{"id":16672,"date":"2025-07-07T17:31:09","date_gmt":"2025-07-07T22:01:09","guid":{"rendered":"https:\/\/eldienteroto.org\/wp49\/?p=16672"},"modified":"2025-07-07T17:31:09","modified_gmt":"2025-07-07T22:01:09","slug":"dos-cronicas-literarias-de-enrique-bernardo-nunez","status":"publish","type":"post","link":"https:\/\/eldienteroto.org\/wp49\/dos-cronicas-literarias-de-enrique-bernardo-nunez\/","title":{"rendered":"Dos cr\u00f3nicas literarias de Enrique Bernardo N\u00fa\u00f1ez"},"content":{"rendered":"\n<p><strong>LA MUERTE DE ABIGA\u00cdL LOZANO<\/strong><\/p>\n\n\n\n<p>El general Antonio L\u00f3pez de Santa-Anna relata en sus <em>Memorias<\/em>, publicadas por Genaro Garc\u00eda y Carlos Pereyra en su colecci\u00f3n de \u00abDocumentos In\u00e9ditos o muy raros para la historia de M\u00e9xico\u00bb (M\u00e9xico, 1905) la muerte de Abiga\u00edl Lozano \u2014Santa-Anna la de el nombre de Miguel-, ocurrida en Nueva York el 8 de julio de 1866. En San Thomas, Lozano entr\u00f3 en tratos con Santa-Anna, a quien sirvi\u00f3 de secretario. Lozano escribi\u00f3 a Santa-Anna el manifiesto a los mexicanos, firmado el 8 de julio de 1865, un a\u00f1o, d\u00eda por d\u00eda, antes de su muerte, manifiesto destinado a dar explicaci\u00f3n de su conducta pol\u00edtica, y a enmendar otro a favor del Imperio de Maximiliano. A juzgar por estas Memorias que abarcan los a\u00f1os de 1810 a 1874. Santa-Anna era hombre bastante cr\u00e9dulo. Cierto d\u00eda se present\u00f3 de improviso en San-Thomas el Secretario de Estado William Seeward, y celebr\u00f3 una entrevista con el ex-Presidente mexicano. Hablaron cerca de media hora, sin que Santa-Anna pudiese saber a ciencia cierta el objeto de aquella visita. \u00abPalabras cortas en voz baja -dice el autor de las Memorias- como el que quiere hablar y se detiene\u00bb. Seeward quer\u00eda saber el objeto de la visita de Santa-Anna a Veracruz, ocupada por los franceses. Se manifest\u00f3 de acuerdo con la necesidad de expulsarlos de M\u00e9xico, y ofreci\u00f3 su apoyo a Santa-Anna. Iba \u00e9ste a devolverle la visita cuando supo que el vapor de guerra donde se halla Seeward hab\u00eda partido. Esta visita y la fama de que Santa-Anna dispon\u00eda de una colosal fortuna, sirvieron al granadino Dar\u00edo Mazuera para maquinar una intriga que dio infinitos pesares a Santa-Anna, y cost\u00f3 la vida de Lozano.<\/p>\n\n\n\n<p>Mazuera era hombre de veinte y seis a\u00f1os, \u00abde elegante figura, y de ella una locuacidad extraordinaria que le facilitaban introducirse en la alta sociedad\u00bb, dice el autor de las Memorias. Desterrado de su pa\u00eds por el Presidente Mosquera se refugi\u00f3 en el Per\u00fa de donde se dirigi\u00f3 a Santa-Anna para solicitar datos y apuntes que le permitieran escribir su biograf\u00eda. A pesar de la sorpresa que le caus\u00f3 esta carta, Santa-Anna contest\u00f3 a Mazuera y le envi\u00f3 los datos pedidos. Sobrevino entonces una revoluci\u00f3n en el Per\u00fa, y Mazuera fue a San Thomas. Insist\u00eda en escribir la historia de Santa-Anna. Mazuera se dispuso luego a partir para Nueva York, le ofreci\u00f3 sus servicios en aquella ciudad y le manifest\u00f3 que no necesitaba suministro alguno. Para comprobarlo le mostr\u00f3 