{"id":16760,"date":"2025-07-15T15:04:57","date_gmt":"2025-07-15T19:34:57","guid":{"rendered":"https:\/\/eldienteroto.org\/wp49\/?p=16760"},"modified":"2025-07-15T15:16:34","modified_gmt":"2025-07-15T19:46:34","slug":"una-deuda-impagable","status":"publish","type":"post","link":"https:\/\/eldienteroto.org\/wp49\/una-deuda-impagable\/","title":{"rendered":"Una deuda impagable"},"content":{"rendered":"\n<h4 class=\"wp-block-heading has-text-align-right\">Alexis M\u00e1rquez Rodr\u00edguez<\/h4>\n\n\n\n<p><em>A la memoria de Jos\u00e9 Santos Urriola<\/em><\/p>\n\n\n\n<p>En setiembre de 1947, cuando llegamos al viejo Instituto Pedag\u00f3gico Nacional un grupo de muchachos a estudiar la carrera&nbsp; de profesor, nos dio la bienvenida, el primer d\u00eda de clases, un animoso docente que era adem\u00e1s Jefe del Departamento de Castellano y Literatura. Con un inconfundible acento hispano-catal\u00e1n y una admirable facilidad expresiva, nos areng\u00f3 con palabras enfiladas al elogio de la vocaci\u00f3n profesoral y a exaltar el optimismo y la confianza que deb\u00edamos tener en el futuro del pa\u00eds. Era Pedro Grases e iba a ser nuestro profesor de Gram\u00e1tica Castellana. All\u00ed tambi\u00e9n nos hizo una breve semblanza de quienes, junto con \u00e9l, ser\u00edan nuestros profesores: \u00c1ngel Rosenblat, Juan David Garc\u00eda Bacca, Guillermo P\u00e9rez Enciso, Edoardo Crema, Felipe Massiani, J. M. Siso Mart\u00ednez, Olinto Camacho, J. M. Alfaro Zamora\u2026<\/p>\n\n\n\n<p>Todo estudiante sabe cuan beneficioso es, para quien se inicia en un curso cualquiera de estudios, esa sesi\u00f3n de bienvenida, que muchas veces no pasa de ser un ejercicio m\u00e1s de ret\u00f3rica barata, pero que otras, como la que ahora evoco, tiene la magia de despertar en uno el entusiasmo y de inducir la confianza, que de primer momento podr\u00edan yacer como apagados, por la incertidumbre que todo comienzo pone&nbsp; naturalmente en los seres humanos.&nbsp;<\/p>\n\n\n\n<p><strong>Amor a primera vista<\/strong><\/p>\n\n\n\n<p>Recuerdo bien aquella tarde, entre otras razones porque aquel profesor ten\u00eda la virtud de contagiar a los dem\u00e1s su vivacidad, su optimismo, su aliento vital, que mostraban una personalidad bien cimentada, robusta y vigorosa. Fue amor a primera vista. Desde el primer d\u00eda Grases se posicion\u00f3 en nuestros esp\u00edritus con su enjundia y su empaque de aut\u00e9ntico maestro. Ten\u00eda&nbsp; entonces 38 a\u00f1os y una fuerte y \u00e1gil contextura atl\u00e9tica, como de futbolista, rasgos que contribu\u00edan a rodearlo de un aura de simpat\u00eda igualmente contagiosa.<\/p>\n\n\n\n<p>Nacido el 17 de setiembre de 1909 en Vilafranca del Pened\u00e9s, un peque\u00f1o pueblo de Catalu\u00f1a cercano a Barcelona (Espa\u00f1a), Pedro Grases llega a Venezuela&nbsp; el 8 de agosto de 1937, despu\u00e9s de una pasant\u00eda&nbsp; de once meses en Francia. Ven\u00eda huyendo de la guerra civil, iniciada un a\u00f1o antes&nbsp; contra la Rep\u00fablica espa\u00f1ola. Nunca olvidar\u00e1 aquel pueblecito de su nacimiento, al que siempre evocar\u00e1 con nostalgia. A\u00f1os m\u00e1s tarde, cuando logre hacerse de una vivienda propia, una peque\u00f1a casa en la Urbanizaci\u00f3n La Castellana, que entonces comenzaba a desarrollarse, la llamar\u00e1 quinta \u00abVilafranca\u00bb. Con \u00e9l ven\u00edan su mujer, do\u00f1a Asunci\u00f3n Galofr\u00e9, su insigne compa\u00f1era por casi setenta a\u00f1os, y sus dos hijos mayores, Pedro y Jos\u00e9, \u00e9ste nacido en Francia. Otros dos, Mar\u00eda Asunci\u00f3n y Manuel, nacer\u00e1n en Caracas.