{"id":16237,"date":"2025-05-25T16:36:58","date_gmt":"2025-05-25T21:06:58","guid":{"rendered":"https:\/\/eldienteroto.org\/wp49\/?p=16237"},"modified":"2025-05-25T16:36:58","modified_gmt":"2025-05-25T21:06:58","slug":"el-cuento-breve-en-venezuela","status":"publish","type":"post","link":"https:\/\/eldienteroto.org\/wp49\/el-cuento-breve-en-venezuela\/","title":{"rendered":"El cuento breve en Venezuela"},"content":{"rendered":"\n<h4 class=\"wp-block-heading has-text-align-right\">Julio Miranda<\/h4>\n\n\n\n<p><strong>I<\/strong><\/p>\n\n\n\n<p>Al menos tres antolog\u00edas de cuentos breves se han publicado en castellano en los \u00faltimos a\u00f1os. La primera, traducida del ingl\u00e9s, es Ficci\u00f3n s\u00fabita (subtitulada <em>Relatos ultracortos norteamericanos<\/em>; Anagrama, Barcelona, 1989). En la introducci\u00f3n, sus editores, Rober Shapard y James Thomas, dan la short-short story como un tipo de narraci\u00f3n novedosa en Estados Unidos, floreciente en los ochenta y sobre el que la cr\u00edtica apenas ha dicho nada a\u00fan. Las opiniones de diversos escritores, recogidas en las pp. 241-273, ofrecen algunos puntos de vista interesantes, que habr\u00eda que integrar en un estudio detallado de la producci\u00f3n venezolana: afinidad con la poes\u00eda, aunque el \u00abrelato ultracorto\u00bb sea distinguible del poema en prosa \u2014no dicen, sin embargo, en qu\u00e9 consistir\u00eda exactamente la distinci\u00f3n; imprescindible tensi\u00f3n, precisi\u00f3n, control absoluto del texto; frecuente sorpresa final; formalmente, puede ser variad\u00edsimo; como narrativa, es el formato m\u00e1s arriesgado y el que produce mayor n\u00famero de fracasos; en su origen, tiene que ver con algunas caracter\u00edsticas de nuestra \u00e9poca: falta de tiempo para leer, ritmo urgente de la vida urbana, saturaci\u00f3n informativa que hace deseable lo m\u00ednimo y esencial.<\/p>\n\n\n\n<p>Dos de los autores interrogados coinciden en un planteamiento muy sugestivo. Para Paul Theroux, el cuento breve \u00abEn la mayor parte de los casos contiene toda una novela\u00bb (p. 242); y, seg\u00fan Mark Strand, \u00abPuede hacer en una sola p\u00e1gina lo que una novela en doscientas\u00bb (p. 262). Esta potencialidad dieg\u00e9tica ser\u00eda un par\u00e1metro quiz\u00e1 definitivo \u2014aunque no exento de subjetividad\u2014 para medir la calidad de los cuentos breves. No est\u00e1 de m\u00e1s recordar que el venezolano Gabriel Jim\u00e9nez Em\u00e1n viene a decir lo mismo en \u00abLa brevedad\u00bb, uno de los textos de <em>Los 1.001 cuentos de 1 l\u00ednea<\/em> (1981): \u00abMe convenzo ahora de que la brevedad es una entelequia, cuando leo una l\u00ednea y me parece m\u00e1s larga que mi propia vida, y cuando despu\u00e9s leo una novela y me parece m\u00e1s breve que la muerte\u00bb.<\/p>\n\n\n\n<p>La extensi\u00f3n que otorgan al relato ultracorto los editores y muchos de los encuestados en Ficci\u00f3n s\u00fabita ser\u00eda, sin embargo, desmesurada en el marco latinoamericano y en el espec\u00edficamente venezolano, pues ellos admiten hasta las cinco p\u00e1ginas impresas, de 400 palabras cada una, o sea, un tope m\u00e1ximo de dos mil palabras \u2014que abarcar\u00eda, por cierto, quiz\u00e1s el 90% de los cuentos publicados en Venezuela en los \u00faltimos decenios<sup>1<\/sup>\u2014. M\u00e1s ajustadas resultan las dimensiones de los otros dos muestrarios: Brev\u00edsima<br>relaci\u00f3n. Antolog\u00eda del microcuento hispanoamericano (Editorial Mosquito Comunicaciones, Chile, 1990) de Juan Armando Epple y La mano de la hormiga. Los cuentos m\u00e1s breves del mundo y de las literaturas hisp\u00e1nicas (Edici\u00f3n Fugaz, Madrid, 1990) de Antonio Fern\u00e1ndez Ferrer. Ambos coinciden en se\u00f1alar el espacio de una p\u00e1gina como el l\u00edmite de la producci\u00f3n breve (al igual que lo hac\u00eda la revista mexicana El Cuento), aunque Epple incluya textos que alcanzan, a veces, p\u00e1gina y media y hasta dos p\u00e1ginas.