{"id":16115,"date":"2025-05-13T16:12:13","date_gmt":"2025-05-13T20:42:13","guid":{"rendered":"https:\/\/eldienteroto.org\/wp49\/?p=16115"},"modified":"2025-05-13T16:12:13","modified_gmt":"2025-05-13T20:42:13","slug":"el-arte-de-contar-de-teresa-de-la-parra","status":"publish","type":"post","link":"https:\/\/eldienteroto.org\/wp49\/el-arte-de-contar-de-teresa-de-la-parra\/","title":{"rendered":"El arte de contar de Teresa de la Parra"},"content":{"rendered":"\n<h4 class=\"wp-block-heading has-text-align-right\">Velia Bosch<\/h4>\n\n\n\n<p>I<\/p>\n\n\n\n<p>Si bien no es Teresa de la Parra nuestra primera novelista, en sentido estrictamente cronol\u00f3gico, lo es s\u00ed en cuanto a trascendencia continental y universal y en cuanto a integrar el tr\u00edptico de narradores de una \u00e9poca venezolana signada por la esperanza, la utop\u00eda y la frustraci\u00f3n. Mariano Pic\u00f3n Salas, en uno de sus magistrales pr\u00f3logos es quien nos precisa el panorama: \u201cDespu\u00e9s vendr\u00e1 \u2014cuando ya el siglo XX vive su tormentosa adolescencia y con la Primera Guerra Mundial se desvanece el hedonismo y los ornamentos de la belle \u00e9poque, otra generaci\u00f3n que separada entre s\u00ed por pocos a\u00f1os, presenta tres maestros del arte de contar: R\u00f3mulo Gallegos, Jos\u00e9 Rafael Pocaterra y Teresa de la Parra. Suma de la m\u00e1s diversa y rica venezolanidad ser\u00e1n \u2014mientras dure nuestro pa\u00eds\u2014 Do\u00f1a B\u00e1rbara, Canaima y Cantaclaro; Las Memorias<br>de un venezolano de la Decadencia y los Cuentos grotescos; Ifigenia y Las Memorias de Mam\u00e1 Blanca. \u00a1Cu\u00e1ntas y varias l\u00edneas de car\u00e1cter nacional, se disparan desde la fuerte objetividad de Gallegos, de su pupila de brujo adivinador, pasando por el sarcasmo de Pocaterra, hasta el fresco lirismo, la confidencia<br>y la ternura de nuestra Teresa del \u00c1vila! No en balde la monta\u00f1a que ella evoca se llama como la ciudad de Castilla donde la santa, partiendo de su propia alma, edific\u00f3 el confidencial laberinto de sus \u201cmoradas\u201d. En tan magn\u00edficos y contrarios libros, Venezuela est\u00e1 clamando a la vez, su esperanza, su utop\u00eda y sus horas de frustraci\u00f3n\u201d.<sup>1<\/sup><\/p>\n\n\n\n<p>La cita me parece indispensable, habida cuenta de que en muy escasas oportunidades se reproducen los pr\u00f3logos, y que constituye \u00e9ste un material perdido y olvidado en viejas ediciones. Adem\u00e1s de indispensable, me acompa\u00f1a en el planteamiento de este pre\u00e1mbulo, para justificar y explicar la filosof\u00eda del presente volumen y para, desde ya, suprimir las frases ya gastadas de narradora femenina o literatura femenina, con las cuales, m\u00e1s que iluminar, se oscurece el camino de la interpretaci\u00f3n en el tiempo-espacio literario. <\/p>\n\n\n\n<p>Teresa de la Parra irrumpe en la literatura venezolana cundo ya nuestros criollistas hab\u00edan incursionado en los caracteres y costumbres nacionales: pintura de ambientes, captaci\u00f3n de lo t\u00edpico y lenguaje popular. Pensamos, para s\u00f3lo mencionar tres de ellos, en Manuel D\u00edaz Rodr\u00edguez, Manuel Vicente Romerogarc\u00eda y Luis Manuel Urbaneja Achelphol. Y aparece Teresa de la Parra, sus temas y personajes, como preludio, adem\u00e1s, de la agria iron\u00eda de Pocaterra o de la novela integral de Gallegos. Maestra, repetimos, en el arte de contar. Su estilo no deja de interesar aun por la genuina \u2014no ingenua\u2014 conciencia de novelar, al recoger la influencia del criollismo, jugar con la evocaci\u00f3n y la nostalgia e ironizar, con la mordacidad que deja escapar a ratos Virginia Woolf en medio de su agrio sarcasmo ingl\u00e9s, o la otra iron\u00eda de Katherine Mansfield, aunque sin llegar al atrevimiento de Colette.<\/p>\n\n\n\n<p>Y le hace digna antesala a nuestra m\u00e1s novedosa narrativa, no qued\u00e1ndose como un caso aislado o \u00fanico, pues al superar el exteriorismo paisaj\u00edstico de su \u00e9poca, abord\u00f3 su presente con esp\u00edritu cr\u00edtico, instrument\u00f3 el material ling\u00fc\u00edstico de que dispon\u00eda y se instal\u00f3 en el sill\u00f3n de los nuevos, proyect\u00e1ndose. <\/p>\n\n\n\n<p>Es maestra en el narrar porque, como buen tallador, penetra con la punta de su buril, rasga la superficie, hiere la materia y agrega entornos para fundar un universo literario; cualidad esta que juzgamos propia de gran narrador porque logra tamizar vivencias de manera tal que la comprensi\u00f3n del hombre y su universo novelesco no nos resulta, en modo alguno, postiza entelequia, sino m\u00e1s bien virtuales y sustantivas esencias.