{"id":16784,"date":"2025-07-18T13:41:14","date_gmt":"2025-07-18T18:11:14","guid":{"rendered":"https:\/\/eldienteroto.org\/wp49\/?p=16784"},"modified":"2025-07-18T13:41:57","modified_gmt":"2025-07-18T18:11:57","slug":"sobre-la-obra-completa-de-belen-ojeda","status":"publish","type":"post","link":"https:\/\/eldienteroto.org\/wp49\/sobre-la-obra-completa-de-belen-ojeda\/","title":{"rendered":"Sobre la obra completa de Bel\u00e9n Ojeda"},"content":{"rendered":"\n<h4 class=\"wp-block-heading has-text-align-right\">Por: Daniel Arella<\/h4>\n\n\n\n<p>La primera vez que le\u00ed el nombre de la poeta y traductora Bel\u00e9n Ojeda (Caracas, 1961)\u00a0 ocurri\u00f3 gracias a\u00a0 la revista de los 90, <em>Pasturas. De los adela\u00f1os y M\u00e9rida, <\/em>dirigida y editada por el poeta trinitario-venezolano, Stephen Marsh Planchart, a ra\u00edz de un dossier impecable dedicado a la c\u00e9lebre poeta rusa, Anna Ajm\u00e1tova (Rusia, 1889 \u2013 1966).\u00a0 Bel\u00e9n Ojeda firmaba\u00a0 las notas y la versi\u00f3n de una traducci\u00f3n brillante que canaliz\u00f3 en ese entonces mis tempranas b\u00fasquedas po\u00e9ticas hacia la dimensi\u00f3n de los poetas esenciales europeos del. s. XX, entusiasm\u00e1ndome primero por la poes\u00eda rusa. Luego de conocer a la dama inmaculada de la tundra, no pude parar: Serguei Esenin, Vladimir Maiakovski,\u00a0 Osip Mandelstahm, Vladimir Nabokov y Velimir Jl\u00e9bnikov, entre otros.<\/p>\n\n\n\n<p>La tercera vez que le\u00ed el nombre de la poeta de Bel\u00e9n Ojeda fue precisamente en esta instancia con la presente edici\u00f3n de sus obras completas. Primero, sorprende la magnitud de la lucidez de su po\u00e9tica, porque sin duda, cada poema es rodeado por el mar de la infinitud -, sin olvidar que es precisamente ese \u201ccuerpo de isla\u201d \u2013 la poes\u00eda- la que \u201cnos une con la plegaria\u201d. Nos permite flotar, alzarnos sobre las olas y demarcar un espacio en el centro de la infinitud donde somos residencia, casa de la intemperie. Adem\u00e1s, por la extensi\u00f3n m\u00ednima de la mayor\u00eda de sus poemas, aforismos en versos de \u00edgnea intensidad, no puedo dejar de pensar en su obra completa como un gran archipi\u00e9lago de 420 p\u00e1ginas que contiene reunidas por primera vez en <em>LP5 Editora,<\/em> disponible en Amazon.<\/p>\n\n\n\n<p>Bel\u00e9n Ojeda relata en la entrevista con la poeta y editora Gladys Mend\u00eda lo siguiente<em>: \u201c<\/em>Comenc\u00e9 a escribir <em>D\u00edas de solsticio<\/em> cuando regres\u00e9 a Venezuela, despu\u00e9s de haber vivido durante ocho a\u00f1os en Mosc\u00fa. Hubo, entonces, un reencuentro con el paisaje y con el idioma. Los textos breves tal vez concentran esa experiencia del redescubrimiento de ambos con herramientas limitadas. Creo que esa b\u00fasqueda continu\u00f3 en los libros <em>En el ojo de la cabra<\/em> y <em>Territorios<\/em>. En este \u00faltimo, paisaje y lenguaje son una unidad. En <em>Graffiti y otros textos<\/em> establec\u00ed di\u00e1logo con algunos autores y obras usando g\u00e9neros que se han&nbsp; perdido y por los uales siento nostalgia, como las cartas y los diarios\u201d. Bel\u00e9n Ojeda vivi\u00f3 8 a\u00f1os en Mosc\u00fa estudiando canto l\u00edrico en el Conservatorio Tchaikovsky. Durante su larga estad\u00eda en Rusia no