{"id":16722,"date":"2024-12-14T13:49:00","date_gmt":"2024-12-14T18:19:00","guid":{"rendered":"https:\/\/eldienteroto.org\/wp49\/?p=16722"},"modified":"2025-07-14T14:05:50","modified_gmt":"2025-07-14T18:35:50","slug":"la-mesa","status":"publish","type":"post","link":"https:\/\/eldienteroto.org\/wp49\/la-mesa\/","title":{"rendered":"La mesa"},"content":{"rendered":"\n<h4 class=\"wp-block-heading has-text-align-right\">V\u00edctor Mosqueda<\/h4>\n\n\n\n<p>I<\/p>\n\n\n\n<p>Menos de diez a\u00f1os han pasado desde la \u00faltima vez que Mar\u00eda Elisa pis\u00f3 la casa de su madre, y tiene la impresi\u00f3n de que toda la humedad del mundo ha ido a caer a sus pisos de madera. Las tablas parecen paletas de helado ensalivadas y mordidas, hasta el punto de haber quedado como masas blandas y el\u00e1sticas. Han dejado de crujir bajo los pies y, al caminar sobre ellas, los zapatos resbalan sobre el moho acumulado. El papel tapiz de las paredes ha perdido su dise\u00f1o y ahora parece un maquillaje corrido tras a\u00f1os de llanto d\u00e9bil pero sin consuelo, justo como se imagina ella que ha sido el llanto de su madre durante todos esos a\u00f1os de abandono autoinfligido. Justo como lo fue el suyo durante todo el tiempo que vivi\u00f3 all\u00ed.<\/p>\n\n\n\n<p>Dos semanas atr\u00e1s hab\u00eda recibido una llamada de su madre. Mar\u00eda Clara siempre hab\u00eda sido una mujer parsimoniosa, de un humor acuoso y grueso, pero esa ma\u00f1ana le habl\u00f3 r\u00e1pido, pues sab\u00eda que Mar\u00eda Elisa pod\u00eda colgarle en cualquier momento. Le asegur\u00f3 que le quedaban no m\u00e1s de seis semanas de vida, y le pidi\u00f3 que se mudara con ella, para compartir sus \u00faltimos d\u00edas.<\/p>\n\n\n\n<p>Mar\u00eda Elisa sab\u00eda que su madre era hipocondr\u00edaca desde siempre, y que sent\u00eda la necesidad continua de predecir su muerte, que nunca llegaba. Tambi\u00e9n sab\u00eda que el verdadero prop\u00f3sito detr\u00e1s de esa petici\u00f3n era tenerla en casa el tiempo suficiente para legarle aquella maldita mesa, que Mar\u00eda Elisa hab\u00eda jurado no volver a mirar. As\u00ed que la ignor\u00f3 y colg\u00f3 el tel\u00e9fono.<\/p>\n\n\n\n<p>Tres d\u00edas despu\u00e9s le lleg\u00f3 una carta donde su madre le repet\u00eda el mensaje. La quem\u00f3 hasta su \u00faltima fibra. Esa noche baj\u00f3 la niebla a su casa por primera vez desde que el invierno hab\u00eda empezado. A la ma\u00f1ana siguiente Emily correte\u00f3 entre los pasillos llenos de nubes bajas y se fue a la escuela. Mar\u00eda Elisa aprovech\u00f3 la ausencia de Emily para acostarse en el piso, qued\u00e1ndose dormida casi al momento de apoyar la cabeza sobre el suelo. Al despertar, media hora m\u00e1s tarde, llam\u00f3 a su madre por primera vez en m\u00e1s de cinco a\u00f1os y le confirm\u00f3 que se mudar\u00eda con ella al final de la siguiente semana.<\/p>\n\n\n\n<p>Cuando se levant\u00f3 del suelo y subi\u00f3 a su habitaci\u00f3n, el calor le fue regresando de a poco al cuerpo, y ya no se sinti\u00f3 tan segura de lo que hab\u00eda hecho. En la tarde, cuando el sol hab\u00eda disipado hasta el \u00faltimo rastro de la niebla, pens\u00f3 que hab\u00eda tomado la peor decisi\u00f3n de su vida. Ahora, entrando de nuevo en ese lugar que representaba todo lo que no quer\u00eda, no puede dejar de pensar que esa mudanza terminar\u00e1 de destruir el v\u00ednculo entre ella y Emily y acabar\u00e1 con sus vidas.<\/p>\n\n\n\n<p>A diferencia de la casa de Mar\u00eda Elisa, aqu\u00ed el calor es sofocante y todo parece siempre estar a punto de bullir, y en la piel descubierta se siente un vapor h\u00famedo y caliente que se mezcla con el sudor y se pega como grasa, volviendo a los d\u00edas lentos y pesados.