<\/p>\n\n\n\n<p>En sus dos novelas, tres conferencias, epistolario y diario ag\u00f3nico,<sup>2<\/sup> la sociedad de su \u00e9poca ha sido reflejada de manera insidiosa, como s\u00f3lo un narrador perspicaz puede hacerlo, como a trav\u00e9s de un espejo retrovisor desde el cual escuda su coqueter\u00eda de mujer que aparentemente retoca el maquillaje,<br>afinando el rojo Guerlain de sus labios, cuando en verdad no hac\u00eda sino captar con mirada incisiva seres, palabras y gestos. Marcel Proust lo hab\u00eda formulado con la sociedad parisina, sin que podamos asignar al escritor franc\u00e9s la suma de perversiones que estremecen algunas de sus p\u00e1ginas. Inquiri\u00f3 en la conducta de su \u00e9poca, escudri\u00f1\u00f3 y mostr\u00f3, Teresa de la Parra, lo que otros callaron con hipocres\u00eda.<\/p>\n\n\n\n<p>No es la primera novelista cronol\u00f3gicamente<sup>3<\/sup> afirmamos al principio y s\u00ed lo es por engranaje nacional y proyecci\u00f3n universal.<\/p>\n\n\n\n<p>IFIGENIA, ENTRE LA CRONICA LIRICO-PSICOLOGICA Y LA TRAGICOMEDIA NOVELADA<\/p>\n\n\n\n<p>En 1924 se edita por primera vez Ifigenia.<sup>4<\/sup> Francis de Miomandre traduce al franc\u00e9s la parte correspondiente al Diario de una se\u00f1orita que escribi\u00f3 porque se fastidiaba y prologa esta primera edici\u00f3n, la cual merecer\u00eda el premio nacional de 10.000 feos., otorgado por la Casa Editora Franco Ibero Americana de Par\u00eds, ese mismo a\u00f1o. Aceptada y comentada con elogios por exigentes cr\u00edticos europeos, Ifigenia pronto transit\u00f3 el camino de las traducciones. Famosos fueron los juicios de Miomandre, Maurice de Waleffe, Max Dairaux, Maurice Andr\u00e9, del grupo de escritores que formaron parte de la Academia Goncourt.<sup>5<\/sup> En lengua hispana, el juicio ponderado de Don Miguel de Unamuno, el breve sentir de Juan Ram\u00f3n Jim\u00e9nez y de ac\u00e1 de este lado, las cr\u00edticas de los latinoamericanos de intenso errar europeo o acendrada querencia venezolana: Alberto Z\u00e9rega Fombona, Gonzalo Zaldumbide, Gabriela Mistral, Benjam\u00edn Carri\u00f3n, Enrique Bernardo N\u00fa\u00f1ez y Jos\u00e9 Vasconcelos. Una extensa y significativa n\u00f3mina de ensayistas venezolanos, colombianos y ecuatorianos de m\u00e1s reciente data, se suman a esta primera lectura de su novela. <\/p>\n\n\n\n<p>Pero no obstante el triunfo europeo coet\u00e1neo, en Venezuela y Colombia, en ese primer cuarto del siglo, la novela Ifigenia fue piedra de esc\u00e1ndalo. La misma autora, hecho ins\u00f3lito para el momento, se erige en juez y parte al contestar los ataques, en Bogot\u00e1, ante un numeroso p\u00fablico reunido con motivo de su primera conferencia: \u201cSon ya muchos los moralistas que con amable ecuanimidad los m\u00e1s o con violentos anatemas los menos, han atacado el diario de Mar\u00eda Eugenia Alonso, llam\u00e1ndolo volteriano, p\u00e9rfido y peligros\u00edsimo en manos de las se\u00f1oritas contempor\u00e1neas. Yo no creo que tal diario sea perjudicial a las ni\u00f1as de nuestra \u00e9poca por la sencilla raz\u00f3n que no hace sino reflejarlas ( . . . ) es la exposici\u00f3n de un caso t\u00edpico de nuestra enfermedad de bovarismo hispanoamericano, la de la inconformidad aguda por cambio brusco de temperatura, y falta de aire nuevo en el ambiente\u201d.<sup>6<\/sup><\/p>\n\n\n\n<p>La pol\u00e9mica se enciende en 1927, mientras que en Europa se intentan las traducciones. El traductor de Proust se ofrece trasladarla al alem\u00e1n. Surgen ofertas para su publicaci\u00f3n en Rusia, y no se dejan esperar los ofrecimientos de Italia y Estados Unidos.<\/p>\n\n\n\n<p>Enrique Bernardo N\u00fa\u00f1ez levanta su voz discreta para descargar al T\u00edo Pancho de toda culpabilidad hist\u00f3rica, en relaci\u00f3n con el suceso de las nueve musas, y cita en su apoyo el cuadro de Gil Fortoul: \u201cNegros, pardos y blancos. Gran n\u00famero de criollos que alegaban pureza de sangre espa\u00f1ola, eran en realidad mestizos o pardos, por secretos desv\u00edos de sus abuelas\u201d . Y a\u00f1ade Enrique Bernardo N\u00fa\u00f1ez la poca suerte de Teresa por hab\u00e9rsele ocurrido situar sus personajes en Caracas y no haber escondido adem\u00e1s sus procedencias, en tanto que Bossuet, y qui\u00e9n sabe cu\u00e1ntos m\u00e1s, en los siglos XVII y XVIII franc\u00e9s, lo hab\u00edan hecho con la nobleza sin recibir diatribas. Finaliza su cr\u00f3nica, el autor de Cubagua, con este juicio: \u201cConsu\u00e9lese Teresa, de todas las incomprensiones, de dardos que puedan lanzarle, con la idea de ser suyo uno de los libros m\u00e1s sugerentes que con ambiente venezolano pueden escribirse. Uno de los m\u00e1s bellos, nobles y sinceros que se han escrito en nuestra patria\u201d.