{"id":16170,"date":"2025-05-19T14:55:48","date_gmt":"2025-05-19T19:25:48","guid":{"rendered":"https:\/\/eldienteroto.org\/wp49\/?p=16170"},"modified":"2025-05-23T16:21:00","modified_gmt":"2025-05-23T20:51:00","slug":"la-novela-como-reflexion-e-interpretacion-historica","status":"publish","type":"post","link":"https:\/\/eldienteroto.org\/wp49\/la-novela-como-reflexion-e-interpretacion-historica\/","title":{"rendered":"La novela como reflexi\u00f3n e interpretaci\u00f3n hist\u00f3rica"},"content":{"rendered":"\n<h4 class=\"wp-block-heading has-text-align-right\">Osvaldo Larraz\u00e1bal Henr\u00edquez<\/h4>\n\n\n\n<p>Enrique Bernardo N\u00fa\u00f1ez, uno de los m\u00e1s importantes creadores literarios que ha habido en nuestro pa\u00eds, naci\u00f3 en Valencia el 20 de mayo de 1895 y muri\u00f3 en Caracas el 1\u00b0 de octubre de 1964. \u201c Fue un hombre sencillo, con la sencillez de lo complejo\u201d<sup>1<\/sup> y \u201cA trav\u00e9s de su vida desempe\u00f1\u00f3 muchas actividades, pero, esencialmente, fue escritor\u201d<sup>2<\/sup>. Estas dos connotaciones acerca de la personalidad de Enrique Bernardo N\u00fa\u00f1ez dan, posiblemente, la exacta dimensi\u00f3n de lo que \u00e9l fue y de lo que quiso ser. Desde muy joven, cuando viene a la ciudad capital a iniciar estudios universitarios, da muestras de la intensa actividad intelectual que posteriormente iba a desempe\u00f1ar, y, en un rapto definitorio de su poderosa personalidad, abandona los cursos de Medicina y de Derecho en la Universidad Central de Venezuela, para dedicarse a la literatura, acicateado por su amigo \u00c1ngel Miguel Queremel. A la edad de veintitr\u00e9s a\u00f1os, tiempo de publicaci\u00f3n de su primera novela, Sol interior, se hace conocer como el ganador del Acc\u00e9sit de los Juegos Florales de ese a\u00f1o, en la especialidad Historia, con la publicaci\u00f3n de su trabajo \u201c Bol\u00edvar orador\u201d , que marca, adem\u00e1s, su ingreso en un \u00e1rea de creatividad que siempre lo atrajo y a la que dedic\u00f3 sus mejores y m\u00e1s altos momentos expresivos: la interpretaci\u00f3n hist\u00f3rica.<\/p>\n\n\n\n<p>Envuelto en una casi febril actividad period\u00edstica, que lo lleva a colaborar en los m\u00e1s importantes diarios nacionales, va delineando su labor en lo que hab\u00eda de ser su vida en sucesi\u00f3n de actuaciones: el periodismo, la diplomacia, la creaci\u00f3n literaria y el pensamiento constante y fortalecido de hombre de claridad iluminada en la captaci\u00f3n, reflexi\u00f3n y enfoque de los problemas y circunstancias que afectaban a su patria y al hombre como ser humano. Exquisito en la forma del decir, exigente en la construcci\u00f3n final de sus p\u00e1rrafos \u2014a los que siempre encontraba alg\u00fan defecto\u2014, estricto en la econom\u00eda de lo que quer\u00eda<br>expresar, va determinando un camino muy propio de manifestar sus opiniones y de elaborar sus creaciones literarias, avalando la opini\u00f3n que de \u00e9l hab\u00eda expresado el distinguido poeta nacional Pedro Sotillo. Efectivamente, en declaraciones acerca de la personalidad de N\u00fa\u00f1ez, emitidas por Sotillo y aparecidas en d\u00eda 3 de octubre de 1964 en el  diario El Nacional de Caracas, dice que \u201c cuando yo vine a acercarme m\u00e1s que incorporarme a los hombres de la llamada Generaci\u00f3n del 18, pod\u00eda considerarse a Enrique Bernardo N\u00fa\u00f1ez como un joven maestro de la prosa\u201d ; y esa maestr\u00eda, acrecentada con la lectura despaciosa e \u00edntima de su creaci\u00f3n, nos induce a pensar de \u00e9l, lo que Enrique Anderson Imbert dice sobre el poeta colombiano Guillermo Valencia: \u201c Ten\u00eda el don de la definici\u00f3n l\u00edrica; o sea, que con un m\u00ednimo de lengua consegu\u00eda reducir a sus l\u00edmites la imagen que se hab\u00eda formado en su fantas\u00eda\u201d<sup>3<\/sup>.<\/p>\n\n\n\n<p>Pensador, escritor de diaria tarea en el periodismo y en la cr\u00f3nica trascendente, fil\u00f3sofo de callada y reservada obra, int\u00e9rprete de la historia, cuentista y novelista, defini\u00f3, por muchos y logrados medios, su personalidad creadora y su personalidad humana. Ahora y aqu\u00ed, a lo lejos de su presencia f\u00edsica y cercanos a su presencia de hombre total, pensamos, una vez m\u00e1s, en la infinita grandeza de las dos novelas que lo elevaron hasta la luminosidad de la trascendencia, porque en pocas oportunidades dos obras literarias de la calidad de Cubagua y de La Galera de Tiberio han servido como testimonio de la actividad conclusiva de un hombre que descifr\u00f3 muchas circunstancias hist\u00f3ricas en beneficio, inmediato, de la interpretaci\u00f3n del hombre y su paso por la historia.<\/p>\n\n\n\n<p>Hasta 1931, cuando aparece Cubagua, no comienza lo que fue la etapa definitiva en la novel\u00edstica del autor. Comenz\u00f3 en 1918, publicando Sol interior, continu\u00f3 en 1920, cuando da a conocer Despu\u00e9s de Ayacucho, y silenci\u00f3 su actividad de novelista hasta el a\u00f1o 1931, cuando entre los meses de junio y julio y a trav\u00e9s de cuatro cap\u00edtulos publicados en el diario La Esfera, se edita La Ninfa del Anauco; dej\u00f3, con esta \u00faltima, un primer per\u00edodo de inseguridades, de b\u00fasquedas expresivas y de familiarizaci\u00f3n con temas que luego ir\u00edan a resumirse en la reflexi\u00f3n y la interpretaci\u00f3n que expres\u00f3 en las dos novelas finales, y que, tambi\u00e9n, estaban siendo el tema de una novela inconclusa, titulada tentativamente como Atardecer sobre el mundo, y subtitulada con la atrayente denominaci\u00f3n de \u201c Cr\u00f3nica de los a\u00f1os de guerra\u201d . Las dos etapas a las que hemos hecho referencia, tienen poco en com\u00fan. Podr\u00eda decirse que la primera sirvi\u00f3 de crisol \u2014a veces muy doloroso para el autor\u2014 de lo que fue la segunda y propiamente definitoria. A esa primera etapa pertenecen, seg\u00fan un ordenamiento de puro valor est\u00e9tico: Sol interior, Despu\u00e9s de Ayacucho y la novela corta La Ninfa del Anauco. Un segundo y muy valioso grupo incluir\u00eda sus dos obras novel\u00edsticas trascendentes: Cubagua y La Galera de Tiberio.<\/p>\n\n\n\n<p>SOL INTERIOR (1918)<\/p>\n\n\n\n<p>Durante el a\u00f1o 1918 s\u00f3lo se publican dos novelas en el pa\u00eds. Jos\u00e9 Rafael Pocaterra lanza su tercera obra, Tierra del Sol Amada, y Enrique Bernardo N\u00fa\u00f1ez irrumpe con la publicaci\u00f3n de su libro Sol interior. Apenas contaba el escritor con veintitr\u00e9s a\u00f1os de edad y su nombre comenzaba a figurar a ra\u00edz del premio recibido en los Juegos Florales correspondientes a ese a\u00f1o. Las impresiones cr\u00edticas acerca de esta obra coinciden en se\u00f1alarla como una buena primera contribuci\u00f3n que hace el autor al desarrollo de la novel\u00edstica nacional, centr\u00e1ndose casi todo el inter\u00e9s en destacar la juventud de Enrique Bernardo N\u00fa\u00f1ez y su apreciable talento para el oficio que hab\u00eda comenzado a desempe\u00f1ar.<\/p>\n\n\n\n<p>Una nota, an\u00f3nima y sin t\u00edtulo, aparecida en el diario El Universal de Caracas y fechada el 17 de octubre de 1918, comenta la carrera ascendente de N\u00fa\u00f1ez y destaca el hecho, significativo y ejemplarizante, de que a la edad de veintitr\u00e9s a\u00f1os se haya decidido por un g\u00e9nero de tan manifiestas dificultades, m\u00e1s a\u00fan cuando no son notorias las influencias de otros escritores en su novela Sol interior. El escritor colombiano Luis Enrique Osorio, residenciado por entonces en Caracas, publica, igualmente en El Universal y con fecha 2 de marzo de 1918, un art\u00edculo intitulado \u201cAlgo sobre Enrique Bernardo N\u00fa\u00f1ez\u201d, donde lo proclama como \u201c el novelista m\u00e1s joven de los que han alcanzado hasta hoy en Venezuela una apreciable popularidad\u201d , se\u00f1alando que la obra presenta fallas apreciables y \u201cdetalles comunes a las narraciones\u201d, pero reconociendo el valor de la \u201caventurada acci\u00f3n del escritor que a tan corta edad se ha lanzado a la palestra en un medio donde la obra nacional est\u00e1 muy lejos de ganarse la atenci\u00f3n del p\u00fablico\u201d ; y el 16 de enero de 1921, Alberto Fern\u00e1ndez, en un art\u00edculo publicado asimismo en el El Universal y titulado \u201cLa juventud intelectual\u201d, expresa su asombro y complacencia por la juventud del novel escritor, y formula elogios, que considera merecidos, para recibir una novela escrita, seg\u00fan \u00e9l, \u201ccon toda la levedad que requiere el siglo XX\u201d. El propio Enrique Bernardo N\u00fa\u00f1ez, en la Introducci\u00f3n de su novela, que \u00e9l titula \u201cPalabras liminares\u201d, expresa que es \u201cun libro de juventud\u201d; consciente de la magnitud de la empresa que ha emprendido y, quiz\u00e1s, como justificaci\u00f3n a una serie de oposiciones que all\u00ed hace del ambiente literario del momento y de la opini\u00f3n que ese ambiente le merece. Calificando su obra de \u201cespont\u00e1nea\u201d, declina, per se, formar parte de lo que concept\u00faa como \u201caristocracia de ciertos escritores\u201d, apegados a \u201cla pomposa consagraci\u00f3n de la Academia o al docto veredicto de un cen\u00e1culo\u201d, manifestando, as\u00ed, la posici\u00f3n esc\u00e9ptica e iconoclasta que habr\u00eda de ser una especie de rumbo de su vida de creaci\u00f3n.<\/p>\n\n\n\n<p>Es importante insistir en el hecho de lo expresado por N\u00fa\u00f1ez en esa parte introductoria de su primera novela. Tal y como era com\u00fan entre los escritores de la \u00e9poca, all\u00ed el autor, al hacer profesi\u00f3n de fe, establece sus propias reglas de juego para que su posici\u00f3n de novelista quede clara ante el p\u00fablico y ante la cr\u00edtica, adem\u00e1s de que le sirva como manifestaci\u00f3n te\u00f3rica de lo que se pretende dentro del g\u00e9nero. N\u00fa\u00f1ez no pod\u00eda escapar a esa tentaci\u00f3n y volc\u00f3 parte de \u201csu genio\u201d en esas palabras liminares, que anteceden al desarrollo anecd\u00f3tico de la novela. Una manifiesta contradicci\u00f3n se establece cuando \u201cpretende escribir (un libro) sin pulcritudes de estilo\u201d, para luego, y en manifestaci\u00f3n propia, expresar que se siente partidario de \u201c el adjetivo sonoro y acaso tambi\u00e9n del estilo retumbante\u201d, apeg\u00e1ndose a la exuberancia del modernismo, aunque midiendo el empleo de exageraciones expresivas. En lo relativo a la confecci\u00f3n misma de la obra, declara que es un ferviente partidario de la actitud realista y que, como los maestros del pasado, \u201ctom\u00f3 datos, observ\u00f3 amores juveniles y copi\u00f3 hasta el lenguaje con que se manifiesta\u201d, en una definitiva definici\u00f3n de su m\u00e9todo de trabajo.