<\/p>\n\n\n\n<p>Tampoco en Venezuela hay un criterio definido respecto a la extensi\u00f3n del cuento breve, as\u00ed como se han estudiado poqu\u00edsimo su naturaleza y posibilidades. Considerando trabajos sueltos y bases de concursos, oscilar\u00edamos entre las 200 palabras que propone Armando Jos\u00e9 Sequera y las dos cuartillas del premio respectivo de la I Bienal Nacional de Literatura \u00abMariano Pic\u00f3n Salas\u00bb de M\u00e9rida.<\/p>\n\n\n\n<p>Lo que tenemos claro son sus or\u00edgenes. Si, a escala continental, se se\u00f1ala como iniciadores del cuento breve a autores como Juan Jos\u00e9 Arre\u00f3la, Augusto Monterroso, Virgilio Pinera, Jorge Luis Borges, Julio Cort\u00e1zar, Carlos Monsiv\u00e1is, Edmundo Valad\u00e9s, etc., en Venezuela su fundador indiscutido es el Alfredo Armas Alfonzo de El osario de Dios (1969): lo afirman Domingo Miliani y Sequera \u2014este \u00faltimo agrega, como pionero, a Ramos Sucre\u2014, en sus ponencias incluidas en Una valoraci\u00f3n de Alfredo Armas Alfonzo (Casa Ramos Sucre-CONAC, Cuman\u00e1, 1987). De hecho, antes de El osario de Dios encontrar\u00edamos apenas un pu\u00f1ado \u2014acaso una docena de relatos de una o dos p\u00e1ginas en la narrativa venezolana del siglo XX, y<br>para colmo varios de ellos pertenecen tambi\u00e9n a Armas Alfonzo, en libros como Tramojo (1953) y La parada de Maim\u00f3s (1968). Es probable, adem\u00e1s, que las caracter\u00edsticas de los 158 textos breves que componen El osario de Dios (ocupando de dos l\u00edneas a dos p\u00e1ginas) hayan marcado igualmente a gran parte de la producci\u00f3n breve venezolana: lirismo, fantas\u00eda, humor, violencia, esterilizaci\u00f3n de un paisaje y una historia y, no menos, posibilidad de doble lectura: tanto cada cuento por separado como articulado en un conjunto que ser\u00eda, casi, una \u00abnovela en fragmentos\u00bb.<\/p>\n\n\n\n<p>Subrayar la sugerencia dejada al paso por Sequera, es decir, considerar al Ramos Sucre de La Torre de Tim\u00f3n, El cielo de esmalte y Las formas del fuego, pionero venezolano del cuento breve, brindar\u00eda tambi\u00e9n una perspectiva enriquecida para el abordaje de este formato. Quiz\u00e1, por cierto, vaya siendo hora de volver a leer a Ramos Sucre al menos tambi\u00e9n como narrador, libr\u00e1ndolo amistosamente del \u00absecuestro\u00bb en que lo han tenido los poetas desde los a\u00f1os sesenta. En tal caso, en un centenar de textos de 1925 y 1929, extendi\u00e9ndose de media p\u00e1gina a dos p\u00e1ginas, hallar\u00edamos: lenguaje densamente l\u00edrico; fantas\u00eda, violencia y crueldad; atm\u00f3sferas on\u00edricas; cierto hermetismo; m\u00faltiples referencias culturales recreadas con valor dieg\u00e9tico; presencia de mujeres espectrales o alucinantes, en un erotismo asociado con frecuencia a la muerte; y, desde luego, el mismo car\u00e1cter gen\u00e9ricamente lim\u00edtrofe de su literatura, que si participa de lo po\u00e9tico y de lo narrativo, dejando pr\u00e1cticamente al lector en libertad para definirlo o degustarlo seg\u00fan su punto de vista, podr\u00eda entenderse tambi\u00e9n a veces como ensayo-ficci\u00f3n.<\/p>\n\n\n\n<p>En cualquier caso, la aparici\u00f3n de El osario de Dios pareci\u00f3 dar la se\u00f1al de partida, en 1969, para un tipo de relato que \u2014repito\u2014 era hasta entonces cuasi inexistente, si exceptuamos al fronterizo Ramos Sucre. As\u00ed, al a\u00f1o siguiente se multiplica de pronto la presencia de lo m\u00ednimo: casi todos los textos de Rajatabla de Luis Britto Garc\u00eda; varios cuentos de ordenes<sup>2<\/sup> de Jos\u00e9 Balza y de Im\u00e1genes y conductos de Humberto Mata; seis minicuentos publicados por Ednodio Quintero en el \u00abPapel literario\u00bb de El Nacional (3\/8\/70). Notemos que coinciden representantes de tres generaciones o promociones en este s\u00fabito asalto a la extrema concisi\u00f3n; notemos, adem\u00e1s, que la inmediatez de sus ediciones descarta o relativiza bastante cualquier influencia de los unos sobre los otros y, en estos precisos casos, de Armas Alfonzo sobre los m\u00e1s j\u00f3venes \u2014no as\u00ed, por cierto, de Ramos Sucre\u2014.