<sup>7<\/sup><\/p>\n\n\n\n<p>Permanece Ifigenia como cr\u00f3nica l\u00edrica que divide a la obra en tres definidos temas imbricados en el gran argumento: la cr\u00f3nica l\u00edrica, ordenada descripci\u00f3n del regreso a la patria, con cuyo lente descriptivo la autora va marcando su desplazamiento desde el puerto de La Guaira hasta el r\u00edtmico encuentro con el reloj de la Catedral de Caracas; una segunda cr\u00f3nica, la psicol\u00f3gica, sin la cual la ciudad no hubiese sido posible como personaje y que va surgiendo de una escritura del hast\u00edo, ir\u00f3nica y \u00e1spera a ratos; y un tercer final, acorde tr\u00e1gico que justifica el t\u00edtulo de la novela por el s\u00edmbolo griego. Como en un tejido sutil Mar\u00eda Eugenia Alonso, suerte de Malibea criolla<sup>8<\/sup> e Ifigenia, la rediviva esclava del antiguo mito euripidiano, se encuentran y chocan hasta quedar la una abatida por la otra, su propio fantasma, fruto de la batalla perdida ante un descomunal gigante que recorre impunemente las habitaciones de la casa, su natural escenario, y cuyas cuatro paredes \u2014como en el s\u00edmbolo de las mujeres gorquianas\u2014 se derrumban sobre la protagonista, conden\u00e1ndola a su inmensa soledad.<\/p>\n\n\n\n<p>Ifigenia, la modorra de sus descripciones, no es m\u00e1s que aquella siesta eterna de una ciudad encerrada entre sus muros aldeanos a pesar de fingir modern\u00edsimo maquillaje.<\/p>\n\n\n\n<p>LAS MEMORIAS DE MAMA BLANCA, UNA COMPRENSI\u00d3N DEL MUNDO AMERICANO<\/p>\n\n\n\n<p>Su segunda novela, publicada en 1929, coincide con la publicaci\u00f3n en Espa\u00f1a de Do\u00f1a B\u00e1rbara, de R\u00f3mulo Gallegos y se adelanta en seis a\u00f1os a la publicaci\u00f3n de Canaima, del mismo autor. Las Memorias y Do\u00f1a B\u00e1rbara, aparecen en fechas en que lo moderno, lo nuevo comienza a utilizarse como conceptos, aplicados a una narrativa que arranca en 1913 y abarca poco m\u00e1s o menos tres d\u00e9cadas, si tomamos como hitos de la llamada en ese entonces, nueva literatura, a autores como Marcel Proust y Franz Kafka.<\/p>\n\n\n\n<p>La cr\u00edtica literaria coet\u00e1nea marc\u00f3 pauta en la interpretaci\u00f3n de Las Memorias, se repitieron hasta la saciedad juicios que la enmarcaban como relato de reminiscencia infantil. Sencillez, ternura, religiosidad, ingenuidad fueron nociones que obligadamente acompa\u00f1aron a ensayos, apreciaciones cr\u00edticas y cr\u00f3nicas, hasta muy entrado el \u00faltimo cuarto de este siglo. No obstante, le\u00edda esta segunda novela, en una estricta relaci\u00f3n de tiempo-espacio galleguiano se perfila como due\u00f1a de un discurso afirmado en lo que podr\u00edamos llamar una comprensi\u00f3n del mundo americano.<\/p>\n\n\n\n<p>Producto de madurez, no encontramos en ella la impostura de Mar\u00eda Eugenia Alonso pero tampoco deb\u00edamos sentir nostalgia por ella. Las Memorias de Mam\u00e1 Blanca propone un personaje producto del mestizaje en el cual soterradamente, entre magia y fe, comienza a manifestarse el extenso caudal de nuestra mitolog\u00eda: se trata de Vicente Cochocho. Mucho tiempo despu\u00e9s aparecer\u00eda en el tapete literario la terminolog\u00eda de lo real maravilloso y sin embargo dos personajes, el Cochocho de Las Memorias y Juan Solito de Canaima, nac\u00edan, afirm\u00e1ndose como precursores. <\/p>\n\n\n\n<p>Este Vicente Cochocho, tierno, menospreciado y bello de alma parece provenir de aquel mundo impenetrable e ind\u00edgena. Es la interpretaci\u00f3n misma de un modo de \u201c fe\u201d latinoamericana. Lo m\u00e1gico en \u00e9l no aparece re\u00f1ido con lo real. La realidad constituye un mundo cerrado en el cual las probabilidades pueden aparecer como categor\u00edas de lo imposible o viceversa.