{"id":16664,"date":"2025-07-07T15:43:36","date_gmt":"2025-07-07T20:13:36","guid":{"rendered":"https:\/\/eldienteroto.org\/wp49\/?p=16664"},"modified":"2025-07-07T15:43:36","modified_gmt":"2025-07-07T20:13:36","slug":"dos-cuentos-de-aquiles-nazoa","status":"publish","type":"post","link":"https:\/\/eldienteroto.org\/wp49\/dos-cuentos-de-aquiles-nazoa\/","title":{"rendered":"Dos cuentos de Aquiles Nazoa"},"content":{"rendered":"\n<h3 class=\"wp-block-heading\">La ni\u00f1a, el pozo, el gato, el coj\u00edn volador y las siete piedritas\u2026 <\/h3>\n\n\n\n<p>Era una creencia antigua entre los ni\u00f1os de aquel pueblo que si alcanzaban a recoger siete piedritas blancas al tiempo que las cam\u00adpanas tocaban el Aleluya, tendr\u00edan despu\u00e9s una Navidad llena de riquezas. Pues luego, en los diez meses que corren entre Semana Santa y Navidad, las piedritas ir\u00edan volvi\u00e9ndose centavos. Esto, siempre que una vez recogidas se tuviese el cuidado y la perseve\u00adrancia de guardarlas todas las noches, sin mirarlas, debajo de la al\u00admohada.<\/p>\n\n\n\n<p>Incubadas por el sue\u00f1o y la esperanza de los ni\u00f1os, un alquimis\u00adta misterioso y paciente iba despu\u00e9s gastando las piedritas hasta infundirles el brillo y la delgadez del metal; limas silentes redon\u00addeaban sus bordes; buriles y troqueles secretos les inscrib\u00edan los co\u00adnocidos cu\u00f1os. Y el 24 de Diciembre a las doce de la noche ni un minuto m\u00e1s ni un minuto menos, pod\u00eda usted \u2014con los ojos cerrados, eso s\u00ed\u2014 levantar su almohada, que si hab\u00eda sabido con\u00adservar su esperanza hasta el final, ah\u00ed estar\u00edan, en hilerita deslumbrante, las siete monedas. Pero aunque todos cre\u00edan en \u00e9l, la verdad es que ninguno de los ni\u00f1os de nuestro pueblo hab\u00eda si\u00addo jam\u00e1s favorecido por tan dadivoso milagro. Era la suya, como la de todas las gentes simples, una fe alimentada en la conseja fami\u00adliar, una ilusi\u00f3n comunicada a su coraz\u00f3n por gentes viejas que en su tiempo hab\u00edan sido tambi\u00e9n ni\u00f1os cr\u00e9dulos e imaginativos. Pe\u00adro tampoco ellos, los viejos, hab\u00edan conocido el milagro, a no ser, quiz\u00e1, que lo hubiesen visto en otras comarcas.<\/p>\n\n\n\n<p>Y es que en el pueblo de nuestro cuento, todo parec\u00eda dispuesto para que los ni\u00f1os no conocieran nunca esta alegr\u00eda. Las treinta o cuarenta casas que formaban el vecindario se levantaban sobre un suelo de tierra gris\u00e1cea, tan fina que parec\u00eda cernida, toda lodaza\u00adles en el invierno, toda remolinos de polvo en el verano, tierra flo\u00adtante de m\u00e9danos, siempre a merced del viento, y en donde hallar una piedra, por peque\u00f1a que fuese, era tan dif\u00edcil como en\u00adcontrarse un anillo de oro en el ba\u00fal de alguno de aquellos pobr\u00edsimos vecinos.