{"id":1660,"date":"2021-10-05T00:11:07","date_gmt":"2021-10-05T00:11:07","guid":{"rendered":"https:\/\/eldienteroto.org\/wp49\/?p=1660"},"modified":"2023-11-24T18:37:40","modified_gmt":"2023-11-24T18:37:40","slug":"la-otra-costa","status":"publish","type":"post","link":"https:\/\/eldienteroto.org\/wp49\/la-otra-costa\/","title":{"rendered":"La otra costa"},"content":{"rendered":"<h4 style=\"text-align: right;\">Rubi Guerra<\/h4>\n<p>Yo me vine de Manicuare huyendo de un hombre. Ya no era una muchacha; ten\u00eda mis a\u00f1os. Puedo decir que comenc\u00e9 tarde en la vida. Claro que no hay mucha distancia de Manicuare a Cuman\u00e1, apenas el ancho del golfo que se cruza en un rato, pero yo sab\u00eda que iba a ser suficiente para que Evaristo me dejara en paz. Como si le tuviera miedo al agua o a los delfines, acaso a los alcatraces que acompa\u00f1an a los botes cuando uno se acerca a la costa de Cuman\u00e1 o cuando se aleja de la de Manicuare, que es lo mismo. \u00c9l no era pescador; ser\u00eda por eso. \u00c9l era cazador y agricultor, como su padre y su abuelo. Una familia rara, que viv\u00edan aparte y se dedicaban a lo que nadie m\u00e1s se dedicaba. De cazar, no es mucho lo que se puede cazar en esos montes pelados. Chivos y poco m\u00e1s. Cuando yo era chiquita se dec\u00eda que antes hab\u00eda tigres y dantas y otros animales grandes, pero eso se acab\u00f3, y digo yo que eso era lo que cazar\u00edan su abuelo y su pap\u00e1, pero Evaristo no habr\u00e1 visto un tigre en su vida, aunque viv\u00eda como vivieron ellos, apartado del pueblo, con su escopeta para arriba y para abajo, sin participar en las faenas de pesca que reun\u00edan a todos los dem\u00e1s hombres.<\/p>\n<p>De la agricultura tampoco es mucho lo que se puede decir. Hered\u00f3 un pedazo de tierra y unas maticas que eran de su abuelo, y una casa m\u00e1s o menos grande, llena de trastos. Ellos eran dos hermanos pero el mayor se march\u00f3 cuando todav\u00eda era un muchacho y por eso la casa y la tierra eran todas de \u00e9l. Su pap\u00e1 tambi\u00e9n muri\u00f3 cuando yo era ni\u00f1a y no lo conoc\u00ed. Nunca supe de t\u00edos o t\u00edas, primos. Creo que no ten\u00eda a nadie en el mundo.<\/p>\n<p>Yo no s\u00e9 c\u00f3mo me fui a enamorar de un hombre as\u00ed. Pero cuando las cosas van a pasar, pasan. Muchos hombres se hab\u00edan interesado por m\u00ed, pero por una causa o por otra nunca se cumpli\u00f3 nada. Ser\u00eda que no me interesaban de verdad. Yo me sent\u00eda bien as\u00ed. Primero se casaron mis dos hermanas menores y entonces era m\u00e1s dif\u00edcil que alguien se fijara en m\u00ed. De pronto, ya me hab\u00eda puesto algo vieja. No vieja de verdad, pero casi. A m\u00ed no me importaba, yo me sent\u00eda bien as\u00ed. Ayudaba a mi mam\u00e1 a preparar la comida y limpiar la casa, que ten\u00eda las paredes de bahareque y el suelo de tierra pisada pero se manten\u00eda siempre bien arreglada. No se conoc\u00eda el cemento. Tambi\u00e9n la ayudaba a preparar las vasijas, ollas y platos de barro que todas las mujeres de all\u00e1 saben hacer. No quer\u00eda otra cosa. Pod\u00eda haberme quedado de ni\u00f1a vieja y habr\u00eda sido feliz. No todas nacemos para criar una familia, y en vez de amargarme como todos esperaban me sent\u00eda contenta, libre.