{"id":16572,"date":"2025-06-26T16:19:51","date_gmt":"2025-06-26T20:49:51","guid":{"rendered":"https:\/\/eldienteroto.org\/wp49\/?p=16572"},"modified":"2025-06-26T16:19:51","modified_gmt":"2025-06-26T20:49:51","slug":"de-el-ultimo-solar-a-la-trepadora","status":"publish","type":"post","link":"https:\/\/eldienteroto.org\/wp49\/de-el-ultimo-solar-a-la-trepadora\/","title":{"rendered":"De \u00abEl \u00faltimo solar\u00bb a \u00abLa trepadora\u00bb"},"content":{"rendered":"\n<h4 class=\"wp-block-heading has-text-align-right\">Felipe Masiani<\/h4>\n\n\n\n<p>Con <em>Reinaldo Solar<\/em>, Gallegos se incorpora a la novel\u00edstica venezolana, si ya no lo estaba con <em>La Rebeli\u00f3n<\/em>, magn\u00edfico esbozo, escasamente conocido a\u00fan. Reinaldo Solar pertenece a esa l\u00ednea pesimista que se hab\u00eda abierto en Venezuela con Miguel Eduardo Pardo, y en la cual est\u00e1n inscritas <em>\u00cddolos Rotos<\/em>, de D\u00edaz Rodr\u00edguez, y <em>Vidas Oscuras<\/em>, de Jos\u00e9 Rafael Pocaterra. <\/p>\n\n\n\n<p>La primera novela de Gallegos es la historia del descendiente de clase patricia, imaginativo, fin\u00edsima sensibilidad; pero con la voluntad abolida, o mejor, solicitada por todos los impulsos. El perfecto h\u00e9roe rom\u00e1ntico: Reinaldo Solar.Esp\u00edritu, actitud, continente. Temperamento generos\u00edsimo solicitado por lo sublime y bajo la influencia de la lectura de momento \u2014Ren\u00e1n, Tolstoi, Nietzsche\u2014 sucesivamente escribe cap\u00edtulos de novelas, se hace mentor de un socialismo tolstoyano, entre la peonada de la hacienda que lo escuchan embobados como los pastores a Don Quijote. Un d\u00eda amanece fundador de una religi\u00f3n nueva. L\u00edder intelectual de un grupo de juveniles idealistas, se lanza a la formaci\u00f3n de una agrupaci\u00f3n de esp\u00edritus puros que deber\u00e1 acometer la salvaci\u00f3n de la patria. Finalmente, desilusionado, derrotado en gran parte por el esp\u00edritu s\u00f3rdido del momento que vive, Reinaldo Solar se lanza a la revoluci\u00f3n, al golpe armado.<\/p>\n\n\n\n<p>Solar es personaje simb\u00f3lico tambi\u00e9n: encarnaci\u00f3n novelesca del pueblo que a\u00fan no ha encontrado su ruta, y que por eso mismo es todo caminos, como la voluntad. El mismo Reinaldo Solar nos se\u00f1ala su clave psicol\u00f3gica:<\/p>\n\n\n\n<p>\u201cEl hombre debe hacer como el agua inconsciente. \u00bfPor qu\u00e9 la l\u00ednea recta de un destino \u00fanico, de una \u00fanica actividad? S\u00f3lo el imb\u00e9cil gasta la vida en llevar a cabo un solo prop\u00f3sito. La verdadera constancia est\u00e1 en no perseguir dos d\u00edas el mismo ideal. La actividad es una, pero la acci\u00f3n debe ser m\u00faltiple.\u201d<\/p>\n\n\n\n<p>Es el rom\u00e1ntico \u2014insistimos. Tiene en efecto el \u00edmpetu emotivo para entregarse \u00edntegro a cualquier empresa que lo incite; pero al propio tiempo carece de la continuidad necesaria para darle una l\u00ednea de persistencia a la acci\u00f3n. En Men\u00e9ndez, otro personaje del libro, est\u00e1 justamente la contrafigura de Reinaldo Solar: es el hombre tenaz, del esfuerzo diario, ponderado, que trata de represar y aun de darle un cauce fecundo a la inagotable y dispersa energ\u00eda de Solar. <\/p>\n\n\n\n<p>En esta novela Gallegos se muestra como un riqu\u00edsimo temperamento creador, lo que es ante todo este novelista. Dec\u00eda una vez Jorge Ma\u00f1ach, refiri\u00e9ndose a Gallegos, que en \u00e9l hab\u00eda ya aquello que Balzac ped\u00eda como el s\u00edntoma m\u00e1s acusado del novelista: la pir\u00e1mide. En efecto, Gallegos hace un alarde, en la novela que venimos comentando, de personajes secundarios, de tipos que est\u00e1n sirviendo simplemente como de compa\u00f1\u00eda, de accesorio, al personaje principal. As\u00ed Ortigas y Lenzi el agr\u00f3nomo y el Padre Moreno, etc\u00e9tera.