{"id":16502,"date":"2025-06-20T14:45:30","date_gmt":"2025-06-20T19:15:30","guid":{"rendered":"https:\/\/eldienteroto.org\/wp49\/?p=16502"},"modified":"2025-06-20T14:46:19","modified_gmt":"2025-06-20T19:16:19","slug":"casasola-paisaje-literal-misticismo-fungico","status":"publish","type":"post","link":"https:\/\/eldienteroto.org\/wp49\/casasola-paisaje-literal-misticismo-fungico\/","title":{"rendered":"Gelindo Casasola: el paisaje literal y el misticismo f\u00fangico meride\u00f1o de los 70"},"content":{"rendered":"\n<h4 class=\"wp-block-heading has-text-align-right\">Daniel Arella<\/h4>\n\n\n\n<p class=\"has-text-align-right\"><em>Los deseos son m\u00e1s preciosos cuando<br>no pueden cumplirse. Son<br>como el agua fr\u00eda. Como<br>el hielo el deseo se disuelve<br>a medida lo conocemos, si es que<br>alguna vez llegamos a conocerlo<br>tal un paisaje vespertino.<br>Son los paisajes m\u00e1s hermosos.<br>As\u00ed me retiro de la comedia.<\/em><br>La vigilia<\/p>\n\n\n\n<p>La poes\u00eda y vida del poeta meride\u00f1o Gelindo Casasola \u2013por fuerza de una parad\u00f3jica fortuna\u2013 se desarrollaron durante las fechas del boom nacional de los talleres de expresi\u00f3n literaria en el centro del pa\u00eds (1975-1982): Calicanto, dirigido por Antonia Palacios y La Gaveta Ilustrada, por Juan Calzadilla. Mientras en Caracas los poetas se formaban en manualidad literaria, en M\u00e9rida se buscaba una antropo\u00e9tica. Alejandro Varderi<a href=\"#_ftn1\" id=\"_ftnref1\">[1]<\/a>, participante de La Gaveta Ilustrada, autor del ensayo Estado e industria editorial (1985) se propuso destruir el primer poemario de Casasola, Pasturas (1979), en el Papel Literario de El Nacional (Marzo, 1980), con un art\u00edculo intitulado \u201cA prop\u00f3sito de un intento de libro\u201d (incluido en el ap\u00e9ndice de la presente edici\u00f3n de Espacios). Sin detenerse en una lectura atenta y seria del libro leamos un ejemplo de sus apreciaciones: \u201cSe hace necesario entender este libro como un accidente, juego de azar o quiz\u00e1s broma de mal gusto llevada a cabo por el Comit\u00e9 de Lectura de Fundarte\u201d. La publicaci\u00f3n del art\u00edculo lleg\u00f3 a arremeter contra el equilibrio ps\u00edquico ya precario del poeta, permitiendo la entrada de invectivas lamentables por parte de sus detractores comunes. Varderi \u2013como la mayor\u00eda del centro del pa\u00eds en la d\u00e9cada del 70\u2013 demuestra una ignorancia violenta del contexto po\u00e9tico meride\u00f1o y un desconocimiento sobre la significaci\u00f3n del hongo sagrado para los integrantes de Laurel en la concepci\u00f3n del paisaje dentro de la l\u00edrica venezolana, como tambi\u00e9n una falta de delicadeza imperdonable en el ejercicio de la cr\u00edtica. Las notas siguientes sobre la poes\u00eda de Gelindo Casasola y el misticismo f\u00fangico meride\u00f1o de los 70, se organizan como una redenci\u00f3n esperada \u2013despu\u00e9s de un poco m\u00e1s de 30 a\u00f1os de haberse publicado el art\u00edculo\u2013 de ese Leopardi andino corro\u00eddo por la psilocibina, cuya intensa vida cabr\u00edan en estos tres versos de Salvatore Quasimodo:<\/p>\n\n\n\n<p>Cada uno est\u00e1 solo en el coraz\u00f3n de la tierra<br>traspasado por un rayo de sol:<br>y de pronto anochece.<\/p>\n\n\n\n<p><strong>I- El primer d\u00eda<\/strong><\/p>\n\n\n\n<p>Cuando propuse el homenaje a Gelindo Casasola para las VI Jornadas de Creaci\u00f3n de la Escuela de Letras 2011 en la Universidad de Los Andes, ninguno pareci\u00f3 conocer sus poemas ni al autor, salvo pocas excepciones, hab\u00edan s\u00f3lo escuchado el rumor de su oscura leyenda. Antes de leerlo por vez primera, particularmente ya lo conoc\u00eda en los potreros de la Mucui \u201csaltando como una cabra colina arriba\u201d, sobre las piedras que se hund\u00edan bajo mis pies descalzos. Tiempo despu\u00e9s una amiga me ense\u00f1\u00f3 Pasturas, publicado por Fundarte, y me sorprendi\u00f3 la portada y el t\u00edtulo del librito, as\u00ed que en una p\u00e1gina lo abr\u00ed al azar, justo en la cuarta estrofa de \u201cEl asno flautista\u201d: \u201cSi supiera este idioma colora-\/ do en que me hablo, me\/ dir\u00eda soledades.\/ Fragante d\u00eda de sol entre el pasto.\/ \/ Pastaba hongos. Los com\u00eda\/ en su sabor salvaje y refinaba\/ la lengua rosada de delicia\/ en el paisaje. Nubes\u201d. Hasta aqu\u00ed se detuvo mi mirada, en la palabra \u201cNubes\u201d, cuando lo le\u00ed. Me record\u00f3 mi primer viaje con un candor incomparable y una ternura aut\u00e9ntica. La sola manera justa de nombrar el sustantivo \u201cNubes\u201d bast\u00f3 para pensar en mi primer viaje con el aliento de esa luz intacta. Las nubes que vi all\u00e1 en lo alto de mi visi\u00f3n, fractales sonoros sumergiendo mi espalda en el pasto, derretida. Adquieren las nubes con la visi\u00f3n las formas infinitas de tu mitolog\u00eda interior, son las m\u00e1scaras del cielo, el lugar de las transformaciones, las nubes son el aleph del coraz\u00f3n. Para que una palabra en su sola nominaci\u00f3n desolada signifique m\u00e1s all\u00e1 incluso que s\u00ed misma, as\u00ed, sin adjetivaci\u00f3n, requiere de una meditaci\u00f3n que se enuncia en la inmanencia del poema como danza del silencio. Me record\u00f3 tambi\u00e9n, en la exactitud de su misterio, de su luz, de su color y su movimiento, al cuadro de Ren\u00e9 Magritte, El primer d\u00eda. Sab\u00eda y comprend\u00eda lo que dec\u00eda, mas no s\u00f3lo el poema, sino tambi\u00e9n la sensualidad de su reticencia, traslad\u00e1ndome, con una sensaci\u00f3n repentina de desvanecimiento, a esa inocencia ebria de fantas\u00eda que se perpet\u00faa durante el viaje: \u201cEl poeta es un ni\u00f1o que habla el lenguaje de los p\u00e1jaros\u201d.