{"id":16628,"date":"2025-07-02T15:26:59","date_gmt":"2025-07-02T19:56:59","guid":{"rendered":"https:\/\/eldienteroto.org\/wp49\/?p=16628"},"modified":"2025-07-02T15:31:06","modified_gmt":"2025-07-02T20:01:06","slug":"la-luz-de-los-espacios-calidos","status":"publish","type":"post","link":"https:\/\/eldienteroto.org\/wp49\/la-luz-de-los-espacios-calidos\/","title":{"rendered":"La luz de \u00abLos espacios c\u00e1lidos\u00bb"},"content":{"rendered":"\n<h4 class=\"wp-block-heading has-text-align-right\">Eugenio Montejo<\/h4>\n\n\n\n<p>Vicente Gerbasi refiri\u00f3 en una oportunidad que poco despu\u00e9s de publicar <em>Los espacios c\u00e1lidos <\/em>en 1952, decidi\u00f3 llevarle a Armando Rever\u00f3n un ejemplar de su poemario. \u00abToqu\u00e9 la campana de su &#8216;Castillete&#8217; -relata Vicente- y Rever\u00f3n abri\u00f3 la puerta, casi desnudo, con un pantal\u00f3n corto y una gran barba blanca. Parec\u00eda un San Pedro con su mazo de llaves. Le entregu\u00e9 el libro y pasamos al patio. Puso en un banquillo mi libro y pos\u00f3 las llaves sobre \u00e9l, diciendo: -\u00abPongo las llaves sobre tu libro porque la poes\u00eda es la que tiene las llaves\u00bb \u2026<\/p>\n\n\n\n<p>No es casual que entre los asiduos visitantes del gran pintor retirado en el litoral al norte de Caracas se contara Gerbasi, pues aparte de las afinidades que podamos reconocer entre ambos artistas, es sabido que en su mocedad el poeta tom\u00f3 clases de dibujo y composici\u00f3n pl\u00e1stica. Por su parte Rever\u00f3n, tal como Frenhofer, el terrible personaje balzaciano, asum\u00eda la b\u00fasqueda del absoluto en su pintura y particularmente en la representaci\u00f3n pl\u00e1stica de nuestra luz. A Frenhofer se le podr\u00edan haber atribuido estas palabras de Rever\u00f3n: \u00abLa pintura es la verdad; pero la luz ciega, enloquece, atormenta, porque uno no puede ver la luz\u00bb. No es raro tampoco que Gerbasi lo haya encontrado aquella vez medio desnudo pues le estorbaba la ropa para pintar. Rara s\u00ed es, en cambio, la frase que al momento de recibir el libro le dice acerca de la poes\u00eda como poseedora de las llaves. Si queremos leer tales palabras del modo que resulten m\u00e1s fieles a quien las pronunci\u00f3, hemos de convenir en que las llaves a que el pintor se refiere no pueden ser otras que las de la luz.<\/p>\n\n\n\n<p>El libro que le hab\u00eda llevado de regalo el poeta aquella tarde trata por cierto de la luz tropical, y m\u00e1s exactamente del espacio donde reina esa luz cuya fijeza ha recuperado Gerbasi en su obra desde una perspectiva personal y m\u00edtica. Rever\u00f3n y Gerbasi, los dos amigos que en aquel momento se re\u00fanen frente al mar de Macuto, son dos nombres fundamentales de la expresi\u00f3n art\u00edstica del tr\u00f3pico venezolano. Por lo dem\u00e1s, las nociones que de la naturaleza tropical poseen ambos artistas muestran por momentos signos coincidentes. El pintor afirma que \u00ablos colores no existen en el tr\u00f3pico debido a que la luz los ha desvalorizado\u00bb, una observaci\u00f3n que explica la enceguecida angustia que lo lleva a pintar a base del blanco. El poeta por su parte dir\u00e1 que \u00abel tr\u00f3pico es m\u00e1s favorable a lo demon\u00edaco que a lo ang\u00e9lico\u00bb. Podr\u00edamos proponer, como una licencia de nuestra lectura, la fusi\u00f3n en una sola de las dos ideas y admitir con ambos artistas que en el tr\u00f3pico la parte ang\u00e9lica del color desaparece disuelta por un esfumino demon\u00edaco.