{"id":16697,"date":"2025-07-07T15:51:00","date_gmt":"2025-07-07T20:21:00","guid":{"rendered":"https:\/\/eldienteroto.org\/wp49\/?p=16697"},"modified":"2025-07-13T13:53:46","modified_gmt":"2025-07-13T18:23:46","slug":"vuelta-a-lo-regional","status":"publish","type":"post","link":"https:\/\/eldienteroto.org\/wp49\/vuelta-a-lo-regional\/","title":{"rendered":"Vuelta a lo regional"},"content":{"rendered":"\n<h4 class=\"wp-block-heading has-text-align-right\">Domingo Miliani<\/h4>\n\n\n\n<p>Cuando Uslar Pietri regresa de Europa, lo hace f\u00edsica y mentalmente. Es el retorno a la tierra y a su hombre como sustancias que alimentan los nuevos prop\u00f3sitos creadores. El surrealismo hab\u00eda llegado a su \u00e9poca de lujo; la revista <em>Minotaure <\/em>circulaba en sus primeras entregas. A poco vendr\u00eda la exposici\u00f3n de Par\u00eds y el r\u00e9quiem por la existencia del movimiento.<\/p>\n\n\n\n<p>La Cuarta Internacional Trotskista provoc\u00f3 la diseminaci\u00f3n de numerosos miembros. Bret\u00f3n quedar\u00e1 como una isla para escribir tres a\u00f1os despu\u00e9s el epitafio. La Segunda Guerra Mundial abre una etapa distinta. Las teor\u00edas existencialistas, preexistentes desde la primera post-guerra, cobran br\u00edos y se empe\u00f1an en conquistar al poco tiempo, dentro de la resistencia, el lugar prominente en las ideolog\u00edas europeas. Una literatura del desencanto, del pesimismo, de la soledad, del nihilismo, invade el Viejo Continente. La novela norteamericana de los 30 empieza a ejercer influencia en italianos, franceses, y algunos contad\u00edsimos latinoamericanos.<\/p>\n\n\n\n<p>La mayor\u00eda de \u00e9stos, esperan que los vecinos pr\u00f3ximos sean descubiertos y reconocidos antes por los parientes ricos de la cultura europea. En este fen\u00f3meno la contribuci\u00f3n mayor fue el sentimiento antiimperialista que reg\u00eda las literaturas iberoamericanas de entonces; sentimiento que indujo a negar todos los valores de los Estados Unidos, menos tal vez, la literatura negra, por motivos de solidaridad y de discriminaci\u00f3n comunes, pero s\u00ed la novela en general.<\/p>\n\n\n\n<p>En Venezuela, al regreso de Uslar y, en el lapso que va desde la aparici\u00f3n de su primer libro, apenas si se hab\u00eda cultivado el cuento en obras que merezcan recuerdo. S\u00f3lo podr\u00eda mencionarse una media docena de vol\u00famenes, tres de los cuales eran la recolecci\u00f3n de una vieja cosecha vanguardista, en autores compa\u00f1eros de Uslar: Carlos Eduardo Fr\u00edas, Nelson Himiob y Jos\u00e9 Salazar Dom\u00ednguez. Otros tres, formaban heterog\u00e9neas supervivencias: Leoncio Mart\u00ednez, mejor en la \u00abcaricatura que en el g\u00e9nero del cual fue un animador a base de concursos promovidos por su semanario humor\u00edstico \u2014Fantoches\u2014, publicaba Mis otros fantoches. Ir\u00f3nicos y de costumbrismo urbano, los cuentos de Manuel Guillermo D\u00edaz \u2014Blas Mill\u00e1n\u2014, eran recogidos bajo el t\u00edtulo de su logro m\u00e1ximo. Por \u00faltimo, un nombre distinto comenzaba a figurar con un par de t\u00edtulos: de ellos, el que correspondi\u00f3 al cuento, estaba llamado a tener larga figuraci\u00f3n hist\u00f3rica y hasta cinematogr\u00e1fica; aludo a Guillermo Meneses y a su largo relato \u00abLa balandra Isabel lleg\u00f3 esta tarde\u2019\u2019. <\/p>\n\n\n\n<p>Otras cosas estaban sucediendo en la novela. Continuaba la carrera