s\u00f3lo aprendi\u00f3 la lengua sino alcanz\u00f3 a conocer grandes poetas de la literatura universal del pueblo ruso, como fueron Marina Tsviet\u00e1ieva, Boris Pasternak, Ossip Mandelshtam y Anna Ajm\u00e1tova, que comenz\u00f3 a traducir a su llegada a Venezuela, como nos relata en la entrevista. Me sorprenden los puntos en com\u00fan entre los poetas que pertenecieron a lo que se ha denominado la edad de plata de la poes\u00eda rusa, el denominado grupo <em>acme\u00edsta, <\/em>a donde pertenecieron Ossip Mandelshtam y Anna Ajm\u00e1tova, La importancia del <em>acme\u00edsmo<\/em> para la l\u00edrica rusa del s. XX se corresponde con la justicia que logr\u00f3 en el equilibrio de la percepci\u00f3n de la realidad por parte del lenguaje po\u00e9tico. Anulando por completo la ambig\u00fcedad polis\u00e9mica de la corriente simbolista precedente, sus giros estilistas efectistas, sus filtros ret\u00f3ricos, artilugios y ripios, que fueron criticados duramente por este <em>Gremio de poetas <\/em>apasionados por el rigor de las comprensiones est\u00e9ticas precisas sobre la literatura del escritor franc\u00e9s, Gustave Flaubert. Los escritores rusos reunidos en torno al <em>grupo acme\u00edsta<\/em>, cultivaban la franqueza, la transparencia, la l\u00f3gica, la sobriedad de la estructura, el valor a la exposici\u00f3n di\u00e1fana de los elementos que componen el poema y la obra, en favor de una mirada objetiva de los fen\u00f3menos, raz\u00f3n por las que muchos de ellos padecieron desolaci\u00f3n, persecuci\u00f3n, encierro y muerte debido al r\u00e9gimen estalinista de esa \u00e9poca. Ahora leamos esta poes\u00eda ausente de enunciados sociales, de resonancia esencia:<\/p>\n\n\n\n<p><em>En la ca\u00edda del agua<\/em><br><em>lo innombrable<\/em><br><em>Todo tiempo de creaci\u00f3n<\/em><br><em>apunta a disolvernos<\/em><\/p>\n\n\n\n<p>(p. 173)<\/p>\n\n\n\n<p>Bel\u00e9n Ojeda&nbsp; lleva el<em> acme\u00edsmo<\/em> hasta sus \u00faltimas consecuencias, a una especie <em>Cuadro negro sobre fondo blanco<\/em> de la poes\u00eda, como es la obra de la cristalizaci\u00f3n \u00faltima del abstraccionismo, cuando&nbsp; el pintor ruso de origen polaco, Kazimir M\u00e1levich, logra alcanzar las fronteras de lo que se llam\u00f3 el <em>suprematismo<\/em>, superando las corrientes pl\u00e1sticas precedentes. El suprematismo consisti\u00f3 en una corriente vanguardista de las artes pl\u00e1sticas creada en Rusia a principios del s. XX por el artista Kazimir M\u00e1levich, que propon\u00eda una regreso radical a las formas geom\u00e9tricas elementales como el cuadrado y el c\u00edrculo, siendo su obra<em> Cuadro negro sobre fondo blanco<\/em> la m\u00e1s significativa, el lenguaje alcanza su cima abstracta que hab\u00eda sido iniciado por&nbsp; Wassily Kandinsky.<\/p>\n\n\n\n<p>La poes\u00eda de Bel\u00e9n Ojeda, me atrever\u00eda a decir, es una poes\u00eda suprematista debido a su retorno elemental a las formas de la l\u00ednea y el c\u00edrculo que son empleadas con frecuencia a lo largo de sus poemas. Incluso podr\u00edamos hablar que el despliegue imaginario en su obra&nbsp; se convierte en alguna manera, en figuras geom\u00e9tricas que permiten fijar el recorrido esencial de la mirada del poeta, entre ellos podemos nombrar el fuego, el agua, el \u00e1rbol, desierto, memoria, luz. No es casual su relaci\u00f3n casi epid\u00e9rmica con la obra de varios artistas pl\u00e1sticos c\u00e9lebres como Armando Rever\u00f3n, entre otros. El suprematismo propon\u00eda un arte ausente de enunciados sociales.