<\/p>\n\n\n\n<p>Tra\u00eda ya una buena formaci\u00f3n universitaria. En Barcelona hab\u00eda estudiado Filosof\u00eda y Letras y Derecho, y en las dos se hab\u00eda doctorado en Madrid, en 1932. Poco despu\u00e9s se estrena como profesor de lengua \u00e1rabe en la Facultad de Filosof\u00eda y Letras de la Universidad de Barcelona.&nbsp;<\/p>\n\n\n\n<p><strong>Docencia e investigaci\u00f3n<\/strong><\/p>\n\n\n\n<p>Si algo ten\u00eda claro el joven Grases al llegar a Venezuela, es su prop\u00f3sito de dedicarse a la docencia y a la investigaci\u00f3n hist\u00f3rica y cultural. Sab\u00eda que Venezuela, como todos los j\u00f3venes pa\u00edses hispanoamericanos, era una cantera rica en materiales que muy poco se hab\u00edan estudiado. Y decide colaborar en ese campo con el pa\u00eds que estaba escogiendo como su nueva patria.<\/p>\n\n\n\n<p>No obstante, su primer trabajo en Venezuela fue algo bastante lejos de sus aspiraciones: \u00abflamante vendedor\u00bb, como dice \u00e9l mismo, de la Casa Blohm. Pero d\u00edas despu\u00e9s tiene la suerte de conocer al entonces ministro de educaci\u00f3n nacional, Dr. Rafael Ernesto L\u00f3pez, quien dispuso su ingreso como profesor en el Liceo Ferm\u00edn Toro y en la Escuela Normal Superior, y posteriormente en el Liceo Andr\u00e9s Bello y en el reci\u00e9n creado Instituto Pedag\u00f3gico Nacional.<\/p>\n\n\n\n<p>Al mismo tiempo se hizo asiduo de la Biblioteca Nacional. All\u00ed iba desarrollando sus planes de investigador, y ampliando sus contactos con personas clave para su trabajo. Su primer objetivo fue la vida y la obra del Libertador, por el que sent\u00eda una inmensa admiraci\u00f3n, tema sobre el cual nos ha dado valiosos escritos, sumamente esclarecedores, no s\u00f3lo de importantes aspectos de la figura de Sim\u00f3n Bol\u00edvar, sino, en general, acerca del per\u00edodo de la Independencia. Asimismo sobre Sim\u00f3n Rodr\u00edguez, a cuyo conocimiento y valoraci\u00f3n ha hecho igualmente valiosos aportes, de una importancia que se mide, sobre todo, porque para ese entonces el genial maestro del Libertador era muy poco conocido.&nbsp;<\/p>\n\n\n\n<p><strong>El hallazgo de Andr\u00e9s Bello<\/strong><\/p>\n\n\n\n<p>Pero el gran tema que en esos comienzos se abri\u00f3, casi de una manera deslumbrante, a los ojos de Grases fue la enorme figura de Andr\u00e9s Bello. En aquel momento tambi\u00e9n Bello era, en Venezuela, casi un desconocido, en parte por su lejana residencia en Chile, donde el ilustre venezolano hab\u00eda realizado una obra human\u00edstica descomunal, y no obstante que, hasta bien entrado el siglo XIX, don Andr\u00e9s mantuvo contacto epistolar con su madre y su hermano, residentes en Caracas, y con algunos otros corresponsales. Incluso en Caracas se public\u00f3, en 1850, apenas a tres a\u00f1os de su aparici\u00f3n en Chile, la primera edici\u00f3n venezolana de la&nbsp;<em>Gram\u00e1tica<\/em>&nbsp;de Bello, am\u00e9n de algunas otras de sus obras. Pero ese conocimiento que de Bello se ten\u00eda en el siglo XIX se hab\u00eda ido apagando.