<\/p>\n\n\n\n<p>La obra po\u00e9tica de Gelindo Casasola (Udine, Italia, 1956 &#8211; M\u00e9rida, 1980) es m\u00ednima; apenas dos poemarios, uno en vida, publicado por Fundarte, <em>Pasturas<\/em> (1979), y el segundo, p\u00f3stumo, <em>El honguero apasionado<\/em> (1991), por Editorial Solar, agrupados, juntos con otros poemas \u2013publicados de forma dispersa en revistas regionales\u2013 en una edici\u00f3n revisada y definitiva, titulada Argona\u00fatica (2004) por Pie de monte. En los poemas de Casasola, y en especial, en \u201cEl asno flautista\u201d, nos deleitamos ante el despliegue de una fenomenolog\u00eda de la inocencia que estructura, r\u00edtmicamente, un cuerpo sonrojado y pudoroso ante el paisaje desnudo que lo desnuda como soledad risue\u00f1a. Algunos de sus poemas me hicieron recordar esa ebriedad celeste de Li Po y el \u00e9xtasis que propicia el vuelo a las altas cumbres. En la poes\u00eda de los dos cantores de esa naturaleza salvaje, acristalada y musical, est\u00e1 presente la nominaci\u00f3n del estimulante que representa la plataforma del viaje. Baudelaire introduce Los para\u00edsos artificiales explicando esta \u201cafici\u00f3n al infinito\u201d con una singular lucidez hist\u00f3rica:<\/p>\n\n\n\n<p>Esa agudeza del pensamiento, ese entusiasmo de los sentidos y del esp\u00edritu han debido aparecerse en todo tiempo al hombre como el primero de los bienes; por eso, no atendiendo m\u00e1s que a la voluptuosidad inmediata, sin preocuparse por violar las leyes de su constituci\u00f3n, ha buscado en las ciencias f\u00edsicas, en la farmacia, en los m\u00e1s groseros licores, en los perfumes m\u00e1s sutiles, bajo todos los climas y en todos los tiempos, los medios de huir, aunque s\u00f3lo fuese por breves horas, de su residencia en el fango, y como dice el autor de L\u00e1zaro, de \u201cllegar de un salto al Para\u00edso\u201d. (Baudelaire: 11).<\/p>\n\n\n\n<p>En el caso de los poemas de Li Po es el vino, motivo presente en la mayor\u00eda de sus composiciones. En Despertando de la embriaguez en un d\u00eda de primavera el mejor poeta de la dinast\u00eda Tang nos canta: \u201cLa vida de este mundo s\u00f3lo es un gran sue\u00f1o;\/ no querr\u00e9 malograrlo con trabajos o angustias.\/ As\u00ed diciendo, estuve bebido todo el d\u00eda,\/ solitario en el porche, tendido ante mi puerta.\/ Al despertar mir\u00e9 hacia el jard\u00edn del patio:\/ cantaba un solo p\u00e1jaro en medio de las flores.\/ \u00bfEn qu\u00e9 estaci\u00f3n del a\u00f1o nos hallamos?, me dije.\/ Sin cesar, la orop\u00e9ndola charlaba entre la brisa del\/ buen tiempo.\/ Me conmovi\u00f3 su canto: pronto lanc\u00e9 un suspiro\/ y, estando cerca el vino, volv\u00ed a llenar la copa.\/ Con fuerte voz cantando quise esperar la Luna;\/ mi canci\u00f3n terminada, ya estaba sin sentido\u201d. En la poes\u00eda de Casasola es el hongo, cuya presencia funciona desde la figuraci\u00f3n de los tres t\u00edtulos: Pasturas, El honguero apasionado y Argona\u00fatica. As\u00ed empieza uno de sus poemas: \u201cCom\u00ed los parasoles dorados.\/ Y hasta los hond\u00edsimos valles\/ subi\u00f3 mi lengua\/ emancipada.\/ Y he mirado hacia atr\u00e1s violentamen-\/ te entusiasmado,\/ rabioso por el color que\/ iba adquiriendo p\u00farpura todo, y he pasado el ros\u00e9 de\/ ciertas antenas, trasmiten\/ flores.\/ Recuperaba as\u00ed mi sentido\/ prof\u00e9tico.\/ Y silenciosamente entonces\/ vinieron a recibirme los al-\/ bos reba\u00f1os\u201d. El honguero es pastor de \u201clos albos reba\u00f1os\u201d, de \u201clas aguas\u201d, \u201chabla un idioma celeste\u201d, \u201cun idioma del para\u00edso\u201d, porque sue\u00f1a verdaderamente, no es hombre, es gnomo, pertenece a la tierra, que en \u00e9l es tierra f\u00e1ustica:<\/p>\n\n\n\n<p>Mi vigilia es siempre taciturna.<br>Me pregunto qu\u00e9 la habr\u00e1 hecho as\u00ed<br>porque podr\u00eda hablar con<br>las piedras; o con los gnomos<br>que aparecen siempre.<br>Pero soy un gnomo, me olvidaba;<br>por ello no duermo.<\/p>\n\n\n\n<p>Hay una hora tan oscura antes de<br>la luz. Me recuesto a los \u00e1rboles.<br>y sue\u00f1o otra vez, ahora verdaderamente.<br>Sue\u00f1o.<\/p>\n\n\n\n<p><strong>II- Laurel<\/strong><\/p>\n\n\n\n<p>Los festivales del hongo sagrado se celebraron como verdaderos rituales f\u00fangicos en La Culata y en El Valle, en los 70, aqu\u00ed en la ciudad de M\u00e9rida. Herederos an\u00f3nimos de una psicodelia ancestral nada\u00edsta, se invitaba a la juventud al inicio del gran viaje en una especie de peque\u00f1o Woodstock montaraz. Impulsados, en sus inicios, por el artista pl\u00e1stico Antonio Eduardo Dagnino y el dramaturgo Freddy Torres, los festivales representaron en su \u00e9poca la trascendencia de un ideal radical y puro: la integraci\u00f3n-org\u00e1nica-sideral. Manifestaciones art\u00edsticas y filos\u00f3ficas afines a esta tradici\u00f3n cham\u00e1nica antigua en la ciudad de M\u00e9rida estuvieron encarnadas en el grupo ecol\u00f3gico El hombre nuevo, que funcionaba como local, punto de encuentro de la bohemia donde se agrupaban poetas, pintores paisajistas, m\u00fasicos y bailarinas de ballet cl\u00e1sico. En esta corriente incluimos la revista que public\u00f3 El Conde Blue por m\u00e1s de cuarenta a\u00f1os, <em>La Gacela Polar<\/em>, y los tres n\u00fameros de la revista Laurel. El poemario de Casasola, <em>Pasturas<\/em> (1979) y el p\u00f3stumo, El honguero apasionado (1993), as\u00ed como tambi\u00e9n los libros de poes\u00eda de algunos integrantes de Laurel: Carlos Danez, con <em>Metal de serena sombra<\/em> (1984); <em>Luna Tol\u00ed<\/em> (1982) de Rold\u00e1n Montoya (Mayo), m\u00e1s los libros publicados tard\u00edamente de los \u201cpoetas de la intemperie\u201d, Aladym con <em>Avesimia<\/em> (1997) y <em>Tierra<\/em> (2000), y <em>El Conde Blue<\/em>, en su condici\u00f3n de rapsoda, se convirtieron en un \u00f3rgano secreto y marginal de cierta tradici\u00f3n ignorada de la poes\u00eda venezolana, donde la presencia del hongo, \u201cmaestro de toda una generaci\u00f3n\u201d (Danez: 32, Solar N\u00ba 32), represent\u00f3 un \u00f3rgano de resistencia aut\u00e9ntico y vital del \u00e9xtasis m\u00edstico, la ataraxia y la ampliaci\u00f3n de los campos de conciencia. La revelaci\u00f3n de la belleza en la naturaleza y su comuni\u00f3n irreemplazable consisti\u00f3 en una tradici\u00f3n que no s\u00f3lo negaba la ciudad y lo urbano, sino rechazaba la sociedad occidental y beb\u00eda de las ra\u00edces transparentes de los mandalas orientales y del misticismo espa\u00f1ol como San Juan de la Cruz, Teresa de \u00c1vila y Fray Luis de Le\u00f3n, tradici\u00f3n m\u00e1s cercana al esp\u00edritu de Saint-John Perse que a la poes\u00eda venezolana publicada en la d\u00e9cada del 70-80. Se hace preciso aclarar que el eje medular de estos poetas est\u00e1 signado por la intemperie, la errancia y la soledad montaraz, por lo tanto, hablar de tradici\u00f3n, de grupo o generaci\u00f3n, ir\u00eda en contra de ese principio arraigado a la pureza de caminar propio de los \u201claureles\u201d, en el sentido trascendental que le otorga Henry David Thoreau como cuarto poder, al margen del Estado, la Iglesia y el Pueblo.