<\/p>\n<p>Hasta que conoc\u00ed a Evaristo. Claro que yo lo conoc\u00eda de toda la vida, aunque \u00e9l era un poco mayor que yo. Toda la vida vi\u00e9ndolo, sin hablar con \u00e9l, sin notarlo, ni un poquito interesada. Yo iba a los bailes, a pesar de que poco bailaba, es verdad, no ve que ya se me consideraba algo vieja y no demasiado bonita. Yo iba a divertirme, no a buscar hombre, pero c\u00f3mo son las cosas, termin\u00e9 encontr\u00e1ndome el que el destino ten\u00eda para m\u00ed. Digo yo que ser\u00eda el destino porque me bast\u00f3 bailar dos veces con \u00e9l para sentir una especie de alboroto en el cuerpo. Esa noche no pas\u00f3 nada m\u00e1s, s\u00f3lo que no pude dormir recordando las manos de Evaristo en mi cintura, pregunt\u00e1ndome por qu\u00e9 nunca me hab\u00eda dado cuenta de que ten\u00eda los ojos tan bonitos. Una es as\u00ed. Un hombre que he visto toda la vida y que nunca ha significado nada, de pronto todo comienza a girar alrededor de \u00e9l y una misma se va como perdiendo, como desapareciendo en el aire, y queda s\u00f3lo una ansiedad, un vac\u00edo, donde antes estabas t\u00fa misma con tu tranquilidad y tu soledad.<\/p>\n<p>Despu\u00e9s de eso comenzamos a vernos de vez en cuando, al principio como por casualidad, sin hablar mucho; luego ya busc\u00e1ndonos y sabiendo que nos busc\u00e1bamos, siempre sin hablar mucho porque Evaristo no era muy conversador, digo yo que por haberse criado como cazador, que pasan tanto tiempo solos y en silencio, al contrario de los pescadores que tienen que trabajar siempre juntos y se distraen cont\u00e1ndose sus cosas, recordando sucedidos de hace a\u00f1os y echando cuentos de los espantos del mar y de la tierra.<\/p>\n<p>Lleg\u00f3 otro baile, un velorio de Cruz de Mayo que tra\u00eda gente de los otros pueblos de esa costa, gente de Merito, de Tacarigua, de La Angoleta, de Punta Arenas, que tra\u00edan sus cantantes, sus m\u00fasicos y sus bailadores. Yo no quise bailar con nadie. Mis hermanas, las casadas y las solteras, se divert\u00edan que daba gusto, y mis hermanos, como todos los dem\u00e1s hombres beb\u00edan ron como si se estuvieran quitando la sed del mediod\u00eda, cuando sientes que el sol te va a hacer estallar la cabeza.<\/p>\n<p>Yo esperaba que apareciera Evaristo porque algo importante iba a pasar. Bueno, s\u00ed pas\u00f3. \u00c9l lleg\u00f3, me busc\u00f3 con la vista, me encontr\u00f3 arrimada a un pilar de los que sosten\u00edan el techo de palma bajo el que estaba el altar con su Cruz y sus flores, que hab\u00edan tra\u00eddo en la ma\u00f1ana desde Cuman\u00e1, porque en la otra costa no se dan, s\u00f3lo esas chiquitas amarillas o sin color que no sirven para un altar, lo m\u00e1s para ponerse en el pelo. Me sac\u00f3 a bailar y no hab\u00edamos dado tres vueltas cuando me dijo que si quer\u00eda irme con \u00e9l a su casa. Yo le dije que s\u00ed con la cabeza, porque el sofoco no me dejaba hablar. Sin esperar m\u00e1s nos marchamos. Su casa no estaba muy lejos del pueblo. No hablamos en el camino.<\/p>\n<p>Al otro d\u00eda fuimos a hablar con mi pap\u00e1 y mi mam\u00e1. Mi pap\u00e1 se qued\u00f3 pensando un rato cuando nos tuvo al frente y luego busc\u00f3 una botella de ron, sirvi\u00f3 dos vasos y le dio uno a mi marido, tom\u00f3 un trago del suyo y despu\u00e9s dijo algo as\u00ed como bueno, as\u00ed son las cosas. Mi mam\u00e1 se qued\u00f3 un rato largo mir\u00e1ndome sin decir nada. Yo apenas me atrev\u00eda a mirarla; me refugiaba en las manos de Evaristo, que apretaba entre las m\u00edas. Al final me dijo Ven, y entr\u00f3 a su cuarto. Yo la segu\u00ed. La vi buscar en un viejo ba\u00fal de madera que estaba en un rinc\u00f3n, en cuclillas, el pelo sobre la cara. Cuando se levant\u00f3 ten\u00eda unas s\u00e1banas dobladas y planchadas en las manos, Toma, me dijo, las estaba guardando para ti.