{"id":16318,"date":"2025-05-30T16:40:38","date_gmt":"2025-05-30T21:10:38","guid":{"rendered":"https:\/\/eldienteroto.org\/wp49\/?p=16318"},"modified":"2025-05-30T16:40:51","modified_gmt":"2025-05-30T21:10:51","slug":"tiempo-y-poesia-de-ramos-sucre","status":"publish","type":"post","link":"https:\/\/eldienteroto.org\/wp49\/tiempo-y-poesia-de-ramos-sucre\/","title":{"rendered":"Tiempo y poes\u00eda de Ramos Sucre (fragmentos)"},"content":{"rendered":"\n<h4 class=\"wp-block-heading has-text-align-right\">Pedro Beroes<\/h4>\n\n\n\n<p>A sesenta a\u00f1os de su muerte voluntaria, Jos\u00e9 Antonio Ramos Sucre se ha convertido en el esperado maestro de los j\u00f3venes poetas venezolanos. Y, cosa curiosa, no deja de sorprender que los demoledores de nuestros gran- des mitos literarios: Juan Antonio P\u00e9rez Bonalde, Andr\u00e9s Mata, Carlos Borges, R\u00f3mulo Gallegos, Andr\u00e9s Eloy Blanco y tantos otros, hayan levantado con sus propias manos el de Ramos Sucre, que ahora se alza solitario, casi esfumado, en su soledad poblada de nocturnos fantasmas.<\/p>\n\n\n\n<p>La mitificaci\u00f3n de Ramos Sucre, obra de las pen\u00faltimas generaciones po\u00e9ticas, se inicia a partir de una serie de supuestos, inexactos unos, discutibles otros, que han terminado por crear un\u0105 imagen confusa del poeta, que no corresponde a su imagen real, todav\u00eda perdurable en el recuerdo de quienes, por una u otra raz\u00f3n, sin quererlo ni saberlo estuvimos cerca de su misterio.<\/p>\n\n\n\n<p>Nada de extraordinario supone este hecho. Los intelectuales j\u00f3venes sienten con inusitada frecuencia un de- seo incoercible de novedades, de cosas raras y sorprendentes. Esperan descubrir, o al menos hallar en su camino, mundos desconocidos, inquietudes magn\u00edficas, que justifiquen a sus propios ojos la portentosa aventura de vivir y crear. Y cuando no los descubren, o no los encuentran en su camino, ya por falta de imaginaci\u00f3n o de \u00edmpetu creador, se dedican a buscarlos, como quien explora las secretas galer\u00edas de una mina, en la obra de poetas y escritores del pasado, reciente o remoto. Para ello ponen en juego las afinidades, simpat\u00edas, coincidencias y sobre todo, los inevitables desacuerdos con las realidades circundantes, no siempre las mismas, aunque s\u00ed de la misma naturaleza.<\/p>\n\n\n\n<p>Es posible afirmar, sin exagerar ni mentir, que los intelectuales j\u00f3venes, poetas, escritores, dramaturgos, sin duda por razones de sensibilidad, o tal vez, de mentalidad cr\u00edtica, no suelen adaptarse f\u00e1cilmente a su \u00e9poca y su ambiente. Ya lo dec\u00eda el insigne Dar\u00edo en el brev\u00edsimo pr\u00f3logo de \u00abProsas Profanas\u00bb: \u00abmas he aqu\u00ed que ver\u00e9is en mis versos princesas, reyes, cosas imperiales, visiones de pa\u00edses lejanos o imposibles; qu\u00e9 quer\u00e9is, yo detesto la vida y el tiempo en que me toc\u00f3 nacer; y a un Presidente de Rep\u00fablica no podr\u00e9 saludarle en el mismo idioma en que te cantar\u00eda a ti, oh Halagabal, de cuya corte -oro, seda, m\u00e1rmol- me acuerdo en sue\u00f1os\u00bb.<\/p>\n\n\n\n<p>En suma, la intelectualidad joven encuentra su \u00e9poca groseramente chabacana o peligrosamente refinada, realista o sofisticada, idealista o materialista, adocenada o turbulenta, gazmo\u00f1a o disoluta, severa o fr\u00edvola, mesocr\u00e1tica o burguesa, reaccionaria o revolucionaria, autocr\u00e1tica o anarquizada, incr\u00e9dula o fan\u00e1tica. En consecuencia, tampoco los valores \u00e9ticos, est\u00e9ticos, cultura- les, pol\u00edticos y, en general, de todo orden, resultan de su agrado y, mucho menos, de su particular inter\u00e9s. De ah\u00ed, su impostergable necesidad de encontrar un gu\u00eda o maestro que encarne las excelencias y los valores que creen no encontrar en su \u00e9poca ni en sus poetas y escritores representativos. \u00abEn los medios juveniles, escribe Pierre Martino, se dedican a gustar los escritores menospreciados de la edad precedente, que han tenido poca preocupaci\u00f3n por la realidad, y cuya obra, plena de ensue\u00f1os, halaga este nuevo gusto del misterio\u00bb.