<\/p>\n\n\n\n<p>Advi\u00e9rtese igualmente el tino de Gallegos en la descripci\u00f3n de las costumbres del paisaje nativo. L\u00e9ase esta c\u00e1lida estampa. Es una tarde de toros coleados: <\/p>\n\n\n\n<p>\u201cEn el pueblo, en la misma calle ancha y llana, que en la de la entrada cuyas bocas estaban cerradas ya por las talanqueras, se sent\u00eda el bullicio de la fiesta t\u00edpica y primitiva. El gent\u00edo, encaramado sobre las empalizadas, agrupado en las puertas, excitado por el aguardiente, por el sol y por la expectativa del rudo espect\u00e1culo prorrump\u00eda en griter\u00edas, silbaba a los espectadores a caballo, se agitaba en un j\u00fabilo febril o enmudec\u00eda de pronto en un silencio un\u00e1nime que le comunicaba mayor intensidad al cuadro, como si hiciera resaltar m\u00e1s el colorido del sol y la animaci\u00f3n de las figuras. Desbordados los instintos, a cada rato, en simulacros de ri\u00f1a al garrote, los hombres se daban acometidas entre las aclamaciones de los espectadores que celebraban los \u00e1giles saltos, las paradas y las puntas de aquella esgrima b\u00e1rbara y fachendosa, mientras los muchachos, estremecidos de j\u00fabilo, aclamaban a los coleadores que iban llegando ufanos, haciendo caracolear los caballos en alardes de destreza y gallard\u00eda. En las ventanas y sobre los pretiles de los corredores, jarifos grupos de mujeres re\u00edan y se agitaban locamente. Ard\u00eda la sangre en todas las venas, chispeaba el sol en el metal de los arneses, gritaba el color en todas partes y entre el clamor un\u00e1nime de una embriaguez dionis\u00edaca, gem\u00eda el joropo nativo o vibraba el pasodoble espa\u00f1ol.\u201d ( Reinaldo Solar, p. 75.)<\/p>\n\n\n\n<p>Luego tenemos la vigorosa descripci\u00f3n de la monta\u00f1a:<\/p>\n\n\n\n<p>\u201cDe un lado, el mar era un inmenso esmalte azul, en cuyo desvanecente conf\u00edn de suaves amaneceres<br>reposaban vagas sombras viol\u00e1ceas de remotos islotes, como ballenas dormidas hasta el alba; del otro lado, las tierras: los riscachales de la rispida cresta de Naiguat\u00e1, sembrada de rocas sueltas que hac\u00edan pensar en el fragor de gigantescos desmoronamientos; el dromedario colosal de La Silla, parado en su marcha hacia el valle de Caracas, con una resplandeciente gualdrapa sobre las gibas; la monta\u00f1a toda desperezando en la luz su nervura formidable, cortada de abismos vertiginosos, \u00e1spera en los fragosos pe\u00f1ascales de los voladeros, suave en las laderas tendidas que bajan cubiertas del raso joyante de los pajonales, arregazando la felpa azulosa de las hondonadas, dentro de las cuales la voz de los torrentes formaba ese fondo rumoroso de los grandes silencios de las monta\u00f1as. Abajo, en las faldas, suaves lomas y quietas llanadas, surcadas de senderos, moteadas de cultivos; el valle, en el fondo, cubierto de grumos inm\u00f3viles que parec\u00edan reba\u00f1os dormidos; m\u00e1s all\u00e1 las cordilleras de colinas que se met\u00edan, tierra adentro, azules con toque de sol, como un escarceo de otro fant\u00e1stico mar; los grupos de pueblos y caser\u00edos, peque\u00f1os y dispersos a grandes trechos, en los vallecitos por donde iba el alba saltando; la remota franja de dorados celajes de llanuras que cerraban el horizonte. . . Todo el paisaje de la tierra natal, que es una embriaguez de luz y de color.\u201d ( Reinaldo Solar, p. 91.)<\/p>\n\n\n\n<p>Un clima de sentimiento envuelve la novela. Llenas de tensi\u00f3n sentimental se hallan las p\u00e1ginas protagonizadas por Carmen Rosa, la hermana delicada y sensible de Reinaldo. Los di\u00e1logos de Carmen Rosa con Graciela, rebosan de sentimentalismo. La partida de Reinaldo es reveladora:<\/p>\n\n\n\n<p>\u201cCada uno de los detalles de aquella casa iban a ser entonces evocadores de un mundo de recuerdos: la fachada antigua, lisa y austera, el ancho alero festoneado de hierbas que el viento sembraba entre las tejas, las seis ventanas siempre cerradas, el espacioso port\u00f3n. . . y el interior silencioso, las viviendas vastas, los muebles viejos que ten\u00edan historias, los cipreses centenarios del patio de entrada, las araucarias del corral, aquel corral que era un huerto donde por mayo florec\u00edan las orqu\u00eddeas de Pablo Leganez. Preimaginaba la vida que de all\u00ed en adelante iba a discurrir en aquel caser\u00f3n: la madre gimiente, la hermana apegada a sus cantos y a sus recuerdos fraternales, \u00a1como las cepas de flor de mayo a los naranjos del corral! \u00a1Qu\u00e9 in\u00fatil derramarse el sol sobre aquellos patios! \u00a1Tan s\u00f3lo para secar las albas y sobrepellices del Padre Moreno! \u00a1Ya no habr\u00eda en aquella casa ojos para la belleza de los rincones sugestivos, ni para la gloria del color en el jard\u00edn, ni para el oro de los atardeceres sobre los cipreses y las araucarias! (Reinaldo Solar, p\u00e1gs. 161-162.)