<\/p>\n\n\n\n<p>La novela Sol interior es una obra que, aparentemente, es muy sencilla en su estructura y en su desarrollo; pero la verdad es otra, determinada por la presencia de personajes muy absorbentes: esta obra se desliza entre situaciones de mucha complejidad provenientes de la actuaci\u00f3n de los personajes centrales y de sus relaciones con los secundarios y con el ambiente de desarrollo de la obra. La Caracas de mediados y finales de la segunda d\u00e9cada del siglo sirve de marco efectivo a una serie de situaciones que giran alrededor de Armando Ib\u00e1\u00f1ez y de Marta, exponentes principales de la an\u00e9cdota y de las complicaciones que constituyen el libro. Ellos son el centro y eje de todo lo que acontece y el autor expresa en esas dos personalidades toda su capacidad de an\u00e1lisis del elemento humano representativo de una gran porci\u00f3n del momento.<\/p>\n\n\n\n<p>El personaje representado en Armando Ib\u00e1\u00f1ez constituye una preocupaci\u00f3n bastante constante en los novelistas venezolanos de aquel entonces.  Ya hab\u00eda tenido una primera personificaci\u00f3n cuando Jos\u00e9 Gil Fortoul a finales del siglo pasado cre\u00f3 su interesante Enrique Aracil, protagonista de dos de sus novelas y participante en la tercera. La creaci\u00f3n se fue perfilando al trav\u00e9s de variadas interpretaciones del papel y destino de la juventud del pa\u00eds; y en Reinaldo Solar, personaje galleguiano de honda repercusi\u00f3n, tuvo su m\u00e1s fiel exponente como ejemplo y consideraci\u00f3n de todo un modo de actuar y de pensar. Armando Ib\u00e1\u00f1ez va por el mismo camino. El de la constante introspecci\u00f3n; el de la lucha continua entre el querer y el poder; el de la desequilibrada armon\u00eda entre lo material y lo espiritual; el de la incierta angustia ante el porvenir de la patria; el de la duda sistem\u00e1tica hacia el valor de los valores. En este sentido los tres personajes mencionados no son los \u00fanicos que aparecen en nuestra novel\u00edstica; a su lado hay muchos m\u00e1s que, en una forma u otra, representaron la reflexi\u00f3n e interpretaci\u00f3n que hicieron los autores y que quisieron expresar en los hechos, circunstancias y pensamientos de sus personajes masculinos. Podr\u00eda decirse que una l\u00ednea continua hilvana la actuaci\u00f3n de muchos caracteres representativos en la novel\u00edstica nacional de entonces. Es una l\u00ednea que comienza en las inquietudes positivistas y que se manifiesta en forma de extremado sentimentalismo, acompa\u00f1ado por una caracterizaci\u00f3n dubitativa entre el pesimismo y el pante\u00edsmo que les permite justificar la imperfecci\u00f3n o la inacabable b\u00fasqueda de una identidad perdida en ra\u00edces ancestrales de muy dif\u00edcil reestructuraci\u00f3n. N\u00fa\u00f1ez capt\u00f3 muy bien el esp\u00edritu de esa juventud y el an\u00e1lisis interpretativo que hace en Ib\u00e1\u00f1ez es del todo coherente con el modo de actuaci\u00f3n muchas veces manifestado por diferentes y valiosos novelistas de la \u00e9poca y del pa\u00eds.<\/p>\n\n\n\n<p>DESPUES DE AYACUCHO (1920)<\/p>\n\n\n\n<p>Dos a\u00f1os despu\u00e9s de haber publicado su primera novela, Enrique Bernardo N\u00fa\u00f1ez insiste con su segunda obra: Despu\u00e9s de Ayacucho, en 1920 Ese mismo a\u00f1o la producci\u00f3n novel\u00edstica venezolana se enriquece con tres obras que han pasado a ser fundamentales: Tierra nuestra, de Samuel Dar\u00edo Maldonado; \u00a1En este pa\u00eds!. . de Luis Manuel Urbaneja Achelpohl; y El \u00faltimo Solar, de R\u00f3mulo Gallegos. <\/p>\n\n\n\n<p>El nuevo libro de N\u00fa\u00f1ez representa un avance muy reducido en comparaci\u00f3n a su primera novela, Sol interior. Se observa, a\u00fan, un inseguro manejo del trabajo creativo y, por el contrario, la obra se resiente de las constantes intervenciones del autor a trav\u00e9s de los personajes o en comentarios directos sobre diferentes circunstancias. La tem\u00e1tica s\u00ed var\u00eda, diametralmente, de lo que se hab\u00eda intentado en la anterior oportunidad. Ya en Sol interior se inclu\u00edan algunos comentarios de orden interpretativo hist\u00f3rico, y ahora el tema de la historia interpretativa  va a ser lo fundamental. Tomando un amplio per\u00edodo de nuestra historia republicana, N\u00fa\u00f1ez transita por diversos episodios de la Venezuela posterior a la Independencia y por intermedio de su personaje central, Miguel Franco, va reconstruyendo escenas, pensando alrededor de los sucesos que se produjeron, reflexionando sobre las consecuencias que esos sucesos ocasionaron, e interpretando las manifestaciones que derivaron de lo acontecido; es decir, tratando de obtener ense\u00f1anza de la historia para la explicaci\u00f3n y comprensi\u00f3n del presente. Desde este punto de vista esta novela tiene una gran importancia en el desarrollo de la actividad creadora literaria de Enrique Bernardo N\u00fa\u00f1ez, porque, si bien en forma algo incipiente y sin mayor profundidad, esta actitud que se inicia en Despu\u00e9s de Ayacucho, va a proyectarse y llegar\u00e1 a ser el valor esencial de las dos obras mayores del autor. Tanto Cubagua como La Galera de Tiberio deben considerarse como grandes recreaciones  hist\u00f3ricas en b\u00fasqueda de una explicaci\u00f3n que permita interpretar y comprender la realidad contempor\u00e1nea, cualquiera sea el momento cronol\u00f3gico en que se produzca.<\/p>\n\n\n\n<p>Con el personaje de Miguel Franco el autor recobra una de las m\u00e1s connotadas representaciones de la novel\u00edstica venezolana en su intento de interpretar algunas realidades del pa\u00eds. Son muchos los personajes que han elevado su nivel social amparados en las vicisitudes de las continuas guerras fratricidas y el ejemplo de Paulo Guarimba, c\u00e9lebre personaje de Urbaneja Achelphol en su novela \u00a1En este pa\u00eds!&#8230;, que se hab\u00eda venido produciendo en la novela nacional, N\u00fa\u00f1ez tambi\u00e9n lo utiliza. Es el hombre de presa que alcanza posiciones inesperadas tan s\u00f3lo en base al valor y la audacia. Es, a no dudarlo, un reconocimiento ante una verdad incontrastable, pero es, asimismo, la dolida angustia de la impotencia ante un hecho que ha llenado la historia patria de arribistas e inconfesados mediocres que debido a los azares de la guerra llegan a ocupar posiciones de esencial valor y desde ellas influir en los destinos del momento pol\u00edtico-hist\u00f3rico-social. N\u00fa\u00f1ez crey\u00f3 que el ejemplo deb\u00eda ser referido, y a trav\u00e9s de Miguel Franco analiza un largo espacio de la historia nacional. Creaci\u00f3n lograda en base a un concepto, Franco representa un modo real de novelar y responde a una idea de Enrique Bernardo N\u00fa\u00f1ez, expresada en su trabajo \u201cHistoriadores y novelistas\u201d, perteneciente al libro Bajo el sam\u00e1n, cuando afirma que \u201clas masas de lectores se interesan m\u00e1s por personajes sacados de la historia que por los de ficci\u00f3n, as\u00ed hayan salido de la vida real, que no de otra parte puede sacarlos el novelista\u201d.<\/p>\n\n\n\n<p>Como en el caso de su anterior novela, Sol interior, la cr\u00edtica fue bastante favorable con Despu\u00e9s de Ayacucho. En una serie de art\u00edculos publicados todos en el diario El Universal, donde N\u00fa\u00f1ez se desempe\u00f1aba como redactor, varios cr\u00edticos exponen sus opiniones. Una nota editorial califica a N\u00fa\u00f1ez como \u201c una de las mentalidades m\u00e1s fuertes de la nueva generaci\u00f3n literaria de Venezuela\u201d . Eso sucede el 24 de enero de 1921. Al d\u00eda siguiente otra nota manifiesta que la novela Despu\u00e9s de Ayacucho es un \u201cEstudio veraz de pret\u00e9ritos d\u00edas que tuvieron honda influencia en la evoluci\u00f3n pol\u00edtica y social de nuestro pa\u00eds\u201d. El 4 de febrero, Agust\u00edn Aveledo Urbaneja, en un ensayo sobre la literatura criollista, la define como \u201cun afortunado ensayo de criollismo\u201d; y ocho d\u00edas despu\u00e9s, el columnista Andr\u00e9s Pacheco Miranda establece las relaciones de la obra con la realidad de los sucesos, llegando a identificar a Miguel Franco con un verdadero Jos\u00e9 S\u00e1nchez, que ofrec\u00eda sus mismas caracter\u00edsticas, a\u00f1adiendo que la novela es \u201cuna lecci\u00f3n y una lecci\u00f3n real\u201d ; pero quiz\u00e1s el trabajo m\u00e1s importante sobre esta obra se deba a Juan Jos\u00e9 Churi\u00f3n, quien en un art\u00edculo titulado \u201cDespu\u00e9s de Ayacucho\u201d , publicado el 14 de febrero, analiza a profundidad el libro con un gran sentido cr\u00edtico valorativo que escapa al impresionismo de la lectura efectuada y ahonda en los logros conseguidos con la interpretaci\u00f3n que intenta el novelista.<\/p>\n\n\n\n<p>UNA AVENTURA MENOR <\/p>\n\n\n\n<p>En el diario caraque\u00f1o La Esfera, correspondiendo a los n\u00fameros 1.548 a 1.554 y en fechas que van desde el 28 de junio hasta el 4 de julio de 1931 aparece, en cuatro breves cap\u00edtulos, la novela corta, La Ninfa del Anauco, de Enrique Bernardo N\u00fa\u00f1ez. Tratando un asunto de poca importancia y sin ning\u00fan desarrollo tem\u00e1tico, da la impresi\u00f3n de que se tratara de algo que con posterioridad iba a ser retomado; pero ni aun as\u00ed es justificable, ni explicable dentro del contexto narrativo del autor.<\/p>\n\n\n\n<p><em>\u201cHay tanta distancia entre cualquier punto de la creaci\u00f3n novel\u00edstica de N\u00fa\u00f1ez y esta \u2018ins\u00f3lita\u2019 novela, que cualquier explicaci\u00f3n para justificar su existencia se derrumba ante la realidad de su negativa presencia. Nunca m\u00e1s habl\u00f3 de ella y cuando se le preguntaba d\u00f3nde se pod\u00eda localizar, pretend\u00eda no haber o\u00eddo. Si la hizo, alguna raz\u00f3n ha debido tener en su favor; si la ocult\u00f3, posiblemente estaba convencido de su negativo valor<\/em>\u201d<sup>4<\/sup>.<\/p>\n\n\n\n<p>CUBAGUA<\/p>\n\n\n\n<p>En el mismo a\u00f1o de 1931 Enrique Bernardo N\u00fa\u00f1ez se eleva, definitivamente, en el panorama de la novel\u00edstica, y, m\u00e1s a\u00fan, en el de la novel\u00edstica nacional. La contribuci\u00f3n de su libro, Cubagua, es suficiente para considerarlo como uno de los baluartes de la nueva creaci\u00f3n narrativa del pa\u00eds, sobre todo si se toma en cuenta que el poder insinuativo de esa obra trasciende su temporalidad, porque a cada momento adquiere nuevos contornos de majestuosidad y nuevos relieves de gran creaci\u00f3n literaria, capaz de soportar los embates del tiempo y de las nuevas proyecciones de la literatura.<\/p>\n\n\n\n<p>Entre los a\u00f1os 1920 y 1924, per\u00edodo de intensa actividad period\u00edstica del autor, los principales peri\u00f3dicos de la naci\u00f3n se nutren de sus art\u00edculos, y es la \u00e9poca, tambi\u00e9n, en que es solicitado por el entonces Presidente del Estado Nueva Esparta, el eximio escritor patrio Manuel D\u00edaz Rodr\u00edguez, para que N\u00fa\u00f1ez se traslade a la Isla de Margarita con el prop\u00f3sito de fundar un diario que se llam\u00f3 El Heraldo. La ocasi\u00f3n se le hace propicia para la reflexi\u00f3n hist\u00f3rica y para el manejo de documentos en la propia redacci\u00f3n del peri\u00f3dico, instalada en la capilla de una vieja iglesia franciscana. All\u00ed conoce y estudia afanosamente. <\/p>\n\n\n\n<p><em>\u201cla cr\u00f3nica de Fray Pedro de Aguado, hallada por azar entre los pocos libros del colegio de La Asunci\u00f3n, en la cual se narra la historia de Cubagua, nombres, personas, cosas, ruinas, soledades, ven\u00edan a ser como un eco del tiempo pasado. Aquellas im\u00e1genes acudieron luego a mi memoria, y \u00e9ste fue el origen de mi librito, simple relato donde s\u00ed hay, como en La Galera de Tiberio, elementos de ficci\u00f3n y realidad\u201d<\/em><sup>5<\/sup>.