<\/p>\n\n\n\n<p>II<\/p>\n\n\n\n<p>En Venezuela no hubo homenaje p\u00fablico a Ramos Sucre en el cincuentenario de su muerte voluntaria. Pero los j\u00f3venes intelectuales de aquellos a\u00f1os reconocieron su lejano magisterio po\u00e9tico. Para ellos, el mundo simb\u00f3lico de Ramos Sucre, herm\u00e9tico y misterioso, sue\u00f1o enigm\u00e1tico o visi\u00f3n alucinatoria, empez\u00f3 a ser la apasionante contrafigura de la ca\u00f3tica Venezuela de hoy, con su democracia vocinglera y cojitranca, que ha destruido con met\u00f3dica sa\u00f1a sus pocos valores \u00e9ticos, est\u00e9ticos y culturales en la m\u00e1s espantosa confusi\u00f3n social y pol\u00edtica. En un pa\u00eds secularmente traicionado y escarnecido por los pol\u00edticos del sistema, empobrecido por la rapi\u00f1a imperialista y hambreado por la inescrupulosa voracidad de una burgues\u00eda apoltronada y conformista, la juventud intelectual, a partir de los terribles a\u00f1os sesenta, no pudo encontrar un lugar bajo el sol. Desilusiona- da, amargada, devorada por la rabia impotente, sin est\u00edmulos en una sociedad ego\u00edsta y mediocre donde, como escribe Balzac en el magistral pr\u00f3logo de \u00abLa Comedia Humana\u00bb, \u00abel centavo corre en todas las conciencias\u00bb, y sin ejemplos valederos que seguir, esa juventud tuvo que marchar a la deriva en sus a\u00f1os mejores, con la carga de una herencia hist\u00f3rica que rechazaba y de unas culpas que no eran suyas, sino de quienes de tan irresponsable manera la condujeron.<\/p>\n\n\n\n<p>Los que cre\u00edan en la revoluci\u00f3n, si no murieron en la guerrilla, quedaron vacunados para siempre. Unos se unieron a las bandas de delincuentes que mantienen a la ciudadan\u00eda en constante alarma. Otros se refugiaron cobardemente en los mentidos para\u00edsos artificiales de la droga, forma lenta de suicidio propia de d\u00e9biles mentales. No pocos cayeron en el alcoholismo o en la rid\u00edcula imitaci\u00f3n de extra\u00f1as religiones orientales que, para compensar la p\u00e9rdida de la fe en los valores fundamentales del hombre en s\u00ed mismo, ofrecen sue\u00f1os falaces de beatitud y contemplaci\u00f3n interior. M\u00e1s que elevaci\u00f3n m\u00edstica, era esa una forma sibilina de castraci\u00f3n espiritual. Los rebeldes, con o sin causa, terminaron echados a los pies del sistema, alcanzaron, tal vez sin saberlo, la domesticaci\u00f3n perfecta.<\/p>\n\n\n\n<p>No todos sucumbieron en esa tragedia que los gobiernos del sistema jam\u00e1s han osado mirar cara a cara, para no saber la magnitud de su culpa. Algunos j\u00f3venes escritores desamparados y confundidos, hartos de la mediocridad de una vida sin est\u00edmulos, caracterizada por el af\u00e1n desmedido de lucro y el m\u00e1s desaforado consumismo, apariencia de riqueza que hizo cambiar los patrones normales de la vida venezolana, trataron de aislarse, de rehuir la contaminaci\u00f3n moral y material que inunda al pa\u00eds, prefirieron refugiarse, no sin cierta raz\u00f3n, en un mundo ambiguo e idealizado, as\u00e9ptico y alucinante, donde no cupieran las dram\u00e1ticas urgencias de la vida cotidiana. Ese mundo, tan afanosamente buscado, con las esperanzas ya casi perdidas, lo encontraron en el silencioso universo po\u00e9tico de Jos\u00e9 Antonio Ramos Sucre, otro decepcionado que hall\u00f3 refugio a su misoginia, su soledad de cielo sin estrellas y su tedio vital, en la dram\u00e1tica recreaci\u00f3n de sus sue\u00f1os, y aun de sus pesadillas en el \u00e1mbito de un pasado distante que no es posible medir, sino s\u00f3lo evocar por los medios propios de la poes\u00eda.