<\/p>\n\n\n\n<p>Sin Mar\u00eda Elisa trabajando todo el d\u00eda para mantener la casa viva, como anta\u00f1o, y con su madre cada vez m\u00e1s desorientada y desolada, aquel lugar se estaba cayendo a pedazos. Ya no le extra\u00f1aba que su madre hablara de una muerte pr\u00f3xima. Si no era Mar\u00eda Clara la que mor\u00eda, ser\u00eda la casa la que exhalar\u00eda su \u00faltimo aliento en cualquier instante, dejando al que estuviera adentro aplastado por una tonelada de basura podrida.<\/p>\n\n\n\n<p>No bien pone el primer pie en la casa, Mar\u00eda Elisa se promete que no se quedar\u00e1 all\u00ed m\u00e1s de un mes y se promete que no se dejar\u00e1 permear por los delirios de su madre. Se acaricia el vientre, rogando poder escapar, poder regresar a su propia casa, antes de que su nuevo hijo nazca. A\u00fan faltan un par de semanas para sumar siete meses de embarazo, pero le aterra la idea de un parto prematuro. No puede permitir que Mar\u00eda Clara le vea al menos una sola vez la cara. Su hijo nunca la conocer\u00e1. Nunca permitir\u00e1 que su madre le augure una muerte temprana. Al menos no una vez que estuviese vivo.<\/p>\n\n\n\n<p>Cierra los ojos desde el umbral de la puerta y casi puede ver a su mam\u00e1 acostada encima de la mesa, abraz\u00e1ndola como si fuera los hijos que perdi\u00f3, el esposo que perdi\u00f3, la vida que perdi\u00f3, noche tras noche, envuelta en un sopor que no le permite pasar m\u00e1s de dos horas despierta ni m\u00e1s de una dormida. Mar\u00eda Elisa intenta jurarse a s\u00ed misma que una vez muera su madre, incendiar\u00e1 la mesa hasta sus cimientos. Es un juramento que ha empezado mil veces desde ni\u00f1a, pero siempre le ha faltado la convicci\u00f3n para completarlo.<\/p>\n\n\n\n<p>Mar\u00eda Elisa finalmente cruza el umbral, con Emily tomada fuertemente de la mano. Su madre apenas las hab\u00eda mirado al llegar y se hab\u00eda largado, con su paso lento, al piso superior, evadiendo sus preguntas sobre la gesti\u00f3n de la mudanza. Mar\u00eda Elisa atraviesa el corto pasillo del recibidor, entra a la cocina y sale al comedor por la segunda puerta. All\u00ed se encuentra frente a frente con la mesa, intacta, como un sue\u00f1o m\u00f3rbido que regresa cada noche, en medio de una casa que se doblega por la humedad y el calor. Los miedos de Mar\u00eda Elisa permanecen intactos, y Emily, que siente el sudor y el temblor de las manos de su madre, sube la mirada para encontrarse con sus ojos, y al verlos rojos y h\u00famedos, tambi\u00e9n teme.<\/p>\n\n\n\n<p>II<\/p>\n\n\n\n<p>Las primeras dos semanas las pasa limpiando la casa y tratando de rescatarla de la humedad. No es una tarea sencilla y ello le permite evitar lo m\u00e1s posible a Mar\u00eda Clara. Aunque tambi\u00e9n descuida a Emily, que se la pasa, igual que su abuela, la mitad del d\u00eda durmiendo, la otra tratando de vencer al calor y al aburrimiento, en una casa donde correr no es una opci\u00f3n y donde imaginar mundos mejores tampoco resulta posible.<\/p>\n\n\n\n<p>La televisi\u00f3n no funciona muy bien y de cualquier forma no tiene los canales que Emily suele mirar. La radio funciona perfectamente, pero es algo que la ni\u00f1a no puede siquiera sospechar, pues permanece guardada en un armario dentro del cuarto de Mar\u00eda Clara, quien tiene al menos unos tres a\u00f1os sin encenderla. Los juguetes que se ha tra\u00eddo desde su casa han absorbido la humedad en menos de una semana y ya Emily no siente demasiadas ganas de utilizarlos. Por la mudanza han dejado a medias el a\u00f1o escolar y Mar\u00eda Elisa decide no inscribirla en colegio alguno, para no sentir tentaci\u00f3n de quedarse m\u00e1s tiempo del que sea estrictamente necesario.