<\/p>\n\n\n\n<p><em>Los espacios c\u00e1lidos<\/em>, el poemario reci\u00e9n impreso, hab\u00eda sido escrito, para decirlo con los versos del autor: \u00aba los treinta y siete a\u00f1os de mi cr\u00e1neo \/ le\u00eddos en la raya de la mano\u00bb. Es, pues, un libro que adem\u00e1s del m\u00e9rito literario que le reconozcamos, se halla relacionado con toda la crucial significaci\u00f3n de la media vida. La estremecedora edad del mezzo camin, cuya proyecci\u00f3n psicol\u00f3gica supo destacar hondamente Carl G. Jung, se sit\u00faa, como se sabe, al promediar nuestra cuarta d\u00e9cada vital. Reviste la importancia de un segundo nacimiento por lo que implica de aceptaci\u00f3n y de renuncia. En el plano simb\u00f3lico est\u00e1 representada por la decisi\u00f3n del Caballero de desposar a la Virgen, que es la tierra. Parece no pasar por cada hombre sin instarlo a una profunda indagaci\u00f3n de lo que es y de lo que en verdad pueda llegar a ser. Reordena el sentido de las ilusiones juveniles, tiene en cuenta la muerte y procura fundamentar una nueva armon\u00eda. No resulta extra\u00f1o, por ende, que durante la crisis que tal edad trae consigo llamemos a la puerta de la infancia pues se trata de emprender una nueva partida. En el presente caso el mismo poeta lo subraya de nuevo en otro verso all\u00ed reproducido: \u00abestoy en medio de mi edad\u00bb. Gerbasi ya hab\u00eda publicado antes, entre otros t\u00edtulos, <em>Mi padre, el inmigrante<\/em> en 1945, un poema extenso y ambicioso cuyos elementos van a prolongarse y acendrarse en el libro que nos ocupa.<\/p>\n\n\n\n<p>En <em>Los espacios c\u00e1lidos<\/em> parte Gerbasi de una visi\u00f3n encantada de Canoabo, su pueblo natal, una apartada aldea del centro-occidente venezolano donde se radicaron sus padres venidos de Italia a comienzos del siglo. Vali\u00e9ndose de referencias muy cercanas a su ambiente y a su propia biograf\u00eda, gracias al don po\u00e9tico consigue convertir tales referencias en datos sentimentales gen\u00e9ricos donde el hombre venezolano puede reconocerse. El mismo t\u00edtulo de la obra, aparte de ser un referente del primer mundo conocido por el autor, su \u00e1mbito inicial, se ha convertido sin propon\u00e9rselo en otro cognomento afectivo de la geograf\u00eda de nuestro pa\u00eds, al igual que esta tierra de gracia o tierra firme.<\/p>\n\n\n\n<p>El libro posee la unidad de un sensible inventario de los seres, animales y cosas que acompa\u00f1aron la vida del poeta durante sus primeros d\u00edas. Las im\u00e1genes de la flora y fauna se acumulan bajo el permanente asombro de la mirada, modelando a lo largo de sus p\u00e1ginas el dibujo de una infancia silvestre:<\/p>\n\n\n\n<p><em>El a\u00f1o sostiene las casas de la aldea<br>rodeado de luminosas hojas de pl\u00e1tano.<br>En los umbrales est\u00e1n sentados los ancianos<br>contemplando el juego de los perros.<\/em><\/p>\n\n\n\n<p><em>Los ni\u00f1os se han ido en busca de huevos azules de p\u00e1jaros.<br>(&#8230;)<br>Oigo rumores que vienen del coraz\u00f3n de los labriegos,<br>oigo el tiempo acumulando caf\u00e9 en los patios iluminados,<br>sonando guaruras ind\u00edgenas en las colinas de la tarde.<\/em><br>( \u00abMelancol\u00eda del a\u00f1o\u00bb)<\/p>\n\n\n\n<p>El tono, puede advertirse, propende con intimidad al rasgo coloquial, el m\u00e1s apto para reproducir las voces interiorizadas del tiempo de la ni\u00f1ez. Es tambi\u00e9n el m\u00e1s cercano al habla natural de los labriegos que cada noche, \u00aben c\u00edrculo \/ oyen el cuento antiguo de los astros\u00bb.<\/p>\n\n\n\n<p>Con frecuencia, al releer la poes\u00eda de Gerbasi o al asociar en mis divagaciones alg\u00fan fragmento de su obra, \u00e9sta se me representa como una combinaci\u00f3n de magia e inocencia. Magia o arte secreto capaz de comunicar a nuestras palabras de todos los d\u00edas cierta vibraci\u00f3n distinta, m\u00e1s grata a la memoria. Y junto a esa magia la inocencia, que nos lo representa como el guardabosque de su aldea m\u00edtica, siempre bajo una luz atemporal y est\u00e1tica. Puede decirse que para \u00e9l, como para Ungaretti, \u00abla poes\u00eda es una sed de inocencia insaciada\u00bb. La magia a que me refiero tiene el suficiente medio de convicci\u00f3n para transmitirnos<br>\u00abel documento de los sentidos\u00bb, las formas encantadas de la imaginaci\u00f3n, pero asimismo pone de manifiesto en sus hallazgos una innegable autonom\u00eda po\u00e9tica para referir la vida del hombre en el tr\u00f3pico latinoamericano.