<\/p>\n\n\n\n<p>Una coincidencia de muy otro tipo es la epocal, que me llevar\u00eda, a riesgo de parecer \u00absociologista\u00bb, a preguntarme si se ha cerrado un ciclo \u2014sociopol\u00edtico, cultural, literario\u2014 con la \u00abpacificaci\u00f3n\u00bb de las guerrillas, el aplastamiento de la renovaci\u00f3n universitaria y las totalizaciones narrativas como Pa\u00eds port\u00e1til (1969) de Adriano Gonz\u00e1lez Le\u00f3n, abri\u00e9ndose otro en que lo breve y lo fragmentario dominan a cambio de la imposibilidad de articular \u2014o de inventar\u2014 un nuevo sentido o, si se quiere, un nuevo sue\u00f1o.<\/p>\n\n\n\n<p><strong>II<\/strong><\/p>\n\n\n\n<p>El fen\u00f3meno acaso m\u00e1s inconfundible propio del cuerpo de obras que nos ocupa ser\u00eda la importancia cuantitativa del cuento breve, d\u00e1ndole a dicha categor\u00eda funcional la extensi\u00f3n m\u00e1xima de dos p\u00e1ginas impresas. En un primer desbrozamiento del campo, para poner de bulto ciertas magnitudes sorprendentes que quiz\u00e1s hagan de la nueva narrativa venezolana algo peculiar en el marco mundial, creo suficiente esta medici\u00f3n \u00aba ojo\u00bb, sin ignorar, desde luego, la variad\u00edsima cantidad de palabras que, seg\u00fan las editoriales y hasta las colecciones, contienen las p\u00e1ginas de nuestro libros de cuentos {oscilan, de hecho, entre las 190 y las 410 palabras, con una mayor\u00eda en torno a las 300 por p\u00e1gina, considerando t\u00edtulos de seis casas de edici\u00f3n).<\/p>\n\n\n\n<p>Con este l\u00edmite \u2014insisto que funcional\u2014 de dos p\u00e1ginas m\u00e1ximo, tendr\u00edamos que de 124 libros de cuentos publicados de 1969 a 1994 por quienes consideramos componentes de la nueva narrativa venezolana (es decir, los autores nacidos de 1946 en adelante), 77 presentan por lo menos un texto breve; de estos 77, hay 32 en que la mitad como m\u00ednimo de sus relatos es breve; a su vez, en diez de dichos 32, todas las piezas son breves.  Otra manera de verlo: 1.311 de los 2.204 cuentos no superan las dos p\u00e1ginas. (Y, si reduj\u00e9ramos la extensi\u00f3n a una p\u00e1gina, la cifra de breves seguir\u00eda siendo considerable: desde luego, m\u00e1s de 600.)<sup>3<\/sup><\/p>\n\n\n\n<p>Ya sea uno de cada cuatro o de cada dos cuentos, \u00bfc\u00f3mo explicar tal frecuencia? \u00bfSer\u00eda comprensible en el estricto dominio de la narrativa, una alternancia de las formas, quiz\u00e1, que despu\u00e9s de decenios de relatos predominantemente largos \u2014que no lo eran\u2014 y \u00abrealistas\u00bb \u2014s\u00ed lo eran\u2014, vehicula mediante lo breve, libre en cuanto tal al carecer de una tradici\u00f3n reconocible, el vuelo de la imaginaci\u00f3n, acudiendo a las variadas posibilidades de lo fant\u00e1stico, y rechaza la \u00abseriedad\u00bb anterior gracias a un abanico humor\u00edstico-absurdista? \u00bfAyudar\u00eda darse cuenta de que la brevedad, en las mismas d\u00e9cadas de los setenta y los ochenta, invade en realidad otros dominios de la literatura, como la poes\u00eda, y de la cultura en general, si pensamos en el cine<sup>4<\/sup>. \u00bfHay analog\u00edas operativas entre el cuento breve, el poema breve y el cortometraje?