<\/p>\n\n\n\n<p>Una parte importante de este movimiento espont\u00e1neo, como dijimos al principio, lo formalizan los tres n\u00fameros de la revista <em>Laurel<\/em> (el 4to n\u00famero permanece in\u00e9dito) editados por estudiantes de la vieja Facultad de Humanidades de la Universidad de Los Andes. Publicados en papel artesanal a finales de los a\u00f1os 70, dan cuenta de una conciencia ecol\u00f3gica y est\u00e9tica fundada en la potencia del juego y el sue\u00f1o como fin en s\u00ed mismo y fundamento ontol\u00f3gico del hombre. Ida Gramko, poeta y dramaturga venezolana, en un art\u00edculo publicafo en El Nacional comenta sobre la recepci\u00f3n de <em>Laurel 2<\/em>:<\/p>\n\n\n\n<p>Jugando se canta o se vuelve de otra manera a la capacidad del ensue\u00f1o. Y no se crea que en ello hay puerta abierta para la felicidad. Juego no es improvisaci\u00f3n ca\u00f3tica. Juego es una suerte de ensimismamiento. Y el juego ha surgido en la memoria porque he recibido <em>Laurel 2<\/em>, una revista de j\u00f3venes meride\u00f1os, hecha de papel de envolver, o papel de paquete de quincalla, de esos paquetes de tahona de orla de harina y un olor a pan dulce reci\u00e9n hecho. <em>Laurel 2<\/em> nunca pas\u00f3 por la imprenta. Se trabaj\u00f3 primariamente. Y su edici\u00f3n fue de trescientos ejemplares. (Gramko, El Nacional: 15).<\/p>\n\n\n\n<p>El material sencillo de la revista revela la intenci\u00f3n m\u00edstica de su propuesta, l\u00fadica y sin ambiciones, m\u00e1s cercana a Francisco de As\u00eds, San Juan de La Cruz y Carlos Castaneda, que a los postulados de la vanguardia po\u00e9tica del centro del pa\u00eds. El esc\u00e1ndalo y la estridencia son sustituidos por el rumor del agua y la serenidad del aire, la experimentaci\u00f3n por el canto, la revoluci\u00f3n pol\u00edtica por la b\u00fasqueda espiritual. Al leer poemas de Aladym o de Sinecio M\u00e1rquez Sosa nos atenemos a una sintaxis po\u00e9tica que intenta convertirse en fractal, ser geometr\u00eda de la visi\u00f3n cham\u00e1nica. No hay l\u00edmites que dividan al hombre de la naturaleza (estos l\u00edmites son ilusorios, impuestos por la sociedad consumista y represora), es lo que parecen decirnos los integrantes de la revista Laurel: la respiraci\u00f3n de la pachamama es nuestra propia respiraci\u00f3n, su latido es nuestro latido, y en el amor de su m\u00fasica secreta, el hombre es con ella una danza y un vuelo. La negaci\u00f3n de la urbe, la dicha del ensue\u00f1o y el encuentro ext\u00e1tico con la cima del aire y el paisaje parame\u00f1o de la Sierra Nevada son expresados en sus poemas con una poes\u00eda ritual de im\u00e1genes deslumbrantes, concebidas con el encabalgamiento de una m\u00fasica violenta. En la revista Laurel est\u00e1n presentes nombres como los de Rold\u00e1n Montoya Deceda, Sinecio M\u00e1rquez Sosa, Arnulfo Poyer, Pablo Moncada, Gelindo Casasola, Aladym, El Comte Blue D\u00b4Autre Soleil, Henrriette Arreaza, Alexis V\u00e1zquez Ch\u00e1vez, Freddy Torres, Carlos Danez, Miguel Montoya, Gabriel Pilonieta, entre otros. Estos pocos n\u00fameros dan constancia del esplendor y ocaso de una \u00e9poca marcada por el misticismo y la psicodelia, el consumo de los hongos sagrados, la monta\u00f1a y sus escaladores desaparecidos, la mitolog\u00eda de los momoy, los gnomos, la pr\u00e1ctica de ejercicios espirituales extremos y el movimiento hippie.<\/p>\n\n\n\n<p>Reintegrar una revista artesanal de poes\u00eda, aparentemente sin ambiciones est\u00e9ticas ni pol\u00edticas, al sistema de la tradici\u00f3n de la literatura venezolana se logra a partir de verificar sus particularidades adentr\u00e1ndonos en su \u00e1mbito de enunciado, desde el cual ampliaremos algunos de su modelos est\u00e9ticos para comprender mejor las condiciones de producci\u00f3n en las que nace la obra de Gelindo Casasola. \u00bfDesde d\u00f3nde parten los integrantes de Laurel para lanzar los inh\u00f3spitos poemas que se solidifican en el entramado de su publicaci\u00f3n? Al contrario de los movimientos est\u00e9ticos promovidos en el centro del pa\u00eds, Laurel podr\u00eda decirse que pas\u00f3 desapercibida para el \u00e1mbito nacional, argumento que podr\u00eda ser debatido a partir de la cr\u00edtica realizada por Ida Gramko en el Papel Literario de El Nacional. Sin duda se trata de un pasqu\u00edn espont\u00e1neo y entusiasta que trataba de mostrar lo que se estaba haciendo en la Facultad de Humanidades de la ULA en materia literaria y art\u00edstica, proyectando desde su significaci\u00f3n la invitaci\u00f3n al ensue\u00f1o y al viaje.<\/p>\n\n\n\n<p>El manifiesto del primer n\u00famero de Laurel cierra con estas palabras: \u201cSi vienes de la pradera\/ las naranjas son princesas de luna\/es momento de tocarnos\/ por aqu\u00ed transita el universo\/ provisto de muchos secretos\/ emprendemos la m\u00e1s hermosa de las aventuras.\u201d (Laurel 1). La m\u00e1s hermosa de las aventuras, como bien dijo Ida Gramko, es el juego que transita entre el yo social del hombre (enmohecido con toda la carga fraudulenta de la guerra, las estructuras sociales, la dependencia cultural, familiar, entre otras) hacia un yo que se transparenta con los entes de la naturaleza hasta convertirse en origen y revelarse como realmente se es, respiraci\u00f3n de la tierra y asentimiento de su misterio, en su sencillez prism\u00e1tica de descubrimiento continuo que es el so\u00f1ar inventando y el imaginar existiendo.<\/p>\n\n\n\n<p><strong>III- Los parasoles dorados<\/strong><\/p>\n\n\n\n<p><em>Comenc\u00e9 siendo honguero,<br>Comenc\u00e9 siendo ruise\u00f1or fugitivo.<br>Y ahora dentro de m\u00ed estallan los dorados<br>mundos<br>los caballos azules del espanto me recorren<br>miro la LUZ<br>miro la luz y me siento desvanecido ante<br>lo que<br>veo<br><\/em>(del poema <em>El Ruise\u00f1or<\/em>)<\/p>\n\n\n\n<p>La materia oculta de la escena verbal de la revista es el hongo m\u00e1gico: emblema y puerta. Por ejemplo, en el poema de Aladym, nos adentramos en una sintaxis que intenta ser imagen plena de la visi\u00f3n en su torrente: \u201cUnidad concluyo la corteza anillo m\u00f3vil sonido vibracional el aire de este punto estacional es centro solar al inicio de la ma\u00f1ana ilumina el perfil piramidal\u201d (<em>Laurel<\/em> 2: 4). Las sucesivas im\u00e1genes prolongan el estado del \u00e9xtasis en el instante de la visi\u00f3n, instaurado, a su vez, en el encadenamiento sensorial de fracturas visuales que aparecen y desaparecen como en un pesta\u00f1eo. La potencia de lo que impulsa una imagen tras otra se funda en el misterio del arrobamiento, que es el esp\u00edritu ideal del chamanismo. En un art\u00edculo de Henry Munn llamado \u201cLos hongos del lenguaje\u201d, podemos leer lo siguiente:<\/p>\n\n\n\n<p>De todos modos el comer los hongos no basta para convertirse en cham\u00e1n. Los indios reconocen que los hongos no hablan a todo el mundo; sino que hay personas que quieren ser despertadas, que tienen una disposici\u00f3n especial para explorar las dimensiones surreales de la existencia, como la necesidad del poeta de expresarse en un lenguaje m\u00e1s alto que el ordinario de la vida diaria: para ellos, en un sentido muy determinado, los hongos son la medicina de sus genios. (Henry Munn, p.124).