<\/p>\n\n\n\n<p>La conexi\u00f3n entre la pintura y la poes\u00eda en su obra es relevante y de vital importancia para los procedimientos de su po\u00e9tica, tanto por su reflexi\u00f3n de la pintura de Armando Rever\u00f3n&nbsp; y la escultura y pintora abstracta, Elsa Gramcko, hermana de una de sus maestras de poes\u00eda m\u00e1s cercanas, la reconocida poeta, autora de <em>Juan sin miedo<\/em>, Ida Gramcko. Veamos unos de tantos ejemplos en la poes\u00eda de Bel\u00e9n Ojeda en donde el c\u00edrculo asume el centro del movimiento esencial de su poes\u00eda.<\/p>\n\n\n\n<p><em>Este c\u00edrculo<\/em><br><em>nos habita y se prolonga<\/em><br><em>Conc\u00e9ntrica<\/em><br><em>su resonancia de abrazo<\/em><br><em>El eco traduce formas<\/em><br><em>de lo innombrable<\/em><br><em>y un balbuceo tiembla<\/em><br><em>entre las costas<\/em><br><em>S\u00f3lo el temor separa las orillas<\/em><\/p>\n\n\n\n<p>(p. 172)&nbsp;<\/p>\n\n\n\n<p>Hace eco su poes\u00eda esencial a esa estirpe de poetas venezolanos plenamente pensantes, en la b\u00fasqueda r\u00edtmica de la sonoridad del ser, como son Elizabeth Sch\u00f6n con su libro es <em>O\u00edr la vertiente, Legajo de sombras<\/em> de Rowena Hill y <em>Quintetos del c\u00edrculo<\/em> del poeta, ensayista y traductor venezolano, Alfredo Silva Estrada, quien de la misma manera que Bel\u00e9n Ojeda con la poes\u00eda rusa de principios del S. XX, traduce a los poetas franc\u00e9s primordiales de la l\u00edrica contempor\u00e1nea: Fracis Bacon, &nbsp;Ren\u00e9 Char, Eug\u00e9ne Guillevic, Andr\u00e9 Chedid,&nbsp; Pierre Reverdy, Vahe Godel, Eug\u00e9ne Guillevic, Andr\u00e9 Chedid, <em>Fernand Verhesen<\/em>,&nbsp;Pierre Reverdy, entre otros. Casualmente en estos dos traductores de grandes poetas europeos, tanto del ruso, como del franc\u00e9s, encuentra en su propia poes\u00eda puntos \u00e1lgidos de entrecruzamientos de acuerdo a la g\u00e9nesis del movimiento del poema, dirigida hacia el develamiento del ser. As\u00ed nos acercamos a la poes\u00eda de Ojeda:<\/p>\n\n\n\n<p><em>Alguna vez<\/em><br><em>habitamos el territorio del temblor<\/em><br><em>Estremecidos por la palabra<\/em><br><em>avanzamos<\/em><br><em>hacia su resonancia<\/em><br><em>Todo crep\u00fasculo abraza el universo<\/em><\/p>\n\n\n\n<p>(p. 159)<\/p>\n\n\n\n<p>Ojeda nos indica su estirpe como poeta del umbral. El horizonte en el l\u00edmite de la forma recuperando las esencias flotantes en un devenir vidente. Con raz\u00f3n la denomina Belmonte en el pr\u00f3logo del libro una poes\u00eda visionaria, pero no en el sentido de ampliar la visi\u00f3n m\u00e1s all\u00e1 del tiempo o de la forma, como ser\u00eda la poes\u00eda simb\u00f3lica de George Trackl o la poes\u00eda aleg\u00f3rica de William Blake, cuyo hermetismo figurante estaba codificado en la resonancia de un universo interior. En el caso de Bel\u00e9n Ojeda y de su acmetismo esencial que rechaza los giros ret\u00f3ricos que filtran la realidad, la videncia es un devenir perceptivo que capta la unidad del instante, hacia un <em>supremetismo<\/em> de la poes\u00eda en consonancia con poetas esenciales del ser en la poes\u00eda venezolana: Alfredo Silva Estrada, Elizabeth Sch\u00f6n, Hanni Ossott y Rowena Hill para nombrar algunos.