{"id":16530,"date":"2025-06-21T15:07:46","date_gmt":"2025-06-21T19:37:46","guid":{"rendered":"https:\/\/eldienteroto.org\/wp49\/?p=16530"},"modified":"2025-11-03T15:42:23","modified_gmt":"2025-11-03T20:12:23","slug":"habia-una-vez-un-nino-y-tres-cabritos","status":"publish","type":"post","link":"https:\/\/eldienteroto.org\/wp49\/habia-una-vez-un-nino-y-tres-cabritos\/","title":{"rendered":"Hab\u00eda una vez un ni\u00f1o y tres cabritos"},"content":{"rendered":"\n<h4 class=\"wp-block-heading has-text-align-right\">Efra\u00edn Subero<\/h4>\n\n\n\n<p>I<\/p>\n\n\n\n<p>Lo encontr\u00e9 m\u00e1s all\u00e1 de los suburbios. Trepado sobre el cerro donde el pueblo ya ha perdido su nombre. Hab\u00eda dejado atr\u00e1s los \u00faltimos jardines humillados por el l\u00edmite crucial del envase de la\u00adta. Los sombreados patios de las casas donde las amapolas defien\u00adden a todo trance su pureza. Las empalizadas donde la celedonia \u2014muy se\u00f1ora, muy reina\u2014 despoja sus hojas de todo poder de curaci\u00f3n si antes de arrancarlas no se le dan los \u201cbuenos d\u00edas\u201d, se le explica el motivo, y se le pide permiso respetuosamente.<\/p>\n\n\n\n<p>Caminaba por entre carcanapires y t\u00faa-t\u00faas que esperan el Vier\u00adnes Santo para mirar aunque s\u00f3lo sea por un d\u00eda el rostro del Se\u00ad\u00f1or. Por entre retamas que siempre reniegan de sus cabellos. De\u00adseaba llegar cuanto antes al sitio donde est\u00e1 un gigante viejo desde cuyas espaldas uno puede mirar hasta la \u00faltima calle del pueblo que amistosamente estrecha la mano del camino real. Y mucho m\u00e1s all\u00e1, hasta donde permite el horizonte, que con tanto rigor, guarda el secreto de la lejan\u00eda.<\/p>\n\n\n\n<p>Entonces, sobre el sollozo del abrojo, por detr\u00e1s de un card\u00f3n que abr\u00eda sus yaguareyes para un turpial enfermo, lo vi. Todav\u00eda era muy ni\u00f1o. Tendr\u00eda el tama\u00f1o exacto de ocho veces mis manos. Su sombrero, ara\u00f1ado por la u\u00f1a de los juncos, quer\u00eda irse hacia atr\u00e1s. Y la ra\u00edz fibrosa de su cabello negro recib\u00eda los lamidos fu\u00adgaces del sol y los aromas. Su ombligo \u2014como un ocre lucero\u2014 apuntaba desde su est\u00f3mago, al que no alcanzaba a cubrir por completo la corta camisa de dril azulado. Y los pies se le escapa\u00adban aprisa por las heridas redondas de unos viej\u00edsimos pantalones oscuros. En la mano derecha, una varilla larga con la cual deshac\u00eda el misterio de las cuevas y terminaba con el reinado de los pichig\u00fceyes.<\/p>\n\n\n\n<p>Y nada m\u00e1s. Su andar. Su humanidad, tan larga, como el tama\u00ad\u00f1o exacto de ocho veces mis manos.<\/p>\n\n\n\n<p>Me le acerqu\u00e9 despacio, invent\u00e1ndole un nombre (Tres cabritos veloces, delante de sus pasos, se distra\u00edan tir\u00e1ndole puntapi\u00e9s a la brisa).<\/p>\n\n\n\n<p>\u2014\u00a1Pastor!\u2026 \u2014grit\u00e9.<\/p>\n\n\n\n<p>El nombre se meti\u00f3 en el silencio. El ni\u00f1o, como un \u00e1rbol, se detuvo entre el viento.<\/p>\n\n\n\n<p>\u2014\u00bfQuieres venir con mis canciones?<\/p>\n\n\n\n<p>Los cabritos buscaron el abrigo de su acostada sombra. Lejos es\u00adtaba el pueblo. Un perro viejo y ronco lanz\u00e1ndole ladridos a una luna sin luz. La huella de un turpial.<\/p>\n\n\n\n<p>El temor de una hoja extraviada en el viento.<\/p>\n\n\n\n<p>Lejos estaba el pueblo\u2026<\/p>\n\n\n<div class=\"wp-block-image\">\n<figure class=\"aligncenter\"><img decoding=\"async\" src=\"https:\/\/www.ciudadvalencia.com.ve\/wp-content\/uploads\/2024\/12\/c8b97f46-7022-40e8-b166-dccc79d527fc-553x600.jpg\" alt=\"tres cabritos\" class=\"wp-image-478216\"\/><\/figure><\/div>\n\n\n<p>II<\/p>\n\n\n\n<p>Alguien con mano tr\u00e9mula\u2026<\/p>\n\n\n\n<p>Hoy fallecieron los tres cabritos. Quedaron con las paticas vuel\u00adtas hacia arriba, como casitas m\u00ednimas, en escombros. El ni\u00f1o llor\u00f3 desconsoladamente y se sec\u00f3 su llanto con el sucio brazo derecho de la camisa de dril, y con el viento. Cuando fue la ma\u00f1ana, for\u00admamos una caravana silenciosa. Trepamos por el cerro hasta el si\u00adtio preciso donde hab\u00edan dado locos puntapi\u00e9s a la brisa. Lejos del pueblo. Del viejo perro, que sin voz ya, continuaba lanz\u00e1ndole gemidos a una luna, sin luz. Lejos de la huella perdida del turpial. Del temor de la hoja extraviada en el viento.<\/p>\n\n\n\n<p>III<\/p>\n\n\n\n<p>Diciembre. Pastor con mano tr\u00e9mula.<\/p>\n\n\n\n<p>Mi querido Ni\u00f1o Jes\u00fas\u2026<\/p>\n\n\n\n<h4 class=\"wp-block-heading has-text-align-right\"><a href=\"https:\/\/eldienteroto.org\/wp49\/efrain-subero\/\" target=\"_blank\" rel=\"noreferrer noopener\">Sobre el autor<\/a><\/h4>\n\n\n\n<h6 class=\"wp-block-heading\">Fuente del texto y las im\u00e1genes: https:\/\/www.ciudadvalencia.com.ve<\/h6>\n","protected":false},"excerpt":{"rendered":"<p>Efra\u00edn Subero I Lo encontr\u00e9 m\u00e1s all\u00e1 de los suburbios. Trepado sobre el cerro donde el pueblo ya ha perdido su nombre. Hab\u00eda dejado atr\u00e1s los \u00faltimos jardines humillados por el l\u00edmite crucial del envase de la\u00adta. 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