<\/p>\n<p>Los primeros meses pasaron felices. Yo me hab\u00eda acostumbrado al olor de Evaristo, a sus silencios, a sus manos callosas y a todo lo que una mujer tiene que acostumbrarse con un hombre. Termin\u00e9 agarr\u00e1ndole el gusto y cuando nos \u00edbamos a dormir sent\u00eda una debilidad en las piernas y un calor en el vientre que poco a poco se extend\u00eda por todo mi cuerpo. A la casa tambi\u00e9n tuve que acostumbrarme, aunque me cost\u00f3 mucho m\u00e1s. Se parec\u00eda a mi casa de toda la vida y a todas las casas del pueblo, con su techo de palma y sus pisos de tierra, pero ten\u00eda menos ventanas, era m\u00e1s oscura, con m\u00e1s rincones y paredes y un olor distinto, de cuero curtido y sangre seca, \u00e1cido y penetrante. Al poco tiempo ya no lo notaba, entonces mi casa me gust\u00f3 m\u00e1s.<\/p>\n<p>Todo fue bien hasta que qued\u00e9 pre\u00f1ada. Cre\u00ed que Evaristo se contentar\u00eda, pero no fue as\u00ed y eso era muy raro, porque a todos los hombres que yo conoc\u00eda les gustaba tener hijos, algunos con tres o cuatro mujeres y otros s\u00f3lo con la suya propia. Sea como sea, siempre estaban contentos cuando notaban que a sus mujeres comenzaba a crecerles la barriga. Evaristo no. \u00c9l nunca fue muy hablador; ahora no hablaba nada; mientras el ni\u00f1o comenzaba a crecer dentro de m\u00ed, \u00e9l parec\u00eda ocupar cada vez menos espacio en la casa, como si el beb\u00e9 lo estuviera arrojando afuera, a las tierras secas de la pen\u00ednsula, al peque\u00f1o sembrad\u00edo donde estaba desde la madrugada hasta la noche, sembrando, cosechando, limpiando, llevando agua de un arroyo cercano; y en las noches por los caminos entre los cerros siguiendo las huellas de animales peque\u00f1os, chivos, conejos, zorros, imaginando quiz\u00e1s que segu\u00eda las marcas de animales m\u00e1s grandes que su padre tampoco hab\u00eda visto nunca, todo con tal de no estar en la casa conmigo y con el bulto que segu\u00eda creciendo y llenando mis vestidos, ensanchando mis caderas y redondeando mis tetas.<\/p>\n<p>Tampoco me buscaba ya en las noches, su lado de la cama permanec\u00eda vac\u00edo y durante las pocas horas que se acostaba era peor, porque yo lo sent\u00eda all\u00ed a mi lado, tieso, sin mover un m\u00fasculo, respirando apenas, como si yo no fuera a notarlo, despierto, \u00bfpensando en qu\u00e9?, \u00bfqu\u00e9 cosa horrible esperaba de m\u00ed? Porque no me tom\u00f3 mucho tiempo darme cuenta de que Evaristo me ten\u00eda miedo y ten\u00eda miedo del beb\u00e9 que todav\u00eda no hab\u00eda nacido. \u00bfMiedo por qu\u00e9? No lo s\u00e9. C\u00f3mo podr\u00eda saberlo si \u00e9l no me contaba nada. Y yo tambi\u00e9n comenc\u00e9 a asustarme, no del beb\u00e9, por supuesto, ni siquiera de Evaristo, sino de su miedo. El miedo nos hace como animales acorralados, como animales peligrosos. Entonces pasaron los meses y no sucedi\u00f3 nada.<\/p>\n<p>Un d\u00eda me fui para casa de mi mam\u00e1 a esperar el parto y all\u00ed naci\u00f3, finalmente, Juan Jos\u00e9, mi muchachito. A la semana me fui otra vez para mi casa. En ese tiempo, Evaristo hab\u00eda ido a verme dos veces: cuando le avisaron que el ni\u00f1o hab\u00eda nacido y cuando me fue a buscar para regresar a nuestra casa. Entonces me di cuenta de que si antes Evaristo me ten\u00eda miedo, ahora estaba aterrorizado. Se quedaba mirando al ni\u00f1o en la caja de madera que le serv\u00eda de cuna con una mezcla de asombro y horror, como si esperara que \u00e9ste dijera algo para echar a correr. As\u00ed pasaron tres a\u00f1os. Se dice f\u00e1cil, pero le aseguro que fue todo lo contrario. Yo viv\u00eda en una casa, ten\u00eda comida, un techo y un hijo, pero nada m\u00e1s. No era como una mujer casada, bueno, tampoco estaba lo que se dice casada, pero ya me entiende; casados casados s\u00f3lo hab\u00eda una familia en el pueblo.