025-07-23T12:23:52","guid":{"rendered":"https:\/\/eldienteroto.org\/wp49\/?p=16860"},"modified":"2025-08-12T15:49:50","modified_gmt":"2025-08-12T20:19:50","slug":"el-mugroso","status":"publish","type":"post","link":"https:\/\/eldienteroto.org\/wp49\/el-mugroso\/","title":{"rendered":"El mugroso"},"content":{"rendered":"\n<h4 class=\"wp-block-heading has-text-align-right\">Horacio C\u00e1rdenas Becerra<\/h4>\n\n\n\n<p><strong>I<\/strong><\/p>\n\n\n\n<p>Las calles son largas y flacas de aire. Las piedras me muerden con sus dientes puntiagudos la carne peregrina. Yo camino por las calles porque ellas son mi habitaci\u00f3n y mi vida; tengo alma de calle porque siento que un horizonte se prolonga desde mi coraz\u00f3n hasta los caminos de mis venas. Cuando camino mucho, las calles se convierten en caminos y los caminos son paralelas de \u00e1rboles llenos de noche o d\u00eda. Los caminos son m\u00e1s viejos que las calles; tienen hijas modernas que son las carreteras, pero a m\u00ed me gustan las calles. En ellas me siento hermano del viento y compa\u00f1ero de las noches sin luna, de esas raras noches como ojeras profundas pegadas en el cielo.<\/p>\n\n\n\n<p>Cuando contemplo con tristeza la tierra de los caminos, mis ojos se cierran cansados y plomizos, porque yo s\u00f3lo he mirado largamente hacia la tierra infinita dilatada siempre bajo la fuga incansable de mis pies. Todo en mi ser es casi tierra; las calles y los caminos son mugrosos como mi vestido hecho de tiras podridas. Pero yo sigo en las calles porque quiero verlo todo; en mi vida siempre ha hervido una curiosidad por saber lo desconocido que en las calles y en los caminos se encuentra tanto. En estos momentos veo todo lo que me rodea, al mundo y a m\u00ed mismo. Hace mucho tuve un compa\u00f1ero que fu\u00e9 mi primer amigo, pero despu\u00e9s de caminar mucho conmigo, me dej\u00f3, porque confes\u00f3 que se hab\u00eda aburrido de andar sin ruta fija; al poco tiempo supe que estaba loco. Los locos son a veces m\u00e1s cuerdos que los sanos de cuerpo.<\/p>\n\n\n\n<p>Sigo caminando.<\/p>\n\n\n\n<p>Las piedras de los caminos son las \u00fanicas que conocen mi vida; por eso guardo una dentro de mi bolsillo harapiento. Algunas piedras son limpias como el muslo de una virgen; otras est\u00e1n cubiertas de lana verde en donde se resbalan las hormigas caminadoras; otras est\u00e1n tristes porque las pisan mucho.<\/p>\n\n\n\n<p>Las piedras se acomodan m\u00e1s en los caminos porque all\u00ed est\u00e1n libres, pues s\u00f3lo las contempla el cielo hecho una boina estrellada. Soy caminante. Soy lo que quise ser.<\/p>\n\n\n\n<p><strong>II<\/strong><\/p>\n\n\n\n<p>Cae agua de las nubes hinchadas de blancura.<\/p>\n\n\n\n<p>Tengo que detenerme en alg\u00fan sitio en donde no me encuentre el agua que viene de arriba. Llueve agua y fr\u00edo. Mis trajes son juego a las pu\u00f1aladas del fr\u00edo. Estoy mugroso y solo. Mugrosos tengo el cuerpo y el alma; quisiera ser limpio como el p\u00e9talo de una nube viajera. Quisiera ser otro. Estoy cansado de ser el mismo.<\/p>\n\n\n\n<p>Cuando llueve la gente se esconde en sus cuevas que llaman casas. Yo nunca he tenido casa, ni cuevas; la calle ha sido el todo de mi vida sin l\u00edmites y libre como el aire vagabundo. Tengo alma de calle.<\/p>\n\n\n\n<p>\u2014\u00bfPara d\u00f3nde vas caminador? \u2014Oigo una voz conocida que se esconde en mis o\u00eddos, despertando recuerdos viejos, angustiosos. La voz sale de una casona en donde se ve movimiento. Es una taberna.<\/p>\n\n\n\n<p>\u2014\u00bfPara d\u00f3nde voy?\u2026 el viento lo sabe\u2026 \u00bfDe d\u00f3nde vengo?\u2026 la noche responde\u2026 \u2014contest\u00f3 secamente.<\/p>\n\n\n\n<p>\u2014\u00a1Ya no me conoces!\u2026 No te acuerdas de aquel que un d\u00eda cuando est\u00e1bamos j\u00f3venes\u2026<\/p>\n\n\n\n<p>\u2014\u2026 juramos burlarnos de la vida y t\u00fa no lo hiciste. \u00a1Tuviste miedo!