<\/p>\n\n\n\n<p>La presentaci\u00f3n del mundo de los Solar, en los primeros cap\u00edtulos, da la sensaci\u00f3n de que esta sociedad, en la que se mueven los protagonistas, es en esencia la misma sociedad colonial de 1810. Leyendo con atenci\u00f3n, observamos que el interior casero casi no ha cambiado; las costumbres y la intimidad siguen exactas; un mismo sentimiento m\u00edstico aparece en las almas (es de observar que Gallegos escribe<br>su novela para 1920). De paso, anotemos que el testimonio novel\u00edstico servir\u00eda de documental para el observador sagaz que no se quedase con la superficie de las cosas \u2014en las que acaso se notase transformaci\u00f3n \u2014 sino que captase en la importancia del detalle aparentemente menudo (Carmen Rosa recuerda a las m\u00edsticas. Es de notar aqu\u00ed la atracci\u00f3n que el claustro sigue ejerciendo, aun hoy d\u00eda sobre aquellas de las venezolanas que creen no haber encontrado el verdadero sentido de sus vidas.)<\/p>\n\n\n\n<p><em>Reinaldo Solar<\/em>, adem\u00e1s de otras cosas, es una excelente novela rom\u00e1ntica escrita en 1920. Inserto en la novela hay un sugestivo tema femenino contenido en Reinaldo Solar: novela de Carmen Rosa. Ella, en efecto, constituye todo un boceto novel\u00edstico independiente. Creemos que el sugestivo conflicto psicol\u00f3gico de Carmen Rosa proporcionar\u00eda, \u00e9l solo, materia suficiente para una interesante novela de intimidad. Los problemas interiores de Carmen Rosa est\u00e1n apenas planteados dentro de Reinaldo Solar; quedan casi sin an\u00e1lisis. Porque en el mundo de ficci\u00f3n, como en la vida, a ella le ha tocado estar supeditada al hermano. A nuestro juicio, Carmen Rosa no es el personaje secundario. Es de los m\u00e1s sugestivos y mejor logrados de la novela, de los que m\u00e1s se ganan nuestra simpat\u00eda humana. Pasa simplemente con Carmen Rosa que, en el plan del libro, no cabe su total presencia, tal vez de all\u00ed que casi se muestre en perfil. (La novela de la intimidad femenina contin\u00faa apenas con escasa presentaci\u00f3n entre nosotros. Nada m\u00e1s que <em>Ifigenia<\/em>, de Teresa de la Parra, y Guataro, de Trina Larralde que hayamos le\u00eddo). Carmen Rosa ofrecer\u00eda m\u00e1s de una motivaci\u00f3n para las reflexiones del ensayista y del novelista de la \u201cinterioridad\u201d venezolana. <\/p>\n\n\n\n<p>La sensitiva que un d\u00eda sin saberlo se enamora de Pablo Leganez, es Carmen Rosa. No le ocurren m\u00e1s los fen\u00f3menos que la aquejaban siempre. Dolida naturaleza de sentidora, es puro mundo interior en el que vive acorralada porque no puede revelar su intimidad al hombre que la trata casi brutalmente: Reinaldo. En el conjunto de implicaciones que hay en el \u201ccaso\u201d de Carmen Rosa, se alude tambi\u00e9n a todo un sistema social: a una educaci\u00f3n y a una organizaci\u00f3n moral. En efecto, cuando de la existencia de Carmen Rosa desaparece Leganez, ella orienta su vida espiritual, que es la que tiene m\u00e1s independencia de movimiento en ella, hacia el misticismo. Pero cuando el hermano, deseando ella hacerse monja, la ofende con el gesto de ofrecerle el dinero que le pertenec\u00eda, Carmen Rosa se inhibe. Desaparecen entonces o se paralizan todas las determinaciones que hab\u00eda tomado:<\/p>\n\n\n\n<p>\u201c\u00bfPor qu\u00e9 al volver de su estupor desisti\u00f3 de su prop\u00f3sito? No pod\u00eda decirlo. Durante aquella pausa algo m\u00e1s poderoso que ella le enajen\u00f3 la voluntad y extirp\u00f3 de su coraz\u00f3n hasta la m\u00e1s peque\u00f1a ra\u00edz de aquel<br>deseo m\u00edstico.\u201d<\/p>\n\n\n\n<p>Le enajena la voluntad porque vive en la \u00f3rbita espiritual del hermano; y \u00e9l es el director sentimental de la familia. (Aqu\u00ed, al paso, podemos observar los rasgos de la vida colonial en la que el esp\u00edritu de la mujer se actualizaba poco o nada.) Carmen Rosa es igualmente un problema de educaci\u00f3n. En ella est\u00e1 la imagen de una sociedad cat\u00f3lica. En una sociedad ortodoxamente cat\u00f3lica, la soluci\u00f3n para su alma atormentada la debe buscar Carmen Rosa en el sacerdote. Y el sacerdote de inteligencia primaria define: que hab\u00eda sido el demonio de la soberbia y del despecho\u201d.