de ascenso en el ciclo galleguiano. Cantaclaro y Canaima fueron publicadas en 1931 y 1935. Un neo-criollista con matices de vanguardia se estrenaba: Juli\u00e1n Padr\u00f3n, en \u00abLa guaricha\u201d (1931). Un hombre que ven\u00eda de la provincia autodidacta*, del periodismo petrolero del Zulia, tra\u00eda un mensaje dirigido hacia otra forma de novela: Ram\u00f3n D\u00edaz S\u00e1nchez, que con su primera obra \u2014Mene\u2014 se\u00f1alaba puerta a influencias y estilos no frecuentados antes en el pa\u00eds.<\/p>\n\n\n\n<p>Que la influencia de John Dos Passos hubiera ingresado con D\u00edaz S\u00e1nchez en Venezuela, hacia 1936, habr\u00eda que averiguarlo. Quede pendiente. Pero que su novela introduc\u00eda una forma de enfoque sobre la realidad nacional, no trajinada con anterioridad, s\u00ed es cierto. <\/p>\n\n\n\n<p>Las l\u00edneas trazadas por Uslar Pierti en Barrab\u00e1s y otros relatos segu\u00edan, no obstante, dominando; en especial lo relativo al modo de meterse por dentro de los personajes y a la forma de contar con atm\u00f3sferas po\u00e9ticas.<\/p>\n\n\n\n<p>As\u00ed aparece el segundo libro de cuentos de Uslar. Red, fue el nombre. La sencillez anunciaba una s\u00edntesis distinta. El autor, al contacto con Asturias y Carpentier, hab\u00eda madurado en conciencia y en actitud vital. Aprendi\u00f3 que exist\u00edan materiales mucho m\u00e1s leg\u00edtimos y acordes con las concepciones te\u00f3ricas del surrealismo especialmente en la obsesi\u00f3n de lo m\u00e1gico o maravilloso\u2014 en el mundo hispanoamericano. <\/p>\n\n\n\n<p>Era mejor descubrirlos y delatarlos, que inventar artificiosos personajes para encarnar experiencias no directas. A esos temas y esos materiales dirige su vocaci\u00f3n narradora que regresa. El nuevo libro se integr\u00f3 con trece cuentos; de ellos, la mayor\u00eda retoma asuntos regionales. Tres apenas tocan la historia, a la que se acostumbr\u00f3 como a un medio de aproximaci\u00f3n reconstructiva de la psicolog\u00eda nacional, desde Las lanzas coloradas. Y s\u00f3lo en dos de ellos vuelve a viejos trajines de proximidad surrealista. Concretamente a la locura y el delirio.<\/p>\n\n\n\n<p>Al contrario de lo que ocurre generalmente con el escritor que vuelve de Europa, lleno de novedades, ganoso de esc\u00e1ndalo y un poco exc\u00e9ntrico en las opiniones y criterios, el Uslar Pietri que Par\u00eds devolvi\u00f3 a Venezuela, es un cuentista que reaparece por v\u00eda de la discreci\u00f3n, de la madurez y la destreza en el manejo del lenguaje; en postura de verdadero reencuentro con su medio tel\u00farico, a cuya ra\u00edz penetra para extraer un misterio o una instant\u00e1nea tr\u00e1gica; la expresa ahora en forma sencilla y directa: importa la acci\u00f3n, la construcci\u00f3n interior, el drama hondo, no la originalidad en una met\u00e1fora m\u00e1s o menos riesgosa. As\u00ed se introduce en la b\u00fasqueda de un estilo y de una t\u00e9cnica completamente acordes con la estructura de cada cuento. Puede permitirse hasta la utilizaci\u00f3n de factores que antes no hab\u00eda siquiera intentado; por ejemplo, las posibilidades que aporta ej mundo de los sentidos, como materia de composici\u00f3n, o los di\u00e1logos innominados, colectivos, para crear determinadas atm\u00f3sferas.