<\/p>\n\n\n\n<p>Despu\u00e9s de dos semanas de trabajar en su limpieza y reparaci\u00f3n, la casa luce un poco m\u00e1s presentable y el olor a humedad se ha disipado en buena medida. La madera del piso sigue peligrosamente blanda, pero Mar\u00eda Elisa ha reforzado al menos los lugares m\u00e1s riesgosos. El calor, sin embargo, sigue igual de fuerte y la humedad, ya lejos de las paredes, se pega con m\u00e1s presteza a la piel. Mar\u00eda Elisa debe ba\u00f1arse al menos unas tres veces al d\u00eda, y aun as\u00ed se acuesta sintiendo que su cuerpo es pega s\u00f3lida. Emily ha empezado a sentirse m\u00e1s en ambiente y ahora se la ve dando trotes ligeros por la casa y jugando a atrapar mariposas en el jard\u00edn. Todo, en aquel lugar, luce menos deprimente que a su llegada. Pero el reparar y limpiar la casa, el tener a Emily contenta un tercio del d\u00eda lo \u00fanico que consigue es volver m\u00e1s evidente el estado de abandono de Mar\u00eda Clara.<\/p>\n\n\n\n<p>Pod\u00eda pasar hasta cuatro d\u00edas con el mismo vestido, acumulando sudores y malos olores sobre un cuerpo tan delgado y pobre de fuerzas que ahora Mar\u00eda Elisa empezaba a creer que su madre realmente ten\u00eda la muerte cerca. Su rostro luc\u00eda demacrado y sus ojos miraban fatigada y lentamente las cosas, como si ya no quisieran volver a mirar nada m\u00e1s jam\u00e1s. Mar\u00eda Elisa le serv\u00eda la comida tres veces al d\u00eda, y tres veces al d\u00eda apenas la probaba. Casi no hab\u00edan hablado desde que llegaron y eso extra\u00f1aba a Mar\u00eda Elisa.<\/p>\n\n\n\n<p>Ella esperaba que su madre intentara venderle todos sus delirios no bien hubiera puesto la primera maleta sobre su piso mohoso, pero la verdad es que Mar\u00eda Clara apenas las hab\u00eda saludado al llegar. Parec\u00eda haber olvidado que su hija ven\u00eda a vivir con ella y que tra\u00eda consigo a su \u00fanica nieta, a quien no hab\u00eda conocido, y que en su vientre llevaba al que ser\u00eda su nieto, a quien probablemente no conocer\u00eda, si sus c\u00e1lculos sobre lo que le&nbsp; quedaba de vida eran correctos. Cuando el cami\u00f3n de la mudanza se hab\u00eda marchado de la casa y Mar\u00eda Elisa termin\u00f3 de arreglar sus cajas y maletas en la que antes fuera su habitaci\u00f3n, fue al cuarto de su madre esperando encontrarla en disposici\u00f3n para convencerla de cualquier cosa. No la encontr\u00f3 y baj\u00f3 las escaleras, solo para descubrirla durmiendo encima de la mesa, con un pie y un brazo sobre ella y los otros colgando en el piso. A lo largo de los siguientes d\u00edas Mar\u00eda Clara lleg\u00f3 a dormir sobre su propia cama apenas un pu\u00f1ado de veces. El resto del tiempo se la ve\u00eda sobre la mesa, primero orando y luego completamente dormida con los labios pegados a la madera y los m\u00fasculos tensos en un intento de no soltarla.<\/p>\n\n\n\n<p>Llevan dos semanas en aquel lugar y Emily ha tenido el tiempo suficiente de observar a su abuela. Esa noche le pregunta a su madre por qu\u00e9 la abuela nunca le dirige la palabra y en cambio siempre habla con la mesa hasta quedarse dormida. Por qu\u00e9 nunca la besa a ella, pero s\u00ed a la mesa. Por qu\u00e9 no la dejan usar la mesa para dibujar, por qu\u00e9 nadie come sobre la mesa, por qu\u00e9 la abuela llora sobre la mesa todo el d\u00eda y luego camina triste y callada por la casa.<\/p>\n\n\n\n<p>Mar\u00eda Elisa siente el temor subirle a la garganta, tal como si de nuevo fuera una ni\u00f1a. Se atraganta en un intento de improvisar justificaciones falsas para la abuela. No logra decir nada coherente y se muerde la lengua para no decir lo que sucede en realidad. Piensa en el da\u00f1o que le har\u00eda a Emily saber sobre el linaje de mujeres obsesionadas con aquella mesa que le corr\u00eda por la sangre.<\/p>\n\n\n\n<p>Cientos de mujeres hab\u00edan custodiado aquella mesa si Mar\u00eda Clara dec\u00eda la verdad. Cientos de mujeres se hab\u00edan legado entre s\u00ed aquella mesa a trav\u00e9s de una l\u00ednea estrictamente matriarcal, porque todos los hombres que acompa\u00f1aban a esas mujeres ten\u00edan como destino inevitable la muerte, que deb\u00eda ser, por dem\u00e1s, tr\u00e1gica y dolorosa. Era parte de la maldici\u00f3n de aquella mesa, aunque usar esa palabra se considerase her\u00e9tico para cualquiera de ellas. Todas las mujeres sab\u00edan que el legado de aquella mesa era una bendici\u00f3n, muy a pesar de las muertes que la rodeaban.