{"id":16744,"date":"2025-07-14T15:47:25","date_gmt":"2025-07-14T20:17:25","guid":{"rendered":"https:\/\/eldienteroto.org\/wp49\/?p=16744"},"modified":"2025-07-14T19:27:53","modified_gmt":"2025-07-14T23:57:53","slug":"la-mascara-de-cuero-fragmentos","status":"publish","type":"post","link":"https:\/\/eldienteroto.org\/wp49\/la-mascara-de-cuero-fragmentos\/","title":{"rendered":"La m\u00e1scara de cuero (fragmentos)"},"content":{"rendered":"\n<h4 class=\"wp-block-heading has-text-align-right\">Jes\u00fas Miguel Soto<\/h4>\n\n\n\n<p>La segunda vez que us\u00e9 la m\u00e1scara de cuero no fue con fines sexuales, sino por el mero placer de sentir su suavidad templada sobre mi rostro. Me encontraba en mi pensi\u00f3n repasando las caricaturas dominicales de alg\u00fan peri\u00f3dico viejo. La m\u00e1scara era ideal para leer, pues sus dos peque\u00f1as aberturas al nivel de los ojos permit\u00edan meterse en el papel como dos haces de luz a trav\u00e9s de una claraboya imperturbable. Me la dej\u00e9 puesta durante toda la tarde y toda la noche. A la ma\u00f1ana siguiente despert\u00e9 con las p\u00e1ginas de Olafo bajo mis sienes; el reloj marcaba de nuevo otro d\u00eda de llegar tarde al trabajo. Sal\u00ed tan r\u00e1pido como pude para mitigar la amonestaci\u00f3n chaconera, y aunque tarde llegu\u00e9 a la oficina, no recib\u00ed rega\u00f1o alguno sino la indicaci\u00f3n de la ruta designada para ese d\u00eda.<\/p>\n\n\n\n<p>Si bien la gente en la calle no estaba de lo que podr\u00edamos llamar buen humor, hab\u00eda una actitud menos hostil en el ambiente. En mi trayecto no hubo necesidad de intercambiar una cort\u00e9s groser\u00eda con nadie, ni propinar un discreto empuj\u00f3n para abrirme paso entre el apestoso tumulto. Pens\u00e9 que era probable que una gran empresa procesadora de marihuana se hubiese incendiado y que sus vapores hubiesen moderado los \u00edmpetus de los caraque\u00f1os.<\/p>\n\n\n\n<p>De una treintena de apartamentos visitados esa ma\u00f1ana logr\u00e9 concretar cuatro ventas, pero lo m\u00e1s inusual fue que al menos en veinte casos me abrieron las puertas con educaci\u00f3n, con la formalidad de los pa\u00edses civilizados, sin las recurrentes ofensas de lesa maternidad, sin los trancazos sonoros que segu\u00edan apenas yo pronunciaba las palabras: producto, ofrecer, calidad, venta, enciclopedias.<\/p>\n\n\n\n<p>Tras concluir el turno de la ma\u00f1ana me reun\u00ed con Su\u00e1rez para comer juntos en una pizzer\u00eda barata en la avenida Casanova. Cuando me encontraba frente al mostrador, listo para hacerle mi pedido a una cajera sonriente a la que le faltaba un colmillo, me vi reflejado en el cristal grasiento de la caja y me percat\u00e9 de que llevaba puesta la m\u00e1scara de cuero. Sin querer me la hab\u00eda dejado desde el d\u00eda anterior debido a un olvido inveros\u00edmil pero cierto; tan inveros\u00edmil pero cierto como los campos de concentraci\u00f3n, las bombas at\u00f3micas, las minas antipersona, el uranio empobrecido y los ni\u00f1os adictos a la piedra. Me palp\u00e9 la cara con las manos y sent\u00ed el cuero levemente recalentado por el mediod\u00eda ardiente de la congestionada urbe, pero no por ello su piel era menos suave al tacto ni me produc\u00eda sofocaci\u00f3n alguna. Trat\u00e9 de quit\u00e1rmela pero el cierre se hab\u00eda atorado. Le dije a Su\u00e1rez que me ayudara y le pregunt\u00e9 que por qu\u00e9 co\u00f1o no me hab\u00eda dicho que la llevaba puesta.