<\/p>\n\n\n\n<p>\u00a1Pobrecita la dulce Carmen Rosa bajo la terrible tensi\u00f3n vital del hermano: ella es todo lo contrario de una voluntad! El sacerdote ignorante soluciona, o cree solucionar, con razones toscamente teol\u00f3gicas las agitaciones de aquella delicada alma de mujer, sin profundizar los conflictos del desgarrado mundo an\u00edmico que estaba deseando ser poblado por la ternura, por el amor. Carmen Rosa, el paisaje de su alma, constituye un hondo tema en Reinaldo Solar. La novela de la educaci\u00f3n sentimental de nuestra mujer.<\/p>\n\n\n\n<p><em>Reinaldo Solar<\/em> puede calificarse de novela-ensayo. En efecto, son frecuentes las disquisiciones sobre el arte nacional, sobre pol\u00edtica, sobre historia, etc. El protagonista central, Reinaldo Solar, realiza frecuentemente discursos. Los di\u00e1logos de Men\u00e9ndez con Solar son largas teorizaciones alrededor del destino venezolano. La mayor parte de las veces encontraremos a Reinaldo Solar dentro de una actitud trascendental, casi mesi\u00e1nica:<\/p>\n\n\n\n<p>\u201d\u2014Conv\u00e9nzase, se\u00f1or Solar, en este pa\u00eds. . . Pero Reinaldo no lo dej\u00f3 terminar:<\/p>\n\n\n\n<p>\u2014 Perm\u00edtame que no lo deje concluir esa frase que no he podido o\u00edr nunca sin pensar que somos una naci\u00f3n de Pilatos donde todos estamos constantemente lav\u00e1ndonos las manos. Hablando as\u00ed parece que nos redimimos de la ignominia que debe caer sobre todos, echando la culpa de nuestros males a un vago personaje que no se encuentra en ninguna parte, que no es nadie, que no es ninguno de nosotros, siendo en realidad todos nosotros. Asumamos con valor nuestra responsabilidad, confesemos que cada uno de nosotros ha crucificado muchas veces el ideal y ha sentido hervir en su interior el podrido fondo de tendencias disolventes que hay en el coraz\u00f3n de este pueblo.\u201d (Reinaldo Solar, p. 302.)<\/p>\n\n\n\n<p><em>Reinaldo Solar<\/em>, amargo documento, es la confesi\u00f3n de un grupo de hombres de honesta sensibilidad y las reacciones de estos hombres ante la vida y ante el destino del pa\u00eds. Para el tiempo en que fue publicado, Jes\u00fas Semprum, de los cr\u00edticos m\u00e1s sagaces de Venezuela, salud\u00f3 el libro con frases que Angarita Arvelo califica de adivinadora precisi\u00f3n:<\/p>\n\n\n\n<p>\u201cEn <em>El \u00daltimo Solar<\/em>, encu\u00e9ntrase el ambiente venezolano tal como lo hemos respirado desde la ni\u00f1ez. M\u00e1s que los personajes mismos, es el ambiente el que nos da esa impresi\u00f3n de exactitud. El plan de la obra, se presta para producir tal impresi\u00f3n; pero es acaso demasiado vasto porque intenta abarcar en su \u00e1mbito muchos factores sociales. Es casi seguro que en sus libros venideros Gallegos limitar\u00e1 las dimensiones del marco, y as\u00ed tal vez gane su producci\u00f3n en intensidad lo que pierde en amplitud.\u201d<\/p>\n\n\n\n<p><strong>I I<\/strong><\/p>\n\n\n\n<p>Con <em>La Trepadora<\/em> se produce un viraje completo en la \u201cintenci\u00f3n\u201d de la novela de Gallegos. Reinaldo Solar, en efecto, como ya lo dijimos, se pod\u00eda incluir en la serie de libros amargos y desesperanzados, sobre el futuro venezolano. <em>La Trepadora <\/em>es una novela optimista. Novela de tema criollo tanto que su argumento se relaciona directamente con nuestra trayectoria social. Jaime del Casal, v\u00e1stago de una familia de arist\u00f3cratas hacendados, en sus relaciones con una muchacha humilde, de las que viven en<br>las vegas de los del Casal, tiene un hijo: Hilarito Guanipa. <\/p>\n\n\n\n<p>Este Hilarito Guanipa va a ser de doble naturaleza; en ella se entrecruzar\u00e1n a un mismo tiempo, la jactancia, el orgullo montaraz y el noble impulso generoso. Hilario Guanipa se casar\u00e1 con la sobrina de Jaime del Casal, Adelaida Salcedo, mujercita fina, sensitiva, educada por Beethoven, Liszt, Chopin. Se casar\u00e1 ella extra\u00f1adamente seducida por una rara atracci\u00f3n, en que qui\u00e9n sabe jug\u00f3 su rol una ley de contrastes; y por amor a su t\u00edo Jaime del Casal que prev\u00e9 la ruina de los suyos y comprende que s\u00f3lo podr\u00e1 salvarlos su hijo natural, Hilario Guanipa. En la segunda y la tercera etapas de La Trepadora, Adelaida se revela en lucha psicol\u00f3gica, silenciosa y sutil, con su marido, Hilario Guanipa, el hombre cuyo esp\u00edritu est\u00e1 compuesto por lo que de noble y generoso hab\u00eda en su padre, Del Casal, y por los sentimientos rudos y el individualismo montaraz de los Guanipa.