<\/p>\n<p>Mi marido casi no me dirig\u00eda la palabra, tampoco al ni\u00f1o, a quien adem\u00e1s ve\u00eda poco. Dentro de todo, si lo pienso, me daba l\u00e1stima; o no me daba l\u00e1stima entonces, sino ahora. Porque debe ser muy triste ir llen\u00e1ndote de un miedo y un rencor que no sabes de d\u00f3nde vienen, como si los trajeras en la sangre y s\u00f3lo esperaran el momento de salir, igual que el pus de una infecci\u00f3n, como si hubieran estado creciendo desde siempre, aun desde antes de uno mismo, desde el padre o el abuelo, o antes, qui\u00e9n sabe.<\/p>\n<p>As\u00ed hubi\u00e9ramos seguido, porque de alguna forma yo me hab\u00eda resignado al silencio o porque el hijo llenaba todo lo que me faltaba, aunque por otro lado pienso que no, yo no era una muchacha, sino una mujer grande y a la larga no iba a soportar eso para siempre, pero como sucedieron las cosas no hizo falta que yo mostrara paciencia o falta de paciencia, resignaci\u00f3n o no, porque no estuvo en mi mano decidir. Lo que pas\u00f3 fue que Evaristo se volvi\u00f3 loco. O ya estaba loco desde siempre y yo no me hab\u00eda dado cuenta, porque no hab\u00eda querido verlo o no hab\u00eda podido. Una no puede decir Cuando cruz\u00f3 esta l\u00ednea se volvi\u00f3 loco, de aqu\u00ed en adelante es otra persona, ya no la conozco; las cosas no pasan as\u00ed. Cada d\u00eda, cada hora, la gente cambia un poco, la forma de mirar, de caminar, de hablar o de estar en silencio, y una no sabe, no nota nada, hasta que, ahora s\u00ed, lo sabemos y decimos Este hombre se volvi\u00f3 loco, no porque haya comenzado a estar loco en ese momento y ese d\u00eda, sino porque es cuando una se da cuenta.<\/p>\n<p>De golpe lo vi: un hombre peque\u00f1o, seco, joven, extra\u00f1o, jugando con la poco comida que ten\u00eda en el plato y mir\u00e1ndome de una forma que me hizo sentir escalofr\u00edos. Estuve segura de que quer\u00eda matarme. Era de madrugada, acababa de dar la teta al ni\u00f1o, que aunque estaba grandecito segu\u00eda mamando. Todav\u00eda no me hab\u00eda servido mi propia comida. Evaristo troceaba el pescado frito y la yuca hasta convertirlos en una especie de pur\u00e9. Pens\u00e9 que si nos hac\u00eda algo a m\u00ed o al ni\u00f1o nadie vendr\u00eda a ayudarnos, la casa estaba lejos, aunque gritara nadie escuchar\u00eda. Tampoco pod\u00eda correr mucho con el ni\u00f1o. Por eso me sent\u00e9, le busqu\u00e9 conversaci\u00f3n de la misma manera que evitamos correr delante de un perro bravo, y hasta le hablamos con una voz suave y calmada precisamente porque estamos muy asustados. Le habl\u00e9 de que quer\u00eda construir un horno como el de mi mam\u00e1 para hacer unas piezas de loza que necesit\u00e1bamos, de c\u00f3mo recog\u00eda le\u00f1a cuando ni\u00f1a para el horno de mi mam\u00e1, del fuego entre las ramas secas, y mientras m\u00e1s hablaba de mi infancia y de mi mam\u00e1 m\u00e1s preocupada y m\u00e1s asustada estaba porque me daba cuenta de que \u00e9l nunca mencionaba a su mam\u00e1, como si no la hubiera tenido, o la hubiera olvidado o por un rencor muy grande no quisiera mencionarla. Esto \u00faltimo debe haber sido, porque su cara se descompuso de una manera muy fea, como si fuera a llorar, como si estuviera llorando a gritos, pero sin l\u00e1grimas y sin ning\u00fan sonido. Yo estaba cada vez m\u00e1s asustada y me call\u00e9. Luego \u00e9l se calm\u00f3. Se levant\u00f3 de la mesa, recogi\u00f3 su sombrero, su azad\u00f3n, su escopeta y sali\u00f3 de la casa sin decir nada m\u00e1s.