<\/p>\n\n\n\n<p>Una de estas personas era Aladym, el hombre p\u00e1jaro. Le dec\u00edan el hombre p\u00e1jaro porque se alimentaba de semillas y frutas para ser tan liviano como un ave. M\u00e1s que un poeta, Aladym era una especie de mentor espiritual y rapsoda psicod\u00e9lico de su generaci\u00f3n, quien encontr\u00f3 en el consumo de los hongos la libertad de la comprensi\u00f3n de s\u00ed mismo m\u00e1s all\u00e1 de todo concepto cultural y social. Cuentan algunos testigos de la \u00e9poca, como el profesor de filosof\u00eda Miguel Montoya, que Aladdym y Casasola se perd\u00edan varios d\u00edas en las monta\u00f1as y en los potreros de El Valle y regresaban robustecidos de fr\u00edo y sue\u00f1o al caudal insidioso de la ciudad. Carlos Danez narra la siguiente an\u00e9cdota sobre Aladym, \u201cEl hombre\u201d:<\/p>\n\n\n\n<p>He aguardado todo el art\u00edculo para acometer a contar que el gran maestro de esta generaci\u00f3n es el hongo, \u00e9l mismo dice en el potrero desde cu\u00e1ntos te debes comer, hasta te da la respuesta a tu pregunta. Aladym aseguraba haber encontrado ese estado particular de su esp\u00edritu, despu\u00e9s de haber comido hongos: cuando iba por el hongo noventa y tres, una voz poderos\u00edsima le dijo: \u201cSi comes cien hongos, ya no hay retorno\u201d. (Danez, Solar, N\u00ba 32: 11).<\/p>\n\n\n\n<p>La actitud espiritual de los integrantes de la revista es manifestada a trav\u00e9s de unos poemas acariciados por un ritmo innato, propiciado por la ingesta del hongo, or\u00e1culo y destino. Aladdym, \u201cexplorador de los abismos m\u00e1s felices de la conciencia, muri\u00f3 a causa de un par\u00e1sito del hongo que se le aloj\u00f3 en las paredes del est\u00f3mago\u201d. (Danez Solar, N\u00ba 32: 11). Desde los estudios de la etnofarmacognosia, la persona que consume los hongos establece un di\u00e1logo con una realidad sobrenatural que es integrada a la existencia.<\/p>\n\n\n\n<p>El proceso de purificaci\u00f3n termina llevando al sujeto po\u00e9tico, argonauta u honguero, a una vigilia que constituye el \u00faltimo grado de realidad, a un sue\u00f1o del cual jam\u00e1s podr\u00e1 despertar. Los hongueros, conocedores de la materia, lo denominan \u201cel no retorno del hongo\u201d, estado ps\u00edquico en que los sue\u00f1os se vierten sobre la vigilia, descubrimiento fatal de una verdad trasl\u00facida. Carlos Danez, amigo con el que Casasola comparti\u00f3 residencia en los \u00faltimos meses de su vida, mantiene esta escalofriante teor\u00eda: \u201cGelindo Casasola, d\u00edas antes de su suicidio, me confes\u00f3 que \u00e9l padec\u00eda de una sensaci\u00f3n de no retorno de viaje en el hongo\u201d. (Danez, <em>Solar<\/em> N\u00ba 32: 11). Cuando so\u00f1amos y tenemos una pesadilla poseemos la posibilidad de despertar, pero cuando los sue\u00f1os habitan aqu\u00ed, en la vigilia, no hay manera de hacerlo, y la \u00fanica salida posible es el salto m\u00e1s peligroso de todos, el gran misterio: morir, cerrar los ojos, el Gran Sue\u00f1o. En el libro <em>Las maquinaciones de la noche<\/em>, De Becker realiza una historia universal del sue\u00f1o. Aqu\u00ed se critica con fundamentos s\u00f3lidos el car\u00e1cter fant\u00e1stico que poseen los sue\u00f1os en occidente, cierta pesadez agregada con que son tratados est\u00e9ticamente los sue\u00f1os en el arte y la literatura europea. Desde Aurelia de Nerval pasando por Alicia a trav\u00e9s del espejo de Lewis Carroll, la oposici\u00f3n monstruosa entre el <em>Dr. Jekyll y Mr. Hyde<\/em>, o bien por los cuadros surrealistas de un Ernst o un Dal\u00ed, se evidencia un exceso de realidad ajeno a los sue\u00f1os, muy propio de la cultura occidental de la cual est\u00e1 imbuida mucha poes\u00eda parasurrealizante en Venezuela y Latinoam\u00e9rica. El tema del sue\u00f1o es abordado desde la relatividad de lo real y la amenaza del inconsciente, muy propio del psicoan\u00e1lisis freudiano, mientras que en el Oriente Medio y su tradici\u00f3n, existe una relaci\u00f3n m\u00e1s natural con los sue\u00f1os, la materia on\u00edrica es tratada con una mayor simpleza, la realidad y el sue\u00f1o son parejas que se transparentan. Como se demuestra en los poemas de Li Po, los sue\u00f1os, m\u00e1s que el espacio de la revelaci\u00f3n, son la continuidad de la existencia, no su interrupci\u00f3n, menos su descanso, sino el fluir de la armon\u00eda celeste y del destino, como tambi\u00e9n ocurre en la po\u00e9tica de Gelindo Casasola, m\u00e1s inclinado al laconismo que brota como el agua de una nada zen. El Gran Sue\u00f1o, el espacio \u00fanico de la verdad. Ya no puede despertar porque ha llegado al sue\u00f1o infinito donde nadie despierta, la perversi\u00f3n de la inocencia, la \u00fanica forma de despertar es morir, volver a so\u00f1ar, o ser el sustento de la realidad, su materia real, su sombra. \u00bfQui\u00e9n se ha querido sombra?<\/p>\n\n\n\n<p><strong>IV- Casasola y su tradici\u00f3n<\/strong><\/p>\n\n\n\n<p><em>Argona\u00fatica<\/em> de Casasola basta para pensar en una obra total sustentada en una po\u00e9tica del desvanecimiento atemporal\/ascensional de la identidad en la beatitud de la epifan\u00eda, vigilia taciturna que se anuncia en la anulaci\u00f3n\/amenaza del deseo por un amor que est\u00e1 m\u00e1s all\u00e1 del habla, pleno de silencio, henchido de inocencia, desolado de formas, pr\u00edstino y exacto como una estalactita celeste: imagen resonante del reposo justo. \u201cEstalactita\u201d es un poema de Lucian Blaga que sintetiza la po\u00e9tica de Casasola: contenci\u00f3n, vuelo y disoluci\u00f3n de la conciencia en el espacio inmarcesible de la luz que es ritmo:<\/p>\n\n\n\n<p>El silencio es mi esp\u00edritu<br>y al estar inm\u00f3vil y tranquilo<br>como un asceta de piedra,<br>me parece<br>que soy una estalactita en una gruta gigante,<br>cuyo techo es el cielo.