<\/p>\n\n\n\n<p>Los primeros cap\u00edtulos de <em>La Trepadora <\/em>tienen su desarrollo en el campo venezolano, en la hacienda de los del Casal, a pocas horas de Caracas, \u201cCantarrana\u201d, y en el pueblo cercano a la hacienda. Gallegos mover\u00e1 aqu\u00ed muy certero su t\u00e9cnica: la presentaci\u00f3n de los personajes ir\u00e1 bien unida a la acci\u00f3n de la novela, que se desarrollar\u00e1 r\u00e1pidamente, captando pronto el inter\u00e9s del lector. Su conocimiento del costumbrismo venezolano, se revelar\u00e1 igualmente en atinadas descripciones de las costumbres de los agricultores, del trabajador del campo venezolano. Realizar\u00e1 tambi\u00e9n descripciones movidas y llenas de color sobre los distintos incidentes de la novela. El episodio del paso del r\u00edo estar\u00e1 lleno de gracia criolla. Las misas de Aguinaldo por el tiempo de diciembre, en que la gente humilde de Venezuela se regocija y alegra en fiesta de fuerte aroma popular. El relato de la entrada de los Barbudos, los t\u00edos bandoleros de Hilario Guanipa, y la estratagema que \u00e9ste emplea para capturarlos, es muy espont\u00e1neo. Se desenvuelve \u00e1gilmente; prueba de paso la rica inventiva del novelista venezolano.<\/p>\n\n\n\n<p>Se ha criticado alguna vez a Gallegos la \u201celementalidad\u201d de sus personajes (se ha dicho que son en extremo \u201cplanos\u201d). Sin embargo, los dos protagonistas centrales de La Trepadora, Hilario Guanipa y Adelaida, son dos caracteres substancialmente humanos y ricos en reacciones psicol\u00f3gicas. Hilario Guanipa muestra todos los movimientos y mudanzas del alma. El hombre primario arrebatado cualquier instante por el torrente pasional que lleva con \u00e9l; y el hombre capaz de ser ganado por sentimientos de nobleza espiritual. Adem\u00e1s, las reacciones de Guanipa son inesperadas, explosivas. Y lo que presta m\u00e1s inter\u00e9s a su car\u00e1cter es el contrapunto que bate en su esp\u00edritu entre los buenos y los torcidos impulsos; el antagonismo entre la porci\u00f3n elemental y primitiva de su alma y las reservas bondadosas y capaces de ser canalizadas hacia el bien.<\/p>\n\n\n\n<p>Hilario Guanipa se erguir\u00e1 siempre en la novela luciendo el mestizaje psicol\u00f3gico doblado en lo interno. A Adelaida la quiere desde chico, pero con sentimientos contradictorios: unas veces en forma primitiva; otras el amor de Guanipa ser\u00e1 m\u00e1s que amor: admiraci\u00f3n y hasta veneraci\u00f3n hacia Adelaida Salcedo, la mujer superior. Esas contradicciones incluso llegar\u00e1n a detener sus determinaciones bruscas, sus instintos incontrolables. As\u00ed, cuando Hilario est\u00e1 resuelto a raptar a Adelaida, se detiene por una s\u00fabita transformaci\u00f3n de su esp\u00edritu; al contacto con la m\u00fasica y con la naturaleza exquisita de Adelaida:<\/p>\n\n\n\n<p>\u201c \u00a1Pero. . . aquella m\u00fasica! \u00bfQu\u00e9 virtud ten\u00eda, desconocida para \u00e9l, que no le dejaba hacer la se\u00f1al necesaria para que Adelaida fuera a arrojarse en sus brazos? \u00bfPor qu\u00e9 lo subyuga hasta el extremo de no poder moverse, de querer retener el aliento para escucharla mejor?. . . \u00bfQu\u00e9 era esto nunca imaginado siquiera, que de pronto se le manifestaba en los acordes que los dedos de Adelaida produc\u00edan, acariciando apenas el teclado del piano? \u00bfDe qu\u00e9 mundo misterioso, jam\u00e1s vislumbrado, ven\u00edan aquellos sonidos que le suspend\u00edan el alma en arrobamientos desconocidos, aquel soplo invisible de belleza que le iba apagando dentro del coraz\u00f3n las brasas impuras del deseo? <\/p>\n\n\n\n<p>Adelaida termin\u00f3 de tocar. Se qued\u00f3 largo rato con las manos extendidas y posadas sobre el teclado. Hilario la contempl\u00f3 lleno de inefable emoci\u00f3n. Su dulce figura, los dorados reflejos de las l\u00e1mparas sobre sus nudosos cabellos, la languidez de la cabeza inclinada sobre su hombro, la carne blanca y fina del cuello, de los brazos desnudos, sus manos, aquella perfecci\u00f3n nunca vista de sus armoniosas manos, todo le produjo un sentimiento singular, el primer sentimiento delicado que experimentaba el alma ruda de un Guanipa. .. Dio un paso atr\u00e1s. Luego otro y otro&#8230; Ya no ve\u00eda a Adelaida y le pareci\u00f3 que para nada m\u00e1s necesitaba los ojos aquella noche.. . Ya est\u00e1 a campo raso otra vez &#8230; Ya va por el camino oscuro, solo, despacio, feliz. . . \u00a1Singularmente feliz!