<\/p>\n\n\n\n<p>El descubrimiento de Andr\u00e9s Bello por Grases ocurri\u00f3 en circunstancias muy peculiares. En 1939 Grases realiza un viaje por toda Suram\u00e9rica. En Santiago de Chile, seg\u00fan cuenta Oscar Sambrano Urdaneta sin duda el disc\u00edpulo por excelencia de don Pedro, quien a su vez lo supo por boca del mismo Grases, \u00e9ste se acerca un d\u00eda a una librer\u00eda callejera, donde se exhib\u00edan las&nbsp;<em>Obras completas<\/em>&nbsp;de un tal Andr\u00e9s Bello, de quien el joven catal\u00e1n apenas si hab\u00eda o\u00eddo hablar. Quiso el azar que tomase un tomo de aquellos, en el que estaba el trabajo de Bello sobre el&nbsp;<em>Poema del Cid<\/em>, un tema por el que Grases se hab\u00eda apasionado hac\u00eda tiempo. Le bast\u00f3 con ojear aquel ensayo para comprender que el autor era una figura singular de las letras continentales. Y al darse cuenta, adem\u00e1s, de lo desconocido que era en su pa\u00eds decidi\u00f3 contribuir a llenar ese vac\u00edo imperdonable en el conocimiento de los venezolanos.<\/p>\n\n\n\n<p>Aquel hallazgo de Bello fue providencial. Lo fue para Venezuela y el resto del Continente, porque las indagaciones de Grases sobre el gran humanista&nbsp; de hecho es \u00e9l quien lo llama \u00abel primer humanista de Am\u00e9rica\u00bb, y las muchas publicaciones que sobre el tema entonces inicia, van a permitir que Bello empiece a ser conocido y valorado, no s\u00f3lo en Venezuela, sino tambi\u00e9n en todos nuestros pa\u00edses, donde, como ya dije, era poco menos que un desconocido, con la sola excepci\u00f3n de Chile. Fue providencial asimismo para el propio Grases, pues Bello se convierte en el gran tema de sus investigaciones, lo que hace que \u00e9l tambi\u00e9n, paralelamente, vaya siendo conocido en todas partes como el autorizado bellista que lleg\u00f3 a ser.<\/p>\n\n\n\n<p>En 1948, en el gobierno de R\u00f3mulo Gallegos, se decide nombrar la Comisi\u00f3n Editora de las&nbsp;<em>Obras completas<\/em>&nbsp;de Andr\u00e9s Bello, bajo la presidencia de don Enrique Planchart, quien falleci\u00f3 poco despu\u00e9s, y se nombr\u00f3 para reemplazarlo al Dr. Rafael Caldera, uno de los pocos venezolanos que conoc\u00edan bien la vida y la obra de Bello, de quien hab\u00eda publicado una biograf\u00eda, y con Grases como secretario, pero cuyas funciones eran m\u00e1s bien ejecutivas. Empieza entonces a edificar lo que ser\u00e1 el gran monumento de su obra intelectual.&nbsp; De Bello se hab\u00eda&nbsp; hecho, como ya vimos, una edici\u00f3n de&nbsp;<em>Obras completas<\/em>&nbsp;en Chile, que distaban mucho de ser \u00abcompletas\u00bb. Para Grases desde el primer momento estuvo claro lo que hab\u00eda que hacer, y con su habitual entusiasmo y su infatigable fortaleza se dio a la tarea. Fue un trabajo ejemplar. Se rescataron materiales en bibliotecas y archivos de diversas partes del mundo, se cotejaron las varias ediciones de sus escritos con los originales, se corrigieron erratas, se dilucidaron y rectificaron confusiones y, en suma, se realiz\u00f3 un trabajo bibliogr\u00e1fico verdaderamente paradigm\u00e1tico, para el cual Grases logr\u00f3 la colaboraci\u00f3n de personas de diferentes pa\u00edses. Para la labor sistem\u00e1tica y cotidiana reclut\u00f3 tres estudiantes del Instituto Pedag\u00f3gico: Oscar Sambrano Urdaneta, el m\u00e1s cercano seguidor del magisterio de Grases; Jos\u00e9 Santos Urriola, tempranamente fallecido, y Rafael Di Prisco.&nbsp;<\/p>\n\n\n\n<p><strong>El libro en tres dimensiones<\/strong><\/p>\n\n\n\n<p>La obra de Grases es sumamente amplia y comprende una tem\u00e1tica muy variada. Ello permite calificarlo con un vocablo que hoy se usa poco, pero que sintetiza una obra de esa envergadura:&nbsp;<em>pol\u00edgrafo<\/em>. Grases es, en esencia, como lo fue el propio Bello, un&nbsp;<em>pol\u00edgrafo<\/em>, tipo de personaje que se dio con frecuencia en el siglo XIX hispanoamericano, pero del que hoy quedan pocos espec\u00edmenes.