<\/p>\n\n\n\n<p><em>La tierra oculta el perfil de la esfinge<\/em><br><em>El laberinto reclina sus muros<\/em><br><em>hacia el ojo que busca<\/em><br><em>y espera<\/em><\/p>\n\n\n\n<p>(p. 160)<\/p>\n\n\n\n<p>Bel\u00e9n Ojeda, como \u00faltimo representante cl\u00e1sico, digamos de una poes\u00eda pura suprematista, por su absoluta sobriedad, cuyo poema casi termina desapareciendo en el fondo de la realidad para convertirse en el mismo poema que trasluce. El blancor, n\u00facleo de las obsesiones del poeta franc\u00e9s St\u00e9phane Mallarm\u00e9, sonido hueco del abismo que tuvo sus ecos cristalinos en un pensador como Maurice Blanchot, pero alcanz\u00f3 la recepci\u00f3n rigurosa y afortunada del ensayista y poeta venezolano, Alfredo Silva Estrada, due\u00f1o de una obra de traducci\u00f3n de poetas franceses imprescindibles, conectado a esa estirpe de los poetas presocr\u00e1ticos contempor\u00e1neos en lengua espa\u00f1ola como son Antonio Machado, Antonio Porquia y Roberto Juarr\u00f3z, poes\u00eda de peso ontol\u00f3gico, fundamento de la <em>al\u00e9theia<\/em>, en su propio universo de im\u00e1genes y ritmo. Como es propio de los poetas pensantes, categor\u00eda que designa Heidegger para un poeta como Friedrich H\u00f6lderlin en su c\u00e9lebre ensayo, <em>H\u00f6lderlin y la esencia de la poes\u00eda, <\/em>a quien denomina el poeta de los poetas, haciendo referencia a su tendencia a asumir el oficio po\u00e9tico no como un testimonio cualquiera, sino como esa mirada que hereda lo sagrado y es devuelto a los hombres con su naturaleza reconciliada. Sensaci\u00f3n que hallamos al terminar de leer sus poemas:<\/p>\n\n\n\n<p><em>Tantas migraciones<\/em><br><em>desplazando el centro hacia la luz<\/em><br><em>Una roca florece su antig\u00fcedad<\/em><br><em>en lo albo<\/em><br><em>de la planicie<\/em><\/p>\n\n\n\n<p>(p. 176)<\/p>\n\n\n\n<p>La poes\u00eda esencial de Bel\u00e9n Ojeda capta la eternidad de lo fugaz, la inaprensible huella del venir que toca apenas las cosas con un resplandor sutil. El lenguaje aprehende en el poema con intensa brevedad apenas lo que nombra, su autonom\u00eda depende del paisaje de donde surge, por lo menos en sus primeros poemarios. La temporalidad rigurosa de sus poemas destaca por el despliegue de una certeza de revelaci\u00f3n que termina siendo aquello que se ve. Aquello que es nombrado es lo que se ve en s\u00ed mismo, desde la sencilla emancipaci\u00f3n de un movimiento y un reconocimiento. Poes\u00eda que palpa la realidad en el l\u00edmite de ser un testigo y una ausencia. A veces no parece decir nada, sino que se\u00f1ala un rastro, el cumplimiento de la bella transici\u00f3n en la naturaleza, contornos de la forma, ese resultado arriesgado del oficio po\u00e9tico. El empleo del poema breve de sustento aforismo delatando el c\u00e1ndido testigo de cristalizar sospechas y luego certezas que parecen desvanecerse con el destello breve de un lenguaje sobrio que calcula esa temporalidad propia de la visi\u00f3n directa, de la percepci\u00f3n sin filtros inventivos, aleg\u00f3ricos y ficcionales, pero que nos deja un sabor rec\u00f3ndito de vivencia. Correspondencias primigenias que afloran con sencillez en cada verso que brota de experiencias elementales de la infancia:<\/p>\n\n\n\n<p><em>La infancia cabe en cualquier patio<\/em><br><em>Lo que somos<\/em><br><em>va en un costado.