<\/p>\n\n\n\n<p>\u201cComo mascaba tabaco, \u201cescup\u00eda por el colmillo\u201d con frecuencia, es cierto, pero era menester ver con qu\u00e9 arte y nitidez lo hac\u00eda. Nadie hubiera podido imitarlo y nadie pod\u00eda saber d\u00f3nde, c\u00f3mo ni cu\u00e1ndo, Vicente hab\u00eda escupido. Era lo mismo que un rayo: \u00a1psst! que cruzaba con rapidez el espacio y se perd\u00eda en lontananza entre las matas. Lejos de ser un acto vulgar, el escupir por el colmillo era en Vicente una demostraci\u00f3n de respeto y sumisi\u00f3n. Poco lo hac\u00eda al dialogar con sus iguales. Por lo general indicaba perplejidad&#8230; <\/p>\n\n\n\n<p>Este acto de escupir la mascada de tabaco es utilizado por Gallegos en la escena del conjuro en Juan Solito cuando al contemplar el salivazo a sus pies,  puede describir al tigre, y otro personaje exclama: \u201cParece que lo estuvieras viendo como en un espejo, s\u00f3lo con mirar la saliva de tu mascada\u201d. Y Vicente Cochocho es adem\u00e1s el depositario de la lengua viva cuyo eco tierno son las seis ni\u00f1itas, y es tambi\u00e9n un personaje arrancado de las p\u00e1ginas tristes de una Venezuela patriarcal: la de Juan Vicente G\u00f3mez.<\/p>\n\n\n\n<p>Las Memorias de Mam\u00e1 Blanca, siendo novela de madurez, es muestra de un criollismo universalizado que por la v\u00eda de la reminiscencia se instala en la m\u00e1s importante literatura de la \u00e9poca, rebasando los l\u00edmites de lo nacional, afirm\u00e1ndose en los valores hispanoamericanos y proyect\u00e1ndose en el \u00e1mbito europeo. Y son Las Memorias, una b\u00fasqueda deliberada de la musicalidad, en el ritmo inherente a la prosa misma y en el logro de sonoridades propias del ritmo po\u00e9tico.<\/p>\n\n\n\n<p>TRES CUENTOS FANT\u00c1STICOS<\/p>\n\n\n\n<p>Corresponden los tres cuentos a una etapa de iniciaci\u00f3n literaria que podr\u00edamos llamar fant\u00e1sticos, si entendemos como tal a la narraci\u00f3n corta cuyos temas, personajes y circunstancias est\u00e1n concebidos desde una perspectiva de irrealidad deliberada y cuya invenci\u00f3n y desarrollo son desde un punto de vista, sobrenaturales. El cuento fant\u00e1stico aparece y desaparece en forma latente sin que constituya en s\u00ed un g\u00e9nero cronol\u00f3gicamente diferenciable. Lo quim\u00e9rico es aquello que toca los l\u00edmites de lo inexplicable aunque no de lo absurdo, ya que posee una l\u00f3gica apariencia real, un argumento o argumentaci\u00f3n cuasi ver\u00eddico. El cuento folkl\u00f3rico, el de hadas y la caballer\u00eda le comunican su s\u00f3lido prestigio.<\/p>\n\n\n\n<p>En nuestras tierras americanas, la narrativa fant\u00e1stica no fue tan afortunada como en Alemania, Gran Breta\u00f1a, Francia y Estados Unidos. A pesar de ello, el modernismo nacido en nuestras tierras, la acogi\u00f3 con cierta prudencia. Teresa de la Parra escribe, obedeciendo a cierta influencia de \u00e9poca, dos cuentos muy a la moda de las japoner\u00edas. En la revista Billiken, N\u00b0 15 del 20 de febrero de 1926, aparece publicado Un evangelio indio: Buda y la leprosa; ya anteriormente en la revista La vie latine se hab\u00eda publicado Flor<br>de loto: una leyenda japonesa, ambos relatos forman parte del tipo de literatura ex\u00f3tica tan en boga.<\/p>\n\n\n\n<p>Teresa de la Parra se ejercita en una literatura muy lejana del criollismo y la reminiscencia, es un discurso con fundamento en lo l\u00fadico, gratuito y desligado, por tanto, de la tradici\u00f3n venezolana o hispanoamericana. El genio del pesa-cartas, El ermita\u00f1o del reloj y La se\u00f1orita grano de polvo, bailarina<br>del sol, representan eso, una b\u00fasqueda, un inicio, un ejercicio narrativo. <\/p>\n\n\n\n<p>La narrativa en nuestra historia literaria, naci\u00f3 apegada a la verdad, estos cuentos representan su corta aventura por el reino de lo fant\u00e1stico. Va a ser mucho m\u00e1s tarde cuando nuestros creadores, sinti\u00e9ndose autorizados por la corriente nacida en Europa y aclimatada en tierras del sur de Am\u00e9rica, emprender\u00e1n la aventura del cuento fant\u00e1stico que poco a poco ha ido ganando adeptos y consolidando prestigio, tanto en editores como en lectores y cr\u00edticos.<\/p>\n\n\n\n<p>MILITANCIA EN LA SOLEDAD Y LA NOSTALGIA<\/p>\n\n\n\n<p>En el epistolario de Teresa de la Parra se evidencia el estilo confidencial y conversacional que hab\u00eda venido desarrollando en su obra mayor. Redundar\u00edamos en afirmaciones ya repetidas suficientemente, si apunt\u00e1semos el car\u00e1cter autobiogr\u00e1fico que ellas atesoran. Sin embargo hay que se\u00f1alar que es en su epistolario donde se descubre c\u00f3mo el escribir, para un ser acosado por una enfermedad incurable, es el medio m\u00e1s acorde para invertirlo todo en obra de arte. Un comentario, un detalle, aparentemente superficial, en una carta resulta el arma posible para desvelar misterios y en su caso particular, para ganarle tiempo a la batalla perdida contra la tuberculosis pulmonar. He aqu\u00ed el porqu\u00e9 del tono tr\u00e1gico de alguna de ellas o el excesivo parloteo de otras; un modo de escudar su soledad y nostalgia.