una cartera repleta de billetes de banco. Por su medio, Santa-Anna escribi\u00f3 una carta al Presidente de Estados Unidos. Una vez en Washington, Mazuera escribi\u00f3 a Santa-Anna para decirle que se hab\u00eda presentado \u00abcomo agente y amigo suyo\u00bb, y se hac\u00eda lenguas del buen recibimiento de Seeward. Este se ausent\u00f3 por algunos d\u00edas, y a su regreso, Mazuera escribi\u00f3 de nuevo Seeward se mostraba muy satisfecho de su entrevista con Santa-Anna, \u00aby muy su adicto\u00bb. Agregaba que pose\u00eda la confianza del Secretario de Estado, a quien hab\u00eda ofrecido una comida. Mazuera no descansaba. Entr\u00f3 en tratos con generales mexicanos desterrados en Nueva York. Santa-Anna lo cre\u00eda todo.<\/p>\n\n\n\n<p>Mazuera regres\u00f3 a San Thomas en compa\u00f1\u00eda de cierto Abraham B\u00e1ez y de otros personajes, para invitar a Santa-Anna a trasladarse a Nueva York. Le ofrecieron entre otras cosas, que a su llegada los ca\u00f1ones del fuerte saludar\u00edan \u00abal ilustre mexicano\u00bb. Mazuera hab\u00eda adquirido por cuenta de Santa-Anna un hermoso vapor, el \u00abGeorgia\u00bb, en doscientos cincuenta mil pesos, con plazo de dos meses. Santa-Anna no quer\u00eda aprobar esta compra, pero Mazuera le entreg\u00f3 una carta del general venezolano Julio A. B\u00e1ez, tambi\u00e9n sorprendido por Mazuera en su buena fe. B\u00e1ez le daba a Santa-Anna seguridades de \u00e9xito, y lo invitaba a ir a Nueva York donde conseguir\u00eda recursos. Mientras tanto, Abiga\u00edl Lozano traduc\u00eda del ingl\u00e9s cierto papel o \u00abmemorandum reservado\u00bb, remitido a Santa-Anna seg\u00fan Mazuera, por el propio Seeward. Dec\u00eda este \u00abmemor\u00e1ndum\u00bb que en la C\u00e1mara de Representantes se aprobar\u00eda un cr\u00e9dito de cincuenta millones para M\u00e9xico, de los cuales treinta millones se destinar\u00edan a la expedici\u00f3n del general Santa-Anna, cuya presencia en Washington era necesaria. Santa-Anna no pudo ocultar su contento. Ni \u00e9l, ni Lozano se detuvieron a considerar si el documento era aut\u00e9ntico. Mazuera aprovech\u00f3 tan buena disposici\u00f3n para hacerle reconocer a Santa-Anna los pagar\u00e9s de la compra del vapor que pasaron a poder de Abrah\u00e1n B\u00e1ez. Este manifest\u00f3 que deb\u00eda satisfacer inmediatamente la cantidad de cuarenta mil pesos al capit\u00e1n del buque. Se buscaron los cuarenta mil pesos bajo cr\u00e9dito de Santa-Anna.<\/p>\n\n\n\n<p>El 6 de mayo de 1866, Lozano sali\u00f3 para Nueva York en compa\u00f1\u00eda de Santa-Anna, Mazuera, Abraham B\u00e1ez, Vidal y Rivas, Vicente Julve y Manuel Mesa, \u00e9ste \u00faltimo serv\u00eda de escribiente. Abandonaba as\u00ed su tranquilo refugio en San Thomas, quiz\u00e1s seducido por las perspectivas de que Santa-Anna recobrar\u00eda a M\u00e9xico, o tendr\u00eda papel preponderante en los acontecimientos mexicanos. Los fuertes de Nueva York no hicieron los prometidos saludos. Mazuera y Vidal Rivas pasaron a Washington a participar al Secretario de Estado la llegada de Santa-Anna. Ya Vidas y Rivas advert\u00eda que se trataba de \u00abuna trama infame\u00bb. Por los mismos d\u00edas recibi\u00f3 Santa-Anna la visita del rico comerciante Jaime