<\/p>\n\n\n\n<p>Hab\u00eda, s\u00ed, a alguna distancia en las afueras, y como compensa\u00adci\u00f3n de tanta aridez y polvo seco, un r\u00edo que daba de beber a las cercanas vegas, un r\u00edo generoso y bonito que no se sab\u00eda de d\u00f3nde ven\u00eda ni para d\u00f3nde iba, siempre concurrido de arrieros que iban a ba\u00f1ar sus mulas, o de bulliciosas lavanderas que bat\u00edan sus trapos contra grandes piedras y, algunos d\u00edas, de sacadores de arena cuyas carretas prove\u00edan a las escas\u00edsimas alba\u00f1iler\u00edas de por aquellos lu\u00adgares.<\/p>\n\n\n\n<p>El S\u00e1bado de Gloria, desde muy en la ma\u00f1ana, los ni\u00f1os del pueblo tomaban el camino del r\u00edo, y una vez junto a \u00e9l despu\u00e9s de larga caminata, se repart\u00edan por las zonas m\u00e1s arenosas de la ribe\u00adra, a fin de tener asegurada su provisi\u00f3n de piedrecitas para cuan\u00addo llegara el momento de recogerlas.<\/p>\n\n\n\n<p>Pero nunca acertaban con el momento justo, pues estaban en\u00adtonces tan distantes del pueblo, y era tan envolvente el rumor del agua, que ni el m\u00e1s fino de o\u00eddos alcanzaba a escuchar las campa\u00adnas. Inseguros, con la vaga angustia de la incertidumbre, afirm\u00e1n\u00addose unos a otros haber o\u00eddo algo, cuando en ese momento cerca\u00adno al mediod\u00eda se suger\u00edan en la distancia sonidos que pod\u00edan ser o no ser de remotas campanitas, entonces eleg\u00eda cada uno siete piedritas de las m\u00e1s lavadas por la corriente. Cada cual, despu\u00e9s de contemplarlas y sopesarlas, se las echaba al bolsillo o las conserva\u00adba apu\u00f1adas en la mano, y la muchachada volv\u00eda jubilosa al pueblo, a los gritos de:<\/p>\n\n\n\n<p><em>\u00a1Aleluya, Aleluya,<\/em><\/p>\n\n\n\n<p><em>ya cada cual cogi\u00f3 la suya!<\/em><\/p>\n\n\n\n<p>M\u00e1s siempre era para comprobar, llegada la noche de di\u00adciembre, que toda su ilusi\u00f3n, acrecida en casi un a\u00f1o de espera, hab\u00eda parado en nada.<\/p>\n\n\n\n<p>Sea porque se les hab\u00edan adelantado las campanas, sea porque se les hubieran quedado atr\u00e1s, lo cierto es que nunca llegaba a cumpl\u00edrseles el milagro de las piedritas.<\/p>\n\n\n\n<p>De los ni\u00f1os que aquella Nochebuena levantaron su almohada para encontrarse con que las piedritas blancas no se hab\u00edan conver\u00adtido en centavos, la m\u00e1s golpeada por el desenga\u00f1o fue, quiz\u00e1, la ni\u00f1a que protagoniza esta historia.<\/p>\n\n\n\n<p>Como todas las ni\u00f1as de los cuentos tristes, ella era bonita, hu\u00e9rfana y buena, y ten\u00eda una madrastra cruel.<\/p>\n\n\n\n<p>Viv\u00edan en la \u00faltima casita del pueblo, una casita tirada como una semilla perdida, en la mitad de la sabana. Pero no era una fea casita, pese a que en ella se hac\u00eda sufrir a una pobre ni\u00f1a. Parec\u00eda una casita pintada en un cuaderno cuando uno est\u00e1 en segundo grado y tiene una caja de creyones. Era tal vez la \u00fanica que en la regi\u00f3n pod\u00eda darse el lujo de tener flores, flores de esas que uno le pinta a la casita que ha dibujado en el cuaderno cuando uno est\u00e1 en segundo grado y tiene una caja de creyones y se le ocurre pintar una casita que tenga flores.