<\/p>\n\n\n\n<p>\u00bfCu\u00e1les pudieron ser los polos de atracci\u00f3n de Ramos Sucre para los j\u00f3venes poetas venezolanos de entonces? Guillermo Sucre los ha resumido admirablemente en una hermosa p\u00e1gina de su libro \u00abLa m\u00e1scara, la transparencia\u00bb: \u00abel estilo artista y el perfeccionismo de Ramos Sucre; la casi ninguna relaci\u00f3n tem\u00e1tica de su obra con la actualidad, mucho menos con su circunstancia inmediata, es decir, con la realidad venezolana\u00bb. \u00bfEs que puede separarse la vida de la realidad que la determina; el yo de su circunstancia? En los primeros a\u00f1os de su fecundo magisterio, D. Jos\u00e9 Ortega y Gasset anunci\u00f3 una f\u00f3rmula que define la relaci\u00f3n vida-realidad: \u00abYo soy yo y mi circunstancia\u00bb. No puede separarse el yo de su circunstancia, porque eso ser\u00eda tanto como querer separar el cuerpo de la sombra que proyecta. Medio siglo atr\u00e1s Ramos Sucre se sent\u00eda solo, aislado, extra\u00f1o en su propia tierra, sin v\u00ednculos de solidaridad con la sociedad de su tiempo y con los hombres que fueron sus contempor\u00e1neos, entre los cuales no se reconoc\u00eda.<\/p>\n\n\n\n<p>\u00bfLogr\u00f3 Ramos Sucre trascender su realidad, el aqu\u00ed y el ahora en que le toc\u00f3 vivir y crear, so\u00f1ar y morir? No, no lo logr\u00f3, aunque ciertamente, lo intent\u00f3. Eso es lo que dice su temprana y voluntaria muerte. Es que la realidad es m\u00e1s terca que el in\u00fatil empe\u00f1o de los artistas de fugarse de ella. Porque, cuando menos lo esperan, la realidad surge imperiosa desde el fondo de sus creaciones, y campea vigorosa por sus leg\u00edtimos fueros. No sin cierta socarroner\u00eda dijo el cr\u00edtico marxista Jean Freville que \u00abcuando el escritor cree rehuir la realidad ambiente, invertir a su gusto el reloj de arena de su tiempo, sacar sus personajes del fondo de las edades revueltas, no hace m\u00e1s que proyectar en el pasado las preocupaciones y las inquietudes del presente\u00bb.<\/p>\n\n\n\n<p>Sin duda alguna, la personalidad humana de Ramos Sucre ten\u00eda poco en com\u00fan con la inmensa mayor\u00eda de sus contempor\u00e1neos, sin excluir sus compa\u00f1eros de letras, sumidos casi todos en los \u00faltimos resplandores de la dorada bohemia modernista. Sin ning\u00fan esfuerzo de memoria lo recuerdo ahora tal como entonces lo ve\u00eda. A mi parecer de estudiante de bachillerato, Ramos Sucre era un hombre triste, ensimismado, hura\u00f1o, como ausente del mundo que lo rodeaba. Sus ojos encontrados y profundos, que miraban unas veces con paciente mansedumbre, otras con la fr\u00eda dureza met\u00e1lica de un taladro, parec\u00edan proyectarse a lo m\u00e1s secreto de su ser. Serio, severo, adusto, y siempre callado, no estaba hecho para la comunicaci\u00f3n cordial, no por carecer de sentimientos afectivos, que eran en \u00e9l refinados y constantes, sino m\u00e1s bien, porque se sab\u00eda indefenso en la vida, y eso lo llevaba a enmascararse, a mostrarse esquivo y receloso, como si siempre temiese alguna inesperada desdicha. Era esa su apariencia. Su verdad, una bondad caudalosa y una ternura humana que supo disimular con la discreta complicidad de su m\u00e1scara. De haber nacido unos cuantos a\u00f1os antes, Dar\u00edo lo habr\u00eda incluido en su selecta galer\u00eda de \u00abLos Raros\u00bb, pues para ello no le faltaban m\u00e9ritos ni cualidades.