<\/p>\n\n\n\n<p>y obtiene los primeros materiales para la construcci\u00f3n de su obra. Desde entonces estuvo macerando un asunto que habr\u00eda de interesarle sobremanera, habida cuenta de las conexiones intelectuales que sol\u00eda efectuar entre los hechos sucedidos y su proyecci\u00f3n para la interpretaci\u00f3n y comprensi\u00f3n del presente, y hasta para la posible figuraci\u00f3n del futuro. A nuestro juicio en esta actitud, permanente y trascendente de Enrique Bernardo N\u00fa\u00f1ez, reside el inmenso valor de su obra novel\u00edstica; porque si bien en Cubagua esta preocupaci\u00f3n est\u00e1 plasmada en cada una de sus ideas, transform\u00e1ndola en una novela contentiva de una parcela de la realidad nacional, en La Galera de Tiberio el panorama se ampl\u00eda hacia una dolorosa panor\u00e1mica latinoamericana; dolorosa por lo que all\u00ed se plantea y por lo que all\u00ed se pronostica que habr\u00e1 de suceder, de acuerdo al an\u00e1lisis de los acontecimientos que ocurren y que se narran en la novela.<\/p>\n\n\n\n<p>Cubagua, como novela, va a ser el hilo inicial, urdido a conciencia y paciencia, de una permanente inquietud de su creador. A la sombra del contenido del libro, la historia diaria, la historia rutinaria, la historia personal, la historia de cada instante, la historia del peque\u00f1o incidente, se va a transformar en el germen constante de la historia grande, de la historia voluminosa, de la historia que se escribe como documento, de la historia que queda plasmada en los libros que recuerdan los sucesos del pasado, de la historia que se nutre de aqu\u00e9lla que convive en nosotros y que est\u00e1 hecha de nuestra presencia, pero que se diluye ante el torbellino de los acontecimientos y ante la importancia de hechos decisivos para un conglomerado o para una cultura o para una civilizaci\u00f3n; pero la historia menuda, la historia constante, la historia de todo momento, es la contentiva de los sumandos que habr\u00e1n de conformar la suma y darle la posibilidad al acontecimiento que se estudia y que se analiza como conjunto y como proyecci\u00f3n. Enrique Bernardo N\u00fa\u00f1ez procedi\u00f3, en sus dos grandes novelas, de manera particular, y en el caso concreto de Cubagua el ejemplo es convincente. El paralelismo hist\u00f3rico entre seres de dos temporalidades le sirve de referencia, de marco de proyecci\u00f3n, de ejemplo y de definici\u00f3n de un modo, personal, de juzgar el hecho hist\u00f3rico. Cubagua es, por eso, el relato de unos sucesos diarios y comunes, pero totalizados en una interpretaci\u00f3n de historia \u00edntima que trasciende y se convierte en reflexi\u00f3n interpretativa tras la cual el novelista y el historiador se unen y se manifiestan.<\/p>\n\n\n\n<p>En diversas oportunidades y por una extrema delicadeza de su parte, tuve ocasi\u00f3n de hablarle y acompa\u00f1arle en presencia. Cada vez hablamos de su novel\u00edstica y cada vez se mostraba m\u00e1s insatisfecho de no haber podido escribir \u201cla novela eterna\u201d, la que tocara la verdadera condici\u00f3n del hombre en sus m\u00e1s sencillas y elementales, pero tambi\u00e9n esenciales, caracter\u00edsticas. No estaba conforme con lo que hab\u00eda escrito y deseaba proyectarse en un sentido de compenetraci\u00f3n con esa esencia del ser humano que siempre persigui\u00f3 en sus manifestaciones escritas. <\/p>\n\n\n\n<p>\u201cTambi\u00e9n Cubagua fue un intento de liberaci\u00f3n. ( . . . ) Desear\u00eda escribir una nueva versi\u00f3n de Cubagua, de igual modo que a veces nos viene el deseo de hacer una nueva versi\u00f3n de la vida\u201d<sup>6<\/sup>.<\/p>\n\n\n\n<p>En tal sentido, y siempre cuidadoso de perfeccionar lo expresado, para tratar de darle nuevos alientos \u2014acordes con la contemporaneidad de su pensamiento\u2014, intent\u00f3 reformar algunas partes del texto original de su novela. En el art\u00edculo \u201cAlgo sobre Cubagua\u201d , que publicara en el diario El Nacional el 13 de diciembre de 1959, relata algunas de las intimidades de la creaci\u00f3n de Cubagua. Refiere que originalmente debi\u00f3 publicarse durante el a\u00f1o 1930, \u201c porque cada libro, al menos los de esta clase, tiene su a\u00f1o\u201d , pero que algunos inconvenientes mayores lo impidieron, haciendo alusi\u00f3n a que apenas circularon, en nuestro pa\u00eds, un peque\u00f1o n\u00famero de ejemplares \u2014sesenta en total\u2014 , siendo posible que el resto de la edici\u00f3n \u201c fuese incinerada por aquel tiempo en la Aduana\u201d.<\/p>\n\n\n\n<p>Refiere, igualmente, que en ocasi\u00f3n de planificarse una nueva edici\u00f3n de Cubagua para el II Festival del Libro Venezolano, preparada en Lima durante el a\u00f1o 1959, \u00e9l convino con los editores que la versi\u00f3n deb\u00eda ser la que hab\u00eda sido corregida y considerada como definitiva, pero que en una carta, fechada en la mencionada ciudad de Lima el 1\u201c de abril del a\u00f1o se\u00f1alado, se le comunicaba que la novela ya estaba impresa, agregando, resignadamente, que \u201cla hicieron tal como se hallaba en anteriores ediciones\u201d.<\/p>\n\n\n\n<p>No obstante las apreciables diferencias que pueden constatarse en los textos que existen sobre las correcciones efectuadas, la obra permanece casi inmutable en su esencia y en su intenci\u00f3n. Cubagua participa de muchas concepciones y es producto de la depuraci\u00f3n de muchas ideas que le imprimen una contextura de texto profundo que va mucho m\u00e1s all\u00e1 de lo que expresa, para llegar a los l\u00edmites de la insinuaci\u00f3n y del se\u00f1alamiento casi t\u00e1cito que hace el autor en favor de hondas y definitivas reflexiones, en temas que tratan de abarcar los m\u00e1s variados aspectos de las realidades diarias del \u00e1mbito hist\u00f3rico y pol\u00edtico y social que nos rodea y dentro del cual nos desenvolvemos. Cubagua puede ser desde el alerta permanente contra la imprevisi\u00f3n y el facilismo que permiten casos como el de Ant\u00f3n de Ja\u00e9n \u201cdue\u00f1o en Cubagua de un tonel de perlas, a quien se vio pedir limosna en Santo Domingo\u201d, que recoge el propio N\u00fa\u00f1ez en su Discurso de Incorporaci\u00f3n a la Academia de la Historia, pronunciado el 24 de junio de 1948, hasta el se\u00f1alamiento de la usurpaci\u00f3n legendaria de la tierra por fuerzas insaciables y de diferentes or\u00edgenes, representadas en personajes que como Stakelun y Leizeaga son manifestaciones de poderes y ambiciones irrefrenables.<\/p>\n\n\n\n<p>En esa variedad de impresiones que se insin\u00faan desde el texto de esta novela, tienen cabida, tambi\u00e9n, aqu\u00e9llas que corresponden a los propios personajes que la estructuran y que, en cierta forma, son voceros de los pensamientos del autor. La primera visi\u00f3n personal que se da de la isla en la novela, la expresa Fray Dionisio, quien con una absoluta carencia de emociones y manifest\u00e1ndose en un admirable sintetismo definitorio, la llama \u201cislilla triste\u201d, interpretando todo un contexto de a\u00f1oranzas y de decepciones que reflejan, en una opini\u00f3n, el panorama \u00edntimo y substancial de la tierra. El propio autor, en una descripci\u00f3n de la isla, que es asimismo la primera que aparece en el texto, la define como \u201c una isla decr\u00e9pita, de costas ro\u00eddas y aplaceradas\u201d, como tratando de integrar el paisaje natural a la tragedia de devastaci\u00f3n y abandono que signaron su desaparici\u00f3n. Pero al lado de esas manifestaciones ominosas, portadoras casi del mensaje de desolaci\u00f3n, auge, desenfreno, ca\u00edda y olvido de la tierra rodeada del mar generoso y vengativo, se levanta la realidad hist\u00f3rica que signific\u00f3 y que Enrique Bernardo N\u00fa\u00f1ez supo captar con tanto acierto para transferirla a sus propias reflexiones e interpretaciones y lograrla como un ejemplo evidente de la inexorabilidad de la historia. En este sentido Cubagua novela se opone a Cubagua isla, porque si la \u00faltima est\u00e1 referida en sus m\u00e1s inh\u00f3spitas condiciones existenciales, la primera, Cubagua novela<\/p>\n\n\n\n<p>\u201cnarra un cuento muy sencillo. Pocas palabras ser\u00edan necesarias para totalizar lo que el autor quiere contar. La forma como lo hace, los elementos que utiliza en esa narraci\u00f3n y el tratamiento po\u00e9tico, unidos a la sutileza y a la habilidad exhibida, son las circunstancias en que se basa la grandiosidad de esta \u2018peque\u00f1a obra\u2019 \u201d<sup>7<\/sup>.<\/p>\n\n\n\n<p>Cuando Enrique Bernardo N\u00fa\u00f1ez muri\u00f3, Lorenzo Batall\u00e1n escribi\u00f3 para El Nacional de Caracas, el d\u00eda 2 de octubre de 1964, un art\u00edculo titulado \u201cLa muerte escribi\u00f3 un signo en el tiempo\u201d, expresando una de las m\u00e1s claras definiciones que esta novela haya logrado de cr\u00edtico y lector alguno. All\u00ed dice Batall\u00e1n que la grandeza de Cubagua y de su autor hab\u00eda estado en \u201chacer de la nada un libro, crear del amor a una tradici\u00f3n una novela y encontrar el lenguaje de la evocaci\u00f3n para el relato apasionado\u201d.<\/p>\n\n\n\n<p>Cubagua novela y Cubagua isla se confunden en la intemporalidad que les ha conferido la expresividad del escritor. No existe un l\u00edmite que las diferencie, pero es casi imposible imaginar el l\u00edmite que las identifique, sin embargo son una sola y misma cosa en la magia creadora del novelista. Cubagua isla ha pasado a ser una irrealidad que aunque imposible de determinar, asir o fijar en un tiempo y en un lugar, evidencia una constante permanencia insinuada en su presencia m\u00e1gica y l\u00fadica, misteriosa y distante. Cubagua novela se interna en los laberintos de la irrealidad y hace de la temporalidad un fen\u00f3meno inexistente que s\u00f3lo sirve para repetir las cosas, los hechos, las personas y la inescrutable esencia del hombre de cualquier tiempo. Una y otra, indiferentemente que se acerquen o se alejen, est\u00e1n inundadas de la intemporalidad que las ilumina y les da consistencia de efecto m\u00e1gico. La lejan\u00eda de Cubagua isla, ahora s\u00f3lo existiendo en la realidad geogr\u00e1fica, no la imposibilita para que su lejan\u00eda hist\u00f3rica se haga cada vez m\u00e1s presente porque la Cubagua novela la ha hecho posible y factible para que prosiga en la<br>ense\u00f1anza de sus realidades eternas y se confunda, siempre, con la realidad diaria y se repita y nos envuelva en su misteriosa posesi\u00f3n evocativa.