I. Trounvooll, quien le ofreci\u00f3 informarse en Washington. A su regreso Trounvooll refiri\u00f3 la sorpresa de Seeward al enterarse del asunto. No conoc\u00eda a Mazuera, y se negaba a recibir los cumplimientos del general Santa-Anna. Para entonces Seeward se hallaba en conferencias con Montholon, enviado de Napole\u00f3n III. <\/p>\n\n\n\n<p>Las tribulaciones de Santa- Anna y la lucha que hubo de sostener para librarse de Mazuera y de Abraham B\u00e1ez son muy largas para referirlas aqu\u00ed. Tuvo que desembolsar enormes sumas de dinero. Se vio obligado a empe\u00f1ar sus valores y alhajas. Hasta sus cubiertos quedaron en poder de los acreedores. Acudi\u00f3 a la v\u00eda judicial, pero la abandon\u00f3 porque resultaba m\u00e1s costosa que el pago de todas las obligaciones adquiridas en su nombre por Mazuera. Este se vio libre al exhibir los papeles donde SantaAnna lo autorizaba a proceder como su agente confidencial. Pero quedaba el \u00abmemor\u00e1ndum\u00bb, y Lozano, \u00fanico testigo, pod\u00eda perderlo. Cierto d\u00eda, mientras almorzaba con Mazuera y Julve, sinti\u00f3 terribles dolores en el vientre que lo obligaron a regresar a su hospedaje. Se crey\u00f3 envenenado y rog\u00f3 al Coronel Almada le suministrara en peque\u00f1as dosis un contraveneno que siempre llevaba consigo. Al d\u00eda siguiente Santa-Anna lo hall\u00f3 muy agitado. Hab\u00eda pasado muy mala noche. \u00abMi querido general, me muero\u2026 me envenenaron en el almuerzo\u2026 Tem\u00edan que hablara y me quitaron de en medio\u2026 Cu\u00eddese usted\u2026 \u00a1Ah, mi familia! Mi desgraciada familia queda en San Thomas sin amparo. La recomiendo a su generosidad\u00bb. Fueron sus \u00faltimas palabras. La noticia de la muerte de Lozano la public\u00f3 \u00abEl Federalista\u00bb en su edici\u00f3n del 2 de agosto. El \u00abHerald\u00bb de Nueva York la dio \u00aben muy contadas y subalternas l\u00edneas\u00bb. Jos\u00e9 Antonio Calca\u00f1o dedic\u00f3 un poema a su memoria. En cuanto a Mazuera pas\u00f3 despu\u00e9s a M\u00e9xico, y comprometido en una revuelta, fue fusilado en Yucat\u00e1n, en febrero de 1869.<\/p>\n\n\n\n<p class=\"has-text-align-center\">***<\/p>\n\n\n\n<p><strong>LA SOMBRA DEL CIPR\u00c9S<\/strong><\/p>\n\n\n\n<p class=\"has-text-align-right\"><em>\u00ab\u2026 to me it is a prison\u00bb.<br>(Hamlet. Act. II. Sc. II).<\/em><\/p>\n\n\n\n<p>-Yo nac\u00ed en una c\u00e1rcel y he permanecido en ella durante treinta a\u00f1os.<\/p>\n\n\n\n<p>Con estas palabras hamletianas me recibi\u00f3 Ramos Sucre cuando le vi por primera vez, en Caracas, el pasado a\u00f1o. Era en setiembre. En setiembre los campos de Venezuela tienen una belleza singular. Hay no s\u00e9 qu\u00e9 de vago y transparente. Los d\u00edas huyen a trav\u00e9s de los bosques cubiertos de guirnaldas y racimos. Los coros de grillos y cigarras encienden bajo los \u00e1rboles tenues l\u00e1mparas de evocaci\u00f3n y el olor de mil resinas se mezcla al del mango y la verbena. Entran deseos de labrar la tierra, de dormir en uno de esos caserones de aldea y all\u00ed vivir en silencio, para siempre.