<\/p>\n\n\n\n<p>Reproducimos algunas de sus cartas ya conocidas,<sup>9<\/sup> porque consideramos que ciertas ediciones de muy antigua aparici\u00f3n, no contaron con el n\u00famero de ejemplares suficientes que asegurase la difusi\u00f3n de dichas cartas, algunas son de casi imposible localizaci\u00f3n y otras, por el lujo de su formato se han reservado a muy pocos y selectos lectores.<\/p>\n\n\n\n<p>Por primera vez, se da a publicidad el epistolario sentimental dirigido al escritor ecuatoriano Gonzalo Zaldumbide, o al menos una selecci\u00f3n de \u00e9ste, con lo cual robustecemos lo ya afirmado por Gloria Stolk en su trabajo presentado ante el III Congreso Interamericano para el Estudio de la Obra de las Escritoras, Universidad de Otawa, Ontario, Canad\u00e1, mayo, 1978. En dicho trabajo atestigua Gloria Stolk el romance correspondido, y confesado por Zaldumbide a la escritora venezolana, recientemente fallecida, quien afirma:<\/p>\n\n\n\n<p>( . . . ) \u201cTeresa parece empezar a enamorarse de un apuesto diplom\u00e1tico quite\u00f1o: Gonzalo Zaldumbide. Hombre elegante, de aventajada estatura, de rostro fino, escritor \u00e9l tambi\u00e9n, autor de una famosa novela titulada La \u00e9gloga tr\u00e1gica, Zaldumbide es una digna pareja para Teresa. Salen juntos, se les ve en todas las embajadas y ateneos y ella le escribe al amigo de Caracas pidi\u00e9ndole le obtenga una copia de su certificado de nacimiento. Esta carta, que he tenido en mis manos, y que fue una de las que Carias por consejo m\u00edo y de otras personas, no lleg\u00f3 a publicar, prueba que Teresa pensaba en la boda. Muchos a\u00f1os despu\u00e9s de muerta Teresa, un d\u00eda Zaldumbide me confi\u00f3 que Teresa hab\u00eda sido el gran amor de su vida y que s\u00f3lo la delicada salud de ella impidi\u00f3 esta uni\u00f3n\u201d.<\/p>\n\n\n\n<p>Hay matices en las cartas a Gonzalo Zaldumbide, primero es la confesi\u00f3n de un amor \u201c abundante y lujoso\u201d . La carta a veces no basta y es seguida por el telegrama o el recado, para repetir a Gonzalo, Gonzalo querido, Lillo o Lillito que la palabra escrita con amor es huella imborrable, m\u00e1s que la superficie<br>del beso, porque se queda, se pega, se hace carne. \u201cEs tu rojo\u201d , dice la enamorada. Mar\u00eda Eugenia Alonso habr\u00eda dicho, \u201c algo que hace sentir el dolor terrible de la carne\u201d.<\/p>\n\n\n\n<p>Otras cartas, las de 1927 y 28, corresponden a su \u00e9poca de vagar y aturdirse, de reflexionar y enredarse en el otro laberinto de La Habana.<sup>10<\/sup> El Congreso de la Prensa cuyo pre\u00e1mbulo aparece contado con lujo de detalles en la carta a su madre y hermanas, igualmente in\u00e9dita hasta hoy y su devoci\u00f3n por Lydia Cabrera, folklorista cubana, cuya amistad al calor de las tertulias de la calle Jovellar, sell\u00f3 una amistad imperecedera. En las cartas tambi\u00e9n se reflejan sus viajes por Europa, Italia, sin faltar un rinc\u00f3n de museo,<br>con Lydia. Y en medio de ese torbellino de vivir, los primeros signos del cansancio: un recado de ausencia para Gonzalo, con un \u201c todav\u00eda te quiero\u201d. Todav\u00eda que es andadura hacia la nada. Siete a\u00f1os despu\u00e9s, ni eso siquiera. La imagen se hab\u00eda emborronado, cuesti\u00f3n de tiempo, como al verde de las hojas en oto\u00f1o&#8230;<\/p>\n\n\n\n<p>Se revierte el amado en el tiempo, con mucho de Gabriel Olmedo y otro tanto de C\u00e9sar Leal. Usuario de una m\u00e1scara, el intelectual diplom\u00e1tico, nunca lo suficientemente ingenioso para llegar a afirmarse en la bohemia. . . En estas cartas de amor y recados breves se encuentra resumido el romance. <\/p>\n\n\n\n<p>En su correspondencia con Enrique Bernardo N\u00fa\u00f1ez se manifiesta una Teresa cr\u00edtica frente a los sucesos del a\u00f1o 28 y una escritora, como muy pocas en la Hispanoam\u00e9rica de entonces, con una visi\u00f3n total de su existencia como creadora y como ser pensante de su \u00e9poca y de su entorno.