<\/p>\n\n\n\n<p>\u2013Pens\u00e9 que te hab\u00edas quemado la cara y que te cubr\u00edas las cicatrices con la m\u00e1scara; eso fue lo que todos pensamos en la oficina y no quisimos hacer comentarios.<\/p>\n\n\n\n<p>\u2013No entiendo c\u00f3mo nadie pudo preguntar.<\/p>\n\n\n\n<p>\u2013A m\u00ed nadie me pregunt\u00f3 en la charcuter\u00eda cuando luego de mi accidente regres\u00e9 con el mu\u00f1\u00f3n del dedo vendado. Son preguntas que no se hacen.<\/p>\n\n\n\n<p>La cajera pregunt\u00f3 si se trataba de una receta para rejuvenecer la piel; no le respond\u00ed sino que la mir\u00e9 con rabia, pero a trav\u00e9s de la m\u00e1scara la rabia quedaba neutralizada por la expresi\u00f3n apacible del cuero lustroso y an\u00f3nimo. El cierre no ced\u00eda, as\u00ed que ped\u00ed unas tijeras que igual no sirvieron de nada. Era un cuero de \u00f3ptima calidad.<\/p>\n\n\n\n<p>Una mujer de abundante cabellera crespa y pezones volc\u00e1nicos, que estaba en la cola tras nosotros, me inst\u00f3 a que me la dejara puesta, me dijo que se me ve\u00eda bien, y aunque ya el cierre hab\u00eda cedido con un poco de mantequilla aplicada por Su\u00e1rez, no quise quit\u00e1rmela, envanecido por el comentario de la bella dama.<\/p>\n\n\n\n<p>As\u00ed que, en teor\u00eda, durante esa ma\u00f1ana la gente hab\u00eda cre\u00eddo que mi rostro estaba quemado o que hab\u00eda algo horrible y deplorable bajo la m\u00e1scara y por eso se mostraron complacientes conmigo y me abr\u00edan la puerta con cortes\u00eda. Hasta Chac\u00f3n me hab\u00eda tratado con un respeto que no sospech\u00e9 que se deb\u00eda a mi enmascaramiento. Las personas imaginaban el horror tras la careta y se comportaban con tal de no tener que verlo, se mostraban corteses o compraban lo que hubiera que comprar para que yo me retirara pronto y en calma, evit\u00e1ndoles as\u00ed el tener que ver la llaga ulcerosa que \u2013sospechaban\u2013 me cubr\u00eda el rostro; una llaga parecida al mapa de Polonia en 1945 o al de Latinoam\u00e9rica en gran parte del siglo XX y sus alrededores.<\/p>\n\n\n\n<p>\u00bfEs que acaso antes de hoy no ve\u00edan el horror de mis ojos desesperados y exhaustos, de mis corporativas s\u00faplicas por una miserable limosna? \u00bfEra m\u00e1s perdedor ahora por lo que ocultaba que por lo que dejaba ver?<\/p>\n\n\n\n<p>Otro aspecto notable fue que, no obstante la m\u00e1scara, igual me siguieron reconociendo, no s\u00e9 por qu\u00e9 ni c\u00f3mo. Para los conocidos segu\u00eda siendo Alonso Quaker, como si la m\u00e1scara no me cubriera la totalidad de la cara sino apenas fuera un nuevo peinado, unos guantes o unos lentes de sol. Nadie, al menos que yo as\u00ed lo propiciara (como cuando le dije a Su\u00e1rez que por qu\u00e9 no me hab\u00eda dicho que la cargaba puesta) me pregunt\u00f3 por la m\u00e1scara; la asum\u00edan con naturalidad, como si estuvi\u00e9semos en las fiestas carnestolendas y el m\u00edo fuera m\u00e1s bien un antifaz mediocre.