{"id":16288,"date":"2025-04-28T15:54:00","date_gmt":"2025-04-28T20:24:00","guid":{"rendered":"https:\/\/eldienteroto.org\/wp49\/?p=16288"},"modified":"2025-05-28T17:21:07","modified_gmt":"2025-05-28T21:51:07","slug":"cuentos-breves-de-eduardo-liendo","status":"publish","type":"post","link":"https:\/\/eldienteroto.org\/wp49\/cuentos-breves-de-eduardo-liendo\/","title":{"rendered":"Cuentos breves de Eduardo Liendo"},"content":{"rendered":"\n<p><strong>VANIDAD<\/strong><\/p>\n\n\n\n<p>Todo comenz\u00f3 por aquel tedioso aprendizaje del alfabeto. Quiz\u00e1s, entonces, el mal era curable. Estaba en la epidermis. M\u00e1s tarde vino la irresponsable lectura de suplementos, aquellas interminables aventuras de El caballero del antifaz y, poco despu\u00e9s, Tarz\u00e1n de los monos, Las aventuras de Tom Sawyer, El conde de Montecristo, y otras obras por el estilo. Sin embargo, no era un ni\u00f1o anormal. Hubo un par\u00e9ntesis en la adolescencia que hizo pensar en mi completo restablecimiento, pero por alg\u00fan accidente desgraciado, la perniciosa man\u00eda se intensific\u00f3; vino la \u00e9poca de la nefasta familiaridad con biograf\u00edas, novelas, novelines, folletones, poemarios, peri\u00f3dicos, diccionarios, cuentos malvados y dem\u00e1s formas tramposas de subyugar el alma.<\/p>\n\n\n\n<p>Todav\u00eda exist\u00eda una relaci\u00f3n equilibrada: medio tiempo para vivir y medio tiempo para leer. Pens\u00e9, err\u00f3neamente, que el matrimonio restablecer\u00eda plenamente mis necesidades existenciales y superar\u00eda ese espantoso vicio; tal vez cambi\u00e1ndolo por otro un poco m\u00e1s humano. Pero no fue as\u00ed. Cada d\u00eda hablaba un poco menos con Vivien y le\u00eda m\u00e1s, incluso en momentos completamente insospechables. La crisis lleg\u00f3 a su fase final, lentamente perd\u00ed la facultad de hablar con sencillez y me expresaba mediante pretenciosas sentencias. Vivien sufr\u00eda y lloraba frecuentemente al observar su impotencia para recuperarme. Despu\u00e9s dejamos de hacer el amor, aunque algunas veces, antes de dormir, yo esgrim\u00eda una docta disertaci\u00f3n sobre las infinitas posibilidades del orgasmo. Le\u00eda casi sin interrupci\u00f3n y mi espalda se fue endureciendo. Las palmas de las manos y las plantas de los pies se adelgazaron de manera alarmante. El lenguaje adquiri\u00f3 su definitiva simbiosis con la literatura.<\/p>\n\n\n\n<p>La \u00faltima noche me desped\u00ed de Vivien con una triste mirada de resignaci\u00f3n, ambos deb\u00edamos aceptar lo inexorable. En la ma\u00f1ana amanec\u00ed a su lado completamente tieso, r\u00edgidamente vertical, solemne. Ella, despu\u00e9s del asombro, me tom\u00f3 en sus manos con l\u00e1stima, me abri\u00f3 y dej\u00f3 caer una l\u00e1grima sobre una de mis p\u00e1ginas.<\/p>\n\n\n\n<p>Al d\u00eda siguiente, con mucha pena me don\u00f3 a una biblioteca p\u00fablica; una empleada me coloc\u00f3 en un buen lugar, exactamente entre el Diario \u00edntimo, de Amiel y La importancia de vivir, de Lin Yu Tang. Se cumpli\u00f3 as\u00ed mi suprema vanidad. Vivien comparte ahora el apartamento con un amigo tan sano que ni siquiera se molesta en leer el peri\u00f3dico. Mientras tanto, yo espero pacientemente el instante maravilloso en que me tome en su mano una bondadosa lectora y alguna noche estar bajo su almohada.