{"id":16367,"date":"2025-06-06T10:24:10","date_gmt":"2025-06-06T14:54:10","guid":{"rendered":"https:\/\/eldienteroto.org\/wp49\/?p=16367"},"modified":"2025-07-14T14:07:46","modified_gmt":"2025-07-14T18:37:46","slug":"cuentos-breves-de-victor-mosqueda","status":"publish","type":"post","link":"https:\/\/eldienteroto.org\/wp49\/cuentos-breves-de-victor-mosqueda\/","title":{"rendered":"Cuentos breves de V\u00edctor Mosqueda"},"content":{"rendered":"\n<p><strong>Rompecabezas con piezas mec\u00e1nicas&nbsp;giratorias<\/strong><\/p>\n\n\n\n<p>Ni parado sobre una silla, ni subido a una mesa o guindando de una de las l\u00e1mparas del techo, lograr\u00eda besarte la barbilla como alguna vez me dijiste que adorabas. Hoy tu barbilla amaneci\u00f3 a tres metros y medio del piso, justo al lado de tu tal\u00f3n derecho, aunque ayer estaba debajo de los hombros y a menos de ocho dedos de donde yo pongo los pies cuando camino. Ma\u00f1ana quiz\u00e1s amaneces de un metro y caminas con las pesta\u00f1as el recorrido desde mi cama hasta tu ba\u00f1o matutino. Como un cubo de R\u00fabik en manos de un inexperto, sigo intentando regresar mis movimientos a esa afortunada combinaci\u00f3n en la que tu cabeza era la cereza que coronaba un dulce cuerpo con sentido completo; esa afortunada combinaci\u00f3n en la que el contenido de esa cabeza cereza y los temblores que se desprend\u00edan de ese cuerpo caramelo me eran di\u00e1fanos y comprensibles. Definitivamente, este rompecabezas no es para ni\u00f1os.<\/p>\n\n\n\n<p><strong>Oz y el progreso<\/strong><\/p>\n\n\n\n<p>En las lejanas tierras de Oz, el progreso ha llegado. El camino de adoquines amarillos ha sido sustituido por una superautopista de asfalto de 8 canales, que es circulada por medio mill\u00f3n de veh\u00edculos al d\u00eda. Desde entonces no hay m\u00e1s embotellamientos en las horas pico de Oz, pero en las calles no queda nadie con valent\u00eda, cerebro o coraz\u00f3n.<\/p>\n\n\n\n<p><strong><em>Loop<\/em><\/strong><\/p>\n\n\n\n<p>De una caba\u00f1a medieval sale una ni\u00f1a con capucha roja. Ignora los consejos de su madre y termina en el est\u00f3mago del lobo. El le\u00f1ador se acerca con el hacha. De la casa de un pueblo colonial, una ni\u00f1a vestida de rojo sale al mercado. Un hombre lleno de pelos intenta aprehenderla, pero el machete de un pescador lo detiene. De un edificio de treinta pisos sale una ni\u00f1a con una franela azul. Una van negra abre sus puertas y se la traga. Un polic\u00eda detiene al veh\u00edculo en una alcabala y cuando ve lo que hay adentro decide unirse a la fiesta, mientras saca su navaja.<\/p>\n\n\n\n<p><strong>Gina y Django<\/strong><\/p>\n\n\n\n<p>Fue odio a primera vista. Sus gustos y aversiones no pod\u00edan diferir m\u00e1s y no soportaban siquiera mirarse a los ojos. Sus sistemas de valores se enfrentaban con cada palabra que cruzaran, y sus ideales y concepciones del mundo mostraban toda su polaridad con cada gesto y acci\u00f3n que realizaban. Sus fobias y sus parafilias eran incompatibles, sus patolog\u00edas, opuestas, sus experiencias vitales, contrarias, sus modos de ganarse la vida, cada uno en un extremo distinto. Ni siquiera sus cuerpos calzaban en un esquema com\u00fan, pero aun as\u00ed su pasi\u00f3n surgi\u00f3 en medio del m\u00e1s incoherente de los besos. Y se hicieron el amor, se mudaron juntos, se casaron, y tuvieron hijos, una hipoteca y todo el paquete completo. Fueron infelices cada d\u00eda de su vida, intentando atraer al otro a su lado de la realidad, a su forma de vivir y entender la vida. Envejecieron, convencidos de la inutilidad de volver a mirarse a los ojos, en cuartos separados, sin compartir cuando menos la mesa, sin saber que en su soledad se hab\u00edan vuelto reflejos el uno del otro, que se hab\u00edan hecho tan indistinguibles como dos gotas de agua. Murieron el mismo d\u00eda, dedic\u00e1ndose el uno al otro exactamente el mismo pensamiento.<\/p>\n\n\n\n<p><strong>Canci\u00f3n para amamantar<\/strong><\/p>\n\n\n\n<p>La veo all\u00ed, noche tras noche, d\u00eda tras d\u00eda, cant\u00e1ndole una nana mientras le da teta al espacio vac\u00edo entre sus brazos, a esa burbuja de aire que protege con cada retazo de su ser, y no tengo la voluntad para decirle, gritarle, confesarle que la que no existe es ella, y que la beb\u00e9 a la que pretende alimentar bebe de otra leche y otra teta.<\/p>\n\n\n\n<p><strong>La oreja<\/strong><\/p>\n\n\n\n<p>El toro embiste, cr\u00e1neo y cachos al frente, como colapso de trenes, convexo y deforme ante la perspectiva del v\u00e9rtigo, como visi\u00f3n de mosca. El matador esquiva por tres hilos de aire, que se calientan del roce, volvi\u00e9ndose tres hilos de fuego. La pluma en medio, la mano que la sostiene, la hoja en que se soportan, atravesadas, corneadas. La oreja del escritor. Las rosas.<\/p>\n\n\n\n<p><strong>Un giro esperado<\/strong><\/p>\n\n\n\n<p>\u2015Es que esta relaci\u00f3n se ha vuelto rutinaria. Y t\u00fa\u2026 pues, te has vuelto un hombre predecible. Nada de ti me estimula.<\/p>\n\n\n\n<p>Al escuchar estas palabras, el hombre salta y baila como un arlequ\u00edn, suelta gritos ininteligibles, se saca un moco y se lo come, vac\u00eda una jarra de agua y la lame del suelo como un perro. Saca un arma y dispara directo a la frente de su esposa.<\/p>\n\n\n\n<p>\u2015A m\u00ed nadie me llama predecible.<\/p>\n\n\n\n<p>La mujer, con la cabeza en un charco de sangre, y con lo \u00faltimo que le quedaba de energ\u00eda, llama con el dedo a su esposo y este se acerca, reptando como una culebra y haciendo&nbsp;<em>beat box<\/em>.<\/p>\n\n\n\n<p>\u2015Sab\u00eda que dir\u00edas eso \u2013susurr\u00f3 la mujer y muri\u00f3.<\/p>\n\n\n\n<h4 class=\"wp-block-heading has-text-align-right\"><a href=\"https:\/\/eldienteroto.org\/wp49\/victor-mosqueda\/\" target=\"_blank\" rel=\"noreferrer noopener\">Sobre el autor<\/a><\/h4>\n","protected":false},"excerpt":{"rendered":"<p>Rompecabezas con piezas mec\u00e1nicas&nbsp;giratorias Ni parado sobre una silla, ni subido a una mesa o guindando de una de las l\u00e1mparas del techo, lograr\u00eda besarte la barbilla como alguna vez me dijiste que adorabas. 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