<\/p>\n\n\n\n<p>Aunque no creo en la noci\u00f3n de verosimilitud (noci\u00f3n que por lo dem\u00e1s la raza humana desmiente en cada segundo de com\u00fan existencia) no puedo negar que m\u00e1s de una vez trat\u00e9 de buscar explicaciones l\u00f3gicas y valederas al porqu\u00e9 me segu\u00edan reconociendo aunque tuviese puesta la m\u00e1scara de cuero. Claro que tambi\u00e9n habr\u00eda podido ponerme a discurrir sobre el porqu\u00e9 nos segu\u00edamos reconociendo diariamente sin m\u00e1scara, por qu\u00e9 nos parec\u00eda natural que en la calle anduvi\u00e9semos as\u00ed desnudos de rostro, sin verg\u00fcenza, mostrando los hostigadores ojos, la amenazadora boca, la imp\u00fadica nariz, las sienes tensas y las mejillas lampi\u00f1as de esta degradada especie que poco puede aguantar el fr\u00edo. \u00bfNo ser\u00eda m\u00e1s f\u00e1cil e incluso m\u00e1s sensato andar desnudo y con una m\u00e1scara puesta, sin que nadie supiese qui\u00e9n es qui\u00e9n, revueltos todos en un carnaval de piel? Hay que admitir que de haber evolucionado culturalmente de este modo ut\u00f3pico o dist\u00f3pico es probable que hubi\u00e9semos desarrollado la capacidad de reconocernos en la desnudez, de toparnos con un pip\u00ed o una totona e identificarlos por su expresi\u00f3n hosca o alegre, sombr\u00eda u optimista, abatida o en\u00e9rgica.<\/p>\n\n\n\n<p>El asunto (sin \u00e1nimos de reducir la vida a un \u00fanico asunto, pues siempre son muchos; al menos que uno sea un mani\u00e1tico con \u00ednfulas mesi\u00e1nicas obsesionado por un \u00fanico asunto que hay que resolver hasta la muerte, generalmente la muerte de otros miles o millones dependiendo de la magnitud, urgencia y trascendencia de dicho asunto) el asunto, dec\u00eda yo, es que a m\u00ed me segu\u00edan reconociendo desde el primer d\u00eda de mi involuntario encueramiento. \u00bfPor qu\u00e9? \u00bfPor mi forma de andar? \u00bfPor mi olor? \u00bfPor mi cuerpo enclenque y de una estandaridad espeluznante, como si me hubiesen fabricado en serie? \u00bfPor mis zapatos llenos de polvo grasiento? \u00bfPor mi corbata arrugada que lo mismo me serv\u00eda para saltar la cuerda en mis eternas horas de aburrimiento, como para trancar la puerta cuando la casera quer\u00eda cobrarme y escupirme la cara con uno de sus escupitajos verdes como esmeraldas podridas?<\/p>\n\n\n\n<p>Me aparec\u00ed al final de esa tarde por El ojo de oro y mi llegada, mi sentada y mi estad\u00eda trascurri\u00f3 nor-malmente; apenas un par de miradas curiosas que pronto perd\u00edan el inter\u00e9s y volv\u00edan al c\u00edrculo de su charla. Encontr\u00e9 al inconfundible Kiko en una mesa, rellenando un crucigrama junto a tres botellas de cervezas vac\u00edas y una medio llena sobre su mesa. Me salud\u00f3 normal-mente. Pero tampoco es que hab\u00eda nada de anormal, \u00bfo s\u00ed? Anormal era la realidad diaria a la que nos hab\u00edamos acostumbrado a vivir en esta ciudad de criminales. Inici\u00e9 entonces una conversaci\u00f3n usual que se desarroll\u00f3 como de costumbre, muy normalmen-te. Al parecer el \u00fanico sorprendido era yo. Kiko, apenas lo salud\u00e9, pas\u00f3 a referir de inmediato que hab\u00eda fumigado una casa donde encontr\u00f3 la cucaracha m\u00e1s grande del mundo, una mezcla de rata con cucaracha a la que tuvo que rociar con \u00e1cido para matarla.