<\/p>\n\n\n\n<p class=\"has-text-align-center\">***<\/p>\n\n\n\n<p><strong>LA ELECCI\u00d3N<\/strong> <strong>TARD\u00cdA<\/strong><\/p>\n\n\n\n<p>A los veinte a\u00f1os decidi\u00f3 rebelarse contra la fatalidad del azar. Comprendi\u00f3 que la casualidad era una maldici\u00f3n, la negaci\u00f3n de toda verdadera libertad. Hab\u00eda meditado intensamente en una terrible reflexi\u00f3n de S\u00e9neca: \u201cLa casualidad cuenta mucho en nuestras vidas porque vivimos por casualidad\u201d. Alguien \u2013pens\u00f3 con suficiencia- debe enfrentarse al caos, no debo ceder a la arbitrariedad, ninguna fuerza ajena a mi propia determinaci\u00f3n regir\u00e1 mi destino.<\/p>\n\n\n\n<p>Entr\u00f3 en su habitaci\u00f3n y durante d\u00edas y noches de intensa creaci\u00f3n, escribi\u00f3 el futuro Diario de su vida; en sus p\u00e1ginas no dej\u00f3 espacio para lo fortuito, llen\u00f3 las horas, y los minutos de las horas y los segundos de los minutos y las fracciones de los segundos. Escogi\u00f3 minuciosamente sus h\u00e1bitos, expectativas, sobresaltos, satisfacciones, nostalgias, sue\u00f1os, coitos, sorpresas, gestos, viajes, accidentes, pesadillas, enemigos, visiones; nada olvid\u00f3, ni siquiera su postre predilecto. S\u00f3lo vacil\u00f3 ante su muerte, ning\u00fan fin le parec\u00eda justo para un hombre libre, para quien se atrev\u00eda a desafiar resueltamente cualquier intromisi\u00f3n del azar. Por eso, dej\u00f3 en blanco la \u00faltima p\u00e1gina del Diario hasta encontrar la justa soluci\u00f3n.<\/p>\n\n\n\n<p>As\u00ed venci\u00f3 al caos, met\u00f3dica, inexorablemente, se cumpli\u00f3 su existencia de acuerdo a la suerte que se hab\u00eda se\u00f1alado. Ning\u00fan hombre, por elevado que fuese su rango o la grandeza de sus haza\u00f1as, fue m\u00e1s soberano. S\u00f3lo \u00e9l hab\u00eda derrotado a los caprichosos dioses, sus ego\u00edsmos, sus c\u00edclicos humores, sus insoportables injerencias.<\/p>\n\n\n\n<p>Fue infinitamente libre para escoger su muerte, pudo sumirse en una meditaci\u00f3n eterna sobre el dejar de ser, el ser otro, el no ser ya. Repas\u00f3 todas las posibles formas de la cesaci\u00f3n de la vida, las malas y las buenas muertes, las dulces, las neutras y las insufribles.<\/p>\n\n\n\n<p>Entonces, asumi\u00f3 la tard\u00eda determinaci\u00f3n, abri\u00f3 el Diario y escribi\u00f3 en la p\u00e1gina vac\u00eda: \u201cMe muero de fastidio\u201d. Sobre la silla qued\u00f3 un esqueleto ensimismado.<\/p>\n\n\n\n<p class=\"has-text-align-center\">***<\/p>\n\n\n\n<p><strong>AMORODIO<\/strong><\/p>\n\n\n\n<p>La \u00faltima vez que nos encontramos no quisimos reconocernos, yo prefer\u00ed subir por la escalera cuando ella entr\u00f3 en el ascensor.