<\/p>\n\n\n\n<p>El primer cuento. \u00abLa lluvia\u00bb, ha sido uno de los m\u00e1s reproducidos en antolog\u00edas. Y hay razones. Puede hablarse de una peque\u00f1a obra maestra del realismo m\u00e1gico. Su composici\u00f3n est\u00e1 lograda a base de contraposiciones de motivos que terminan por adquirir un misterio y una magia naturales.<\/p>\n\n\n\n<p>Es la sequ\u00eda intensa, que pone al paisaje a crujir de sed; todo va descrito a base de im\u00e1genes auditivas,  pero directas. Esa sequ\u00eda marcha sincr\u00f3nica con el agostamiento interior de Usebia y Jesuso, un par de viejos carentes de hijos, a quienes se les muri\u00f3 hasta el perro Cacique, y cuyas tierras aniquiladas por la falta de lluvia han puesto en el hombre un toque de apat\u00eda. De otro lado, en el punto culminante de la can\u00edcula, aparece la clave de un drama resuelto po\u00e9ticamente: un ni\u00f1o escapado, nunca se sabe de d\u00f3nde, en la parcela de Jesuso, acuclillado, juega con sus propios orines que simulan una creciente ocurrida a\u00f1os antes. El ni\u00f1o, llevado por el viejo a su rancho, recrudece memorias de ternura : el perro. Cacique es llamado tambi\u00e9n el ni\u00f1o.<\/p>\n\n\n\n<p>La vida cambia y crece la sensaci\u00f3n de optimismo. Hasta se olvida moment\u00e1neamente la sequ\u00eda intensa. Cuando la ilusi\u00f3n ha llegado a ese punto en que poco falta para incurrir en el melodrama rural de los criollistas, sobreviene la amenaza de lluvia que va gradu\u00e1ndose como presagio, como angustia, para culminar cuando Cacique, desaparecido, es raz\u00f3n desesperante para el viejo que lo busca por los caminos de su cultivo; el lenguaje se hace fatigoso, cae la lluvia y lo borra todo como en una disolvencia. Cacique es la lluvia inminente y es tambi\u00e9n, en su fuga, la inminencia de una soledad que retorna.<\/p>\n\n\n\n<p>T\u00e9cnicamente, el uso del tiempo es magistral, todo acontece durante una noche de calores sofocantes, el amanecer y el mediod\u00eda siguientes, el atardecer cuando Cacique se pierde. El mon\u00f3logo interior aparece usado con tacto y oportunidad en dos personajes: Usebia y Cacique; en aqu\u00e9lla, para pintar el car\u00e1cter del viejo; en el ni\u00f1o, como expresi\u00f3n de ternura elemental y de fantaseo. Las voces colectivas, para fijar un mundo fatalista sobre una frase reiterada como leit-motiv, que es acompa\u00f1ada de conjuros y presagios.<\/p>\n\n\n\n<p>\u2018\u2018La siembra de ajos\u201d es el cuento de las sensaciones olfativas, a base de las cuales est\u00e1 construido en su integridad. El olor de ajos enardece al negro, hace presente y diluye la figura de la mulata hija del isle\u00f1o, amo de la siembra de ajos en la que el negro debi\u00f3 ir a trabajar para cubrir los gastos de su regreso, luego de haber pagado la promesa por la curaci\u00f3n de su madre. Los personajes carecen de nombre. No hay di\u00e1logo. S\u00f3lo un mon\u00f3logo interior expresado en frases cortadas que sirve como recurso, por reducci\u00f3n de palabras, para expresar un acto de posesi\u00f3n er\u00f3tica dentro de la ambig\u00fcedad provocada por un olor alucinante: el de los ajos. Al final apenas sabemos si, en efecto, fue la mulata la que vino a ser pose\u00edda por el negro, o fue el olor de los ajos que la hizo visible, a modo de espejismo. El personaje, sacudido de aquella persistente alucinaci\u00f3n de olores, se pierde tambi\u00e9n. Es el segundo caso de una soluci\u00f3n a base de una sombra fugitiva, porque eso es el personaje ahora: mas ya no es la muerte como salida constante de la acci\u00f3n, tal ocurr\u00eda en <em>Barrab\u00e1s y otros relatos<\/em>. <\/p>\n\n\n\n<p>La potencia alcanzada en relatos como \u00e9stos, produce en el lector una sensaci\u00f3n de vac\u00edo cuando el autor lo enfrenta a cuentos donde reaparecen los hechos de sangre, el alcoholismo, la vida costumbrista de un pueblo marinero. As\u00ed ocurre con \u201cLa noche en el puerto\u201d , que viene a quedar en un nivel inferior, junto a otros componentes del libro.