<\/p>\n\n\n\n<p>Yo recuerdo ese rostro cobarde que est\u00e1 de pie en la puerta de la taberna, viendo caer el agua y viendo pasar la gente. Ese que est\u00e1 ah\u00ed fu\u00e9 una vez amigo m\u00edo; fu\u00e9 ese mismo que se volvi\u00f3 loco, pero no del cerebro, sino de aburrimiento. As\u00ed por ejemplo, a m\u00ed me pueden llamar un loco del movimiento. Los dos est\u00e1bamos peque\u00f1os. \u00c9l jugaba al trompo y yo elevaba mi papagayo, porque siempre me ha gustado hurgarle el vientre al cielo. Mi abuela me dijo una vez que la felicidad se la fabricaba uno mismo, y yo me asust\u00e9 por eso. Desde entonces mi amigo y yo comenzamos a hablar de la felicidad. Sue\u00f1os infantiles sembraron de tempestad nuestros cerebros. Yo pens\u00e9 que la felicidad se encontraba en los caminos, en el viaje. Y as\u00ed fu\u00e9 como partimos los dos una noche rumbo a la distancia desconocida que saliera a nuestro encuentro. Caminamos, caminamos\u2026<\/p>\n\n\n\n<p>Hambre, miedo y soledad fueron nuestros inseparables amigos. Conocimos la monta\u00f1a, el llano y el r\u00edo; conocimos muchos hombres, pero a quien m\u00e1s recuerdo es a uno que llamaban el Cuervo. \u00a1Hombre feo y malo! Ten\u00eda una mujer idiota que le aguantaba todo. Era la negra Mar\u00eda.<\/p>\n\n\n\n<p>El Cuervo nos encontr\u00f3 en una parte del camino cuando tir\u00e1bamos piedras a un pomarroso para que nos soltara sus frutos maduros y carnosos. Nos dijo que \u00e9l nos daba de comer si le ayud\u00e1bamos en su conuco; ten\u00edamos hambre y aceptamos la proposici\u00f3n.<\/p>\n\n\n\n<p>\u2014\u00a1Ah!\u2026 \u00e9sta es mi mujer qu\u2019es muy g\u00fcena \u2014nos dec\u00eda, palmoteando los hombros flacos de la negra.<\/p>\n\n\n\n<p>Pas\u00f3 un poco de tiempo. La negra hedionda a sudor y a tierra nos daba la comida de mala gana. Y uno de esos d\u00edas sucedi\u00f3 lo que esper\u00e1bamos: en la noche regres\u00f3 hecho borrachera el Cuervo. Nosotros dorm\u00edamos sobre unos cueros acolchonados por el suelo duro.<\/p>\n\n\n\n<p>\u2014Y estos desgraciados no se levantan \u2014nos dijo junto con dos puntapi\u00e9s en las espaldas.<\/p>\n\n\n\n<p>Nos paramos asustados; ten\u00edamos todav\u00eda los ojos pesados de sue\u00f1o. Mi amigo quiso calmarlo\u2026 y entonces estuvimos a punto de perder el pellejo.<\/p>\n\n\n\n<p>El Cuervo estaba de pie con su cara curtida, su franela hedionda a aguardiente, y se balanceaba mientras nos miraba fijamente. Apareci\u00f3 la negra Mar\u00eda, despertada por los gritos salvajes del hombre borracho. Estaba todo oscuro, pero se distingu\u00edan los rostros distintos.<\/p>\n\n\n\n<p>\u2014\u00a1Vos no te met\u00e1s\u2026 mujer! Ya te lo he dicho en muchas veces. Con lo de machos no te met\u00e1s\u2026<\/p>\n\n\n\n<p>El Cuervo se acerc\u00f3 hacia ella. La negra permanec\u00eda quieta, como una estatua clavada.<\/p>\n\n\n\n<p>\u2014Vos no te met\u00e1s, mujer\u2026<\/p>\n\n\n\n<p>Agarr\u00f3 a la negra por el cuello con sus manotas crispadas. Ella intent\u00f3 defenderse, pero cayeron ambos al suelo duro. Se escuchaba la respiraci\u00f3n forzada en la garganta apretada; las palabras quer\u00edan salir de la garganta, pero mor\u00edan en una desesperaci\u00f3n gutural; la negra ten\u00eda la boca ba\u00f1ada en espuma. El Cuervo con loca furia apretaba m\u00e1s y m\u00e1s\u2026<\/p>\n\n\n\n<p>Mi amigo y yo sentimos un empuje inconsciente para poner fin a aquella escena terrible y nos abalanzamos sobre el Cuervo. Quer\u00edamos derribarlo, pero ten\u00eda una fuerza de toro rabioso. Hicimos entonces una cosa que todav\u00eda no sabemos si fu\u00e9 un asesinato; con unas herramientas de labranza asestamos golpe tras golpe sobre la espalda y la cabeza del Cuervo\u2026 lo vimos caer de