{"id":16347,"date":"2025-06-05T19:03:14","date_gmt":"2025-06-05T23:33:14","guid":{"rendered":"https:\/\/eldienteroto.org\/wp49\/?p=16347"},"modified":"2025-06-09T14:06:56","modified_gmt":"2025-06-09T18:36:56","slug":"ramos-sucre-y-la-critica","status":"publish","type":"post","link":"https:\/\/eldienteroto.org\/wp49\/ramos-sucre-y-la-critica\/","title":{"rendered":"Ramos Sucre y la cr\u00edtica"},"content":{"rendered":"\n<h4 class=\"wp-block-heading has-text-align-right\">Salvador Tenreiro<\/h4>\n\n\n\n<p>Para los poetas venezolanos contempor\u00e1neos -y particularmente, para aquellos que pertenecieron a las promociones surgidas entre 1960 y 1980- la obra de Jos\u00e9 Antonio Ramos Sucre constituye la m\u00e1s alta expresi\u00f3n de nuestra literatura. Es -para decirlo con las palabras de Ives Bonnefoy- la l\u00e1mpara secreta que arde bajo los gestos de nuestra poes\u00eda. Desde Trizas de papel (1921), libro gen\u00e9ricamente heterog\u00e9neo -primer t\u00edtulo de su breve y espl\u00e9ndida bibliograf\u00eda- hasta El cielo de esmalte, que apareci\u00f3 en 1929, pocos meses antes de su tr\u00e1gica muerte, su obra entera es un ejemplo de lucidez y de rigor poco comunes entre nosotros. Frente a la ret\u00f3rica desfachatez del sonsonete postmodernista, su poes\u00eda es pulcritud, austeridad inigualable, que por momentos alcanza la exasperada exactitud de un decir po\u00e9tico que en Leopardi fue exaltada elegancia y que en Gerbasi ser\u00e1, pocos a\u00f1os m\u00e1s tarde, exquisita serenidad.<\/p>\n\n\n\n<p>En lo esencial, la obra de Ramos Sucre se (con)centra en sus poemas en prosa, desconcertantes hasta en su musicalidad. La suya es una lengua de sonoridades y de ritmos arcanos. Su poes\u00eda no est\u00e9 en ning\u00fan verso, porque -tal vez por extravagancia de poeta- no escribi\u00f3 que se sepa, ni uno solo, y porque, adem\u00e1s, la poes\u00eda no est\u00e1 en el verso. Son los versos los que, algunas veces, est\u00e1n en el poema.<\/p>\n\n\n\n<p>Toda su escritura pareciera regida por la idea de acertar -como \u00e9l suger\u00eda- \u00abcon el secreto de los prodigios\u00bb. Sus claves, sin embargo, no han sido establecidas, todav\u00eda, en toda su magnitud. No se trata, simplemente -como tanto se ha repetido en los (\u00faltimos a\u00f1os- de seleccionar \u00abadjetivos ins\u00f3litos\u00bb, es decir aquellos que poseen uno o mis rasgos de impertinencia sem\u00e1ntica -como dicen- con relaci\u00f3n al sustantivo al cual modifican tipo \u00abluz <em>execrada\u00bb). <\/em>Los prodigios de los que habla el poeta no est\u00e1n tan al alcance de 1a mano. En todo caso, el secreto de estos prodigios comprender\u00eda toda la cadena sintagm\u00e1tica, todo el engranaje verbal (no solo las relaciones del tipo sustantivo-adjetivo, sino tambi\u00e9n las de verbo-complemento(s) o las de sujeto-predicado). En el poema \u00abEl capricornio\u00bb, se dice que \u00abunas aves de pupila de fuego, metamorfosis de unos lobos empedernidos, alteraban la oscuridad secreta\u00bb. Eliminados los adjetivos, los complementos determinativos y la frase apositiva, quedara el prodigio: \u00abunas aves alteraban la oscuridad\u00bb.<\/p>\n\n\n\n<p>De manera irregular, fragmentaria y espor\u00e1dica, la cr\u00edtica ha dado cuenta de la obra ramosucreana desde la aparici\u00f3n de sus primeras publicaciones. Hay, por ejemplo, unas rese\u00f1as magnificas, reveladoras, escritas en su mayor\u00eda por poetas que advirtieron la importancia de esa novedosa escritura. Destacan, entre otros, los nombres de Jos\u00e9 Tadeo Arreaza Calatrava y de Fernando Paz Castillo. El primero, en nota publicada en el diario <em>El Universal, <\/em>del 20 de agosto de 1922, destaca coma elementos sobresalientes en la escritura de este poeta \u00abque desde\u00f1a la rima\u00bb, el ascetismo de su docta prosa y la originalidad de sus im\u00e1genes:<\/p>\n\n\n\n<p>im\u00e1genes nuevas &#8230; sin las rarezas y extravagancias del rebuscamiento, esmaltan estas breves y sentidas prosas, bellas como poemas extranjeros que hubieran pasado, con toda la pr\u00edstina pureza y la gracia nativa, a sonora y robusta forma castellana.1<\/p>\n\n\n\n<p>En los primeros a\u00f1os que siguieron a la publicaci\u00f3n