<\/p>\n\n\n\n<p>Todav\u00eda le restan aficiones a retomar temas y asuntos culturales para convertirlos en sustancia narrable. El conde de Orgaz salta del cuadro para protagonizar una alegor\u00eda cr\u00edptica, donde abundan otra vez las met\u00e1foras junto a un mundo an\u00e1rquico de un posible subconsciente autobiogr\u00e1fico: \u201cEl baile del conde de Orgaz\u201d. El lenguaje, sin embargo, es adecuado, aunque la composici\u00f3n pierde la claridad de otras p\u00e1ginas.<\/p>\n\n\n\n<p>D\u00edaz S\u00e1nchez hab\u00eda captado en <em>Mene<\/em>, todo el confuso despertar de un pueblo ante el impacto de las f\u00e1bricas. \u201cHumo en el paisaje\u201d , dentro del cuento, representa algo similar; la sustituci\u00f3n del ambiente pueblerino, de la geograf\u00eda idealizada en descripciones, por el humo de las usinas \u2014no se dice de qu\u00e9 tipo de f\u00e1brica se trata\u2014 que comienzan a mostrarse intrusas en el bucolismo aleda\u00f1o de la ciudad. Pero en la t\u00e9cnica del relato ha ocurrido algo nuevo; la afici\u00f3n del hombre popular por el relato oral es aprovechada sabiamente por Uslar Pietri, para introducir un cuento dentro de otro, o al menos la acci\u00f3n b\u00e1sica dentro del ambiente de transformaci\u00f3n econ\u00f3mica, en el cual se enfatiza demasiado, ambos fen\u00f3menos en perspectiva diferente \u2014omnisciencia en el ambiente descriptivo de la f\u00e1brica; perspectiva de primera persona en el relato de Jos\u00e9 Palito\u2014 . Jos\u00e9 Palito es el arquetipo del provinciano trashumante, que pasa de su pueblo portuario a seguir \u2014otra vez la fuga como salida y como constante\u2014 los pasos de un titiritero que deambula con monos amaestrados; lo hereda, embarca con los monos; le ahogan uno. Termina por ser un obrero de la f\u00e1brica; a unos compa\u00f1eros cuenta su historia.<\/p>\n\n\n\n<p>Otra zona regional elevada a tema de universalidad es la vida de un pueblo cualquiera \u2014ya se ha se\u00f1alado la tendencia a mostrar pueblos desiertos\u2014 donde un simpl\u00edsimo incidente como es el paso nocturno de un viajero, es capaz de remover la pasividad aldeana y convertir a los habitantes del pueblo, a esa menuda religi\u00f3n del chisme, del corrillo deformador y capaz de alterar la tranquilidad de todos los dem\u00e1s tipos humanos. Aqu\u00ed el di\u00e1logo colectivo vuelve a usarse para crear el clima de chismograf\u00eda indispensable.<\/p>\n\n\n\n<p>El cuadro tradicional de los chismes pueblerinos, materia de muchos \u201c documentos\u201d\u2019 realistas, est\u00e1 utilizado; el cuento dispone de su cura, su boticario, su maestro de escuela y su director de catastro, todos descritos con suavidad y econom\u00eda de detalles. Pero \u00abEl viajero\u201d, llega de noche y en torno a \u00e9l se van abriendo las calles del pueblo; las distancias van midi\u00e9ndose con los faroles que pasan al lado del carruaje cobra moment\u00e1neamente el papel principal, visto sin embargo, con