<\/p>\n\n\n\n<p>La raz\u00f3n era sencilla. La primera mujer que tuvo en su poder aquella mesa hab\u00eda sido Mar\u00eda, la madre de Cristo, pues precisamente hab\u00eda sido Jesucristo quien hab\u00eda tallado el \u00e1lamo de donde la mesa sali\u00f3. Mar\u00eda Elisa hab\u00eda escuchado esa historia un centenar de veces y todav\u00eda no sab\u00eda qu\u00e9 pensar sobre ella. Nunca conoci\u00f3 a su padre, pues muri\u00f3 poco antes de que ella naciera y nunca conoci\u00f3 a ninguno de sus tres hermanos, pues todos murieron tambi\u00e9n muchos a\u00f1os antes de su nacimiento. Cuatro hombres de su pasada familia hab\u00edan muerto de forma atroz por factores que ella siempre quiso pensar fortuitos, por factores que ella siempre se neg\u00f3 a creer que ten\u00edan que ver con ese pedazo viejo de madera. Pero ahora tambi\u00e9n su esposo estaba muerto y ella llevaba en su vientre a un var\u00f3n, y la acosaban las ideas de que el embrujo de la mesa fuera real, y no pudiera verlo crecer sano y feliz, o cuando menos enfermo y triste.<\/p>\n\n\n\n<p>En medio de esas reminiscencias, de esas dudas, de esos augurios, Mar\u00eda Elisa rompe a llorar, muy suavemente, conteniendo la respiraci\u00f3n, abriendo de m\u00e1s los ojos, la sonrisa, para fingir que nada pasa, tratando de ocultar de los ojos de Emily el terror que la congela. Su hija, sin embargo, entiende que no es buena idea preguntar por la abuela o por aquella mesa, y deja a su madre sola, para que llore sin sentir verg\u00fcenza. Se va a correr al pasillo que lleva al recibidor, uno de los pocos espacios que todav\u00eda no parecen estar a un mal paso de derrumbarse.<\/p>\n\n\n\n<p>El coraz\u00f3n de Mar\u00eda Elisa, en cambio, est\u00e1 absolutamente derrumbado. Con los ojos llenos de l\u00e1grimas, y sin darse demasiada cuenta, toma una de las sillas de la mesa, se sienta y empieza a orar.<\/p>\n\n\n\n<p>III<\/p>\n\n\n\n<p>Esa noche, Mar\u00eda Elisa sue\u00f1a que es una ni\u00f1a nuevamente y que su padre, del que no guarda ning\u00fan recuerdo, a\u00fan est\u00e1 vivo. El hombre que deb\u00eda de ser su padre luce id\u00e9ntico a Jesucristo y Mar\u00eda Elisa lo ve tallando un tronco grues\u00edsimo para hacer una mesa. La niebla cubre toda la casa y un fr\u00edo inusitado se siente en las paredes, cuyo papel tapiz ha vuelto a mostrar su dise\u00f1o original.<\/p>\n\n\n\n<p>Mar\u00eda Elisa le pregunta a su padre si todas las historias que su mam\u00e1 le ha contado sobre aquella mesa son ciertas. Su padre se quita la franela, llena de aserr\u00edn y sudor, y en su pecho se ven veinte agujeros de bala. Metiendo el dedo en uno de ellos le pregunta si a ella le parece que eso luce como un simple cuento o como algo real. Mar\u00eda Elisa no puede evitar llorar. Se lanza al piso boca abajo, para ocultarse en la niebla, y en el fondo escucha a su padre y a su madre discutir. El sonido le llega como un hilo desgastado y tiene que poner todo su empe\u00f1o en descifrar los susurros.<\/p>\n\n\n\n<p>Mar\u00eda Clara le reclama a su padre no tener fe suficiente para la encomienda que le fue puesta. El hombre se queja diciendo que a \u00e9l le ha tocado la parte m\u00e1s dif\u00edcil. Seguir viviendo en esa familia, a sabiendas de que le esperaba una muerte dolorosa, era una muestra de su absoluta entrega, pero cre\u00eda que ya ten\u00edan demasiado con dos hijos varones muertos como para intentar concebir otro.