<\/p>\n\n\n\n<p>Aunque dicho sea en honor de la verdad, la casita no ten\u00eda aquellas flores por adorno, sino porque la terrible madrastra, ocho veces viuda, hab\u00eda descubierto un espl\u00e9ndido negocio en fabricar coronas f\u00fanebres para vend\u00e9rselas a precios especiales de familia, a los dolientes de sus ocho difuntos maridos.<\/p>\n\n\n\n<p>El principal oficio de la ni\u00f1a era precisamente el cuido de las flores. Las regaba sacando agua de un pozo muy hondo y muy fresco que hab\u00eda en el patio. Haciendo girar una manivela que el pozo ten\u00eda en su brocal, una cuerda se iba enrollando y, atado al extremo de la cuerda, sub\u00eda un cubo de agua olorosa a ra\u00edces tier\u00adnas y a d\u00eda de lluvia. A veces, con el agua, se ven\u00edan tambi\u00e9n algu\u00adnas piedrecitas, seguramente las piedrecitas m\u00e1s limpias y m\u00e1s pe\u00adque\u00f1as del mundo.<\/p>\n\n\n\n<p>Conoci\u00f3 una vez la ni\u00f1a c\u00f3mo pod\u00edan estas piedrecitas llegar a convertirse en centavos. Y el d\u00eda indicado, cuando calcul\u00f3 que la hora de recogerlas se acercaba, ech\u00f3 el balde dentro del pozo. Al sacarlo de vuelta, ven\u00edan justamente siete piedrecitas en el fondo del agua.<\/p>\n\n\n\n<p>Esper\u00f3 un rato sin tocarlas, y cuando a la distancia crey\u00f3 percibir las campanas del Aleluya, las recogi\u00f3, las cont\u00f3 bien y fue a guar\u00addarlas.<\/p>\n\n\n\n<p>Noche tras noche, con los ojos cerrados las colocaba debajo de su almohada; ma\u00f1ana tras ma\u00f1ana, con los ojos cerrados, las vol\u00adv\u00eda a meter en su escondite. As\u00ed pasaron d\u00edas y semanas y meses, y con el tiempo iba creciendo su ilusionada curiosidad.<\/p>\n\n\n\n<p>Lleg\u00f3 por fin la Nochebuena y son\u00f3 la hora se\u00f1alada. Con el co\u00adraz\u00f3n vuelto un caballo dentro del pecho, se incorpor\u00f3 en su ca\u00adma. \u00bfC\u00f3mo lo har\u00eda? Primero pens\u00f3 en entrarles de sorpresa, co\u00admo a cosa que puede asustarse y salir volando. Pero sus manos se detuvieron en el impulso. Y, cambiando de parecer, \u00a1zas!, alz\u00f3 la almohada de un tir\u00f3n seco.<\/p>\n\n\n\n<p>Se qued\u00f3 un momento inm\u00f3vil, fijos los ojos grandotes en el lu\u00adgar donde estaban las piedritas. Toda la cara se le fue como apa\u00adgando. A trav\u00e9s de una confusi\u00f3n de l\u00e1grimas y mocos fue cogien\u00addo las piedras una por una y examin\u00e1ndolas desconsoladamente. Por fin, llorando y llorando se ech\u00f3 encima de ellas, y llor\u00f3 muy largamente, largamente como s\u00f3lo puede llorar una pobre ni\u00f1a desenga\u00f1ada.<\/p>\n\n\n\n<p>Apu\u00f1ando las piedritas que al echarse encima de ellas se le ha\u00adb\u00edan incrustado entre la palma de la mano y la mejilla, se levant\u00f3 y sali\u00f3 de puntillas al patio.<\/p>\n\n\n\n<p>\u2014Se las devolver\u00e9 al pozo\u2014 dijo. El pozo me ha enga\u00f1ado.<\/p>\n\n\n\n<p>Y ya junto al brocal, empu\u00f1\u00f3 la manivela y se puso a darle vuel\u00adtas; pero en lugar del cubo de agua, ahora lo que sub\u00eda del pozo, a medida que giraba el cilindro, era un mel\u00f3dico y muy antiguo vals como de orquesta mec\u00e1nica de carrousel. Sorprendida, detuvo la manivela, y con la misma ces\u00f3 la m\u00fasica. La volvi\u00f3 a hacer girar y la m\u00fasica son\u00f3 de nuevo. \u00a1He aqu\u00ed, pues, que nuestro pozo fun\u00adciona como un organillo!