aquella misma t\u00e9cnica de silueta por la cual Bol\u00edvar es apenas una sombra fugaz que atraviesa los cap\u00edtulos finales de Las lanzas coloradas. El viajero llega para incitar la imaginaci\u00f3n de la vieja corredora de vidas privadas, traficante de intimidades; nadie lo ve, salvo el hijo del director de catastro. Llega para que el novio de Lelita no se vaya a parar nuevamente en la ventana a escucharla tocando el mismo estudio de piano que todas las noches ejecuta incansable, pero que esa noche de la llegada del extra\u00f1o, le suena distinto; para que el hijo del director de catastro se sumerja en los libros de viajes, a\u00f1ore realizar una fuga y la lleve a cabo, no sin leer ante el lector algunos renglones en su diario \u00edntimo parroquiano. El final es inesperado y bien conseguido luego de una larga disertaci\u00f3n del maestro de escuela sobre los inconvenientes de la imaginaci\u00f3n aldeana, a la cual se adhiere el director de catastro para ampliar el discurso y ser interrumpido por otro personaje intempestivo \u2014la dom\u00e9stica de su casa\u2014 quien le anuncia que ya se fue. Todos creen que ha sido el viajero, pero ella aclara que la fuga se ha producido en el hijo del director de catastro.<\/p>\n\n\n\n<p>Lo mejor, como hallazgo t\u00e9cnico, es ese contrapunto muy al modo de Virginia Woolf \u2014a quien, por supuesto. Uslar no hab\u00eda le\u00eddo entonces\u2014 entre las palabras t\u00edmidas que dice el novio de Lelita y lo que en realidad est\u00e1 pensando. Un contrapunto de mundo interior y exteriorizaci\u00f3n falseada del di\u00e1logo: est\u00e1 bien lograda la aplicaci\u00f3n para imprimir un aire de inhibici\u00f3n provinciana al personaje enamorador de esquina.<\/p>\n\n\n\n<p>Dentro de esa misma t\u00f3nica de introspecci\u00f3n de los poblados de provincia, est\u00e1 el \u00abCuento de camino, pero con otro enfoque: si en el anterior fue un viajero el que produjo los incidentes para que se manifestara la fuga como soluci\u00f3n final de una acci\u00f3n, en el \u00abCuento de camino\u00bb se ha detenido la marcha de un n\u00facleo caracter\u00edstico tambi\u00e9n: el juez y su secretario que andan practicando un embargo por plena llanura; no hay digresi\u00f3n para pintar garzas o jag\u00fceyes, sino el hambre y la miseria de los caser\u00edos, esos donde en Venezuela se confunden los abogados con los m\u00e9dicos por el tratamiento com\u00fan de doctores, que se les aplica. Materia para presentar a una moribunda en delirio, a una vieja mezquina de su miseria bien administrada y, esto es lo nuevo, la creencia en que los agonizantes llaman para llevarse a la muerte a los seres vivos que los rodean. Hasta los mismos que fungieron como competidores del curandero \u2014juez y secretario\u2014 se marchan de noche, camino adelante con esa sensaci\u00f3n de que la muerte llama a los vivos para cargar con ellos.<\/p>\n\n\n\n<p>\u2018El d\u00eda s\u00e9ptimo\u201d , es uno de los dos cuentos donde hay supervivencias de tem\u00e1tica surrealista, pero incorporada a un asunto regional. Un pe\u00f3n cabestrero del llano agoniza en la \u201cpulper\u00eda\u00bb; el proceso de la fiebre pal\u00fadica y del delirio que ella produce, permite que el autor juegue con la copla folkl\u00f3rica de los vaqueadores y al mismo tiempo se alternen los planos temporales \u2014la infancia, la faena del ganado, el amo duro que lo hace subir, cuando adolescente, sobre un \u00e1rbol, en castigo, para que le amenice la siesta de hamaca con el silbido imitador de un p\u00e1jaro; el futuro de los compa\u00f1eros que se marcharon delante con la punta de ganado y que habr\u00e1n llegado al pueblo a poner la fiesta mientras lo recuerdan con l\u00e1stima.