<\/p>\n\n\n\n<p>Mar\u00eda Clara le recuerda que no pueden parar hasta no tener una mujer. El mensaje es claro. Cada mujer legar\u00e1 la mesa a su primera hija, hasta que alguna de ellas d\u00e9 a luz al var\u00f3n donde el alma de Cristo volver\u00e1 a nacer para la salvaci\u00f3n de la humanidad. Mientras no nazca un var\u00f3n lo suficientemente puro, todos los hombres que rodeen a esa mesa deben morir, dolorosamente, como Cristo. Si no intentan tener un nuevo hijo, si no se aseguran de tener una ni\u00f1a, la cadena se romper\u00e1 y el mundo estar\u00eda condenado.<\/p>\n\n\n\n<p>El padre le grita, desesperado, que no pretende arriesgarse a que ella vuelva a quedar embarazada de un var\u00f3n y ver c\u00f3mo muere a los pocos a\u00f1os. Le muestra sus heridas de bala y le pregunta si eso es lo que quiere para sus hijos. Mar\u00eda Clara vuelve a recriminarle su falta de fe, y Mar\u00eda Elisa no lo soporta m\u00e1s. Se levanta del suelo exigi\u00e9ndole a ambos que se callen, para encontrarse en el medio de su propia casa, sin ninguno de sus padres presentes. Al fondo, en direcci\u00f3n a la cocina, ve al feto de su futuro hijo, clavado en una cruz, con la cabeza coronada de espinas. Mar\u00eda Elisa se despierta atragantada con su propia saliva. Tarda m\u00e1s de un minuto en darse cuenta de que se ha quedado dormida sobre la mesa.<\/p>\n\n\n\n<p>Va a la cocina con el coraz\u00f3n acelerado para buscar algo con qu\u00e9 secar la saliva que ha dejado caer sobre la tabla de la mesa. Piensa en lo que le har\u00eda su madre si sabe que la ha ensuciado y empieza a temblar. Su cuerpo sigue hundido a medias en el sopor y de pronto recuerda lo que ha so\u00f1ado.<\/p>\n\n\n\n<p>Se toca el vientre y encuentra a su beb\u00e9 todav\u00eda all\u00ed, descansando tranquilamente. De pronto se siente est\u00fapida. Nada la obliga a limpiar aquella mesa. Ya no es una ni\u00f1a y no tiene por qu\u00e9 seguir las \u00f3rdenes de su mam\u00e1, ni mucho menos creer sus historias. Cuando sali\u00f3 de esa casa, casi diez a\u00f1os atr\u00e1s, lo hizo con la convicci\u00f3n de borrar todas sus antiguas creencias.<\/p>\n\n\n\n<p>Roberto, su esposo, hab\u00eda aparecido all\u00ed una tarde. Mar\u00eda Elisa estaba cerca de sus treinta a\u00f1os y ya hab\u00eda perdido toda esperanza de formar una pareja, y se resignaba a morir sin salir de aquel lugar. Roberto era ingeniero, pero los fines de semana caminaba junto a sus hermanos mormones, tocando puerta por puerta, en b\u00fasqueda de alg\u00fan alma con \u00e1nimos de escuchar su mensaje. Mar\u00eda Elisa estaba tan urgida de creer en cualquier cosa diferente que no opuso la menor resistencia. Tras dos a\u00f1os de una relaci\u00f3n, tensa por el control que Mar\u00eda Clara todav\u00eda ejerc\u00eda sobre su hija, Mar\u00eda Elisa y Roberto se casan y se van a vivir juntos a un estado diferente. Dos a\u00f1os despu\u00e9s conciben a Emily, y a poco m\u00e1s de seis a\u00f1os de su nacimiento, conciben al beb\u00e9 que ahora Mar\u00eda Elisa lleva en su vientre. Cuatro meses m\u00e1s tarde Roberto muere calcinado por una fuga de vapor de una caldera que reparaba. Mar\u00eda Elisa decide, en ese momento, que no creer\u00e1 en nada m\u00e1s jam\u00e1s.<\/p>\n\n\n\n<p>Ahora, de pie frente a los estantes de la cocina, con la mano sobre el vientre, siente un soplo de esperanza y recuerda su convicci\u00f3n. No le importa si su saliva destruye aquella mesa. Tampoco le importa si la hace sobrevivir cuatro siglos m\u00e1s. No necesita destruir algo en lo que no cree. Tampoco necesita protegerlo. Se siente est\u00fapida por la ansiedad que ha mostrado todos esos d\u00edas. Se siente est\u00fapida por haber orado esa noche despu\u00e9s de tanto tiempo sin hacerlo. Se siente est\u00fapida por las pesadillas que le propina su cerebro. Pero sabe que no es m\u00e1s que el efecto de una mala administraci\u00f3n emocional, y no va a permitir que eso la contin\u00fae dominando.<\/p>\n\n\n\n<p>Sube a su habitaci\u00f3n y encuentra a Emily dormida en su cama. Se agacha para cambiarla a la de ella, pero se detiene y prefiere acostarse a su lado. No tarda en quedarse dormida y el resto de la noche la termina sin so\u00f1ar en nada. Se levanta convencida de que todo estar\u00e1 mejor.