\u201d (La Trepadora, p. 88) <\/p>\n\n\n\n<p>El car\u00e1cter m\u00e1s interesante que hay en <em>La Trepadora<\/em> es Adelaida. \u201cLa peculiaridad de este car\u00e1cter\u201d dice don Julio Planchart, \u201cconsiste en que Adelaida, energ\u00eda negativa, voluntad abolida, pero energ\u00eda interna, un alma dolorosa, toda fuerza para el sufrimiento y la abnegaci\u00f3n, en un momento dado halla en s\u00ed capacidad para acciones de energ\u00eda positiva.\u201d Nosotros sentimos en Adelaida la hero\u00edna rom\u00e1ntica. (Ser\u00eda interesante un cotejo de la Adelaida de La Trepadora con la Mar\u00eda de Jorge Isaacs.) Creemos tambi\u00e9n que con Adelaida, precisamente, exhibe Gallegos su capacidad de creaciones psicol\u00f3gicas; su lucidez para entrever los matices espirituales. Por ser como lo advierte Planchart, esencialmente de vida interior, como lo es tambi\u00e9n Carmen Rosa de Reinaldo Solar, es un \u201cpersonaje de menos bulto\u201d. Resulta as\u00ed un protagonista m\u00e1s dif\u00edcil de realizar. Adelaida no es una naturaleza d\u00e9bil, sino simplemente una naturaleza rom\u00e1ntica. De ese modo se explica su aparente renunciamiento, su entrega a aquello que su esp\u00edritu considera como sublime: la conquista de Hilario Guanipa. Ella se une a Guanipa, rompiendo en cierto modo con su casta y hasta con su propio ser de mujer refinada y sensitiva, en buena parte por realizar el deseo de Jaime del Casal a quien venera; pero esta \u00faltima circunstancia, al lado de la fuerza de las otras motivaciones subterr\u00e1neas que operan en ella, cobra el car\u00e1cter subalterno de un pretexto. En realidad, a la naturaleza rom\u00e1ntica de Adelaida Salcedo, la ha atra\u00eddo inconscientemente siempre lo que en Hilario<br>Guanipa hay de hermosa fuerza b\u00e1rbara desatada.<\/p>\n\n\n\n<p>Recu\u00e9rdese cuando Hilario Guanipa detiene el asalto de sus t\u00edos bandoleros en el pueblo, y Adelaida presencia emocionada la haza\u00f1a de Hilario:<\/p>\n\n\n\n<p>\u201c \u00a1Aqu\u00ed est\u00e1 Hilario Guanipa! Volvi\u00f3 a sonar frente a la talabarter\u00eda la voz valiente y alegre. Al o\u00edrla,<br>Adelaida se irgui\u00f3, como una alucinada, sin que su voluntad hubiera intervenido en aquel movimiento, transfigurada, con los hermosos ojos llenos de asombro y de soberana 3 belleza.\u201d (La Trepadora, p. 68)<\/p>\n\n\n\n<p>Y, cuando, haci\u00e9ndose confidencias las dos primas, Adelaiday Eleonora, \u00e9sta la interroga extra\u00f1ada sobre su amor a Guanipa:<\/p>\n\n\n\n<p>\u201c\u2014 \u00bfQu\u00e9 le encontraste a ese hombre que te pudiera agradar?<br>Adelaida responde:<br>\u2014 Precisamente que no tiene nada de lo que yo buscaba.\u201c<\/p>\n\n\n\n<p>Aparentemente la explicaci\u00f3n es absurda. Pero recordemos que en Adelaida est\u00e1 operando siempre el sentimiento agudizado, la naturaleza rom\u00e1ntica; y que a estas naturalezas las atrae lo que el contraste tiene de sublime, de extra\u00f1o, hasta de desacostumbrado.<\/p>\n\n\n\n<p>Totalmente Adelaida est\u00e1 denunciando la sentidora, hasta su presencia f\u00edsica, y el esp\u00edritu con que vive en la novela. \u201cSu alma t\u00edmida, su delicado ser entero, su vida, corr\u00eda hacia Hilario, fuerte, brutal, valiente, como corre el r\u00edo manso y d\u00e9bil hacia el mar inmenso y temible.\u201d Su presencia resulta de suma nobleza: \u201csu dulce figura, los dorados reflejos de las l\u00e1mparas sobre sus undosos cabellos, la languidez de la cabeza inclinada sobre un hombro, la carne blanca y fina del cuello, de los brazos desnudos, sus manos, aquella perfecci\u00f3n nunca vista de sus armoniosas manos\u201d.