de sus libros, su nombre \u2013como a veces se repite injustamente- no pas\u00f3 inadvertido. Publicaba con frecuencia en los peri\u00f3dicos de la \u00e9poca, ante el asombro -es cierto- de muchos de sus contempor\u00e1neos. Su obra fue abordada por entonces de muy diversas maneras. Se han documentado notas cr\u00edticas que abarcan un espectro muy amplio: desde aquellas que se solazan en comentarios impresionistas, hasta las que indagan en su supuesta misoginia. Los juicios que, en relaci\u00f3n a su escritura, prevalecieron durante largo tiempo son aquellos que intentaron elaborar en torno suyo una especie de fisiolog\u00eda de la creaci\u00f3n, en la que se subraya, por ejemplo, el \u00abdoloroso desligamiento con lo real\u00bb. Los t\u00e9rminos utilizados por Pedro Sotillo, en 1929, para describir a Rarnos Sucre, coinciden asombrosamente con los del mito del poeta solitario, individualista, ac\u00e9tico, febril, doliente, oscuro, herm\u00e9tico2. Las implicaciones que directa o indirectamente alcanzan esos adjetivos en la percepci\u00f3n que del poeta se tuvo por mucho tiempo en el pa\u00eds, obliga a considerarlas de suma importancia. (Conviene recordar el desmentido del poeta, en carta a Jos\u00e9 Nucete Sardi del 7 de enero de 1930: advierte [a Pedro Sotillo] \u00abque se equivoca al calificarme de mis\u00f3gino\u00bb.) Sotillo se atrevi\u00f3, inclusive, a establecer las \u00abcausas de oscuridad en los poemas del solitario de <em>La torre de tim\u00f3n\u00bb, <\/em>que eran tres: la particular sensibilidad del autor, su amplia cultura, y la utilizaci\u00f3n de una t\u00e9cnica de escritura fundamentada en otorgar a la palabra un \u00abhonesto significado originario\u00bb. Los calificativos de \u00abelitesco\u00bb, \u00abininteligible\u00bb y hasta excepcional, van a proliferar en algunas otras notas que la cr\u00edtica le dedica por entonces.<\/p>\n\n\n\n<p>Casi todos estos comentarios coinciden en la superficialidad de un discurso impresionista, saturado de profec\u00edas que nunca se cumplen en el poema, y de met\u00e1foras cl\u00ednicas de anecdotario obre la vida del poeta. Ramos Sucre mismo advirti\u00f3 sobre la ligereza de esas opiniones:<\/p>\n\n\n\n<p>Los juicios acerca de mis dos libros han sido muy superficiales. No es f\u00e1cil escribir: un buen juicio sobre dos libros tan acendrados o refinados. Se requieren en el cr\u00edtico los conocimientos que yo atesor\u00f3 en el antro de mis dolores. Y no todo el mundo ha tenido una vida tan excepcional.3<\/p>\n\n\n\n<p><em>Las piedras m\u00e1gicas, <\/em>primer libro dedicado \u00edntegramente a examinar la obra de Ramos Sucre, aparece publicado en 1945, quince a\u00f1os despu\u00e9s de su fallecimiento. Su autor, el poeta Carlos Augusto Le\u00f3n, re\u00fane algunos testimonios personales (hab\u00eda sido su alumno en el Liceo Caracas) alrededor de los cuales va construyendo una imagen del poeta muy cercana, por cierto, a la creada con anterioridad por algunos de los autores se\u00f1alados en l\u00edneas precedentes. Su ensayo se propone, sin embargo, ce\u00f1irse lo m\u00e1s estrictamente posible al an\u00e1lisis de la obra, y es en ese intento donde alcanza su m\u00e1s alto nivel. Todas sus interpretaciones parten, no obstante, de la premisa de que toda la obra es fundamentalmente autobiogr\u00e1fica, de que todas sus \u00abpersonas po\u00e9ticas\u00bb son una sola, fragmentaciones del yo diseminados en la historia del discurso. En la diversidad espacio-temporal a la que remiten sus poemas (la Grecia de la antig\u00fcedad cl\u00e1sica, el medioevo hisp\u00e1nico o la Italia renacentista, por ejemplo), Carlos Augusto Le\u00f3n destaca la obsesi\u00f3n del poeta por evadir la realidad: \u00abA diario, a cada instante -escribe- recurr\u00eda el poema huyendo del tormento&#8230; La historia fue para \u00e9l escala de evasi\u00f3n. Se dio a evocar tiempo y paisajes lejanos para escapar a la tremenda realidad\u00bb.