<\/p>\n\n\n\n<p>El otro cuento de reminiscencia surrealista es \u201cEl patio del manicomio\u201d . La locura es raz\u00f3n para desencadenar una poes\u00eda an\u00e1rquica en el sentido, aunque la expresi\u00f3n obedece a sintaxis rigurosa. As\u00ed sucedi\u00f3 en \u201cS. S. San Juan de Dios\u201d, de <em>Barrab\u00e1s y otros relatos<\/em>. La t\u00e9cnica de un completo mon\u00f3logo interior, de comienzo a fin, se aplica otra vez. Pero la anarqu\u00eda de los planos temporales se ha perfeccionado. Las im\u00e1genes po\u00e9ticas saltan con una fuerza capaz de transmutar el patio del manicomio en un peque\u00f1o universo poblado de escarabajos, mariposas, nube y estrella s\u00f3lo percibidos por Tom\u00e1s y el narrador. Es la poes\u00eda elemental de un loco que divaga y pasa sin transiciones, de su infancia, al recuerdo de la madre y al de la hermana raptada, mientras procura centrarse en la descripci\u00f3n de su compa\u00f1ero de locura, Tom\u00e1s, el m\u00e1s silencioso y extra\u00f1o del manicomio. No hay amargura, pero s\u00ed muerte imaginaria: la de don Mario, el raptor de la hermana del loco narrador, a quien \u00e9ste se figura estar estrangulando La infancia y la madre son episodios ligados al desarrollo de la locura; hay mayor riqueza en la estructura; Tom\u00e1s se convierte en un hilo cortado a trechos por las divagaciones de limpia poes\u00eda.<\/p>\n\n\n\n<p>Un cuento que se sale de otra consideraci\u00f3n \u2014surrealista o costumbrista\u2014 como no sea la del cosmopolitismo tem\u00e1tico, para tomar categor\u00eda aislada, como suced\u00eda con el \u201cBarrab\u00e1s\u201d del primer libro, es \u201cLa pipa\u201d. El personaje principal \u2014narrador de primera persona en mon\u00f3logo interior\u2014 se desdobla en un viejo \u2014\u00e9l mismo en otro tiempo, presente\u2014 que rememora y el otro, due\u00f1o de hacienda, poderoso en su soledad agreste de hombre joven, desp\u00f3tico y lascivo; violador de indias. Pero el otro, es un eslab\u00f3n para desviar la cadena asociativa del recuerdo hacia la raz\u00f3n cl\u00edmax del relato: el origen pasado de la pipa que mantiene entre sus manos de presente el narrador anciano y que fue conseguida a trav\u00e9s de una monstruosa trama de sadismo, inducida por \u00e9l en la pareja de extra\u00f1os que llega a su hacienda y a quienes brinda hospitalidad. El otro es \u00e9l y es su adversario a quien le propone comprar la hermosa pipa (\u00bfomnipotencia del deseo?). Se la niegan. Traba relaci\u00f3n con la mujer blanca \u2014un contraste de carne que no lo atrae\u2014 y le promete entenderse con ella si le consigue el objeto que codicia. Sobreviene la muerte del extra\u00f1o con un envenenamiento perpetrado por la mujer; el cad\u00e1ver mantiene trabada la pipa entre los dientes. El personaje principal palanquea con un cuchillo, toma el objeto, lo limpia con la manga del saco, y se sienta \u2014presente remoto en otro plano narrativo\u2014 a evocar los hechos. <\/p>\n\n\n\n<p>La traslaci\u00f3n de episodios por desdoblamiento de un personaje en dos tiempos, dentro del mon\u00f3logo interior es lo que vuelve \u00fanico este cuento