<\/p>\n\n\n\n<p>Quiz\u00e1s sea el tratamiento intemporal que se le da al tiempo, uno de los valores esenciales de esta novela. En efecto, los manejos temporales e intemporales que se manifiestan a trav\u00e9s del recorrido textual, hacen de Cubagua un ejemplo de ambig\u00fcedad intencionada donde es precisamente la indefinici\u00f3n lo que marca la pauta del misterio y de la realidad. Cubagua isla est\u00e1 y no existe, Cubagua novela se afirma en una irrealidad posible y factible. La confusi\u00f3n parece ser el instrumento para resolver el enigma que la historia le prov\u00e9e al autor para el planteamiento c\u00edclico que pretende al paralelizar los tiempos, los sucesos, los personajes y las consecuencias. El l\u00f3gico desenvolvimiento del tiempo no funciona en su devenir establecido y pasados son futuros, presentes son pasados y futuros se intercambian con temporalidades circunstanciales que se deslizan en una sola y \u00fanica esencia: el tiempo es el recipiente infinito donde el hombre act\u00faa; y el tiempo puede confundirse y labilizarse hasta la confusi\u00f3n, pero el hombre y sus acciones ser\u00e1n siempre los mismos y actuar\u00e1n dentro de los infinitos l\u00edmites que el tiempo le permite. Esta es la raz\u00f3n por la cual el novelista cambia constantemente los presentes, que ser\u00edan el elemento germinal de su narraci\u00f3n, y el tiempo pierde importancia como referencia para adquirirla como continente del hombre en una dimensi\u00f3n infinita. Cubagua novela establece, con certeza, algunos tiempos de acci\u00f3n y as\u00ed lo atestiguan los desarrollos de las acciones donde intervienen determinados personajes en determinados sucesos y en determinados y delimitados espacios temporales; pero cuando la novela establece la relaci\u00f3n existente entre las dos vertientes anecd\u00f3ticas, todos esos determinados se difuminan en un juego maravilloso y a veces incomprensible y dan paso a una indeterminada panor\u00e1mica de recuerdos, de suposiciones, de situaciones ambiguas, de insinuaciones veladas y, sobre todo, de confusiones intencionales que tienen por objeto la probatoria de la idea repetitiva de la acci\u00f3n del ser humano en su contexto existencial. <\/p>\n\n\n\n<p>En Cubagua el autor desarrolla un juego expresivo y anecd\u00f3tico donde se establece la conexi\u00f3n entre el tiempo y la realidad; pero, tambi\u00e9n, el autor se deleita haciendo intervenir los elementos necesarios para que esa relaci\u00f3n, que aparentemente es establecida, se entreteja sobre s\u00ed misma y se desdoble en facetas de nuevas e insinuativas posibilidades. Parecer\u00eda que Enrique Bernardo N\u00fa\u00f1ez m\u00e1s que una novela sobre un espacio f\u00edsico y un espacio temporal y un espacio humano, hubiera querido escribir una novela sobre la imposibilidad del tiempo, pero tambi\u00e9n sobre la posibilidad cierta de la reiteraci\u00f3n del ser humano. De esta manera es permisible determinar, en su justo contenido, la idea que anima a la duplicaci\u00f3n de un personaje clave en la dilucidaci\u00f3n del inter\u00e9s del autor: Fray Dionisio; eslab\u00f3n, justificaci\u00f3n, ejemplo y gu\u00eda para entender este complicado y m\u00e1gico texto que es Cubagua, recreado en fabulosas suposiciones y construido para la divagaci\u00f3n efectista. Fray Dionisio es la explicaci\u00f3n de la idea del autor. En un aparente y maravilloso inmovilismo \u2014aparente por lo que tiene de incomprensible\u2014, este personaje se establece como la significaci\u00f3n de la dualidad tiempo\/hombre y as\u00ed recorre la obra, que es como recorrer la idea del novelista, y se convierte en todas las significaciones que el autor quiso connotar con su texto. Cubagua novela es, por ello, la expresi\u00f3n de una idea del tiempo y del hombre, en funci\u00f3n proyectiva de una ense\u00f1anza y de un ejemplo del paralelismo de algunos hechos hist\u00f3ricos.<\/p>\n\n\n\n<p>Seg\u00fan los datos proporcionados por el mismo autor al fechar su novela, Cubagua ha debido ser escrita en dos momentos de creaci\u00f3n expresiva del novelista: la primera en la ciudad de La Habana, entre los meses de enero y abril de 1929, y la segunda en Panam\u00e1, desde marzo hasta julio de 1930. La publicaci\u00f3n, sin embargo es en 1931, a\u00f1o muy significativo para lo novel\u00edstica nacional. En efecto, adem\u00e1s de la aparici\u00f3n de la quinta novela del ilustre pol\u00edgrafo Rufino Blanco Fombona, tiulada La bella y la fiera, se produce la iniciaci\u00f3n novel\u00edstica de dos nombres que con el tiempo adquirieron merecida y justificada importancia. Mariano Pic\u00f3n Salas da a conocer su primera novela, Odisea de tierra firme, que subtitula \u201cVida, a\u00f1os y pasi\u00f3n del tr\u00f3pico\u201d. Arturo Uslar Pietri publica, tambi\u00e9n, su novela inicial, Las lanzas coloradas, que es considerada, junto a Cubagua, como dos de las mejores contribuciones que la novel\u00edstica venezolana ha aportado al contexto narrativo hispanoamericano.<\/p>\n\n\n\n<p>En una lectura lineal, lo narrado en Cubagua es bastante sencillo y carece de evidentes implicaciones tem\u00e1ticas. Visto desde el punto de interpretaci\u00f3n anecd\u00f3tica, el autor ha querido referir dos momentos temporales que, por diversas circunstancias, empalman las actuaciones de dos grupos humanos. El paralelismo hist\u00f3rico, el doble juego del tiempo y, a la vez la significaci\u00f3n de una intemporalidad que permite el mencionado empalme, y las derivaciones interpretativas que se generan de lo planteado, son los elementos que le dan valor trascendente a la novela y la hacen interesante desde un modo interpretativo complejo y profundo.<\/p>\n\n\n\n<p>Desde el punto de vista eminentemente literario, Cubagua es, igualmente, un libro lleno de logros, de consecuencias y de acertada conducci\u00f3n expresiva. El gigantesco paso dado entre las primeras novelas del autor y lo conseguido en su luminoso libro sobre la isla hist\u00f3rica, testimonia un arduo trabajo de confecci\u00f3n manifestativa, donde cada cosa est\u00e1 en su exacto lugar y donde la participaci\u00f3n del lector est\u00e1 dada, indiscutiblemente, por la captaci\u00f3n emotiva que el asunto despierta y por las infinitas insinuaciones que el texto genera, nutri\u00e9ndose de un inefable misterio y de un tenue sabor de fantasmagor\u00eda que contribuye a presentar y, tambi\u00e9n, a resolver la inasible ecuaci\u00f3n que se plantea entre el valor del tiempo y el valor del hombre. Justa raz\u00f3n tuvo el ya citado cr\u00edtico Lorenzo Batall\u00e1n cuando expres\u00f3 \u201cque la grandeza de Cubagua y de su autor hab\u00eda estado en hacer de la nada un libro\u201d; pero esa raz\u00f3n va m\u00e1s all\u00e1 de lo que en efecto propone. Cubagua est\u00e1 hecha de la nada, porque la nada es un elemento fenomenol\u00f3gico desde donde pueden surgir las m\u00e1s variadas y expectantes realidades; permitiendo la utilizaci\u00f3n de los tiempos para construir un tiempo novel\u00edstico de muy especial condici\u00f3n; facilitando que los hombres se dupliquen en los espacios indeterminados del tiempo y se paralelicen en sus acciones existenciales como probatoria de la eterna condici\u00f3n de ser; comprobando que la palabra es la m\u00e1s fabulosa creaci\u00f3n, porque encierra todos los contextos y es capaz de hacer todas las designaciones y multiplicarse en sentidos y en fabulaciones de juegos que esconden realidades y de realidades que significan ejemplos consuetudinarios porque est\u00e1n germinadas por el ancestro y por la repetici\u00f3n del hombre en el hombre. Y es, quiz\u00e1s, la palabra, el m\u00e1s eficaz elemento en las explicaciones que conlleva Cubagua. Desde el primer Enrique Bernardo N\u00fa\u00f1ez novelista, autor en 1918 y en 1920 de Sol interior y de Despu\u00e9s de Ayacucho, hasta el que publica, en 1931, la novela Cubagua, la palabra se ha engrandecido, no obstante haberse recogido sobre s\u00ed misma para buscarse y encontrarse como resplandeciente instrumento de comunicaci\u00f3n. La prosa acompa\u00f1a a la idea creativa: es tajante y adecuada al subyacente misterio que recorre la obra; y se hace esencialmente po\u00e9tica porque recibe la carga emotiva del autor y porque es la respuesta a una interacci\u00f3n entre lo que se ha pensado escribir y la emoci\u00f3n que se produce al encontrar lo que se ha querido escribir; y porque el libro est\u00e1 escrito de esa manera, es por lo que la constancia de los logros literarios va aparejada a la de las consecuciones desde el punto de vista hist\u00f3rico. En este sentido el cap\u00edtulo III, \u201cNueva C\u00e1diz\u201d, refleja una armoniosa combinaci\u00f3n de relato y descripci\u00f3n donde la historia real y documentada se engalana con las mejores palabras y con los mejores giros expresivos para equilibrar un conjunto sencillo, elegante y profundo: engastado en la mejor tradici\u00f3n del cronista y en la mejor posibilidad del narrador literario. El juego de sintetismo expresivo y las variantes insinuativas, son los dos elementos claves que sostienen el andamiaje estructural de esta magn\u00edfica novela. A tal punto se equilibran las acciones manifestativas, que dentro de un sobrio rigor anecd\u00f3tico se entrelazan los arabescos de un lenguaje puro, hermoso, pleno de profundidades connotativas y poderoso en la relaci\u00f3n escueta de hechos y de circunstancias. S\u00f3lo esta forma de manejo ling\u00fc\u00edstico hace permisible y factible la captaci\u00f3n de todos los juegos propuestos por el autor, donde mitos y leyendas y simbolog\u00edas van y vienen entre la ficci\u00f3n de la irrealidad y de la intemporalidad, y la certera realidad hist\u00f3rica de sucesos y de personas cronol\u00f3gicamente existentes y actuantes. Es como si una compleja concepci\u00f3n de lo hist\u00f3rico quisiera fundamentarse en la presencia permanente del hombre, con su carga de situaciones existenciales y su similitud a trav\u00e9s del devenir existencial, y la presencia l\u00e1bil y difuminada del espacio temporal: continente y proyectante del hombre que lo habita y que le da certidumbre de haber sucedido.<\/p>\n\n\n\n<p>En Cubagua se narran muy pocos hechos y un c\u00edrculo concatenante limita esas circunstancias anecd\u00f3ticas. Historias diarias y particulares que est\u00e1n dentro del contexto inexorable de ese c\u00edrculo y que por atracci\u00f3n o por rechazo van a constituirse en un sedimentado crisol de experiencias, de apetencias, de virtudes y defectos, de angustias, de sue\u00f1os y enso\u00f1aciones, de apetencias y de entregas, para hacer una historia y hacerla repetir cuando el tiempo se haya multiplicado y acaso no queden ni los recuerdos de lo sucedido ni de quienes protagonizaron lo sucedido. S\u00f3lo la historia, como un poder eterno y repetitivo, posibilita que ese hombre y sus circunstancias, se repita \u2014id\u00e9ntico\u2014 cuando el tiempo posibilite la repetici\u00f3n. As\u00ed, Cubagua novela es historia integral de la Cubagua isla, poblada entonces y despoblada hoy, pero espacio para la permanencia fugaz y para la analog\u00eda humana.<\/p>\n\n\n\n<p>Como interpretaci\u00f3n de acontecimientos, en Cubagua, la literatura se plena de historia; y \u00e9sta, severa, imperturbable, necesitada de testimonios y de probatorias, se ilumina en la concepci\u00f3n literaria que la reviste y la recrea y la hace d\u00f3cil y comprensible y la traduce en palabras sencillas, pero cargadas de un profundo contenido reflexivo que permite el ejemplo y la interpretaci\u00f3n para beneficio del conocimiento que debemos tener de la realidad eterna.