<\/p>\n\n\n\n<p>Lentas<br>lentas,<br>lentas gotas de luz y de paz caen sin cesar<br>del cielo y se petrifican en m\u00ed.<\/p>\n\n\n\n<p>(Blaga: 9).<\/p>\n\n\n\n<p>El poeta de la intemperie es una asceta de piedra, resiste el peso insoportable de la realidad, lo que Rilke defini\u00f3 como belleza, esa otra forma de lo terrible, a partir del suplicio interior-liberador del hongo m\u00e1gico: apertura y alabanza. La luz no cae en gotas sino con <em>amor de cascada silenciosa<\/em>. Casasola entrar\u00eda, si lo preferimos as\u00ed, en una tradici\u00f3n po\u00e9tica dif\u00edcil de ubicar, por su naturaleza underground y atemporal, heredera ancestral de la poes\u00eda maya por el motivo de las \u201cflores\u201d, ya que su <em>Argona\u00fatica<\/em> mantiene correlaciones \u00edntimas y profundas m\u00e1s con la b\u00fasqueda l\u00edmite del \u00e9xtasis en la experimentaci\u00f3n con los ente\u00f3genos<a href=\"#_ftn2\" id=\"_ftnref2\">[2]<\/a> (met\u00e1fora radical de una po\u00e9tica innovadora del paisaje en la tradici\u00f3n de la poes\u00eda nacional), en libros inolvidables de la \u201cliteratura\u201d de todos los tiempos, como son <em>Los para\u00edsos artificiales<\/em> de Charles Baudelaire y sus consideraciones inquietantes y reveladoras sobre el empleo de hach\u00eds y el opio, <em>Miserable milagro<\/em> de Henri Michaux y su experiencia millar con la mezcalina, <em>Paranoia<\/em> de Roberto Piva y su visi\u00f3n \u00e1cida del Brasil, y por \u00faltimo, <em>Chorreo de las iluminaciones<\/em> del poeta argentino N\u00e9stor Perlonguer con la ayahuasca, la liana de dios, que con la tradici\u00f3n de la poes\u00eda breve venezolana (Reynaldo P\u00e9rez S\u00f3, Rafael Cadenas, Enrique Mujica, Luis Alberto Crespo, entre otros).<\/p>\n\n\n\n<p>Julio Miranda, en un ensayo publicado en el primer n\u00famero de <em>Solar<\/em> sobre la po\u00e9tica de Casasola, arremete \u2013desde la lectura paneg\u00edrica del andino\u2013 contra la poes\u00eda hecha en el centro del pa\u00eds:<\/p>\n\n\n\n<p>El resultado no es en absoluto \u201cvirgiliano\u201d o \u201cpastoral\u201d, pues lo que vehiculan los personajes e im\u00e1genes es una reflexi\u00f3n existencial sobre el sujeto y el mundo: sobre el sujeto en el mundo. No creo que nadie pueda reprocharle no hacer una poes\u00eda urbana o de guerrilla borracha, de ritos m\u00e1gicos o de desfiles de fantasmas, de peleas con su doble o de evocaci\u00f3n de antepasados entre tazas de caf\u00e9: temas \u2013y t\u00f3picos\u2013 cuya capacidad paralizante habr\u00eda que empezar a discutir. (Miranda, Solar, N\u00ba 1: 30).<\/p>\n\n\n\n<p>La cr\u00edtica de Julio Miranda a la poes\u00eda central es contundente, despiadada, evidencia su hast\u00edo como lector y cr\u00edtico del panorama nacional de la poes\u00eda de entonces<a href=\"#_ftn3\" id=\"_ftnref3\">[3]<\/a>. Casasola opta por Ruben Dar\u00edo, San Juan de La Cruz y Ramos Sucre, se arriesga por una vigilia taciturna igualada a las piedras. Esta \u201ctradici\u00f3n\u201d secreta de Laurel y los poetas de la intemperie es sabiamente recogida por el m\u00fasico y poeta Stephen Marsh Planchart en los n\u00fameros de su revista Pasturas. De los aleda\u00f1os y M\u00e9rida publicada a principios de los noventa, en homenaje a la obra de Gelindo, lamentablemente poco conocida. En el \u00faltimo poemario de Stephen Marsh, <em>Del Gladio Gladiolo<\/em>, leemos esta bella profec\u00eda para la poes\u00eda nacida de la bosta: \u201cPoco antes que la Noche nos caiga por segunda\/ vez, un potrero\/ resumido a un bosque nos perpet\u00faa. Quietudes\/ fibrosas, mineral\/ y semilleros, y con esporas al aire entramos\/ elev\u00e1ndonos\/ un C\u00e1ntico\u201d (Marsh Planchart: 14).<\/p>\n\n\n\n<p>La po\u00e9tica de la intemperie del misticismo f\u00fangico meride\u00f1o de los 70 est\u00e1 m\u00e1s cerca del poema viaje-videncia como un medio de exploraci\u00f3n y esclarecimiento \u2013como dice Francisco Rivera en <em>Kenneth White y la postvanguardia<\/em>\u2013 que del poema-objeto de la vanguardia y su mecanismo de negaci\u00f3n que ya empezaba a perder su vitalidad creadora en el ocaso de la modernidad. Es por ello que se trata de una poes\u00eda religada al cosmos en el mejor sentido whitmaniano, de una poes\u00eda del cuerpo er\u00f3tico en contacto con las cosas y los elementos: los remolinos de agua, el vuelo absoluto de los p\u00e1jaros, el \u00e1gil cuerpo de la liebre, la tierra h\u00fameda, las flores que se abren, el enigm\u00e1tico y delgado cuerpo del abedul plateado, los pesados frutos de serbal de los pajareros, los senos de una muchacha\u2026 Estar en el centro del universo, percibir los fen\u00f3menos los m\u00e1s profundamente posibles y aspirar a una infinita red de relaciones \u2013\u00e9sta es la pr\u00e1ctica. Y el resultado es una experiencia <em>ek-est\u00e1tica<\/em>, que va dilat\u00e1ndose hasta convertirse en sentido c\u00f3smico, o <em>en-st\u00e1tico<\/em>. (White, citado por Francisco Rivera: 56).<\/p>\n\n\n\n<p>As\u00ed como en las escenas buc\u00f3licas de la literatura pastoril la naturaleza era representada a partir del locus amoreus, que significa un bello lugar de reposo, en el ritmo po\u00e9tico de Casasola la funci\u00f3n del locus amoreus es violenta atracci\u00f3n de la sensualidad salvaje de la naturaleza, en cuyo centro de las manifestaciones est\u00e1 el gnomo como emblema del poeta de la intemperie, m\u00e1s cerca de Ovidio y <em>La metamorfosis<\/em> que de la \u00e9gloga y Gonzalo de Berceo. El locus amoreus como un espacio perif\u00e9rico de reconciliaci\u00f3n del cuerpo y lugar de los encuentros y las apariciones, lejos de los l\u00edmites de la ciudad en donde se pod\u00eda explorar, en la edad del renacimiento, las pasiones er\u00f3ticas. En la poes\u00eda de Casasola los paisajes de El Valle y los potreros de La Culata en la ciudad de M\u00e9rida representan ese lugar, perpetuados para siempre en sus poemas. La ingesta del hongo sagrado, como argumenta Emile Folange en su art\u00edculo sobre \u201cLas piedras-hongo\u201d de M\u00e9jico, se trata de una ciencia olvidada, en la que los indios mazatecas y zapotecas se reconciliaban con su estado primordial divino, reuni\u00e9ndose con las divinidades en ese estado puro