<\/p>\n\n\n\n<p>Encantada de su descubrimiento, dej\u00f3 caer las siete piedritas, y las piedritas al dar en el fondo, sonaron como centavos, como un pu\u00f1ado de centavitos nuevos que se le cae a uno. \u00a1Eran centavos! \u00a1Y ella que no hab\u00eda visto bien! \u00bfO ser\u00e1 que sonaron as\u00ed al chocar con el metal del cubo?<\/p>\n\n\n\n<p>Para cerciorarse hizo girar la manivela, y esta vez, s\u00ed subi\u00f3 el re\u00adcipiente. Pero al asomarse a \u00e9l, \u00a1nueva sorpresa!: donde esperaba encontrar piedrecitas o monedas, lo que vio fue un sapo, un sapo de piel intensamente verde que la miraba con ojos tan tristes como los de ella.<\/p>\n\n\n\n<p>Iba a devolverlo al pozo, llena de miedo, cuando oy\u00f3 que el sa\u00adpo le hablaba, llam\u00e1ndola por su nombre con una voz profunda como la del se\u00f1or gordote que canta en la \u00f3pera. \u2014Soy \u2014le di\u00adjo\u2014 un pr\u00edncipe convertido en sapo por la maldad de una madrastra cruel. Estoy condenado a vivir as\u00ed hasta que encuentre una ni\u00f1a de tan noble coraz\u00f3n que quiera alojarme en su casa arriesg\u00e1ndolo todo.<\/p>\n\n\n\n<p>Yo te salvar\u00e9 \u2014dijo la ni\u00f1a. Te alojar\u00e9 en mi casa, pero como mi madrastra odia a los sapos y te matar\u00eda si te encontrase, deber\u00e1s permanecer oculto en la forma que yo te diga.<\/p>\n\n\n\n<p>En eso amaneci\u00f3 el radiante d\u00eda de Navidad. Muy sigilosamente la ni\u00f1a volvi\u00f3 a su cuarto. All\u00ed no hab\u00eda nada que le sirviera para ocultar un sapo.<\/p>\n\n\n\n<p>Pero la pared del cuarto era blanca, y ella ten\u00eda un crey\u00f3n azul. De modo pues que cogi\u00f3 el crey\u00f3n y sobre la pared blanca dibuj\u00f3 un cofrecito de plata. Pero como el espacio de la pared era muy re\u00adducido y el crey\u00f3n muy chiquito, el cofre que dibuj\u00f3 le sali\u00f3 de\u00admasiado peque\u00f1o como para que en \u00e9l pudiera meterse con como\u00addidad el sapo.<\/p>\n\n\n\n<p>Lo que hizo ella entonces fue abrir el cofre que hab\u00eda dibujado, y de \u00e9l sac\u00f3 sedas, algod\u00f3n, telas fin\u00edsimas y un dechado.<\/p>\n\n\n\n<p>Vino nuevamente a sentarse en el brocal del pozo mientras el sapo esperaba. En pocos minutos tuvo terminado un hermoso co\u00adj\u00edn, con las iniciales de su madrasta bordadas con hilos de oro en todo el centro.<\/p>\n\n\n\n<p>\u2014Esta ser\u00e1 su casa, se\u00f1or Prinsapo \u2014le anunci\u00f3 al hu\u00e9sped\u2014. Y por un boquete de la tela que todav\u00eda ten\u00eda sin coser, meti\u00f3 dentro del coj\u00edn a su amigo con recomendaciones de que se estuviese all\u00ed muy quieto, y remat\u00f3 su costura.<\/p>\n\n\n\n<p>En ese momento sal\u00eda la madrastra con sus habituales rega\u00f1os. \u2014Madrastra\u2014le dijo la ni\u00f1a present\u00e1ndole el coj\u00edn\u2014, como hoy es d\u00eda de Pascuas le he preparado este aguinaldo.