<\/p>\n\n\n\n<p>Por variadas razones puede considerarse que la novela Cubagua representa la s\u00edntesis de una realidad. Extremando los recursos narrativos y ampli\u00e1ndolos con injerencias hist\u00f3ricas desde donde derivan importantes planteamientos y cuestionamientos, Enrique Bernardo N\u00fa\u00f1ez se intern\u00f3 en un campo poco explorado dentro de la novel\u00edstica nacional, para estructurar una obra donde por igual transcurre el inter\u00e9s literario puro como el inter\u00e9s historicista y el inter\u00e9s didasc\u00e1lico: ejemplificaci\u00f3n de sucesos que al paralelizarse, en el tiempo, constituyen un espejo reflejante de realidades espec\u00edficas y concretas, pero que pueden transformarse en ampliaciones proyectistas de circunstancias afines a la existencia del hombre y de las constantes y eternas preocupaciones de \u00e9ste. La importancia de la elaboraci\u00f3n est\u00e1 en el hecho de que, con muy buen aprovechamiento, el escritor escrut\u00f3 los m\u00e1s \u00edntimos detalles de personalidades y hechos, traduci\u00e9ndolos desde su inmediatez o de su pasajera significaci\u00f3n, hasta un punto donde por la representaci\u00f3n que adquieren, se convierten en hechos de historia verdadera, de historia que se proyecta para ense\u00f1anza y alerta. N\u00fa\u00f1ez, en Cubagua, trastoca esa inmediatez sempiterna y rutinaria en acontecimiento profundo y ejemplificador, superando la propia consistencia de personajes y sucesos en mensaje aleccionador y alertante. <\/p>\n\n\n\n<p>La base de esta acci\u00f3n est\u00e1 centrada en la actuaci\u00f3n de personajes que, por diversos y misteriosos motivos, se mueven en infinitas temporalidades y sirven de respuesta a las m\u00faltiples y casi angustiadas preguntas que a trav\u00e9s del texto se va haciendo el propio escritor. El trasunto de Leizeaga, como moderno representante de un estrato que va surgiendo y se va adue\u00f1ando del secreto de la realidad inmediata; personaje complejo como la \u00e9poca que lo produce y con una idea fija del aprovechamiento del progreso, enfrentando a una sombra indefinida como la que representa Fray Dionisio, especie de conciencia hist\u00f3rica que es la voz de represi\u00f3n, de reflexi\u00f3n y de ejemplo. Entronque con la lejan\u00eda y con la permanencia de la historia. Personaje de cada tiempo y significaci\u00f3n del valor de la temporalidad, a la vez que representante de la fluidez de ese mismo tiempo. Repetici\u00f3n sintom\u00e1tica de una actitud, y voz propia del autor para advertir y para se\u00f1alar. Ellos, acompa\u00f1ados por comparsas que vienen de los tiempos y se pierden en los tiempos; enfermedades b\u00edblicas, personajes ambiciosos, jugadores, aventureros, timadores, indios defensores del alma de la raza; conquistadores envilecidos, mujeres alegres, calamidades, sufrimientos, angustias al lado de la alegr\u00eda repentina \u2014por inestable\u2014, regocijo y preocupaci\u00f3n infinita, parecen ser algunos de los rumbos que delimitan las personalidades diversas de esta novela que se pierde entre los vericuetos de la narraci\u00f3n y de la historificaci\u00f3n y de la interpretaci\u00f3n reflexiva. Nila C\u00e1lice, bandera de todo el mestizaje que est\u00e1 constituido en la m\u00e1s absoluta libertad: consecuencia positivista de teor\u00edas educacionales del mejoramiento del esp\u00edritu; relaci\u00f3n prelativa de la posterior Remota Montiel que inspir\u00f3 en R\u00f3mulo Gallegos el desarrollo, una vez m\u00e1s, de las tesis deterministas que con tanto acierto manej\u00f3. Nila C\u00e1lice, representaci\u00f3n de una modernidad que viene del atavismo y que, necesariamente, debe ser continuaci\u00f3n, en una modernidad adaptada y alienada. Personajes, casi todos, que funcionan en bloques manifestativos, expresantes de ideas y de din\u00e1micas b\u00fasquedas conceptuales, para darle raz\u00f3n a su creador cuando se planteaba la posibilidad de una nueva versi\u00f3n de esta novela, \u201cde igual modo que a veces nos viene el deseo de hacer una nueva versi\u00f3n de la vida\u201d, seg\u00fan se\u00f1al\u00e1bamos anteriormente en este mismo estudio. Versiones de la vida como versiones de una novela: modificaciones, omisiones, a\u00f1adidos; trabajo continuo de reestructuraci\u00f3n al que era tan afecto el escritor y que lo llev\u00f3 a una visi\u00f3n perfeccionista que quiso reflejar en sus opiniones y, m\u00e1s a\u00fan, en las reflexiones que a diario expon\u00eda en sus art\u00edculos de prensa. <\/p>\n\n\n\n<p>Esta preocupaci\u00f3n por una nueva versi\u00f3n de su novela se refleja en la variaci\u00f3n, a veces substancial, de los textos diferentes a la primera edici\u00f3n. Cotejando el material expresivo es posible determinar cuatro tipos de diferencias en los mencionados textos: el af\u00e1n de a\u00f1adir en correcci\u00f3n formal para dar explicaciones de algunas actitudes inmediatas de los personajes: correcciones no significativas pero referentes y modernizantes de lo expresado. Correcciones propiamente dichas donde se cambia la idea de lo expuesto, pero donde se resguarda la tonalidad manifestativa que, en general, tiene la novela. As\u00ed es posible se\u00f1alar partes amplias donde el autor se percata de defectos visibles en la construcci\u00f3n o en la manifestaci\u00f3n literaria, y corrige, eliminando actitudes narrativas que casi conllevan a lo dram\u00e1tico y a lo rebuscado. Diferenciaci\u00f3n de textos que en la primera edici\u00f3n no aparecen, pero que, en sentido estricto, no cambian la panor\u00e1mica del libro, sino que lo estilizan y elegantizan y, como cosa inexplicable, omisi\u00f3n de textos de esencial significaci\u00f3n, no s\u00f3lo por lo que contienen, sino, principalmente, por lo que, en nueva versi\u00f3n, dejan de expresar. Quiz\u00e1s una de las mejores consecuciones de esta novela sea el momento final cuando Leizeaga se debe ir hacia las regiones del Orinoco; escena que dentro de una s\u00edntesis expresiva magistral, el autor concibi\u00f3 como premonitiva de la gran riqueza futura de la zona, y que en versiones posteriores es eliminada, priv\u00e1ndolas de la precoz interpretaci\u00f3n de una futura realidad.<\/p>\n\n\n\n<p>Si bien los asuntos tem\u00e1ticos no significan grandes implicaciones en la estructura de la novela Cubagua, aquellos que se refieren a las preocupaciones generales del autor s\u00ed representan un campo variado y de gran inter\u00e9s para el conocimiento, inclusive, del modo de pensar miscel\u00e1neo y universal de Enrique Bernardo N\u00fa\u00f1ez. Cubagua est\u00e1 llena de toda clase de implicaciones ideol\u00f3gicas y de toda clase de reflexiones sobre asuntos de diversa \u00edndole. Podr\u00eda decirse que sirvi\u00f3 al novelista para encajar muchas ideas permisibles dentro del contexto intemporal que funciona en el texto, densificando la intenci\u00f3n expresiva y d\u00e1ndole un toque inusitado, dentro de la novel\u00edstica nacional de la \u00e9poca. La novela que insiste en el an\u00e1lisis de cuestiones generales de inter\u00e9s universal, sin descuidar los asuntos inmediatos de la realidad del pa\u00eds, no se estilaba en Venezuela, o al menos no con la intensidad y la intenci\u00f3n reflejada en Cubagua. <\/p>\n\n\n\n<p>Estructurando un conjunto atractivo dentro de una concepci\u00f3n moderna de la narraci\u00f3n, N\u00fa\u00f1ez va tejiendo ideas alrededor de la trama que le sirve de base a su novela. Preocupaciones particulares que como hombre reflexivo proyecta a la universalidad de las circunstancias, pasando, realmente, revista a toda una gama de situaciones que permitidas dentro del conjunto arm\u00f3nico de lo literario e hist\u00f3rico, significan un aporte efectivo y trascendente no s\u00f3lo en el estudio del ideario del autor, sino, y con mucho acierto, dentro del orden de ideas que por entonces representaban alg\u00fan inter\u00e9s acorde en el \u00e1mbito del pensamiento.<\/p>\n\n\n\n<p>En diversas ocasiones, y siempre con vehemencia denunciativa, Enrique Bernardo N\u00fa\u00f1ez se manifest\u00f3 preocupado por el destino de la tierra, no consider\u00e1ndola como posesi\u00f3n esencial para el asentamiento y beneficio del hombre, sino, m\u00e1s bien, como s\u00edmbolo de la permanencia y de la pertenencia que el hombre hace del ambiente. La redenci\u00f3n de la tierra, redenci\u00f3n s\u00f3lo posibilitada por el trabajo, es tema consecuente en esta novela y en \u00e9l est\u00e1n impl\u00edcitos los desenvolvimientos de personajes tan importantes como Leizeaga y como Stakelun, representativos de fuerzas diferentes y antag\u00f3nicas, pero identifacadas en el inter\u00e9s final: la posesi\u00f3n por posesi\u00f3n; tesis que naufraga porque la intenci\u00f3n del autor es ejemplificar a trav\u00e9s de esa posesi\u00f3n de la tierra, y as\u00ed lo resuelve en la novela. Fray Dionisio, en conversaci\u00f3n intencionada con Leizeaga le recuerda la equivocaci\u00f3n que comete al dejarse deslumbrar por la riqueza f\u00e1cil, advirti\u00e9ndole, en la parte final del cap\u00edtulo II, que \u201c Todos buscan oro. (pero) Hay, sin embargo, una cosa que todos olvidan: el secreto de la tierra\u201d , con lo cual se establece como int\u00e9rprete de su creador, reflejando la importancia capital de un regreso al pensamiento coherente de lo inmediato y de lo seguramente productivo; oponi\u00e9ndolo al constante aniquilamiento que ejerce el hombre sobre la tierra, y al trabajo insistente de los saqueadores, acusados en la relaci\u00f3n que hace el escritor en su Discurso de Incorporaci\u00f3n a la Academia de la Historia, ya citado, cuando al relatar el caso de Ant\u00f3n de Ja\u00e9n, tambi\u00e9n ya mencionado, concluye expresando que \u201c Fue por lo com\u00fan la suerte de estos saqueadores de la tierra\u201d.<\/p>\n\n\n\n<p>Enjuiciando diversos aspectos de econom\u00eda social, N\u00fa\u00f1ez es una voz premonitiva, derivada de sus profundas reflexiones sobre la realidad. La visi\u00f3n que se da en Cubagua de la regi\u00f3n de Guayana y de su potencial de riqueza, es ejemplo defin\u00ed torio del pensamiento que lo animaba. Leizeaga, derrotado en su af\u00e1n de desmedida ambici\u00f3n por la riqueza f\u00e1cil, es ubicado, al final de la novela, en la tierra promisoria de Guayana, que no s\u00f3lo le proveer\u00e1 de sus infinitas posibilidades sino que le permitir\u00e1 desarrollar las que como hombre de acci\u00f3n ha manifestado a su paso por la obra.<\/p>\n\n\n\n<p>\u201cDesde Porlamar o desde cualquier sitio La Tirana, La Osa y El Faraute, partir\u00e1n llevando al Orinoco la esperanza de la tierra nueva. Leiziaga ser\u00e1 portador y recipiendario\u201d<sup>8<\/sup>.