<\/p>\n\n\n\n<p>Parece, ahora s\u00ed, la definitiva ruptura. Sin embargo, contrariamente a lo que imaginaba, no puedo decir que me contenta. Fue m\u00e1s fiel que mi sombra y uno termina por aceptar su sombra, aunque la deteste. Ya no pasar\u00e9 m\u00e1s por loco, muchos cre\u00edan que pronunciaba graves soliloquios cuando, en realidad, discut\u00eda con ella. As\u00ed naci\u00f3 mi fama de solitario, de raro y hasta de sabio hura\u00f1o. Ahora estoy solo. Es mejor as\u00ed. Fue muy vejatorio para ella que la colocara bajo la suela del zapato en estos d\u00edas de polvo y lluvia. La fui triturando, triturando, hasta que se gast\u00f3. Cierto que por las noches se invert\u00eda el suplicio: la sent\u00eda subir lenta, malignamente, remontando mis costillas hasta que se instalaba en la frente. Entonces comenzaba a martirizarme con su inclemencia de verdugo asi\u00e1tico. Por eso a apret\u00e9 hasta que gimi\u00f3, hasta que se le rompieron las pesta\u00f1as. Pero voy a extra\u00f1arla, no en vano anduvimos juntos una eternidad. De algunas cosas, ella es mi \u00fanico testigo. S\u00ed, la voy a extra\u00f1ar; hasta la vida se la debo: aquella vez parec\u00eda el fin, estaba aplastado por el pesado techo despu\u00e9s del derrumbe, sumido en el mutismo, atragantado de tristeza, pero ella estaba all\u00ed, a mi lado, record\u00e1ndome mi oficio de taumaturgo, secando mis ojos, cosiendo mis rodillas. Ah\u00ed estuvo insomne, vigilante, hasta que mi orgullo arponeado se estremeci\u00f3 como un furioso coletazo de ballena y logr\u00e9 resurgir.<\/p>\n\n\n\n<p>Me va a hacer falta. Voy a desear sus burlas, como cuando me pesc\u00f3 frente al espejo tratando de camuflar mis canas y casi le dio una pataleta, porque comet\u00ed la ingenuidad de confesarle que cre\u00eda estar nuevamente enamorado. \u00a1Enamorado! \u2013 gritaba dando brincos y agarr\u00e1ndose la barriga\u2013 . \u00a1A estas alturas enamorado! (Se refugi\u00f3 en el tubo del lavamanos cuando busqu\u00e9 el l\u00e1tigo.) Uno se cansa de recriminaciones, eternamente agu\u00e1ndome la fiesta. Por fin sal\u00ed de ella, podr\u00e9 regustar la soledad. Siempre est\u00e1bamos amorodi\u00e1ndonos. Qu\u00e9 bueno es romper las ataduras, que bueno es poder decir resueltamente: \u201cNo me interesas, vete al carajo\u201d, qu\u00e9 bueno es ser libre, libre por dentro, fuera de la comedia. Ya nadie me observa, la muy necia se deten\u00eda en todos los detalles.<\/p>\n\n\n\n<p>S\u00ed, se re\u00eda, pero una vez me descubri\u00f3 la posibilidad salvadora y me ense\u00f1\u00f3 la invulnerable fuerza de la serenidad. \u00bfD\u00f3nde andar\u00e1 a estas horas? \u00bfCon qui\u00e9n se estrujar\u00e1? \u00bfA qui\u00e9n le revelar\u00e1 mis m\u00e1s rec\u00f3nditos secretos? Ojal\u00e1 que no hable de mis sue\u00f1os, esas b\u00fasquedas nocturnas, las flaquezas. Eso que no lo nombre. Fue tambi\u00e9n ella quien me ense\u00f1\u00f3 con iron\u00eda que los sue\u00f1os no son m\u00e1s que la continuaci\u00f3n de los errores del d\u00eda sin responsabilidad, ojal\u00e1 que se calle.<\/p>\n\n\n\n<p>Ya no est\u00e1 aqu\u00ed, podr\u00e9 escribir en paz. Es placentera la autosuficiencia.<\/p>\n\n\n\n<p>Ya no la siento, no est\u00e1 en la oreja donde se escond\u00eda, ni en el bolsillo de la camisa, ni bajo el cierre del pantal\u00f3n. Est\u00e1 bien que se haya ido para siempre, pero la voy a a\u00f1orar: soy masoquista.