de suspensi\u00f3n y disoluci\u00f3n del alma, un camino para hallar el para\u00edso perdido, lugar en donde la existencia se desprende, y desciende al fondo de uno mismo. Se trata de un proceso alqu\u00edmico de \u201cElevaci\u00f3n\u201d o \u201cSublimaci\u00f3n\u201d de la materia. Folange cita una poderosa frase de Artephius, donde parece estar resumida la po\u00e9tica vital y est\u00e9tica de Casasola y sus argonautas: \u201cTodo cuanto es claro, puro y espiritual se eleva a gran altura en el aire\u201d. Esta ciencia fue recuperada, de manera marginal, por los poetas de la intemperie meride\u00f1os de finales de los 70, experiencia signada de forma original en sus poemas, cuyo signo distintivo era el sentido musical del verso, el ritmo po\u00e9tico. Casasola es un Leopardi corro\u00eddo por la psilocibina, \u201cese movimiento de la gracia y el tiempo\u201d un leopardo purp\u00fareo crecido cerca de nosotros, tan cerca, que en sus danzantes manchas leemos, con \u201cluminosa precisi\u00f3n\u201d, nosotros, los j\u00f3venes poetas meride\u00f1os actuales, como en aquel gran cuento de Borges, la escritura de un dios de la intemperie, t\u00edtulo del libro de ensayos de Armando Rojas Guardia, ese Cristo desnudo del poema.<\/p>\n\n\n\n<p><strong>V- El paisaje literal en Pasturas<\/strong><\/p>\n\n\n\n<p>Alejandro Varderi comienza su art\u00edculo \u201cA prop\u00f3sito de un intento de libro\u201d, citando los haik\u00fas que culminan <em>Pasturas<\/em> \u2013 en vez de empezar por la lectura del poema \u201cLa vigilia\u201d\u2013 para luego ejercer una valoraci\u00f3n estad\u00edstica: \u201cMuestras \u00e9stas que se mantienen muy por de bajo del nivel de mediocridad\u201d:<\/p>\n\n\n\n<p>Altas monta\u00f1as<\/p>\n\n\n\n<p>Montes<br>Monta\u00f1as<\/p>\n\n\n\n<p>Montes<br>Montes<br>Montes<\/p>\n\n\n\n<p>Monta\u00f1as<\/p>\n\n\n\n<p>Stephen Marsh Planchart, mientras convers\u00e1bamos sobre la presente edici\u00f3n revisada de Casasola, me coment\u00f3 por primera vez sobre la existencia del art\u00edculo contra <em>Pasturas<\/em> del \u201cPapel Literario\u201d, y sin resignaci\u00f3n, m\u00e1s bien con una compasi\u00f3n paternal por el est\u00f3lido cr\u00edtico caraque\u00f1o, resumi\u00f3 su pesar: \u201cNo entendi\u00f3 el libro\u201d. Desde ese d\u00eda me compromet\u00ed en ahondar Pasturas, defender ese libro, que por m\u00e1s, sent\u00eda de una rigurosidad aterradora, por la raz\u00f3n que encerraba en s\u00ed mismo la verdad de un destino fatal, del cual pocos son los que regresan; certeza tr\u00e1gica contenida en esa m\u00e1xima de H\u00f6lderlin: \u201cEncontrarlo todo es perderlo todo\u201d.<\/p>\n\n\n\n<p>Primero, para comprender con justicia la po\u00e9tica de Casasola es necesario leer con atenci\u00f3n y rigor su poema \u201cLa vigilia\u201d, su gran poema despu\u00e9s de \u201cEl tambor\u201d, con la intenci\u00f3n de acercarnos a la raz\u00f3n profunda de esa progresiva mudez que atraviesa el libro <em>Pasturas<\/em>, desde el poema \u201cLa vigilia\u201d hasta la \u00faltima palabra: \u201cpiedras\u201d. En una de<br>sus estrofas se manifiesta con propiedad la postura radical del poeta:<\/p>\n\n\n\n<p>Hay poetas de extra\u00f1a versatilidad<br>para la mentira. Yo miento<br>la verdad.<\/p>\n\n\n\n<p>En s\u00f3lo tres versos, Casasola funda un espacio aut\u00e9ntico de vital exigencia para su poes\u00eda, apart\u00e1ndose \u2013 de forma tajante y atroz\u2013 de cierta tradici\u00f3n po\u00e9tica venezolana vigente.<\/p>\n\n\n\n<p>En <em>El ritmo en la poes\u00eda<\/em>, fundamento casasoliano innegable de su propia po\u00e9tica, adem\u00e1s t\u00edtulo del libro de la Dr. Drina Hocevar, se habla del fen\u00f3meno de la verdad como problema fundamental del <em>Da-sein<\/em>, que es entendido como el ser existencial del hombre en donde se funda el conocimiento como ser-en-el mundo, previo a cualquier categor\u00eda ontol\u00f3gica:<\/p>\n\n\n\n<p>En cuanto \u201cser-en-el-mundo\u201d, el Da-sein tiene la posibilidad de \u201cser en lo des-cubierto\u201d, abierto a la verdad. De esta manera, Heidegger sacude los fundamentos de la l\u00f3gica al mostrar que el origen de la verdad no ha de hallarse en la aserci\u00f3n o enunciado, sino que m\u00e1s bien debe buscarse en las estructuras existenciales, determinadas por las propias acciones del Da-sein (Hocevar, 2007, p. 53).<\/p>\n\n\n\n<p>En el poema de Casasola, <em>La vigilia<\/em>, es medular la siguiente aseveraci\u00f3n: \u201cNada s\u00e9 ahora, \u00fanicamente miro las\/ nubes\u201d. (Casasola, 2004, p. 39). En el <em>Ensayo sobre la experiencia alucin\u00f3gena<\/em>, libro que recoge las investigaciones de los autores m\u00e1s especializados en la etnofarmacognosia en todos sus distintos enfoques, Claude Bailly nos habla de su experiencia refiri\u00e9ndose a la percepci\u00f3n absoluta de los entes: \u201cAs\u00ed, todos los objetos est\u00e1n en potencia y parece como si todo se encontrara apaciblemente en potencia\u201d (Bailly p.126). Las nubes son potencialidad en la manifestaci\u00f3n de su ser como logos. Los sentidos son liberados del saber y este no saber \u2013 en la cumbre del deseo\u2013 es comprensi\u00f3n \u00faltima de la existencia, abierta al riesgo del encuentro con lo desconocido. En los poemas de Casasola los entes crecen, aumentan su color, se dinamizan y no hay diferencia entre el interior y el exterior, los sentidos se expanden y se ampl\u00edan, alcanzando el \u00e9xtasis de ese \u201cestar fuera de s\u00ed\u201d que comprende el silencio absoluto de la existencia \u00faltima que existe todo lo que vive y muere en su continuo devenir, siendo asaltada por el asombro y la sorpresa, el espanto y el desvanecimiento: \u201cPobre de m\u00ed. No conoc\u00eda estos saltos de\/ mis ojos hacia el precipicio de la m\u00fasica\u201d \u201cEl asno flautista\u201d. La sinestesia habita el candor de una verdad inmarcesible que desnuda el paisaje con la violencia de una inocencia intacta. Por ejemplo, sus poemas \u201cElizabeth Barrett canta en el cielo\u201d y \u201cRuise\u00f1or huido\u201d, tienen que ver con el peso insospechado de lo que asciende ydesciende, peso que es exacto a su \u00e1nima, un \u00e1nima que viaja hacia<br>el aire y se desmaterializa. El poema en Casasola se narra como recuerdo lacerante de plenitud, la voz se enuncia desde la memoria con el tono lac\u00f3nico del retorno, ya que en el presente incesante del \u00e9xtasis el lenguaje no existe, las \u201cpalabras se dirigen al rojo vivo, a las aguas\u201d; durante el viaje de la psilocibina, es preciso aclarar, las necesidades desaparecen, todo es asentimiento e inmovilidad, silencio significante del esp\u00edritu que interioriza el paisaje. Y \u00e9sta es una de los elementos que Ennio Jim\u00e9nez Em\u00e1n destaca de la poes\u00eda de Casasola: la \u201cfijeza\u201d, definida de esta forma:<\/p>\n\n\n\n<p>Esta noci\u00f3n de fijeza, es una de las constantes primordiales que recorren su poemario Pasturas. La fijeza implica un di\u00e1logo con lo visible y lo invisible. Tratar de capturar en todo su esplendor una realidad evanescente, y hacerla transparente a trav\u00e9s de su reconstituci\u00f3n en la imagen, trasuntando, de esta manera, una b\u00fasqueda de cierto absoluto po\u00e9tico, o de cierto \u00e9xtasis que le brinda esta ins\u00f3lita visibilidad, esta nueva indagaci\u00f3n de la realidad circundante (E. Jim\u00e9nez Em\u00e1n, <em>Pasturas. De los aleda\u00f1os y M\u00e9rida<\/em>).<\/p>\n\n\n\n<p>El paisaje es percibido de forma integrada, con un acercamiento a la exactitud presentida: \u201cHecho de \u00e1ngeles sube el ruise\u00f1or\/ semejante a mi medida5\u201d (\u201cRuise\u00f1or huido\u201d), \u201cLos pinares crecen en verdor justo hacia celeste sencillez\u201d (\u201cIn memoriam\u201d); \u201cEl caballo tiene la estatura de las bestias hermosas. No quisiera decir m\u00e1s.\u201d (\u201cCaballo\u201d). \u201cLeopardo m\u00edo, crecido cerca de m\u00ed con luminosa precisi\u00f3n\u201d. (\u201cLeopardo\u201d). El paisaje es un estado an\u00edmico de liberaci\u00f3n y recogimiento labrado en una desolaci\u00f3n luminosa que determina el tono del poema en su exactitud sensorial con el lenguaje. A diferencia del paisaje en Vicente Gerbasi, por ejemplo, \u201cespacio poblado de fantasmas, de recuerdos\u201d (Francisco P\u00e9rez Perdomo, Pr\u00f3logo: XXII), el paisaje en Casasola est\u00e1 desnudo de humanidad, porque el honguero o gnomo, sujeto narrador del poema, es un ser anterior a lo humano, bautizado por el paisaje en donde de pronto \u2013con sorpresa encantadora y\/o fatal\u2013 se reconoce. El comportamiento del Da-sein como apertura y claro en la experiencia l\u00edmite del honguero alcanza en la corporeidad del paisaje una autonom\u00eda intacta transparentada por el ritmo del lenguaje en la desolaci\u00f3n del tiempo (las largas orejas aluden al gnomo): \u201cMis largas orejas\/ no conocen sonido\/ sino sonido\u201d (\u201cUn mulo\u201d). La identidad del sujeto con los entes de la naturaleza es de una correspondencia trasparente, literal; lo literal alude aqu\u00ed a la comuni\u00f3n de los contrarios entre lenguaje po\u00e9tico y paisaje nombrado: una-misma-cosa. La condici\u00f3n humana se quiebra y su p\u00e9rdida es invadida por la luz. Los ojos \u201cven\u201d anteriores al saber: el lenguaje es un \u201cmirar r\u00edtmico\u201d.<\/p>\n\n\n\n<p>Existe una intenci\u00f3n \u00e1urica en la sintaxis de sus poemas de dejar reposar el peso real de las cosas y la manifestaci\u00f3n acabada y definitiva de los fen\u00f3menos. Es por ello que en su libro Arte y ciencia el profesor Jos\u00e9 Iraides Belandria, hermano del poeta Aladym, destaca este aspecto en la poes\u00eda de Casasola: Simplemente, la regla \u00e1urea o la proporci\u00f3n divina, atribuida a los griegos, ha sido empleada en la arquitectura, escultura, poes\u00eda y m\u00fasica, como una medida de belleza matem\u00e1tica: \u201cPara que un todo, dividido en dos partes desiguales parezca hermoso desde el punto de vista de la forma, debe presentar entre la parte menor y la parte mayor la misma relaci\u00f3n que entre \u00e9sta y el todo\u2026\u201d Al respecto, en una conversaci\u00f3n con Luis Alberto Angulo, coment\u00f3 que algunos poemas de Gelindo Casasola est\u00e1n estructurados seg\u00fan la concepci\u00f3n \u00e1urea. Efectivamente los poemas \u201cBebedores de agua\u201d, \u201cEscaladores\u201d y \u201cBajas monta\u00f1as\u201d de <em>Argon\u00e1utica<\/em> (Belandria, 2007: 107).<\/p>\n\n\n\n<p>En el poema \u201cBebedores de agua\u201d est\u00e1 presente una exclamaci\u00f3n que resume con dolor de abandono lo que significa padecer el silencio de la vigilia del hongo en su retorno: \u201c\u00a1Oh, tan riguroso!\/ Me voy quedando\/ quebrando.\/ Ha sido un d\u00eda.\/ Un d\u00eda\u201d (Casasola, \u201cBebedores de agua\u201d, p. 52). Lo justo, lo bueno y lo bello, como dir\u00eda Her\u00e1clito, es manifestaci\u00f3n exacta de la <em>fisis<\/em>, la tensi\u00f3n de la existencia en su continuo fluir, en su devenir puro del silencio del esp\u00edritu hacia la presencia esclarecedora del paisaje. Los entes del paisaje en <em>Pasturas<\/em> \u2013viaje sensorial del juego enso\u00f1ado del viaje hacia el desencantamiento de la vigilia, ese no-retorno del hongo\u2013 , van siendo lavados por el silencio de una contemplaci\u00f3n descarnada, dejando cada vez menos palabras sobre la p\u00e1gina. El sujeto po\u00e9tico se va oscureciendo de tanto retorno, de tanto descenso inm\u00f3vil frente a las cosas; el desencantamiento de la vigilia la va haciendo cada vez m\u00e1s taciturna, casi podemos intuir la luz del paisaje que mengua, su desolaci\u00f3n se perfila como una premonici\u00f3n, la duda asalta y hace vibrar el \u00e1nimo en frecuencias menores; como si la fuerza o el peso del paisaje \u2013en su precisa sensaci\u00f3n sombr\u00eda\u2013 exigiera la medida exacta del poema, a\u00fan sacrificando la invenci\u00f3n, consecuencia fatal de su promesa inicial en el poema \u201cLa vigilia\u201d: \u201cYo miento la verdad\u201d.<\/p>\n\n\n\n<p>En \u201cPastor de cabras\u201d se inicia el desencanto progresivo de nombrar; mentir la verdad se va convirtiendo en una condena. La blasfemia no puede esperar demasiado:<\/p>\n\n\n\n<p>Quisiera otro paisaje<br>tan perfecto.<br>Lo quisiera tranquilo.<br>Pero bajo el cielo<br>nada crece.