<\/p>\n\n\n\n<p>Reflexionando sobre el poema breve, en un par de ocasiones lo he caracterizado como reacci\u00f3n al intento de totalizaci\u00f3n de la l\u00edrica precedente; como concentraci\u00f3n individual ante la clausura de una \u00e9poca y la crisis de su correlato sociopol\u00edtico (la lucha armada); como b\u00fasqueda de datos elementales de la existencia (recogimiento cuya culminaci\u00f3n dar\u00eda paso a un potencial reinicio de la expansi\u00f3n); como triunfo parcial de la visualidad \u2014y lo sensorial en su conjunto\u2014 sobre lo conceptual, postulando un nuevo equilibrio. En cuanto al cortometraje, su vigencia tuvo razones econ\u00f3micas pero tambi\u00e9n \u2014como \u00abcine urgente\u00bb, \u00abimperfecto\u00bb o \u00abpobre\u00bb\u2014 pol\u00edticas, sin olvidar su efectivo papel como \u00ablaboratorio de formas \u00bb y su relativa funci\u00f3n de \u00abescuela de largometraje\u00bb. \u00bfValdr\u00eda algo de esto para el cuento breve?<\/p>\n\n\n\n<p>Salvo excepciones brillantes como la de Antonio L\u00f3pez Ortega, sostenidamente fiel a lo m\u00ednimo, es un hecho que los breves se encuentran sobre todo al inicio de la trayectoria de muchos autores, a quienes luego veremos abordar extensiones mayores \u2014o \u00abnormales\u00bb\u2014, llegando a la noveleta y la novela. Ednodio Quintero resumir\u00eda por s\u00ed solo la evoluci\u00f3n de gran parte de la joven narrativa, desde los  minicuentos de La muerte viaja a caballo (1974), aumentando la cantidad de p\u00e1ginas de cada texto en sus posteriores libros de relatos y culminando con obras tan espl\u00e9ndidas como la novela corta La bailarina de Kachgar (1991) y la novela La danza del jaguar (1991).<\/p>\n\n\n\n<p>Tambi\u00e9n, generacionalmente, la salida en grupo de los j\u00f3venes narradores, a lo largo de la d\u00e9cada de los setenta, muestra una abundancia de cuentos breves, en libros como el ya mencionado Im\u00e1genes y conductos de Mata, Descripci\u00f3n de un lugar (1973) de Sael Ib\u00e1\u00f1ez, Los dientes de Raquel (1973) de Gabriel Jim\u00e9nez Em\u00e1n, Acarigua, escenario de espectros (1976) de Alberto Jim\u00e9nez Ure, Me pareci\u00f3 que saltaba por el espacio como una hoja muerta (1977) de Armando Jos\u00e9 Sequera, Andamiaje (1977) de Jos\u00e9 Gregorio Bello Porras, A la muerte le gusta jugar a los espejos (1978) de Earle Herrera, Cuando te vayas (1978) de Edilio Pe\u00f1a, Zona de tolerancia (1978) de Benito Yrady, entre otros primeros t\u00edtulos de sus respectivos autores. <\/p>\n\n\n\n<p>Es posible, entonces, considerar el formato m\u00ednimo como, parcialmente, \u00abejercicio\u00bb o \u00abescuela\u00bb para intentos de mayor extensi\u00f3n \u2014aunque en su caso, obviamente, no existan las razones econ\u00f3micas ni pol\u00edticas que pudieran mover a los cortometrajistas\u2014, lo que no agotar\u00eda el inter\u00e9s ni la calidad intr\u00ednsecos de muchos textos de un \u00absubg\u00e9nero\u00bb que, por otra parte, varios de estos escritores \u2014y una docena m\u00e1s\u2014 seguir\u00e1n cultivando, alternadamente con extensiones mayores.<\/p>\n\n\n\n<p>Poner en contacto el texto breve con la derrota de la lucha armada y la \u00abpacificaci\u00f3n\u00bb de finales de los sesenta invitar\u00eda a interpretarlo, tambi\u00e9n s\u00f3lo en cierta medida, como una inmersi\u00f3n en lo fabuloso que algunos podr\u00edan calificar de \u00abevasi\u00f3n\u00bb, as\u00ed como una primera respuesta generacional a la crisis de la narrativa \u00abdel compromiso\u00bb o \u00abde la violencia\u00bb, similar a la del poema breve frente a los cantos \u00e9picos y totalizantes de la promoci\u00f3n precedente, siempre que se hicieran varios se\u00f1alamientos.<\/p>\n\n\n\n<p>Uno de ellos: el mundo trazado por los breves no es en absoluto \u00abtranquilizador \u00bb, sino que podr\u00eda ilustrar una especie de cat\u00e1logo de pesadillas, de fisuras de la realidad por las que sus personajes se deslizan hacia abismos de v\u00e9rtigo; de aventuras \u2014absurdas, grotescas, surrealizantes, de humor negro, etc.