<\/p>\n\n\n\n<p class=\"has-text-align-center\">***<\/p>\n\n\n\n<p><strong>LA M\u00c1XIMA TERQUEDAD<\/strong><\/p>\n\n\n\n<p class=\"has-text-align-right\"><em>El implacable esc\u00e9ptico Huang Chung neg\u00f3 la estirpe del F\u00e9nix. <\/em>Narraciones extraordinarias<\/p>\n\n\n\n<p>En un antiguo grabado, puede verse su boca deformada por una dura mueca. Es lo \u00fanico significativo en la expresi\u00f3n. Huang Chung representa el legendario s\u00edmbolo de la rebeli\u00f3n absoluta contra lo establecido. Algunos fan\u00e1ticos lo consideran como el m\u00e1s alto ejemplo del revolucionario irreductible. Nada se sabe de su infancia ni de su mocedad, pero en el pasado siglo el erudito mandar\u00edn Ting Pong sostuvo la opini\u00f3n de que posiblemente Chung fue influido en su juventud por alguna traducci\u00f3n desconocida de la obra del fil\u00f3sofo idealista subjetivo Berkeley, y luego, profundizando en las moderadas ideas del cura irland\u00e9s, lleg\u00f3 al m\u00e1s rabioso solipsismo: s\u00f3lo yo existo. Esta hip\u00f3tesis, por infundada, carece de verosimilitud. M\u00e1s l\u00f3gico es pensar que la obstinaci\u00f3n estaba sembrada en la propia naturaleza de Chung.<\/p>\n\n\n\n<p>En alg\u00fan momento los habitantes de la comarca comenzaron a percatarse de que Huang Chung parec\u00eda ignorar altaneramente todo lo circundante, mostr\u00e1ndose renuente a establecer relaciones con sus semejantes; tal actitud se consider\u00f3 irrespetuosa y vulgar, porque lastimaba el orgullo de los ciudadanos y desconoc\u00eda el rango de los ancianos, sacerdotes, letrados y se\u00f1ores de la guerra. \u00abS\u00f3lo yo existo\u00bb, afirmaba siempre su mirada altiva. M\u00e1s tarde neg\u00f3 la existencia de los p\u00e1jaros, los templos y el mar. En otra ocasi\u00f3n se atrevi\u00f3 a confesar, paladinamente, que era solamente \u00e9l, Chung, quien le daba la presencia objetiva tanto a las cosas como a los hombres con su imaginaci\u00f3n.<\/p>\n\n\n\n<p>Por alg\u00fan tiempo se lo toleraron consider\u00e1ndolo como un pintoresco chiflado, pero cuando su descaro lleg\u00f3 hasta el punto de negar la existencia del F\u00e9nix, el Gran Consejo de los mandarines convoc\u00f3 al Alto Tribunal para castigar su osad\u00eda con ejemplar severidad. Huang Chung no mostr\u00f3 arrepentimiento alguno, por el contrario, durante el juicio ignor\u00f3 tercamente la existencia del Juez y de los otros venerables magistrados. Por lo tanto, lo sentenciaron a muerte sin contemplaciones.<\/p>\n\n\n\n<p>La tarde de la ejecuci\u00f3n, todo el pueblo se concentr\u00f3 en la plaza para ver rodar la cabeza del testarudo hereje, pero en el \u00faltimo instante, Huang Chung neg\u00f3 su propia vida y lo hizo con tal convicci\u00f3n que, a pesar de los repetidos golpes que le asest\u00f3 a su cuello el hacha del verdugo, no pudo ser decapitado.