<\/p>\n\n\n\n<p>Unos de Los ejes tem\u00e1ticos de la obra ramosucreana, a la los que presta mayor atenci\u00f3n en su an\u00e1lisis, es el que identifica con el t\u00edtulo \u00absufrimiento y muerte\u00bb, que va verificando en las diversas escenas donde tienen lugar muertes tr\u00e1gicas, mutilaciones de \u00f3rganos y m\u00faltiples padecimientos f\u00edsicos. Examina tambi\u00e9n varios aspectos de la po\u00e9tica ramosucreana, que sintetiza en Los conceptos de condensaci\u00f3n (de <em>s\u00edntesis <\/em>para usar su mismo t\u00e9rmino) de adjetivaci\u00f3n y de singularidad de su discurso po\u00e9tico: \u00abSus poemas en prosa, redondos, cerrados en s\u00ed mismos, de un simbolismo alto y cernido, tienen muchas veces el valor de piedras preciosas&#8230; brillantes, pulidos en sus facetas diversas, concretos en su forma, de claro reflejo\u00bb. E1llibro de Carlos Augusto Le\u00f3n favoreci\u00f3, como ning\u00fan otro, el acceso a Ramos Sucre. Fue durante muchos a\u00f1os uno de los escasos textos con que se contaba para ello, y el \u00fanico que se presiente escrito con admiraci\u00f3n, con pasi\u00f3n fervorosa en homenaje a su poes\u00eda.<\/p>\n\n\n\n<p>Casi tres d\u00e9cadas tuvieron que transcurrir para que la obra de Ramos Sucre alcanzara el lugar de privilegio que le correspond\u00eda. Las m\u00e1s j\u00f3venes promociones literarias de entonces, empe\u00f1adas en renovar la literatura del pa\u00eds, advirtieron la importancia de esa escritura que en lugar de endurecerse con el peso de los a\u00f1os adquir\u00eda una elasticidad inigualable. La publicaci\u00f3n de sus <em>Obras, <\/em>en 1956, en la colecci\u00f3n de la Biblioteca Popular Venezolana, editada por el Ministro de Educaci\u00f3n, favoreci\u00f3 su difusi\u00f3n por todo el pa\u00eds. F\u00e9lix Armando N\u00fa\u00f1ez, el prologuista, subraya la \u00abextra\u00f1a poes\u00eda en prosa de original vivencia y forma exacta. Pesadilla cambiante en que las im\u00e1genes on\u00edricas se presentan con la nitidez y la coherencia de una vigilia a menudo infernal\u00bb. N\u00fa\u00f1ez alude, tambi\u00e9n, influenciado probablemente por las observaciones de Paz Castillo sobre la obra ramosucreana, al car\u00e1cter pl\u00e1stico de muchas de sus im\u00e1genes: arte de medalla y camafeo, o mejor de primoroso relicario o joyero que solo deben abrir para su valoraci\u00f3n cabal los que estiman la belleza como un don sagrado.4<\/p>\n\n\n\n<p>La mayor\u00eda de los j\u00f3venes escritores de entonces insist\u00edan en la necesidad de rescatarlo para la poes\u00eda, raz\u00f3n por la cual se privilegiaba, esencialmente, lo que en su obra se percib\u00eda como lo m\u00e1s po\u00e9tico, vale decir <em>Las formas del fuego y El cielo de esmalte. <\/em>Reivindicarlos para la poes\u00eda no era tan solo un acto de justicia, sino una sanci\u00f3n contra aquellos que lo hab\u00edan condenado al olvido. En tal sentido, Francisco P\u00e9rez Perdomo se\u00f1ala: \u00abRamos Sucre ha debido ser visto, sin ninguna duda, como un reto y un desafuero. De all\u00ed, era de esperarse, el silencio que se urdi\u00f3 en torno a su nombre. Darle paso hubiera implicado, colateralmente, la ruina de muchos prestigios literarios a la vez que el impulso de un movimiento po\u00e9tico mucho m\u00e1s audaz y menos provinciano\u00bb.<\/p>\n\n\n\n<p>Reivindicarlo para la poes\u00eda era, pues, un grito de guerra que anunciaba una voluntad decidida a transformar las convenciones est\u00e9ticas de la literatura oficial. El poeta Juan Calzadilla, en 1956, y varios a\u00f1os despu\u00e9s Ludovico Silva, han insistido en se\u00f1alar algunas de las transformaciones que se fueron produciendo en la poes\u00eda venezolana. Una de ellas tiene que ver con la adopci\u00f3n, como forma expresiva, del poema en prosa, cuyo ejemplo m\u00e1s elocuente es -en opini\u00f3n de Ludovico Silva- el libro <em>Los cuadernos del destierro <\/em>de Rafael Cadenas. \u00abSe volvi\u00f3 -escribe- a leer a Rimbaud y a los surrealistas y se asimil\u00f3 en nuestro pa\u00eds de una vez por todas el esp\u00edritu de la l\u00edrica moderna, corresponde a Ramos Sucre, de este modo, un sitial como gran adelantado&#8230; lo que hab\u00eda hecho no era otra cosa que incorporar la poes\u00eda venezolana a la modernidad\u00bb.5<\/p>\n\n\n\n<p>Las nuevas lecturas que se le dedican se inscriben en corrientes distintas del pensamiento cr\u00edtico. Unas ponen el acento en el examen de su sintaxis y de su proceso fabulador, otras intentan establecer