de fuerza inusitada y de personajes innominados como los protagonistas de \u00abS. S. San Juan de Dios\u00bb, \u00abLa siembra de ajos\u00bb y \u00abEl patio del manicomio\u201d. Los tres relatos de materia hist\u00f3rica se refieren a per\u00edodos y sucesos trascendentes de la historia venezolana. Dos est\u00e1n ubicados en tiempos de la Conquista. Uno, toma de alguna vieja cr\u00f3nica al personaje m\u00e1s original y tr\u00e1gico de aquella \u00e9poca: Lope de Aguirre, figura que servir\u00e1 tambi\u00e9n de centro vital a una segunda novela hist\u00f3rica del autor: <em>El camino de El Dorado<\/em>. El t\u00edtulo del cuento es \u00abEl fuego fatuo\u00bb. El segundo alude a cierto episodio de rebeli\u00f3n esclavista, lo cual emparenta sus contenidos con materia que hab\u00eda comenzado a fluir en la narraci\u00f3n venezolana, con Guillermo Meneses: la tem\u00e1tica del negro. El volumen se cierra con el cuento \u00abLa negramenta\u201d. Por \u00faltimo, el per\u00edodo de la Revoluci\u00f3n Federal de Venezuela, gesta de lucha por la tierra, de recios caudillismos desviadores y de adulteraciones funestas a una buena intenci\u00f3n, sirve de fondo hist\u00f3rico al cuento \u201cGavil\u00e1n Colorao\u201d.<\/p>\n\n\n\n<p>\u201cEl fuego fatuo personifica a Lope de Aguirre en una reconstrucci\u00f3n que pudo haber ca\u00eddo bajo el epicismo superficial: sin embargo, el autor sorte\u00f3 escollos por la aplicaci\u00f3n de la t\u00e9cnica narrativa de la conseja popular. Casi es garcialorquiano el tono de tragedia con expresi\u00f3n l\u00edrica que adopta el cuento. Es un coro de viejas \u2014como aquellas de Yerma\u2014 en cuyas voces la figura de Lope de Aguirre va adquiriendo estatura de mito. Y es en este cuento donde puede llegarse casi a la definici\u00f3n del realismo m\u00e1gico, ese hijo pr\u00f3digo del surrealismo, tan citado por la cr\u00edtica y tan poco estudiado en sus esencias. Es realismo m\u00e1gico, porque de una realidad hist\u00f3rica, con enorme base \u00e9pica, de un personaje rebelde que agigant\u00f3 su estatura por el desaf\u00edo al Rey de Espa\u00f1a, se produce la leyenda que deshace caballos, asesina multitudes sin escr\u00fapulos, remata con la muerte de su propia hija y al final, siempre en labios del coro de viejas narradoras, es la superstici\u00f3n de una llama que surte del fog\u00f3n y, por las noches, deambula sobre ciertas llanuras venezolanas en forma de fuego fatuo, luz en la cual la creencia popular ha perfilado al Tirano Aguirre.<\/p>\n\n\n\n<p>\u2018\u2018Gavil\u00e1n Colorao\u00bb es un cuento costumbrista donde el autor se aproxima a ciertas formas macabras del expresionismo; se utiliza una copla folkl\u00f3rica como estribillo constructor del personaje-mito; un carnaval celebrado por el canje de cabezas de cad\u00e1veres decapitados por la euforia de la barbarie, reviste al episodio, de un humor negro no siempre cristalizado como creaci\u00f3n; hay cierto retorno a ideas ensay\u00edsticas de valor hist\u00f3rico, como aquella expuesta en <em>Las lanzas coloradas<\/em>, cuando Presentaci\u00f3n Campos, emancipado por su propia voluntad, incendiada la hacienda de los amos, no sabe a qu\u00e9 bando incorporarse en las luchas de la Independencia; \u201cno existe en el pueblo la conciencia republicana\u201d, ser\u00eda la idea dominante en la novela; en el cuento hay una parecida: \u201clo importante es la guerra por la guerra misma. La idea de Federaci\u00f3n nadie la conoce\u201d.  