<\/p>\n\n\n\n<p>\u2014Ay \u2014exclam\u00f3 la madrastra con rara complacencia \u00a1Qu\u00e9 hermo\u00adso coj\u00edn! Lo colocaremos en el sof\u00e1 del sal\u00f3n para vend\u00e9rselo al pri\u00admer cliente que venga a encargarnos una corona. Por experiencia lo digo: al que acaba de perder alg\u00fan ser querido siempre le hace falta un coj\u00edn para echarse a llorar.<\/p>\n\n\n\n<p>Tan grosera muestra de mal coraz\u00f3n hizo estremecer al sapo dentro del coj\u00edn, pero comprendi\u00f3 que, en aquel instante, cual\u00adquier efusi\u00f3n de sus sentimientos pod\u00eda perderle. Y se qued\u00f3 calladito.<\/p>\n\n\n\n<p>El coj\u00edn fue colocado en el mejor mueble de la casa, entre un modelo reducido de corona funeraria para general y un enorme retrato de conjunto donde el artista hab\u00eda reunido, por riguroso orden alfab\u00e9tico, a los ocho difuntos maridos de la se\u00f1ora.<\/p>\n\n\n\n<p>Por el momento, tanto el sapo como la ni\u00f1a respiraron tran\u00adquilos.<\/p>\n\n\n\n<p>Pero aqu\u00ed entra en acci\u00f3n un personaje llamado Pancho, del que hasta ahora nos hab\u00edamos olvidado por completo.<\/p>\n\n\n\n<p>Pancho era el \u00fanico ser en este mundo a quien aquella terrible se\u00f1ora hab\u00eda llegado a dispensarle alg\u00fan cari\u00f1o. Pancho era un gatazo gordo, remilgoso y mal acostumbrado.<\/p>\n\n\n\n<p>Viendo que hab\u00eda coj\u00edn nuevo en la casa, se aprest\u00f3 a estrenarlo. De un salto gan\u00f3 el sof\u00e1, se arque\u00f3 perezosamente como conviene a un verdadero gato, y se instal\u00f3 en el coj\u00edn, dispuesto a echar en ese mullido lecho la primera siesta del d\u00eda.<\/p>\n\n\n\n<p>Pero apenas (cerrados pl\u00e1cidamente los ojos) se hab\u00eda enroscado sobre el lujoso coj\u00edn, empez\u00f3 a percibir unos ins\u00f3litos movimien\u00adtos debajo de su cuerpo; era el sapo que all\u00e1 adentro en su prisi\u00f3n de algodones, se sent\u00eda agobiado bajo el peso de Pancho.<\/p>\n\n\n\n<p>Pancho, a los primeros movimientos, abandon\u00f3 de un salto el sitio, emitiendo una especie de soplido. Por su parte, al sentirse libre de aquel peso agobiante, el asustado sapo quiso emprender la huida; pero prisionero como estaba en su encierro de trapos y al\u00adgodones, sus saltos no lograron otra cosa que poner a bailotear el coj\u00edn por toda la casa.<\/p>\n\n\n\n<p>A los bufidos del enfurecido Pancho, sali\u00f3 la vieja con un palo en la mano, resuelta a descargarlo sobre el extra\u00f1o coj\u00edn bailador. Pero, cosa rara, en el momento justo en que alzaba el brazo para golpearlo, un coro de voces al mismo tiempo dulce y l\u00fagubre, la hizo volverse. Eran los ocho retratos de sus ocho difuntos maridos, s\u00fabitamente animados, a quienes al parecer divert\u00eda la danza del coj\u00edn, pues en un crescendo cada vez m\u00e1s poderoso, acompa\u00f1aban aquel bamboleo tan raro con el sonsonete que tambi\u00e9n para que brinquen a su comp\u00e1s se les canta a los ni\u00f1os.<\/p>\n\n\n\n<p><em>\u00a1Sapito lip\u00f3n!,<\/em><\/p>\n\n\n\n<p><em>\u00a1Sapito lip\u00f3n!,<\/em><\/p>\n\n\n\n<p><em>\u00a1ni tiene camisa, ni tiene calz\u00f3n!<\/em><\/p>\n\n\n\n<p>Entretanto, ya el coj\u00edn danzante hab\u00eda ganado la puerta, perse\u00adguido por el gato.