largo al suelo con la cabeza ba\u00f1ada en sangre. Pero ya hab\u00eda soltado el cuello tembloroso de la negra\u2026<\/p>\n\n\n\n<p>Ten\u00edamos las manos salpicadas de sudor y de sangre. As\u00ed salimos huyendo de aquel rancho sangriento; o\u00edmos cantar los gallos en los caminos nocturnos, escuchamos el agudo aullido de alg\u00fan perro vigilante y el profundo silencio de la noche espesa, oscura, fr\u00eda\u2026 caminamos, caminamos\u2026 Eso es lo que yo siempre he hecho sin detenerme, caminar\u2026<\/p>\n\n\n\n<p><strong>III<\/strong><\/p>\n\n\n\n<p>Pas\u00f3 el tiempo. Los d\u00edas se nos hicieron largos y las noches mon\u00f3tonas, en medio de la fr\u00eda soledad de los caminos interminables. M\u00e1s mugroso torn\u00f3se mi cuerpo, m\u00e1s insensible se volvi\u00f3 mi alma. Acompa\u00f1ando al viento en sus fugas sin rumbo, arribamos a un caser\u00edo que parec\u00eda un peque\u00f1o puerto sobre un turbio r\u00edo. Las aguas parec\u00eda que llevaban la mugre lavada de nuestro ser; eran marrones, fangosas en sus orillas, como si permanecieran tranquilas, pudriendo la tierra.<\/p>\n\n\n\n<p>All\u00ed conocimos a un viejo encorvado que ten\u00eda dos cicatrices en la cara; se llamaba Tel\u00e9maco. Mi amigo lo llam\u00f3 el Barroso, y yo siempre desconfi\u00e9 del viejo, porque ten\u00eda un brillo oscuro en sus ojos saltones.<\/p>\n\n\n\n<p>\u2014\u00bfTel\u00e9maco, esta noche hay pesca? \u2014le pregunt\u00e1bamos con ansiedad de afirmaci\u00f3n.<\/p>\n\n\n\n<p>\u2014S\u00ed, muchachos. Esta noche hay pesca.<\/p>\n\n\n\n<p>Nos met\u00edamos con el viejo en una canoa peque\u00f1a en medio del r\u00edo sucio y de la noche fr\u00eda, tenebrosa. El viejo no hablaba casi nunca; se lo pasaba pensando en una hija que tuvo y un d\u00eda amaneci\u00f3 comida por los pescados en una orilla del r\u00edo. El viejo la quer\u00eda mucho y nos dec\u00eda que nosotros le llen\u00e1bamos el vac\u00edo de su hija, pero no nos dijo nunca c\u00f3mo se llam\u00f3 su hija.<\/p>\n\n\n\n<p>En medio del r\u00edo tir\u00e1bamos las redes al agua y sac\u00e1bamos despu\u00e9s pescados grandes, peque\u00f1os. Nosotros les abr\u00edamos el vientre y les sac\u00e1bamos todo por dentro; las manos se nos pon\u00edan olorosas a pescado y a sangre. Pero me fu\u00ed aburriendo de aquella vida ins\u00edpida; no me gustaba la cara tajada del viejo Tel\u00e9maco. El olor del pescado y del r\u00edo, me produc\u00edan asco. Quer\u00eda seguir caminando por la tierra abierta, sin l\u00edmites; mi amigo desde entonces no me quiso seguir acompa\u00f1ando m\u00e1s, pues dijo que se hab\u00eda aburrido. Yo lo trat\u00e9 de cobarde y lo dej\u00e9 con el viejo Tel\u00e9maco, con el olor a pescado y el r\u00edo marr\u00f3n con sus aguas sucias como mi cuerpo, como mi alma. Yo siempre he caminado mucho; por eso soy mugroso. Mi amigo se qued\u00f3 y no me hizo falta. Fu\u00e9 un miedoso. Pero yo he ambulado mucho en los d\u00edas y en las noches; ya me siento cansado y solo. Mis pies est\u00e1n poblados de callos y mi vestido est\u00e1 sucio, mugroso, como la tierra de los caminos, como el agua del r\u00edo en donde se qued\u00f3 mi amigo, ese mismo amigo que ahora veo en la puerta de la taberna, mientras cae agua del cielo para tal vez lavar mi cuerpo y mi alma mugrosos, mugrosos.<\/p>\n\n\n\n<h4 class=\"wp-block-heading has-text-align-right\"><a href=\"https:\/\/eldienteroto.org\/wp49\/horacio-cardenas-becerra\/\" target=\"_blank\" rel=\"noreferrer noopener\">Sobre el autor<\/a><\/h4>\n\n\n\n<h6 class=\"wp-block-heading\">Foto: https:\/\/depositphotos.com<\/h6>\n","protected":false},"excerpt":{"rendered":"<p>Horacio C\u00e1rdenas Becerra I Las calles son largas y flacas de aire. Las piedras me muerden con sus dientes puntiagudos la carne peregrina. 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