<\/p>\n\n\n\n<p>En su epistolario dirigido al historiador Vicente Lecuna, se encuentra el proyecto de la biograf\u00eda \u00edntima de Bol\u00edvar, g\u00e9nero con el cual pensaba abordar esta biograf\u00eda novelada: \u201cQuisiera hacer algo: f\u00e1cil, ameno, en el estilo de la colecci\u00f3n de vidas c\u00e9lebres noveladas que se publican ahora en Francia\u201d ; o bien, \u201cQuisiera ocuparme m\u00e1s del amante que del h\u00e9roe, pero sin prescindir enteramente de la vida heroica tan mezclada a la amorosa\u201d. Ama a Venezuela a trav\u00e9s de Bol\u00edvar: \u201cMe parece que todo me coge de nuevo como si no lo conociera\u201d y en las \u00faltimas cartas, un descenso en el entusiasmo, lo que hab\u00eda sido ardor por una Manuelita S\u00e1enz, amante total, anti-Ifigenia, se torna pesimismo, su sue\u00f1o cortado a tajos, . .a ratos me parece que he perdido la facultad de narrar. Toda aquella in\u00fatil visi\u00f3n deviene en esta otra del Bol\u00edvar enfermo como ella: \u201cA veces me pregunto qu\u00e9 habr\u00eda hecho Bol\u00edvar si en 1830 lo hubieran mandado a curarse a Leysin (que no exist\u00eda entonces). \u00bfC\u00f3mo hubiera podido refrenar su actividad? Tal vez como era tan complejo, se habr\u00eda desarrollado en \u00e9l el gran poeta que llevaba adentro\u201d .<\/p>\n\n\n\n<p>\u201cTODO ES JUGUETE UN RATO\u201d<\/p>\n\n\n\n<p>Teresa de la Parra fue muy afecta a los diarios. En 1920, en la revista Actualidades, dirigida por R\u00f3mulo Gallegos publica El Diario de una Caraque\u00f1a (Por el Lejano Oriente) que fue en verdad el producto de la refundici\u00f3n de las cartas enviadas por su hermana Mar\u00eda durante su viaje por el Jap\u00f3n, China y Manchuria. <\/p>\n\n\n\n<p>La primera parte de Ifigenia sigue la estructura del diario y lleva el subt\u00edtulo de la misma, se\u00f1alando esta forma narrativa. Otro diario desapareci\u00f3 junto con su biblioteca de Par\u00eds y \u00e9ste que hoy publicamos por vez primera, sus \u00faltimas anotaciones desgarradas, ag\u00f3nicas y profundamente reflexivas, configuran un panorama bastante completo de lo que fue su disciplina de escritora.<\/p>\n\n\n\n<p>El Diario de Fuenfria hab\u00eda permanecido in\u00e9dito en las arcas familiares, lo hemos transcrito con cuidado y dedicaci\u00f3n. Hemos querido destacar aquellas frases o p\u00e1rrafos que nos conducen al conocimiento de su personalidad. Estos \u00faltimos a\u00f1os de reflexi\u00f3n \u00edntima nos la muestran due\u00f1a de aquel destino esencial que consisti\u00f3 en ofrecernos una obra en estrecha relaci\u00f3n de mengua con la vida, esa muerte lenta de su convalecencia. Este trenzarse de su dolencia con la obra postergada, en espera siempre de una recuperaci\u00f3n que nunca fue y que puso la nota m\u00e1s tr\u00e1gica en nuestra literatura nacional.<sup>11<\/sup><\/p>\n\n\n\n<p>Escribi\u00f3 Teresa de la Parra, no para complacer sino para hacer estallar cuanto por siglos permaneci\u00f3 instalado en los predios de la hipocres\u00eda. Ah\u00ed est\u00e1, se\u00f1alando rutas, con un tono de autenticidad entre nuestra mejor prosa del presente siglo y con esa saludable presencia que es lecci\u00f3n dentro de la m\u00e1s nueva literatura.<\/p>\n\n\n\n<p>En su diario ag\u00f3nico de Fuenfr\u00eda, el s\u00e1bado 18 de enero de 1936, tres meses antes de morir, escribi\u00f3 una breve sentencia ilustradora de su desprendimiento final y del balance espiritual de todo su apote\u00f3sico triunfo terrenal: \u201cCada vez que veo la verdadera desgracia me pregunto, \u00bfpara qu\u00e9 emprender nada y sobre todo para qu\u00e9 poseer nada? Cuando gozamos con la posesi\u00f3n de algo, somos iguales a los ni\u00f1os cuando reciben un juguete: jugamos con \u201clo m\u00edo\u201d crey\u00e9ndonos inmortales. Todo es prestado, todo es<br>juguete un rato\u201d.<\/p>\n\n\n\n<p>SU ENTORNO HIST\u00d3RICO BIOGR\u00c1FICO<\/p>\n\n\n\n<p>La infancia de Teresa de la Parra se encuentra enmarcada hist\u00f3ricamente entre los per\u00edodos caracterizados por el nacimiento del caudillismo pol\u00edtico, cuyas razones aparecen explicadas en lo econ\u00f3mico por el latifundismo, el predominio del analfabetismo y la inexistencia de un cuerpo militar coherente y verdaderamente profesional. En 1908, muy peque\u00f1a, es trasladada a la hacienda<br>\u201cTaz\u00f3n\u201d de sus padres; el general Juan Vicente G\u00f3mez en ausencia de Cipriano Castro, traicion\u00f3 a \u00e9ste e inicia su poder omn\u00edmodo hasta 1935, un a\u00f1o antes de morir la escritora en Madrid.