<\/p>\n\n\n\n<p>Un salto feroz, un bufido, y ya las diez afiladas u\u00f1as desgarra\u00adban la funda. Entre los algodones dispersos por el manotazo de Pancho, se vio aparecer el sapo. \u00a1Qu\u00e9 feo estaba ahora, tembloroso de miedo y cubierto de pelusas! Pero ya la ni\u00f1a corr\u00eda en su auxi\u00adlio. Al verlo perdido, toda ella se convirti\u00f3 en una pluma soplada por siete gigantes, o en la luz de un rel\u00e1mpago, o en una flecha de agua. Lo cierto fue que en un segundo le gan\u00f3 distancia al zarpazo que ya bajaba, se ech\u00f3 a tierra y cay\u00f3 como un ala sobre su tr\u00e9mulo amigo. Y all\u00ed se qued\u00f3 dulcemente echada, el pecho contra la tierra desnuda, el rostro sobre h\u00fameda almohada de flores.<\/p>\n\n\n\n<p>Cuando despert\u00f3 era D\u00eda de Navidad. Ten\u00eda las siete piedrecitas marcadas como siete estrellas sobre su cara. Pero ya no estaba tris\u00adte. Abri\u00f3 una vieja ventana, y su primera mirada del d\u00eda fue para el pozo.<\/p>\n\n\n\n<p>Nunca le fue tan familiar. Le sonri\u00f3 con esa sonrisa que los seres sencillos no suelen tener sino para los que comparten con ellos un secreto maravilloso.<\/p>\n\n\n\n<p class=\"has-text-align-center\">***<\/p>\n\n\n\n<h3 class=\"wp-block-heading\">La historia de un caballo que era bien bonito<\/h3>\n\n\n\n<p>Yo conoc\u00ed un caballo que se alimentaba de jardines.<\/p>\n\n\n\n<p>Todos est\u00e1bamos muy contentos con esa costumbre del caballo; y el caballo tambi\u00e9n porque como se alimentaba de jardines, cuando uno le miraba los ojos las cosas se ve\u00edan de todos los colores en los ojos del caballo.<\/p>\n\n\n\n<p>Al caballo tambi\u00e9n le gustaba mirarlo a uno con sus ojos de colores, y lo mejor del asunto es que con los ojos de ese caballo que com\u00eda jardines se ve\u00edan todas las cosas que el caballo ve\u00eda, pero claro que m\u00e1s bonitas, porque se ve\u00edan como si tuvieran siete a\u00f1os. Yo a veces esperaba que el caballo estuviera viendo para donde estaba mi escuela. El entend\u00eda la cosa y miraba para all\u00e1, y entonces mi hermana Elba y yo nos \u00edbamos para la escuela a trav\u00e9s de los ojos del caballo.<\/p>\n\n\n\n<p>\u00a1Qu\u00e9 caballo tan agradable!<\/p>\n\n\n\n<p>A nosotros cuando m\u00e1s nos gustaba verlos era aquellos domingos por la ma\u00f1ana que estaban tocando la retreta y ese caballo de colores llegaba por ah\u00ed visti\u00e9ndose de alfombra por todas partes que pasaba.<\/p>\n\n\n\n<p>Yo creo que ese caballo era muy cari\u00f1oso. Ese caballo ten\u00eda cara de que le hubiera gustado darle un pase\u00edto a uno, pero quien se iba a montar en aquel pueblo en un caballo como ese, pues a la gente de ah\u00ed le daba pena; ah\u00ed nadie ten\u00eda ropa aparente.<\/p>\n\n\n\n<p>Como ser\u00eda de bonito ese caballo que con ese caballo se alz\u00f3 Miranda contra el gobierno porque se inspir\u00f3 en el tricolor de sus labios y en el rubio de sus ojos.<\/p>\n\n\n\n<p>Ese caballo si se ve\u00eda bonito cuando estaban tocando ah\u00ed esa retreta y el Se\u00f1or Presidente de la Sociedad de Jardineros lo tra\u00eda para que se desayunara en la plaza p\u00fablica.