<\/p>\n<p>Me asom\u00e9 a la puerta para verlo marcharse. Todav\u00eda no hab\u00eda amanecido pero hab\u00eda suficiente luz. Se perdi\u00f3 entre los cerros que comenzaban a iluminarse, a mostrar sus colores. Se dirig\u00eda al peque\u00f1o conuco entre dos cerros que nos daba lo poco que com\u00edamos: una extensi\u00f3n de tierra alargada y plana por la que corr\u00eda un arroyo durante la mitad del a\u00f1o; era uno de los pocos arroyos de la pen\u00ednsula, porque r\u00edos, r\u00edos de verdad, no hay ninguno; ese arroyo era lo que permit\u00eda que crecieran los ocumos, las yucas y los \u00f1ames que sembr\u00e1bamos y que luego cambi\u00e1bamos por pescado y ma\u00edz, o vend\u00edamos a los pescadores que luego lo vend\u00edan en el mercado de Cuman\u00e1. Esper\u00e9 unos minutos para estar segura de que no se devolver\u00eda por cualquier cosa. Fui a la cama donde se hab\u00eda dormido otra vez Juan Jos\u00e9 y lo envolv\u00ed en una s\u00e1bana y sal\u00ed con \u00e9l. Llegar a casa de mi pap\u00e1 me tom\u00f3 una media hora, y fueron una sola angustia, siempre volviendo la cabeza para ver si Evaristo me segu\u00eda, a veces deteni\u00e9ndome en medio del camino porque el miedo no me dejaba continuar. Cuando apareci\u00f3 el pueblo y el mar, y m\u00e1s all\u00e1 de las aguas las luces de Cuman\u00e1, chiquiticas, como de juguete, supe que hacia ac\u00e1 ten\u00eda yo que venirme.<\/p>\n<p>A la ma\u00f1ana siguiente embarqu\u00e9 con unos primos que deb\u00edan traer una carga de pescado seco al mercado. A lo mejor mi pap\u00e1 y mi mam\u00e1 no me hubieran dejado venir si Evaristo no se hubiera presentado en la tarde con su escopeta a reclamar mi vuelta. Menos mal que para esa hora ya mi pap\u00e1 y mis hermanos mayores hab\u00edan regresado de pescar y estaban en la casa, porque cuando yo llegu\u00e9 s\u00f3lo estaba mi mam\u00e1 y mis hermanos menores, los que no pod\u00edan salir a la faena. Mi mam\u00e1 me recibi\u00f3 con grandes aspavientos y l\u00e1grimas que se repitieron cuando lleg\u00f3 mi pap\u00e1. Creo que de todos modos me hubieran obligado a volver con mi marido si este no se hubiera aparecido con la escopeta de matar tigres imaginarios y su mirada de loco. No tard\u00f3 mucho mi pap\u00e1 en quitarle el arma de las manos luego de forcejear un poco. Despu\u00e9s de eso, mis hermanos y algunos vecinos se abalanzaron a inmovilizarlo, lo que ya no era necesario porque se qued\u00f3 como ido, como lelo sin su escopeta, como sorprendido tambi\u00e9n, no como quien despierta de un sue\u00f1o y reconoce las caras y las cosas que lo rodean, sino como quien sigue so\u00f1ando cada segundo m\u00e1s profundamente y las caras que lo rodean se hacen a cada segundo m\u00e1s extra\u00f1as.<\/p>\n<p>Vine a vivir con una hermana de mi mam\u00e1. Ella conoc\u00eda, no s\u00e9 muy bien de qu\u00e9, a la se\u00f1ora Juana de Berm\u00fadez. Le habl\u00f3 de mi necesidad y como la se\u00f1ora Juana precisaba de alguien que se quedara a dormir en la casa, pero no quer\u00eda una muchacha que despu\u00e9s se enamorara y se fuera, le pareci\u00f3 bien que yo trabajara para ella. No le import\u00f3 que yo tuviera mi muchachito.<\/p>\n<h4 style=\"text-align: right;\"><a href=\"https:\/\/eldienteroto.org\/wp49\/rubi-guerra\/\" target=\"_blank\" rel=\"noopener\">Sobre el autor<\/a><\/h4>\n<h6>*Del libro: La forma del amor y otros cuentos (2010)<\/h6>\n","protected":false},"excerpt":{"rendered":"<p>Rubi Guerra Yo me vine de Manicuare huyendo de un hombre. Ya no era una muchacha; ten\u00eda mis a\u00f1os. Puedo decir que comenc\u00e9 tarde en la vida. 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