<\/p>\n\n\n\n<p>En el mismo orden de cosas, las ideas que se expresan en Cubagua consitituyen fundamentadas apreciaciones del escritor en diferentes direcciones, todas adaptadas al tratamiento anecd\u00f3tico que se hace, en ese momento, en el texto de la obra. De esa manera es posible conocer opiniones autorizadas y reflexiones sobre las relaciones Am\u00e9rica-Europa, reflejadas en la opini\u00f3n \u2014intencionada por parte del autor\u2014 de Stakelun al hacerlo decir que \u201cEuropa ha terminado\u201d y que nosotros estamos naciendo ahora; o en las reflexiones que se hace Leizeaga cuando piensa que \u201cTarde o temprano, el mundo viejo ir\u00eda desapareciendo, borr\u00e1ndose en Am\u00e9rica\u201d , incluidas ambas a mitad del texto del cap\u00edtulo I. Igualmente podemos enterarnos de la idea que animaba al autor con respecto al petr\u00f3leo, interesante planteamiento porque aqu\u00ed se ve considerado en su relaci\u00f3n hist\u00f3rica, enumerada en datos que significan, sin embargo, la visi\u00f3n proyectiva que sobre el asunto expres\u00f3 el escritor. Estas ideas principales, de las muchas que funcionan en la novela, se conjugan en una representativa de la actitud visionaria de un novelista que entrelaza sus pensamientos y sus interpretaciones con el devenir narrativo que le permite estas conjeturas. Am\u00e9rica joven, petr\u00f3leo como suceso hist\u00f3rico, aunados al inter\u00e9s y defensa del secreto de la tierra, confluyen en la idea del progreso que N\u00fa\u00f1ez predicaba como soluci\u00f3n de acercarse al mundo contempor\u00e1neo necesario para el pa\u00eds. <\/p>\n\n\n\n<p>Al lado de esas preocupaciones proyectivas de asuntos de inter\u00e9s vital para el desarrollo del pa\u00eds nacional, Enrique Bernardo N\u00fa\u00f1ez incluye, con justificada angustia, el problema de la raza, en todas sus derivaciones. Para \u00e9l la raza es la procedencia, lo aut\u00f3ctono, lo propio, lo que originalmente sirvi\u00f3 de semilla para el posterior mestizaje; pero tambi\u00e9n lo es la resultante de ese mismo proceso que produjo al nuevo tipo de adaptaci\u00f3n humana donde realmente se basamenta nuestra identidad. Al lado del pasado, del alma de la raza, que el autor resume en la primera descripci\u00f3n que hace de Nila C\u00e1lice, en los mismos comienzos del libro, cuando la llama \u201cbella y altiva, con una emoci\u00f3n de fuerza y los rasgos puros de una raza tal como debi\u00f3 ser antes de que el pasado les cayera en el alma\u201d, incluye la nostalgia de la propia alma perdida, como conclusi\u00f3n pesimista de todo lo que pudo provenir desde las fuentes primigenias de un mundo humano amplio, sencillo, caracter\u00edstico y pleno de los m\u00e1gicos poderes que la Naturaleza les confer\u00eda. Leyendas y certidumbres de Amalivaca; presencia concatenante de Vocchi en explicaci\u00f3n de proceso existencial de transferencia de cultura y de renovaci\u00f3n del esp\u00edritu; y nostalgia, tambi\u00e9n de todo el poder maravilloso de Erocomay<\/p>\n\n\n\n<p>\u201cPersonaje que penetra en el mito con objeto de materializarlo para el uso de la narraci\u00f3n, se mueve en un ambiente de consecuci\u00f3n po\u00e9tica que eleva la prosa hasta una tonalidad de intr\u00ednseca evocaci\u00f3n. Erocomay personaje se convierte en un grito de vida para los indios ante el recuerdo de que era bella y fuerte y reinaba entre las mujeres. ( . . . ) Erocomay se transforma en un s\u00edmbolo de vida, y en deseo nost\u00e1lgico del autor\u201d<sup>9<\/sup>.<\/p>\n\n\n\n<p>Cubagua novela presentiza, cada momento con mejor evidencia, la Cubagua isla que ha servido de ejemplo hist\u00f3rico para la reflexi\u00f3n del presente con la ense\u00f1anza del pasado, pero tambi\u00e9n presentiza el pensamiento vigente del escritor que fue visionario a trav\u00e9s de p\u00e1ginas maravillosas, plenas de la angustia vital de un hombre preocupado por el futuro de su tierra.<\/p>\n\n\n\n<p>LA GALERA DE TIBERIO (1938 y 1967) <\/p>\n\n\n\n<p>\u201cEsta novela de Enrique Bernardo N\u00fa\u00f1ez ( . . . ) , titulada La Galera de Tiberio, es una obra con historia. Es decir, que tiene un proceso largo y accidentado, lleno de una serie de circunstancias que la hacen m\u00e1s interesante. Bastar\u00eda con empezar informando que fue escrita en dos ciudades y en dos a\u00f1os: Panam\u00e1, 1931 y Barcelona de Venezuela, 1932; pero fue a editarse en B\u00e9lgica, en Bruselas, en el a\u00f1o 1938. Y, entonces, el p\u00fablico tampoco pudo conocerla, pues su autor decidi\u00f3 echar aquella edici\u00f3n al r\u00edo Hudson. S\u00f3lo reserv\u00f3 algunos poqu\u00edsimos ejemplares, sin duda con la intenci\u00f3n de volver a trabajar en ella, como realmente lo hizo a\u00f1os despu\u00e9s\u201d<sup>10<\/sup>.<\/p>\n\n\n\n<p>La estructuraci\u00f3n de una novela que conjugara lo literario con el manejo de un pensamiento hist\u00f3rico-filos\u00f3fico interpretante, por parte del autor, de realidades establecidas desde donde se pueden derivar ejemplificaciones y reflexiones explicativas, como es el caso de Cubagua, anim\u00f3 a Enrique Bernardo N\u00fa\u00f1ez a ampliar la visi\u00f3n en torno a problemas de inter\u00e9s general latinoamericano, pensando en la identidad de actitudes y pensando, asimismo, en la identidad de problemas y de situaciones an\u00e1logas en el contexto socio-hist\u00f3rico-pol\u00edtico de nuestros pa\u00edses. De esta \u00edndole, entre otras, puede considerarse el intencionado manejo tram\u00e1tico de La Galera de Tiberio; novela documento, novela testimonio, novela interpretaci\u00f3n y, sobre todo, novela premonitiva y novela relaci\u00f3n de hechos y de circunstancias significantes de realidades evidentes y prospectivas.<\/p>\n\n\n\n<p>La lectura de esta obra, en una ubicaci\u00f3n bilateral del tiempo y en seguimiento a esa bilateralidad que le confiere su fecha de publicaci\u00f3n inicial y su fecha de publicaci\u00f3n posterior, permite concebir \u2014como hubiera sido del gusto del escritor\u2014 una dualidad de conceptualizaciones al respecto de su interesante y trascendente contenido. Necesariamente un mismo lector, puesto en situaci\u00f3n de esa bilateralidad temporal, deber\u00eda enfrentar este texto novel\u00edstico con dos actitudes bien diferenciadas. Leyendo la obra en el momento cronol\u00f3gico de su aparici\u00f3n inicial, la reflexi\u00f3n debe estar basamentada en el reconocimiento expl\u00edcito a la capacidad del autor que plantea cuestiones de tanta profundidad y de futura resoluci\u00f3n, sustentadas, tan s\u00f3lo, en la experiencia reflexiva que trata de interpretar una realidad actuante, pero no clarificada.<\/p>\n\n\n\n<p>En este sentido, Enrique Bernardo N\u00fa\u00f1ez debe ser visto como el visionario interpretante de sucesos que necesariamente hab\u00edan de producirse, porque la din\u00e1mica geopol\u00edtica as\u00ed lo hace suponer. La Galera de Tiberio, para el afortunado lector de su primera publicaci\u00f3n, ha debido ser un texto c\u00famulo de sorprendentes revelaciones y de no menos sorprendentes planteamientos. En otro sentido, y ya cuando el tiempo permiti\u00f3 la edici\u00f3n que podr\u00eda llamarse definitiva, la novela representa otra cosa. El relato cronificado de unos acontecimientos y de las circunstancias y consecuencias que de ello derivaron. Cr\u00f3nica detallada de muchas situaciones y registro \u2014interpretativo\u2014 de la actuaci\u00f3n de muchos hombres y de los sucesos en los cuales tuvieron participaci\u00f3n.<\/p>\n\n\n\n<p>Interesante destino el de este libro que permite una doble, y doblemente acertada, visi\u00f3n de una misma realidad: la proyectiva y la cronificada. Si en Cubagua el escritor act\u00faa como un personaje espectador que reflexiona e interpreta sucesos pasados y los alinea con sucesos de una modernidad que \u00e9l puede testimoniar porque pertenece a ella, en La Galera de Tiberio el autor es personaje espectador y personaje efectivo de muchas de las peripecias que all\u00ed se narran. Esta nueva condici\u00f3n permite a Enrique Bernardo N\u00fa\u00f1ez una nueva posici\u00f3n, asimismo, ante su responsabilidad como escritor y como novelista.<\/p>\n\n\n\n<p>Existe una definida e intencionada ambig\u00fcedad en el texto de esta novela que hace pensar, tambi\u00e9n intencionadamente, que el escritor deseaba jugar con la mayor posibilidad de esa mencionada intenci\u00f3n en el sentido de una utilizaci\u00f3n libre de los asuntos a tratar, pero condicionados, en cierta forma, a un esquema establecido de sucesos cumplidos. En la edici\u00f3n belga y firmada como E.B.N., aparece una nota explicativa donde el lector es informado de algunos pormenores acerca del libro que va a leer. Es una especie de relaci\u00f3n que hace el novelista sobre su contacto y Xavier Silvela y, tambi\u00e9n, sobre el modo en que se convirti\u00f3 en propietario \u2014recipiendario m\u00e1s bien\u2014, de \u201c sus libros y papeles\u201d ; refiriendo c\u00f3mo<\/p>\n\n\n\n<p>Un d\u00eda me puse a examinarlos y hall\u00e9 el cuaderno que ahora publico y una copia en m\u00e1quina. Se trataba de un relato escrito en forma autobiogr\u00e1fica y titulado La Galera de Tiberio o Cr\u00f3nica del Canal de Panam\u00e1. ( . . . ) Un relato extra\u00f1o, un poco desordenado y escrito a ratos con bastante descuido y negligencia, mezcla de hechos fant\u00e1sticos y de otros m\u00e1s reales o menos incre\u00edbles, como dos mundos distintos y contra dictorios, o mejor dicho, como si en el fondo de todo aquello el uno apareciese deriv\u00e1ndose del otro. A pesar de sus defectos, me pareci\u00f3 digno de que alg\u00fan lector compartiese tales impresiones\u201d.<\/p>\n\n\n\n<p>y, a la vez, juzgando, acertadamente, el contenido esencial de la obra que hab\u00eda escrito. Destacan, entre estos datos suministrados, algunos que revisten excepcional importancia: los que hacen referencia a \u201cun relato escrito en forma autobiogr\u00e1fica\u201d , porque muchos de los datos identificadores de la personalidad de Xavier Silvela, coinciden, exactamente, con algunos de los datos identificadores de la existencia del novelista. El hecho de que las p\u00e1ginas \u201c Las escribi\u00f3 Xavier Silvela en los d\u00edas de 1930 y 31\u201d , que son fechas casi id\u00e9nticas a las que se se\u00f1alan al final de la novela. Es muy coincidente que para esa \u00e9poca tanto Silvela como el escritor contaran con la misma edad; el que se refiere a la similitud de estudios universitarios cursados; y el final que habla del abandono de esos estudios sin haberlos concluido. Datos y hechos que hacen pensar en una similitud, demasiado casual, entre el novelista y su personaje principal. Existe, adem\u00e1s, la manifestaci\u00f3n de la vida en el \u00e1mbito diplom\u00e1tico \u2014expresada en la novela\u2014 y el trabajo que, en ese sentido, desempe\u00f1\u00f3 Enrique Bernardo N\u00fa\u00f1ez en Panam\u00e1, para llegar a pensar que gran parte de lo relatado en esta novela procede de ese rubro autobiogr\u00e1fico que en forma tan sutil asoma el autor, pero que, igualmente, en forma tan definitiva desautoriz\u00f3 en su debida oportunidad. Se trata, a mi juicio, de una manejo propio que hacen algunos novelistas con sus propias experiencias vitales. No necesariamente un personaje est\u00e1 calcado en una presencia humana definida e identificable; puede, y lo est\u00e1 en la mayor\u00eda de los casos, confeccionado con el agregado de muchas experiencias, sin que ello determine, ni quiera decir, que no constituye un ejemplo singularizado de una representaci\u00f3n que ha querido dejar el novelista como testimonio de una interpretaci\u00f3n o de una caracterizaci\u00f3n.