<\/p>\n\n\n\n<p class=\"has-text-align-center\">***<\/p>\n\n\n\n<p><strong>ESTRATEGIA<\/strong><\/p>\n\n\n\n<p>Es tarde, el individuo estaba decidido a violentar la regla: los deseos no pre\u00f1an. Desde la acera de enfrente mir\u00f3 a la muchacha en el balc\u00f3n (vestida como siempre, con una provocadora minifalda). Comenz\u00f3 a observarla con firme insistencia.<\/p>\n\n\n\n<p>Lola soport\u00f3 la mirada lejana con burlona coqueter\u00eda. Entonces el deseo del hombre se fue concentrando, intensific\u00e1ndose, hasta hacerse s\u00f3lido. Hasta que pudo escupirlo, saliendo de la punta de su lengua como una fr\u00e1gil y blanca plumita. El hombre continu\u00f3 mirando a la muchacha para mantener su atenci\u00f3n mientras la plumita cruzaba la calle. Y despu\u00e9s fue ascendiendo, girando graciosamente en espiral, hasta alcanzar la altura del balc\u00f3n. Ya frente a ella, la plumita se escurri\u00f3 sutilmente bajo su falda y la pre\u00f1\u00f3.<\/p>\n\n\n\n<p class=\"has-text-align-center\">***<\/p>\n\n\n\n<p><strong>IGNORANCIA<\/strong><\/p>\n\n\n\n<p>El viejo prestidigitador, ante la desnudez excitante de la mujer, apel\u00f3 a todos sus antiguos poderes celestiales. Despu\u00e9s de cumplir un agotador sortilegio, logr\u00f3 el milagro de la erecci\u00f3n. Pero ella, una ne\u00f3fita en las artes m\u00e1gicas, coment\u00f3 tontamente: \u201ces muy peque\u00f1o\u2026\u201d.<\/p>\n\n\n\n<p class=\"has-text-align-center\">***<\/p>\n\n\n\n<p><strong>ASFIXIA<\/strong><\/p>\n\n\n\n<p>Todo ocurri\u00f3 de manera tan brusca, que no tuve tiempo de asombrarme. En la puerta me desped\u00ed de Elizabeth, con esa prueba de ternura y tedio de todos los d\u00edas. Presion\u00e9 el bot\u00f3n del ascensor. Cuando se abri\u00f3, entr\u00e9 sin mirar y solo me encontr\u00e9 con el vac\u00edo. Fui a caer dentro de un pozo de petr\u00f3leo espeso y me hund\u00ed lentamente en esa baba negra. Nadie vino en mi auxilio a pesar de los gritos; sin embargo, al final de todo, vi arriba una pareja de turistas gringos, que parec\u00edan divertirse mucho con mi situaci\u00f3n y tomaban la que ser\u00eda mi \u00faltima fotograf\u00eda como souvenir.<\/p>\n\n\n\n<p class=\"has-text-align-center\">***<\/p>\n\n\n\n<p><strong>CALISTENIA<\/strong><\/p>\n\n\n\n<p>Ella lo hab\u00eda amado rabiosa y fielmente desde la pubertad. Primero, padeci\u00f3 su distancia, despu\u00e9s lo aproxim\u00f3 a su cuerpo en las noches solitarias entre sofocantes delirios. En esos precipicios imaginarios lleg\u00f3 a conocerlo \u00edntimamente. La noche nupcial solo fue para ella una natural continuaci\u00f3n de sus viejas secretas fantas\u00edas. Pero \u00e9l, que poco o nada entend\u00eda de metaf\u00edsica salt\u00f3 del lecho y le grit\u00f3 endemoniado por los celos: \u201c\u00a1Maldita! Eres una mujer experimentada\u201d.<\/p>\n\n\n\n<h4 class=\"wp-block-heading has-text-align-right\"><a href=\"https:\/\/eldienteroto.org\/wp49\/eduardo-liendo\/\" target=\"_blank\" rel=\"noreferrer noopener\">Sobre el autor<\/a><\/h4>\n","protected":false},"excerpt":{"rendered":"<p>VANIDAD Todo comenz\u00f3 por aquel tedioso aprendizaje del alfabeto. Quiz\u00e1s, entonces, el mal era curable. Estaba en la epidermis. 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