<\/p>\n\n\n\n<p>Todo en ella estuvo en acuerdo para producir la naturaleza que hab\u00eda de tener. Adelaida en el hogar viv\u00eda en la atm\u00f3sfera sentimental de casi todos nuestros hogares \u2014y ello era m\u00e1s agudo veinte a\u00f1os atr\u00e1s\u2014; luego su educaci\u00f3n sentimental va a estar a cargo de Beethoven, Listz, Chopin (no se olvide que era un int\u00e9rprete apasionado de estos m\u00fasicos). <\/p>\n\n\n\n<p>El romanticismo es clima espiritual en nuestras tierras hispanoamericanas. Ya dijo Teresa de la Parra, que el romanticismo hab\u00eda existido en Am\u00e9rica mucho antes de que apareciera en Europa como corriente literaria. Luis Alberto S\u00e1nchez, precisa diciendo que el romanticismo es una actitud ante la vida. De modo que Adelaida, mujer de un pa\u00eds donde lo colonial casi se mantiene todav\u00eda, tiene aquella actitud. No es pues una voluntad menguada sino encendida de romanticismo.<\/p>\n\n\n\n<p>El rom\u00e1ntico no es por definici\u00f3n voluntad d\u00e9bil. Gallegos se manifiesta novelista genuino hasta en esto: incurre con Adelaida en el mismo error de los padres de cualquier chico al creer diagnosticar certeramente las crisis psicol\u00f3gicas de sus hijos. En efecto, define a Adelaida como una voluntad d\u00e9bil; y ella no lo es. Es otra cosa diferente. El temperamento bien acusado la denuncia. De este modo no nos extra\u00f1ar\u00e1 ninguna de sus reacciones si recordamos que est\u00e1n presididas por un sentimiento hipertrofiado. En su mundo interior, el padrino Jaime del Casal oficia de semidi\u00f3s. En el sino de la novela, Hilario Guanipa la raptar\u00e1 virtualmente en el paso del r\u00edo; y ella se entregar\u00e1 en lo espiritual, avasallada por este hombre que choca con sus sentimientos; pero en contraste que llega a ser sublime con las im\u00e1genes delicadas que pueblan su esp\u00edritu. El padrino le suministrar\u00e1 el s\u00edmbolo: \u00e9l mismo ser\u00e1 el dios al que hay que sacrificarse para que ella pueda sumirse sin remordimientos, en ese su \u00e9xtasis voluptuoso de renunciamiento.<\/p>\n\n\n\n<p>Adelaida es verdadero acierto en la novela de Gallegos. Criatura de la intimidad femenina habr\u00eda cobrado m\u00e1s presencia dentro de una t\u00e9cnica novelesca de ritmo lento, como la de muchos exponentes modernos. Es l\u00e1stima que dentro de la novela de gran acci\u00f3n que nos da Gallegos, Adelaida se apague entre la avasalladora realidad de Hilario Guanipa, en la primera parte del libro. La aparici\u00f3n de su hija Victoria, tan semejante a su padre, trae a la novela otra voluntad combativa y dominadora que ejerce su imperio sobre Adelaida y que ahoga tambi\u00e9n su personalidad.<\/p>\n\n\n\n<p>El citado cr\u00edtico Planchart, en estudio exhaustivo que venimos citando, sobre La Trepadora, nos define as\u00ed la naturaleza de Adelaida:<\/p>\n\n\n\n<p>\u201c\u00bfSu naturaleza? era un alma enfermiza, nacida para sufrir; una sensibilidad extremada. Cuando soltera y<br>antes de enamorarse de Hilario Guanipa, nadie le conoci\u00f3 novio ni amor\u00edo pasajero, porque andaba enamorada de un hombre ideal inexistente, seguramente muy distanciado de la realidad de un Guanipa. Su \u00fanica pasi\u00f3n era la de Chopin, su favorito, le produc\u00eda misteriosas sofocaciones y la fatigaba mucho. Todo esto, descrito en una hermosa p\u00e1gina acredita a Gallegos como un excelente retratista. Pero cuando esta ni\u00f1a de \u00e1nimo enfermizo se enamor\u00f3 de Guanipa, tuvo la energ\u00eda de romper con todos los prejuicios de casta y de posici\u00f3n social con una energ\u00eda pasiva, pero inquebrantable, a la cual daba ella visos de fatalismo; y la noche en que prometi\u00f3 a don Jaime librar a Hilario de s\u00ed mismo, toc\u00f3 el piano con manera poco habitual que suger\u00eda luchas valientes de almas tr\u00e1gicas con el inexorable destino. Hubo entonces en su ejecuci\u00f3n la altaner\u00eda con que los caracteres d\u00e9biles alardean de sus inesperadas e inexplicables resoluciones\u201d (Planchart, Julio; op. cit., p\u00e1g. 28).<\/p>\n\n\n\n<p>La \u00faltima parte de la obra se resiente de la rapidez con que fue elaborada. La escena de la comida en casa de los Alcoy es artificiosa. Se advierte que Gallegos descuid\u00f3 la composici\u00f3n de este cap\u00edtulo; o bien, no estudi\u00f3 el ambiente caraque\u00f1o en donde se desarrollan esas p\u00e1ginas. Sin embargo, si bien es cierto que en las \u00faltimas p\u00e1ginas se advierten defectos por la causa ya se\u00f1alada, no por ello decae el tono y la calidad de conjunto de la novela. Los di\u00e1logos son fluidos, amenos, ingeniosos; los rasgos de lo descriptivo est\u00e1n trazados con pulso seguro. V\u00e9ase esta linda vi\u00f1eta de Macuto:<\/p>\n\n\n\n<p>\u201cMa\u00f1ana de sol y de brisas marinas. El