<\/p>\n\n\n\n<p>Bas\u00e1ndose en una fantas\u00eda, representada en la posesi\u00f3n de un anillo, N\u00fa\u00f1ez desarrolla una an\u00e9cdota m\u00faltiple con el fin, establecido, de pasar revista a una serie de acontecimientos producidos a ra\u00edz del desarrollo de unos sucesos de categor\u00eda mundial. Ese anillo, cuya posesi\u00f3n es s\u00edmbolo de poder\u00edo, y cuya presencia es la significaci\u00f3n del espacio temporal: pasado, presente y futuro, determina una esfera de poder que es proyectiva y se\u00f1ala el rumbo del tiempo en que act\u00faa. Ese anillo ha estado presente en los m\u00e1s relevantes acontecimientos del mundo y es utilizado, en la obra, como elemento que garantiza el misterio, la posibilidad y la proyecci\u00f3n de lo hist\u00f3rico para explicaci\u00f3n de sucesos de actualidad y de futura realizaci\u00f3n. En base a este elemento l\u00fadico, el autor se adelanta a su tiempo en las reflexiones que hace acerca de lo acontecido y de las conclusiones que se permite expresar como producto de su conocimiento del ser humano y de sus posibilidades dentro del contexto socio-pol\u00edtico-hist\u00f3rico en que se desenvuelve.<\/p>\n\n\n\n<p>La Galera de Tiberio es una novela concebida y escrita dentro de las caracter\u00edsticas que se le reconocen al realismo inmediato, cr\u00edtico, se\u00f1alativo, denunciativo e interpretativo de las realidades que en ella el novelista presenta. Cada uno de los bloques de intereses expresados, representa la visi\u00f3n y estudio de un grupo humano de singular importancia, destac\u00e1ndose, como voceros que traducen ios planteamientos b\u00e1sicos del autor, dos ideas conductoras: Xavier Silvela y Herr Camphausen, encargados, as\u00ed, de formalizar las cuestiones hist\u00f3ricas que son, en esencia, las que determinan el sost\u00e9n de todo lo narrado. Apoyado en esa actuaci\u00f3n manifestativa de realismo, el autor logra conciliar las diferentes vertientes que confluyen en el texto y logra, asimismo, llegar a las conclusiones que surgen de la reflexi\u00f3n originada en la consideraci\u00f3n y an\u00e1lisis de los importantes problemas que plantea la obra. S\u00f3lo en funci\u00f3n de ese realismo primitivo, si puede llamarse as\u00ed, para implicar la inmediatez y sencillez de su expresi\u00f3n, Enrique Bernardo N\u00fa\u00f1ez puede presentar tantas y tan variadas cuestiones, resultantes de la actuaci\u00f3n de seres humanos en conflicto con el medio, con sus semejantes y con las realidades que los contienen. Los personajes de ficci\u00f3n, as\u00ed como los personajes hist\u00f3ricos, est\u00e1n vistos tal como son, sin a\u00f1adiduras literarias y sin artificios que puedan distorsionar la imagen que realmente representan. Cada ser humano est\u00e1 analizado en su exacto contenido y es requerido en todas sus manifestaciones, extra\u00eddo de su propio contexto y se\u00f1alado, espec\u00edficamente, en la medida en que la novela lo necesita para explicar sucesos y circunstancias. El paisaje, de igual manera, est\u00e1 tratado con una singular exactitud. Las diferentes visiones que se dan de la ciudad de Panam\u00e1 est\u00e1n enmarcadas en una rigidez de cr\u00f3nica referente, matizada tan s\u00f3lo con alg\u00fan rasgo de emoci\u00f3n que la literaturiza sin despojarla de su sentido descriptivo. Esa manera directa de enfocar las cosas se ve interrumpida con algunas interpolaciones que le confieren al libro un toque de novedad por la sugerencia que sus temas despiertan en el lector, sobre todo si se toma en cuenta la \u00e9poca inicial de publicaci\u00f3n de esta obra. La utilizaci\u00f3n de ciertas noticias, fechadas e identificadas como provenientes de fuentes conocidas, orientan la resoluci\u00f3n de la trama y le sirven de ubicaci\u00f3n espacio\/temporal.<\/p>\n\n\n\n<p>Adem\u00e1s del contenido historicista de esta novela, que es el principal ingrediente de todos los que la constituyen y el que le confiere mayor validez, La Galera de Tiberio es obra de afortunadas consecuciones literarias. Ya el novelista estaba en plena madurez y su capacidad reflexiva lo induc\u00eda a profundos soliloquios que habr\u00edan de resolverse en textos novel\u00edsticos. Todas las caracter\u00edsticas del oficio de escritor logrado por N\u00fa\u00f1ez se encuentran incluidas en esta nueva incursi\u00f3n en que la narrativa y su texto contiene, en forma evidente, todas esas manifestaciones, decantadas y acrisoladas. Narraci\u00f3n casi esquem\u00e1tica que se apoya en pilares fundamentales y se desliza en un constante di\u00e1logo entre la posici\u00f3n del creador, siempre pol\u00e9mica y combativa, y la presencia de cada uno de los temas que hilvanan, al final, un gran mural de proposiciones y de conclusiones provenientes del largo discurrir con la conciencia hist\u00f3rica, a\u00f1adiendo el intencionado cariz didasc\u00e0lico, caracter\u00edstico del escritor. Juego de presentaciones y de ejemplificaciones que tanto acostumbraba el novelista, colmado de juegos de temporalidades como testigos de los sucesos y corno explicaci\u00f3n de la presencia permanente e inmutable del ser humano. Proposici\u00f3n semejante a la planteada en Cubagua novela, pero esta vez extra\u00edda de una realidad m\u00e1s generalizante de nuestra identidad latinoamericana.<\/p>\n\n\n\n<p>Una de las grandes consecuciones de esta novela se evidencia en la utilizaci\u00f3n de grandes ejes anal\u00f3gicos que permiten derivar un asunto de otro, encaden\u00e1ndolos de tal manera que al irse desenvolviendo van estructurando el asunto general, que es la suma de cada uno de los asuntos que en su debida oportunidad han sido esenciales en el sentido anecd\u00f3tico. De esta manera Enrique Bernardo N\u00fa\u00f1ez puede manejar diversas situaciones y hacer \u2014lo que era tan de su gusto y tan caracter\u00edstico de su mejor novel\u00edstica\u2014 los diferentes planteamientos, justificaci\u00f3n casi de su quehacer narrativo.<\/p>\n\n\n\n<p>Aprovechando las posibilidades de la trama, el autor plantea, para analizar y reflexionar al respecto, muchas de sus preocupaciones existenciales; sencillas casi todas, pero plenas de algo que en una oportunidad consider\u00f3 como \u201clas cosas eternas de la vida, que (\u00e9l) quisiera utilizar para escribir la novela eterna\u201d. La Galera de Tiberio, por los temas que maneja, est\u00e1 saturada de teorizaciones. Apoy\u00e1ndose en algunos personajes, voces singularizadas del escritor, o en situaciones que intencionadamente presenta, o en simbolog\u00edas y mitos, N\u00fa\u00f1ez repasa una amplia e importante gama de planteamientos c\u00f3nsonos con la materia que est\u00e1 tratando en su libro. La relaci\u00f3n de la vida con la historia, basada en la inmutabilidad del hombre como existencia opuesta al cambio esencial que puede modificarlo y hacerlo diferente, avalada por los infinitos a\u00f1os de la vida y por los infinitos ejemplos de la historia, le sirven de punto de partida para la mayor\u00eda de sus cuestionmientos. Una lucha incruenta pero sostenida y sordamente librada, trata de apartar al hombre de su destino espiritual para envolverlo en las maquinaciones de las cosas materiales y perderlo por el facilismo y por el comportamiento deshumanizado: poderes transitorios, auges deslumbrantes, imperios inconcebibles, grandeza sin solidez, son puestas al tapete de la reflexi\u00f3n que el autor resuelve en uno de sus m\u00e1s afortunados ejes anal\u00f3gicos contrarios: la existencia eterna de las pir\u00e1mides y el auge incierto del Canal de Panam\u00e1, o la comparaci\u00f3n efectista y luminosa del poder transitorio de los modernos aviones contra la fragilidad eterna y hermosa de una fugaz mariposa. Al estilo de lo referido se desarrollan las grandes preocupaciones que angustiaban al escritor, que se aferraba, por convicci\u00f3n conciencial, a la idea de lo eterno, y lo eterno para \u00e9l estaba en la condici\u00f3n del hombre en estado de valor intr\u00ednseco. All\u00ed residir\u00eda la gran verdad y la \u00fanica forma de oposici\u00f3n a la inestabilidad, inasibilidad e impredicibilidad de la vida. Comienzo y fin son los l\u00edmites del hombre y esa certidumbre nostalgiza nuestro entendimiento y nos hace buscar el acercamiento humano como soluci\u00f3n permanente del tr\u00e1nsito existencial.<\/p>\n\n\n\n<p>Pero el hombre es debate y pol\u00e9mica y b\u00fasqueda e insatisfacci\u00f3n y el siglo en que vivimos es propicio para la lucha y para la imposici\u00f3n por medios diversos. El hombre se inmerge en el torbellino que le impone la \u00e9poca y olvida la tradici\u00f3n y el pasado constructivo; olvida las viejas culturas que han sido ense\u00f1anza y ejemplo permanente; olvida su condici\u00f3n fraterna y comunitaria y se deslumbra por los avances, cada vez m\u00e1s prodigiosos, del progreso; de las nuevas ideas econ\u00f3micas y de la tecnolog\u00eda que trata de reemplazarlo. Otro eje anal\u00f3gico, tambi\u00e9n contrario, concluye esta serie de reflexiones y el hombre se conecta con la idea de Am\u00e9rica como posibilidad, y todos los razonamientos que se han hecho en base al hombre sirven para explicar la confusi\u00f3n americana y la inquietante b\u00fasqueda de su identidad y de su definitivo destino. <\/p>\n\n\n\n<p>Casi al comienzo de la novela, cuando se est\u00e1 describiendo la ruta del Canal, el autor incluye una reflexi\u00f3n, dolorosa y tr\u00e1gica, cuando comenta que \u201cPara el hombre del norte, el tr\u00f3pico es un animal  rebelde al cual es preciso ense\u00f1ar h\u00e1bitos disciplinados\u201d ; y a comienzos del cap\u00edtulo III, el personaje Revilla, viendo la variedad humana que transita por la ciudad de Panam\u00e1, piensa acerca \u201cde la humanidad que iba a nacer de aquella mezcla\u201d. Es la confluencia del mestizaje en toda su expecteante realidad. Es el sedimento humano y es, tambi\u00e9n, la posible esperanza de una tierra nueva. Todo esto le permite al novelista desarrollar una teor\u00eda sobre nuestro continente geogr\u00e1fico y humano. Al igual que R\u00f3mulo Gallegos, N\u00fa\u00f1ez le concede primera importancia a la proveniencia asi\u00e1tica del hombre americano. Sin emitir los conceptos discriminatorios que nuestro gran novelista incluye \u2014aunque muy someramente\u2014 en el cap\u00edtulo inicial de Do\u00f1a B\u00e1rbara, N\u00fa\u00f1ez habla de que \u201cAm\u00e9rica desea el Asia. En el fondo del alma de Am\u00e9rica, Asia se mira y sonr\u00ede\u201d (p. 72); y esta apreciaci\u00f3n, impregnada de un visible determinismo, le da pie para emprender el desarrollo de su amplia reflexi\u00f3n.