<\/p>\n\n\n\n<p>Sobre la extra\u00f1a personalidad humana e intelectual de Ramos Sucre, signada por una sensibilidad enfermiza y un deseo infinito de soledad y apartamiento, que apenas le permit\u00eda convivir a distancia con sus compa\u00f1eros de letras, transgresores consuetudinarios de la moral al uso, pesaba como una piedra sepulcral la fara\u00f3nica dictadura de Juan Vicente G\u00f3mez, poco o nada amigo de escribidores y plumarios, siempre sospechosos de enemistad al r\u00e9gimen. Con abarcadora precisi\u00f3n afirma Mariano Pic\u00f3n Salas que, \u00ablos escritores venezolanos del presente siglo han sufrido, como casi ninguna otra generaci\u00f3n de nuestra historia literaria, el pesado ambiente de opresi\u00f3n y penuria que crearon en el pa\u00eds las dos dictaduras, no muy cultas, de Cipriano Castro y Juan Vicente G\u00f3mez (1899-1935). Ellas redujeron naturalmente el \u00e1mbito de la vida intelectual: cerraron para el hombre venezolano la comprensi\u00f3n de los problemas inmediatos, y por ello en muchos nombres y durante muchos a\u00f1os, la literatura fue como un juego convencional y fr\u00edvolo, una prestidigitaci\u00f3n de frases y coloreados ep\u00edtetos. En un momento en que la cultura occidental experimentaba tan pat\u00e9ticas tensiones, en que hasta las bases de la vieja sociedad tradicional sufr\u00edan los embates de una cr\u00edtica profunda, y en el plano de la historia contempor\u00e1nea surg\u00edan nuevas formas y valores convencionales, nuestro pa\u00eds subsisti\u00f3 como una isla amurallada y precavida contra la influencia exterior. En los treinta y seis a\u00f1os de las dos dictaduras, los escritores y artistas reaccionaron de dos maneras: pleg\u00e1ndose al conformismo oficial o rebel\u00e1ndose contra \u00e9l en la soledad, el exilio y la desesperaci\u00f3n\u00bb.<\/p>\n\n\n\n<p>Cabe advertir, sin embargo, que no todo fue conformismo o callada protesta en la amarga soledad del exilio interior, o en la dorada mediocridad de una ventajosa posici\u00f3n diplom\u00e1tica o social. Rufino Blanco Fombona, Jos\u00e9 Rafael Pocaterra, Rafael Ar\u00e9valo Gonz\u00e1lez, V\u00edctor Racamonde, Francisco Dom\u00ednguez Acosta, Alfredo Arvelo Larriva, Jos\u00e9 Tadeo Arreaza Calatrava, Leoncio Mart\u00ednez (Leo), Francisco Pimental (Job Pim), Antonio Arr\u00e1iz, Andr\u00e9s Eloy Blanco y muchos otros, soportaron las c\u00e1rceles y los grillos de Cipriano Castro o Juan Vicente G\u00f3mez.<\/p>\n\n\n\n<p>Hasta el mismo Ramos Sucre, tan poco inclinado a navegar en las aguas pesadas de la pol\u00edtica, no por carecer de ideas, sino porque su fina sensibilidad humana y su austera formaci\u00f3n intelectual lo llevaron por otros derroteros, pag\u00f3 su peque\u00f1a cuota a la arbitrariedad represiva del r\u00e9gimen en agosto de 1919, una de sus etapas de mayor dureza. Este doloroso episodio, casi totalmente desconocido de los estudiosos de la vida y la obra de Ramos Sucre, y que represent\u00f3 para \u00e9l una ins\u00f3lita calamidad, lo revel\u00f3 no hace mucho tiempo el laborioso investigador D. Anselmo Amado, quien encontr\u00f3 en el Archivo Hist\u00f3rico de Miraflores una dolida carta del poeta, fechada en Caracas el 2 de septiembre de 1919, y dirigida a Juan Vicente G\u00f3mez, para entonces Presidente electo de la Rep\u00fablica, funci\u00f3n que deleg\u00f3, con car\u00e1cter provisional, en el h\u00e1bil e inteligente pol\u00edtico Dr. Victorino M\u00e1rquez Bustillos, reserv\u00e1ndose para s\u00ed la suprema jefatura del ej\u00e9rcito.