\u2014 francamente inquietantes, con un frecuente saldo de locura o de muerte.<\/p>\n\n\n\n<p>Segundo: lo pol\u00edtico, en su sentido inmediato, no ha desaparecido por completo. Para limitarnos a lo m\u00e1s obvio, recordemos que la utop\u00eda fantacient\u00edfica de Me pareci\u00f3 que saltaba por el espacio como una hoja muerta \u00absocialista\u00bb y ocurre tras el triunfo de una revoluci\u00f3n; que los cuentos breves de Cuando te vayas son, en su mayor\u00eda, testimonios de la lucha armada y de la represi\u00f3n, de las movilizaciones populares en zonas marginales y de la militancia estudiantil; que los de Zona de tolerancia tematizan el mundo laboral petrolero, agr\u00edcola y pesquero del oriente del pa\u00eds, insistiendo en la prepotencia de las compa\u00f1\u00edas y en las luchas sindicales, mientras su mezcla de tiempos hace coexistir piratas, conquistadores y negreros con secuaces gomecistas, polic\u00edas y explotadores actuales, en una Tierra de Gracia cuya historia de cinco siglos resulta homogeneizada por la violencia.<\/p>\n\n\n\n<p>Tercero: de hecho, lo que ha realizado el cuento breve \u2014en paralelo al poema breve, una vez m\u00e1s, aunque sin privilegiar lo sensorial sobre lo conceptual\u2014 no es excluir temas o vivencias sino fragmentar el universo dram\u00e1tico, \u00abespecializando\u00bb cada texto en un sentido determinado. As\u00ed, sus \u00abpeque\u00f1as historias\u00bb responder\u00e1n al testimonio y la denuncia tanto como al registro de obsesiones, desdoblamientos, sue\u00f1os; al recuerdo de infancia como a la ciencia-ficci\u00f3n; a la explotaci\u00f3n de conflictos sentimentales como al humor y la parodia; a las angustias urbanas como a la metaliteratura y la experimentaci\u00f3n. Si, contrastado con la producci\u00f3n anterior, tiene una carga much\u00edsimo mayor de fantas\u00eda e iron\u00eda, enfrentado a los cuentos no-breves de la misma nueva narrativa, ofrecer\u00eda un reflejo perfectamente especular.<\/p>\n\n\n\n<p>En cuarto lugar, habr\u00eda que aclarar que la v\u00eda de lo breve no fue, generacionalmente, la \u00fanica, ni siquiera en esa primera salida grupal de los a\u00f1os setenta: valgan los ejemplos de Laura Antillano, Jos\u00e9 Napole\u00f3n Oropeza y Ben Am\u00ed Fihman, entre otros, ilustrando opciones igualmente variadas dentro del \u00abrealismo\u00bb, el onirismo y la fantas\u00eda.<\/p>\n\n\n\n<p>En cuanto a los ochenta y los noventa, y despu\u00e9s de una verdadera \u00abinflaci\u00f3n\u00bb de libros de cuentos breves descartables al inicio de aquella d\u00e9cada, con una cuota inaceptable de inercia, banalidad y hasta de \u00abret\u00f3rica \u00bb \u2014parad\u00f3jica en la estrechez del formato\u2014, una nueva serie de autores se incorporaron a su cultivo, entregando t\u00edtulos tan apreciables como Confidencias del cartab\u00f3n (1981) y Secuencias de un hilo perdido (1982), ambos de Iliana G\u00f3mez Berbes\u00ed, Visi\u00f3n memorable (1987) de Miguel Gomes, Edici\u00f3n de lujo (1990) de Alberto Barrera, Seres cotidianos (1990) de Stefania Mosca, Calendario (1990) y Naturalezas menores (1991), los dos de L\u00f3pez Ortega. <\/p>\n\n\n\n<p><strong>III<\/strong><\/p>\n\n\n\n<p>Dos rasgos quedar\u00edan por destacar: el car\u00e1cter lim\u00edtrofe entre narraci\u00f3n y poes\u00eda de buena parte de la producci\u00f3n m\u00ednima, que si \u00absatura\u00bb con dudoso lirismo las peores muestras, alcanza las mejores cotas de alt\u00edsima calidad, como puede verse al menos desde Textos de anatom\u00eda comparada (1978) de Mariela \u00c1lvarez; y la eventual articulaci\u00f3n de la serie de cuentos breves que, siendo cada uno aut\u00f3nomo, se enriquecen en su lectura como conjunto. <\/p>\n\n\n\n<p>Respecto a lo primero: es posible que un margen de