<\/p>\n\n\n\n<p>Am\u00e9rica est\u00e1 confundida y una evidente ineptitud se manifiesta en muchas de sus caracter\u00edsticas; resolviendo el t\u00e9rmino Am\u00e9rica en un eje anal\u00f3gico que es el hombre americano. El personaje Luis Argote se convierte en la voz y en las palabras que muchos de nuestros grandes hombres han expresado para alertar y prevenir acerca de la identidad americana<\/p>\n\n\n\n<p>\u201cCompa\u00f1eros y hermanos en sufrimiento: nosotros somos una fuerza dispersa y se nos mantiene divididos para sujetarnos mejor. Si estuvi\u00e9ramos unidos podr\u00edamos luchar en iguales condiciones con la iniquidad y la injusticia. Nosotros, hombres americanos de esta o aquella regi\u00f3n, somos una misma cosa\u201d  (p. 174).<\/p>\n\n\n\n<p>y de ello deriva el autor un comentario mordaz cuando al hablar sobre los \u201c emigrados de distintos pa\u00edses de Am\u00e9rica\u201d , se refiere a estos \u00faltimos como \u201c provincias todas de un mismo imperio\u201d (p. 109); totalizando, en un p\u00e1rrafo magistral, la idea que pesimistamente le merece la realidad. Hablando de los gobiernos latinoamericanos, dice: <\/p>\n\n\n\n<p>\u201cEn Sur Am\u00e9rica, por ejemplo, apenas se les permite nombrar ministros plenipotenciarios, declarar los d\u00edas de fiesta y de duelo y hasta llevar a cabo una revoluci\u00f3n para reemplazar unos bur\u00f3cratas con otros\u201d  (p. 53).<\/p>\n\n\n\n<p>Analizando estas cuestiones, que tanto le preocupan, dirige las reflexiones hacia su patria Venezuela. Juzga los acontecimientos acaecidos el a\u00f1o 1928 y hace alusiones al r\u00e9gimen del General Juan Vicente G\u00f3mez como inicio de algunas consideraciones que habr\u00e1n de llevarlo a plantear sus teor\u00edas acerca del policaudillismo venezolano que impidi\u00f3 cualquier acci\u00f3n revolucionaria positiva. En este sentido N\u00fa\u00f1ez defiende la misma tesis que propugn\u00f3 Jos\u00e9 Rafael Pocaterra en su famosa obra Memorias de un venezolano de la decadencia; pero N\u00fa\u00f1ez, en esta novela La Galera de Tiberio va m\u00e1s all\u00e1: habla y critica la influencia depredatoria del caudillismo como salida personalista. Coincidiendo con aquella gran tesis de Gonzalo Pic\u00f3n Febres, expresada en su novela El sargento Felipe, increpa contra las guerras fratricidas como culpables del desmoronamiento de la tierra y del hombre venezolano. Cuando habla del problema de la despoblaci\u00f3n, se suma a la tesis positivista defendida por tambi\u00e9n novelistas venezolanos del siglo XIX como Manuel Vicente Romerogarc\u00eda y Rafael Cabrera Malo en sus novelas Peon\u00eda y Mim\u00ed, quienes advert\u00edan sobre la necesidad urgente de una inmigraci\u00f3n selectiva y de un poblamiento dirigido. <\/p>\n\n\n\n<p>La intervenci\u00f3n del autor en su obra es algo inherente al modo expresivo de Enrique Bernardo N\u00fa\u00f1ez. En Cubagua se percibe a trav\u00e9s de las m\u00faltiples insinuaciones que se hacen al respecto, y es permisible cuestionar si los personajes no son otra cosa que la manipulaci\u00f3n intencionada del autor en favor de sus planteamientos. Sin embargo la sutileza y el modo mismo de las intervenciones se diluye en una sobrecarga efectista del tono de esos personajes cuando son manifestaciones de lo que quiere decir su creador. En La Galera de Tiberio la situaci\u00f3n no es diferente, aunque var\u00eda en matices. Cubagua es una novela de ejemplificaci\u00f3n con la historia; La Galera de Tiberio lo es, pero de una historia inmediata y no de un paralelismo hist\u00f3rico; y es esa inmediatez la que permite que el autor se identifique, en muchas ocasiones, con los planteamientos y las circunstancias que la novela revela. Aunque descartando la similitud autobiogr\u00e1fica que se le se\u00f1ala, no hay duda de que gran parte de las experiencias vitales del escritor se ven retratadas en estas p\u00e1ginas; y no lo es menos el hecho de que gran parte de su actividad cotidiana est\u00e1 reflejada en la an\u00e9cdota de esta novela. La actitud cr\u00edtica que se ejerce a lo largo de las p\u00e1ginas de este libro parece confirmar la actitud cr\u00edtica permanente que su autor ejerc\u00eda; las variadas concepciones acerca de diferentes t\u00f3picos no son m\u00e1s que prolongaciones de t\u00f3picos que siempre estuvo develando para muestra o para ejemplo ante sus lectores; las constantes formas de recordar el pasado \u2014que tanto atra\u00eda al escritor\u2014, son tambi\u00e9n elementos identificadores de la presencia viva del novelista en su novela; y, m\u00e1s que todo lo son, aqu\u00e9llas que lo sit\u00faan directamente en el texto. <\/p>\n\n\n\n<p>N\u00fa\u00f1ez se deja ver al trav\u00e9s de un personaje o haci\u00e9ndose presente por intermedio de alguna insinuaci\u00f3n o, en forma de an\u00e1lisis y cr\u00edtica de las personalidades, cuando define \u2014con un toque de magistral conocimiento del ser humano\u2014 , las caracter\u00edsticas que los constituyen. As\u00ed, est\u00e1 presente en el juicio que hace contra tiranos como Ch\u00eda y Manjaloto; lo est\u00e1 cuando habla de periodistas venales como Carlos Bache; asimismo, al enjuiciar la vida disipada de diplom\u00e1ticos como Castrebil y Reveur. Opina en forma tajante contra los dudosos valores morales de personajes como Bergamota, o de hombres sin escr\u00fapulos ni moral como Paco de Laredo. Objeta las acciones de aventurerismo de Luis Argote y de Cayetano Robles, al tiempo que elogia y dignifica la actitud ilusoria de F\u00e9lix Palma. Establece una especie de conceptualizaci\u00f3n generalizante cuando describe a Miss Alice Ayres, recubri\u00e9ndola de las m\u00e1s diversas y contradictorias condiciones que pueden ir desde el aventurerismo, lo misterioso, el desde\u00f1oso desparpajo, hasta su presencia de conquistadora y de mujer de activa modernidad. Tambi\u00e9n est\u00e1 presente en todo el apasionamiento humano que revela Xavier Silvela y en la simbolog\u00eda que representa, para la totalidad de la obra, la presencia del personaje Revilla. Pero tambi\u00e9n lo est\u00e1 en las apreciaciones de historia inmediata venezolana que presenta y trata de interpretar en su obra. Juicios contra el aventurerismo de los caudillos venezolanos. Juicios c\u00e1usticos contra los falsos revolucionarios y contra los falsos desterrados, a quienes califica como \u201cdesterrados de s\u00ed mismos\u201d (p. 85), y que identifica en su personaje Jaime Lobo. La vida disoluta e improductiva de los diplom\u00e1ticos le merece especial y mordaz consideraci\u00f3n, y la relata con una vivencia que certifica su presencia enjuiciativa y cr\u00edtica.<\/p>\n\n\n\n<p>Pero donde posiblemente se encuentra la mejor huella del autor en esta su obra, es cuando la estructura en base a su concepci\u00f3n de la historia. Desde la historia \u00edntima y cotidiana que comenz\u00f3 a manejar en la novela Despu\u00e9s de Ayacucho, y que elev\u00f3 a l\u00edmites extraordinarios en Cubagua, ha habido una afirmaci\u00f3n del concepto. Esa historia \u00edntima y menuda, constituyente de la gran historia y de la historia que trasciende, permite la elaboraci\u00f3n de una an\u00e9cdota donde la suma de las circunstancias va a conformar este amplio cuadro de interpretaci\u00f3n hist\u00f3rica que es La Galera de Tiberio; y es aqu\u00ed donde vemos la diferencia esencial con Cubagua. Esta es el intento, luminoso, de reflexionar sobre la historia para obtener un ejemplo y una ense\u00f1anza. La Galera de Tiberio es la profundizaci\u00f3n de una interpretaci\u00f3n hist\u00f3rica en base a hechos y sucesos que comprometieron una parte de la realidad de Am\u00e9rica; y Enrique Bernardo N\u00fa\u00f1ez, al intentarla, en forma de novela, se nutre de sus propias teor\u00edas y de sus propias concepciones, presentando una base real de acontecimientos, tratando la historia desde un punto de vista que la hace grande y decididora; no olvid\u00e1ndose de los permanentes misterios que la misma historia presenta, ni de las posibilidades te\u00f3ricas que permite; pensando en que la historia es, a veces, repetici\u00f3n, porque es referencia del hombre y el hombre parece ser inmutable. Pasados que regresan y constituyen presentes y se proyectan en posibles futuros: historia din\u00e1mica, divulgativa, interpretativa y, muy por encima de todo, constructiva en actitud de una nueva mentalidad capaz de hacer derivar las constantes ense\u00f1anzas que proyecta desde los sucesos que la generan. <\/p>\n\n\n\n<p>NOTAS<\/p>\n\n\n\n<p>1 VELASQUEZ, Ram\u00f3n J. Discurso pronunciado el 2 de octubre de 1965.<\/p>\n\n\n\n<p>2 LARRAZABAL HENRIQUEZ, Osvaldo. Enrique Bernardo N\u00fa\u00f1ez, p. 9.<\/p>\n\n\n\n<p>3 ANDERSON IMBERT, Enrique. Historia de la literatura hispanoamericana. Tomo I, p. 387.<\/p>\n\n\n\n<p>4 LARRAZABAL HENRIQUEZ, Osvaldo. Obra citada, p. 27.<\/p>\n\n\n\n<p>5 NU\u00d1EZ, Enrique Bernardo. \u201cAlgo sobre Cubagua\u201d. El Nacional. Caracas, 13 de diciembre de 1959.<\/p>\n\n\n\n<p>6 NU\u00d1EZ, Enrique Bernardo. Obra citada.<\/p>\n\n\n\n<p>7 LARRAZABAL HENRIQUEZ, Osvaldo. Ibidem, pp. 29-30.<\/p>\n\n\n\n<p>8 LARRAZABAL HENRIQUEZ, Osvaldo. Ibidem, p. 67.<\/p>\n\n\n\n<p>9 LARRAZABAL HENRIQUEZ, Osvaldo. Ibidem, p. 37.<\/p>\n\n\n\n<p>10 ORIHUELA, Augusto Germ\u00e1n. Pr\u00f3logo a La Galera de Tiberio.<\/p>\n","protected":false},"excerpt":{"rendered":"<p>Osvaldo Larraz\u00e1bal Henr\u00edquez Enrique Bernardo N\u00fa\u00f1ez, uno de los m\u00e1s importantes creadores literarios que ha habido en nuestro pa\u00eds, naci\u00f3 en Valencia el 20 de mayo de 1895 y muri\u00f3 en Caracas el 1\u00b0 de octubre de 1964. \u201c Fue un hombre sencillo, con la sencillez de lo complejo\u201d1 y \u201cA trav\u00e9s de su vida [&hellip;]<\/p>\n","protected":false},"author":6,"featured_media":13502,"comment_status":"open","ping_status":"","sticky":false,"template":"","format":"standard","meta":{"_monsterinsights_skip_tracking":false,"_monsterinsights_sitenote_active":false,"_monsterinsights_sitenote_note":"","_monsterinsights_sitenote_category":0,"footnotes":""},"categories":[14],"tags":[],"_links":{"self":[{"href":"https:\/\/eldienteroto.org\/wp49\/wp-json\/wp\/v2\/posts\/16170"}],"collection":[{"href":"https:\/\/eldienteroto.org\/wp49\/wp-json\/wp\/v2\/posts"}],"about":[{"href":"https:\/\/eldienteroto.org\/wp49\/wp-json\/wp\/v2\/types\/post"}],"author":[{"embeddable":true,"href":"https:\/\/eldienteroto.org\/wp49\/wp-json\/wp\/v2\/users\/6"}],"replies":[{"embeddable":true,"href":"https:\/\/eldienteroto.org\/wp49\/wp-json\/wp\/v2\/comments?post=16170"}],"version-history":[{"count":5,"href":"https:\/\/eldienteroto.org\/wp49\/wp-json\/wp\/v2\/posts\/16170\/revisions"}],"predecessor-version":[{"id":16224,"href":"https:\/\/eldienteroto.org\/wp49\/wp-json\/wp\/v2\/posts\/16170\/revisions\/16224"}],"wp:featuredmedia":[{"embeddable":true,"href":"https:\/\/eldienteroto.org\/wp49\/wp-json\/wp\/v2\/media\/13502"}],"wp:attachment":[{"href":"https:\/\/eldienteroto.org\/wp49\/wp-json\/wp\/v2\/media?parent=16170"}],"wp:term":[{"taxonomy":"category","embeddable":true,"href":"https:\/\/eldienteroto.org\/wp49\/wp-json\/wp\/v2\/categories?post=16170"},{"taxonomy":"post_tag","embeddable":true,"href":"https:\/\/eldienteroto.org\/wp49\/wp-json\/wp\/v2\/tags?post=16170"}],"curies":[{"name":"wp","href":"https:\/\/api.w.org\/{rel}","templated":true}]}}