<\/p>\n\n\n\n<p>Que caballo tan considerado. Ese caballo pod\u00eda estar muy hambriento, pero cuando los jardineros lo tra\u00edan para que se comiera la plaza, el sab\u00eda que en el pueblo hab\u00eda mucha gente necesitada de todo lo que all\u00ed le serv\u00edan, y no se com\u00eda sino a los m\u00fasicos.<\/p>\n\n\n\n<p>Y los m\u00fasicos encantados. Como el caballo estaba lleno de flores por dentro, ellos ah\u00ed se sent\u00edan inspirados y se la pasaban tocando m\u00fasica dentro del caballo.<\/p>\n\n\n\n<p>Bueno, y como el caballo se alimentaba de jardines y ten\u00eda todos los colores de las flores que se com\u00eda, la gente que pasaba por ah\u00ed y lo ve\u00eda esperando que los jardineros le echaran su comida dec\u00edan: m\u00edreme ese caballo tan bonito que est\u00e1 ah\u00ed espant\u00e1ndose las mariposas con el rabo.<\/p>\n\n\n\n<p>Como ser\u00eda de bonito ese caballo que con ese caballo se alz\u00f3 Miranda contra el gobierno porque se inspir\u00f3 en el tricolor de sus labios y en el rubio de sus ojos.<\/p>\n\n\n\n<p>Y el caballo sab\u00eda que dec\u00edan todo eso, y se quedaba ah\u00ed quietecito sin moverse para que tambi\u00e9n dijeran que aquel caballo era demasiado bonito para vivir en un pueblo tan feo, y unos doctores que pasaron lo que dijeron es que lo que parec\u00eda ese caballo es que estaba pintado en el pueblo.<\/p>\n\n\n\n<p>\u00a1As\u00ed era de bonito ese caballo!<\/p>\n\n\n\n<p>Todo el mundo era muy cari\u00f1oso con ese caballo tan bonito, y m\u00e1s las se\u00f1oras y se\u00f1oritas del pueblo, que estaban muy contentas con aquel caballo que se alimentaba de jardines. \u00bfNo ve que como consecuencia de aquella alimentaci\u00f3n lo que el caballo echaba por el culito eran rosas?<\/p>\n\n\n\n<p>As\u00ed, cuando las damas quer\u00edan adornar su casa o poner un matrimonio, no ten\u00edan m\u00e1s que salir al medio de la calle y recoger algunas de las magn\u00edficas rosas con que el caballo le devolv\u00eda sus jardines al pueblo.<\/p>\n\n\n\n<p>Una vez en ese pueblo se declar\u00f3 la guerra mundial, y viendo un general el hermoso caballo que com\u00eda jardines, se mont\u00f3 en \u00e9l y se lo llev\u00f3 para esa guerra mundial que hab\u00eda ah\u00ed, dici\u00e9ndole: mira caballo, d\u00e9jate de jardines y de maricadas de esas y ponte al servicio de tal y cual cosa, que yo voy a defender los principios y tal, y las instituciones y tal, y el legado de yo no se quien, y bueno, caballo, todas esas lavativas que t\u00fa sabes que uno defiende.<\/p>\n\n\n\n<p>Apenas llegaron ah\u00ed a la guerra mundial, otro general que defend\u00eda el patrimonio y otras cosas as\u00ed, le tir\u00f3 un tiro al general que estaba de este lado de la alcabala, y al que mat\u00f3 fue al caballo que se alimentaba de jardines, que cay\u00f3 a tierra echando una gran cantidad de p\u00e1jaros por la herida porque el general lo hab\u00eda herido en el coraz\u00f3n.<\/p>\n\n\n\n<p>La guerra por fin tuvo que terminarse porque si no hubiera quedado a quien venderle el campo de batalla.