<\/p>\n\n\n\n<p>Lo caracter\u00edstico de un hombre como Grases es su vinculaci\u00f3n con el libro, que en \u00e9l es tridimensional. Primero como lector, que Grases lo ha sido, con voracidad, desde muy joven. Segundo, como autor de sus propios libros. Y en tercer lugar en tanto que bibli\u00f3filo, apasionado de siempre por el libro como objeto coleccionable, como obra de arte, como fuente de conocimientos, como producto de un trabajo fascinante. Da gusto verlo con un libro en la mano. Lo contempla, lo manosea y sabe de \u00e9l todo lo que puede saberse: qui\u00e9n fue su autor; su contenido; d\u00f3nde y cu\u00e1ndo fue impreso, aunque el dato no aparezca en ninguna parte; de qu\u00e9 papel est\u00e1 hecho; qu\u00e9 tipograf\u00eda y qu\u00e9 tipo de tinta utilizaron; en qu\u00e9 clase de imprenta lo imprimieron; a qu\u00e9 estilo corresponden su diagramaci\u00f3n y su car\u00e1tula, en fin\u2026 Ning\u00fan libro incunable, antiguo o moderno, tiene secretos que \u00e9l no descubra.&nbsp;<\/p>\n\n\n\n<p><strong>Una deuda impagable<\/strong><\/p>\n\n\n\n<p>La deuda de Venezuela con Pedro Grases es enorme. La edici\u00f3n de las&nbsp;<em>Obras completas<\/em>&nbsp;de Andr\u00e9s Bello no es sino una muestra, si bien muy importante, de la extraordinaria labor de investigaci\u00f3n, an\u00e1lisis y divulgaci\u00f3n de este hombre en el campo de la historia de la cultura. Todos los estudiosos de nuestro pasado est\u00e1n contestes en que, cualquiera que sea el \u00e1rea de nuestra cultura en el que uno se proponga ahondar, la consulta a las obras de Grases es imprescindible, so pena de tener una visi\u00f3n incompleta de lo que se quiera estudiar.<\/p>\n\n\n\n<p>Las&nbsp;<em>Obras completas<\/em>&nbsp;de Grases comprenden veinte gruesos vol\u00famenes, uno solo de los cuales, el 15, contiene en 563 p\u00e1ginas el \u00edndice acumulativo de los catorce anteriores. Ello da una idea de lo vast\u00edsimo de esa obra. Recientemente entr\u00f3 en circulaci\u00f3n un nuevo tomo, el n\u00famero 21, que comprende una muestra muy peque\u00f1a, aunque es un volumen de 463 p\u00e1ginas, del epistolario de don Pedro, y re\u00fane cartas entrecruzadas con veintinueve de sus centenares de interlocutores de todo el&nbsp; mundo. Grases ha sido uno de los m\u00e1s grandes cultivadores del g\u00e9nero epistolar en lengua castellana, y se calculan en 40.000 las cartas salidas de su pu\u00f1o y letra, frase \u00e9sta que en su caso muchas veces es literal, pues son numerosas las cartas por \u00e9l escritas a mano, con una letra menudita y nerviosa. Este volumen es una edici\u00f3n de la&nbsp;<em>Fundaci\u00f3n Pedro Grases<\/em>, con el patrocinio financiero de la Universidad Metropolitana y del Banco de Venezuela, Grupo Santander.&nbsp;<\/p>\n\n\n\n<p><strong>El privilegio de tenerle en casa<\/strong><\/p>\n\n\n\n<p>La formidable obra de Pedro Grases no est\u00e1 s\u00f3lo en sus escritos. Su copiosa obra impresa tiene el sustento de una investigaci\u00f3n cuidadosa y circunstanciada, como pocas veces se ha visto en nuestro pa\u00eds. Pero la investigaci\u00f3n, a su vez, en \u00e9l es consustancial con la docencia. En general, su capacidad de trabajo es asombrosa, y sabe como nadie administrar el tiempo para arrancarle el m\u00e1ximo rendimiento.