<\/p>\n\n\n\n<p>Era en su oficina del Ministerio de Relaciones Exteriores, un sal\u00f3n espacioso de grandes cortinones y libros cubiertos de polvo. Ramos Sucre estaba taciturno, expresi\u00f3n habitual en \u00e9l, pero su rostro resultaba m\u00e1s p\u00e1lido y afligido en el magn\u00edfico claroscuro. Ten\u00eda entreabierto uno de sus \u00faltimos libros: \u00abCielo de Esmalte\u00bb, que con \u00abLas Formas del Fuego\u00bb, asegur\u00f3 haberme enviado y los cuales nunca llegaron a mis manos. Comenz\u00f3 a leerme una p\u00e1gina: \u00abVictoria\u00bb. De sus labios las palabras brotaban febriles en una \u00faltima desesperada tentativa de maceraci\u00f3n perfecta, y a m\u00ed me parec\u00eda ver junto a \u00e9l esa victoria de ojos de esmeralda y corona de olivos milenaria. Pero tras aquellas palabras iniciales, insistentes, que eran una interpretaci\u00f3n y un anuncio, se dibuj\u00f3 en seguida, con la fuerza de un conjuro, la figura del cuervo. Porque Ramos Sucre en su peregrinaci\u00f3n terrena, viaje involuntario, seg\u00fan otra expresi\u00f3n suya, recorri\u00f3 el mismo camino que va desde las rocas vertiginosas de Elsinor hasta la aparici\u00f3n interrogadora en a midnight dreary. Inmutabilidad de Esfinge. Palabras silenciosas.<\/p>\n\n\n\n<p>Se imagina uno al que ha cultivado con tanta ternura la desesperaci\u00f3n, al que ama el plumaje negro y las sentencias prometedoras de la noche, cuando sue\u00f1a con la luz o el amor. Ley\u00e9ndolo se oye su voz. Era su prosa densa, estremecida por un soplo de sabidur\u00eda y de misterio. Los pensamientos tienen la marm\u00f3rea movilidad de las olas. En realidad \u00e9l cre\u00f3 un estilo. Sus relatos tienen casi siempre la forma autobiogr\u00e1fica, quiz\u00e1s porque \u00e9sta le pon\u00eda en mejor aptitud para extraer el sentido impenetrable de instantes eternos. Emociones e im\u00e1genes remotas. Dif\u00edcil ser\u00eda penetrar en su esp\u00edritu afanado siempre en tales interpretaciones, en las cuales se tornaba de continuo a formas excelsas. Lo cierto es que goz\u00f3 sus \u00e9xtasis en aquellos sitios donde la historia exprimi\u00f3 las horas m\u00e1s augustas o voluptuosas. De ah\u00ed su amor apasionado por la flor del acanto. Las glicinas o madreselvas, guirnaldas heroicas que cubren ruinas y leyendas.<\/p>\n\n\n\n<p>Desde los escombros de esta torre (*) protegida por su \u00e1rbol gemelo -no se podr\u00eda decir qui\u00e9n naci\u00f3 primero- frente al mar en creciente y sobre el mar el lucero de la tarde, yo recuerdo \u00abLa Torre de Tim\u00f3n\u00bb, aquel libro donde Ramos Sucre, llevado de su genio, reuni\u00f3 sus sabias divagaciones. No eran tan perfectas como las que vinieron despu\u00e9s. Grab\u00f3 all\u00ed medallones de h\u00e9roes que tienen rudos semblantes de nibelungos. De sus p\u00e1ginas, tan severas a veces que requieren un esfuerzo para advertir la gracia de sus contornos, vuelan t\u00edmidas palomas sensuales. Siempre hab\u00eda pensado que esa torre era m\u00e1s bien morada de asceta que vivienda de mis\u00e1ntropo y as\u00ed me place evocar desde este lugar donde hay sombra de conquistadores y de corsarios al noble poeta. Porque Ramos Sucre fue s\u00f3lo un poeta que cultivaba su dolor con alegr\u00eda. El dio todo lo que sab\u00eda y amaba, todo lo que pens\u00f3 y fue capaz de sentir con impulsiva sinceridad. Por esto releg\u00f3 la iron\u00eda al m\u00e1s apartado rinc\u00f3n de su castillo interior. Si acaso, la visitaba mientras recorr\u00eda sus moradas, en la alta noche, cuando en la vigilia hab\u00edan surgido ya los pensamientos e im\u00e1genes de su contemplaci\u00f3n. O quiz\u00e1s era una amada imposible. A su puerta \u00e9l permanec\u00eda en pi\u00e9 como aqu\u00e9l pr\u00edncipe rebelde apoyado en el ensue\u00f1o.