las claves simb\u00f3licas de su universo po\u00e9tico. Se subraya la riqueza y precisi\u00f3n de su discurso, sus ejes temporales, el uso del <em>yo elocutivo, <\/em>el valor de sus adjetivaciones. La supresi\u00f3n del que (y de otros relacionantes y subordinantes sint\u00e1cticos) ya no se la califica de obsesi\u00f3n mani\u00e1tica, sino que se interpreta como condensaci\u00f3n de un discurso que apuesta por la pureza verbal. La oscuridad de su poes\u00eda, considerada anteriormente como vicio artepurista, se constituye ahora en uno de los fundamentos de su po\u00e9tica. Se revisan sus afinidades con otros escritores y con otras obras, y para sustentar la modernidad de su discurso, se comparan algunos de sus textos con otros de Mallarme, de Robert Browning y de Jorge Luis Borges.<\/p>\n\n\n\n<p>Entre los textos cr\u00edticos m\u00e1s relevantes que, en torno a la obra ramosucreana, se han publicado en los \u00faltimos a\u00f1os, destacan los de \u00c1ngel Rama, Gustavo Luis Carrera y Guillermo Sucre. El libro de Rama, <em>El universo simb\u00f3lico de Jos\u00e9 Antonio Ramos Sucre, <\/em>es uno de los pocos, si no el \u00fanico, que privilegia por encima de todo lo publicado por el poeta, <em>La torre de Tim\u00f3n. <\/em>Una de las razones de esta elecci\u00f3n, posiblemente la de mayor importancia, se debe a que con ese libro culmina -contrariamente a lo que siempre se dijo al respecto- el proceso creador del poeta, puesto que con \u00e9l se abre un periodo que continuar\u00e1 en la misma l\u00ednea discursiva que aqu\u00ed se inici\u00f3 con \u00e9xito. <em>La torre de Tim\u00f3n <\/em>es el producto de una \u00abcuidadosa reorganizaci\u00f3n\u00bb de dos publicaciones anteriores a las que se permite suponer en el poeta, como se\u00f1ala Rama, \u00abuna voluntad estructural n\u00edtida, una concepci\u00f3n del libro como un orden significativo, que lo convierte en una <em>suma <\/em>de poes\u00eda y pensamiento\u00bb. Por ello resulta un libro tan especial dentro del proceso creador ramosucreano, pues revela, con mayor nitidez que los otros, el esfuerzo por ce\u00f1ir la imaginaci\u00f3n m\u00e1s exultante al rigor de un pensamiento implacable, por adecuar el sue\u00f1o a los designios de la vigilia\u00bb.<\/p>\n\n\n\n<p>Uno de los aspectos estudiados por \u00c1ngel Rama es el referido al \u00abdiscurso intelectual\u00bb. Al examinar, en tal sentido, el ensayo que el poeta hab\u00eda dedicado a Alejandro de Humboldt, el sabio y naturalista alem\u00e1n, encuentra algunos de los puntos m\u00e1s relevantes de la po\u00e9tica ramosucreana: \u201cTanto por su formaci\u00f3n intelectual como por su trato con las manifestaciones de un arte construido merced a un espeso tejido simb\u00f3lico, Ramos Sucre crey\u00f3 que el campo del artista no estaba exclusivamente en una expresi\u00f3n \u00abbella\u00bb tambi\u00e9n en una expresi\u00f3n \u00absabia\u00bb. Parte del hermetismo caracteriza sus textos de all\u00ed nace, y la red de s\u00edmbolos y debe analizarse directamente sobre esos textos aparencialmente oscuros\u201d.<\/p>\n\n\n\n<p>En el an\u00e1lisis de los textos que se inician con el Yo, Rama distingue dos tipos de <em>narraci\u00f3n: <\/em>una <em>ulterior, <\/em>en la cual el yo refiere, desde el presente, acciones pasadas, lo que permite alargar la distancia del yo con lo narrado, y otra <em>simult\u00e1nea <\/em>que Rama llamar\u00e1 \u00abcontemplativa\u00bb (utilizando el t\u00e9rmino impl\u00edcito en el t\u00edtulo de uno de los poemas) en la cual se observa una congelaci\u00f3n del tiempo. Este <em>yo <\/em>\u00abexpectante\u00bb ira inmoviliz\u00e1ndolo todo, cristalizando la historia y alej\u00e1ndola del instante a partir del cual se narra. De esta manera \u00abla precisi\u00f3n de la prosa de Ramos Sucre funciona como un sistema de petrificaci\u00f3n\u00bb. Otro de los rasgos del <em>yo <\/em>-la dominante militar de sus disfraces, escribir\u00e1 Rama- es la frecuencia con que aparece en calidad de h\u00e9roe solitario y cruel, que adquirir\u00eda valor simb\u00f3lico si se le remitiese a la historia del pa\u00eds.