<\/p>\n\n\n\n<p>He aqu\u00ed los detalles de tan penoso incidente. En 1919, apenas pasada la epidemia de gripe espa\u00f1ola, que tantas vidas cost\u00f3 al pa\u00eds, y que enlut\u00f3 al propio G\u00f3mez por la muerte de Al\u00ed, su hijo predilecto, fue debelado por la traici\u00f3n de uno de los comprometidos, el movimiento insurreccional que encabez\u00f3 el capit\u00e1n Luis Rafael Pimentel, al cual hab\u00edan adherido algunos intelectuales de renombre nacional, entre ellos Jos\u00e9 Rafael Pocaterra y Job Pim. La represi\u00f3n, dirigida personalmente por Jos\u00e9 Vicente G\u00f3mez, vicepresidente de la Rep\u00fablica, e Inspector general del Ej\u00e9rcito, alcanz\u00f3 la m\u00e1s inaudita cruel- dad, en especial con los militares comprometidos, a quienes se someti\u00f3 a b\u00e1rbaras torturas. Una vez debelada la conspiraci\u00f3n, el terror, los chismes y las venganzas personales se apoderaron de la peque\u00f1a y atemorizada Caracas. Un chisme, una delaci\u00f3n, incluso la simple ojeriza de un funcionario, bastaban para abrirle a cualquiera las puertas de la tenebrosa Rotunda.<\/p>\n\n\n\n<p>Ramos Sucre fue v\u00edctima de la ojeriza del entonces coronel El\u00edas Sayago, director de la Academia Militar, donde el poeta era profesor de ingl\u00e9s. El 18 de agosto de 1919, sin que hasta ahora se haya sabido por qu\u00e9, el coronel El\u00edas Sayago dirigi\u00f3 a Jos\u00e9 Vicente G\u00f3mez el siguiente telegrama: \u00abHe tenido conocimiento que el Dr. J. A. Ramos Sucre, profesor de ingl\u00e9s en este instituto, en horas de clase, se expresa mal del general G\u00f3mez y su gobierno. Abierta la averiguaci\u00f3n correspondiente entre los cadetes de segundo y tercer a\u00f1o, resulta ser cierto, resultado que me apresuro a llevar a su superior conocimiento, exigi\u00e9ndole el pronto retiro de tan perjudicial elemento\u00bb. A su vez, el general Tob\u00edas Uribe, director del Tel\u00e9grafo Nacional, curs\u00f3 a Juan Vicente G\u00f3mez copia del telegrama delator, y \u00e9ste, con la presteza caracter\u00edstica del hombre que en alguna forma se siente amenazado, orden\u00f3 desde Maracay la inmediata detenci\u00f3n del poeta. Esto se evidencia del telegrama que el general Lorenzo R. Carvallo dirigi\u00f3 a G\u00f3mez y cuyo texto dice: \u00abA las 10:30 me dio orden telef\u00f3nicamente el capit\u00e1n Anselmi, de parte del general Jos\u00e9 Vicente G\u00f3mez de prender al Dr. Ramos Sucre y acto continuo dio orden de prisi\u00f3n que al estar cumplida le avisar\u00e9 inmediatamente\u00bb.<\/p>\n\n\n\n<p>Era tan canallesca la denuncia del coronel El\u00edas Sayago, tan poco cre\u00edble, que prominentes hombres del r\u00e9gimen, casi todos letrados de renombre, acudieron al propio G\u00f3mez en solicitud de la libertad de Ramos Sucre. S\u00f3lo as\u00ed se explica que su prisi\u00f3n durara unos pocos d\u00edas, probablemente hasta fines de agosto, y que ya el 2 de setiembre, sosegado el \u00e1nimo de las mortales angustias de esos d\u00edas, Ramos Sucre se dirigiera por escrito a Juan Vicente G\u00f3mez, carta que, sin duda, confi\u00f3 a alguno de sus amigos que intercedieron por \u00e9l ante el omnipotente dictador de Maracay.<\/p>\n","protected":false},"excerpt":{"rendered":"<p>Pedro Beroes A sesenta a\u00f1os de su muerte voluntaria, Jos\u00e9 Antonio Ramos Sucre se ha convertido en el esperado maestro de los j\u00f3venes poetas venezolanos. 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