<\/p>\n\n\n\n<p>IV<\/p>\n\n\n\n<p>Mar\u00eda Elisa hab\u00eda olvidado por completo que tres d\u00edas atr\u00e1s ten\u00eda una cita programada con su obstetra para el seguimiento de su embarazo. Es la primera ma\u00f1ana que se despierta con un humor sangu\u00edneo y ello le permite olvidarse por un momento del moho, la madera del piso y el grado de deterioro de su madre. En ese estado flotante de tranquilidad recuerda la cita y la llama para disculparse y reprogramar otra. La doctora le dice que ese mismo d\u00eda puede atenderla si llega a mediados de tarde.<\/p>\n\n\n\n<p>Llegar a su cl\u00ednica, a la ciudad donde Mar\u00eda Elisa ha vivido los \u00faltimos a\u00f1os, toma unas tres horas, de modo que acepta. No bien ha colgado la llamada con la doctora, se comunica con una l\u00ednea de taxis para que vengan por ella al mediod\u00eda.<\/p>\n\n\n\n<p>Emily est\u00e1 jugando con una mu\u00f1eca algo llena de humedad cuando llega su madre para informarle del viaje que tendr\u00e1n ese d\u00eda. La ni\u00f1a se niega. No quiere ir y Mar\u00eda Elisa no puede entender por qu\u00e9, pues desde que llegaron a ese sitio Emily no ha hecho m\u00e1s que preguntarle cu\u00e1ndo regresan a casa. Mar\u00eda Elisa le recalca que no es algo opcional y Emily vuelve a negarse, ahora con m\u00e1s intensidad, y sube corriendo a su cuarto. Mar\u00eda Elisa va detr\u00e1s de ella y se encuentra con su madre en el pasillo que da a las habitaciones.<\/p>\n\n\n\n<p>Mar\u00eda Clara le dice que puede cuidar de su nieta mientras ella va a la cl\u00ednica. Mar\u00eda Elisa se r\u00ede y le recuerda que desde su llegada ni siquiera ha mirado a Emily. Le asegura que no la dejar\u00e1 a su cargo y abre la puerta del cuarto donde ha entrado la ni\u00f1a, pero ahora se ha desconcentrado. Tiene la mente dividida entre la confusi\u00f3n de por qu\u00e9 su hija se niega a viajar con ella y la indignaci\u00f3n de que su madre le ofrezca ayuda despu\u00e9s de dos semanas sin intercambiar m\u00e1s que las palabras necesarias. Emily ha escuchado la conversaci\u00f3n y le pide a su madre quedarse con su abuela.<\/p>\n\n\n\n<p>El resto de confusi\u00f3n de Mar\u00eda Elisa se torna tambi\u00e9n en indignaci\u00f3n y siente que su hija la traiciona al pedirle algo como eso. Sin reflexionarlo un solo segundo, toma su cartera, sale del cuarto, baja las escaleras, sale de la casa y camina dos cuadras hasta encontrarse con un taxi, al que le da la direcci\u00f3n de la cl\u00ednica. Toma camino, m\u00e1s de dos horas antes de lo planificado, a la ciudad de donde no debi\u00f3 salir.<\/p>\n\n\n\n<p>El viaje se hace r\u00e1pido y Mar\u00eda Elisa llega a la hora del almuerzo. Come algo en el cafet\u00edn, pero ahora que est\u00e1 en ese lugar no puede dejar de pensar en su casa, que ha estado vac\u00eda las \u00faltimas semanas. Sabe que todav\u00eda cuenta con cuatro horas antes de que sea el momento de su consulta, as\u00ed que decide ir a casa. Si pasa antes por un supermercado, all\u00ed podr\u00eda cocinar algo m\u00e1s nutritivo que lo que ha encontrado en el cafet\u00edn. Tambi\u00e9n podr\u00eda descansar un poco y regresar a tiempo a la cl\u00ednica.<\/p>\n\n\n\n<p>Una vez llega a casa, siente el fr\u00edo acumulado, y aunque no hay rastros de niebla en ninguna parte, se acuesta en el piso para relajarse e inmediatamente se queda dormida. Cuando despierta, llueve a c\u00e1ntaros y todo est\u00e1 oscuro. Mira su reloj y nota que han pasado dos horas desde la medianoche. El primer pensamiento que le cruza por la mente es Emily y teme por lo que le puede haber pasado estando al cuidado de su madre. Se le hace un nudo en el est\u00f3mago y toma el tel\u00e9fono para llamar un taxi, que diez minutos m\u00e1s tarde est\u00e1 parado frente a la puerta de su casa. Llega a donde su mam\u00e1 cuando ya el d\u00eda est\u00e1 empezando a aclarar.