<\/p>\n\n\n\n<p>\u2013Era del tama\u00f1o de un conejillo. Deb\u00eda tener treinta a\u00f1os all\u00ed escondida. Creo que he llegado a la cima de mi carrera. Deber\u00eda retirarme en este momento para pasar a la gloria de mi gremio.<\/p>\n\n\n\n<p>\u2013\u00bfNo me ves algo diferente?<\/p>\n\n\n\n<p>\u2013S\u00ed, claro \u2013respondi\u00f3 despu\u00e9s de rumiar un poco el \u00faltimo trago de cerveza.<\/p>\n\n\n\n<p>\u2013\u00a1Bueno\u2026?<\/p>\n\n\n\n<p>\u2013\u00bfTe echaste perfume?<\/p>\n\n\n\n<p>\u2013No. En serio.<\/p>\n\n\n\n<p>\u2013S\u00ed, bueno, la m\u00e1scara de lucha libre.<\/p>\n\n\n\n<p>\u2013No puedo creer que sea normal que me aparezca en el bar con una m\u00e1scara y todo siga como si nada. No soy el subcomandante Marcos. No tengo la cara quemada. No soy una especie de Jason Voorhees. No soy un heavymetalero de 1983. No estamos en carnaval. No soy Rex, el corredor X. No soy un sicario adscrito a la n\u00f3mina de un comando policial. No entiendo esta normalidad.<\/p>\n\n\n\n<p>Y entonces Kiko, con un tenor de profeta indignado, de maestro inolvidable, de anciano sabio, de pol\u00edtico en campa\u00f1a, de sindicalista con la mano untada en plata, de pr\u00f3cer en decadencia, de fabulador moralizante, de hip\u00f3crita inmoral, de hombre comprometido en su lucha, de patriota desencantado, de soci\u00f3logo periqueado, de l\u00facido intelectual, de peluquero erudito, de borracho balbuceante, en fin, con una voz que no era la de \u00e9l pero que s\u00ed lo era porque hab\u00eda salido desde su enorme papada temblorosa, dijo:<\/p>\n\n\n\n<p>\u2013Me sorprende tu esc\u00e1ndalo sobre esa nimiedad. Oye esto con mucho cuidado antes de que me termine de emborrachar. En los vagones del Metro hay una ni\u00f1a que pide dinero con las dos manos que son un hueso pelado porque su pap\u00e1 le meti\u00f3 las manos en un fog\u00f3n por varias horas, y ese mismo padre es quien la manda a mendigar. Y la gente que oye el discurso de la ni\u00f1a sigue igual, inc\u00f3lume; algunos le ponen una moneda que resuena en el huesito fr\u00edo, pero en general nadie se sorprende. Es como si fuera normal, nadie le dice nada, nadie grita, nadie se pega un tiro, nadie destroza el vag\u00f3n, nadie llora, nadie alza la voz para preguntar d\u00f3nde vive ese maldito cabr\u00f3n de su pap\u00e1, nadie promueve un linchamiento, nadie interpela, nadie averigua, nadie nada y todos se bajan en la misma estaci\u00f3n de siempre. En medio de esta brutal normalidad lo \u00fanico que es capaz de sorprender a mis queridos conciudadanos <em>australopithecus<\/em> es que un vecino se juegue el n\u00famero 365 para la loter\u00eda de las 3 pm y salga el 563 para la loter\u00eda de las 4 pm. En este escenario, \u00bfqu\u00e9 te hace pensar que eres tan especial como para que te preguntemos por qu\u00e9 cargas esa m\u00e1scara de sadomasoquista? Pero pensemos en cosas que s\u00ed sorprenden a\u00fan y son dignas de celebrar; por ejemplo la cucaracha gigante que mat\u00e9 hoy. L\u00e1stima que no le tom\u00e9 una foto.