<\/p>\n\n\n\n<p>Despu\u00e9s que termin\u00f3 la guerra, en ese punto que cay\u00f3 muerto el caballo que com\u00eda jardines, la tierra se cubri\u00f3 de flores.<\/p>\n\n\n\n<p>Una vez ven\u00eda de regreso para su pueblo uno que no ten\u00eda nombre y estaba muy solo y hab\u00eda ido a recorrer mundo buscando novia porque se sent\u00eda bastante triste, \u00bfno ve que le mataron hasta el perro con eso de la defensa de los principios y tal?, y no hab\u00eda encontrado novia alguna porque era muy pobre y no ten\u00eda ninguna gracia.<\/p>\n\n\n\n<p>Al ver ese reguero de flores que hab\u00eda ah\u00ed donde hab\u00eda muerto el caballo que com\u00eda jardines, el hombre cogi\u00f3 una de su gusto y se la puso en el pecho. Cuando lleg\u00f3 al pueblo encontr\u00f3 a su paso una muchacha que al verlo con su flor en el pecho, dijo para ella misma: que joven tan delicado que se pone en el pecho esa flor tan bonita. Hay cosas bonitas que son tristes tambi\u00e9n, como esa flor que se puso en el pecho ese joven que viene ah\u00ed. Ese debe ser una persona muy decente y a lo mejor es un poeta.<\/p>\n\n\n\n<p>Lo que ella estaba diciendo dentro de ella con ese asunto, el hombre no lo escuch\u00f3 con el o\u00eddo, sino como lo oy\u00f3 fue con esa flor que ten\u00eda en el pecho.<br>Eso no es gracia; cualquiera pude o\u00edr cosas por medio de una flor que se ha puesto en el pecho. La cuesti\u00f3n es que uno sea un hombre bueno y que reconozca que no hay mayores diferencias entre una flor colocada en el pecho de un hombre y la herida de que se muere inocentemente en el campo un pobre caballo.<\/p>\n\n\n\n<p>Qu\u00e9 iba a hacer, le regal\u00f3 a aquella bonita muchacha la \u00fanica cosa que hab\u00eda tenido en su vida, le regal\u00f3 a la muchacha aquella flor que le serv\u00eda a uno para o\u00edr cosas: \u00bfqui\u00e9n con un regalo tan bueno no enamora inmediatamente a una muchacha?<\/p>\n\n\n\n<p>El d\u00eda que se casaron, como el pap\u00e1 de ella era un se\u00f1or muy rico porque ten\u00eda una venta de raspado, le regal\u00f3 como veinticinco tablas viejas, dos ruedas de carreta y una moneda de oro.<\/p>\n\n\n\n<p>Con las veinticinco tablas el hombre de la flor se fabric\u00f3 una carreta y a la carreta le pint\u00f3 un caballo, y con la moneda de oro compro una cesta de flores y se las dio de comer al caballo que pinto en la carreta, y ese fue el origen de un cuento que creo haber contado yo alguna vez y que empezaba: \u00abYo conoc\u00ed un caballo que se alimentaba de jardines\u00bb.<\/p>\n\n\n\n<h4 class=\"wp-block-heading has-text-align-right\"><a href=\"https:\/\/eldienteroto.org\/wp49\/aquiles-nazoa\/\" target=\"_blank\" rel=\"noreferrer noopener\">Sobre el autor<\/a><\/h4>\n","protected":false},"excerpt":{"rendered":"<p>La ni\u00f1a, el pozo, el gato, el coj\u00edn volador y las siete piedritas\u2026 Era una creencia antigua entre los ni\u00f1os de aquel pueblo que si alcanzaban a recoger siete piedritas blancas al tiempo que las cam\u00adpanas tocaban el Aleluya, tendr\u00edan despu\u00e9s una Navidad llena de riquezas. 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