<\/p>\n\n\n\n<p>Tiene la boca seca, el hambre la retuerce y todas esas sensaciones vienen a unirse a un terror de encontrar a su hija muerta por inanici\u00f3n o desangrada por alguna estaca de madera del piso clavada en su abdomen. Cruza el pasillo del recibidor, entra en la cocina por la primera puerta y sale por la segunda para quedar de frente al comedor. All\u00ed encuentra a su hija, dormida sobre la mesa, y a su madre dormida sobre una silla junto a ella. Mar\u00eda Elisa empieza a respirar muy agitada y siente un grito atorado en el cuello, que no logra sacar.<\/p>\n\n\n\n<p>Se acerca a Mar\u00eda Clara y la bate fuertemente por los hombros sin decir palabra alguna. Su madre se despierta sobresaltada y Mar\u00eda Elisa le se\u00f1ala a su hija dormida sobre la mesa, mientras le hace ademanes recriminatorios. No quiere despertar a su hija, pero sabe que si intenta confrontar a su madre terminar\u00e1 gritando en alg\u00fan momento. En silencio, le da la espalda a su mam\u00e1 y empieza a cargar a Emily para llevarla a su cama. Cuando por fin logra levantarla por completo, Emily abre los ojos. Se aprieta con fuerza a los hombros de su mam\u00e1, dispuesta a dormirse de nuevo, cuando termina de notar que es su madre quien la lleva en brazos, y va volviendo poco a poco a la consciencia. Al despertarse, mira a los lados y sus ojos se tropiezan con los de su abuela y luego con la mesa. Apenas la mira, Emily empieza a llorar desconsoladamente y su pecho se contrae y dilata r\u00e1pidamente, mientras respira sin control y se\u00f1ala asustada la mesa, como si la viera incendiarse.<\/p>\n\n\n\n<p>Mar\u00eda Elisa trata de consolarla al tiempo que la interroga, pero Emily no puede pronunciar nada inteligible ahora que el llanto ha arreciado. Mar\u00eda Clara mira a su hija y a su nieta con el ce\u00f1o fruncido y le confiesa a Mar\u00eda Elisa, en pocas palabras, que el llanto de Emily se debe a que, en su ausencia, ella le cont\u00f3 toda la verdad sobre la mesa. Le hab\u00eda dicho que su padre, su abuelos, sus t\u00edos hab\u00edan muerto por el designio de la mesa, de la misma forma que el hermano que su madre llevaba en el vientre lo har\u00eda. No escatim\u00f3 en detalles y cuando el temor de Emily se manifest\u00f3 en forma de llanto, Mar\u00eda Clara no encontr\u00f3 otra manera de calmarla que ense\u00f1\u00e1ndole a orar sobre la mesa. Despu\u00e9s de m\u00e1s de una hora de llanto Emily se hab\u00eda quedado dormida acostada sobre ella hasta el momento en que su madre la levant\u00f3 de all\u00ed.<\/p>\n\n\n\n<p>Mar\u00eda Clara se afirma a s\u00ed misma que ha hecho lo correcto y que lo volver\u00eda a hacer de ser necesario. Mar\u00eda Elisa siente ganas de obligarla a masticar la mesa, pero en ese momento el llanto de su hija ocupa la mayor parte de su atenci\u00f3n. Se lleva a Emily al piso superior y all\u00ed trata de calmarla sin demasiado \u00e9xito. Lo \u00faltimo que se le ocurre es decirle que aquella mesa no las lastimar\u00e1, porque ese mismo d\u00eda la volver\u00edan trizas.<\/p>\n\n\n\n<p>Mar\u00eda Elisa deja a Emily cambi\u00e1ndose de ropa en su cuarto y baja para encontrarse a su madre orando sobre la mesa. Con la voz baja, pero con ademanes de grito, la insulta y le jura que en ese mismo momento saldr\u00e1 con Emily a una ferreter\u00eda para comprar un hacha o cualquier cosa con la que puedan volver pedazos aquella mesa y as\u00ed acabar con su maldici\u00f3n de una vez por todas. Mar\u00eda Clara le ruega que se detenga, que piense bien las cosas, pero Mar\u00eda Elisa est\u00e1 decidida. Una vez su hija se ha vestido, sale con ella a la calle. La certeza de que destruir\u00e1n la mesa juntas la tiene en tensa calma, pero Emily no deja de preguntarle, cada cinco minutos, alguna nueva cosa sobre el maleficio de aquella mesa. Mar\u00eda Elisa le jura que una vez la destruyan, su hermano vivir\u00e1 para siempre y ella no deber\u00e1 temer nada.