<\/p>\n\n\n\n<p>Gustavo Luis Carrera ha estudiado la importancia del s\u00edmbolo en tanto procedimiento que contribuye a vincular la obra de Ramos Sucre al romanticismo, y de manera particular, a la figura de Goethe. Para ello parte del ensayo que Tzvetan Todorov dedica a las relaciones entre el s\u00edmbolo y la est\u00e9tica rom\u00e1ntica en <em>Theories du Symbole, <\/em>donde a firma que los supuestos est\u00e9ticos de ese movimiento se \u00abcondensan\u00bb en el s\u00edmbolo. Carrera analiza varios textos del poeta venezolano -algunos te\u00f3ricos como \u00abSturm und Drang\u00bb- en los que encuentra posiciones ideol\u00f3gicas similares a las de los rom\u00e1nticos. En otro texto: \u00abSobre la poes\u00eda elocuente\u00bb destaca Carrera el concepto de <em>identidad tal <\/em>como fue asumido por aquellos: \u00abpoes\u00eda-s\u00edmbolo\u00bb, lo inefable, es decir que el contenido del s\u00edmbolo va a la indeterminaci\u00f3n y a lo m\u00edtico de lo indecible y escapa a la raz\u00f3n. Es la vaguedad que lleva a la sobreabundancia de sentidos y al permanente devenir de la concepci\u00f3n rom\u00e1ntica de la poes\u00eda.<\/p>\n\n\n\n<p>El estudio del s\u00edmbolo como unidad expresiva es retomado en otro ensayo en el que Gustavo Luis Carrera examina principalmente La oscuridad y el hermetismo de su discurso:<\/p>\n\n\n\n<p>Vemos en la obra de Ramos Sucre tres procesos l\u00fadicos y conceptuales, destinados a distintos niveles de captaci\u00f3n de conocimiento y de sensibilidad c\u00f3mplice. El m\u00e1s ostensible ser\u00eda el de la identificaci\u00f3n del referente. Es el \u00e1mbito de la dilatada carga hist\u00f3rica, literaria, est\u00e9tica, autobiogr\u00e1fica, terminol\u00f3gica, que puebla sus textos de nombres, hechos y situaciones que son otras tantas claves potencialmente comprensibles.<\/p>\n\n\n\n<p>Para Guillermo Sucre, uno de Los aspectos a destacar es el referido a Las \u00abalusiones culturales de su poes\u00eda, en tanto que ellas constituyen verdaderas met\u00e1foras en las que el conocimiento del mundo se mezcla a las visiones de lo imaginario. Sus poemas no recrean la historia sino que la borran, la vuelven misterio original en un universo nuevo: el que dibujan las palabras. Junto a esas \u00abmetamorfosis de La historia y de Los textos\u00bb, se\u00f1ala tambi\u00e9n La metamorfosis del <em>yo <\/em>que se fragmenta en varios otros sin que se insin\u00fae \u00absacralizaci\u00f3n biogr\u00e1fica\u00bb alguna. Ramos Sucre no hizo sino ejercer \u00abese don que, seg\u00fan Baudelaire, tiene el poeta de entrar, a su antojo, en el personaje de cada cual y encarnar su destino\u00bb. Todos esos mon\u00f3logos dram\u00e1ticos -a La manera de Robert Browning, de Pound, de Eliot o de Borges- empleados por el poeta fortalecen La \u00abneutralidad\u00bb de su escritura, en cuyo ejercicio se obtiene la \u00ab\u00fanica identidad posible: el vasto teatro de la humanidad\u00bb.<\/p>\n\n\n\n<p>A trav\u00e9s de todo el ensayo se advierte un tono de iron\u00eda, al parecer destinada a cuestionar muchas de las opiniones que han circulado sobre la obra del poeta. Algunos par\u00e9ntesis, ciertas frases interrogativas dejan constancia de que el discurso de Guillermo Sucre se constituye como un di\u00e1logo -como una respuesta, m\u00e1s bien- a otros discursos cr\u00edticos que lo precedieron en el tiempo. As\u00ed, cuando aborda el aspecto concerniente a La riqueza verbal de la obra, insiste en que ella no reside -tan solo- en la \u00abproliferaci\u00f3n l\u00e9xica\u00bb, en la \u00abveracidad sustitutiva\u00bb -como se ha dicho siempre- sino -y fundamentalmente en la <em>elegancia <\/em>en \u00abhacer que todo el discurso adquiriera la forma m\u00e1s concisa, a\u00fan incisiva, as\u00ed como el entorno m\u00e1s sutilmente elocuente. La elegancia en Ramos Sucre es adustez: ese \u00faltimo ideal de los seres problem\u00e1ticos y esc\u00e9pticos\u00bb. Lo m\u00e1s importante en su obra es la b\u00fasqueda, en cuanto tal, de un lenguaje in\u00e9dito. De este modo, sus im\u00e1genes \u00abre\u00fanen lo justo y lo distante: su misterio no excluye la exactitud de la formulaci\u00f3n verbal\u00bb. Lo fundamental en ellas no es el mundo de referencias al cual aluden, sino su propia naturaleza, su disposici\u00f3n a constituirse en <em>im\u00e1genes imaginantes, <\/em>como Guillermo Sucre las define.