<\/p>\n\n\n\n<p>1889-1936,<sup>12<\/sup> sus fechas de nacimiento y muerte, son los a\u00f1os m\u00e1s dram\u00e1ticos de nuestro despertar como Rep\u00fablica: fin de la autocracia guzmancista y el largo proceso de las llamadas \u201c revoluciones\u201d , Legalista, Nacionalista, Restauradora y Libertadora y que no fueron otra cosa que guerras fratricidas por ambiciones personales. Su primera infancia transcurri\u00f3 en esa Venezuela feudal afligida por el desastre econ\u00f3mico, entre el trapiche, la conseja de los alzamientos que rumiaban los peones, el corral\u00f3n de las vacas y el habla caracter\u00edstica de nuestros habitantes del campo.<\/p>\n\n\n\n<p>Fallecido su padre, Rafael Parra Hern\u00e1iz, son trasladados todos los ni\u00f1os a Espa\u00f1a, por su madre, do\u00f1a Isabel Sanojo de Parra Hern\u00e1iz. Su educaci\u00f3n en el internado de las hermanas del Sagrado Coraz\u00f3n, y la formaci\u00f3n parisina posteriormente, no pudieron borrar el aprendizaje de la tierra ya fijado en su alma.<\/p>\n\n\n\n<p>Se afina la joven en el conocimiento del franc\u00e9s y la lectura de los cl\u00e1sicos espa\u00f1oles, privilegio \u00e9ste que muy pocas mujeres venezolanas de su \u00e9poca lograron poseer, y que pronto la har\u00edan una mujer de exquisita cultura. Escribe desde muy peque\u00f1a,<sup>13<\/sup> poes\u00edas, cuentos y diarios. En Par\u00eds, hacia 1915 en la revista La vie latine, publica sus primeros relatos y en Caracas, hacia 1920, su primer diario. En las revistas de la capital, Actualidades y La lectura Semanal, dirigidas por R\u00f3mulo Gallegos y Jos\u00e9 Rafael Pocaterra, respectivamente, aparecen sus primeras publicaciones. Es le\u00edda, premiada, festejada y criticada.<\/p>\n\n\n\n<p>1923 es la etapa de su triunfo parisino, termina la redacci\u00f3n de su novela Ifigenia, la publica y merece en el mismo a\u00f1o de publicaci\u00f3n, el Premio ya se\u00f1alado. En su \u00e9poca de tertuliante, aquella en la cual las ideas de John Ruskin (1819-1900) flotaban en el ambiente elegante europeo, Proust traduce a este<br>escritor, y aunque apenas conocieran sus coet\u00e1neos los trabajos publicados por el autor de Por el camino de Swan, era tema obligado en los cen\u00e1culos literarios, tanto Ruskin con su nueva manera de \u201cver\u201d la realidad, como Bergson y su espiritualismo.<\/p>\n\n\n\n<p>Teresa estuvo informada del empleo del mecanismo introspectivo: negaci\u00f3n de la realidad, del mundo exterior y hallazgo eN el fondo de la conciencia de elementos propios para reconstruir esa realidad perdida. En Ifigenia, aparece el suceso de Miss Pitkin y en Las Memorias, el episodio del rizado del cabell\u00f3, adem\u00e1s de los m\u00faltiples fragmentos dispersos en su epistolario o en sus diarios, como muestra del empleo del recurso de la reminiscencia.<\/p>\n\n\n\n<p>Curiosamente podr\u00edamos anotar que en 1922, cuando se publica el Diario de una se\u00f1orita, Proust acababa de morir y ni Colette ni Joyce, sus amigos de ciertas reuniones parisinas, lo hab\u00edan le\u00eddo ni estudiado. Despu\u00e9s vendr\u00e1 su infortunada vida amorosa, el triunfo en La Habana y Bogot\u00e1, su segunda novela y el reiterado elogio de famosos cr\u00edticos. Hacia 1930, la abatir\u00e1 una tuberculosis pulmonar y se ver\u00e1 encadenada a un largo peregrinaje por los sanatorios en Suiza y en Espa\u00f1a. Ser\u00e1 su \u00e9poca de reflexi\u00f3n y escribir\u00e1 cartas y su \u00faltimo diario.<\/p>\n\n\n\n<p>Una carta de su hermana Mar\u00eda cuenta minuto a minuto aquellos momentos finales. Un cirio de amistad presente y otro ausente le acompa\u00f1an y tratan de dar calor a aquel cuerpo casi helado: fueron sus amigas Lydia Cabrera y Gabriela Mistral. Dice Gabriela: \u201cHabr\u00eda preferido no conocerla nunca a tener esta conciencia horrible de que no la veo m\u00e1s, no la disfruto m\u00e1s en el regalo inefable que ella era una vez vista y sabida\u201d.<\/p>\n\n\n\n<p>NOTAS<\/p>\n\n\n\n<p>1 Pr\u00f3logo a Dos siglos de la prosa venezolana. Selecci\u00f3n de Mariano Pic\u00f3n Salas. Madrid. Edime, 1965. 1251 p. Reproducido por El Nacional, Caracas, 24-1-1963.<\/p>\n\n\n\n<p>2 El Diario de Fuenfr\u00eda, que denominamos as\u00ed por el nombre de la localidad enclavada en la sierra de Guadarrama donde estaba situado el sanatorio \u00faltimo de su enfermedad, hab\u00eda permanecido in\u00e9dito hasta ahora y es uno de los varios que escribi\u00f3 Teresa de la Parra. Unico sobreviviente de sus mudanzas y andanzas entre Europa y Am\u00e9rica.<\/p>\n\n\n\n<p>3 La primera novelista cronol\u00f3gicamente es Virginia Gil de Hermoso, falconiana (1856- 1913).