<\/p>\n\n\n\n<p>Ya en los haik\u00fas finales de Pasturas, condenas aisladas redondeadas por la agon\u00eda, las palabras se va volviendo definitivas, tajantes, literales; el nombrar es la contemplaci\u00f3n y la contemplaci\u00f3n es el nombrar, no hay separaci\u00f3n entre paisaje y lenguaje, son uno solo en la fisicidad literaria; el ser del silencio petrifica los sustantivos convirti\u00e9ndolos en entes, el viaje de la vigilia termina habitando la obviedad tit\u00e1nica de los elementos, como si el poema emigrara a la poes\u00eda, o lo absoluto de la naturaleza moldeara con su silencio el poema como una escultura, y as\u00ed, la imposibilidad de inventar o improvisar dentro de ese silencio terrible del retorno del viaje del hongo, convirtiera al poeta, en su justicia pitag\u00f3rica del paisaje literal, en la identificaci\u00f3n \u00faltima con la muerte. El sentimiento de lo luctuoso es la manifestaci\u00f3n an\u00edmica del retorno del viaje; las cosas pierden su ardiente luz interior, el impulso vigoroso del ritmo vibr\u00e1til del espacio decae, la presencia de la realidad se asume de nuevo sin encantamiento, sin la dicha del juego, como bien lo expresa Ramos Sucre en su poema <em>El retorno<\/em>: \u201cEl espect\u00e1culo igual de la sombra invariable perpetuaba en m\u00ed el estupor del sue\u00f1o de la muerte\u201d (Ramos Sucre: 46). La inocencia es desgastada por las dudas. Es una desesperaci\u00f3n aparentemente sosegada, una contenci\u00f3n amarga de no poder decir nada m\u00e1s, de no poder decir m\u00e1s all\u00e1 de lo que es, una entrega condenada a la imposibilidad de mentir. En Casasola, la proclama de Heidegger: \u201cla palabra es la casa del ser\u201d, es asumida como entrega y terrible destino.<\/p>\n\n\n\n<p>Casasola llev\u00f3 hasta las \u00faltimas consecuencias la contenci\u00f3n del decir po\u00e9tico en la musicalidad del verso y en la vida. El ritmo como \u201cexperiencia del tiempo\u201d absoluto en la desnudez desolada del paisaje y la austeridad de la existencia abierta, constituy\u00f3 una actitud neo-modernista rubendariana llevada al extremo; de depuraci\u00f3n y radical embeleso del lirismo, recuperando a un Orfeo masacrado por la poes\u00eda contempor\u00e1nea venezolana de los 70, m\u00e1s cercana al cine que a la m\u00fasica, m\u00e1s cercana al fragmento y la innovaci\u00f3n est\u00e9ril del lenguaje heredero de una vanguardia bastarda, que de una b\u00fasqueda aut\u00e9ntica por nuevos espacios de libertad en la errancia o en la desaparici\u00f3n o en la videncia. Casasola eligi\u00f3 las tres para encarnar la Poes\u00eda; as\u00ed se retir\u00f3 de la comedia, es decir, de la literatura, para devolvernos los paisajes m\u00e1s hermosos, la imagen de nuestra naturaleza reconciliada.<\/p>\n\n\n\n<p>NOTAS<\/p>\n\n\n\n<p><a id=\"_ftn1\" href=\"#_ftnref1\">[1]<\/a> Naci\u00f3 en Caracas, 1960. Miembro del equipo editor de La Gaveta Ilustrada, producto del Taller de Expresi\u00f3n Literaria en la Universidad Sim\u00f3n Bol\u00edvar, dirigido por Juan Calzadilla. Actualmente, profesor titular de Estudios Hisp\u00e1nicos en The City University de New York.<\/p>\n\n\n\n<p><a href=\"#_ftnref2\" id=\"_ftn2\">[2]<\/a> Neologismo propuesto por Watson. Designa las sustancias o los efectos de car\u00e1cter embriagante o de ebriedad que en determinados contextos culturales o hist\u00f3ricos son interpretados como una forma de comunicaci\u00f3n, contacto, relaci\u00f3n o inspiraci\u00f3n con fuerzas sagradas, tel\u00faricas y sobrenaturales. Sin\u00f3nimo de psicod\u00e9lico, bajo la terminolog\u00eda de enteogenia est\u00e1n incluidas todas las \u201cplantas maestras\u201d como son los hongos alucin\u00f3genos, la ayahuasca, el peyote, entre otras. (Morales Perales: 79).<\/p>\n\n\n\n<p><a id=\"_ftn3\" href=\"#_ftnref3\">[3]<\/a> Despu\u00e9s de las Jornadas de Creaci\u00f3n de la Escuela de Letras 2011, \u201cSo\u00f1emos al Argonauta despiertos\u201d, una reedici\u00f3n de la obra completa de Casasola por parte de la academia es una realidad pr\u00f3xima y justa; la misma instituci\u00f3n que lo vio formarse como estudiante y que en su momento le arrebat\u00f3 la oportunidad de dictar un taller de poes\u00eda merecido por \u00e9l, estudiante brillante de una erudici\u00f3n ins\u00f3lita, a causa de la rosca profesoral de un escritor bastante conocido en la actualidad, la realizaci\u00f3n de un homenaje y una reedici\u00f3n despu\u00e9s de un poco m\u00e1s de treinta a\u00f1os de muerto, es un hecho sin importancia, aceptado con el desgano ins\u00edpido de una disculpa.<\/p>\n\n\n\n<h4 class=\"wp-block-heading has-text-align-right\"><a href=\"https:\/\/eldienteroto.org\/wp49\/daniel-arella\/\" target=\"_blank\" rel=\"noreferrer noopener\">Sobre el autor<\/a><\/h4>\n\n\n\n<h6 class=\"wp-block-heading\">*Este ensayo forma parte de los estudios preliminares a la edici\u00f3n de <em>Espacios<\/em> de Gelindo Casasola (El perro y la rana, 2014).<\/h6>\n","protected":false},"excerpt":{"rendered":"<p>Daniel Arella Los deseos son m\u00e1s preciosos cuandono pueden cumplirse. Soncomo el agua fr\u00eda. Comoel hielo el deseo se disuelvea medida lo conocemos, si es quealguna vez llegamos a conocerlotal un paisaje vespertino.Son los paisajes m\u00e1s hermosos.As\u00ed me retiro de la comedia.La vigilia La poes\u00eda y vida del poeta meride\u00f1o Gelindo Casasola \u2013por fuerza de [&hellip;]<\/p>\n","protected":false},"author":6,"featured_media":3295,"comment_status":"open","ping_status":"","sticky":false,"template":"","format":"standard","meta":{"_monsterinsights_skip_tracking":false,"_monsterinsights_sitenote_active":false,"_monsterinsights_sitenote_note":"","_monsterinsights_sitenote_category":0,"footnotes":""},"categories":[14],"tags":[],"_links":{"self":[{"href":"https:\/\/eldienteroto.org\/wp49\/wp-json\/wp\/v2\/posts\/16502"}],"collection":[{"href":"https:\/\/eldienteroto.org\/wp49\/wp-json\/wp\/v2\/posts"}],"about":[{"href":"https:\/\/eldienteroto.org\/wp49\/wp-json\/wp\/v2\/types\/post"}],"author":[{"embeddable":true,"href":"https:\/\/eldienteroto.org\/wp49\/wp-json\/wp\/v2\/users\/6"}],"replies":[{"embeddable":true,"href":"https:\/\/eldienteroto.org\/wp49\/wp-json\/wp\/v2\/comments?post=16502"}],"version-history":[{"count":2,"href":"https:\/\/eldienteroto.org\/wp49\/wp-json\/wp\/v2\/posts\/16502\/revisions"}],"predecessor-version":[{"id":16504,"href":"https:\/\/eldienteroto.org\/wp49\/wp-json\/wp\/v2\/posts\/16502\/revisions\/16504"}],"wp:featuredmedia":[{"embeddable":true,"href":"https:\/\/eldienteroto.org\/wp49\/wp-json\/wp\/v2\/media\/3295"}],"wp:attachment":[{"href":"https:\/\/eldienteroto.org\/wp49\/wp-json\/wp\/v2\/media?parent=16502"}],"wp:term":[{"taxonomy":"category","embeddable":true,"href":"https:\/\/eldienteroto.org\/wp49\/wp-json\/wp\/v2\/categories?post=16502"},{"taxonomy":"post_tag","embeddable":true,"href":"https:\/\/eldienteroto.org\/wp49\/wp-json\/wp\/v2\/tags?post=16502"}],"curies":[{"name":"wp","href":"https:\/\/api.w.org\/{rel}","templated":true}]}}