<\/p>\n\n\n\n<p>EL POEMA EN PROSA<\/p>\n\n\n\n<p>Con la frase \u00abpoeta en prosa, y como tal ininteligible\u00bb, encabezaba Augusto Mijares, en julio de 1930, un art\u00edculo suyo sobre la poes\u00eda de Ramos Sucre. En ella se evidencia el desconcierto que su escritura produjo entre sus lectores de entonces, a pesar de que ni su l\u00e9xico ni su sintaxis atentan contra la lengua castellana. Lo que resultaba, en realidad, ininteligible era su poes\u00eda <em>prosificada, <\/em>significativa circunstancia en un pa\u00eds donde la concepci\u00f3n del hecho po\u00e9tico, era inseparable del verso. La prosa se defin\u00eda siempre en negativo. Su estatuto consist\u00eda, precisamente, en carecer de poeticidad, pues no ten\u00eda ni metro ni ritmo. Sin ellos no pod\u00eda aspirar a la representaci\u00f3n del universo, funci\u00f3n reservada a la poes\u00eda. En la precisi\u00f3n del verso, el poeta simboliza -como se dec\u00eda- el orden y la armon\u00eda del universo. Pero Ramos Sucre no s\u00f3lo no escrib\u00eda en verso, sino que, adem\u00e1s, sus poemas en prosa carec\u00edan del lirismo, del intimismo caracter\u00edsticos, por ejemplo, de la prosa de Chateaubriand, lo cual lo hac\u00eda a\u00fan m\u00e1s <em>ininteligible.<\/em><\/p>\n\n\n\n<p>En verdad, muchos de los pasajes que en cuentos y novelas han sido calificados de po\u00e9ticos por la tradici\u00f3n, nada tienen que ver con el poema en prosa. Las frases encantadoras y armoniosas, traicionan muy a menudo. La prosa que intenta acercarse a la poes\u00eda por medio de artificios m\u00e9tricos y ret\u00f3ricos, con el prop\u00f3sito de crear una ilusi\u00f3n musical versificada, est\u00e1 condenada al fracaso. Cuando Baudelaire, en el Prefacio al <em>Spleen de Paris, <\/em>sue\u00f1a con el milagro de una prosa po\u00e9tica, sin ritmo y sin rima, ce\u00f1ida a los \u00abmovimientos l\u00edricos del alma\u00bb, a las \u00abondulaciones del ensue\u00f1o\u00bb y a los \u00absobresaltos de la conciencia\u00bb no alude tan solo al verso tradicional, sino tambi\u00e9n, a las prosas po\u00e9ticas a la manera de Chateaubriand. A partir de Baudelaire, el poema en prosa moderno ser\u00e1 singularmente distinto, incluso a los magn\u00edficos del <em>Gaspard de la nuit.<\/em><\/p>\n\n\n\n<p>La total libertad que la prosa ofrec\u00eda a la imaginaci\u00f3n del poeta, favoreci\u00f3 y estimul\u00f3 nuevas b\u00fasquedas, intentos muchas veces desconcertantes que iban revelando vast\u00edsimas regiones que hab\u00edan permanecido ocultas. La prosa se presta con excelencia a la \u00abtraducci\u00f3n de los m\u00e1s extra\u00f1os estados po\u00e9ticos\u00bb. Sin una forma fija a la que recurrir, sin un ritmo codificado de antemano, todo el poema en prosa es creaci\u00f3n. \u00abTodo poema en prosa es, simplemente, un poema.\u00bb6<\/p>\n\n\n\n<p>Una de las caracter\u00edsticas a resaltar en la historia del poema en prosa es la referida a sus constantes re-env\u00edos hipotextuales, para utilizar un t\u00e9rmino grato a Genette. En tres discursos po\u00e9ticos distintos, como son, por ejemplo, los de Aloysius Bertrand, &nbsp;Baudelaire y Ramos Sucre, el poema en prosa se constituye, se \u00abinjerta\u00bb sobre textos anteriores a partir de los cuales se inicia un nuevo recorrido escritural. En algunos casos el re-env\u00edo no remite a un texto preexistente sino al paisaje representado en un cuadro, al retrato miniaturizado en una medalla, o a un camafeo. El propio autor del <em>Gaspard de la nuit <\/em>advierte acerca del contenido del libro: \u00abfantas\u00edas a la manera de Rembrandt y de Callot\u00bb. Asimismo en lo que respecta a las obras de Ramos Sucre, Femando Paz Castillo observa que muchos de sus poemas \u00abson reminiscencias, m\u00e1s que de lecturas, de l\u00e1minas que ilustran viejos libros\u00bb: Gustavo Dore, Alberto Durero\u00bb.7<\/p>\n\n\n\n<p>Se trata de una <em>menci\u00f3n, <\/em>cuya referencia est\u00e1 constituida por grabados, cuadros, o esculturas. Fidias, Durero y Rubens son nombrados con cierta frecuencia. Esta menci\u00f3n integra, algunas veces, una expansi\u00f3n nominal encabezada por un relacionante del tipo \u00aba semejanza de\u00bb y otras, una expansi\u00f3n cuyo n\u00facleo es un verbo, en copret\u00e9rito generalmente: \u00abreproduc\u00eda\u00bb, \u00absemejaba\u00bb, \u00abimitaba\u00bb. En esas comparaciones el relacionante var\u00eda constantemente en raz\u00f3n de que Ramos Sucre ha extra\u00f1ado de su discurso po\u00e9tico subordinantes y relacionantes del tipo \u00abque\u00bb, \u00abcomo\u00bb y \u00abdonde\u00bb.