<\/em><\/p>\n\n\n\n<p><em>(p. 331)<\/em><\/p>\n\n\n\n<p>En cambio en el poema \u201cTanto ser mar\u201d, el lamento de pertenecer a una tensi\u00f3n ilimitada que se extiende en su nombrar, que se a\u00fana al movimiento perpetuo de la physis, integrando sus extremos de lo lejano y lo desconocido en la trama resonante de su desaparici\u00f3n:<\/p>\n\n\n\n<p><em>Tanto ser mar<\/em><br><em>para que la voz se derrame<\/em><br><em>en la espesura de cobre<\/em><br><em>y la piel se prolongue<\/em><br><em>en la humedad de salitre<\/em><br><em>Tanto ser mar<\/em><br><em>recibir lo desconocido y lo lejano<\/em><br><em>volverse viento<\/em><br><em>arena<\/em><br><em>alcanzar otras orillas<\/em><br><em>Tanto ser mar<\/em><br><em>unir las islas&nbsp; de este archipi\u00e9lago<\/em><br><em>mientras el fuego<\/em><br><em>contin\u00faa dispers\u00e1ndolas.<\/em><\/p>\n\n\n\n<p><em>(p. 335)&nbsp;<\/em><\/p>\n\n\n\n<p>La narraci\u00f3n justa de un entramado esencial que pertenece al ser, que desdice en el c\u00edrculo que cierra la mirada con la promesa inexorable de no inventar lo que es. Esto es importante. La apuesta es una fidelidad radical al esencial balbuceo del ser, sacrificando la imaginer\u00eda po\u00e9tica. Pasadizos de una sabidur\u00eda fragmentada que se dispone en cerrar y abrir el silencio de las significaciones. De los recovecos de la mirada, como los mapas que se revelan en la disposici\u00f3n de una brevedad que es la justa manera de mirar:<\/p>\n\n\n\n<p><em>Entre lunas y aullidos primigenios<\/em><br><em>los rituales de fuego<\/em><br><em>convocan a los que se han ido<\/em><br><em>y ahora habitan<\/em><br><em>en cada chispa<\/em><br><em>en cada estrella.<\/em><\/p>\n\n\n\n<p>(p. 322)<\/p>\n\n\n\n<p>La poes\u00eda como nos dice la autora es \u201cEl lugar donde se revela\/ lo inefable\u201d. (p.&nbsp; 288). Cada poema son tramos de certidumbre, sentidos de un vector inexorable que alumbra lo&nbsp; desconocido.<\/p>\n\n\n\n<p><em>Busco en lo entra\u00f1able<\/em><\/p>\n\n\n\n<p><em>el fuego primigenio.<\/em><\/p>\n\n\n\n<p>(p.223)<\/p>\n\n\n\n<p>Tr\u00e1nsito del peregrino en la fecundaci\u00f3n de un hogar que se sostiene en el v\u00e9rtigo de la mirada, una mirada serena que se nutre de los \u201cpuentes\u201d, de la \u201croca que sustenta la memoria\u201d. La intemperie es la madre de la poes\u00eda de Bel\u00e9n Ojeda,\u00a0 carencia que se convierte en unidad comprensiva.<\/p>\n\n\n\n<h4 class=\"wp-block-heading has-text-align-right\"><a href=\"https:\/\/eldienteroto.org\/wp49\/daniel-arella\/\" target=\"_blank\" rel=\"noreferrer noopener\">Sobre el autor<\/a><\/h4>\n\n\n\n<h6 class=\"wp-block-heading\">Texto e imagen fueron publicados originalmente en <a href=\"https:\/\/lp5.cl\/2020\/11\/sobre-la-obra-completa-de-belen-ojeda-por-daniel-arella\/\">LP5<\/a> y cedidos por el autor.<\/h6>\n","protected":false},"excerpt":{"rendered":"<p>Por: Daniel Arella La primera vez que le\u00ed el nombre de la poeta y traductora Bel\u00e9n Ojeda (Caracas, 1961)\u00a0 ocurri\u00f3 gracias a\u00a0 la revista de los 90, Pasturas. 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