No es original de Uslar Pietri tal afirmaci\u00f3n, pero s\u00ed su uso literario para agudizar la violencia persistente del relato. El causante de lo que anteriormente se calific\u00f3 como adulteraci\u00f3n a un buen prop\u00f3sito, fue Antonio Leocadio Guzm\u00e1n, uno de los caudillos federalistas. Por lo dem\u00e1s, al cuento lo salva en su tesis discutible \u2014el \u00fanico de este libro donde se teoriza acerca de espinosos planteamientos pol\u00edticos\u2014 la reciedumbre con que est\u00e1 llevada la evoluci\u00f3n psicol\u00f3gica del personaje: de su violencia fren\u00e9tica y su braveza contra el indefenso, convertida a la hora del fusilamiento, por traici\u00f3n de uno de sus soldados, en una cobard\u00eda adelgazadora de la voz cantante que entona el mismo estribillo folkl\u00f3rico y cuya letra vuelve a darlo \u00e1nimos postreros<em>.<\/em><\/p>\n\n\n\n<p>El cuento que cierra el libro<em> \u2014<\/em>\u00abLa negramenta\u00bb\u2014, trata un asunto que ha sido materia literaria en el \u00e1mbito antillano : las sublevaciones de negros esclavos y su erecci\u00f3n en monarcas. En el de Uslar se desarrolla po\u00e9ticamente un episodio hist\u00f3rico de valor especial. La primera rebeli\u00f3n venezolana contra la monarqu\u00eda espa\u00f1ola, protagonizada por el Negro Miguel, esclavo de las minas de Bur\u00eda, y su mujer, la negra Guiomar, quienes son elegidos reyes de ef\u00edmero gobierno. El cuento va conduci\u00e9ndose en una lengua de cierto arca\u00edsmo, hasta cobrar ritmo de prosa \u201cnegroide\u201d al modo de los poetas de este movimiento, si bien con \u00e9nfasis de romances. Como episodio hay una versi\u00f3n libre de la leyenda de los personajes, trabajada en estilo directo y hasta con cierta magia producida por los coros de voces que integran el di\u00e1logo colectivo. <\/p>\n\n\n\n<p>Todo el volumen deja trascender, junto a la constante de la fuga en los personajes como soluci\u00f3n; al lado de peque\u00f1as incidencias de muerte \u2014ya no dominantes\u2014, locura y delirio, una transformaci\u00f3n de la realidad en busca de la magia que rezuma de la leyenda y de la superstici\u00f3n populares. La conversi\u00f3n de un objeto en centro de inter\u00e9s para una acci\u00f3n retrospectiva \u2014la pipa\u2014; realismo m\u00e1gico en el mejor de los sentidos, es la tendencia que edifica esta segunda obra de cuentos publicada por Uslar Pietri. Libro que, si no puede considerarse renovador, puesto que la renovaci\u00f3n fue marcada por <em>Barrab\u00e1s y otros relatos<\/em>, s\u00ed debe tenerse como aportaci\u00f3n precursora de una corriente, dentro de la narraci\u00f3n hispanoamericana, que estuvo llamada a predominar en los \u00faltimos veinte a\u00f1os de su historia: el realismo m\u00e1gico.<\/p>\n\n\n\n<h4 class=\"wp-block-heading has-text-align-right\"><a href=\"https:\/\/eldienteroto.org\/wp49\/domingo-miliani\/\" target=\"_blank\" rel=\"noreferrer noopener\">Sobre el autor<\/a><\/h4>\n","protected":false},"excerpt":{"rendered":"<p>Domingo Miliani Cuando Uslar Pietri regresa de Europa, lo hace f\u00edsica y mentalmente. Es el retorno a la tierra y a su hombre como sustancias que alimentan los nuevos prop\u00f3sitos creadores. El surrealismo hab\u00eda llegado a su \u00e9poca de lujo; la revista Minotaure circulaba en sus primeras entregas. 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