balneario tiene la alegr\u00eda de un palomar. Los trajes blancos de los temporadistas que aspiran el aire yodado a la sombra de los almendrones; el blanco vell\u00f3n de espuma que va carmenando el alegre viento marcero sobre el mar azul, bajo el claro sol; las velas de las embarcaciones que salen del puerto o navegan hacia \u00e9l; las palomas del parque que han salido todas a volar. La brisa peina el cocal sonoro, mece el follaje rumoroso del laurel y por las faldas del monte trepa,<br>levantando tenues neblinas resplandecientes, hacia el picacho abrupto; la luz brilla en la hoja del uvero y en el cristal de la ola al reventar y la ola se abre, a lo largo de los rompientes, con un ruido suntuoso de sedas que se rasgan. El alcatraz insaciable acecha en vuelo cernido, se lanza de pronto tras la saeta del pico, se sumerge, engulle y remonta de nuevo, batiendo las anchas alas para pescar m\u00e1s all\u00e1; pasa un grupo de ba\u00f1istas; sombrillas, rostros frescos, risas alegres. El balneario tiene la alegr\u00eda de un palomar.\u201d ( La Trepadora, p. 335.)<\/p>\n\n\n\n<p>Victoria es otra interesante mujer del libro. Es una mixtura psicol\u00f3gica de Hilario y de Adelaida. Resulta la naturaleza elemental de Hilario Guanipa, cernida y tamizada a trav\u00e9s del alma exquisita de la madre. De Hilario tendr\u00e1 desde adolescente, el genio imperioso y el sentimiento de rebeld\u00eda y hasta de recio individualismo; de Adelaida, la bondad, la ternura manifestada curiosamente en forma de tendencia a se\u00f1orear la persona amada: rasgo muy Guanipa.<\/p>\n\n\n\n<p>Viven en la novela otros personajes secundarios muy bien realizados: don Jaime del Casal, el hidalgo criollo con todo el aire de familia del hidalgo espa\u00f1ol. Es de las figuras m\u00e1s simp\u00e1ticas del libro. Do\u00f1a Carmelita, la viejecita humorista. Nicol\u00e1s del Casal, y hasta el comandante Rosendo Zapata, tipo del guerrillero venezolano que desciende a caporal de hacienda. Como en toda su obra la imaginaci\u00f3n de Gallegos se ha manifestado hasta en la creaci\u00f3n o en la recreaci\u00f3n de elementos subalternos dentro de la acci\u00f3n de la novela; pero que tienen su belleza y su valor folkl\u00f3rico. Una manifestaci\u00f3n de ello es la leyenda del Pozo de Rosa.<\/p>\n","protected":false},"excerpt":{"rendered":"<p>Felipe Masiani Con Reinaldo Solar, Gallegos se incorpora a la novel\u00edstica venezolana, si ya no lo estaba con La Rebeli\u00f3n, magn\u00edfico esbozo, escasamente conocido a\u00fan. Reinaldo Solar pertenece a esa l\u00ednea pesimista que se hab\u00eda abierto en Venezuela con Miguel Eduardo Pardo, y en la cual est\u00e1n inscritas \u00cddolos Rotos, de D\u00edaz Rodr\u00edguez, y Vidas [&hellip;]<\/p>\n","protected":false},"author":6,"featured_media":16575,"comment_status":"open","ping_status":"","sticky":false,"template":"","format":"standard","meta":{"_monsterinsights_skip_tracking":false,"_monsterinsights_sitenote_active":false,"_monsterinsights_sitenote_note":"","_monsterinsights_sitenote_category":0,"footnotes":""},"categories":[14],"tags":[],"_links":{"self":[{"href":"https:\/\/eldienteroto.org\/wp49\/wp-json\/wp\/v2\/posts\/16572"}],"collection":[{"href":"https:\/\/eldienteroto.org\/wp49\/wp-json\/wp\/v2\/posts"}],"about":[{"href":"https:\/\/eldienteroto.org\/wp49\/wp-json\/wp\/v2\/types\/post"}],"author":[{"embeddable":true,"href":"https:\/\/eldienteroto.org\/wp49\/wp-json\/wp\/v2\/users\/6"}],"replies":[{"embeddable":true,"href":"https:\/\/eldienteroto.org\/wp49\/wp-json\/wp\/v2\/comments?post=16572"}],"version-history":[{"count":3,"href":"https:\/\/eldienteroto.org\/wp49\/wp-json\/wp\/v2\/posts\/16572\/revisions"}],"predecessor-version":[{"id":16576,"href":"https:\/\/eldienteroto.org\/wp49\/wp-json\/wp\/v2\/posts\/16572\/revisions\/16576"}],"wp:featuredmedia":[{"embeddable":true,"href":"https:\/\/eldienteroto.org\/wp49\/wp-json\/wp\/v2\/media\/16575"}],"wp:attachment":[{"href":"https:\/\/eldienteroto.org\/wp49\/wp-json\/wp\/v2\/media?parent=16572"}],"wp:term":[{"taxonomy":"category","embeddable":true,"href":"https:\/\/eldienteroto.org\/wp49\/wp-json\/wp\/v2\/categories?post=16572"},{"taxonomy":"post_tag","embeddable":true,"href":"https:\/\/eldienteroto.org\/wp49\/wp-json\/wp\/v2\/tags?post=16572"}],"curies":[{"name":"wp","href":"https:\/\/api.w.org\/{rel}","templated":true}]}}