<\/p>\n\n\n\n<p>Guardemos el recuerdo de Ramos Sucre. En su regreso ha pasado por la sombra de cipr\u00e9s que 1930 proyecta en forma de obelisco inmenso sobre el mar nuestro. Los \u00faltimos s\u00edmbolos, joyas y talismanes de sepultura, han quedado prisioneros con sus despojos y sobre el ata\u00fad obreros invisibles han grabado un escarabajo cuyo vuelo hacia el sol era en otro tiempo, en los reinos de la muerte, s\u00edmbolo del amor perfecto.<\/p>\n\n\n\n<h4 class=\"wp-block-heading has-text-align-right\"><a href=\"https:\/\/eldienteroto.org\/wp49\/enrique-bernardo-nunez\/\" target=\"_blank\" rel=\"noreferrer noopener\">Sobre el autor<\/a><\/h4>\n\n\n\n<h6 class=\"wp-block-heading\">(*) La torre de la Catedral en las ruinas de la antigua Panam\u00e1.<\/h6>\n","protected":false},"excerpt":{"rendered":"<p>LA MUERTE DE ABIGA\u00cdL LOZANO El general Antonio L\u00f3pez de Santa-Anna relata en sus Memorias, publicadas por Genaro Garc\u00eda y Carlos Pereyra en su colecci\u00f3n de \u00abDocumentos In\u00e9ditos o muy raros para la historia de M\u00e9xico\u00bb (M\u00e9xico, 1905) la muerte de Abiga\u00edl Lozano \u2014Santa-Anna la de el nombre de Miguel-, ocurrida en Nueva York el [&hellip;]<\/p>\n","protected":false},"author":6,"featured_media":16673,"comment_status":"open","ping_status":"","sticky":false,"template":"","format":"standard","meta":{"_monsterinsights_skip_tracking":false,"_monsterinsights_sitenote_active":false,"_monsterinsights_sitenote_note":"","_monsterinsights_sitenote_category":0,"footnotes":""},"categories":[18],"tags":[],"_links":{"self":[{"href":"https:\/\/eldienteroto.org\/wp49\/wp-json\/wp\/v2\/posts\/16672"}],"collection":[{"href":"https:\/\/eldienteroto.org\/wp49\/wp-json\/wp\/v2\/posts"}],"about":[{"href":"https:\/\/eldienteroto.org\/wp49\/wp-json\/wp\/v2\/types\/post"}],"author":[{"embeddable":true,"href":"https:\/\/eldienteroto.org\/wp49\/wp-json\/wp\/v2\/users\/6"}],"replies":[{"embeddable":true,"href":"https:\/\/eldienteroto.org\/wp49\/wp-json\/wp\/v2\/comments?post=16672"}],"version-history":[{"count":1,"href":"https:\/\/eldienteroto.org\/wp49\/wp-json\/wp\/v2\/posts\/16672\/revisions"}],"predecessor-version":[{"id":16674,"href":"https:\/\/eldienteroto.org\/wp49\/wp-json\/wp\/v2\/posts\/16672\/revisions\/16674"}],"wp:featuredmedia":[{"embeddable":true,"href":"https:\/\/eldienteroto.org\/wp49\/wp-json\/wp\/v2\/media\/16673"}],"wp:attachment":[{"href":"https:\/\/eldienteroto.org\/wp49\/wp-json\/wp\/v2\/media?parent=16672"}],"wp:term":[{"taxonomy":"category","embeddable":true,"href":"https:\/\/eldienteroto.org\/wp49\/wp-json\/wp\/v2\/categories?post=16672"},{"taxonomy":"post_tag","embeddable":true,"href":"https:\/\/eldienteroto.org\/wp49\/wp-json\/wp\/v2\/tags?post=16672"}],"curies":[{"name":"wp","href":"https:\/\/api.w.org\/{rel}","templated":true}]}}