<\/p>\n\n\n\n<p>Dos horas m\u00e1s tarde regresan a la casa con un serrucho, una segueta, un hacha, keroseno, encendedores, dispuestas a tomar el asunto en sus manos. Al cruzar la segunda puerta de la cocina encuentran a Mar\u00eda Clara muerta sobre la mesa.<\/p>\n\n\n\n<p>V<\/p>\n\n\n\n<p>Es la noche despu\u00e9s del funeral y la \u00faltima que pasar\u00e1n Mar\u00eda Elisa y Emily en ese lugar. Ya tienen sus cajas y maletas recogidas para regresar a su hogar y a la ma\u00f1ana siguiente solo les queda esperar al cami\u00f3n de la mudanza. Mar\u00eda Elisa deber\u00e1 volver un par de veces m\u00e1s a aquel lugar para gestionar todos los tr\u00e1mites sucesorales y vender la casa de su mam\u00e1. Una vez cumpla con todos los procedimientos, podr\u00e1 olvidarse para siempre de ese sitio. Espera tener la voluntad para deshacerse de la mesa antes de que llegue ese \u00faltimo d\u00eda. Pero no se enga\u00f1a. Probablemente termine contratando a alguien para destruirla, o la regale a cualquier incauto.<\/p>\n\n\n\n<p>Han sido agotadores los \u00faltimos d\u00edas y Emily los ha sobrellevado con una inusitada madurez. Mar\u00eda Elisa la lleva a su habitaci\u00f3n y la deja sobre su cama. Cuando ve que se ha dormido, baja al comedor.<\/p>\n\n\n\n<p>Se sienta en una de las sillas y trata de rehacer los eventos de los \u00faltimos d\u00edas. No deja de pensar que su madre ha muerto a voluntad para llenarla de culpa y hacerle m\u00e1s dura su tarea de acabar con el legado de sus delirios. Pero sabe que no es posible detener el cuerpo a voluntad y entonces siente que no aprovech\u00f3 esos \u00faltimos d\u00edas para propiciar una reconciliaci\u00f3n. Ahora ella es mucho m\u00e1s madura emocional e intelectualmente de lo que era antes de irse a vivir con Roberto. Pudo haber usado esos a\u00f1os de aprendizaje para convencer a su madre de abandonar sus ideas, por lo menos antes de morir. Pero no lo intent\u00f3 siquiera.<\/p>\n\n\n\n<p>Todos los caminos la llevan a la culpabilidad. Se le aguan los ojos, pero Mar\u00eda Elisa los enjuga antes de que puedan derramarse. No quiere llorar m\u00e1s pensando en su madre y no quiere continuar con los mismos c\u00edrculos viciosos ahora que ha muerto.<\/p>\n\n\n\n<p>Entra al lavandero y saca de all\u00ed el hacha que compr\u00f3 d\u00edas atr\u00e1s. Se dirige con convicci\u00f3n a la mesa, dispuesta a sacarla para siempre de su vida. Ya frente a ella levanta el hacha lo m\u00e1s que puede y la deja caer sobre la tabla en un solo y certero golpe, que suena como un disparo ahogado por la distancia. Le sobreviene una fuerte taquicardia al ver el hacha clavada sobre la mesa y se siente en medio de un sue\u00f1o. Cientos de recuerdos pasan frente a sus ojos y no puede contenerlos ni entenderlos. Cae arrodillada al piso, llorando y, desde all\u00ed, trata de sacar el hacha de la madera.<\/p>\n\n\n\n<p>Se levanta y pasa la mano sobre la herida en la mesa, como si la acariciara. Se acuesta de medio lado sobre la mesa, y con los ojos nublados por las l\u00e1grimas empieza a golpearse el vientre con todas sus fuerzas, una y otra vez, una y otra vez. A medio camino de las escaleras, Emily, enfundada en sus piyamas, la mira sin poderse mover.<\/p>\n\n\n\n<h4 class=\"wp-block-heading has-text-align-right\"><a href=\"https:\/\/eldienteroto.org\/wp49\/victor-mosqueda\/\" target=\"_blank\" rel=\"noreferrer noopener\">Sobre el autor<\/a><\/h4>\n\n\n\n<h6 class=\"wp-block-heading\">Publicado en: https:\/\/surcandoediciona.wordpress.com<\/h6>\n","protected":false},"excerpt":{"rendered":"<p>V\u00edctor Mosqueda I Menos de diez a\u00f1os han pasado desde la \u00faltima vez que Mar\u00eda Elisa pis\u00f3 la casa de su madre, y tiene la impresi\u00f3n de que toda la humedad del mundo ha ido a caer a sus pisos de madera. 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