<\/p>\n\n\n\n<p>Los liceos Ferm\u00edn Toro y Andr\u00e9s Bello, el Colegio Am\u00e9rica, el Instituto Pedag\u00f3gico Nacional, la Universidad Central de Venezuela, la Universidad Cat\u00f3lica Andr\u00e9s Bello, la Universidad Metropolitana, han sido los escenarios donde esa labor docente se ha desarrollado. Y es justo apuntar que Venezuela goz\u00f3 de un verdadero privilegio al tener en su seno su largo y fruct\u00edfero magisterio, sobre todo si se tiene en cuenta un episodio de su vida poco conocido, que pone de resalto lo enorme de esa deuda que tenemos con \u00e9l. En 1946 Grases se hallaba en Washington, en disfrute de una beca de la&nbsp;<em>Fundaci\u00f3n Rockefeller<\/em>&nbsp;para realizar investigaciones sobre Andr\u00e9s Bello en la biblioteca del Congreso, cuando fue invitado por la Universidad de Harvard como&nbsp;<em>VisitingProfessor<\/em>&nbsp;de Espa\u00f1ol. Aunque la tentadora propuesta lo alejaba de su investigaci\u00f3n bellista, la acept\u00f3 y se fue a Boston, especialmente presionado para que aceptara por los eminentes profesores Lewis Hanke, quien hab\u00eda apadrinado su beca, Amado Alonso y Federico de On\u00eds.<\/p>\n\n\n\n<p>Cumplido su primer contrato, se le ofreci\u00f3 un segundo, que igualmente acept\u00f3, al cabo del cual se le propuso permanecer definitivamente en Harvard como profesor titular, oferta que entonces s\u00ed rechaz\u00f3, para asombro de quienes la hac\u00edan, que no comprend\u00edan c\u00f3mo pod\u00eda rehusarse a quedar como docente en una de las m\u00e1s prestigiosas universidades del mundo, para regresar a un pa\u00eds como Venezuela. Pero as\u00ed fue. Grases prefiri\u00f3 volver a Caracas y reincorporarse a la docencia en el Instituto Pedag\u00f3gico y en la reci\u00e9n creada Facultad de Filosof\u00eda y Letras (despu\u00e9s rebautizada de Humanidades y Educaci\u00f3n), de la Universidad Central, al paso que reanudaba tambi\u00e9n sus investigaciones sobre Bello y, en general, sobre la historia de las ideas en Venezuela.<\/p>\n\n\n\n<p>En lo personal, mi deuda con don Pedro Grases es abrumadora. Cuando llegu\u00e9 al viejo Instituto Pedag\u00f3gico yo era un muchacho de diecis\u00e9is a\u00f1os, que ven\u00eda de uno de aquellos antiguos colegios federales, entonces m\u00e1s venerable que eficiente, el primero fundado en el pa\u00eds, en 1826, a ra\u00edz misma de la independencia. Pero tra\u00eda ya un vivo inter\u00e9s por el lenguaje, inculcado por mi padre, un herrero de los de antes que escrib\u00eda versos, y por mi maestro de segundo grado, Daniel Monsalve Mujica, quienes despertaron en m\u00ed una incipiente pasi\u00f3n por el idioma y por la literatura. Sobre esa base a\u00fan precaria, Grases se empe\u00f1\u00f3 en introducirme en los vericuetos de la gram\u00e1tica y del an\u00e1lisis gramatical, cosa que cada d\u00eda le he agradecido, y le seguir\u00e9 agradeciendo infinitamente, hasta el fin de mis d\u00edas.<\/p>\n\n\n\n<h4 class=\"wp-block-heading has-text-align-right\"><a href=\"https:\/\/eldienteroto.org\/wp49\/alexis-marquez-rodriguez\/\" target=\"_blank\" rel=\"noreferrer noopener\">Sobre el autor<\/a><\/h4>\n\n\n\n<h6 class=\"wp-block-heading\">Publicado en: <em>Biblio 3W, Revista Bibliogr\u00e1fica de Geograf\u00eda y Ciencias Sociales<\/em>, Universidad de Barcelona, Vol. VII, n\u00ba 411, 20 de noviembre de 2002. Foto: https:\/\/fundacionpedrograses.com<\/h6>\n","protected":false},"excerpt":{"rendered":"<p>Alexis M\u00e1rquez Rodr\u00edguez A la memoria de Jos\u00e9 Santos Urriola En setiembre de 1947, cuando llegamos al viejo Instituto Pedag\u00f3gico Nacional un grupo de muchachos a estudiar la carrera&nbsp; de profesor, nos dio la bienvenida, el primer d\u00eda de clases, un animoso docente que era adem\u00e1s Jefe del Departamento de Castellano y Literatura. 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