<\/p>\n\n\n\n<p>4 Reproducimos en este volumen la 2\u00b0 ed. de Ifigenia, debido a que su autora corrigi\u00f3 e interpol\u00f3 parlamentos en los originales de la primera versi\u00f3n.<\/p>\n\n\n\n<p>5 Un bolet\u00edn de suscripci\u00f3n de la edici\u00f3n francesa de lujo de Ifigenia, Par\u00eds, 1924, aparece recomendada en breves juicios por: Henri de R\u00e9gnier de la Academia Francesa, Jacques Boulanger, Edmond Jaloux y Max Daireaux.<\/p>\n\n\n\n<p>6 Tres conferencias in\u00e9ditas. Caracas. Edic. Garrido 1961 p. 22.<\/p>\n\n\n\n<p>7 Enrique Bernardo N\u00fa\u00f1ez. \u201cTeresa de la Parra y sus cr\u00edticos\u201d . El Universal. Caracas, 6-4-1927.<\/p>\n\n\n\n<p>8 En mi obra, Esta pobre lengua viva. Caracas, Edic. Presidencia de la Rep\u00fablica, 1979, sostengo que \u201cpor el camino del Siglo de Oro Espa\u00f1ol puede encontrarse una especie de clave secreta que permita releer la obra, no exclusivamente por la v\u00eda del s\u00edmbolo que propone su t\u00edtulo, sino por la empatia, Celestina-Mercedes Galindo, o bien, Mar\u00eda Eugenia Alonso-Melibea, para as\u00ed llegar m\u00e1s exactamente a descifrar la contradicci\u00f3n existente dentro de esta Melibea criolla, de educaci\u00f3n parisina y refinamientos burgueses, menos sensual que la amante de Calisto, pero con un concepto del amor tan humano como divino\u201d. Una descripci\u00f3n del amor en Ifigenia, recuerda aquella de Melibea en La Celestina. \u201c &#8230; Si es esta tragedia subterr\u00e1nea y callada sobre la cual todos pasan su indiferencia, como se pasa sobre el suplicio macabro del que enterraron vivo. . . s\u00ed, s\u00ed. . . ! a qu\u00e9 enga\u00f1arme. . . ! si ya lo conozco.. .! \u00a1s\u00ed, es esta brasa siempre chispeante y encendida, es esta quemadura dolorosa y ardiente, que me hace sentir el dolor terrible de la carne y me pone a pensar con ansia y con infinita nostalgia en el dulce silencio de la nada.. . ! \u201d<\/p>\n\n\n\n<p>9 Su epistolario ha sido publicado por: Cruz del Sur, Caracas, 1951. L\u00ednea Aeropostal Venezolana, Caracas, 1953. Rafael Carias, Alcal\u00e1 de Henares (Espa\u00f1a), 1957 y Editorial Arte, Caracas, 1965.<\/p>\n\n\n\n<p>10 En El Diario de la Marina de La Habana, 1 de abril de 1928, Armando Maribona, c\u00e9lebre caricaturista, publica un dibujo de Teresa, acompa\u00f1ado de una extensa entrevista donde la escritora expone opiniones pol\u00edticas que disgustan a pol\u00edticos exiliados en Colombia y que provocan la reacci\u00f3n adversa de Barranquilla contra su conferencia. El contenido del citado reportaje, aparece corroborado d\u00edas despu\u00e9s en su lamentable carta al dictador Juan Vicente G\u00f3mez, de abril, 12, 1928.<\/p>\n\n\n\n<p>11 El escritor Ram\u00f3n D\u00edaz S\u00e1nchez, conoci\u00f3 este diario y lo coment\u00f3 en un cap\u00edtulo de su obra, Teresa de la Parra (Clave para una interpretaci\u00f3n), editada por Garrido, en 1954, y se\u00f1al\u00f3, en referencia al estilo: \u2018\u2018N\u00f3tese el ritmo entrecortado y cada vez m\u00e1s impaciente de la escritura, lo que la lleva al final a una casi ininteligible man\u00eda de condensaci\u00f3n y de abreviatura\u201d.<\/p>\n\n\n\n<p>12 Una vez localizada por m\u00ed su partida de nacimiento, la fecha de 1889 aparece como la verdadera y no las que otros autores han venido se\u00f1alando.<\/p>\n\n\n\n<p>13 En forma detallada puede seguirse, en la cronolog\u00eda preparada por m\u00ed para este volumen, el curso de su vida y obra en relaci\u00f3n con el per\u00edodo de postguerra europea, los cambios fundamentales que se producen en los pa\u00edses desarrollados, tanto en la t\u00e9cnica y ciencia como en la cultura, donde el vuelco fue radical.<\/p>\n\n\n\n<h4 class=\"wp-block-heading has-text-align-right\"><a href=\"https:\/\/eldienteroto.org\/wp49\/velia-bosch\/\">Sobr<\/a><a href=\"https:\/\/eldienteroto.org\/wp49\/velia-bosch\/\" target=\"_blank\" rel=\"noreferrer noopener\">e<\/a><a href=\"https:\/\/eldienteroto.org\/wp49\/velia-bosch\/\"> la autora<\/a><\/h4>\n","protected":false},"excerpt":{"rendered":"<p>Velia Bosch I Si bien no es Teresa de la Parra nuestra primera novelista, en sentido estrictamente cronol\u00f3gico, lo es s\u00ed en cuanto a trascendencia continental y universal y en cuanto a integrar el tr\u00edptico de narradores de una \u00e9poca venezolana signada por la esperanza, la utop\u00eda y la frustraci\u00f3n. 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