indefinici\u00f3n gen\u00e9rica persista en algunos casos, m\u00e1s all\u00e1 de la \u00abmarca\u00bb editorial (colecci\u00f3n que incluye el libro, texto de contraportada, etc.) o la declaraci\u00f3n autoral; m\u00e1s all\u00e1, incluso, del \u2014sutil\u2014 deslinde entre el mayor peso de \u00ablo narrativo \u00bb o de \u00ablo l\u00edrico\u00bb, de la historia contada y la serie anecd\u00f3tica o de la elaboraci\u00f3n de lenguaje en t\u00e9rminos metaf\u00f3ricos: al cabo, las etiquetaciones gen\u00e9ricas vienen haciendo agua desde hace alg\u00fan tiempo. Por aqu\u00ed, se\u00f1alar\u00eda igualmente la presencia de apuntes reflexivos en el cuento breve \u2014por ejemplo, en Descripci\u00f3n de un lugar y Calendario\u2014, que lo flexibilizar\u00edan hacia el ensayo-ficci\u00f3n. Es probable que, en las dudas, la actitud del lector, la recepci\u00f3n de los textos \u00abcomo cuentos\u00bb o \u00abcomo poemas\u00bb sea definitiva.<\/p>\n\n\n\n<p>En cuanto a la posibilidad de doble lectura, si funciona vagamente en libros unificados por su tono y su tem\u00e1tica (por ejemplo, los de Iliana G\u00f3mez y Stefania Mosca), dando un paso m\u00e1s all\u00e1 con el sistema de t\u00edtulos repetidos, ecos intratextuales y dos cuentos sint\u00e9ticos que representan dos finales posibles, como sucede en Visi\u00f3n memorable, o con la presencia de un mismo personaje o hablante que sostiene a todo lo largo una meditaci\u00f3n sobre lo femenino, detallando la exploraci\u00f3n del propio cuerpo hasta culminar en el inventario \u2014y oferta\u2014 total, tal como se plasma en Textos de anatom\u00eda comparada, se realiza cabalmente en media docena de t\u00edtulos en que los relatos se ordenan, adem\u00e1s, haciendo avanzar la di\u00e9gesis, desarrollando el drama, con un mismo protagonista o grupo de personajes.<\/p>\n\n\n\n<p>As\u00ed, las 32 piezas de Me pareci\u00f3 que saltaba por el espacio como una hoja muerta, de Sequera, remiten todas a ese escenario rural transformado por la ciencia-ficci\u00f3n, como una serie de escenas que registran diversos aspectos de la misma comunidad de astronautas. Por su parte, los 32 cuentos de Cuando te vayas, de Edilio Pe\u00f1a, ofrecen segmentos biogr\u00e1ficos de un personaje que podemos acompa\u00f1ar desde la infancia en diversos lugares del oriente del pa\u00eds, junto a una familia signada por la violencia y la locura, pasando luego por la adolescencia, sus peripecias de hombre joven en Caracas, hasta terminar en un cuento que revierte sobre el conjunto: a punto de cumplir 25 a\u00f1os, quiere llevar al papel ese pasado doloroso. La misma explicitada escritura de lo que leemos unifica tambi\u00e9n los 64 cuentos de M\u00e1s all\u00e1 de las ramblas (1983), el siguiente libro de Pe\u00f1a, ya suficientemente cohesionado por su protagonista central y otros personajes  recurrentes, el espacio (Barcelona) y el tiempo (varios meses), adem\u00e1s de que muchos de los textos remiten los unos a los otros de manera complementaria, incluso prolongando una misma secuencia, todo esto por encima de su diversidad formal (narraci\u00f3n directa, di\u00e1logos, sue\u00f1os, cartas, delirios, mon\u00f3logos de voces an\u00f3nimas, descripciones objetivistas, etc.).<\/p>\n\n\n\n<p>Otros dos libros de indiscutible \u2014y rica\u2014 doble lectura plantear\u00edan problemas espec\u00edficos de adscripci\u00f3n gen\u00e9rica, que los llevar\u00edan quiz\u00e1 m\u00e1s all\u00e1 de las fronteras del cuento breve. Los 40 textos de Par\u00e1lisis andante (1988) de Juan Calzadilla Arreaza, \u00bfconstituyen una novela fragmentaria \u2014como afirma la solapa\u2014, un conjunto de cuentos articulados o una mezcla de ambos? Y, a su vez, las 90 anotaciones fechadas del Calendario de L\u00f3pez Ortega, que abarcan casi un a\u00f1o de observaciones, sensaciones, an\u00e9cdotas siempre meditadas, \u00bfson un diario unitario, con su usual parcelaci\u00f3n seg\u00fan los d\u00edas, y por lo tanto un solo texto, o una serie de piezas relativamente aut\u00f3nomas, engarzadas adicionalmente gracias a la flexible cronolog\u00eda que permite la \u00abficci\u00f3n\u00bb del diario como g\u00e9nero?