<\/p>\n\n\n\n<p>Como recreaci\u00f3n del tiempo m\u00e1gico de la infancia, el libro de Gerbasi puede en cierto modo asimilarse al recuento ya francamente autobiogr\u00e1fico de Mariano Pic\u00f3n Salas, <em>Viaje al amanecer<\/em>, que hab\u00eda sido publicado algunos a\u00f1os antes. Aunque el paisaje evocado por el gran ensayista sea el de nuestra altiplanicie andina y no se trate en su caso de un poemario sino de un libro de memorias compuesto mediante una serie de vi\u00f1etas sentimentales, los ritmos agrarios del tr\u00f3pico americano y las presencias m\u00edticas encuentran una innegable correspondencia en ambas obras. \u00abTodav\u00eda cuando yo era ni\u00f1o -escribe Pic\u00f3n Salas en <em>Peque\u00f1a confesi\u00f3n a la sordina<\/em>, un texto coet\u00e1neo de <em>Los espacios c\u00e1lidos<\/em>-, en mi peque\u00f1a ciudad monta\u00f1esa conoc\u00ed chalanes y yerbateros y gentes que hicieron la guerra civil a pie, y parec\u00edan llevar en las plantas la orograf\u00eda de los caminos, el olor de las yerbas pisadas, toda una fresca y personal\u00edsima ciencia popular de leyendas, refranes y canciones\u00bb. No fue distinto el ambiente que en su apartado pueblo pudo conocer Gerbasi durante su ni\u00f1ez ni seguramente tampoco el que conoci\u00f3 Armando Rever\u00f3n.<\/p>\n\n\n\n<p>Libro creado durante el estremecimiento de media vida, <em>Los espacios c\u00e1lidos<\/em> es un t\u00edtulo axial en la bibliograf\u00eda de Vicente Gerbasi y uno de los poemarios m\u00e1s logrados que se publicaron en nuestro idioma durante la d\u00e9cada de los a\u00f1os cincuenta. Las variaciones y depuraciones que m\u00e1s tarde han tenido lugar en la obra del poeta puede decirse que parten de este libro, cuando no retoman deliberadamente sus motivos. En 1955 apareci\u00f3 la traducci\u00f3n francesa de Claude Couffon en las ediciones biling\u00fces de Pierre Seghers. M\u00e1s reciente es la versi\u00f3n al portugu\u00e9s debida a Cleto de Assis y presentada por Sergio Faraco que se public\u00f3 en Brasil en 1988.<\/p>\n\n\n\n<p>\u00abAqu\u00ed estoy a los treinta y siete a\u00f1os de mi cr\u00e1neo, \/ en una luz solitaria de animales dom\u00e9sticos, \/ a la puerta de mi casa abandonada\u00bb: leemos estas palabras en un poema significativamente titulado \u00abRegreso a la aldea\u00bb. Para situarse ante el mundo, para identificarse, como se ve, parte el poeta de la solitaria luz del tr\u00f3pico, \u00abla luz l\u00e1ctea del ma\u00edz derramado\u00bb que se menciona antes en el mismo poema \u00abAqu\u00ed estoy\u00bb, se dice a s\u00ed mismo y su afirmaci\u00f3n resulta tan aut\u00e9ntica como esta otra que en su retiro mar\u00edtimo pronuncia Rever\u00f3n: \u00abMe preguntan por qu\u00e9 estoy aqu\u00ed. Y yo respondo: por mis compromisos con la luz\u00bb.<\/p>\n\n\n\n<h4 class=\"wp-block-heading has-text-align-right\"><a href=\"https:\/\/eldienteroto.org\/wp49\/eugenio-montejo\/\" target=\"_blank\" rel=\"noreferrer noopener\">Sobre el autor<\/a><\/h4>\n","protected":false},"excerpt":{"rendered":"<p>Eugenio Montejo Vicente Gerbasi refiri\u00f3 en una oportunidad que poco despu\u00e9s de publicar Los espacios c\u00e1lidos en 1952, decidi\u00f3 llevarle a Armando Rever\u00f3n un ejemplar de su poemario. \u00abToqu\u00e9 la campana de su &#8216;Castillete&#8217; -relata Vicente- y Rever\u00f3n abri\u00f3 la puerta, casi desnudo, con un pantal\u00f3n corto y una gran barba blanca. 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