<\/p>\n\n\n\n<p>\u2013En la oficina pensaron que me quem\u00e9 la cara \u2013le repliqu\u00e9 sin inter\u00e9s.<\/p>\n\n\n\n<p>\u2013Yo pens\u00e9 que hab\u00edas intentado robar un banco \u2013dijo Kiko.<\/p>\n\n\n\n<p>\u2013Yo pens\u00e9 que te estabas escondiendo de un acreedor \u2013dijo You (con pronunciaci\u00f3n castellana, llou), el barman y due\u00f1o del El ojo de oro.<\/p>\n\n\n\n<p>\u2013Puede que de modo inconsciente me est\u00e9 escondiendo de unos cuantos.<\/p>\n\n\n\n<p>\u2013Yo pens\u00e9 que era un cond\u00f3n para el sexo oral \u2013dijo Falc\u00f3n, un asiduo cliente del bar, y se empez\u00f3 a re\u00edr \u00e9l solo cual un genio incomprendido del chiste y del humor al que no se le pondera con justicia su ocurrente talento.<\/p>\n\n\n\n<p>\u2013Yo pens\u00e9 que estabas haciendo de extra para una pel\u00edcula gringa \u2013dijo otro.<\/p>\n\n\n\n<p>\u2013Yo pens\u00e9 que estabas trabajando para una empresa de fiestas infantiles \u2013dijo otro m\u00e1s.<\/p>\n\n\n\n<p>\u2013Yo pens\u00e9 que era como tener un sombrero, o una gorra \u2013dijo otro m\u00e1s all\u00e1.<\/p>\n\n\n\n<p>\u2013Yo no pens\u00e9 nada \u2013dijo otro m\u00e1s all\u00e1 de m\u00e1s all\u00e1. Y luego nadie dijo m\u00e1s nada porque m\u00e1s all\u00e1 se acababa el mundo. Aunque, seg\u00fan me hab\u00eda contado Kiko en sus fruct\u00edferas borracheras, en el s\u00f3tano de El ojo de oro, detr\u00e1s de la puerta que dec\u00eda \u201cNo pasar\u201d en letra r\u00fastica, m\u00e1s all\u00e1 de esos sanitarios (que de sanos no ten\u00edan nada y que m\u00e1s bien eran las riberas del Aqueronte) ocurr\u00edan cosas extra\u00f1as. Seg\u00fan \u00e9l y s\u00f3lo \u00e9l, all\u00ed se realizaban abortos pasaos (es decir, aquellos que se realizan despu\u00e9s de los ocho meses de gestaci\u00f3n e incluso despu\u00e9s del a\u00f1o o los dos a\u00f1os del nacimiento); que hab\u00eda un largo pasadizo que conduc\u00eda a la casona presidencial para \u2013seg\u00fan los tiempos\u2013 secuestrar a un mandatario o facilitar su fuga; que era un hotel para sacerdotes; que era un calabozo colonial donde estaba a\u00fan vivo el doctor Jos\u00e9 Gregorio Hern\u00e1ndez. Pero todo el verbo de Kiko era insuficiente para hacerme creer que ese s\u00f3tano com\u00fan y corriente (donde se amontonaba mercanc\u00eda, cajas viejas y nidos de ratas y cucarachas con los que Kiko se hubiese divertido hasta m\u00e1s no poder) fuese m\u00e1s que un simple cuartucho hediondo, plet\u00f3rico de moho. A menos que la imaginaci\u00f3n acertara a inventar algo que ya existiera, como a veces suele suceder.<\/p>\n","protected":false},"excerpt":{"rendered":"<p>Jes\u00fas Miguel Soto La segunda vez que us\u00e9 la m\u00e1scara de cuero no fue con fines sexuales, sino por el mero placer de sentir su suavidad templada sobre mi rostro. Me encontraba en mi pensi\u00f3n repasando las caricaturas dominicales de alg\u00fan peri\u00f3dico viejo. 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