<\/p>\n\n\n\n<p>En cualquier caso, la potencialidad de articular una f\u00e1bula global por encima de los cuentos breves entendidos adem\u00e1s como \u00abfragmentos\u00bb, va al encuentro de libros de relatos no-breves que trabajan de forma similar<sup>5<\/sup>, de nouvelles y novelas efectivamente fragmentarias que apelan al collage de textos y a la sucesi\u00f3n muy suelta de diversas escenas<sup>6<\/sup>, y tambi\u00e9n al de numerosos poemarios de piezas breves que, escritos por autores de la misma franja de edad que los nuevos narradores e igualmente en las d\u00e9cadas de los setenta, ochenta y lo que va de los noventa, proponen un horizonte dram\u00e1tico com\u00fan que cohesiona los distintos textos e incluso desarrollan una historia con el hablante como narrador o personaje<sup>7<\/sup>. Es posible que, de esta manera, tanto el cuento breve como el poema breve est\u00e9n encontrando un modo peculiar de trascender lo fragmentario y de avanzar hacia nuevas totalizaciones de sentido.<\/p>\n\n\n\n<p><strong>IV<\/strong><\/p>\n\n\n\n<p>Cabr\u00eda preguntarse, para terminar esta aproximaci\u00f3n, si, adem\u00e1s de habernos ofrecido algunos de los mejores libros de la nueva narrativa venezolana, habr\u00eda que agradecerle un aporte espec\u00edfico al cuento breve. Si tenemos en cuenta que el lector paga con su vida el tiempo dedicado a la lectura, siempre podr\u00edamos reconocer en la brevedad una particular discreci\u00f3n o humildad en t\u00e9rminos existenciales, una verdadera elegancia \u00abecol\u00f3gica\u00bb en medio de tanto despilfarro \u2014narrativo y no s\u00f3lo narrativo.<\/p>\n\n\n\n<p>Si consideramos, por otra parte, que su esencialidad dieg\u00e9tica nos invita, en los mejores casos, a desarrollar personalmente su precioso n\u00facleo dram\u00e1tico, ver\u00edamos tambi\u00e9n en el cuento breve una propuesta de responsabilidad y libertad, igualmente apreciable en los tiempos oscuros.<\/p>\n\n\n\n<p><strong>NOTAS<\/strong><\/p>\n\n\n\n<p>1 Descartados los breves, los cuentos de la nueva narrativa venezolana tienen un promedio de 3-7 p\u00e1ginas de extensi\u00f3n. No creo que pasen de la veintena los que superan las 20 p\u00e1ginas; entre ellos: \u00abun caso delicado\u00bb (del libro del mismo t\u00edtulo, 1987) de Pablo Cormenzana, con 35 p\u00e1ginas de texto; \u00abContrafuerte \u00bb (Mi nombre Rufo Galo, 1973), con 32 pp. y \u00abLos recursos del limbro\u00bb (id. t\u00edtulo, 1981), con 30, ambos de Ben Am\u00ed Fihman; \u00abEl cansancio de A.P. Frachaz\u00e1n\u00bb (Luces, 1983), 31 pp., de Humberto Mata; \u00abLa muerte se mueve con la tierra encima\u00bb (id. t\u00edtulo, 1972), 28 pp., de Jos\u00e9 Napole\u00f3n Oropeza; \u00abCuatro<br>extremos de una soga\u00bb (id. t\u00edtulo, 1980), 23 pp., de Armando Jos\u00e9 Sequera \u2014 valga el cat\u00e1logo\u2014. En tal<br>sentido, un libro como Con estos mis labios que te nombran (1993), de Lidia Rebrij, es excepcional, pues<br>la mayor\u00eda de sus cuentos alcanza las 22, 23, 24, 28 y hasta 38 p\u00e1ginas.<\/p>\n\n\n\n<p>2 Al menos uno de ellos, \u00abPrescindiendo\u00bb, se encontraba ya en Ejercicios narrativos (1967).<\/p>\n\n\n\n<p>3 En cambio, y aunque publiquen en estricto paralelismo con los j\u00f3venes, los autores de la generaci\u00f3n inmediata anterior no se han decantado en absoluto por el cuento breve, con poqu\u00edsimas excepciones como Eduardo Liendo (El cocodrilo rojo, 1987) y Chevige Guayke (Faltrikera y otros bolsillos, 1980; Difuntos en el espejo, 1982).