<\/p>\n\n\n\n<p>EL PALIMPSESTO COMO POEMA<\/p>\n\n\n\n<p>La complejidad constructiva de su universo referencial es uno de los rasgos m\u00e1s sobresalientes de la escritura de Ramos Sucre. Sus referencias son, como bien ha se\u00f1alado Guillermo Sucre, <em>met\u00e1foras <\/em>que conducen a un conocimiento diferente, a una \u00abaventura de la imaginaci\u00f3n\u00bb.<\/p>\n\n\n\n<p>La <em>menci\u00f3n <\/em>no solo constituye uno de sus rasgos estil\u00edsticos m\u00e1s relevantes, sino que a menudo integra el n\u00facleo estructurante del poema. De ah\u00ed que no se trate de una simple alusi\u00f3n a personajes o acontecimientos hist\u00f3ricos o literarios. Una de las menciones que seguramente podr\u00e1 aclarar, en futuros trabajos, innumerables pasajes oscuros de la obra, es la referida a Jean Bodin (1530-1596), fil\u00f3sofo y jurista franc\u00e9s, uno de los fundadores de la teor\u00eda pol\u00edtica moderna, cuya <em>Republique <\/em>debi\u00f3 conocer Ramos Sucre durante sus estudios universitarios. No obstante, la obra de Bodin que seguramente lo impact\u00f3 fue su <em>Demonomanie des Sorciers. <\/em>Es poco probable que en Venezuela hubiese circulado alg\u00fan ejemplar, pero lo que si puede afirmarse es la existencia, en la biblioteca del poeta, del <em>Dictionnaire infernal <\/em>de Colin de Plancy, en edici\u00f3n parisina de Henry Plon. Pareciera que buena parte de la <em>Demonomonia <\/em>bodiniana hubiese sido incorporada. Muchas de las escenas de terror, de las descripciones infernales y de los actos de crueldad que pueblan la obra ramosucreana, recuerdan aquellas del <em>Diccionario infernal.<\/em><\/p>\n\n\n\n<p>Sin embargo, Ramos Sucre no cita, no imita, no parodia ni plagia a los otros: los reescribe. Su escritura es un complejo proceso verbal que utiliza una gran variedad de recursos: condensaci\u00f3n, expansi\u00f3n, amplificaci\u00f3n, <em>prosificaci\u00f3n. <\/em>Su trabajo consiste en transferir, en transformar, en transmutar. Sus poemas son, muchas veces, expansiones de enunciados pertenecientes a obras diversas. Algunos, como \u00abLa cuna de Mazeppa\u00bb, permiten acceder con relativa facilidad al texto de su referencia: el poema Mazeppa de <em>Les Orientales <\/em>de V\u00edctor Hugo. Otros son condensaciones, derivaciones de otras obras, muchas de las cuales pertenecen, en sus lenguas de origen, a g\u00e9neros literarios distintos que, en el palimpsesto ramosucreano, devienen poemas en prosa.<\/p>\n\n\n\n<p>La identidad de cada uno de los sujetos de sus poemas en prosa es muy diversa. El sujeto de cada poema es independiente de los otros. No hay ning\u00fan indicio -al menos a nivel de la superficie significante- que asegure la continuidad actancial. Hidalgos, cruzados, novicios. Predestinados, contemplativos, desesperados. En numerosos casos, el t\u00edtulo del poema aclara la identidad del sujeto. Aunque sus identidades var\u00eden, muchas de sus funciones los acercan, sin embargo. Por ello, algunos lectores confiesan percibir una especie de tensi\u00f3n epis\u00f3dica que va enlazando algunas secuencias independientes, y a veces distantes. Si alguien intentara, por ejemplo, una lectura tem\u00e1tica, podr\u00eda agrupar, seguramente, muchos de esos sujetos: en periodos hist\u00f3ricos (Edad Media, Renacimiento), en actividades desempe\u00f1adas (cirujanos, jardineros), en rasgos de personalidad (desesperados, contemplativos), etc.