<\/p>\n\n\n\n<p>4 Me pregunto, dado mi conocimiento irregular de ese campo, si el paralelismo pudiera alcanzar tambi\u00e9n al teatro \u00abbreve\u00bb \u2014de piezas en un acto\u2014.<\/p>\n\n\n\n<p>5 Por ejemplo: La bella \u00e9poca (1969) de Laura Antillano, Cartas de relaci\u00f3n (1982) de L\u00f3pez Ortega,  Cerne\u00f3las (1987) de \u00c1ngel Gustavo Infante, Procesos estacionarios (1988) de Jos\u00e9 Luis Palacios, Dragi sol<br>(1989) de Slavko Zupcic, etc\u00e9tera.<\/p>\n\n\n\n<p>6 Nouvelles como La invenci\u00f3n del fuego (1975) y Texto de memoria para un corto sobre ella (1978),<br>ambas de Norbith Graterol, y novelas como Las redes de siempre (1976) y Las hojas m\u00e1s \u00e1speras (1982),<br>de Oropeza las dos, Perfume de gardenia (1982) de Laura Antillano, Los andantes (1982) de Jos\u00e9 Quintero Weir, Los nuevos exilios (1991) de Lourdes Sifontes, Yo soy la rumba (1992) de A. G. Infante, etc.<\/p>\n\n\n\n<p>7 Entre los poemarios, citar\u00eda: Cuerpo (Fundarte, Caracas, 1985) de Mar\u00eda Auxiliadora \u00c1lvarez; Hago la muerte (Pen Club, Caracas, 1987) de Maritza Jim\u00e9nez; Luba (S\u00e9ptimo Sello, Maracaibo, 1988) de Jacqueline Goldberg; Diario de una momia (S\u00e9ptimo Sello, Maracaibo, 1989) de Laura Cracco; Poemas del escritor (Fundarte, Caracas, 1989) de Yolanda Pantin; Para borrar una ni\u00f1a (Solar, M\u00e9rida, 1991) de Margarita Arribas y Toledana (Monte \u00c1vila, Caracas, 1992) de Sonia Chocr\u00f3n.<\/p>\n\n\n\n<h4 class=\"wp-block-heading has-text-align-right\"><a href=\"https:\/\/eldienteroto.org\/wp49\/julio-miranda\/\" target=\"_blank\" rel=\"noreferrer noopener\">Sobre el autor<\/a><\/h4>\n\n\n\n<h6 class=\"wp-block-heading\">Publicado en: Cuadernos hispanoamericanos (491, 1991, pp. 87-96)<\/h6>\n","protected":false},"excerpt":{"rendered":"<p>Julio Miranda I Al menos tres antolog\u00edas de cuentos breves se han publicado en castellano en los \u00faltimos a\u00f1os. La primera, traducida del ingl\u00e9s, es Ficci\u00f3n s\u00fabita (subtitulada Relatos ultracortos norteamericanos; Anagrama, Barcelona, 1989). En la introducci\u00f3n, sus editores, Rober Shapard y James Thomas, dan la short-short story como un tipo de narraci\u00f3n novedosa en [&hellip;]<\/p>\n","protected":false},"author":6,"featured_media":16240,"comment_status":"open","ping_status":"","sticky":false,"template":"","format":"standard","meta":{"_monsterinsights_skip_tracking":false,"_monsterinsights_sitenote_active":false,"_monsterinsights_sitenote_note":"","_monsterinsights_sitenote_category":0,"footnotes":""},"categories":[14],"tags":[],"_links":{"self":[{"href":"https:\/\/eldienteroto.org\/wp49\/wp-json\/wp\/v2\/posts\/16237"}],"collection":[{"href":"https:\/\/eldienteroto.org\/wp49\/wp-json\/wp\/v2\/posts"}],"about":[{"href":"https:\/\/eldienteroto.org\/wp49\/wp-json\/wp\/v2\/types\/post"}],"author":[{"embeddable":true,"href":"https:\/\/eldienteroto.org\/wp49\/wp-json\/wp\/v2\/users\/6"}],"replies":[{"embeddable":true,"href":"https:\/\/eldienteroto.org\/wp49\/wp-json\/wp\/v2\/comments?post=16237"}],"version-history":[{"count":1,"href":"https:\/\/eldienteroto.org\/wp49\/wp-json\/wp\/v2\/posts\/16237\/revisions"}],"predecessor-version":[{"id":16241,"href":"https:\/\/eldienteroto.org\/wp49\/wp-json\/wp\/v2\/posts\/16237\/revisions\/16241"}],"wp:featuredmedia":[{"embeddable":true,"href":"https:\/\/eldienteroto.org\/wp49\/wp-json\/wp\/v2\/media\/16240"}],"wp:attachment":[{"href":"https:\/\/eldienteroto.org\/wp49\/wp-json\/wp\/v2\/media?parent=16237"}],"wp:term":[{"taxonomy":"category","embeddable":true,"href":"https:\/\/eldienteroto.org\/wp49\/wp-json\/wp\/v2\/categories?post=16237"},{"taxonomy":"post_tag","embeddable":true,"href":"https:\/\/eldienteroto.org\/wp49\/wp-json\/wp\/v2\/tags?post=16237"}],"curies":[{"name":"wp","href":"https:\/\/api.w.org\/{rel}","templated":true}]}}