<\/p>\n\n\n\n<p>Entre los rasgos predominantes que los acercan, el de la abyecci\u00f3n parece ser uno de los m\u00e1s importantes. Muchos de ellos son sujetos deshechos, aniquilados. Proliferan cad\u00e1veres en descomposici\u00f3n que son exhibidos con satisfacci\u00f3n por sus asesinos, mujeres condenadas a cabalgar sobre camellos ro\u00eddos de sarna. Humores, miasmas pestilenciales atraviesan el texto. Terror, asco, oprobio, v\u00e9rtigo, humillaci\u00f3n, n\u00e1usea. Algunos confiesan amar -como el sujeto de \u00abLa vida del maldito\u00bb- el dolor, la belleza y la crueldad. El sujeto registra, con morbosa fascinaci\u00f3n, los horrores humanos, los actos m\u00e1s viles y abyectos, torturas de un refinamiento extremo. El sujeto de \u00abLa tribulaci\u00f3n del novicio\u00bb, sufre, como muchos otros, en soledad, herido por la desolaci\u00f3n: \u00abVivo sintiendo el contacto, de carnes redondas y desnudas .. todos los arreos del s\u00e1tiro podr\u00edan ser m\u00edos &#8230; Sufro por mi estado religioso mayor esclavitud que un presidiario\u00bb. Por medio de un discurso fragmentado en grupos nominales apositivos, el novicio revela sus deseos insatisfechos. En su confesi\u00f3n predomina el presente iterativo, en duraci\u00f3n: \u00abvivo en una celda\u00bb, sufro por mi estado religioso\u00bb.<\/p>\n\n\n\n<p>A pesar de que las confesiones de muchos de esos sujetos ponen al descubierto sus heridas m\u00e1s intimas, su discurso no subvierte ning\u00fan c\u00f3digo, no mutila el cuerpo de la lengua, sino que se ci\u00f1e, por el contrario, a sus reglas m\u00e1s estrictas. Ese ardor que no se calma con claustro inaccesible ni con desierto desolado, como expresa uno de ellos, alcanza sosiego en la severidad de una escritura que no conoce desfallecimientos ni flaquezas. En la palabra de quien pone al desnudo su sexualidad m\u00e1s instintiva, no hay ni un solo sonido que excite, que incite a la excitaci\u00f3n sexual. Su discurso parece haber confiscado la soberan\u00eda de sus pulsiones.<\/p>\n\n\n\n<p>\u00abLos textos -hab\u00eda confesado Ramos Sucre- son el \u00fanico ardor que exhibo para afuera.\u00bb Aunque ese ardor textual pudiera constituir un desplazamiento meton\u00edmico del ardor sexual, el discurso ramosucreano permanece inalterable, vigilante, imperturbable. El \u00fanico adorno que se permite a s\u00ed mismo es el de la exactitud. Toda exploraci\u00f3n ret\u00f3rica y ling\u00fc\u00edstica que emprenda el poeta debe conducir a un discurso de extrema precisi\u00f3n. Su labor consistir\u00e1, por lo tanto, en \u00abatinar con el secreto de los prodigios\u00bb.<\/p>\n\n\n\n<p>NOTAS<\/p>\n\n\n\n<p>1 El poeta Jos\u00e9 Tadeo Arreaza Calatrava tiene el m\u00e9rito de ser el autor de la primera nota cr\u00edtica que se public\u00f3 en el pa\u00eds sobre la obra de Ramos Sucre. La localizaci\u00f3n del articulo -cuyo t\u00edtulo es \u00abUn libro y un temperamento\u00bb- se debe al profesor Basilio Tejedor. Vease Revista <em>Imagen <\/em>100-43 (Caracas, julio 1988) 16-17.<\/p>\n\n\n\n<p>2 Sobre el cuman\u00e9s Jos\u00e9 A Ramos Sucre\u00bb, <em>Cultura Venezolana, <\/em>99 (Caracas, noviembre-diciembre 1929) 308-13.<\/p>\n\n\n\n<p>3 Carta a Lorenzo Ramos Sucre (Caracas, <em>25 <\/em>de octubre de 1929).<\/p>\n\n\n\n<p>4 Pr\u00f3logo a las <em>Obras de <\/em><em>Jos\u00e9 Antonio Ramos Sucre. <\/em>(Caracas, M.E., 1956) 17.<\/p>\n\n\n\n<p>5 Ramos Sucre y nosotros\u00bb, <em>Revista Nacional de Cultura 219 <\/em>(Caracas, marzo-abril 1975).<\/p>\n\n\n\n<p>6 A. Kibedi Varga plantea que en el concepto \u00abpoema en prosa\u00bb, la palabra \u00abpoema\u00bb est\u00e1 empleada en un sentido moderno, y \u00abprosa\u00bb en uno ya superado, que lo remite a una concepci\u00f3n que demanda la separaci\u00f3n de g\u00e9neros opuestos. <em>Les constantes du poeme. Analyse du langage poetique <\/em>268.<\/p>\n\n\n\n<p>7 Fernando Paz Castillo, \u00abJos\u00e9 Antonio Ramos Sucre, el solitario de la torre de Tim\u00f3n\u00bb, <em>Ramos Sucre ante la cr\u00edtica <\/em>(Caracas: Monte \u00c1vila, 1981) 19.<\/p>\n\n\n\n<h4 class=\"wp-block-heading has-text-align-right\"><a href=\"https:\/\/eldienteroto.org\/wp49\/salvador-tenreiro\/\" target=\"_blank\" rel=\"noreferrer noopener\">Sobre el autor<\/a><\/h4>\n","protected":false},"excerpt":{"rendered":"<p>Salvador Tenreiro Para los poetas venezolanos contempor\u00e1neos -y particularmente, para aquellos que pertenecieron a las promociones surgidas entre 1960 y 1980- la obra de Jos\u00e9 Antonio Ramos Sucre constituye la m\u00e1s alta expresi\u00f3n de nuestra literatura. 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